Indice 1 Introducción: Como se desarrolla un sutra de la tradición mahayánica 2



Descargar 1,06 Mb.
Página11/12
Fecha de conversión06.01.2017
Tamaño1,06 Mb.
1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   12



7 La Economía Budista


El capítulo sobre Sri, el capítulo ocho, es bastante corto. Tiene menos de tres páginas en la traducción inglesa, y la promesa de Sri sólo toma una parte. Pero la longitud de su promesa no es una indicación de su impacto. Ella no simplemente promete proteger al monje predicador del sutra; es mucho más específica y promete mucho más que eso. Como hemos visto, ella ni siquiera comienza con el saludo al Buda. Ella sale directamente con sus promesas y dice que le dará al monje, en primer lugar, empeño; en segundo, vestiduras; en tercero, cuenco para la limosna; en cuarto, cama y asiento; y en quinto, medicinas - más, según ella dice, otros excelentes avios. La diosa también deja claro porque va dar esos obsequios. Los dará, según dice, para que el predicador del Dharma esté provisto de todos los avíos, para que no le falte nada, para que su mente esté en buen estado, para que pase las noches y los días con una mente feliz, para que examine las palabras y letras del sutra y así las perpetúe por el beneficio de todos los seres vivos, para que todos los seres despierten al final a la Iluminación perfecta.
Luego, para empezar ¿Quién es la gran diosa Sri? Hemos visto que la diosa Sarasvatí la adoran mucho los hindúes modernos, particularmente los eruditos, los escritores, los estudiantes y cualquiera que tenga algo que ver con el saber. De igual modo, la diosa Sri sigue siendo adorada en la India hoy en día; de hecho se le adora incluso más que a Sarasvatí. Sri es adorada prácticamente en todos los hogares hindúes, normalmente bajo el nombre de Lakshmi. Es bien fácil comprender lo que representa. La palabra sri significa prosperidad, y Lakshmi quiere decir suerte o buena fortuna. La prosperidad a la que se refiere es, por supuesto, la prosperidad material, y la buena fortuna es la buena fortuna en sentido mundano - el tipo de buena fortuna que hace que te toque la lotería, no el tipo que hace que te encuentres un ejemplar de Buddhism for Today sobre el asiento del autobús.
Luego la diosa representa la prosperidad material, el éxito mundano. La Lakshmi del hindú moderno es representada más o menos como la Sarasvatí actual: una bella joven con su largo y negro cabello, brillante y suelto, vestida con un sari carmesí con los bordes dorados. Si bien a Lakshmi se le representa definitivamente como a una joven esposa. Ella lleva la tilaka roja de la mujer casada sobre la frente y quizás también el polvo rojo llamado kum-kum en la raya del pelo; además de las diversas piezas de joyería: collares, brazaletes, tobilleras, pendientes y, por supuesto, el aro en la nariz con incrustación. La Lakshmi del sur de la India particularmente lleva todos estos ornamentos. Sarasvatí generalmente va vestida con más sencillez, como corresponde a la diosa del saber. Lakshmi no está sentada sobre un ganso, como Sarasvatí, sino sobre una enorme flor de loto, generalmente rosa o blanca y a veces lleva en la mano una flor de loto blanca.
Hay muchas imágenes de Lakshmi en los templos y con frecuencia tienen más de un par de brazos. Normalmente Lakshmi está de pie junto a su consorte, el dios Vishnu, el segundo miembro de la trimurti hindú. Es claramente adecuado que Vishnu el preservador y Lakshmi la diosa de la riqueza y la prosperidad estén “casados”. A veces se hace referencia a ambos por el nombre Lakshmi Narayan - siendo Narayan otro nombre de Vishnu. En Nueva Deli hay un famoso y colosal templo de Lakshmi Narayan. Fue construido por un multimillonario hindú moderno, de hecho, muy multimillonario, uno de los hombres más ricos que ha habido en la India moderna (luego el tenía buenas razones para ser devoto de Lakshmi). El fue un famoso hombre de negocios que era el principal benefactor económico de Mahatma Gandhi y el Partido del Congreso antes de la independencia India. Fue el quien hizo el famoso comentario: “Me cuesta dos mil rupias al día mantener a Bapu (es decir, Mahtama Gandhi) viviendo en la pobreza”.
Como cabe esperar, a la diosa Lakshmi la adoran mucho los miembros de la fraternidad empresarial de la India. Cada tendero hindú tiene una imagen o pintura de colores vivos en su tienda, además de la imagen de Ganesha, el dios de cabeza de elefante que aparta los obstáculos. El hombre de negocios hindú adora estas imágenes todos los días - es decir, enciende varillas de incienso y menea luces frente a las pinturas o imágenes. Todos los tenderos hindúes tienen una caja fuerte en un rincón, o al menos una gran caja de hierro dura. La imagen o pintura de Lakshmi la encontrarán ustedes colocada justo encima de la caja fuerte, incluso algunas veces dentro. Se ve a los tenderos hindúes abrir la caja fuerte por la mañana, y cuando lo hacen adorar a la imagen de Lakshmi que hay dentro; de modo que se puede decir que literalmente adoran la riqueza, realmente adoran el dinero. Incluso los libros de cuentas son encuadernado con tapas rojas tradicionales, por ser el color del sari de Lakshmi.
Imágenes y pinturas de Lakshmi se encuentran también en el hogar por razones obvias. Lakshmi es probablemente la divinidad del hogar más popular en la India. No hay mucho sentimiento religioso por ella, simplemente se cree que trae buena suerte y prosperidad. A propósito, a la buena esposa se le llama “Lakshmi”. Si una mujer es alegre y trabajadora, si es buena cocinera, ama de casa y madre; y si los asuntos de su marido prosperan, entonces le dirán a éste sus amigos: “tu mujer es una verdadera Lakshmi” o “ la diosa de la fortuna seguramente ha entrado en tu casa” - en otras palabras, tu mujer te ha traído suerte. Pero siento decir que hay un lado malo en esto. Si los asuntos del marido van mal, o si muere prematuramente, entonces sus parientes dirán que fue culpa de la esposa, que ella le trajo mala suerte. No obstante, por norma general, la mujer casada, particularmente la mujer joven casada y con niños, se considera portadora de buena suerte. Si cuando sales de casa por la mañana, ya sea a trabajar o a cualquier otra cosa, la primera persona a que ves es una mujer casada - y en la India siempre se sabe si una mujer está casada porque lleva la marca roja en la frente - tendrás buena suerte durante ese día. Pero si la primera persona a la que ves es un monje, tendrás mala suerte porque el monje representa la negación de la prosperidad y éxito mundanos. Esta creencia prevalece tan fuertemente que hay algunos hindúes, particularmente los más ortodoxos de la casta de los brahmanes, que si se encuentran con cualquier tipo de monje a primera hora de la mañana, se dan media vuelta y se vuelven a casa. En ese día no intentan hacer cosa alguna, dicen que saben que no tendría éxito. Se encontraron con ese monje y les destruyó completamente la buena suerte para todo el día.
Este es, por supuesto, el punto de vista hindú. Al ser el hinduismo una religión étnica, pone énfasis en los valores del grupo y la prosperidad mundana. El punto de vista budista es un tanto diferente. No voy a llegar al extremo de decir que según el punto de vista budista encontrarse con una mujer casada por la mañana sea mala suerte, pero encontrarse con un monje es ciertamente considerado de buen augurio - y esto siempre desde el punto de vista espiritual.
Hay muchas leyendas sobre la diosa Lakshmi, una de las cuales trata de su nacimiento. Se dice que los dioses una vez decidieron batir el gran océano cósmico de la leche. De modo que arrancaron el Monte Meru para usarlo de palo de batir y cogieron a Ananta la serpiente cósmica como soga y la enrollaron al Monte Meru. Entonces unos dioses y diosas estiraban de un extremo de la soga, otros del otro, conforme estiraban para adelante y para atrás, batían el océano cósmico de la leche. De éste produjeron toda suerte de cosas maravillosas, igual que la mantequilla. En primer lugar salió la vaca de la abundancia. A continuación, el árbol que todo lo concede, el árbol que hace cumplirse todos los deseos, sólo has de tocarlo y desear algo y de inmediato tu deseo queda concedido. Entonces surgió el elefante celestial, el cual va tan veloz como el viento y tiene seis colmillos. Después surge la diosa Lakshmi; así es como nació. Pero tras ella surgió un tarro lleno de veneno, un veneno lo suficientemente fuerte como para matar a todos los seres del universo.
Claro está que todos querían llevarse las cosas buenas que habían salido - los dioses, en particular, querían llevarse a Lakshmi - pero nadie quería el veneno. Al final Vishnu tomó a la diosa Lakshmi y se casó con ella. En cuanto al veneno, el dios Shiva se lo tragó. Esto es lo que ocurrió, al menos según los hinduistas. Según los budistas, fue el bodhisattva Avalokiteshvara el que se tragó el veneno. Pero ya fuese Shiva o Avalokiteshvara el que se lo tragó, no hizo daño a ninguno de los dos porque no pasó de sus gargantas. Pero las gargantas de ambos se les volvieron azules oscuras - por lo que a ambos se les conoce por nilakantha o el de la garganta azul.
El veneno aquí representa el sufrimiento del mundo, dukkha, el cual se lo traga Avalokiteshvara debido a su sabiduría y compasión. El énfasis en la versión budista, y probablemente en la hinduista también, está en la intervención del bodhisattva o del dios para tomar para sí mismo los sufrimientos del mundo. Pero, por supuesto, esto no se ha de tomar al pie de la letra. El sólo puede enseñarte - por su sabiduría y compasión - como tragarte el veneno tú mismo, como enfrentarte tú mismo con el sufrimiento. No es que literalmente él se trague el dolor que tú habrías de experimentar. Cuando batimos el océano del Samsara - y esto es lo que hacemos la mayoría de nosotros la mayoría del tiempo - salen todo tipo de cosas bellas y deleitables que todo el mundo quiere, pero tarde o temprano sale el tarro del veneno. Nadie, hablando en sentido estricto, puede tragarse el veneno por nosotros, pero pueden enseñarnos como tragarlo; en otras palabras, como hacer frente a nuestros propio sufrimiento y al final trascenderlo. En cierto sentido, todos tenemos que ser nuestros propios Avalokiteshvaras.
Se dice a veces que la leyenda del Avalokiteshvara de la garganta azul viene de la leyenda hindú de Shiva, pero no es imposible que sea lo contrario. No hay duda de que en la India antigua - no se sabe exactamente cuando - había toda una masa flotante de mitos, leyendas y tradición popular que no era realmente la propiedad de ninguna religión en particular. Todas las religiones a las que ahora llamamos hinduismo, budismo, jainismo, etc. bebían de esas aguas, por así decirlo, y se servían de esas historias, mitos, parábolas, proverbios y refranes, adaptándolos para sus propios fines.
De todos modos, dejando estas viejas historias y volviendo al capítulo ocho del sutra, probablemente ahora tengamos una idea bastante clara de lo que representa la diosa Lakshmi de la India moderna. Ella es la prosperidad mundana, es la abundancia y la riqueza, en particular en sus aspecto domésticos. Se podría quizás decir que ella es la opulencia o incluso que ella es la economía. En el sutra ella promete dar al monje que predique el Dharma empeño, vestiduras, cuenco para la limosna, cama y asiento, medicinas y otros excelentes avios. Ella hace esto, como hemos visto, para que él pueda predicar el sutra bien y que todos los seres se beneficien.
Esto quiere decir que la abundancia y la riqueza se ponen al servicio del monje que predica el sutra, y así al servicio del Dharma, la luz dorada. Por lo tanto, Sri representa la abundancia y la riqueza dedicada a objetivos espirituales. La diferencia entre la diosa hindú Lakshmi y la diosa budista Sri, es que la primera representa la abundancia y la riqueza dedicadas a objetivos mundanos, mientras que Sri representa la abundancia y la riqueza dedicadas a objetivos espirituales. Lakshmi es la economía en general, Sri es la economía budista, lo cual es el título de este capítulo.
Antes de proseguir, he de hacer una confesión. Este título no es original. Como quizás hayan ustedes adivinado ya, lo he tomado prestado del Dr.E.F. Schumcher, autor de Small is Beautiful, un libro que deberían leer todos los budistas. En el capítulo de ese libro titulado Buddhist Economics, el punto de partida del Dr. Schumacher es exactamente igual al mío propio. El capítulo empieza con la siguiente declaración:
“La subsistencia correcta es uno de los requisitos del Noble Camino Óctuple del Buda. Por consiguiente, está claro que debe haber tal cosa como la economía budista.”
El Dr. Schumacher pasa entonces a explorar las implicaciones de esta declaración para un contexto predominantemente no tradicional y moderno, mientras que en este libro nos interesa la economía budista dentro de un contexto predominantemente espiritual y tradicional, dentro del contenido de El sutra de la Luz Dorada. Aun así, estoy fundamentalmente de acuerdo con el enfoque del Dr.Schumacher, su pensamiento, según a mi me parece, va en la dirección correcta. Me alegra que su libro haya recibido tanta atención y espero que continúe recibiéndola. Espero que más y más gente actúe según sus recomendaciones. En resumen, y expresado con términos budistas: me regocijo de los méritos del Dr. Schumacher.
También me regocijo de los méritos de la gran diosa Sri y de las promesas que hace. El carácter fundamental de su promesa es realmente muy simple - tan simple que podríamos no reparar en él. Su promesa es fundamentalmente la promesa de dar ¿Y qué promete dar? Prácticamente todo - es decir, todo lo que es necesario para mantener la vida espiritual: comida, ropa, lugar de residencia y medicinas. No se necesita realmente nada más que eso. Luego podemos decir que la economía budista es la economía del dar. Podemos ir aún más lejos y decir que la vida budista es la vida del dar. En la medida que poseemos, debemos dar - cosas materiales como mínimo, si es que no podemos dar nada más que eso. Sin dar no hay vida espiritual.
Esto se ve claramente en el caso del Bodhisattva, el budista ideal del Mahayana, aquel comprometido con el logro del bodhi - la Iluminación - no para él sino por el beneficio de todos los seres. El Bodhisattva practica las seis paramitas o virtudes trascendentales; y la primera de estas es dana, o el dar. La Dana puede ser de distintos tipos, ya que hay todo tipo de cosas que pueden ser dadas a todo tipo de gente en todo tipo de formas.
La práctica de dana está muy extendida en todos los países budistas, indistintamente de que practiquen según el Theravada, el Mahayana o cualquier otra escuela. En esos países, el Dharma y quienes lo practican y predican están mantenidos a una escala que apenas si podemos imaginar en Occidente. Y en ningún sitio es más así - o fue más así - que en el Tíbet tal y como era hasta 1950, o en cierta medida incluso hasta 1959.
Recuerdo que, con respecto a esto, tuve una conversación en Kalimpong hace mucho años. Debió de ser a principio de los años cincuenta y fue con un estudiante tibetano llamado Aggen Chototsang que estaba aprendiendo inglés conmigo. El tenía unos treinta años y había nacido en el Tíbet oriental; de hecho el era khamba. Los khambas tienen fama de ser fieros y guerreadores, hasta el punto de ser tanto agresivos como indisciplinados, pero también tienen fama de ser muy buenos budistas. Aggen era uno de los cinco hermanos de una familia de comerciantes. El era bajo, achaparrado y muy sincero y directo. Por desgracia murió unos diez años después luchando contra los chinos en el Tíbet oriental. Espero que haya tenido un buen renacimiento, aunque murió luchando. De cualquier modo, Aggen me dijo una vez como él y sus hermanos gastaban sus ingresos. Ellos dividían en tres partes todo el dinero que habían ganado al final del año. Entonces daban una de las partes para asuntos del Dharma: reparación de monasterios, proporcionar comida y ropa para los monjes, imprimir copias de textos sagrados, subvencionar ceremonias religiosas, hacer encargos de imágenes y pinturas de Budas y Bodhisattvas, etc...Otra parte la gastaban en placeres: esto, lamentablemente consistía en la bebida y el juego, sobre todo el juego - si bien no fumaban. Los tibetanos chapados a la antigua veían mucho peor el fumar que el beber. La otra parte se dedicaba a gastos de la casa y a la inversión en el negocio. Según Aggen, esto era la norma general en Kham; cada familia daba la tercera parte de sus ingresos al Dharma - lo cual es realmente algo a lo que habrían de aspirar los budistas de todas los sitios. Nosotros generalmente pensamos que estamos dando mucho si damos una décima parte de nuestros ingresos; pero según los estándares de los khambas eso sería, en comparación, tacañería.
La diosa Sri promete dar al monje que es predicador del sutra cosas tales como la comida, la ropa, la cama y el asiento; dicho en otro modo, lo que da, lo da en especie, no en dinero. Esta es la práctica tradicional que sigue muy extendida por algunas partes del mundo budista, si bien menos de lo que lo estuvo. Yo viví de ese modo por un par de años - no en un país budista, sino en la India. No poseía dinero alguno, ni siquiera en el banco. No manejaba dinero, no lo tocaba, no lo aceptaba si se me ofrecía. Y descubrí que esas medidas simplificaban muchisimo la vida. Había muchas cosas sobre las cuales simplemente no tenía que preocuparme, porque no tenía nada de dinero.
No obstante, posteriormente descubrí que era posible solamente vivir así mientras estuviera interesado exclusivamente en mi práctica espiritual personal. No pude mantener esa forma de vida cuando comencé a ocuparme de organizar actividades budistas. Para eso necesitaba dinero, incluso en la India. Si esto era el caso en la India, lo es mucho más aquí en Occidente. Es todavía posible aquí invitar a comer al monje que predica el sutra, es posible todavía regalarle un par de calcetines o una casita de campo; pero si quieres dar apoyo al Dharma seriamente, tendrás que dar dinero; de hecho mucho dinero.
La actitud de la gente hacia el dinero es un tanto extraña. Esto quizás no sea sorprendente: el dinero en sí es una cosa extraña y cambiante. Se podría hasta decir que el dinero lo es todo excepto dinero. El dinero es la vida, el dinero es el poder, el dinero es el prestigio, el dinero es la seguridad, el dinero es el placer, el dinero es el amor. Al fin y al cabo, con dinero se compra el amor, o cualquier cosa que queramos - o al menos eso pensamos. La cosa más extraña respecto a la actitud de la gente hacia el dinero es su renuencia a dejarlo partir. En Occidente esto es cierto incluso para algunos budistas. Parece que piensen que, en algún modo, hay algo malo en dar dinero para el trabajo del Dharma. Esta renuencia probablemente tenga algo que ver con nuestra actitud básica hacia el dinero. Tendemos a pensar que es algo sucio y asqueroso, algo con lo que la gente decente tiene el mínimo de relación posible, al menos en público. La expresión “sucio lucro” refleja probablemente nuestra actitud básica hacia el dinero - y algunos budistas occidentales tienden a compartir esa actitud. Piensan del Dharma que es muy puro, y que ha de ser preservado puro. Y ¿Cómo se preserva el Dharma puro? Bueno, pues una de las formas de hacerlo es mantener tu sucio y asqueroso dinero lo más lejos posible del Dharma.
Pero esa ciertamente no es la actitud tradicional. La actitud tradicional es que el dinero - dinero que uno ha adquirido por medios éticos, según los principios de la Subsistencia Correcta - es una cosa buena y sana, y lo mejor que uno puede hacer con él es darlo para el trabajo del Dharma. Se podría decir que el dinero es como el estiércol: a veces huele, pero realmente es una cosa sana, buena y limpia. No tenemos porque ser remilgados a la hora de manejarlo o de darlo. Como dijo Sir Francis Bacon hace cuatro siglos: “el dinero es como la porquería para el abono, no vale para nada si no se echa”.
Así que si tienes algo de esa porquería, échala alrededor, particularmente en dirección a donde está el Dharma. Como dijo el mismo Buda: “No tengáis miedo a dar”. The Salvation Army (El Ejercito de la Salvación) tenía este slogan: “Da hasta que duela”. Pero eso es incorrecto y seguramente refleja una actitud típicamente cristiana. Nos hace pensar que la vida espiritual es algo esencialmente doloroso y provoca una actitud para el dar como la que la mayoría de nosotros tenemos para ir al dentista. Lo posponemos todo lo posible porque pensamos que va a doler. (Es una actitud que requiere que el beneficiado se sienta verdaderamente desgraciado también). Pero de hecho, el dar no duele nada. De hecho, cuanto más des más feliz, más ligero y más libre te sentirás. Luego debemos dejar a los demás recorrer su camino hacia el dar en la forma en que puedan. Como budistas deberíamos decir: “Da hasta que te posea totalmente la alegría”
Dar, he de añadir, no quiere decir pagar. Cuando empecé a organizar actividades budistas en Inglaterra, me di cuenta de que la gente estaba muy poco dispuesta a dar para el beneficio del Dharma, aunque me aseguraban que les estaba beneficiando. Sin embargo, estaban bastante dispuestos a pagar por conferencias, clases de yoga, retiros, etc... Yo me preguntaba porque era eso así y, al final, saqué ciertas conclusiones provisionales que parecían arrojar al menos algo de luz sobre el asunto.
Cuando pagas, compras. Lo que compras es tuyo. Y cuando posees algo, es tuyo, es para ti; luego no te importa pagar - incluso pagar por el Dharma. Sin embargo, cuando das, te deshaces de algo. El dinero dado es dinero perdido. Aquello de lo que te deshaces ya no es tuyo, no es para ti, luego estás poco dispuesto a dar, incluso por el beneficio del Dharma. Esta forma de pensar es mezquina y he notado que quienes son capaces de liberarse de ella son inequivocamente más felices.
Veamos ahora las cosas que la gran diosa Sri promete dar al monje que es el predicador del sutra. Primeramente, ella promete dar empeño, lo que implica tanto el entusiasmo como la energía ¿Pero cómo es que esta diosa da el empeño? ¿No es ella esencialmente la diosa de la abundancia y la riqueza? ¿Pero cómo es que da una cualidad psicológica e incluso espiritual, como es el empeño? ¿No se habrá salido un poco de su sitio? ¿No estará yendo más allá de su jurisdicción propia?
Realmente no. Ella da el empeño pero no directamente, sino indirectamente, cuando da las otras cosas: hábitos, cuenco de mendigar, cama, etc... El monje tiene que ser capaz de dedicar todas sus energías a la vida espiritual, a predicar El sutra de la Luz Dorada. Si tuviera que preocuparse de la comida y las vestiduras, eso tomaría algo de su energía, de modo que la comida y las vestiduras se las han de proporcionar y eso es lo que hace la gran diosa Sri. Al dar al monje comida y vestiduras, ella lo capacita para dedicar sus energías a predicar el sutra. Al fin y al cabo, el monje no sólo ha renunciado a la responsabilidad de mantener esposa y familia, el ha renunciado también a la responsabilidad de mantenerse y esto es reconocido de modo general en la mayoría de los países budistas. Esto es particularmente cierto en el caso de los países del Theravada, en los que, como sé por experiencia propia, al monje se le permite cocinar su propia comida, ni aun hacerse su taza de te. Todo se le proporciona, todo se hace por él.
Está, no obstante, el otro lado de la moneda. El monje ha de dedicar todas sus energías al Dharma y todas quiere decir todas - lo que no es cosa fácil para todo el mundo. Puede que el monje se dedique a actividades budistas como predicar El sutra de la Luz Dorada, o a la meditación, o a la combinación de ambas, siempre que una u otra forma todas sus energías estén dedicadas al Dharma. Y es la diosa Sri la que hace eso posible. En otras palabras, es la economía budista - la economía del dar - que lo hace posible.
En segundo lugar, Sri da al monje el obsequio de las vestiduras. Es interesante, y muy en acuerdo con el espíritu original del budismo, que el traductor usa la palabra vestiduras y no hábitos. En los tiempos del Buda los monjes (como les llamamos ahora) llevaban ropa ordinaria: un trozo de tela en torno a la cintura, otro que pasa bajo la axila derecha y cubre el hombro izquierdo y un tercero, de un grosor doble o triple a los anteriores, usado para distintos propósitos, a modo de chal durante el día, como manta por la noche, y, doblado, para formar algo así como un cojín. Algunos monjes cosían trozos pequeños de tela para hacer uno mayor y eso, posteriormente, se convirtió en la práctica general.
La única diferencia verdadera entre las vestiduras del monje y las del laico era el color. Las vestiduras del laico eran blancas; las del monje teñidas - o mejor dicho descoloridas - de un marrón amarillento, parecido al color kaki. Había una razón doble para tal decoloración. Si la tela parecía estar sucia en vez de limpia y blanca, sería menos probable que la robaran, además hacía que los monjes fueran más fácil de reconocer. Cuando la gente veía a alguien vestido con tela descolorida, sabía que se trataba de alguien que necesitaba ser mantenido. Las vestiduras del monje no eran un hábito, si por hábito queremos decir algo bellísimo y ceremonial, por no decir ya teatral, si bien con el transcurso del tiempo ha tendido a convertirse en eso. Luego la diosa Sri le da al monje que predica el sutra vestiduras, en otras palabras, ropa corriente.
En tercer lugar, Sri le da un cuenco de mendigar. La palabra sánscrita para monje es bhiksu, y un bhiksu es aquel que vive de bhiksa, limosna, o comida que ha sido pedida. Patra quiere decir cuenco, o mejor dicho cuenco es la palabra que se utiliza para traducir patra. Puede ser de barro, de madera o de hierro, el bhiksapatra, el cuenco en que se recoge la comida pedida, y del cual se come. El cuenco de mendigar es uno de los ocho requisitos del monje, las ocho cosa que se le dan a quien se ordena monje. (Las otras son los tres vestiduras - la interior, la exterior y la superior - , un cinturón, un colador de agua, una cuchilla de afeitar y una aguja e hilo).
La práctica general era que el monje saliera por la mañana temprano y fuera de puerta en puerta sin dejarse ninguna casa - es decir, sin ir seleccionando y eligiendo donde él sería mejor recibido y alimentado. En cada casa él recibía una pequeña cantidad de comida cocinada y cuando su cuenco estaba lleno, o cuando había recogido bastante, paraba y volvía a su monasterio o donde fuese que él residiera. Cuando estaba de vuelta, ofrecía comida a su maestro y quizás también la compartía con sus compañeros, los otros discípulos. El pasa el resto del día meditando, estudiando, enseñando, etc... Si se da el caso de que está de viaje, tras recoger la comida se apartará a un lugar tranquilo, tal vez una arboleda, donde comerá su comida, descansará y meditará antes de ponerse de nuevo en camino.
A los monjes les está también permitido aceptar invitaciones a comer en las casas de los laicos; también estos pueden llevar comida al monasterio, pero en ambos casos la comida se deposita en el cuenco del cual come el monje. El cuenco se usa también para traer agua, y para beber de él, luego está claro que es una parte de su equipamiento muy útil. Un texto antiguo muy conocido dice que el monje con su cuenco y sus vestiduras es como un pájaro con sus dos alas; equipado con ambas cosas, puede ir libremente a donde le plazca.
Es interesante notar que la diosa no promete proporcionar la comida al monje, pero si el cuenco. Por supuesto, podríamos decir que el cuenco representa la comida, y eso es verdad, pero quizás haya otra explicación. El monje pide la comida, o al menos la recoge. En cuanto a la comida él depende de los demás. Pero no solamente eso: él depende de los demás en cuanto los mismísimos medios para mendigar: el cuenco. El ni siquiera se lo procura, incluso eso se le da. En otras palabras, él depende totalmente de los demás para sus requisitos mundanos y queda totalmente libre para dedicar sus energías al Dharma, en este caso predicar el sutra.
En cuarto lugar, Sri da la cama y el asiento. La palabra utilizada es sayanasana: no es tanto cama y asiento en el sentido de un artículo de mobiliario grande y pesado, sino algo así como lugar para dormir y sitio en que sentarse. No hemos de olvidar que el monje era en un principio errante. Ni se planteaba que se quedara permanentemente instalado en un monasterio; eso ocurrió después. Y en el transcurso de su vida errante, todo lo que necesitaba era un sitio en que quedarse, ya fuera para pasar la noche o algunos días. Podía ser bajo de un árbol que le hiciera sombra o en una casita de verano en algún parque privado, en una cueva. En el capítulo anterior vimos al monje Ratnoccaya sentado en una cueva, estudiando y reflexionando sobre El sutra de la Luz Dorada. Eso es lo que la diosa promete proporcionar, ya sea en la forma de un árbol, una casita o una cueva: ella promete proporcionar un sitio donde quedarse.
En quinto y último lugar, la diosa promete dar medicinas. En la época del Buda estás eran relativamente simples. Una medicina que se menciona en los textos en pali frecuentemente es cierto fruto seco (gallnut) disuelto en orín de vaca, lo que era considerado la panacea para le monje enfermo. Yo nunca lo he probado, pero he conocido a monjes que tenían una gran fe en dicho remedio. Un monje cingalés particularmente me lo recomendaba muchisimo en mis primero tiempos como monje, diciendo que me curaría todas las enfermedades. Este es el monje que, como menciono en mi volumen de memorias, The Thousend-Petalled Lotus, me instaba a dejar de escribir poesía y centrarme más en artículos sobre filosofía budista. Me temo que no he sido capaz de seguir sus consejos: No he probado aún los gallnuts disueltos en orín de vaca y todavía escribo, ocasionalmente, poesía. Debe de estar inquietándose en su estupa funeraria.
De todos modos, y volviendo a las medicinas, ya sea gallnuts en orine de vaca o el último fármaco milagroso, el principio es el mismo: no hay objeción a que el monje reciba tratamiento médico. De hecho, hay un capítulo en el sutra sobre la cura de enfermedades. El tratamiento médico, ya sea el del monje o el de cualquiera, ha de estar, no obstante, en acuerdo con principios espirituales y con las leyes de la naturaleza. Para saber si un tratamiento está o no “de acuerdo con los principios espirituales”, uno tiene que ver cual es el propósito del tratamiento y cual es su naturaleza. El propósito de un tratamiento médico es en definitiva restablecernos la salud, para poder utilizar salud y energía en el seguimiento de la vida espiritual. Y la naturaleza del tratamiento no debe ir contra la ética ni violar ningún principio espiritual. Tengo serias dudas sobre la experimentación con animales, por ejemplo. No está de acuerdo con principios espirituales el recurrir a tratamientos médicos que se basan en el sufrimiento de otros seres vivos.
Otro asunto es que algunos tratamientos eliminen el dolor a costa de la claridad mental. Obviamente la claridad mental no es algo a sacrificar a la ligera, pero no hay razón para sufrir sin necesidad. Sólo deberemos rechazar analgésicos si las implicaciones de su uso son peores que el dolor mismo. De todas formas, sentimos bastante dolores de cuando en cuando - dolor de muelas, dolor de estómago, etc... No hace falta que se nos recuerde que es ese tipo de sufrimiento.
La cuestión, a nivel general, es que no está uno necesariamente más cerca de la visión clara de la verdad del sufrimiento porque lo esté experimentando. Incluso se puede lograr la visión clara de la verdad del sufrimiento mientras se está en un estado de felicidad. Experimentar sufrimiento en sí no nos enseña nada. Gente que ha sufrido mucho puede muy rápido olvidarse de ello, si no tienen visión clara de la verdad del sufrimiento.
Con frecuencia se le da a la persona moribunda dosis cada vez mayores de morfina y esto podría parecer que no casara con las enseñanzas tibetanas sobre el morir con claridad mental. Pero si el dolor está enturbiando tu estado de consciencia tanto como lo haría el fármaco, igual da una cosa que la otra. Se ha de encontrar el punto medio entre tomar tanto fármaco que deje a uno sin nada de atención consciente y tomar tan poco que el dolor enturbie la mente igual que lo haría el fármaco. Este puede que sea un punto de equilibrio tan delicado que en algunos tristes casos no sea posible encontrarlo. No hay solución realmente. El dolor enturbia la mente, lo mismo que el fármaco. Para la mayoría de la gente no es en absoluto posible aguantar el dolor y permanecer con atención consciente, cuan menos llevar sus pensamientos al Buda, el Dharma y la Sangha.
Hay quien dice que el dolor que sientes es el resultado de tu karma, y que no deberías interferir en ese proceso. Pero tú no sabes si es el resultado de tu karma. Puede que sea, o puede que no - normalmente no lo sabrás al menos que tengas una visión clara especial. Se dice normalmente que la prueba práctica es que si fallan todos los medios de aliviar tu condición, puedes buscar la explicación en el karma. Pero si el dolor se puede aliviar con fármacos, es de suponer que no sea debido al karma, porque los fármacos no vencerían al karma. Aun si la enfermedad fuera debida al karma, se podría argüir que debido a un subsecuente buen karma están los fármacos para tratarla.
Al decir que el tratamiento médico debe también estar en acuerdo con las leyes de la naturaleza, quiero decir que no ha de ser meramente paliativo. Debe de ser algo más que poner parches a la persona. Hay quienes llevan una vida insana y el resultado es sufrir de todo tipo de achaques, los cuales esperan que les cure el médico mientras siguen viviendo en modo insano. Si llevas una vida sana, estarás sano; para estar sano hay que llevar una vida sana. Luego el tratamiento médico no debe simplemente capacitarte para seguir llevando una vida insana; debe animarte a vivir una vida sana.
No estoy abogando solamente por la naturopatía o las curas naturales. Si el médico corriente le dice a su paciente: “Tienes que comer menos carne y menos huevos. No es cuestión de que de pastillas. Tienes que hacer más ejercicio y beber menos alcohol.” Eso es dar un tratamiento médico de acuerdo con las leyes de la vida y de la naturaleza.
Luego estás son las cinco cosas que Sri promete dar al monje que predique el sutra: empeño, vestiduras, cuenco de mendigar, cama y asiento y, finalmente, medicinas. Las cuatro últimas corresponden a la lista bien conocida que se encontrará en muchos textos budistas antiguos, la lista de las cuatro cosas que el monje espera recibir de los laicos budistas: comida, ropa, sitio donde quedarse y medicina. Estas cuatro cosas representan lo mínimo requerido para el apoyo de la vida; en otras palabras, el monje tiene el derecho de recibir sólo lo que es necesario, nada más.
Esto nos lleva a la cuestión de la relación entre el monje y los laicos. En el Oriente budista los laicos aceptan la responsabilidad total de proporcionar todo lo material que necesita el monje, y lo hacen muy felizmente. Están muy contentos de poder capacitar al monje para que dedique todo su tiempo y energía a la vida espiritual, por que creen que eso es en beneficio de todo el mundo. De hecho, creen que por mantener al monje están acumulando para ellos mismos reservas de mérito que les ayudarán a tener mejor renacimiento, o que incluso contribuirá a su prosperidad material en esta vida. Algunos laicos, hay que admitirlo, mantienen a los monjes simplemente por lograr mérito. Pero aunque no tengan mucha comprensión de la vida espiritual, tienen una firme creencia en la virtud superior del monje y en lo meritorio que es mantenerlo.
En el Occidente moderno, el monje no puede esperar que se le mantenga así o por razones de ese tipo, ciertamente no puede esperarlo de la gente en general; quizás ni siquiera de la gente budista laica. Se les está volviendo difícil a los monjes vivir así incluso en Oriente. Algún otro modo debe encontrarse para proporcionar los requisitos materiales a aquel totalmente dedicado - es decir, quien esté dedicando todo su tiempo y energía al Dharma. Es por esto que el desarrollo de las empresas Subsistencia Correcta es un aspecto tan decisivo del establecimiento del budismo en Occidente.
Una vez que la gran diosa Sri ha hecho sus promesas, el capítulo continua, evidentemente, con la participación del Buda Shakyamuni, si bien eso no se nos dice. El nos habla de un Buda previo, durante cuya época la diosa Sri plantó, como dice el texto, una raíz meritoria - durante el período de ese Buda ella llevó a cabo acciones meritorias, las cuales, es de suponer, la han llevado a nacer como la diosa Sri. El dice que ese Buda deber ser adorado ceremonialmente con perfumes, flores e incienso y que debe ser adorado por el poder de la gran diosa Sri. La misma Sri, dice el Buda, deberá ser adorada también con perfumes, flores e incienso, además del rociar de varios jugos. De este modo uno adquirirá “un gran montón de maíz”.
El Buda cita entonces un verso un tanto interesante (al menos podemos todavía asumir que es el Buda el que habla):
“El sabor de la tierra crece en la tierra. Las divinidades se regocijan continuamente. Las divinidades de los frutos, las cosechas, los arbustos, las matas, los árboles hacen que las cosechas sean más resplandecientes.”
Cabe destacar dos cosas en esto. Según el verso los frutos, las cosechas etc. no crecen solamente debido a factores de tipo material. También hay factores psíquicos - a los que se refiere con el nombre devas o divinidades. Tan sólo hace algunos años, la gente en Occidente hubiera descartado tal noción por considerarla una tontería total, una reliquia de la antigua superstición animística pre-científica. Pero ahora los occidentales, incluso los científicos, no están tan seguros. Ellos están considerando el asunto con bastante más cautela.
La segunda cosa a destacar es que en este pasaje la gran diosa Sri se convierte en algo así como en una diosa de la agricultura, incluso la diosa del maíz. Esto ilustra algo que dije en el capítulo anterior - que en cierto sentido, todas las diosas son diosas de la tierra. En el caso de Sri la conexión está particularmente clara. Al fin y al cabo, la forma más primitiva de riqueza, después del ganado, es el maíz o el grano. La palabra sánscrita para riqueza (dhana) y la palabra para maíz o grano (dháná) son casi idénticas, porque un hombre rico era alguien que tenía mucho grano en su almacén.
Lo que sigue en este capítulo del sutra consiste principalmente en instrucciones para la adoración ceremonial de Sri, la diosa de las riquezas, incluso la diosa del maíz o del grano - para ello se nos dan también varios conjuros mágicos. La adoración debe ser ejecutada principalmente por los laicos. Estos tendrán que llevar a cabo acciones meritorias, repetir conjuros mágicos durante un período de siete años, hacer la observancia de los días de luna llena y los de luna nueva - cumpliendo con los ocho preceptos - y adorar a los Budas por las mañanas y por la noches con flores, perfumes e incienso. Habrán de hacer eso por el logro de su propia Iluminación y la de los demás seres. Si uno hace todo esto, todo lo que desee se le cumplirá, la gran diosa Sri aparecerá y la morada propia estará repleta de oro, joyas y riquezas. En resumen, uno tendrá la bendición del suministros de todos los bienes.
Claramente, esta práctica es más apropiada para el laico que para el monje. No obstante, parece que los monjes también adoran a la gran diosa Sri. El texto dice que quien lleve a cabo la adoración hará pura su casa - su monasterio o retiro en el bosque. Más adelante dice el texto:
“En la casa, la aldea, la ciudad, el asentamiento, el monasterio o en el retiro en el bosque, ninguno en absoluto causará deficiencia.”
Luego parece que los monjes adoraban a la gran diosa Sri en la época en que el sutra fue pasado a la escritura - es decir, los monjes ejecutaban ceremonias mágicas para la adquisición de la riqueza. Esto parecerá ser inconsecuente con la primera parte del capítulo, en el cual la gran diosa Sri, de todas formas, promete proporcionar al monje todo lo que necesite. Podríamos considerar que este pasaje constituye evidencia de algo de degeneración; evidencia de que algunos monjes, al menos, añoraban las cosas mundanas. Esto sería una interpretación. Otra alternativa sería quizás considerar que señala hacia el futuro, una época en que los monjes ya no podrían confiar en el apoyo tradicional de los laicos.
En cualquier caso, el capítulo de Sri está claramente dividido en dos partes. En la primera, la gran diosa Sri promete dar al monje que sea el predicador del sutra todo lo que necesite. En esto está la economía budista en su forma más pura, la economía del dar. La abundancia y la riqueza mundana se dedican a fines puramente espirituales, se ponen al servicio de la luz dorada. La segunda parte del capítulo trata más bien de la gran diosa Sri en sí - trata más de la riqueza. A pesar de las referencias a la Iluminación en esta parte del capítulo, parece que la abundancia y las riquezas tienden a convertirse en fines en sí mismos. En la primera parte del capítulo nos encontramos con la diosa Sri budista, pero en la segunda no encontramos realmente con la diosa hindú Lakshmi. Sri representa a la economía budista, Lakshmi representa la economía en general. Sri representa la riqueza dedicada a fines espirituales; Lakshmi simplemente la riqueza juntada y acumulada. Sri es las necesidades de la vida; Lakshmi es la abundancia, incluso la opulencia.
La adoración ceremonial de Sri, o Lakshmi, da lugar a un tópico de importancia fundamental: el tema de la producción de riqueza. Está muy bien hablar de dar dinero, ¿Pero de dónde vamos a sacarlo? Antes de darlo tienes que conseguirlo, y para conseguirlo tienes que producirlo. Luego ¿Cómo se ha de hacer esto? ¿Cómo se ha de producir la riqueza?
La segunda parte del capítulo sobre Sri no lo dice claramente. Dice que la riqueza se produce adorando a la gran diosa Sri, o mejor dicho Lakshmi ¿Pero podemos aceptar esto? Puede que necesitemos dinero para nuestras actividades budistas ¿Pero creemos realmente que lo sacaremos si ejecutamos la adoración ceremonial a Lakshmi, aun si la ejecutamos por siete años? No deseo negar la importancia del factor psicológico, o incluso psíquico, en la creación de la riqueza; pudiera ser que ayudase - sin duda no haría daño alguno - pero no pienso que pueda ser realmente el factor decisivo. Los hindúes, por supuesto, creen mucho en la adoración - no tanto en el sentido de la devoción para fines puramente espirituales, sino en adoración mágica para alcanzar algún objetivo mundano. Si quieres aprobar tus exámenes, diría el hindú, adora a Sarasvatí; si quieres apartar obstáculos, adora a Ganesh; si quieres el éxito en la batalla, adora a Karttikeya; si quieres riqueza, adora a Lakshmi. También encontramos esta actitud reflejada en este capítulo del sutra. Pero no pertenece realmente al budismo. Le pertenece más a la cultura india, por eso no hemos de considerarnos obligados por tal actitud.
Luego si la riqueza no la produce la adoración ¿Qué es lo que la produce? La produce el trabajo, la aplicación de la energía humana - tu energía y mi energía. Por supuesto que hay trabajo de muchos tipos. Hay trabajo que no está de acuerdo con los principios de la Subsistencia Correcta y lo hay que sí que lo está. La mayoría de la gente conoce muy bien el primer tipo: trabajo cuyo objetivo es producir cosas dañinas o innecesarias, trabajo aburrido, repetitivo y que no es creativo, trabajo hecho bajo condiciones desfavorables para el desarrollo personal, y en compañía de personas a quienes les es indiferente la vida espiritual o son incluso hostiles a ella. Pero hay una alternativa: el trabajo hecho por el beneficio del Dharma, no por un sueldo o por las propias comodidades. Es el trabajo hecho para que la riqueza producida o adquirida sea dada para el Dharma. Además, idealmente se hace con otras personas similarmente comprometidas con la vida espiritual.
Por supuesto que se están haciendo esfuerzos para ir hacia prácticas más éticas en el trabajo, incluso dentro del sistema capitalista. Existen actualmente corredores bolsa éticos: compañías que ofrecen garantizar que cualquier dinero que inviertas no irá a la compraventa de armas, tabaco o cualquier otro negocio no ético. Esto sugiere que algo de ideología no capitalista ha encontrado un punto de apoyo; normalmente los capitalistas quieren hacer dinero a toda costa, indistintamente de las consideraciones éticas. Luego la inversión ética es al menos un paso en la dirección correcta, aunque es una modificación del sistema en vez de un reemplazo por algo más ético e idealista.
Pero tengo dudas de que haya un sistema económico alternativo que pudiera proporcionarnos bienes de consumo en la forma y hasta el punto que lo hace el sistema capitalista. La gente tiende a asumir que se podría pasar del sistema capitalista a otro más deseable éticamente, y seguir teniendo todos los caprichos del consumismo igual que antes. Yo personalmente lo dudo. Ni siquiera sé si se podría encontrar una alternativa viable, pero si la hubiera pienso que sería a costa de al menos algunos de los caprichos del consumismo. Sería pues una alternativa que la mayoría de la gente no estaría dispuesta a considerar - al menos que no hubiera muchísima formación quizás durante un período de siglos.
Tomemos un ejemplo muy simple, supongamos que todo el mundo se volviera al campo y cultivara la tierra para cosechar su comida. Para hacer eso tendrían que renunciar a sus coches y televisores; la mayoría de la gente no estaría dispuesta a hacerlo. Se paga un precio por introducir un sistema más ético, yo dudo de que mucha gente estuviera dispuesta a pagarlo. Luego tenemos que conformarnos con vivir en un mundo capitalista sin participar de valores, prácticas y objetivos capitalistas.
Yo considero que la estructura de la cooperativa es la opuesta a la capitalista, ésta es una razón por la que la estoy a su favor. Pero no es en absoluto fácil de aplicar. En la situación de los equipos de subsistencia correcta, en contraposición a los negocios de tipo capitalista ordinarios, hay un reparto equitativo de responsabilidad; o mejor dicho todos tienen responsabilidad según sea su comprensión del negocio y su experiencia. Este principio da lugar a mucha dificultad, ya que por varias razones a la gente no le resulta fácil cooperar en la forma que es esencial para que funcione el negocio. Los hay que quieren ser jefes, aunque la estructura de cooperativa no lo permite realmente, y otros quieren que se les diga lo que tienen que hacer en vez de tomar su parte de responsabilidad. Estas dos tendencias opuestas nos desvían de la aplicación de los principios cooperativos. Por lo tanto, es importante ser realista al considerar que es necesario para montar un negocio de subsistencia correcta. La gente a veces es muy ingenua en relación a lo fácil y bonito que sería tan sólo por estar trabajando juntos; pero realmente no es tan simple. No obstante vale mucho la pena esforzarse y tener fe en los principios cooperativos - en tomar lo que necesites y dar lo que puedas.
Un proyecto budista de subsistencia correcta en equipo tiene tres objetivos. Primero, tiene como objetivo proporcionar a sus trabajadores una forma de sustento - es decir proporcionarles lo que necesiten: no sólo sus necesidades de comida, ropa y casa, sino también sus necesidades de ir a retiros, comprar libros del Dharma, etc... En segundo lugar, tiene el objetivo de proporcionar una situación laboral que conduce al progreso espiritual. Esto quiere decir que funciona dentro de ese contexto económico como una cierta forma de comunidad espiritual, en la medida que los trabajadores son amigos entre sí y comparten los ideales del proyecto. Resumiendo, debe de proporcionar a quienes trabajen en esa situación la experiencia de kalyana mitrata, o amistad espiritual. Y el tercer objetivo es ayudar a financiar actividades budistas: centros budistas, publicaciones, etc... Para que se le pueda considerar completamente un éxito, un negocio de subsistencia correcta necesita cumplir con estos tres objetivos.
Si así lo hace, la subsistencia correcta se convierte en una práctica espiritual en sí. Se convierte en lo que los hindúes llaman niskama-karma yoga, acto altruista practicado como medio de desarrollo. La economía budista no es sólo la economía de dar; también es la economía de la adquisición correcta de la riqueza, la creación correcta de la riqueza. Y eso es lo que nos ayudará a transformar el mundo.

1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   12


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal