Identidad, Cultura e ideología política en México: La decisión de 2012 Rossana Almada Presentación



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Identidad, Cultura e ideología política en México: La decisión de 2012
Rossana Almada
Presentación

El objetivo del presente trabajo consiste en presentar un acercamiento socio – antropológico a los procesos identitarios que inciden en la construcción de la ideología política desde una perspectiva interpretativa con base en las propuestas teórico - metodológicas de Manuel Castells, Roger Bartra, Sygmunt Bauman, Edgar Morin y Sheldon Wolin. Es decir, pretendo analizar y comprender cuáles son los aspectos culturales que contribuyen a la formación de los marcos referenciales desde los cuales los miembros de una sociedad, erigidos en ciudadanos, definen su voto.

Para aplicar este modelo propongo presentar el caso de las pasadas elecciones en México (1 de julio de 2012), considerando las distintas formas que adquirió la publicidad política durante la campaña y cómo se construyó la opinión pública desde los medios de comunicación masiva y a través de la autocomunicación de masas (redes sociales virtuales).

Parto de la hipótesis de que los mexicanos volvieron a votar por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) por dos razones: la personalización – mediación de la política y los marcos referenciales anclados en la mexicanidad construida en el siglo XX, en parte, desde el PRI.

En efecto, durante la etapa conocida como Desarrollo Estabilizador, el PRI logró consolidar la idea de Nación entre los mexicanos a través de un sistema corporativo arraigado en el Estado de Bienestar que se ha diluido en el proceso de globalización a través de una serie ininterrumpida de crisis económicas y políticas hasta anclarse en el modelo neoliberal del que emanaron los tres últimos gobiernos priístas del siglo XX y los dos sexenios de la alternancia durante los cuales el poder ejecutivo estuvo en manos del Partido Acción Nacional (PAN).

Pese a las crisis económicas, políticas y existenciales que vive el mundo en general y México en particular, a pesar del desempleo en el nivel nacional y a la pérdida de posibilidades relacionadas con una vida buena y tranquila, incluso, no obstante la pérdida de credibilidad en los partidos y en las instituciones nacionales, ante la posibilidad de una nueva alternancia, un porcentaje importante de ciudadanos decide dar su voto al PRI, sin importar los escándalos políticos basados en la corrupción, ni el mal manejo de las crisis económicas, ni las calamidades políticas que vivió el país a finales del siglo XX. Por convicción ideológica, por la manipulación mediática y/o por dinero, la mayoría de los mexicanos decidieron poner de nuevo al país en manos del PRI porque representa el referente de base en la cultura e identidad política mexicana; los ciudadanos decidieron no apostar por una tercera opción porque los medios de comunicación a través de la construcción social del miedo, fueron canalizando a la opinión pública a través de una serie de ardides publicitarios que convencieron a la ciudadanía de volver a dar un voto de confianza al partido que ha jugado el papel central en la construcción de la identidad política en México.


La ideología como concepto

Como señala Bauman (2003) algunas palabras además de estar dotadas de significado, también producen sensaciones; ideología es una de ellas. Se trata de un concepto cargado, al menos, con dos significados diferentes: por un lado, la entendemos como falsa conciencia; por otro, la pensamos como la forma de ver, entender y proyectar el mundo, como la lente que nos permite aprehender el contexto en el que vivimos y al cual pretendemos conservar o transformar a través de las prácticas y las representaciones sociales. Con base en lo anterior sugiero que la ideología es la transpiración de la cultura, vive, crece y se transforma desde nuestra subjetividad, pues ver y pensar el mundo significa vernos y pensarnos en él.

De acuerdo con Eliseo Verón (1998) lo ideológico no es el nombre de un tipo de discurso, sino el nombre de un aspecto inherente a todos los discursos que se producen en una sociedad. En efecto, al acercarnos a lo social nos topamos con “paquetes textuales”, es decir, conjuntos compuestos por una pluralidad de maneras significantes: escritura – imagen; escritura – imagen – sonido; imagen – palabra, etcétera, construidos con el fin de encaminar el destino de los grupos sociales, no precisamente hacia el logro de sus anhelos, sino al de quienes detentan el poder en cada época.

En la Edad Media, el centro de los afanes y de los valores era la Iglesia, los sacerdotes determinaban desde el púlpito la conducta de la sociedad partiendo del pecado y la condena. En el renacimiento, Maquiavelo y después Hobbes, en la Ilustración, instauran el poder del Estado, con este último se consolida el absolutismo en el que la ideología giraba en torno del soberano. Mientras los autores del siglo XVII vieron en las emociones una fuerza más o menos negativa, en el siglo XVIII predominó la idea de que las pasiones representan también potencias anímicas insoslayables y creadoras.

En el siglo XIX, con base en el pensamiento de Comte, la sociología de Durkheim pretende ser una ciencia social fundada en hechos. Su<> considera todos los contenidos representativos: religiosos, morales y jurídico – políticos como hechos sociales, que son determinados en su raíz por la conciencia colectiva dominante en una sociedad determinada. (Lenk, 1982: 29 – 34).

Para Marx, la mayoría de los individuos creen que su comportamiento y sus acciones son la expresión de sus propios intereses inmediatos, ello se debe a que en la sociedad capitalista el mecanismo de los procesos sociales presupone cierto grado de no conciencia y de ceguera en los sujetos actuantes. Esta crítica pasa de las objeciones hechas en el campo de la teoría a la crítica de la realidad social, cuya expresión y encubrimiento, a un mismo tiempo, son las ideologías (Marx y Engels, 1985: 11 – 13).

En el siglo XX, Antonio Gramsci desarrolla el concepto de hegemonía, según el cual, el poder de las clases dominantes sobre las clases subordinadas, no se basa solamente en el control de los aparatos represivos del Estado, sino que se fundamenta en la hegemonía cultural que las clases dominantes logran ejercer en las sociedades a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. “Educan” a los dominados de manera que éstos vivan su sometimiento y la superioridad de las otras como algo natural y conveniente. (Kohan, 2006:77 – 81).

En ese sentido, Manuel Castells –basado en la neurociencia— pone luz en las formas de construcción, deconstrucción y reconstrucción de las ideologías a partir de las sensaciones que dan lugar a emociones y sentimientos que se traducen en decisiones. Actualmente, es decir, en la era de la información y la globalización, cuando asistimos a la construcción de la sociedad red, los medios de comunicación y la internet se convierten en los artífices centrales de la ideología.


Mente, ideología y poder: el caso mexicano

Los seres humanos percibimos los sucesos a través del cuerpo; los sentidos nos conectan con la “realidad”; en ella aparecen eventos que no concientizamos1 y acontecimientos que nos producen emociones fundamentadas en experiencias previas. Las emociones son procesadas en el cerebro a través de redes neuronales, el resultado es un sentimiento al que se une el razonamiento; con la fusión de estos elementos nos pensamos en el mundo, construimos y/o nos apropiamos de una forma de ideología, tomamos decisiones y asumimos comportamientos. (Castells 2010: 191 – 211).

El asunto se complica porque, en este transcurso, las emociones juegan un doble papel: por un lado, activan las experiencias emocionales relacionadas con la decisión a tomar; por otro, impulsan a decidir de acuerdo con el sentir, es decir, el razonamiento mismo tiene una base emocional que puede actuar positiva o negativamente. A lo largo de este proceso la comunicación desempeña un papel fundamental en la activación de las redes neuronales correspondientes.

En este sentido, Roger Bartra (2012) apela a la conciencia, definiéndola como saberse conciente, como pensarse a sí mismo en el mundo; ese proceso, requiere necesariamente la conexión de ciertos circuitos neuronales con espacios extrasomáticos a los que Bartra denomina “prótesis culturales” (Íbid: 17 – 27). No se trata de sustancias pensantes separadas del cuerpo, ni de energías sobrenaturales; sino de una red cultural y social. Es decir, se trata de los elementos culturales que “encarnan” en los circuitos neuronales a través de canales simbólicos y lingüísticos y son aceptados por los individuos y por la sociedad como parte de sí, como naturales; en este proceso, la comunicación juega un papel fundamental, pues influye en el comportamiento y en la toma de decisiones a través de las neuronas espejo encargadas de activar los procesos de imitación y empatía que dan origen a la apropiación o al rechazo de los relatos de la televisión, el cine, la literatura; el uso de la misma estructura neuronal para la experiencia y la representación de la experiencia tiene consecuencias ideológico – políticas extraordinarias. Se considera que existe un par de emociones básicas capaces de motivar la decisión: el entusiasmo y el miedo. (Castells, Ídem).


La elección de 2012

Un ejemplo de esto es la elección presidencial de 2012 que puede ser considerada como el resultado de una cultura e identidad políticas gestadas y maduradas a lo largo del siglo XX y resignificadas desde los medios de comunicación masiva en estos primeros años del siglo XXI.

México, al igual que otros países del mundo, parece estar sometido a lo que Sheldon Wolin (2008) llama totalitarismo invertido, es decir, una forma de poder autoritario impuesto a partir de la desmovilización de las masas. En efecto, los ciudadanos mexicanos no podemos realmente considerarnos como tales, pues la participación política está reducida al ejercicio del voto el día de las elecciones, somos votantes y nada más. Esta forma de des-ciudadanización sirve de cimiento a lo que el mismo autor denomina democracia dirigida, es decir, una democracia en la que los miembros de la sociedad estamos cada vez más lejos de la política, somos parte de un sistema que se reproduce a sí mismo porque estamos cultural y socialmente condicionados para permitir que los gobernantes impongan la agenda de las grandes corporaciones empresariales. Prueba de ello, es que en 2012, pese a los intentos de participación ciudadana, los resultados de la elección fueron los esperados por las cúpulas políticas y empresariales ubicadas en México y más allá de las fronteras de nuestro país.

De acuerdo con Rodríguez Araujo (La Joranda, 17/05/12), dos meses antes de la jornada electoral todo parecía indicar que asistíamos a un nuevo despertar político, encarnado en los jóvenes universitarios volcados en las calles para repudiar al candidato de los principales medios de comunicación tradicionales; los estudiantes, lograron romper el dupolio Televisa – TV Azteca, haciendo circular información y lanzando consignas a través de las redes sociales. Asistíamos al nacimiento de acciones concretas desde la autocomunicación de masas.

Los números aparecían enredosos y enredados durante la campaña; las encuestas estaban enfrascadas en dimes y diretes acerca de quién llevaba la delantera en la contienda; por tanto, no resultaban fiables. Por un lado, los sondeos realizados por empresas especializadas desde los medios de comunicación arrojaban un resultado que favorecía al candidato del Partido Revolucionario Institucional, por otro, estaban los que se realizaban desde las redes sociales; algunas de ellas de poca seriedad, pero hubo otras, como la de Urna Abierta, que era parte de una investigación de doctorado de la Universidad de Guadalajara, que señalaba al candidato de las izquierdas como el puntero.

Frente a estos desacuerdos ¿cómo entender el proceso político que estábamos viviendo en México? A través de un estudio interpretativo cuyo hilo conductor fuera la Comunicación.

Las campañas electorales son el campo de batalla en el que se enfrentan miembros de distintos grupos2 por el poder, entendido este último, para este caso, como la forma de relación que se establece entre el Estado y la sociedad. Dicha relación es desde luego asimétrica, pues quien detenta el poder del Estado toma decisiones que afectan no sólo al conjunto de la sociedad que gobierna, sino a las generaciones futuras que serán víctimas o beneficiarias de las decisiones de la sociedad que les anteceda. Pero la parte subordinada de dicha relación no es necesariamente pasiva y como dice Castells, puede llegar el momento en que las acciones del poderoso sobrepasen la capacidad de aguante del subordinado, en tal caso, éste último iniciará una serie de acciones destinadas a acotar el poder de quien lo somete.

El proceso electoral que vivimos en México en 2012 fue una lucha por el poder dentro del sistema capitalista con dos posturas claramente diferenciadas: una, bicéfala, apuntaba hacia la continuidad del modelo neoliberal que hemos vivido prácticamente desde las últimas dos décadas del siglo XX, la otra, intentaba retomar algunas acciones propias del Estado de Bienestar, disuelto en los vaivenes de la globalización y de la posmodernidad.

Dicha división en dos trincheras se manifestaba claramente a través de las distintas formas de comunicación a las que pueden acceder los ciudadanos, por un lado, los medios informativos, es decir, todos los periódicos afiliados a la Organización Editorial Mexicana (OEM), el Periódico Milenio, el Diario Reforma y otros más, a los que se suman las dos principales televisoras (Televisa y TV Azteca) y varias estaciones de radio, apoyaban una de las candidaturas encaminadas a la continuidad del modelo vigente; por otro lado, había toda una corriente de la intelectualidad mexicana, como Juan Ramón de la Fuente, Elena Poniatowska, Carlos Fuentes3, y todo un séquito de intelectuales, profesores universitarios y estudiantes tanto de universidades públicas como privadas que, a través de las redes sociales y de movimientos ciudadanos, se pronunciaron a favor de la propuesta de cambio y en contra del modelo neoliberal; recomendaban volver los ojos a la izquierda y andar un camino que aún no nos hemos atrevido a explorar.

En efecto, como nunca antes en este país, los ciudadanos se expresaban y hablaban de política, se involucraron, estaban participando de manera permanente a través de la auto-comunicación de masas. Sin duda, se trataba de un avance importante en el proceso de democratización del país, por primera vez los ciudadanos intentábamos participar en el proceso electoral más allá de la emisión del voto.

Pero ¿Cómo se construyó este fenómeno? Sin duda a través de la Comunicación, pero no de aquella que se consideraba dirigida a una audiencia pasiva, pues desde dicha perspectiva el auditorio sigue siendo objeto y no sujeto de la comunicación; sino la de una corriente de investigación bien establecida, especialmente en la psicología de la comunicación, que demuestra la capacidad de las personas para modificar el significado de los mensajes que reciben interpretándolos de acuerdo con sus propios marcos culturales y mezclando los mensajes de una fuente concreta con su abigarrada gama de prácticas comunicativas.

De acuerdo con Castells, en el texto titulado ¿Tiene la audiencia un efecto pernicioso sobre la televisión?, Umberto Eco subraya la capacidad de la gente en general para añadir sus propios códigos y subcódigos a los códigos del emisor que constituyen los significantes del mensaje.

Ante esto, los medios tradicionales intentan avanzar con la estrategia mediática a la que asistimos: la apuesta a la repetición. De acuerdo con Castells, suele ocurrir que cuando se repite el nombre de uno de los candidatos reiteradamente, puede suceder que los votantes indecisos se inclinen a su favor; tal es el caso del candidato de las televisoras; un grupo de estudiantes de la licenciatura en Comunicación de la Universidad Autónoma de Baja California Sur analizó la frecuencia de los spots televisivos y encontraron que por cada uno de la candidata del PAN había dos del candidato priísta, lo mismo ocurrió en el caso del candidato de las izquierdas, pero el asunto no para ahí, ha sucedido, incluso en México, que los medios sean capaces de resignificar los deslices de los candidatos a los que apoyan; el traspié, con nombre y apellido se presenta una y otra vez como noticia simpática a la ciudadanía; de esta forma, cuando los indecisos se encuentran a solas con la boleta electoral en la mano sin conocer el programa real de gobierno de los candidatos y mucho menos sus posibilidades reales de cumplimiento, pueden votar por el nombre que más hayan escuchado.

Incluso en las redes sociales un gran porcentaje de quienes estaban en contra del candidato del PRI lo mencionaban permanentemente, es decir, en el afán por desacreditarlo, subían sus fotografías y repetían el nombre de Enrique Paña Nieto, más que el del candidato de su preferencia, pues en muchos casos no se trataba de promover a otro candidato, sino sólo de denostar al de las televisoras.

Pero ¿cómo es posible que los medios logren encausar las decisiones políticas si ya sabemos que los seres humanos somos capaces de resignificar los mensajes con base en nuestra propia cultura, en nuestras prácticas sociales y en nuestra forma de ver el mundo?

En una sociedad desmovilizada políticamente, es decir, una sociedad en la que los ciudadanos lejos de verse arrastrados a un frenesí permanente por los operativos del régimen, padecen de un letargo político, suele haber un porcentaje importante de votantes que no concurren a las urnas; el manejo del electorado “activo” se torna así mucho más fácil. Sin embargo, la apatía no es sólo el resultado de una cultura televisiva. Es, a su manera, una respuesta política. Los ciudadanos comunes han sido víctimas de una contrarrevolución que ha causado la revocación de numerosos servicios sociales que se habían establecido durante la época del Estado de Bienestar tras duras luchas políticas. Es decir, los regímenes actuales logran formar seguidores más que ciudadanos, construyendo conceptos nuevos, tales como “la soberanía de los consumidores” y la “democracia de los accionistas”, que dan una sensación de participación sin exigencias ni responsabilidades (Wolin, Ídem).

Numerosas investigaciones en ciencia política y comunicación han demostrado la existencia de un complejo sistema de conexiones entre mente y poder en el proceso político. El poder se construye, como cualquier realidad, en las redes neuronales del cerebro, se genera pues, desde la mente.

Sin duda, el conocimiento y/o la práctica política ha sido un factor decisivo en la evolución de la humanidad, fomentando la cooperación y la toma de decisiones colectivas en la búsqueda de la supervivencia y del bienestar. Una corriente de investigación cada vez más influyente demuestra la integración entre cognición y emoción en la toma de decisiones políticas. Desde su perspectiva no hay oposición entre emoción y cognición, pero hay diferentes formas de articulación al momento de la toma de decisiones.

El procesamiento de la información (cognición) puede funcionar con la ansiedad (emoción) llevando a dos formas diferentes de toma de decisiones: la racional, como proceso de evaluación de la nueva información o modelos rutinarios de decisión basados en experiencias anteriores procesados en los mapas cerebrales.

Según la teoría de la inteligencia afectiva, las emociones más importantes para el comportamiento político son el entusiasmo (y su opuesto, la depresión) y el miedo (y su contrario, la calma). Pero ¿dónde está el origen de esas emociones políticas? ¿cómo toman una dirección positiva o negativa las emociones frente a un acontecimiento concreto?

Durante mucho tiempo la investigación académica minimizó el impacto de los medios y de las campañas políticas en el resultado de las elecciones, en contradicción con la mayoría de las opiniones y prácticas de los asesores políticos. Pero desde los años noventa, un buen número de estudios sobre comunicación política han demostrado la influencia de las noticias, campañas políticas y publicidad sobre los procesos de toma de decisiones de los ciudadanos. Cada vez más estudios subrayan el papel del componente emocional en las campañas políticas. Los descubrimientos de la neurociencia y de la psicología cognitiva ya han demostrado la conexión entre la emoción y el pensamiento decidido en el proceso de toma de decisiones políticas.

Los spots que provocan miedo tienden a erosionar el apoyo de los votantes indecisos al candidato cuya posibilidad de triunfo amenaza al Establishment, mientras que aumentan la importancia del voto para aquellos ciudadanos cuya postura política es firme.

Así pues, la publicidad diseñada para provocar miedo influye de dos formas a favor del patrocinador del anuncio: movilizando a los partidarios del patrocinador y desanimando a los posibles votantes del rival. Las emociones sirven de <>. Hay un mayor escrutinio de las posiciones de un candidato cuando un mensaje dispara el miedo a las consecuencias negativas de un resultado electoral.

La emoción no sustituye al análisis en el proceso de toma de decisiones; es un factor que activa un grado mayor de comportamiento reflejo.


La emoción y la información están relacionadas. El contenido y los argumentos deben transmitir un mensaje general. El mensaje ha de indicar a los votantes qué les debe causar miedo o esperanza y en muchos casos, lo que los votantes deben hacer con esos sentimientos. […] Las emociones nos envían señales para decir ¡Esto es importante!. Y la rapidez de nuestras respuestas emocionales permite que este proceso sesgue cómo interpretamos la información que recibimos, para bien o para mal” (Castells, 2010: 329).
Es decir, los ciudadanos toman decisiones gestionando conflictos entre su situación emocional (lo que sienten) y su situación cognitiva (lo que saben). La política emocional es tan sólo una dimensión de la inteligencia afectiva, el acto reflejo de seleccionar la mejor opción para nuestro ser reflexivo.

En ese sentido, como una de las características distintivas de la mente humana es la capacidad de imaginar el futuro, la esperanza es un ingrediente fundamental para activar los mapas cerebrales que motivan el comportamiento político orientado a conseguir el bienestar futuro como consecuencia de una actuación presente, pero la esperanza también se mezcla con el miedo a que el candidato favorito pierda o decepcione. La esperanza y el temor se combinan en el proceso político, y los mensajes de las campañas se dirigen a menudo a estimular la esperanza e instilar el miedo al oponente. El miedo es esencial para la autoconservación, pero la esperanza es fundamental para la sobrevivencia, porque permite a las personas planificar el resultado de sus decisiones y las motiva a llevar a cabo una acción de la que esperan beneficio.

Muestras de lo anterior en nuestro país, son las movilizaciones ciudadanas durante la campaña; la gente tenía miedo, quizá a la continuidad de un modelo que ya nos ahoga y también a un cambio radical que sacudiera a la estructura social. Sea cual fuera el caso, algunos candidatos se encargaron más de la descalificación del contrincante que de la presentación de un programa viable y confiable para la ciudadanía, para tal efecto, recurrieron a lo que Castells llama sicarios políticos, que son los encargados de escarbar en el pasado y el presente de los políticos a través de los siguientes pasos:

a) Desenterrar la basura. b) Entregar la basura a los encuestadores, quienes, a través de sofisticados sondeos, pueden determinar qué partes son las más dañinas en opinión de los votantes. c) Los encuestadores dan sus resultados a los encargados de publicidad de los medios, que colocan los dos o tres asuntos negativos más perjudiciales en televisión, radio y correo directo para destrozar al adversario político. (Castells, Ídem).

Hay desde luego casos en los que el asunto de la basura se pone difícil, es decir, puede haber algún candidato cuya basura propia resulte insuficiente para denostar su imagen, en tal caso se recurre a dos elementos: la basura de sus colaboradores y predicciones basadas en especulaciones y difundidas como verdades irrefutables desde los medios. Pero en el caso de la elección que nos ocupa estas estrategias tuvieron que aumentar su grado de sofisticación, pues había un movimiento importante que se estaba dando tanto en el espacio de los flujos como en el espacio de los lugares ubicados en las ciudades de todo el país.

La intelectualidad mexicana representada por las universidades, a través de las redes sociales compartían información que los medios tradicionales negaban a la ciudadanía. Es decir, ocurrió un hecho contundente, los jóvenes y muchos adultos de este país, trascendieron el dupolio Televisa – TV Azteca haciéndose cargo de la circulación de noticias a través de Twitter y de Facebook principalmente.

Con la diversificación de las fuentes de mensajes en el mundo de la comunicación de masas, la audiencia aumentó sus opciones y usó las nuevas oportunidades que le ofrecían los medios para expresar sus preferencias. El potencial de la audiencia para encargarse de sus prácticas comunicativas ha aumentado sustancialmente con los cambios conexos de la cultura de la autonomía y el auge de la autocomunicación de masas.

De la comunicación de masas dirigida a una audiencia hemos pasado a una audiencia activa que forja su significado comparando su experiencia con los flujos unidireccionales de la información que recibe. Por tanto, observamos la aparición de la producción interactiva de significado. Esto es lo que Castells denomina <>, fuente de la cultura de la remezcla que caracteriza el mundo de la autocomunicación.

El caso que aquí nos reúne es, sin duda, un ejemplo susceptible de ser analizado desde esta perspectiva, pues aunque la mayoría de los mexicanos, por no decir que todos, estamos expuestos a la comunicación emitida desde los medios tradicionales, es justamente esta capacidad de remezcla de significados lo que permite que se dé un movimiento de sentido diferente desde las redes sociales, que además ha producido movilizaciones sociales de gran importancia, como los mítines realizados el sábado 19, el domingo 20 y el lunes 21 de mayo de 2012, a los que se sumó la manifestación del día 23 del mismo mes en la llamada Estela de Luz, el primero, fue organizado por las universidades privadas para protestar contra televisa y su candidato; desde luego, que hubo una intención de descalificar estos movimientos, afirmando que se trataba de revoltosos izquierdistas y no de estudiantes reales, pero bastaba con hacer un seguimiento en las redes sociales, donde se estaban subiendo permanentemente fotografías y vídeos para darse cuenta de que había un importante sector de la sociedad que efectivamente, al contrastar sus propios significantes con el mensaje enviado desde los medios, le daban a éste un significado que lejos de convencerlos, los impulsaba a la acción destinada a impedir el resultado esperado por las empresas de infoentretenimiento.

El segundo, surgió de los simpatizantes del candidato de las izquierdas en todo el mundo, además de las ciudades mexicanas en las que se llevó a cabo una marcha simultánea; grupos anclados en dieciocho países enviaron saludos solidarios desde su posición en marchas paralelas para brindar apoyo a las izquierdas mexicanas.

En México, alguna fibra se movía entre un amplio sector de la juventud, prueba de ello es lo ocurrido en el Tecnológico de Monterrey, en la Universidad Iberoamericana y en la Universidad Autónoma de Querétaro en relación con los candidatos y su apoyo directo o indirecto al candidato de las izquierdas, como dice Rodríguez Araujo (La Joranda, 17/05/12), vimos que los jóvenes, más que los adultos y los viejos, saben que en los años recientes se les han cerrado oportunidades de realización personal, sean trabajadores o sean estudiantes que quieren seguir una carrera para luego desempeñarse en su profesión.

El neoliberalismo en México, como también en Estados Unidos, en Chile o en la mayor parte de los países europeos, los ha afectado y tienen toda la razón para estar molestos, furiosos e indignados. Los jóvenes también saben que la abstención y el voto nulo favorecen a los partidos que tienen el poder o a los partidos competidores que defienden el sistema que los perjudica al cerrarles expectativas de vida y desarrollo.

Pero ¿cuál es el proceso que permite a estos jóvenes –y a muchos adultos— escapar de la influencia de los medios y de las expectativas electorales construidas a través de las encuestas?

Sin duda, los medios apuestan al efecto de “arrastre” que consiste en que los sujetos se suman a lo que hacen o creen la mayoría de las personas; se trata de una estrategia empleada comúnmente por los publicistas para inducir la compra de productos o para promover a algún cantante. El razonamiento para el caso de las modas es el siguiente: si la mayoría de la gente lo tiene, yo también lo debo tener. Siendo que en la actualidad los candidatos suelen ser productos mediáticos, no es de extrañar que las empresas dedicadas a la información, utilicen esta estrategia para favorecer a quienes estén dispuestos a defender sus intereses por encima del bienestar de las mayorías. De acuerdo con Javier Flores (La Jornada 01/05/12) las encuestas electorales en nuestro país, cuyos resultados fueron primero divulgados y luego amplificados por algunos analistas, tenían la intención deliberada de provocar ese efecto de arrastre, sin embargo, muchos ciudadanos en lugar de “subirse” a ese carro, prefirieron defender su derecho a dudar, prueba de ello es la alta votación que obtuvo el candidato de las izquierdas, pese a la maquinaria puesta en marcha en su contra.

Es a esto, a lo que José Joaquín Brüner (1999) llama opinión pública encuestada; los medios mayoritarios primero dan una noticia a ocho columnas y después piden la opinión de la sociedad y cuentan cuántos opinan de una forma y cuántos de otra acerca del evento que ellos consideran que debe ocupar la atención de las audiencias, pero en la actualidad estos medios se han visto rebasados por la autocominicación de masas, esto ha producido en el mundo entero la posibilidad de los votantes para emitir sus opiniones acerca de las formas que va tomando la contienda.

De acuerdo con Castells (Íbid: 461), en España, frente a las declaraciones de José María Aznar a propósito del atentado en el metro de Madrid en 2004, un joven mandó un mensaje desde su teléfono móvil a cinco amigos, invitándolos a reunirse frente a las oficinas del Partido Popular (PP) para protestar contra las falsas afirmaciones de Aznar; cada uno de sus amigos lo renvió a otros cinco y así sucesivamente, finalmente había cinco mil personas asentadas frente a las oficinas de dicho partido gritando consignas en contra del presidente; el resultado de esto, entre otras cosas, fue el triunfo de José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones ese año. Lo mismo ocurrió en EU durante la campaña de Barack Obama, quien en julio de 2008 logró reunir en facebook 1’120,565 partidarios.

En México, el sábado 19, el domingo 20 y el lunes 21 de mayo de 2012, miles de jóvenes en diferentes ciudades del país se convocaron para manifestar su sentir acerca de la campaña electoral en curso; en los dos primeros mítines sin la presencia de ningún político. La convocatoria salió de twitter, es decir, la horizontalidad de las redes, a diferencia de los medios mayoritarios, queda de manifiesto también por la capacidad de convocatoria de los usuarios.

Sin duda, esta protesta de los jóvenes mexicanos puede considerarse como un reflejo de las movilizaciones que están teniendo lugar en todo el mundo a causa de la falta de oportunidades a que el sistema neoliberal condena a jóvenes y viejos. De hecho los estudiantes mexicanos afirmaron una y otra vez su postura apartidista; era el repudio a la imposición lo que los aglomeraba; el fenómeno se presentó porque al ser universitarios, tienen acceso a internet y desde dicha plataforma tienen la posibilidad conocer las causas de las protestas en los distintos países y verificar que la información que estamos recibiendo desde los medios tradicionales no es imparcial, ni veraz.

El movimiento de los jóvenes, como dice Rodríguez Araujo (17/05/12), se dio porque analizaron a profundidad la realidad de las acciones de los candidatos y de sus propuestas de gobierno. Los jóvenes tienen la capacidad para determinar el país que quieren construir y cuyas bases esperaban colocar a partir de la campaña electoral de 2012 y esto se fundamenta, desde luego, en su conocimiento de la historia de México y de su vida política reciente.

Sin embargo, su movimiento fue insuficiente para detener la fuerza de al menos un siglo de cultura de la corrupción; México tiene en la actualidad 52 millones de pobres, de los cuales, 28 millones viven en pobreza alimentaria4; muchos de ellos estuvieron dispuestos a vender su voto a cambio de tarjetas con diferentes cantidades de dinero para ser canjeadas por productos en algunas tiendas de autoservicio; otros, fueron seducidos por la magia de la televisión que convirtió a su candidato en un galán de telenovela con romance, plenilunio y desenlace; pero no se puede soslayar el hecho de que muchos mexicanos siguen considerando al PRI como el único partido con capacidad para gobernar; el PRI contribuyó de manera importante a la consolidación de la Nación mexicana durante la época posrevolucionaria, tuvo la suerte de gobernar cuando el Estado de Bienestar era el modelo imperante en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial, y aunque de sus filas surgieron los tecnócratas artífices del neoliberalismo mexicano, en un acto casi nostálgico, una parte de los mexicanos decidió confiar de nuevo en ese partido.

Con la llegada de Enrique Peña Nieto al poder, sabíamos que el modelo neoliberal construido por el PRI en las dos últimas décadas del siglo XX y reforzado durante la “docena trágica”5 de la alternancia, no sólo se mantendrá, sino que se exacerbará a través de las reformas estratégicas en marcha. Hoy, a casi doscientos días de iniciado su gobierno, enfrentamos una aciaga mezcla de autoritarismo de corte diazordaziano6 y de maquiavelismo de estilo salinista7. Más aún, la oleada de asesinatos iniciada por Felipe Calderón, lejos de amainar, se recrudece. Sanjuana Martínez, citada por Rodríguez Araujo (La Jornada: 28/03/13) escribió que en los primeros treinta y dos días del gobierno de Peña Nieto la cifra de muertos había llegado a mil, es decir, novecientos ocho más de los que tuvo Calderón en su primer mes de gobierno; días más tarde, entre el 12 y el 15 de enero de 2013, se registraron cuarenta y dos muertos en la capital del país y el estado de México y la cifra sigue en aumento.

Desde luego que el azote de la inseguridad no se puede acabar de la noche a la mañana, y nadie espera que eso suceda, pero el problema tampoco se generó de un día para otro. Felipe Calderón azuzó al avispero, esto provocó una serie de asesinatos de jefes criminales; la consecuencia ha sido el surgimiento de jefes menores, en general más violentos y sanguinarios que los anteriores luchando por el control de plazas que, gracias al expresidente panista, quedaron en dispu­ta (Rodríguez Araujo, La Jornada, 28/03/13).

Desde luego el asunto seguirá; El pasado 5 de marzo se reunieron en la Ciudad de México el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, y Enrique Peña Nieto. Éste se comprometió con el estadunidense a continuar y mantener la lucha contra el crimen organizado, dando a entender que lo único que diferenciaría su estrategia de la de Felipe Calderón es que la suya sería más eficaz. Se ha dicho que una estrategia que podría disminuir la criminalidad en el país es disminuir la pobreza, pero eso no sucederá si se sigue considerando que es posible resolver los problemas políticos y humanos mediante la competencia, la desregularización, el crecimiento, el aumento del PIB y, en caso de crisis, el rigor. (Morin: 2011:44). La clase política rehúye cualquier pensamiento que pueda iluminar los caminos del bien común. El futuro se oscurece.
Reflexiones finales

Si entendemos por democracia un sistema por el cual la ciudadanía delega poderes al gobierno; entonces el gobierno sólo tiene los poderes que le son delegados. (Wolin, 2008:80). Pero resulta, que en México8 la ciudadanía no tiene realmente poderes que delegar, pues le han sido arrebatados a través del mencionado proceso de des-ciudadanización; los anclajes culturales de antaño, como el valor, el amor a la patria y la solidaridad, han sido reemplazadas por unos “más modernos”, tales como la apatía, el desinterés y la desilusión. Revitalizarnos, requeriría mucho más que alguna forma de educación cívica; habría que reordenar los acuerdos básicos y una comprensión profunda de los compromisos cívicos diferente a la del espectador (Wolin, Ídem).

El pensamiento político necesita tener en cuenta contextos, interacciones y retroacciones; reconocer las ambivalencias y las contradicciones; concebir las emergencias, considerar las relaciones helicoidales entre lo global y lo local.
Debería basarse en una concepción trinitaria de lo humano (individuo – sociedad – especie), en una concepción compleja del individuo (sapiens/demens, faber / myithologicus / economicus / ludens). Debería ser capaz de pensar la era planetaria y preparar la Vía de la salvación común” (Morin, Íbid: 45).

Como se comentó al inicio de este escrito, al acercarnos a lo social nos topamos con “paquetes textuales”, es decir, conjuntos compuestos por una pluralidad de maneras significantes construidas con el fin de encaminar el destino de los grupos sociales, no precisamente hacia el logro de sus anhelos, sino hacia la conquista de los intereses de quienes detentan el poder en cada época.

El problema que enfrenta el mundo en general y México en particular, es que ya no estamos sometidos al dominio de un grupo específico, sino a un sistema impulsado por poderes totalizadores abstractos, que logra imponerse alentando la falta de compromiso político con el apoyo de los medios de comunicación dedicados a confirmar la versión oficial de los acontecimientos.

Los líderes políticos ya no son quienes crean al sistema, sino productos de él, son construcciones de las relaciones públicas y de los publicistas, esbirros del poder. Ya no se requiere carisma personal, el modelo es la cabeza de las corporaciones; el líder realmente no es importante, el sistema puede sobrevivir sin el líder, de ahí la falta de liderazgo que se vive en el mundo entero, y cuando aparece alguien dispuesto a enfrentar al sistema, como en el caso de México en las elecciones de 2006 y 2012, es calumniado y políticamente destruido a través de la construcción social del miedo, principalmente desde los medios de comunicación.

El totalitarismo invertido del que habla Wolin, pregona, desde luego, la causa de la democracia en todo el mundo, pero se trata de una democracia dirigida en la que los gobiernos son legitimados por elecciones que ellos mismos controlan, en el caso mexicano haciendo uso las “prótesis culturales” construidas durante el siglo XX, que nos permitían creer en las bondades del entonces partido oficial anclado en el Estado de Bienestar que él mismo se encargó de desmantelar y que siempre operó desde la corrupción, una práctica añeja que permitió a mucha gente vender sin pudor su voto en la elección presidencial de 2012.
Bibliografía

Bartra Roger (2012). Antropología del cerebro. México. FCE.

Bauman Zigmunt (2003). Comunidad. España. Siglo XXI.

Brüner José Joaquín (1999). Globalización cultural y posmodernidad. Chile. Breviarios FCE.

Castells Manuel (2010) Comunicación y poder. España. Alianza Editorial.

Kohan Néstor (2006). Gramsci para principiantes. Argentina. Colección Para Principiantes de Era Naciente.

Lenk Kurt (1982). El concepto de ideología. Comentario crítico y selección sistemática de textos. Argentina. Amorrortu Editores.

Morin Edgar (2011). La Vía para el futuro de la humanidad. España. Paidós.

Verón Eliseo (1998). La semiosis social. Fragmentos de una teoría de la discursividad.. España. Colección El Mamífero Parlante, Gedisa

Wolin Sheldon (2008). Democracia S.A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido. España. Katz.



Prensa

Flores Javier. “Las encuestas y la inducción del voto”, en La Jornada (01/05/12)

Rodríguez Araujo Octavio. “Los jóvenes de ahora”, en La Jornada (17/05/12)

Rodríguez Araujo Octavio. “Persistencia del miedo”, en La Jornada (28/03/13)



Profesora – Invstigadora. Universidad Autónoma de Baja California Sur, México. Coordinadora estatal de la Red de Investigación sobre la Calidad de la Democracia en México.

1 Alguien que se cruza con nosotros en la calle y a quien ni siquiera vemos, los carros que circulan por la calle etcétera.

2 Aclaro que distintos no significa que sean ideológicamente desiguales

3 Carlos fuentes falleció el 15 de mayo de 2012, estaba en pleno la campaña

4 Definición de pobreza alimentaria: sin capacidad para obtener una canasta básica alimentaria, aun si se hiciera uso de todo el ingreso disponible en el hogar en comprar...

5 Me refiero a los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón.

6 Evidenciado a través de la represión y el encarcelamiento de los jóvenes que protestaban el 1 de diciembre frente al Palacio Legislativo por la imposición del candidato de las televisoras.

7 Puesto en marcha no sólo con la detención de Elba Esther Gordillo, que sin duda merece estar en la cárcel, sino también con las reformas tendientes a facilitar la privatización de la educación, la apertura de PEMEX a los capitales extranjeros y la reforma en materia de telecomunicaciones que beneficia principalmente a las televisoras que encumbraron al actual presidente.

8 Y en muchos otros países



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