Iconografía bizantina



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ICONOGRAFÍA BIZANTINA
El arte sacro en nuestro presente

Comisión sugerida:


  • Área 4 Arte

  • Comisión 4.2. Artes y cultura en el Bicentenario.

4.4. El arte sacro en la historia argentina.

b) Resumen

La Iconografía Bizantina nace alrededor del siglo VI en el Imperio Bizantino y alcanza su esplendor en el siglo XIV y XV ruso. ¿Qué posibilita su resurgimiento a fines del siglo XX y en los inicios del siglo XXI? ¿Qué condiciones posibilitan el diálogo entre siglos, mundos y culturas tan distintas?

c) Datos del autor



Cecilia Inés Cibeira

UCaLP – Profesora titular e Investigadora del Departamento de Filosofía

UNSTA – Profesora Titular

Miembro del taller católico de iconografía bizantina Andrei Rublev

Introducción
Desde un tiempo a esta parte, la Iconografía Bizantina ha ido ocupando espacios y cada vez más cobra vigencia pero no pierde fuerza. ¿Qué es lo que en la Iconografía Bizantina nos atrae? ¿Porqué los iconos nos conmueven hoy? Inmediatamente notamos que se trata de algo diferente, se adivina una forma de expresión artística diferente a la renacentista y a la que están habituados nuestros ojos.

Atravesada la primera impresión, vemos letras, brillo, dorado, figuras muy alargadas, manos en distintas y llamativas posiciones, colores, detalles, una forma diferente de dibujo, símbolos ocultos, en definitiva, se nos va anunciando una referencia a otro.

Inmediatamente el icono se nos presenta en su carácter de símbolo y es en este carácter que nos hechiza en delicada hipnosis, a nosotros, los homo videns urbanos occidentales educados en los valores de la ilustración, el enaltecimiento de la lógica, rodeados de la imagen sin fondo postmoderna.

Lo que nos atrae hoy de la Iconografía Bizantina no es solamente una cuestión histórica, una curiosidad sobre cómo pintaban en aquel tiempo sino que, ya sea que los conozcamos o no, adivinamos presintiendo que pueden decir mucho más de lo que hallamos en la apariencia. Los iconos nos conducen siempre más adentro calmando por un momento la sed de eternidad en la cual vivimos.

No podría ser de otra manera en tanto el mundo postmoderno, el mundo de la opacidad y la utilidad ya es viejo y ahoga. Es el diagnóstico de occidente. Juan Pablo II decía que la iglesia tiene dos pulmones: oriente y occidente. Es verdad nos faltaba el aire.
Desarrollo
Un recorrido a transitar
Una vez que entramos en contacto con el icono y vencemos nuestro juicio de gusto por la curiosidad de las formas novedosas, descubrimos poco a poco que un universo simbólico los atraviesa y se anuncia. En definitiva nos revelan –adecuados analogantes- que es el ser humano el icono de Dios. A continuación, la posibilidad se da en ahondar en ellos, para descubrir cómo predican la Transfiguración a la que estamos llamados para ser icono perfecto de Cristo.

Todo esto lo logran en tanto, hijos de la tradición cristiana colectiva, transmiten el verdadero mensaje eclesial que bebe de la fuente conformada por las Sagradas Escrituras, el Magisterio y la Tradición.


Iconoclasmo antiguo y actual
Por otra parte, en torno a los iconos se dio un debate importante en torno a si era factible realizar imágenes. De estas luchas iconoclastas que tuvieron lugar en el Imperio bizantino surgió una profunda reflexión entorno a la Encarnación y el icono se convirtió en una profesión de fe del misterio central del Cristianismo. Imposible olvidar que estas luchas dieron origen a mártires.

Es interesante llamar la atención sobre el hecho de que esta reflexión no deja de ser un importante signo del papel que el arte va a tener en el Cristianismo, y en especial, la imagen, que será siempre venerada como patrimonio tanto de la Iglesia Católica como Ortodoxa. Asimismo es llamativo que esto no se da de la misma manera en otras religiones o Iglesias separadas:


“Sin la imagen, el cristianismo se convertía en una teoría abstracta, desencarnada, desinteresada del orden temporal.”1
En definitiva, los iconos, proclaman la Encarnación del Verbo, que Cristo es la imagen del Padre.
Encarnación
La dificultad a lo largo de la historia del pensamiento para aceptar su condición corpórea fue resuelta por las formulaciones precisas de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. De todas formas, estas soluciones no se reflejaron en la práctica general y nuevamente la modernidad eligió la exaltación de la razón:
“La primacía obtenida por el cogito cartesiano derivó en racionalismo y cientificismo, en una racionalidad restringida a la absolutización de las causas segundas. Así, el conocimiento científico creyó que, desligándose de lo corpóreo alcanzaba los ideales de objetividad y universalidad.”2
En este sentido la reflexión sobre el icono, su proclamación de la Encarnación, vuelve a dar una contemplación de la unión corpóreo espiritual del hombre.

El ser humano que soy, ser espiritual encarnado, es a imagen y semejanza. Es así que el icono ayuda a corregir las moralidades que se desbalancean olvidando esta unión mostrando que la moral no es otra cosa que la Cristificación.

La moral que propone el icono no es otra que renunciar siempre a la idolatría, lo que ha sido un motivo figurativo desde el inicio, a través de mostrar la imagen hacia donde ir: el rostro de Cristo.
El icono del cántico de los tres jóvenes
Como ejemplo he traido el Icono de los tres jóvenes en el horno relatado en el capítulo tres del Libro de Daniel en el Antiguo Testamento.

La historia relata que tres jóvenes judíos se negaron a adorar un ídolo de oro construido por el rey Nabucodonosor II de Babilonia. Nabucodonosor ordena que los jóvenes sean arrojados a un horno. Pero las llamas matan a los servidores del rey quien al asomarse se maravilla de que no solamente los tres jóvenes es encuentran en perfectas condiciones sino de que se puede ver un cuarto integrante dentro del horno semejante a un hijo de dioses al que se le ha atribuido ser el Santo Arcángel San Miguel. El rey ordena que los tres jóvenes salgan del horno y que todos adoren al Dios de los judíos.

La versión bíblica de los Setenta añade un himno de alabanza a Dios por salvarles, la "Canción de los Tres jóvenes", un himno matinal cantado en el servicio de Maitines.

El modelo de este icono es muy antiguo y se remonta a la pintura paleocristiana del s.IV d.C, procedente de la Catacumba de Priscila, en Roma, con lo cual queremos mostrar que ya en sus orígenes es fuerte el mensaje de no rendir culto a otro que no sea Dios y el icono que se muestra como verdadera epifanía de lo sagrado es exactamente lo opuesto del idolo: la imagen falsa.

Moral del Icono
En consecuencia, el icono muestra la imagen hacia donde el cristiano va: Cristo luz, verdad y vida.

Y en ese sentido la moral es ese seguimiento hacia la transformación que tiene la mirada puesta en Cristo.

Así la moral deja de ser conjunto de normas para ser perfecto y ubica a la ley como medio hacia este fin y no como un fin en sí mismo que, idolatrada, lleva al fiel al desgano, al cansancio, al sinsentido.

Sin embargo la ley, como medio hacia la Transfiguración es la ley a la cual el salmista convierte en objeto de amor, la que contempla a diario. Es así que el primer analogante de icono es el hombre. Quien -pincelada a pincelada como en el icono- por obra del Espíritu Santo, es santificado y hecho luz.

El santo es el icono perfecto porque irradió esa gracia, por eso las aureolas en el icono son doradas representando la luz divina:
“Dios es la luz que se refleja en el alma purificada como en un espejo, escondiéndose, porque aquello que se refleja no puede hacer divisar al mismo tiempo a sí mismo y a la propia imagen proyectada.”3

Iconos
En función de lo que hemos venido desarrollando podemos decir que el icono muestra un lugar privilegiado hoy en la vida de occidente puesto que el exceso de racionalismo busca en los iconos saciar la sed de simbolismo que el icono nos devuelve.



El icono sana la razón puesto que, llevada en los últimos siglos solo por el camino de la ratio, el icono le devuelve su lugar de intellectus, en tanto es en sí mismo contemplativo porque es oración e invita a la oración.
Conclusión
El icono proclama que Él vino, que Él está entre nosotros, que Él nos salvó, que descendió respondiendo al clamor que todo hombre hace en la voz de Isaías:
¡Si rasgaras el cielo y descendieras!”4
El icono proclama a Cristo ayer, hoy y siempre.
BIBLIOGRAFÍA
El Libro del Pueblo de Dios
CIBEIRA, Cecilia Inés, Cuerpo en la Filosofía de Maurice Merleau-Ponty - La Tentativa Merleaupontiana De Corregir La Conciencia Abstracta, Solipsista y Deificada A Través Del Re-Encuentro Con La Corporeidad, Studium: Filosofía y Teología, ISSN 0329-8930, Tomo 12, Fasc. 23, 2009, págs. 203-218
D’ANTIGA, Renato, Introducción a PALAMAS, Gregorio, Difesa dei santi esicasti, 1989, Padova, Edizioni Messagero.
SÁENZ, Alfredo, El ícono, esplendor de lo sagrado, 1998, Buenos Aires, Ediciones Gladius



1 SAENZ, A., El ícono, esplendor de lo sagrado, pág. 86.

2 CIBEIRA, C., Cuerpo en la Filosofía de Maurice Merleau-Ponty - La Tentativa Merleaupontiana De Corregir La Conciencia Abstracta, pág. 218





3 D’Antiga, R., “Dio è la luce che si riflette nell’anima purificata come in uno specchio, celandosi, perché colui che si riflette non può fare scorgere nello stesso tempo se stesso e la propia immagine proiettata.” D’ANTIGA, R., Introducción a Difesa dei santi esicasti de San Gregorio Palamas, pág. 35.


4 Isaías 63, 19


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