Iñaki Gil de San Vicente



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Los orígenes de estas teorías nos remiten a la mezcla parcial con otras teorías no marxistas e incluso antimarxistas, y también tendieron a presentarse en la mayoría de los casos con un aura de neta superioridad teórico-académica con respecto al MARXISMO, aunque en realidad se trataba de la versión primero edulcorada y luego tergiversada que de él impuso el stalinismo. Se generó así, o mejor decir, volvió a imperar un clima universitario e intelectual de desprecio que ya había existido antes, cuando el elitista y rico aristócrata austríaco Böhm-Bawerk o después, cuando Keynes, sofisticado y culto especulador en Bolsa y consejero del príncipe de la Casa Real de su Graciosa Majestad Británica, defendían desde diferentes ópticas la superioridad de la ideología burguesa. En contra de lo que se ha hecho creer intencionadamente, el MARXISMO estuvo muy desprestigiado y hasta perseguido directa o indirectamente en la posguerra, y por lo general los textos que contaban con el apoyo de los relativamente fuertes PCs stalinistas tenían más facilidades para salir al mercado. Estos y otros factores explican la aparición de voluntariosos grupos de intelectuales de izquierda que, por razones diversas, no quisieron o no pudieron profundizar en el MARXISMO sino en interpretaciones, edulcoraciones o tergiversaciones ajenas, intentando mejorarlas o enriquecerlas.


  1. TEORÍAS ESTRUCTURAL, RADICAL, DE LA REGULACIÓN Y DEL SISTEMA-MUNDO: tienen en común que no dudan en reconocer el uso que hacen de Marx, aunque también tienen en común que afirman "mejorar" a Marx con aportaciones de otros autores y corrientes. En síntesis, las cuatro se caracterizan por no ver en el MARXISMO un método específico propio y cualitativamente diferenciado de las dos grandes ramas que aquí estamos analizando. Como hemos dicho en la presentación, en la historia de las políticas económicas y de sus correspondientes lazos internos con la historia mundial sucede lo mismo que con la historia de las ciencias sociales, en la que se aprecia nítidamente que el grueso, la mayoría, de las versiones académicas, oficiales a institucionales no quieren o no pueden reconocer que el MARXISMO es un caso único no catalogable ni siquiera como "ciencia social" en el sentido que por tal se ha tenido desde Comte hasta ahora. Bastan los ejemplos de cómo han sido empleados los sociólogos burgueses Durkeim y Weber para "enriquecer", "mejorar", "ampliar" y "actualizar" a Marx, siempre en beneficio de la burguesía, para darnos cuenta de las limitaciones de esos esfuerzos. Con las teorías económicas sucede otro tanto, según sus grados de oposición al capitalismo.

Desde esta precaución previa podemos comprender mejor las reales aportaciones de estas cuatro teorías. La primera de ellas, la ESTRUCTURAL, surge del esfuerzo de adaptar un concepto básico en Marx y que fue una aportación de los fisiócratas y de Quesnay, el de estructura, al capitalismo contemporáneo pero añadiendo las aportaciones de otras corrientes, desde las econometrías hasta el sociologismo francés. Esta teoría se caracteriza además de por un ecleticismo preocupante también por inflar el globo del estructuralismo de modo que, según ella, se puede ser estructuralista sin ser marxista pero al ser marxista se es estructuralista. Desaparece así la especificidad del MARXISMO que es reducido, como en las versiones oficiales de la sociología a una corriente sociológica más, con "sus aciertos y sus errores". Lo mismo hay que decir de las vulgatas oficiales sobre filosofía, economía, antropología, etc. O sea, no hace falta ser marxista para hacer una crítica ESTRUCTURAL del capitalismo.


La teoría RADICAL, por su parte, es algo más "radical" y valga la tautología ya que asume más activamente sus lazos con Marx aunque también se reclama deudora de Polanyi (1886-1964), de un Keynes leído desde la izquierda, de Sraffa (1898-1983) y de otros. Esta teoría surge precisamente en 1968, al calor de las críticas izquierdistas a la socialdemocracia y al stalinismo, críticas inseparables del ascenso de la fase de luchas de clases que entonces se producía. En una primera fase, hasta finales de la década de 1971-80, sus críticas al capitalismo se basan en la existencia de la explotación, aceptando la existencia de colectivos explotados, el papel del Estado burgués, de las ideologías sociales, etc., pero, sin embargo, no aceptaban la teoría marxista del valor-trabajo por lo que todo su radicalismo carecía de una base sólida. En efecto y por eso mismo, en una segunda fase, a partir de comienzos de la década de 1981-90, coincidiendo con el declive de la lucha obrera y el ascenso del neoliberalismo más duro, sobre todo en los EEUU de donde son la mayoría de los miembros de esta corriente, comienzan a aceptar la teoría de que dentro del capitalismo se pueden realizar cambios importantes. Conviene recordar que en 1993 el demócrata Clinton llega a la Casa Blanca aupado en gran medida por la reacción popular contra el reaganismo, reacción que se verá defraudada en su segundo mandato cuando las "reformas" desde dentro del capitalismo agudizan la explotación, la pobreza y las diferencias sociales en los EEUU. El fracaso de esta corriente y de todas las que defienden lo mismo, lo vemos al estudiar la evolución de la desigualdad social y de la apropiación privada del grueso del excedente por una minoría en los EEUU entre 1983-1998: el 1% más rico obtuvo el 53%, el 19% siguiente obtuvo el 39% y la enorme masa del 80% --lo que en términos marxista se define como pueblo trabajador-- sólo obtuvo el 9% restante.
La teoría de la REGULACIÓN sostiene que el capitalismo evoluciona mediante una sucesión de cambios en las formas de regulación de la economía. Esta corriente surge a mediados de la década de 1981-90, cuando es patente ya la crisis preagónica de la URSS pero también la dificultad del capitalismo mundial para abrir otra onda larga expansiva. Por eso afirman que el "marxismo" está fosilizado y que el capitalismo en una nueva crisis de regulación. Según esta corriente, desde finales del siglo XIX hasta 1929-31, o hasta 1933, regía un modo de regulación competitivo, sin apenas intervención estatal pública y con unas disciplinas laborales cada vez más superadas por las resistencias obreras. Desde esas fechas se va imponiendo otro modo de regulación en el que el Estado interviene masivamente, las disciplinas laborales se perfeccionan mediante el fordismo y el taylorismo, y la competencia libre anterior deja paso a la competencia entre monopolios. Es la larga fase de regulación taylor-fosdista y keynesiana. Desde la crisis de 1968-1973 en adelante, se introduce la flexibilización toyotista, se limita la acción estatal, se expande la financierización, etc.; es decir, estamos entrando en otro modo de REGULACIÓN. Sin embargo, esta tesis aunque reconoce la incidencia de la lucha de clases, apenas valora la realidad objetiva de las crisis económicas en cuanto tales, no domina la esencia del MARXISMO al aceptar tesis neoclásicas, no domina el materialismo histórico al recurrir mucho a Braudel (1902-) y desde la segunda mitad de la década de 1981-90 integra a la teoría RADICAL yanki como una de las escuelas que forman la teoría de la REGULACIÓN.
La teoría del SISTEMA-MUNDO surgió de una derivación del INTERCAMBIO DESIGUAL más otras derivaciones provenientes de diversos "marxismos", de la teoría histórica de la Escuela de los Annales y de Braudel, más un fuerte peso de Weber. Esta teoría sostiene que el capitalismo es un SISTEMA-MUNDO debido al crecimiento absorbente del capital que van estructurando el mundo en centros, semiperiferias, periferias y una arena mundial. El mercado siempre expansivo va imponiendo las relaciones de dependencia y absorción a lo largo de sucesivas fases o etapas que marcan el crecimiento del SISTEMA-MUNDO. En la actualidad vivimos, según esto, en un momento muy importante de cambio con varias alternativas que no podemos exponer aquí. Sin embargo, a nuestro entender esta teoría tiene un fuerte determinismo economicista y mecanicista centrado en la sobrevaloración del mercado y en la subvaloración de la esfera productiva. Esto es debido a que no usa el concepto central de modo de producción capitalista sino el de mercado capitalista, e incluso el anterior, el de economía de mercado. Todo ello confluye en una muy débil presencia o incluso en una ausencia de referencias fuertes a la lucha de clases y a la teoría del valor-trabajo, y en una presencia de concepciones weberianas y de una historia cíclica y mercantil típica de los Annales. De este modo, lo que podía ser una teoría muy productiva en la crítica radical del capitalismo y en la potenciación de prácticas revolucionarias dotadas de una perspectiva histórica sólidamente asentada, queda devaluado en un interesante progresismo intelectual.


  1. OTRA GLOBALIZACIÓN: estas cuatro teorías, situadas en lo que podría ser una especie de izquierda mixta, situada entre el centro y la extrema izquierda marxista, están en la amplia corriente que de un modo u otro defiende lo que aquí se define como OTRA GLOBALIZACIÓN. De hecho, esta es la consigna --"por otra globalización"--de muchas de las movilizaciones internacionales contra la globalización actual, por ejemplo la de Sevilla de finales de junio del 2002. Otra globalización quiere decir, si no nos equivocamos, que es posible desarrollar otro modelo de relaciones mundiales. Hasta ahí no hay problema alguno porque nos movemos en el vacío de lo abstracto. Los problemas comienzan cuando hay que hacer cosas concretas que llenen ese vacío.

No hay posibilidad alguna de desarrollar OTRA GLOBALIZACIÓN del mismo modo que no hubo posibilidad de desarrollar otro imperialismo, sino sólo la de destruir el concreto imperialismo en zonas concretas mediante heroicas revoluciones y guerras de liberación nacional. Incluso las conquistas sociales logradas por ásperas luchas reivindicativas, son siempre conquistas transitorias e inseguras, sometidas a una vigilancia atenta y amenazante por parte del Capital, dispuesto a hacerlas retroceder hasta exterminarlas, como lo ha demostrado la historia reciente. Ello es debido, en resumidas cuentas, a la dictadura ciega de la ley del valor-trabajo que fuerza a la burguesía mundial a imponer las más atroces explotaciones a la humanidad trabajadora. Y lo hace aplicando diversos instrumentos, sistemas y recursos de dominación, algunos de los cuales ya ha analizado, entre otros, Samir Amin:


No hay posibilidad alguna de desarrollo de OTRA GLOBALIZACIÓN porque las clases dominantes del centro imperialista se han reservado para sí el monopolio de las fuerzas productivas, en primer lugar. Por mucho que los pueblos y las clases oprimidas reivindiquen otra forma de relaciones, mientras las fuerzas productivas sean propiedad privada de una muy reducida elite humana, que no llega al 1% de la población, y que con el apoyo de un bloque social interesado en mantener ese sistema, no llega al 10% de la población mundial, mientras siga este monopolio es imposible superar la globalización porque ella misma es además de efecto de ese monopolio privado de las fuerzas productivas, también una imposición suya para avanzar en la concentración y centralización del capital.
Además, en segundo lugar, la propiedad privada de las fuerzas productivas conlleva la propiedad privada de las tecnologías y el expolio correspondiente y necesario de la fuerza de trabajo cualificada de los pueblos oprimidos y empobrecidos por las grandes corporaciones y por los Estados imperialistas. El poder tecnocientífico se ha convertido es un componente fundamental del capital constante y, más aún, del de las grandes corporaciones industrial-militares. El centro imperialista, jerarquizado en tres imperialismos, no puede permitir jamás que este decisivo instrumento se democratice, se generalice y caiga en poder de las masas oprimidas. Y no puede haber ninguna experiencia de emancipación que no desarrolle por su parte un modelo cualitativamente superior de praxis científico-crítica y de tecnologías liberadoras. Ninguna OTRA GLOBALIZACIÓN puede asentarse siquiera un corto lapsus de tiempo si carece de independencia tecnológica y científica suficientes.
Por si fuera poco, en tercer lugar, OTRA GLOBALIZACIÓN es igualmente imposible dentro del sistema financiero actual, que es él mismo una de las causas directas del surgimiento de la globalización financiera actual. La financierización corresponde, en sentido general, a la lógica interna del capitalismo para contener la tendencia a la baja de la tasa media de beneficio y, en sentido particular y contemporáneo, a la deliberada política de los EEUU desde mediados de la década de 1981-90 para, además de otras medidas, recuperar la relativamente debilitada hegemonía mundial del imperialismo yanki. El capital financiero actual, absolutamente monopolizado por los tres grandes Estados-cuna del dinero en todas sus formas, no está dispuesto a permitir políticas financieras opuestas dentro de su poder mundial.
Por otra parte, en cuarto lugar, ni la propiedad privada de las fuerzas productivas, ni el control absoluto de la tecnociencia, ni el monopolio financiero mundial durarían mucho tiempo sin el control monopolístico por el centro imperialista, por los EEUU en primer lugar, de la Naturaleza y de sus recursos cada vez más debilitados y finitos. Si el control de las materias primas y energías estratégicas ha sido una constante obsesión en el capitalismo y en las economías dinerarias anteriores, desde el último tercio del siglo XX, tal obsesión se ha convertido en una necesidad imperiosa de subsistencia de un modo de producción incompatible con la Naturaleza. Es ridículo pensar que OTRA GLOBALIZACIÓN puede sostenerse durante un tiempo sin suprimir radicalmente la propiedad privada capitalista de la Naturaleza. Y tengamos en cuenta que la especie humana es ella misma especie natural, especie animal, parte interna de la Naturaleza. Por eso, en esta cuestión, el imperialismo ni quiere ni puede dejar que la Naturaleza se le escape de su poder, porque entonces se le escapa la fuerza de trabajo humana y por tanto se le escapa el beneficio.
Pero, en quinto lugar, para luchar contra estas contradicciones estructurales, el centro imperialista dispone de la capacidad de manipulación alienadora de sus industrias político-mediáticas, --"prensa"--. Un ejemplo aplastante del poder del que hablamos --"medios de comunicación"--, lo tenemos en que muy frecuentemente son esas industrian las que producen la alienación masiva, las que con sus trabajadores asalariados intelectuales lanzan campañas apologéticas del capitalismo y de la GLOBALIZACIÓN POSITIVA. No lo hacen sólo por agradar al poder político, que también, sino a la vez para obtener beneficios propios ya que la industria político-mediática produce mercancías alienadoras que necesitan de un mercado mundial cosificado y enajenado para vender sus productos. Su hambre se junta a sus ganas de comer, y ambas a la obsesión del máximo beneficio. Además, el capital financiero se está introduciendo cada vez más en esas industrias, y sus beneficios dependen cada vez más de innovaciones tecnológicas aceleradas. A su vez, los imperialismos necesitan de la cobertura de las industrias para justificar sus atrocidades, ocultarlas o negarlas, y también, cada vez más, para retransmitirlas en directo, en tiempo real. Es iluso creer que OTRA GLOBALIZACIÓN es posible respetando esta producción generalizada de mentiras y falsedades.
Por si, en sexto lugar, estas medidas de control y chantaje fallan, son desbordadas y superadas por la humanidad trabajadora, por los pueblos oprimidos, el capitalismo se reserva el monopolio aplastante de las sofisticadas y masivas armas de destrucción y muerte. Armas que no son sólo los artefactos típicos aunque sean de alta tecnología, sino también el uso bélico de las reservas alimenticias, de la sanidad burguesa mundial, de las ayudas para paliar catástrofes socionaturales, etc. El hambre y la enfermedad han sido instrumentos bélicos de muchos imperios precapitalistas, y con este modo de producción, que ha industrializado la agricultura y la salud, y que ha creado empresas privadas que comercian con las plagas y las devastaciones, ese empleo criminal ha llegado a niveles insospechables e increíbles hace un tiempo. Cualquier OTRA GLOBALIZACIÓN que desprecie la autodefensa popular, que no quiera reconquistar la tierra propia, que siga dependiendo de la "ayuda humanitaria", etc., es en sí misma suicida e irresponsable. Pero el problema es más grave ya que estas cuestiones básicas y todas las anteriores chocan frontalmente con el reformismo izquierdoso de quienes hablan de OTRA GLOBALIZACIÓN.
Por último, en séptimo lugar, una de las bazas más reaccionarias y retrógradas que pueda tener el capitalismo es, además de las dictaduras sociopolíticas, también la dictadura de género, el endurecimiento de la explotación de las mujeres en todo el planeta. Padecemos una ofensiva global --nunca mejor dicho-- del sistema patriarco-burgués con las mujeres de todo el planeta. Bajo mil excusas sociobiológicas, socioeconómicas, culturales y religiosas, el poder patriarcal está reforzando sus alianzas vitales con diversos poderes para descargar sobre las mujeres, y a través de ellas sobre las personas mayores y la infancia, tanto los costos de la crisis como las medidas para intentar paliarla. La mujer es la más golpeada por la globalización realmente existente. Es reaccionaria cualquier OTRA GLOBALIZACIÓN que no combata radicalmente al patriarcado en todas sus manifestaciones concretas y diferentes, pero esto es plantear una cuestión que sólo es tratada con la boca cerrada.
En resumen, y para acabar, estos siete instrumentos de opresión que monopoliza el centro imperialista, y que los aplica también contra las naciones y clases que oprime dentro de su epicentro, aunque con otras modalidades secundarias, anulan toda factibilidad a la teoría de la OTRA GLOBALIZACIÓN. Y la anulan, sobre todo, porque ellas son la base común sobre la que se desenvuelve a escala mundial la ley del valor-trabajo. Actualmente, en el capitalismo que hoy padecemos, y además de la explotación del Trabajo en el centro imperialista, estos siete recursos son los definidores internos de la operatividad de la ley del valor-trabajo. Toda merma o todo debilitamiento de uno de ellos supone un correspondiente y obligado debilitamiento en la obtención de beneficio capitalista, una falla y quiebra en la dinámica de explotación mundializada del Trabajo por el Capital, una traba al desarrollo criminal de la ley del valor-trabajo. Las teorías político-económicas burguesas y reformistas no pueden decir nada serio ni sólido al respecto, y el marxismo sí dice cómo hay que destruir el sistema capitalista de producción.
EUSKAL HERRIA

2002/VI/25
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