Iñaki Gil de San Vicente



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Hay que decir que esta corriente venía de lejos y que no era sólo patrimonio de la socialdemocracia alemana pues estaba activa antes del reformismo fabiano británico, aunque tuvo en Beatrice (1858-1943) y Sidney (1859-1947) Webb, una de las mejores parejas defensoras del gradualismo parlamentario y de una transformación del capitalismo desde dentro, incluso mediante el juego en Bolsa de los "trabajadores accionistas". Recordemos que los Webb aconsejaban en la prensa fabiana los movimientos de compra-venta de las acciones que tenían muchos obreros sindicados. También recordemos que Beatrice Webb calificaba a la estrategia marxista de los consejos obreros de comienzos de la década de 1921 en las huelgas británicas como "perniciosa doctrina".
En realidad, como veremos con el KEYNESIANISMO, esta ideología de planificación intervencionista en la economía mediante el Estado regulador estaba en pleno debate porque los logros de la URSS, la intervención estatal del fascismo y las promesas del nazismo, la presión de la crisis y la política de Rooswelt en los EEUU, la ponían a la orden del día. Pero la socialdemocracia no defendía en modo alguno las tesis marxistas. No podemos caer ahora en divagaciones de historia ficción sobre qué hubiera ocurrido a escala europea y mundial si la socialdemocracia no hubiera intervenido sangrientamente en defensa del capitalismo en el crucial período de 1918-23, del mismo modo que su opción general proimperialista en 1914, o su comportamiento de 1929-1933 en Alemania. Tal vez, ahora la historia de la teoría de la economía política sería muy diferente. Pero estas hipótesis, por otra parte muy excitantes, nos obligan a tener en cuenta lo sucedido en la URSS antes seguir analizando la deriva hacia el KEYNESIANISMO.


  1. TEORÍA STALINISTA: para comienzos de la década de 1931 la inmensa mayoría de los militantes del PCUS desconocían prácticamente todo de las diferentes aportaciones de Rosa Luxemburgo, Trotsky y Bujarin a la TEORÍA DEL IMPERIALISMO. Más aún, para entonces Lenin era idolatrado como momia y desconocido como revolucionario, y la teoría del "socialismo en un solo país" era doctrina oficial pese a negar todo el MARXISMO anterior. En 1927 el PCUS había sancionado la versión stalinista de la Crisis General del Capitalismo, que tergiversaba el uso de esa expresión por Marx en el posfacio a la segunda edición de El Capital de 1873, y que no tenía nada que ver con la visión dialéctica dada por Lenin en varias ocasiones. En 1931 Stalin aseguró que en poco tiempo la URSS superaría económicamente al capitalismo más desarrollado. De este modo, para esa década decisiva la URSS disponía ya de una concepción global del capitalismo y del socialismo según la cual el capitalismo, quebrado internamente por su Crisis General, iría retrocediendo frente al ascenso imparable del socialismo soviético. En 1943 se planteó en la prensa oficial la tesis de que la ley del valor-trabajo era compatible con el socialismo, y en 1952 Stalin la asumió públicamente. Con esto, terminaba por romperse el último, si quedaba alguno, hilo que conectaba el MARXISMO con la TEORÍA STALINISTA.

Según esta teoría el mundo estaba dividido en dos bloques socioeconómicos que competían por superarse el uno al otro. Mientras que hasta 1924 la Internacional Comunista admitía que tanto la URSS como el resto de pueblos oprimidos y clases trabajadoras malvivían en un único sistema capitalista mundialmente dominante, esta teoría abandona ese principio estratégico decisivo, y crea la ficción de dos bloques opuestos, rompiendo la unicidad del mercado mundial capitalista, unicidad que era una de las piedras basales desde el Manifiesto Comunista de 1848. Las consecuencias que se desprenden de esa negación directa del método marxista son totales y ya fueron denunciadas dentro mismo del PCUS desde la mitad de la década de 1921, cuando todavía no estaba realizada del todo. Ahora no nos extendemos al respecto porque el veredicto histórico es definitivo.


Pero en lo que toca a la evolución de la economía política marxista hay que decir que destruyó de cuajo todo su potencial científico-crítico, es decir, dialéctico. Por una parte, dentro de la URSS se impuso un dogmatismo desolador y mecanicista, y fuera de la URSS muchos economistas que seguían sus pautas teóricas, entraron en una confusión total con respecto a aspectos elementales. Comparemos, por ejemplo, la superficialidad de Sweezy (1910-¿?) uno de los representantes teóricos de la izquierda oficial norteamericana y "enriquecedor" de Marx mediante Marshall y Keynes, con un Mattick (1904-1981) y/o un Mandel (1923-1995). Por otro lado, al ser "científicamente correcto" defender que el socialismo es factible en un solo país, y que, como se oficializó desde Kruchev, eso es posible mediante la "competencia pacífica" con el capitalismo, entonces, los demás PCs no rusos podían perfectamente intentar sus respectivos avances al socialismo. Llegamos así a los umbrales del eurocomunismo. Vemos, pues, que la TEORÍA STALINISTA no guardaba ya ninguna relación con el MARXISMO.
(9-1) EURO-COMUNISMOS: hablamos de euro-comunismos, en plural, para expresar más directamente la dispersión práctica que sufrió el stalinismo en su corriente exterior más fuerte. Hubo otras corrientes, además de la china, como fueron los múltiples marxismos-lenisismos que florecieron a finales de la década de 1961, alrededor del mayo'68, y casi inmediatamente entraron en una rápida desaparición hasta quedar reducidos a los colectivos actuales. La diversidad de los euro-comunismos no anula su identidad de fondo, consistente en vender y supeditar el movimiento obrero de sus países a las burguesías dominantes. En cada Estado lo hicieron de una forma particular pero siempre de manera más adecuada y efectiva para el capitalismo concreto existente en esa formación social. La justificación teórica, si se le puede definir así, de tal comportamiento proviene de varias corrientes anteriores, sobre todo de la TEORÍA STALINISTA, pero también de una subterránea conexión nunca superada con el electoralismo y parlamentarismo socialdemócrata, de modo la concepción de fondo no superaba un gradualismo economicista según el cual el movimiento obrero ascendería paulatinamente conquistando cada vez más espacios de poder.
En el plano socioeconómico, esta concepción era avalada por textos traducidos directamente de editoriales del PCUS, copiando sin ningún cuidado de adaptación los dogmas entonces vigentes en la URSS. Pero también por muy pocos textos redactados por los PCs del país como el famoso Tratado Marxista de Economía Política del PC francés, de 1971, y que sirvió como Biblia para legitimar el comportamiento de este partido en la decisiva década de 1971-80. Después, en 1977, este texto fue traducido al castellano cumpliendo el mismo papel en el Estado español. En uno y otro Estados la teoría oficial servía, además de para legitimar el colaboracionismo de clases, también para legitimar su "unidad nacional" estatal, es decir, para sostener el modelo estatal de acumulación capitalista basado en la explotación interna de naciones por esos Estados. El "socialismo" defendido por esos tratados y manuales es el "socialismo" de la nación opresora. En el caso de Euskal Herria, eso es innegable.
SEXTO:
Pero los efectos del stalinismo en el tema que tratamos, la evolución de las diversas corrientes político-económicas, fueron mayores que la desertización teórica interna que sufrió el PCUS y toda su corriente. Directa e indirectamente según los casos, el stalinismo ayudo a legitimar la alternativa socialdemócrata de la burguesía europea, y, a la vez, el prestigio de las políticas de intervencionismo keynesiano que, en realidad, fueron unidas a la imposición de nuevas disciplinas de explotación laboral representadas por el taylor-fordismo. Antes de pasar a las teorías que actualmente intentan explicar la situación capitalista mundial sin caer en los tópicos de la globalización pero tampoco sin alcanzar el contenido revolucionario del método marxista, hay que detenerse en la línea que surge de la socialdemocracia y que asciende y va derivando hacia la derecha. La razón es doble pues esta línea se ramifica en varias interpretaciones que intentan, por un lado, evitar la tosca y burda apología de la barbarie capitalista que hace la GLOBALIZACIÓN POSITIVA, y por otro, presentar una alternativa "progresista" de GLOBALIZACIÓN CONTROLADA, es decir y como veremos, de maniobrar siempre institucionalmente para hacer que los aspectos "positivos" de la globalización se impongan sobre los "negativos", o sea, cabalgar al tigre.


  1. KEYNESIANISMO DURO: la necesidad de una reforma interna del capitalismo era creciente en Gran Bretaña conforme se constataba su decadencia imperial a lo largo de la década de 1921. Antes de la Gran Crisis de 1929, Keynes (1883-1946) ya había discutido con amigos suyos del Partido Liberal cómo debería ser esa reforma, pero él mismo no había perfilado aún plenamente su teoría. Incluso cuando se atemperó bastante la crisis en 1933, seguía sin concretarla definitivamente. En realidad, no se puede separar la culminación del keynesianismo en 1936 del influjo de cuatro procesos previos: uno, las reflexiones colectivas de liberales y laboristas británicos con quienes se relacionaba Keynes; dos, las experiencias prácticas y teóricas sobre el intervencionismo estatal que se realizaban en prácticamente todos los capitalismos concretos para salir de la crisis y en la URSS; tres, su propia experiencia como propietario de una empresa de seguros, su enriquecimiento con la especulación bursátil y el comercio de arte, su larga experiencia política en defensa del imperio británico, etc. ; y, cuatro, la influencia exterior de las aportaciones de Kalecki, un economista polaco estudioso de Marx y, por ello, mucho más capaz que Keynes --que despreciaba el MARXISMO-- para adaptar a la reforma del capitalismo determinados componentes marxistas, previamente "desinfectados".

Aún y todo así, hizo falta la II Guerra Mundial para que el keynesianismo fuera aceptado por las burguesías. Recordemos, por ser breves, que la URSS salió victoriosa e inmensamente prestigiada por su decisiva contribución, más importante que la de los EEUU; que el movimiento obrero y popular, y las organizaciones de izquierda, habían liderado la resistencia antinazi mientras las burguesías colaboraban activa o pasivamente, y que en el Tercer Mundo ascendías las luchas de liberación nacional. En este nuevo contexto, agravado por los riesgos de una crisis económica, las burguesías comprendieron que los viejos dogmas neoclásicos y marginalistas no servían en absoluto. Keynes tuvo que superar sus iniciales dependencias con el marginalismo blando y con Marshall al ir dándose cuenta de su fracaso.


Visto lo anterior, que desmitifica bastante el artificialmente hinchado mito Keynes, se entienden perfectamente las razones sociohistóricas del capitalismo imperialista para aplicar el KEYNESIANISMO DURO caracterizado por, primero, intervenir estatalmente con apoyos directos en ayuda de las grandes empresas; segundo, militarizar la economía, apoyar a la I+D, multiplicar el gasto público en infraestructuras económicas que aceleren la acumulación de capital y luego, en gastos sociales; tercero, aumentar los impuestos para llenar las arcas estatales; cuarto, controlar los salarios directos, lograr la colaboración sindical mediante concesiones en los salarios indirectos y frenar la lucha de clases y un aumento de las reivindicaciones; quinto, asumir un aumento de la inflación controlada e intervenir en la política monetaria; sexto, potenciar primero y sobre todo el consumo de la burguesía y, luego, el de las clases populares, y séptimo, perfeccionar el poder de manipulación psicológica de masas del Estado burgués para intentar controlar las crisis de sobreproducción, achacadas a factores psicológicos de los consumidores y no a las contradicciones objetivas de capitalismo.
Estas medidas fueron efectivas pero no por su supuesta valía intrínseca, sino por el contexto mundial del capitalismo y en especial el del centro. La reconstrucción de los destrozos tremendos de la guerra den Europa exigió, además de la supeditación a los EEUU y su "ayuda, de un sobreesfuerzo de las clases trabajadoras inicialmente fuertes y concienciadas pero luego despolitizadas y desmovilizadas por la izquierda reformista y el stalinismo. A la vez, la destrucción masiva, de una magnitud que se olvida y que no podemos detallar, creó enormes mercados de reconstrucción que exigieron la ampliación del sector primario, el de la producción de bienes de producción --decisivo en el capitalismo-- y posteriormente del sector secundario, el de producción de bienes de consumo. A la vez, el capital financiero y el sector servicios tuvieron que responder a las necesidades creadas. Por su parte, los EEUU dispusieron en grandes ventajas sobre el resto del planeta por su posición hegemónica dentro del sistema capitalista.
Sin embargo, es muy significativo que el país cuna del KEYNESIANISMO, Gran Bretaña, no pudiera mantener su anterior hegemonía imperialista y decayese imparablemente. La razón hay que buscarla, en primer lugar, en que la teoría de Keynes está circunscrita al marco estatal, en que no tiene ninguna visión mundial de la economía excepto la que deriva a la fuerza de la posición internacional de la Gran Bretaña, que ya no era, en la práctica, la potencia dominante. El KEYNESIANISMO piensa la economía desde y para los ámbitos estatales y sólo secundariamente para los extraestatales, y ello debido a posición que ocupa en la jerarquía imperialista el Estado de turno y por las relaciones entre la economía y la guerra, es decir, por el complejo industrial-militar. Semejante debilidad estructural explica la segunda razón a una escala más amplia, y es que cuando el capitalismo como economía-mundo entra en crisis entre 1969-1973, el KEYNESIANISMO no pueda detener la catástrofe pese a todos los esfuerzos por aplicarlo más intensamente durante los años posteriores pues, además de paradigma constreñido al límite del Estado burgués, también se le añade una segunda y decisiva debilidad, cual es su incapacidad para integrar largo tiempo al movimiento obrero.
Su paradigma estatalista, es decir, su incomprensión del capitalismo en cuanto totalidad mundial, y su desprecio de la ley del valor-trabajo, es decir, si negativa a resolver el problema último de la plusvalía y de la explotación, incapacitaban al KEYNESIANISMO para contrarrestar la caída tendencial de la tasa media de beneficio. Según el MARXISMO conforme la crisis adquiere contenidos graves su desarrollo va fusionándose con el de la lucha de clases, y es misma lucha se transforma en la síntesis de las contradicciones objetivas y subjetivas del capitalismo. A la vez, dicha imbricación mutua e interrelación se acrecienta conforme aumenta la mundialización capitalista y conforme cada Estado va perdiendo poder de influencia y va endureciendo su política interna y externa para recuperarlo. En esa espiral la lucha de clases fusiona sus contenidos sociopolíticos con sus contenidos socioeconómicos. El KEYNESIANISMO, como paradigma que sufre las dos limitaciones estructurales, va quedando ineluctablemente superado. Las burguesías son plenamente conscientes de ello y, si pueden, es decir, si la lucha de clases interna y el contexto externo, se lo permiten, hace un más o menos cambio brusco imponiendo medidas neoliberales o debe limitarse, durante un tiempo, a aplicar KEYNESIANISMOS BLANDOS:
(10-1) KEYNESIANISMOS BLANDOS: o neliberalismos blandos, porque en realidad fueron un conjunto de mezclas impuestas en cada Estado según la relación de poder existente en cada uno de ellos. No llegaron a la ferocidad del ataque neoliberal estricto aplicado en los EEUU y en Gran Bretaña, pero sí se acercaron bastante en tres objetivos básicos: uno, debilitar política y económicamente a la clase trabajadora para poder aplicar luego peores medidas neoliberales; dos, transferir a la burguesía enormes masas de capital inmovilizados por estar dentro de servicios públicos y sociales, en fondos de pensiones, etc., y tres, adaptar el Estado a la creciente competitividad mundial. Que las burguesías eran conscientes de la crisis keynesiana se comprueba en la especial insistencia que hicieron en, aplastar al Trabajo mediante la descentralización de los convenios colectivos, la precarización y flexibilización, etc., y en ampliar la supeditación del Estado al Capital mediante las privatizaciones, la reducción de gastos sociales, etc.
Pero también fueron conscientes de la crisis los propios defensores a ultranza de Keynes, que en una fecha tan significativa como 1977 --crisis agudas en Italia, Portugal, Estado español, etc., debilidad del imperialismo, prestigio creciente de la tesis de von Hayek, ascenso del conservadurismo y del republicanismo, intervención de la Trilateral, etc.-- fundaron el Journal of Post Keynesian Economics para reorganizar a los post-keynesianos frente al ascenso neoliberal. Recordemos cómo en 1980 éstos celebrarían su reunión internacional en Stanford, como hemos visto antes. La reacción post-keynesiana fue una especie de "autocrítica" en el sentido de reconocer, primero, que la economía tiene un esencial contenido de realidad y de materialidad, no pudiendo ser reducida a simples fórmulas matemáticas; segundo, que por ello mismo tiene riesgos, inseguridades e incertidumbres en su evolución en vez de ser una especie de mecanismo regulado con bastante exactitud y, tercero, que por ello mismo se deben tener en cuenta también los factores macroeconómicos, los colectivos y de masas, y no sólo los microeconómicos, los individuales y, a lo sumo, de grupos específicos. Sin embargo estos esfuerzos no detuvieron la crisis del KEYNESIANISMO.
(10-2) TERCERA VIA: a finales de la década de 1991, los efectos devastadores de la ofensiva del Capital contra el Trabajo, del neoliberalismo, habían logrado aumentar las ganancias de la burguesía y adaptar sus Estados a las nuevas necesidades, pero no habían logrado vencer definitivamente a la clase trabajadora. No podemos analizar ahora porqué y cómo desde mediados de esa década se asistía a una activación de la lucha de clases. En 1998 13 de los 15 Gobiernos europeos estaban en manos de partidos socialdemócratas o bajo una alianza de estos con partidos liberales y de centro. Los demócratas gobernaban en los EE.UU. Pero no se detuvo la deriva de los KEYNESIANISMOS BLANDOS hacia la derecha, hacia confundirse prácticamente con el neoliberalismo por dos razones, una, porque las clases obreras no estaban destrozadas como sujetos colectivos capaces de resistir y, dos, porque tampoco el capitalismo mundial entraba en una senda de expansión sino al contrario, cada vez crecía en menos áreas del planeta y se estancaba y agudizaba sus crisis en cada vez más grandes zonas mundiales.
En estas condiciones aparece la TERCERA VIA como nuevo giro de la socialdemocracia hacia el neoliberalismo. Los debates internos en la socialdemocracia entre los más derechistas y los menos, y en los restos del stalinismo, están siendo realmente pobres y no merece la pena ni siquiera sintetizarlos así. En estos casos siempre es bueno aplicar uno de los principios del método dialéctico marxista consistente en leer a la burguesía, en estudiar lo que dice y hace el Capital: el 23 de marzo del 2001 el diario inglés The Guardian daba la noticia de que la CEOE bajo un Gobierno laborista en Gran Bretaña existía la regulación laboral más laxa de todas, los impuestos más bajos para las grandes corporaciones y los más bajos costo de empleo, incluso más bajos en que los EE.UU. La TERCERA VÍA no es sino la manera en cómo una parte considerable de la socialdemocracia cumple la función de atacar con dureza extrema a las clases trabajadoras para facilitar el beneficio capitalista. Los efectos del ataque sobre la moral de lucha tanto de la TERCERA VIA como del resto de la socialdemocracia y del laborismo en Europa han sido tan devastadores que ya han perdido 8 de los 13 Gobiernos en Europa y en los EEUU han llegado al poder los republicanos. Una consecuencia directa de esta recuperación del neoliberalismo y del marginalismo histórico en el tema que nos concierne, es el endurecimiento de las políticas imperialistas en todos los sentidos.
(10-3) GLOBALIZACIÓN CONTROLADA: según esta teoría la globalización tiene aspectos "negativos" pero también "positivos", y el objetivo de las "fuerzas democráticas" es el de desarrollar los segundos y combatir los primeros. Esta teoría es tiene muchas formas secundarias de presentarse, tantas como corrientes reformistas que existen y han existido a lo largo de la línea que nos conduce hasta la ECONOMIA BURGUESA CLÁSICA. Desde luego son mucho más que las de la GLOBALIZACIÓN POSITIVA, que simplemente expresa la cruda obsesión capitalista por aumentar su beneficio. Ahora bien, en síntesis, lo básico de la GLOBALIZACIÓN CONTROLADA radica en su deseo por controlar la globalización, por evitar que los aspectos "negativos" se desarrollen más y/o se impongan sobre los "positivos".
Los aspectos "negativos" son la explotación, el hambre, la enfermedad, la ignorancia, las crisis de todo tipo incluida la ecológica, el racismo, el monopolio tecnológico y un largo etc. que dependen de quien elabore la lista. Los aspectos "positivos" son todos los relacionados con las posibilidades implícitas en un desarrollo "democrático" de las "nuevas tecnologías", de los "medios de comunicación en tiempo real", de los "avances médicos", de la "economía del conocimiento", de aumento del "voluntariado social" y de las ONGs., de la "toma de conciencia mundial" de la especie humana, etc. Vemos que existe un contraste absoluto entre lo concreto que siempre resulta el hambre y los aspectos "negativos" y lo abstracto que resulta todos los aspectos "positivos". Lo peor es que no hay forma de resolver este problema porque, a la fuerza, todo lo "positivo" ha de ser abstracto en una concepción basada en la ECONOMIA POLÍTICA BURGUESA.
Las ventajas relativas y muy reducidas en la práctica, pero siempre algo más positivas para las masas oprimidas del planeta por sus limitados logros reformistas en comparación a la brutalidad neoliberal, que ofrece la GLOBALIZACIÓN CONTROLADA sobre la POSITIVA vienen del mayor desarrollo teórico y del mayor potencial analítico de esta economía política sobre la ECONOMÍA VULGAR y sobre el MARGINALISMO DURO y BLANDO. Al fin y al cabo, siempre se puede elaborar una especie de "teoría suave" y no radical sobre la explotación basada en las ambigüedades y limitaciones de David Ricardo, por ejemplo. "Teoría suave" que será siempre menos mala que la ferocidad implacable de Malthus y de Jevons, e incluso también que la de Marshall. Sin embargo, la teoría de la GLOBALIZACIÓN CONTROLADA es desde el MARXISMO tan contradictoria e imposible como las pretensiones de acabar con el empobrecimiento mediante la caridad; o las de los diversos socialismos cristianos del siglo XIX por "cristianizar" el capitalismo; o las de las asociaciones de comienzos del siglo XX de "humanizar" el imperialismo con los fondos obtenidos con subastas; o la de la pretensión de la Sociedad de Naciones de entreguerras de impedir una nueva guerra mundial.
SÉPTIMO:
Hemos terminado con la otra tendencia burguesa, en este caso derechista si por extrema derecha pura y dura definimos a la línea que asciende del MERCANTILISMO a la GLOBALIZACIÓN POSITIVA. Esta segunda línea evolutiva sirve muy bien a los intereses imperialistas porque oculta la lógica objetiva de la explotación con la verborrea reformista, y hasta puede permitirse pasar de la palabra a algunos hechos reformistas mediante políticas interclasistas que avancen en algunas mejoras sociales, siempre dentro del sistema capitalista. Pero la incapacidad última de esta línea ha hecho que a su izquierda, y aproximadamente en el centro del cuadro arriba presentado, hayan surgido otras teorías alternativas más críticas y más aptas para explicar la evolución real del capitalismo mundial. Sin embargo, como veremos, esas teorías no alcanzan la majestuosa coherencia teórico-política del MARXISMO, aunque sí le han aportado algunos criterios válidos que deben ser integrados en su método materialista histórico y dialéctico.
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