Iñaki Gil de San Vicente



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(5-5) GLOBALIZACIÓN POSITIVA: se trata de la última moda o, peor, de la última trampa de la corriente ideológica que pervive desde el MERCANTILISMO inicial, pero con variantes lógicas por la evolución capitalista. Consiste en la creencia de que la economía mundial ha entrado en una fase definitiva de resolución de sus problemas gracias a la extensión de las llamas "nueva economía", "economía informacional", "economía intangible", etc. Se cree que las nuevas tecnologías, la rapidez de circulación mercantil, la "desaparición del espacio y del tiempo", o la "economía de tiempo real", permitirán que en muy corto espacio de tiempo cada vez más sectores de la humanidad se vayan beneficiando de las aperturas de nuevos mercados, de nuevas fuerzas productivas, de créditos muy baratos, de una cultura tecnológica a disposición de todos... Ahora se trata de acabar cuanto antes con algunas dificultades que lastran este marcha triunfal, y uno de esos obstáculos que ya prácticamente ha desaparecido --dicen-- es la transformación de la clase obrera en una "nueva clase". Reaparece así el mito del "capitalismo popular", según el cual hasta los trabajadores se convierten en rentistas y accionistas al invertir y negociar en Bolsa sus acciones. Este mito, que muchos creen nuevo, no viene sólo del período de 1951-68 en los EEUU, sino también, como veremos, del reformismo inglés de comienzos del siglo XX. La ideología bolsista afirma que "el dinero crea dinero", es decir, que la riqueza no viene de la producción material sino de la circulación de dinero en el mercado, del "juego en Bolsa", etc., sin que intervenga la fuerza de trabajo humana. Como hemos dicho, reaparece así lo sustantivo del MERCANTILISMO que despreciaba la producción de valor y se centraba en el manejo y circulación comercial, de dinero y de acciones.
CUARTO:
Hemos repasado muy rápidamente la línea ascendente que desde la derecha y extrema derecha originarias acaba en la derecha y extrema derecha actuales tras un largo recorrido que mantiene sus bases pese a los cambios externos. Frente y contra esta corriente ideológica que, insistimos, es la decisiva en la burguesía siempre que puede aplicarla y siempre que necesita aplicarla para acelerar la acumulación ampliada de capital, contra y frente a ella surgió una corriente antagónica situada en el extremo izquierda, el MARXIMO, a la que se llega mediante la línea ascendente directa de la ECONOMÍA BURGUESA CLÁSICA (4) y mediante la línea directa hacia la izquierda que surge del SOCIALISMO UTÓPICO. Debemos detenernos un poco en esta corriente por su decisiva importancia histórica, no sólo con respecto al MARXISMO y toda su evolución posterior, sino también porque es de ella de donde surgen varios componentes que se mantendrán evolucionando hasta la tesis de la GLOBALIZACIÓN CONTROLADA, que es una de las grandes trampas del reformismo actual.


  1. SOCIALISMO UTÓPICO: generalmente se menosprecian las críticas al capitalismo realizadas por el socialismo utópico, sin tener en cuenta que, en una primera fase, elaboraron conceptos que luego Marx retomó y mejoró, y que, en una segunda fase, marcaron buena parte del anarquismo. La primera fase corresponde al primer tercio del siglo XIX, cuando la industrialización está destrozando al pueblo trabajador y éste reacciona con las primeras luchas desesperadas. Aunque son varios los autores, debemos destacar a Hall (1740-1820), Tompson (1783-1833), Hodgskin (1787-1869) y Gray (1799-1883), y sus tesis coinciden en resaltar y desarrollar las tesis críticas de Ricardo, en especial las que conciernen a su definición del valor-trabajo, limpiándola de adherencias burguesas y resaltando su contenido socialista; también desarrollan la tesis ricardiana de la distribución del excedente, de las rentas, insistiendo en que las ganancias se quedan con más rentas que los salarios; lógicamente, si han llegado hasta aquí, no tienen dificultad alguna en poner sobre sus pies la ley ricardiana del salario mínimo de subsistencia, mostrando que la burguesía tiende siempre a pagar el salario de subsistencia y, por último, resultado de lo anterior, avanzan en la teoría de la explotación del Trabajo por el Capital.

No se puede negar que estos avances tienen más rigor teórico que las contemporáneas de la ECONOMÍA VULGAR O NEOCLÁSICA. La segunda fase se sintetiza en Proudhon (1809-1865) y es un claro retroceso con respecto a la anterior, aunque da coherencia a varias corrientes anarquistas. Pese a lo impactante de su tesis de que "la propiedad es un robo", su teoría entera en modo alguno cuestiona la lógica esencial del capitalismo, sino sólo la de la clase terrateniente y de la gran burguesía.




  1. MARXISMO: una ingente tarea de análisis de masas enormes de textos de todas clases y una no menor tarea ingente de síntesis, este trabajo de Marx y Engels, es el que sustenta por una parte el cuerpo teórico de ambos amigos, y, por otra, inseparable de lo anterior, su metodología materialista e histórica. La dialéctica es un constituyente genético de ese método. Afirmaron que el capitalismo es la producción generalizada de mercancías para su venta en el mercado competitivo e impersonal y para la realización de la plusvalía contenida en el valor de la mercancía. La competencia impele al capitalista particular a buscar el máximo beneficio, o a la extinción. Para evitar la extinción, debe invertir lo que en un marco de competencia exige ampliar siempre el capital disponible, es decir, impera la acumulación ampliada de capital. Ello exige inexcusablemente la explotación de la fuerza de trabajo, que tenderá a ser más intensa mediante la plusvalía relativa y/o más extensa mediante la plusvalía absoluta. Para aumentar la explotación y para no desaparecer, el capital particular tiende a concentrarse y centralizarse, arruinando a pequeños y medianos empresario y aumentando la proletarización objetiva de la sociedad.

Esta misma lógica obliga a aumentar el gasto en costosas máquinas e instalaciones en comparación al gasto en salarios directos, de modo que aumenta la composición orgánica de capital. Pero de este modo, el beneficio tiende a disminuir en relación con el capital total, pues aunque crezca el capital constante, el invertido en máquinas, sólo el capital variable, el invertido en los trabajadores, produce beneficios, así que el capitalista se enfrenta a la ley de la tendencia a la baja de la tasa media de beneficios. Simultáneamente el capitalismo se expande en el mundo y a la vez, en su interior, impone la socialización objetiva de la producción.


Pues bien, la evolución de estas características, que internamente se relacionan con la lucha de clases y con las resistencias de las masas oprimidas, producen una serie de contradicciones objetivas del capitalismo que explican su traumática y sangrienta evolución. Por una parte, la contradicción entre los esfuerzos de racionalidad productiva de cada capitalista en busca de su máximo beneficio individual y la creciente irracionalidad global, mundial, del capitalismo realmente existente. Por otra, la contradicción entre la apropiación del excedente social por una minoría junto a la mercantilización privada individual en el mercado, y la producción colectiva e interdependiente de esos productos en cantidades cada vez mayores.
Además, la contradicción entre el recorte que el capitalismo impone al desarrollo tecnológico y científico, supeditado a sus necesidades exclusivas, y la necesidad imperiosa de la humanidad por un desarrollo impetuoso, democrático e integrado en la naturaleza de la revolución científica. También, la contradicción entre la naturaleza como realidad englobante y el capitalismo como cáncer que destruye esa realidad desde sus mismas entrañas. Y por último, la contradicción entre el Trabajo y el Capital. Como resultado de todo ello, periódicamente, el capitalismo entra en crisis menores y también mayores. Crisis que tienden a concatenarse y estallar en una crisis estructural. Si en ese momento, la conciencia subjetiva del Trabajo está autoorganizada y decidida a impulsar esas tendencias objetivas, si ambas fuerzas se fusionan, estalla la revolución.


    1. TEORÍA DEL IMPERIALISMO: la fuerza teórica de estas tesis ha sido confirmada por siglo y medio, aunque entonces el capitalismo no estaba sino en sus primeros pasos. La razón de dicha eficacia hay que buscarla en el método del MARXISMO. Uno de tantos ejemplos se produjo a los pocos años de la muerte de sus fundadores, cuando el capitalismo daba un decisivo paso a otra fase histórica y cuando todas las ideologías económicas burguesas desconocían que estaba pasando. Nos referimos a la formación de la teoría sobre el imperialismo entre varios autores socialistas y sobre todo marxistas. Del principal autor socialdemócrata, Hilferding, ya hablaremos en TEORÍA SOCIALDEMÓCRATA, porque sus innegables aportaciones han sido magnificadas por el reformismo posterior. Ahora nos interesa cuatro marxistas clásicos y decisivos, que elaboraron la TEORÍA DEL IMPERIALISMO.

Hablamos de una teoría y no de cuatro porque a pesar de las diferencias entre ellos, lo decisivo, lo que ha quedado confirmado básicamente por los acontecimientos posteriores son los puntos clave descubiertos mediante la aplicación del método marxista. Cada uno hizo hincapié en un aspecto del problema y los cuatro, sin proponérselo, elaboraron un cuerpo teórico que ha resistido la prueba del tiempo y que es, con mucho, el que permite desarrollar investigaciones posteriores siguiendo la dialéctica del conocimiento. Lenin (1870-1924) dijo que la expansión capitalista se realizaba mediante la creación de monopolios que aniquilaban la libre competencia y facilitaban el poder del capital financiero. Rosa Luxemburgo (1871-1918) que el excedente no vendido en los capitalismos desarrollados era exportados a los países exteriores. Trotsky (1879-1940) sostuvo que se agrandaba tanto la brecha entre Estados dominantes y dominados que éstos veían muy reducidas sus posibilidades de desarrollo, y que los pueblos revolucionarios no podrían instaurar "el socialismo en un solo país" precisamente por el desarrollo imperialista a escala mundial. Bujarin (1888-1938) sostenía que si bien el capitalismo forzaba la internacionalización también, contradictoriamente, forzaba el proteccionismo de los Estados agudizando los conflictos mundiales, y multiplicando lo que se definía como "problemas nacionales". Precisamente fue Lenin el que, además de su aportación específica, supo sintetizar y resumir teóricamente esos aportes individuales en una sola TEORÍA DEL IMPERIALISMO.




    1. TEORÍAS MARXISTAS: una exigencia del método marxista es su historicidad, el hecho de que introduce la real evolución histórica, con sus revoluciones y contrarrevoluciones, dentro mismo de la génesis de la teoría. Sin esta exigencia interna no comprenderíamos absolutamente nada del MARXISMO en general y en concreto de sus elaboraciones teóricas posteriores a los años treinta del siglo XX. En efecto, fueron precisamente las contradiciones materiales tan científicamente descubiertas en la TEORÍA DEL IMPERIALISMO las que destruyeron con sangre la continuidad práctica de esa teoría y forzaron a muchos marxistas a seguir luchando en las peores condiciones imaginables, pero, pese a todo, no se extinguió la creatividad del método. Lenin murió a los pocos años de su obra cumbre sobre el Imperialismo. Rosa Luxemburgo fue asesinada por la contrarrevolución socialdemócrata y Bujarin y Trotsky fueron asesinados por el stalinismo.

El nazi-fascismo, la II Guerra Mundial y la presión de la URSS y su prestigio en los medios intelectuales y obreros exteriores, limitaron mucho la creatividad del método marxista en el estudio del capitalismo, pero aún así sobrevivieron y crecieron mal que bien tres corrientes que se enfrentaron a la TEORÍA STALINISTA y al capitalismo: los trotskysmos, la corriente consejista y la luxemburguista. Las tres daban importancia al proceso imperialista, al estudio del capitalismo como un mercado mundializado ya en la mitad del siglo XIX, como un todo imperialista a comienzos del siglo XX y como un sistema internacionalizado que tendía a relacionar las luchas de clases en el centro con las de liberación nacional en la periferia; y también la daban a los cambios internos en el capitalismo desarrollado, al análisis concreto de la realidad concreta, distanciándose así cualitativamente de la TEORÍA STALINISTA. Simultáneamente en muchos pueblos del Tercer Mundo las guerras de liberación nacional tendían a superar fácilmente la TEORÍA STALINISTA y a desarrollar los fundamentos dejados por la TEORÍA DEL IMPERIALISMO entre 1910-1926. Simplemente citaremos al Che Guevara (1928-1967) como un representante típico de los logros de las TEORIAS MARXISTAS que mal que bien mantuvieron vivo el método que aplicaban.




    1. INTERCAMBIO DESIGUAL: la capacidad del método marxista para responder a las explosivas contradicciones capitalistas tal cual se presentaban a finales de los años sesenta del siglo XX quedó de nuevo confirmada cuando se hundieron en el fracaso todas las restantes escuelas teóricas existentes a su derecha, desde la stalinista hasta la keynesiana. Por un lado, se vio claro que el capitalismo desarrollado había generado nuevas contradicciones internas y había agudizado las estructurales, y por otro, que esas contradicciones no se podían separar de la evolución mundial, que aparecía ya como el factor determinante y estratégico en cualquier práctica revolucionaria. De entra las varias teorías marxistas que analizaron esta dialéctica, destacan las que insistieron en la nueva fase del capitalismo tardío y en la agudización de la explotación de la periferia por el centro. Cada una de ellas daba más prioridad a aspectos concretos pero coincidían en la cuestión clave de la confirmación de la teoría del valor-trabajo como la única que explicaba los nuevos acontecimientos. Así, se desarrolló la teoría del INTERCAMBIO DESIGUAL que explicaba el proceso de explotación de la periferia por el centro, lo decisivo que era para el centro incrementar la expoliación y transferencia de valor producido en la periferia y los cambios estructurales que ello generaba no sólo en el capitalismo mundializado sino también en los comportamientos cada vez más brutales de las burguesías imperialistas.

Desde la perspectiva del método marxista, lo decisivo es que el núcleo esencial del INTERCAMBIO DESIGUAL ya está enunciado teóricamente en Marx, pese a haber vivido un siglo antes, capacidad contrastada que plantea, además de la vigencia del método, también la necesidad de comprender las nuevas formas de la mundialización de la ley del valor-trabajo. Y aquí surgen los problemas, porque para comprender esa mundialización hay que recurrir también a los conceptos claves en el materialismo histórico de modo de producción y lucha de clases. Como veremos luego, de la teoría del INTERCAMBIO DESIGUAL se desgajó una línea ascendente hacia el centro que formó la teoría del SISTEMA-MUNDO, teoría en la que estos conceptos apenas tienen relevancia.




    1. CAPITALISMO FINANCIERO: la expansión del capital financiero ha sido una constante en las crisis sucesivas del capitalismo, incluso cuando todavía este modo de producción no dominaba definitivamente al carecer aún del fundamental poder estatal y militar. Marx ya estudió con un rigor sorprendente para los datos entonces disponibles el papel del capital-dinero y del crédito en el capitalismo, y esa preocupación ha ido en aumento en los sucesivos estudios posteriores, sobre todo en la TEORÍA DEL IMPERIALISMO y en las aportaciones de Bujarin. Sobre esta base cierta, los estudios posteriores sobre la burbuja financiera, la "economía de casino", la "globalización financiera", etc., están sacando a la luz un componente terrible que desmitifica de raíz toda ideología de la globalización como posibilidad de avance democrático ya que el poder aplastante del capital financiero lo impide. Pero, aparcando esta verdad, la teoría del CAPITALISMO FINANCIERO que defienden algunos autores tiende a olvidar un hecho decisivo cual es el de la primacía última de la esfera productiva sobre la de la circulación. Aunque nadie niega e incluso es difícil valorar correctamente el enorme poder del capital financiero por su imbricación con el industrial y su penetración en muchos sectores, pese e eso, no es menos cierto que lo que rige y determina la acumulación ampliada de capital es la rentabilidad de la producción material.

Periódicamente, cuando el capital se encuentra en una crisis de realización, cuando tiene excedentes de capital que no puede invertir porque no producen beneficios, entonces los lanza a la especulación, a la inversión de alto riesgo, a la economía criminal, etc. Pero tarde o temprano, este globo hinchado de vacío productivo comienza a desinflarse porque carece de soporte material y porque no es verdad que "el dinero crea dinero". Mientras tanto, mientras no se haya producido la crisis, la burguesía y las llamadas "clases medias", crecen al calor de la financierización, obtienen sobreganancias extraordinarias y todo parece indicar que el capitalismo ha superado definitivamente la enfermedad de las crisis cíclicas. Sin embargo, esa época de artificiales vacas gordas termina y la realidad cruda vuelve y las vacas enflaquecen. El CAPITALISMO FINANCIERO se va reduciendo entonces a sectores cada vez más concentrados y centralizados, más poderosos y ultraminoritarios, y aparece el verdadero capitalismo, el de la explotación y el de la miseria. Aún así, esta teoría es más cierta y real que cualquiera de las muchas sobre la "globalización".




    1. TEORÍAS DE IMPERIO, MUNDIALIZACIÓN Y DE LA LUCHA DE CLASES: resulta excesivo reseñar aquí las varias teorías sobre el imperio, la mundialización y la lucha de clases como interpretaciones del capitalismo actual más certeras que las muchas que pululan alrededor de la "globalización". Dejando para el final la teoría del imperio, la más reciente en su aparición, las teorías de la mundialización sostienen, en síntesis, que el capitalismo actual ha agudizado las características del imperialismo --él mismo mundial y mundializador-- resumidas por Lenin, pero además, el grueso de esas teorías añaden que el aumento cuantitativo de cada característica ha supuesto que la totalidad del capitalismo haya entrado en una nueva fase histórica. Esta tesis de las fases es reforzada por algunas corrientes marxistas que insisten en que este modo de producción se mueve en oleadas u ondas largas, fases globales de acumulación que integran múltiples contradicciones y factores en relación dialéctica interna. Un riego de estas teorías es que pueden sobrevalorar más los factores estrictamente económicos, endógenos, de crisis internas del capital, que su dialéctica con los factores estrictamente sociales, exógenos a las crisis periódicas del capital.

Las teorías de la lucha de clases sostienen que el factor determinante de este proceso no ha sido el desarrollo económico interno, sino la dinámica de la lucha de clases entre el Capital y el Trabajo a escala planetaria primero y luego regionales y locales. No niegan la influencia de su evolución interna, pero insisten en que esta ha de ser integrada dentro de la general confrontación clasista. Estas teorías tienen gran parte de verdad que es sistemáticamente negada por la burguesía u ocultada por el reformismo. La versión más reciente de estas teorías es la tesis del imperio que no sostiene que es el "imperio yanki" el dominante, sino que por "imperio" se entiende la capacidad del capitalismo para perfeccionar múltiples poderes extraestatales y multiestatales destinados a derrotar y detener la oleada de luchas de clases. Se trata de la contraofensiva del Capital que ha comprendido que los Estados anteriores, los correspondientes al imperialismo, han quedado superados por las luchas sociales. Asistimos, en suma, a una reorganización imperial del capitalismo a escala mundial para derrotar al Trabajo a escala también mundial.


Pero al igual que las teorías de la mundialización tienen el riesgo del economicismo, estas tienen el riesgo del voluntarismo social, es decir, de sobrevalorar la influencia de la conciencia subjetiva autoorganizada del Trabajo. Tienen que afinar mejor la dialéctica entre las crisis endógenas cíclicas del capitalismo, y sus crisis exógenas sociales, políticas, nacionales, etc., integrándolas en la totalidad sistémica que es el capitalismo. Descubrir y describir bien esa dialéctica de la totalidad concreta era una exigencia del método del MARXISMO que sus grandes clásicos han sabido aplicar en los momentos cruciales.
En lo que sí coinciden ambos bloques de teorías es en que no asistimos a una "desindustrialización", a la sociedad post-industrial, a la "extinción del trabajo físico", a la "desmaterialización de la economía virtual", etc., sino precisamente a lo opuesto, a la masificación del salariado y a la mundialización productiva. Además, estas teorías pueden integrar sin muchos problemas buena parte de las aportaciones ciertas de la TEORÍA DE LA REGULACIÓN, del SISTEMA-MUNDO y de la TEORÍA ESTRUCTURAL, pero no ocurre igual a la inversa porque el método de las primeras es incluyente e integrador --tras una necesaria "depuración" -- por una de las características propias del materialismo histórico, que no podemos explicar aquí, que nos lleva al status ontológico que en esta concepción tiene la capacidad creadora de la especie humana.
QUINTO:
Concluimos aquí la exposición de única corriente antagónica e irreconciliable con la ideología económica burguesa. La línea ascendente que recorre todo el extremo izquierdo de cuadro representa esa corriente opuesta en todo. La diferencia es tan insalvable que cualquier intento de síntesis realizado, y veremos los más importantes, ha tenido que renegar de aspectos decisivos del MARXISMO aceptando componentes de la economía política burguesa. El primer esfuerzo serio de inicial síntesis fue la TEORÍA SOCIALDEMÓCRATA, que sin embargo degeneró muy pronto en un abandono práctico de los contenidos revolucionarios iniciales y en una defensa a ultranza del capitalismo mediante reformas controladas e integradas --funcionales-- en la acumulación de capital. Después se hicieron otros intentos que en su derivación más derechista concluyen si no en la GLOBALIZACIÓN POSITIVA, sí en la GLOBALIZACIÓN CONTROLADA. Resumamos este proceso:


  1. TEORÍA SOCIALDEMÓCRATA: se ha magnificado en exceso la influencia del MARXISMO en la socialdemocracia en el último tercio del siglo XIX. En la práctica fue mucho menor, y en la teoría fue sólo apreciable en una cada vez menor minoría. Por el contrario, desde que Lassalle (1825-1864) defendió la teoría del "Estado libre del pueblo" como garante de los derechos de las masas, y protector suyo mediante la alianza con una burguesía interesada en evitar los conflictos que surgirían de la "ley de bronce del salario", desde entonces dominó el reformismo en la socialdemocracia en vida de Marx y Engels pese a sus titánicos esfuerzos en contra. Luego, Bernstein (1850-1932) reforzó y adaptó ese reformismo con su aceptación explícita de contenidos marginalistas aceptados de Walras y Böhm-Bawerk, sobre todo su crítica de la ley del valor-trabajo, y de otros contenidos filosóficos directamente antimarxistas como el kantismo en filosofía y el pacifismo en política, en los que no podemos extendernos ahora. Que se trataba de algo más que una simple influencia ideológica se comprueba por el fracaso del grandioso esfuerzo de Rosa Luxemburgo en la defensa creativa del MARXISMO dentro de la socialdemocracia.

En la atmósfera reformista cada vez más espesa, las tesis de Hilferding (1877-1941) acerca de la primacía de la esfera de la circulación sobre la esfera de la producción de valor, una de las tesis burguesas, fueron preparando el terreno para que sus tesis posteriores sobre el "capitalismo organizado" no encontraran resistencia al haber sido exterminada la corriente luxemburguista y spartakista desde 1918, y al crecer el furibundo anticomunismo del partido socialdemócrata. Sostenía que el "socialismo" podía aprovechar la "nueva" naturaleza organizada del capitalismo para dirigir pacíficamente su transformación acelerando la desaparición del paro estructural, aumentando los salarios, acabando con las contradicciones del sistema, etc.

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