Iñaki Gil de San Vicente



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La razón de esta deriva derechista de buena parte de las teorías económicas y de la permanencia de una corriente contrarrevolucionaria actualmente dominante, hay que buscarlas además de en el poder de absorción del sistema capitalista sobre las burocracias políticas, sindicales, culturales e intelectuales universitarios, funcionarios o privados, también en la propia estructura interna de la ideología dominante, la burguesa; y, por último, con más peso de lo que sospechamos, en la permanente presión, censura y hasta represión que el sistema capitalista ejerce implacablemente contra quienes lo estudian críticamente, para sacar a la luz pública las explotaciones sobre las que se asienta. Hay que ponerse en el lugar cotidiano, diario, de trabajo incluso asalariado de decenas de intelectuales, profesores y académicos, para comprender las condiciones y presiones permanentes en las que desarrollan su trabajo intelectual. Pero previamente hay que tener en cuenta que la mayoría provienen de las llamadas "clases medias" incluso de la alta burguesía, pero muy pocos, sólo una muy reducida minoría, de las clases trabajadoras y menos aún del campesinado.
Desde esta posición crítica previa, debemos comprender cómo funciona en la práctica el sistema educativo capitalista, desde la primera infancia hasta la selectiva y elitista designación de los principales puestos de responsabilidad ideológica y teórico-política. En las páginas siguientes veremos algunos casos significativos de la pertenencia de clase conscientemente asumida de famosos críticos del marxismo. Cuando a esto unimos que es la intelectualidad no sólo de la clase dominante sino también de la nación opresora --cuando existe opresión y explotación nacional-- y, siempre desde que surgen las políticas económicas, del sexo y del género dominante, del hombre en concreto, quedando totalmente excluida y negada la realidad de la explotación sexo-económica de la mujer, entonces, comprendemos el conjunto de intereses conscientes e inconscientes que actúan dentro de la ideología burguesa en general y en concreto de sus interpretaciones económicas. Si además tenemos en cuenta la mercantilización de la Naturaleza y la obsesión consumista inherente al capitalismo, viendo así el problema que tratamos conocemos mejor lo difícil que resulta separar lo "objetivo" de lo "subjetivo" en estas cuestiones.
Ninguna teoría económica es "neutral" y "apolítica". Todas ellas son esencialmente políticas y tienen efectos sociales precisos. Otra cosa es que ese contenido sociopolítico sea aireado y reconocido públicamente o negado con insistencia. Conforme más ideológica y menos teórica y científica es una corriente político-económica, más oculta su naturaleza burguesa. Por el contrario, conforme más crítica y válida teóricamente es, más abiertamente reivindica su contenido y sus objetivos sociopolíticos. Esto nos lleva en directo al problema de la "objetividad" del pensamiento humano cuando analiza
SEGUNDO:
Para comprender porqué sucede esto, debemos exponer muy brevemente los dos grandes bloques antagónicos existentes en la economía política, advirtiendo de que uno de ellos, el burgués, tiene dos corrientes internas que no son antagónicas aunque tienen diferencias formales que explican que, según cómo evolucione la situación social en general o en particular, el capitalismo en su conjunto o las diversas burguesías puedan optar por una u otra alternativa, o por diferentes combinaciones de ambas.
El bloque burgués tiene en la TEORIA DEL COSTE DE PRODUCCIÓN su primera baza ideológica fuerte de justificación del sistema capitalista sin analizar en serio, científicamente, la existencia o inexistencia de la explotación. Es la teoría inicial del pensamiento burgués ante la necesidad de racionalidad los efectos de la rápida expansión económica en la segunda mitad del siglo XVIII y sobre todo ante la revolución industrial que avanzaba en Gran Bretaña. Sostiene que las ganancias provienen de que el empresario obtiene un excedente al final del proceso económico, excedente que no es otro que la diferencia entre el precio de la venta última y el precio total de todo lo gastado anteriormente en la producción, máquinas, energías y materias, sueldos a los trabajadores, etc. De aquí se deduce que, al no existir contradicciones de explotación, los problemas aparecen en el reparto y distribución social del excedente. Para solucionarlos, para repartir con más "justicia" el excedente, debe intervenir el Estado democrático vigilado por los partidos y los ciudadanos, que también desarrollan una política evolucionista y reformista de paulatina mejora del reparto, de aumento salarial, etc.
La segunda baza ideológica burguesa, la TEORÍA DE LA PREFERENCIA SUBJETIVA, cogió fuerza más de medio siglo después, aunque sobre bases existentes mucho antes. Cogió fuerza por tres razones: una, porque habían cambiando las formas externas del capitalismo y hasta ese momento no se habían cumplido los miedos sobre el futuro que anunciaba la primera baza ideológica y que advertían de que, por su misma naturaleza objetiva, el capitalismo llevaba en sí mismo la crisis interna periódica; dos, porque se había extendido la ideología mecanicista, matematicista y fisicalista en la interpretación del método científico, con una sobrevaloración de su influencia en las ciencias sociales; y tres, porque además de avanzar la organización y lucha de los obreros, también avanzaba la teoría socialista y concretamente su versión marxista, cosas que ponían muy furioso al capitalismo.
La reacción fue retroceder a una ideología subjetiva, individualista e idealista de lo económico, según la cual lo decisivo es la voluntad de consumo racional y consciente del individuo plenamente libre y con dinero. La ganancia proviene así del margen, de la diferencia marginal que resulta entre el costo del producto y lo que ha querido pagar el consumidor individual, capaz de elegir correctamente, seleccionando la mejor relación calidad-precio y no cayendo en las trampas de todo tipo. Para que este sistema funcione hay que dejar que el "ciudadano consumidor" haga lo que estime conveniente, sea "libre" en suma para elegir. El Estado, por tanto, no debe intervenir públicamente, sino sólo facilitar que los negocios individuales evolucionen por sí mismos, sin trabas reguladoras, sin impuestos directos y restrictivos de la capacidad de enriquecimiento de los más aptos y dotados por la naturaleza, sin gastos sociales que favorecen a los vagos y quitan dinero privado al mercado todopoderoso al hacerlo público.
Irreconciliablemente opuesto a estas bazas ideológicas, que se fusionan en la explotación social, el bloque antagónico, la TEORÍA DEL VALOR-TRABAJO, se formó gracias a la superación dialéctica de la primera ideología burguesa, la menos reaccionaria y la que más se acercaba a las contradicciones del sistema. No podemos explicar aquí cómo esa superación fue realmente dialéctica, es decir, cogió lo mejor de las ideas económicas pero también políticas, sociales, filosóficas, culturales y científicas de la época hasta construir una teoría nueva en todos los aspectos, cualitativamente diferente a las anteriores. Según esta teoría, la ganancia proviene de la plusvalía, es decir, del hecho de que la fuerza de trabajo del ser humano permite crear más valor que el contenido en las máquinas, materias y energías, etc., necesarias para la producción. La burguesía gana cuando tras pagar todos los costos anteriores incluido el salario obrero, se queda con una cantidad extra, con un beneficio, que no es sino la realización de esa plusvalía. Existe pues una explotación de la clase obrera y del pueblo trabajador por la clase burguesa, clase que se apropia privadamente de la mayor parte del excedente socialmente creado.
No existe ni puede existir nunca, jamás, eso que llaman "salario justo". Todo salario es objetivamente una injusticia impuesta por la fuerza invisible y visible del capitalismo. Salario y explotación son procesos parciales pero inseparables del proceso global del capitalismo y necesarios para su existencia. Dada la naturaleza necesaria de la explotación y del salario siempre injusto, el capitalismo necesita de un instrumento que garantice su continuidad, y ese instrumento es el Estado burgués. No existe Estado neutral sino Estado de clase. Y dado que el capitalismo se asienta siempre sobre la anterior explotación de la mujer, es siempre un Estado patriarco-burgués. Y dado que muchos capitalismos explotan, oprimen y dominan a otras naciones para sangrarlas y expoliarlas, también en estos casos es un Estado nacionalmente opresor.
TERCERO:
Comprendemos así el porqué del antagonismo irreconciliable entre esta teoría y la burguesa. Para analizarla con más detalle y para comprender mejor que por debajo del aparente e interesado galimatías actual sobre las múltiples "globalizaciones", existe una verdad simple y cruda, brutal, que nos remite a la explotación de la mayoría por la minoría como esencia invariable pese a sus cambios de forma externa en la evolución del capitalismo histórico, para descubrirlo, vamos a exponer uno a uno los diversos momentos históricos de las corrientes que aparecen en el cuadro. Seguiremos el orden expuesto.


  1. MERCANTILISMO: desde el siglo XV hasta la primera mitad del XVIII las burguesías comercial y preindustrial, frecuentemente unidas, pensaban que la riqueza era el dinero, y que este se obtenía mediante el comercio, cambiando en el mercado y sobre todo en mercados con precios inferiores. Un Estado, un reino, era más rico cuanto más dinero obtenía en el comercio externo e interno, y para ello debía intervenir su marina de guerra, su ejército, la entera burocracia estatal y hasta poderosas empresas privadas pero apoyadas por el Estado. A la vez, había que asegurar y proteger el mercado propio, interno, pero había que abrir y desproteger los externos, recurriendo a la fuerza militar si se resistían sus pueblos. Se lograba así una enorme expoliación y transferencia de valor del exterior al interior, y se aseguraba la línea ascendente del MARCANTILISMO a la ECONOMIA VULGAR O NEOCLASICA.




  1. FISIOCRACIA: la burguesía del Estado francés, mucho más débil que la inglesa en desarrollo protoindustrial, y más interesada en ganarse el apoyo del campesinado alto y medio, desarrolló en buena parte del siglo XVIII la tesis según la cual la creación de riqueza provenía de la agricultura y no de la protoindustria, que ponían en segundo lugar. Esta teoría, sistematizada por Quesnay (1696-1794) tenía de bueno su insistencia en la producción de valores de uso y no en el comercio y en el dinero, o sea en la circulación. También insistieron en los problemas del capital fijo y circulante de tanta importancia para una agricultura sometida a la incertidumbre del clima, por lo que intentaron crear una teoría explicativa capaz de asegurar la producción anual. Por estos logros su influencia ha sido grande en el ascenso crítico de la FISIOCRACIA a la ECONOMIABURGUESA CLASICA y al MARXISMO. Pero a la vez, por sus intereses e ideología burguesa, defendía el poder absoluto de la propiedad privada, de la libre competencia y la libertad de comercio exterior, para lo que apremiaban a la marina de guerra francesa que fuera tan criminal o más que la inglesa. Así se explica la línea recta que sube de la FISIOCRACIA a la ECONOMÍA VULGAR O NEOCLÁSICA.




  1. ECONOMÍA BURGUESA CLÁSICA: en el último tercio del siglo XVIII la industria manufacturera británica se enfrentaba a crecientes dificultades de racionalización teórica debido al envejecimiento del MERCANTILISMO, superado por la evolución económica, y a la obvia incapacidad de la FISIOCRACIA para entender el peso cualitativo de la industria creciente. Los primeros clásicos, nucleados alrededor de Adam Smith (1723-1790), criticaron duramente al MERCANTILISMO por su desprecio de la esfera de la producción, es decir, de la industria, lugar en donde según los clásicos se producía el valor. Esa crítica cierta le llevó a plantear la existencia de dos clases diferentes, la trabajadora y la patronal, pero al no poder avanzar en una descripción más exacta de la producción del excedente, de qué es lo que permite que el trabajador produzca al final más de lo que recibe por su salario, por eso no pudieron sentar las bases definitivas de la crítica del capitalismo. Sin embargo, este logro era muy importante para su época y explica la línea ascendente hacia la izquierda que engarza con la ECONOMIA BURGUESA CLÁSICA (4) y, tras en ser enriquecida por esta, con el MARXISMO. Pero sus mismas limitaciones y contradicciones al ofrecer definiciones opuestas del valor y de la ganancia, sobre todo al definir el valor como simple pago justo del trabajo y la ganancia como compensación del riesgo en la inversión privada, estos y otros errores explican su línea ascendente hacia la ECONOMIA VULGAR O NEOCLÁSICA (5).




  1. ECONOMÍA BURGUESA CLÁSICA: las revoluciones burguesas de 1776 en los EEUU y de 1789 en el Estado francés desequilibraron el orden mundial y especialmente el británico por sus efectos totales. El grueso de la burguesía industrial británica comprendió que se le abrían enormes posibilidades de enriquecimiento aprovechando su decisiva superioridad industrial si dirigía la guerra mundial contra Napoleón y extraía lecciones de la derrota en los EEUU. El capitalismo británico, definitivamente industrial, salió como la potencia mundial en 1815, cuando el Congreso de Viena. Pues bien, dos años después David Ricardo (1772-1823), teórico clave de la reflexión burguesa, publicaba su obra decisiva. Su éxito como ideólogo oficial de la burguesía industrial provenía del hecho de que la realidad demostraba al grueso de esta fracción de clase que una cosa es el precio de una mercancía y otra es su valor; que el valor de la mercancía lo determina el trabajo invertido en ella y que, esa determinación la marca el tiempo de trabajo. Avanzó en la ley del valor-trabajo y en la diferencia entre beneficio empresarial y salario obrero, es decir, en la explotación. Estos y otros logros explican la línea ascendente hacia el MARXISMO, pero sus dificultades para definir teóricamente la diferencia entre fuerza de trabajo y trabajo, para captar el proceso de cuota media de ganancia, para superar la errónea tesis de la fertilidad decreciente del suelo, estos y otros errores explican la línea derechista ascendente hacia la ECONOMÍA BURGUESA NEOCLÁSICA.




  1. ECONOMÍA VULGAR O NEOCLÁSICA: pero no toda la burguesía británica estaba de acuerdo con lo anterior. Hay que tener en cuenta que además de las revoluciones burguesas vistas, de la expansión industrial y político-militar británica a escala mundial, también se había producido una explosión demográfica impresionante y una áspera lucha de clases que incluso había zarandeado el malestar de la marina de guerra británica a finales del siglo XVIII. La todavía poderosa burguesía terrateniente y muchos sectores de la comercial, que dependían de la agricultura y del comercio mundial, defendían posturas más duras, incluso brutales para con las masas trabajadoras, como la de Malthus (1766-1834), representante máximo de esta corriente todavía entonces minoritaria pero que se haría dominante, que exigía que el Estado dejase de reconocer el derecho de los pobres a recibir ayuda pública, que exigía abolir la Ley de Pobres, que afirmaba que la caridad pública y privada no podían resolver la falta de previsión de los pobres para ahorrar, trabajar y aprender a gastar. Insistía en que, por el contrario, había que potenciar el consumo de las clases ricas, iniciando la teoría de la demanda efectiva tan valorada después hasta por Keynes. La reacción antipopular incitada por Malthus tuvo éxito y el Estado suprimió derechos asistenciales. Tal vez por esto y por el empeoramiento del clima social, un segundo vocero de la ECONOMIA VULGAR --tal cual la definía Marx-- o NEOCLÁSICA, fue Mill (1806-1873) que suavizó algo la ferocidad de sus predecesores pero insistiendo en la importancia de la esfera de la circulación sobre la de la producción. La razón por la que Marx definió como vulgar a esta escuela es, por tanto, simple de comprender.

(5-1) MARGINALISMO DURO: la burguesía industrial no tuvo empacho en seguir algunos métodos antiobreros y antipopulares de Malthus, pero ello no significaba el triunfo de la ECONOMÍA VULGAR. Prácticamente hasta el último cuarto del siglo XIX no renace esta corriente. Incluso cuando Gossen publicó en una fecha ya tardía como 1854 sus tres célebres "leyes" económicas --utilitarismo, consumo y matematización--, tenidas por muchos como la primera exposición plena del marginalismo y del neoliberalismo, incluso entonces su obra fue condenada al olvido, teniendo que transcurrir 35 años para que se reeditara en 1889. Ya hemos dicho antes que existían tres razones para el resurgir de esta variante ideológica burguesa, como son el aparente incumplimiento de los negros augurios de Ricardo sobre el futuro capitalista, la fisicalización de las ciencias sociales y el miedo burgués al ascenso del movimiento socialista obrero.


Para cuando estalló la larga crisis del último tercio del siglo XIX ya estaban formados los puntos decisivos de esta corriente por obra de Jevons (1835-1882), Walras (1837-1910), Menger (1840-1921) y Pareto (1848-1923). Además, su aire de cientificidad al usar masivamente las matemáticas, descontextualizadas de toda problemática sociohistórica, le protegía de las críticas y, por último, el ascenso del movimiento obrero socialista y anarquista, pero sobre todo marxista, como veremos luego, aseguraban su continuidad mal que bien al carecer el capitalismo de otra ideología más adecuada, aunque la elaboraría al poco tiempo. Lo esencial de esta corriente radica, como se ha dicho, en la creencia de que el mercado libre, perfecto y autorregulado sin injerencias estatales, permitía al "ciudadano consumidor" escoger la mejor relación calidad-precio. De este modo, pese a problemillas de ajuste secundario, en un tiempo relativamente corto se impondría el equilibro general del sistema. Esta ley debía cumplirse al margen de las voluntades e intervenciones humanas, siguiendo la lógica fisicalista enunciada por Jevons según la cual la economía se parecía mucho a la ciencia de la mecánica estática, y tenía que aplicar los mismos principios matemáticos que la ciencia física
(5-2) MARGINALISMO BLANDO: efectivamente, no tardó mucho en surgir una variante del marginalismo más realista para con la situación burguesa. Aunque en esencia esta variante defendía lo mismo que su antecesora, sin embargo difería sobre todo en cómo aplicarla en los nuevos tiempos y en situaciones tan diferentes según los países. Marshall (1842-1924) no dudó en salir en defensa de Ricardo y contra las críticas de Jevons, defendiendo además una mayor agilidad y adaptación sociohistórica de la matemática evitando el mecanicismo fisicalista de Jevons. Consciente de la complejidad sociohistórica intentó meter dosis de realismo en la teoría matriz y hasta propugnó que se ampliasen sus relaciones prácticas con la política económica incluso con algunas reformas y negociaciones, lo que no siempre fue bien visto.
Por su parte, Böhm-Bawerk (1851-1914) fue el marginalista que más atención prestó a la crítica burguesa del MARXISMO, crítica que en la que ya había profundizado el ortodoxo Walras. Böhm-Bawerk se esforzó por salvar de la crítica marxista los problemas del interés y del fondo de salarios, a la vez que pasó a la ofensiva contra Marx, ataque que ha sido desde entonces un pilar del dogma antimarxista. Para lograr su triple objetivo, desarrolló aún más el componente idealista y subjetivista del marginalismo, reduciendo al mínimo el peso de la realidad sociohistórica para sobrestimar el de los factores psicológicos individuales. No podemos extendernos en Veblen (1857-1929) y sus intentos por mejorar el marginalismo mediante una síntesis de evolucionismo no mecanicista y de la psicología social con los datos estadísticos que se obtienen mediante las instituciones burguesas. De todos modos, para acabar, no deja de sorprender el que mientras la economía política burguesa divagaba sobre estas cuestiones, el MARXISMO avanzaba impresionantes teorías sobre el imperialismo y la mundialización, que veremos en su momentos.
(5-3) NEOLIBERALISMO: la superioridad del marginalismo y de la teoría neoclásica se esfumó con la crisis estructural iniciada en 1929 y que, con altibajos y recuperaciones, se prolongó hasta 1939. A partir de ahí la relación de fuerzas sociales en lucha no era la más adecuada para la vuelta de esa política económica. Al contrario. Por un lado, los destrozos inmensos de la guerra de 1939-45 en Europa occidental y la necesidad de apuntalar la incipiente recuperación en los EEUU; también las lecciones extraídas por el movimiento obrero sobre el comportamiento pro-nazi de las burguesías europeas y, por último, la presencia de la URSS y del stalinismo, todo esto en sentido general, más las condiciones concretas en cada país, imposibilitaron la vuelta de la ferocidad marginalista. Veremos más adelante que la solución transitoria fue, en general, el matrimonio estatal entre el reformismo socialdemócrata y el KEYNESIANISMO. Pero cuando ésta unión se demostró incapaz de salvar al capitalismo de finales de la década de 1961 de una pavorosa crisis, entonces las burguesías no tuvieron ningún reparo en empezar a aplicar una versión moderna del marginalismo, se trataba del neoliberalismo. Se aplicó muchas veces con una mezcla de KEYNESIANISMOS BLANDOS y cada vez más débiles y con el apoyo del reformismo político-sindical de los EUROCOMUNISMOS.
Hay que insistir, porque ahora se olvida interesadamente, que el NEOLIBERALISMO en cuanto tal partía con la ventaja de los previos ataques demoledores contra el movimiento obrero lanzados por el reformismo. Sobre esta ventaja, el NEOLIBERALISMO aplicó sus cuatro principios básicos y comunes: uno, controlar la inflación, reducir la intervención estatal en gasto público y volcarla en el apoyo a la burguesía, privatizando empresas públicas para beneficio privado; dos, reducción de salarios directos e indirectos, ataque a la centralidad obrera y derechos sindicales, flexibilización y debilitamiento de clase; tres, intervención ideológica autoritaria y reaccionaria para potenciar el individualismo acorde con la tesis del interés del consumidor, para destruir la conciencia colectiva y desprestigiar los derechos sociales, y, cuatro, buscar inversiones exteriores mediante la liberalización, facilitar los movimientos de capitales, propiciar la devaluación cuando sea necesario, etc.
El grueso de estas ideas venían siendo re-elaboradas desde la mitad del siglo XX por autores cono von Mises, von Hayek, y otros, y readecuadas poco después por Arrow, Friedman, Brittan y otros. Especial importancia tuvo en este proceso la paciente militancia organizada de los marginalistas desde 1945-1947, cuando von Hayek creó un grupo de propaganda selectivamente orientado a influir en los núcleos burgueses, grupo organizado alrededor de la Sociedad de Mont-Pelerin. Esta paciente y rigurosa militancia apenas conocida públicamente fue extendiendo su influencia hasta que en 1980 fue capaz de organizar una convención internacional en el Hoover Institute de la Universidad de Stanford, en los EEUU, a la que acudieron alrededor de 800 economistas e invitados. Hemos citado esta significativa intervención organizada para mostrar cómo es imposible separar la evolución teórica de una corriente económica de la militancia política organizada de sectores decididos, sean burgueses o proletarios.
(5-4) NEOLIBERALISMOS: pero conforme transcurrían rápidamente la década de 1981, se iban notando las debilidades de fondo del dogma neoliberal, pese a los esfuerzos en aplicarlo. La crisis creciente de la URSS permitió ocultar la crisis del capitalismo mundial que sólo podía recuperarse en muy contadas zonas del planeta. La implosión del stalinismo dio otro respiro propagandístico y político a la burguesía, que además se había lanzado en los EEUU a una recuperación de su debilitada hegemonía mundial y en Europa que avanzada en su unificación capitalista mientras que el resto, desde un Japón que se estancaba, unos países tan importantes como México, Rusia, los "cuatro tigres asiáticos", Argentina, etc., se desplomaban sucesivamente durante la década de 1991, tanto en crisis industriales como financieras, hasta llegar a la actual situación de entre el año 2000 y lo que va del 2002 en los EEUU y la UE. Pues bien, las distintas burguesías han experimentados las variantes más estrambóticas del dogma neoliberal, fanáticamente aplicadas pese a sus inhumanas consecuencias. Así los diversos monetarismos estatales, las diversas aplicaciones de la teoría de las expectativas racionales, las múltiples economías de oferta, los permanentes llamados a la confianza del inversor racional, etc., todas ellas vulgares adecuaciones a la crisis actual de los mitos marginalistas del siglo XIX, como hemos visto, todos estos intentos, han fracasado uno tras otro.
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