I. introduccióN



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I. INTRODUCCIÓN


LAS PALABRAS "COMUNICACIÓN" E "INFORMACIÓN" pertenecen al lenguaje cotidiano; se usan y se conoce su significado en forma intuitiva, nadie subestima su importancia, pero pocas personas podrían definirlas en forma precisa.

Desde el punto de vista etimológico, la palabra "comunicación" proviene de la raíz latina communicare, es decir, "hacer común" algo. Por otra parte, "información" tiene su origen en las palabras in y formare, es decir, "instruir hacia adentro". A partir de estas dos palabras, y debido a la importancia que en épocas recientes han cobrado, se ha generado una enorme cantidad de variantes, cada una con un significado muy preciso, aplicable a ciertos tipos de situaciones. Por ejemplo, "telecomunicaciones" significa comunicar a distancia, "informática" (que proviene de "información", auto y mática) supone el procesamiento automático de la información; "telemática " es la conjunción de "telecomunicaciones" e "informática", e implica la transmisión y el procesamiento automático de la información.

En una de las obras de mayor repercusión sobre las telecomunicaciones modernas, A Mathematical Theory of Communication, de C. E. Shannon y W. Weaver, editada por la University of Illinois Press, en 1949, se define el concepto de comunicación de una manera muy sencilla: "comunicación son todos aquellos procedimientos por medio de los cuales una mente afecta a otra". Esto incluye voz, texto impreso o escrito, música, artes, teatro y danza. En la misma obra se amplía la idea anterior para incluir la posibilidad de comunicación entre maquinas: "comunicación son todos aquellos procedimientos por medio de los cuales un mecanismo afecta la operación de otro", y se menciona explícitamente, como ejemplo, el control de aviones.

Pero volviendo a las dos palabras originales (información y comunicación), es necesario mencionar que ambas tienen una gran cantidad de acepciones, y sus significados pueden ser sorprendentemente distintos, como veremos a continuación.

La información es coleccionable, almacenable o reproducible. Se utiliza para tomar decisiones, conduce también a conclusiones acertadas o equivocadas, puesto que puede ser interpretada de diversas formas por distintos individuos, dependiendo de muchos factores subjetivos y del contexto en que se encuentre la persona que la recibe e interpreta. Así como es posible comunicar una noticia, también se comunican los estados de ánimo, opiniones o conocimientos. Citamos un caso a manera de ejemplo: el 19 de junio de 1815, en la Bolsa de Valores de Londres, un mensajero proveniente de Ostend, Bélgica, entregó en secreto una noticia a Nathan Rothschild. De inmediato, Rothschild vendió todas sus acciones. Los observadores, enterados de que Rothschild tenía fuentes confiables de información, lo imitaron porque supusieron que ello se debía a una victoria napoleónica en Waterloo, lo cual pondría en serios problemas a la prosperidad británica y su hegemonía sobre Europa. Hacia el mediodía, en un mercado de valores totalmente deprimido, Rothschild compró nuevamente todos los valores que él y todos los que lo imitaron habían vendido, a sólo una fracción del precio de las ventas originales. Horas más tarde llegó la noticia de la victoria de Wellington, con lo cual los valores no sólo recuperaron su precio de la mañana, sino que, al estar en manos de una sola persona, éste aumentó... y con ello Rothschild ganó una fortuna, en pocas horas, por tener y manejar adecuadamente información que nadie más poseía. 1

Todo lo relacionado con las comunicaciones —es decir, las técnicas, la ciencia, la tecnología— se ha visto fuertemente impulsado por las necesidades militares de cada época. Una infinidad de hechos históricos documentan el derrumbe de personajes, la derrota de ejércitos y la pérdida de enormes fortunas, porque alguna de las partes en pugna contaba con información estratégica que las otras partes no poseían.

La mayor influencia sobre las comunicaciones la tuvo la segunda Guerra Mundial: en esa época la humanidad ya se encontraba en la frontera de la revolución tecnológica, misma que las actuales generaciones hemos tenido la oportunidad de presenciar desde hace algunos años. Muchos de los sucesos que condujeron a la conclusión de la guerra, con el resultado que todos conocemos, estuvieron relacionados con la disponibilidad de información oportuna o con la intercepción ingeniosa de información del enemigo. Los requerimientos de comunicaciones instantáneas, seguras y privadas de esa época fueron determinantes para que las comunicaciones sean lo que son hoy en día. Recientemente, un almirante retirado de la Real Armada Británica describió cómo su conocimiento de los códigos con que se enviaban órdenes a los submarinos alemanes le permitió conducir convoyes de los Aliados alrededor de buques enemigos, y cómo esto condujo finalmente a una victoria en el Atlántico. Este tipo de espionaje militar también dio a los Aliados las primeras pistas sobre las armas alemanas basadas en bombas V, por lo cual se decidió el bombardeo del centro de desarrollo estratégico alemán en Peenemünde. 2 También se sabe que, en los últimos días de la guerra, Churchill y Roosevelt se comunicaban telefónicamente sólo si existía la seguridad de que nadie los escuchaba o de que si alguien lo hacía, no los entendería; esto se resolvió con el siguiente esquema: después de establecer una perfecta sincronización entre los equipos de ambos líderes, se usaban dos copias idénticas de grabaciones de ruido. Entonces, en las habitaciones donde iban a realizarse las conversaciones se activaba el inicio de las grabaciones idénticas, con la mayor precisión de tiempo posible, (por ejemplo a las 00:00 horas GMT). Con esa ruidosa "música de fondo" transmitían su conversación: mientras uno de ellos sumaba el ruido a su voz antes de la transmisión, el otro lo restaba de lo que recibía (o sea, de la suma de voz y ruido); con esta última operación quedaba sólo la voz en el receptor. Cualquier intercepción de las transmisiones sólo hubiera sido capaz de reproducir el ruido, totalmente ininteligible, debido a que su volumen era mucho mayor que el de la voz.

Se sabe de muchos escándalos financieros en los cuales las personas que poseen información confidencial antes que otras, la usan a su favor, y ganan grandes capitales (este uso personal de información confidencial es ilegal en muchos países).

En estos días es difícil pensar que alguien niegue conscientemente que la información tiene un valor; la información ha ido ganando importancia conforme la gente que toma decisiones está convencida de que ésta se puede asociar a un valor real, frecuentemente ligado a un valor material o económico. Esto es distinto de lo que ocurría en otras épocas, en que predominaban otros bienes y servicios, que tenían mayor valor económico. A las épocas de grandes cambios en la historia de la humanidad, se les han asignado nombres especiales: el Renacimiento, la Ilustración, Revolución industrial... En nuestros días, última década del siglo XX, es de tal importancia poseer, administrar y transmitir información, que toda la humanidad se ve y se seguirá viendo afectada, influida y posiblemente dominada por quienes tienen, administran y transmiten este recurso, razón por la cual a esta época se le han impuesto los calificativos de sociedad de la información o de Revolución electrónica, éste último debido a la facilidad con que se procesa y transmite la información por medio de los sistemas modernos basados en dispositivos electrónicos.

Uno de los aspectos más abstractos e importantes de la información es que su valor puede disminuir a lo largo del tiempo. Es decir, en un momento determinado a alguien le puede interesar contar con cierta información, pero ese interés puede decrecer o incluso desaparecer algún tiempo después. Por otra parte, es necesario que la información sea de interés para el individuo que la adquiere o recibe, quien, además, no debe conocer a priori su contenido; en caso contrario, dicha información le resultará irrelevante. Es evidente que este estado de incertidumbre no necesariamente tiene que ser consciente ni voluntario.

La información se origina en una fuente y se hace llegar a su destinatario por medio de un mensaje a través de un canal de comunicación; el destinatario generalmente se encuentra en un punto geográfico distante, o por lo menos, separado de la fuente. La distancia entre fuente y destinatario puede variar desde pocos centímetros (al hablar frente a frente a un volumen normal) hasta cientos y aun miles de kilómetros (como es el caso de transmisiones telefónicas intercontinentales o de transmisiones desde y hacia naves espaciales).

Esto constituye precisamente el problema central de las telecomunicaciones, ya que al haber una fuente que genera información en un punto y un destinatario en otro punto geográfico distante del primero, se trata de saber cuál es la mejor manera de hacer llegar al destinatario la información generada por la fuente, de manera rápida (por la dependencia temporal de la importancia de la información), segura (para garantizar que la información no caiga en manos de alguien que haga mal uso de ella, o a quien simplemente no estaba destinada), y veraz (para garantizar que en el proceso de transmisión no se alteró el contenido de la información). En nuestros días, influidos fuertemente por aspectos de tipo económico, intervienen además otros factores, tales como el costo de hacer llegar la información de la fuente a su destino. Si el factor costos no fuera determinante, con seguridad conversaríamos telefónicamente con amistades o parientes en otros países sin importar la duración de las llamadas.

El problema central de las telecomunicaciones también fue definido con claridad por Shannon, nuevamente con una sencillez asombrosa, quien estableció que un sistema de comunicaciones consiste en cinco componentes:

1) una fuente de información, 2) un transmisor de información cuya función consiste en depositar la información proveniente de la fuente en un canal de comunicaciones, 3) un canal de comunicaciones, a través del cual se hace llegar la información de la fuente al destino, 4) un receptor que realiza las funciones inversas del transmisor, es decir, extrae la información del canal y la entrega al destinatario, y 5) un destinatario (véase la figura I.1).

Un mensaje se usa para hacer llegar información de fuente a destino, y no es lo mismo un mensaje que la información que éste contiene. Considérese el siguiente ejemplo: Una persona (A) desea enviar cierta cantidad de dinero por medio de un giro telegráfico a otra persona (B). En este caso, A es la fuente, B el destinatario. La información es aquello necesario para conocer la cantidad de dinero y para originar la entrega del mismo a B, y el mensaje es el conjunto de palabras o símbolos telegráficos necesarios para que B conozca la intención de A y para que B pueda disponer del dinero que A le envía.



 

Figura I.1 Componentes de un sistema de comunicaciones.



Desde los orígenes de la humanidad, la forma natural en que la información se transmite entre personas es a través del lenguaje oral. (En la actualidad, también existe la necesidad de transmitir información entre máquinas.) Debido a la naturaleza efímera de los mensajes orales (hay que recordar el dicho popular de que "las palabras se las lleva el viento"), siempre existió el deseo y la necesidad de hacer que el contenido de información sea invariante en el transcurso del tiempo. Ello dio origen a los mensajes escritos, los cuales han evolucionado desde las pinturas rupestres, la escritura cuneiforme, los pictogramas, los jeroglifos y el lenguaje fonético de los fenicios en el siglo XI a. C., hasta los distintos conjuntos de símbolos con que hoy se cuenta. Los precursores de las memorias electrónicas, magnéticas u ópticas de hoy son precisamente el papel y los muros de las cavernas. A lo largo del proceso, para pasar de los mensajes escritos a los símbolos codificados, el hombre inventó y perfeccionó sistemas que son frecuentemente utilizados en la actualidad, tales como la imprenta y la fotografía.

Desde la Antigüedad se reconocía la necesidad de transmitir información a distancia. Desde entonces, las soluciones a este problema han estado íntimamente relacionadas con el desarrollo cultural, social y político de la humanidad. Para transmitir información entre dos puntos, primero debe ser "envasada" en un "contenedor", que posteriormente se enviará a través de un canal; dicho proceso es tan abstracto como el de la misma información, pero se explica con la ayuda de algunos ejemplos: si la información consiste en ideas, decisiones o estados de ánimo, las maneras de enviarla a distancia por medio de palabras, texto impreso, imágenes, ondas acústicas, ondas electromagnéticas o señales intermitentes de humo —por mencionar sólo algunas—, y los canales de comunicación para cada uno de ellos son respectivamente el aire, el correo, un cable de televisión, el aire y la atmósfera en los dos últimos casos. De esto se ve que el medio o canal a través del cual se transmite la información es un elemento que impone restricciones sobre los "contenedores" de la información: una onda acústica sólo puede ser transmitida por un canal que conduzca ondas acústicas y una eléctrica, por un medio conductor de señales eléctricas. Afortunadamente, hoy en día, con ayuda de la tecnología, es posible solucionar estas limitaciones y convertir señales de un tipo a otro: el precursor de esto es el micrófono, por medio del cual se convierte una señal acústica en una señal eléctrica.



El mensaje fue creado por el hombre para comunicarse, es decir, para hacer común algo que en este caso específico es la información. Esto es una muestra palpable del ingenio humano: la creación de un mensaje forzosamente implica la necesidad de codificar la información para que sea susceptible de ser enviada o transmitida; no sería posible transmitir una idea si no se utilizara el lenguaje oral, el corporal, el escrito, o algún otro; estos lenguajes son precisamente las versiones codificadas de la información. Es posible explicar las funciones del codificador de la siguiente manera: así como no se puede enviar una carta (es decir, un sobre de papel que contiene otros papeles en su interior, cuyos símbolos o texto contienen la información que se desea transmitir) a través de un canal telefónico o de la atmósfera (esto último sólo es posible si se lanza el sobre como proyectil y su alcance es de unos cuantos metros), tampoco es posible enviar señales de humo utilizando para ello un sobre de papel. Por tanto, es indispensable adaptar el mensaje que contiene la información al canal por el que será transmitido. Esta es precisamente la función de un codificador. Para que se complete el proceso de comunicación, se requiere que tanto el que origina el mensaje como el que lo recibe conozcan la forma en que fue codificada la información (esto es, el código que fue empleado); en otras palabras, para que dos personas se comuniquen por la vía oral, es indispensable que ambas hablen el mismo idioma, y para que dos personas se comuniquen por vía telefónica, se requiere que, además de hablar el mismo idioma, ambas tengan a su disposición un aparato telefónico y que ambos aparatos estén unidos por medio de conductores de señales (véase figura I.2.).

 

Figura I. 2 Sistema de comunicación con codificadores.



El hombre, al querer cubrir distancias cada vez mayores, empezó a utilizar sistemas cada vez más complejos, conforme se lo permitían los avances científicos y tecnológicos. Como consecuencia, también comenzó a usar sistemas de codificación tan abstractos como la escritura misma: símbolos basados en señales intermitentes de humo, o en diversas combinaciones de señales de fuego generadas por medio de antorchas. Éstos fueron los precursores de la codificación de la información. El historiador griego Polibio (204-122 a. C.) 3 relata que la manera en que se codificaban las 24 letras del alfabeto griego era colocando cada una de ellas en una retícula cuadrada de 5 x 5 unidades: por ejemplo, el código de la letra "alfa", colocada en el primer espacio, era "primer renglón, primera columna". Se puede afirmar que también fue Polibio quien diseñó el primer sistema digital de comunicaciones síncronas. En este caso, se trabajaba en la misma línea visual, de una isla a otra, con dos recipientes cilíndricos de igual tamaño llenos de agua. Ambos tenían un pequeño orificio por donde salía un chorro de agua. Dentro de los recipientes se contaba con una regla que tenía un conjunto de símbolos convencionales: necesito refuerzos, necesito alimento, manden barcos, etc. Por medio de una antorcha se señalizaba (se informaba) de una isla a otra el instante en que debía ser abierto el orificio, y por medio de otra antorcha se señalizaba el instante en que debía ser cerrado. El mensaje transmitido era precisamente aquel que se encontraba a la altura del agua en el momento de cerrar los orificios. Por supuesto que la sincronía era un factor extremadamente crítico; si ésta fallaba podían recibir, por ejemplo, refuerzos de caballería cuando lo que en realidad necesitaban eran alimentos (véase la figura I.3.).

 

Figura I.3 Codificador de Polibio.



La documentación que existe acerca del desarrollo de la transmisión de información, es decir, de las telecomunicaciones, principalmente en sus orígenes, es más escasa que aquella referente a la evolución de los lenguajes escritos; de hecho, la primera existe gracias a los segundos.

Es probable que entre los primeros sistemas de los cuales se valió el hombre para transmitir información a distancia fue el de los mensajeros humanos. Sin embargo, cuando la distancia era mayor que la que podía recorrer un mensajero (ya sea caminando o cabalgando) en el tiempo requerido para que el destinatario no perdiera interés en la información o para que ésta no llegara demasiado tarde, surgió el sistema denominado de "relevos". Esta nueva evidencia del ingenio humano está documentada en fuentes históricas sobre las comunicaciones en el Imperio romano: ahí se menciona la existencia de "mutaciones" y "mansiones", o sea, estaciones para cambio de cabalgadura y para descansar, respectivamente (estos conceptos son precursores de los hoteles y moteles ubicados en las carreteras de hoy).

Un mensajero que en aquella época tenía que recorrer largas distancias estaba también forzado a salvar todas las asperezas topográficas propias de la región. El hombre se percató, entonces, del hecho de que las señales ópticas podían recorrer mayores distancias y más rápidamente que las señales de tipo acústico. Es decir, una persona puede alcanzar a ver algo que ocurre a una distancia mayor que aquella que puede ser cubierta por medio de sonidos o, en el caso extremo, de gritos. Esta "nueva tecnología" podía, además, fácilmente salvar obstáculos, como barrancos, cerros, ríos o lagos.

Esquilo (525-456 a. C.), en su tragedia Agamenón, relata cómo alrededor del año 1000 a. C. ya se utilizaba este sistema en combinación con el de los relevos: se estableció un sistema de comunicación óptica entre Troya y Argos, que contaba con estaciones repetidoras, y lograba cubrir en una noche una distancia de más de 500 km (en mar y tierra). Por medio de este sistema la reina Clitemnestra recibió en Mikenos la noticia acerca de la caída de Troya; para ella esto significaba el inminente regreso de su esposo. Cabe mencionar que en esa época, debido a que las señales ópticas se generaban por medio de antorchas, eran más efectivas las transmisiones durante la noche que durante el día.

En nuestros días persiste el sistema de las repetidoras; la función de un satélite de comunicaciones "estacionado" a 35 000 km de distancia de la Tierra es la misma que la de un guerrero griego en la cima del monte Atos (el más alto entre Troya y Mikenos), a una altura de 2 033 metros sobre el nivel del mar: recibir información de un punto y retransmitirla a otro, sin introducir ninguna modificación.

Describir la forma en que las comunicaciones han evolucionado desde aquellas épocas hasta nuestros días sería equivalente a hacer un relato histórico de la humanidad misma. Así, pues, partiendo del hecho de que siempre ha existido la necesidad o simplemente el deseo de transmitir información a distancia en forma rápida y confiable, a continuación exponemos la evolución de esta rama del conocimiento, explicando también el funcionamiento de algunos sistemas usados en la actualidad.

A pesar de que en el pasado remoto fueron ideados los precursores de las telecomunicaciones modernas, cuando al principio pequeños grupos de individuos y después países enteros construyeron sus propias infraestructuras para satisfacer la necesidad de transmitir información a distancia, los fundamentos técnicos del área datan del pasado y el presente siglo. Una excepción es el correo, que se inició hace ya algunos siglos y en el cual los principios básicos aún perduran: la información que se ha de transmitir se codifica en palabras, que a su vez son plasmadas en papel (o sus predecesores); se utilizaba posteriormente algo similar a lo que ahora se conoce como un "sobre", el cual era depositado en un buzón (o su equivalente). Todos los sobres depositados en los buzones eran recolectados y transportados a una oficina central en donde se seleccionaba la ruta que había de seguir cada sobre; para llegar a su destino se pasaba por una etapa de transporte que incluía todos los recursos disponibles en cada época, hasta que finalmente se entregaba al destinatario. Durante un largo periodo en la historia de la humanidad, ésta fue la única forma de comunicación a distancia, desde luego adaptándose a las posibilidades que iban ofreciendo los nuevos adelantos tecnológicos: en lo que se refiere al transporte, del caballo se pasó a los barcos y los ferrocarriles, después a los automóviles y por último a los aviones.

Fue necesario el descubrimiento de muchos fenómenos elementales de la física, tales como la electricidad y el magnetismo, para que surgieran competidores para el sistema postal; esto ocurrió gracias a los trabajos pioneros de los físicos 4 A. Volta (1745-1827); G. S. Ohm (1787-1854); J. C. Maxwell (1831-1879); A. M. Ampère (1775-1836); J. Henry (1797-1878); M. Faraday (1791-1867); H. C. Oersted (1777-1851); C. Wheatstone (1802-1875); K. F. Gauss (1777-1855). Sus trabajos fueron aplicados exitosamente a los primeros sistemas de telecomunicaciones por H. Baudot (1845-1903); C. Chappe (1767-1805, quien fue el primero en utilizar la palabra "telégrafo" para identificar el sistema que usaba para enviar mensajes a su hermano mientras estaba en la escuela); S. Morse (1791-1872); G. Marconi (1874-1937); A. G. Bell (1847-1922) y H. Hertz (1857-1894). Después del telégrafo óptico se originó el telégrafo eléctrico en su versión alámbrica (1844), la cual evolucionó a su versión inalámbrica (1874). Posteriormente, en 1876, hace casi 125 años, surgió el sistema telefónico. El teléfono primero sorprendió, luego provocó temor (Lenin: para la contrarrevolución no hay instrumento más adecuado que un teléfono). Para los usuarios, salvo en aspectos de cobertura y conectividad, sigue siendo "casi" lo mismo que hace 125 años, es decir, una caja negra (o ahora de colores) con un micrófono y un auricular. El teléfono se fue convirtiendo en el sistema predominante, debido a que existía un abismo enorme en sus características con respecto al sistema postal e incluso al telegráfico, gracias a su velocidad, su confiabilidad, su bidireccionalidad y su privacía. Tan sólo 35 años después de su introducción (o sea, alrededor del año 1910) ya existían en los Estados Unidos de América cerca de unos 7 millones de teléfonos (como referencia, a fines de 1992, en México existían poco menos de 7 millones de líneas telefónicas).

La mayoría de los usuarios del servicio telefónico no podrían imaginar lo que serían sus vidas sin el teléfono. Está basado, sin lugar a dudas, en la computadora más compleja, más grande, más distribuida de todo el mundo. Casi de manera instantánea se pueden comunicar dos personas desde un punto a otro del planeta de manera automática, con tan sólo oprimir unos pocos botones o girando el pequeño disco de plástico del aparato telefónico. La conexión, selección de rutas y circuitos, la señalización, la facturación, ocurren casi sin intervención humana en el proceso.

Durante estos 125 años de vida del teléfono, se han desarrollado de manera paralela otras tecnologías complementarias y, por añadidura, acontecimientos muy importantes promovieron aún más el acelerado desarrollo del área. Ya desde la primera Guerra Mundial se reconoció plenamente el valor estratégico de la transmisión de información, y se le dio además algunos elementos que hasta esos momentos no habían sido considerados importantes: no era suficiente que llegara la información a su destino, sino que debía llegar de manera confiable y segura, sin la posibilidad de ser interceptada o escuchada por otras personas, a pesar de la presencia inevitable del ruido en los canales de comunicaciones. Estos problemas constituyen los temas centrales de la teoría de la información, producto de la mente genial de C. E. Shannon.

Aunque en este momento hay numerosas opciones para resolver el problema central de las telecomunicaciones, los tres servicios originales (teléfono, telégrafo, correos) aún subsisten y, en mayor o menor medida, siguen teniendo una importancia considerable dentro de las comunicaciones modernas para algunas aplicaciones especiales; no obstante, existe la posibilidad de que esta afirmación no pueda ser sostenida dentro de algunas décadas.

En estas fechas estamos presenciando una carrera tecnológica en la cual es frecuente ver nuevos sistemas y servicios que hasta hace unos años eran inimaginables. Ello ha sido originado por un sinnúmero de descubrimientos científicos y tecnológicos sobresalientes dentro de las comunicaciones, que han dado forma a lo que hoy son las telecomunicaciones modernas.

Los servicios y sistemas basados en tecnologías modernas que actualmente tiene a su disposición la humanidad cubren una amplia gama que va desde la telefonía hasta la transmisión de datos por medio de redes donde las computadoras establecen "diálogos" entre sí, pasando por todos los sistemas de comunicación con que gran parte del mundo se enfrenta todos los días (seguramente sin percatarse de su complejidad), tales como todas las modalidades de la radiodifusión, entre las que se encuentran la radio y la televisión, así como todas las variantes de la telefonía (desde la tradicional hasta la radiotelefonía celular).

Dentro del contexto de la ciencia, la tecnología y la ingeniería, es posible afirmar que la riqueza y la belleza de las telecomunicaciones radican en el hecho de que en ella convergen y encuentran un equilibrio la ciencia pura, la ciencia aplicada, la ingeniería y la tecnología. La presencia de la ciencia se puede identificar desde los origenes de las telecomunicaciones en los trabajos de los científicos que dieron vida a esta disciplina hasta los trabajos fundamentales de Wiener y Shannon. Por otra parte, la tecnología y la ingeniería se hacen presentes en el momento de convertir dichos conocimientos científicos en satisfactores de necesidades humanas.

Las dos áreas que en el pasado han influido, pero que recientemente tienden a converger y a confundirse con las telecomunicaciones, son la electrónica y la computación.

La electrónica es piedra angular de las telecomunicaciones, ya que los sistemas modernos están construidos con componentes electrónicas. Los pioneros de este campo son indudablemente Shockley y Bartee, quienes inventaron la pieza fundamental de la electrónica: el transistor. A ellos se les podría calificar como científicos o ingenieros. El transistor, a la postre, se convertiría en la piedra angular del procesamiento y la transmisión de la información. Este pequeño dispositivo dio también vida a los circuitos integrados, cuya importancia es incuestionable; en la actualidad existen y se usan circuitos integrados, o sea, pastillas de silicio de unos cuantos milímetros cuadrados, que contienen millones de transistores, que, a su vez, en conjunto, realizan millones de operaciones aritméticas o lógicas por segundo.

Por otra parte, a partir de la década de los años treinta, surge la chispa genial de A. M. Turing (1912-1954), quien, apoyado en trabajos previos de H. Hollerith (1860-1923) y C. Babbage (1792-1871), dio vida a los conceptos que conforman ahora la ciencia y la ingeniería de la computación. En los años cuarenta, producto de los trabajos de J. P. Eckert (1919-), J. W. Mauchly (1907-1980) y J. G. Brainerd, se abrieron a la humanidad las puertas del mundo de la computación: en 1943 se construyó la primera computadora, denominada ENIAC (Electronic Numerical Integrator and Calculator). En la última década de este siglo se puede apreciar la trascendencia de ese desarrollo: es difícil concebir o imaginar un sistema medianamente complejo (es decir, que tenga que realizar muchas operaciones matemáticas con cierto grado de automatización) que no tenga circuitos electrónicos, entre los cuales, seguramente, se encuentran microprocesadores. Estos últimos son los descendientes de la primera computadora ENIAC.

La complementación mutua de diferentes tecnologías y el desarrollo paralelo y concurrente de muchas de ellas han dado a las telecomunicaciones un grado de avance que hace apenas dos décadas y media era totalmente insospechable. Se cuenta en estos días con una infraestructura de telecomunicaciones con cobertura global, que ofrece una enorme variedad de sistemas interconectados, y que pone a disposición de los usuarios la más increíble diversidad de servicios de telecomunicaciones. Enumerarlos y saber cómo funcionan constituye todo un reto: desde el servicio básico de telefonía con todas sus modalidades y variaciones —como sus versiones local, de larga distancia, rural—, pasando por los distintos esquemas de radiotelefonía —como la móvil y la portátil—, hasta llegar al videotexto, las redes privadas y públicas de transmisión de datos, así como las redes digitales con servicios integrados, la radiodifusión, la televisión —con sus versiones vía cable, de alta resolución—, servicios de valor agregado como el teletexto, el fax, la radiodeterminación, la localización de personas, de vehículos y de flotillas de vehículos en movimiento, y casi todos los servicios que se prestan con las redes modernas de telecomunicaciones (casi todas las palabras que inician con el prefijo tele: telemedicina, telebancos, telecompras, televotaciones, teleconferencias, etcétera).

Vale la pena recordar la frase célebre de I. Newton (1642-1727): "yo no podría ver tan lejos si no me apoyara en los hombros de gigantes". Los gigantes de las telecomunicaciones en que se apoyaron los científicos a partir de 1940 fueron las transmisiones radioeléctricas (las cuales permitieron el desarrollo de la televisión, la radio, las microondas y los satélites) y eléctricas (que a su vez dieron origen al teléfono, los cables submarinos, el télex y al concepto genérico de redes de telecomunicaciones).

Las mentes de las personas que permitieron llegar a este punto, de los "gigantes", aparte de que se les clasifique subjetivamente como científicos, ingenieros o tecnólogos, tienen algo en común: fueron geniales, privilegiadas por haber podido poner a disposición de la humanidad sus inventos o desarrollos, sus conocimientos científicos, que han cambiado de manera radical el comportamiento del ser humano, dándole la posibilidad de comunicarse, casi de forma instantánea, de muy diversas maneras, con casi cualquier otro habitante de este planeta.



Pero aún existe espacio para seguir explotando sus resultados. Hay que recordar que las ideas geniales provienen de genios, y que, lamentablemente, éstos no abundan, pero también que las ideas verdaderamente innovadoras dan herramientas poderosas y amplias posibilidades de explotación al servicio de la humanidad durante un largo tiempo. Los nuevos gigantes de nuestra época tienen la ventaja de poder apoyarse sobre los hombros y los sólidos resultados de los genios del pasado.







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