Humana es una realidad extraña, de la cual lo primero que conviene decir es que es



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“La vida humana es una realidad extraña, de la cual lo primero que conviene decir es que es la realidad radical, en el sentido de que a ella tenemos que referir todas las demás, ya que las demás realidades, efectivas o presuntas, tienen de uno u otro modo que aparecer en ella. La nota más trivial, pero a la vez la más importante de la vida humana, es que el hombre no tiene otro remedio que estar haciendo algo para sostenerse en la existencia. La vida nos es dada, puesto que no nos la damos a nosotros mismos, sino que nos encontramos en ella de pronto y sin saber cómo. Pero la vida que nos es dada no nos es dada hecha, sino que necesitamos hacérnosla nosotros, cada cual la suya. La vida es quehacer. Y lo más grave de estos quehaceres en que la vida consiste no es que sea preciso hacerlos, sino, en cierto modo, lo contrario; quiero decir, que nos encontramos siempre forzados a hacer algo, pero no nos encontramos nunca estrictamente forzados a hacer algo determinado, que no nos es impuesto este o el otro quehacer, como le es impuesta al astro su trayectoria o a la piedra su gravitación. Antes que hacer algo, tiene cada hombre que decidir, por su cuenta y riesgo, lo que va a hacer“.

ORTEGA Y GASSET, “Historia como sistema”


TEXTO DE ORTEGA Y GASSET RESUELTO PARA LA PAEG

[Contexto histórico-biográfico]

Sobre el momento histórico, Ortega vivió la convulsión de la primera mitad del siglo XX, con el auge de las potencias europeas y las dos guerras mundiales que provocaron, la revolución soviética y el régimen a que dio lugar, así como el convulso periodo de la República española, la guerra civil y la dictadura que la siguió. Quizá estos acontecimientos llevaron a nuestro autor a desconfiar de la subordinación del individuo a cualquier sistema (ya sea marxismo o cualquier forma de fascismo), y a desear para España la integración en Europa, tras el desastre que le llevó al exilio por un tiempo.

[Ideas principales]

Las ideas principales serían: La realidad de la vida es la raíz del resto de realidades, que deberán definirse en función de ella, es decir, el hombre debería subordinar el resto de instancias (la razón, la ciencia, la moral, etc.) a ella, en lugar de que la vida sea la subordinada; y la vida, en el ser humano, consiste en actividad, es un quehacer que no está prefijado por leyes físicas o instintos, sino que debe decidirlo cada uno inevitablemente desde su libertad. Es decir, para vivir el hombre concreto tiene que hacer algo, pero qué hace debe decidirlo él. Si no fuera así, viviría la vida de otro. Y si no hiciera nada, no viviría.

[Desarrollo]



El tema que preocupa a Ortega en este texto es la vida concreta del individuo histórico, no la noción general de vida del ser humano abstracto. Influido por el existencialismo, nuestro autor considera que la tarea de la filosofía no tiene que ser el hallazgo de generalidades abstractas, sino por el contrario debería centrarse en el individuo concreto y real. La libertad humana es para Ortega una condición constitutiva del ser humano, del que podría decirse incluso que carece de esencia, porque es historia. Cada uno de nosotros es un quehacer que se va definiendo conforme va inventándose su vida, y todo ello debe hacerlo sin ninguna seguridad de éxito o de corrección de ningún tipo, meramente desde la soledad de nuestra propia libertad. La razón, asimismo, no es una instancia absoluta despegada de todo individuo, sino que por el contrario es una facultad incrustada en cada uno cuya función es estructurar ese quehacer vital. La razón es praxis, no teoría, para Ortega, y debería usarse para escribir la historia de cada uno, en lugar de buscar esencias supraindividuales de cuyo carácter absoluto duda nuestro autor. “Yo soy yo y mi circunstancia”, esta frase de Ortega viene a llamarnos la atención sobre el carácter contextual de cada individuo, que debería usar su razón (así como el resto de facultades) para insertarse en su contexto, hacerse a sus circunstancias, en lugar de salirse de ellas en busca de absolutos ideales. Sin caer en las corrientes irracionalistas tan propias del siglo XX, Ortega sí que relativiza mucho por tanto el tradicional valor absoluto que se le ha dado a la razón en Occidente (crítica al cientifismo), y el valor de esa facultad lo establece cuando se pone al servicio de la vida concreta, cuando se convierte en la planificadora del quehacer cotidiano que debe decidir cada uno, y que acaba definiendo quién es cada uno. Yo soy lo que hago, y la decisión sobre mi hacer la tomaré libremente, asumiendo el riesgo de un ensayo del que no puedo esperar repetición. Esa es la circunstancia humana. Puesto que la razón no debe usarse prioritariamente para descubrir verdades absolutas, su uso lo define Ortega como la búsqueda de perspectivas: el individuo es finito, y su circunstancia también. La única ampliación de su vida será la capacidad de ponerse en el lugar de otros, de ver las cosas desde otros puntos de vista. Esto es el perspectivismo de Ortega: la razón no descubre absolutos, pero puede ayudar a no considerar un absoluto la propia posición desde el momento en que nos ofrece otros puntos de vista. De este perspectivismo se deriva lógicamente el mismo carácter asistemático de la filosofía de Ortega, cuya obra se compone en gran medida de ensayos y artículos periodísticos, y es que para él ni la razón ni el individuo concreto (dos realidades inseparables, según Ortega) pueden hacer abstracción de la realidad que nos rodea. Hay una copertenencia entre el individuo y su circunstancia, y la razón debe ser la mediadora. Esa es la verdad concreta en cuya búsqueda consiste el quehacer filosófico, y en eso consiste la razón vital de Ortega.


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