Huellas mentales



Descargar 130,31 Kb.
Página1/2
Fecha de conversión08.06.2017
Tamaño130,31 Kb.
  1   2



HUELLAS MENTALES:
¿LAS SOMBRAS ESTRUCTURALES DE LA REALIDAD MENTAL?
Por Tsion Avital
Instituto Tecnológico de Holón

Departamento de Arte y Diseño, Campus de Holón

P.O.B 305, Holón 58102, ISRAEL

Traducido por Sandra Luz Patarroyo R.

Profesora de Historia de arte y Estética

“……El alma es análoga a la mano;

Pues mientras la mano es la herramienta de herramientas,

Así mismo es la mente la forma de las formas…”



Aristóteles, De Ánima 432ª
En el comienzo Dios creo las huellas mentales,

Y ellas han hecho el resto desde entonces.


A través del siglo XX, no son pocos los teoréticos y los artistas que han mantenido que el modernismo falló y que el arte ha alcanzado su final o al menos que se encuentra en un callejón sin salida. Este profundo escepticismo surgió con la gran perplejidad creada por el rechazo al paradigma del arte figurativo, sin haber creado otro paradigma en su lugar. La situación inevitable de todo esto, es la completa nebulosidad de las líneas demarcantes entre arte y no–arte. Por esta razón la necesidad de un nuevo y verdadero fulcrum Arquimedeo que haga posible la distinción entre arte y seudo-arte se vuelve necesidad esencial para la misma continuidad de la existencia del arte como una rama relevante dentro de la cultura. Una búsqueda que ha continuado a lo largo de diez miles de años hacia una respuesta adecuada a este problema, me ha conducido a muchos y variados canales, algunos de los cuales ya he reportado en otros ensayos, y otros, que reportaré en el futuro. Pero entre aquellos merecedores de mención, hay dos direcciones de exploración que aparecen superficialmente opuestos, pero son de hecho complementarios: De un lado, la búsqueda de las fuentes cognitivas y gráficas que precedieron el arte e hicieron posible su surgimiento hace 40.000 años, con la esperanza que en este estado embrionario pueda ser posible identificar más fácilmente los atributos básicos del arte desde sus comienzos. Y de otro lado, este estudio revela la necesidad de una comprensión cognitiva de las condiciones a priori necesarias para que una persona pueda leer o crear una pintura figurativa en cualquier tiempo: La era prehistórica o en la actualidad. El intento por estudiar estas condiciones a priori ha llevado quizás como dato serendipiti hacía un nuevo entendimiento de la mente y al modo como sus patrones básicos se hacen manifiestos en los productos de la cultura.

Yo he resumido las investigaciones en relación a las fuentes del arte en dos ensayos (Avital, 1996, Avital 1999). El segundo aspecto de la investigación, puramente teórica trata de las condiciones a priori del arte, y es tratado en forma breve en este ensayo. Mientras que el punto de partida ha sido el arte, sus resultados y conclusiones podrían muy bien tener implicaciones que sobrepasan el campo del arte mismo y alcanzan todas las áreas de la cultura sin tener en cuenta tiempo o espacio, siendo al igual que el arte, todos ellos productos de la mente humana. La Lógica central de este ensayo es el intento de alcanzar una nueva y más adecuada comprensión de la naturaleza del arte visual al anclarlo con la naturaleza de la mente misma. Se espera que esto pueda ser logrado a través de la comprensión del modo en el cual algunos atributos básicos de la mente se hacen manifiestos en los mismos comienzos de los orígenes del arte, lo que parece ser la alfabetización en huellas de pie. Esta habilidad parece haber precedido el arte prehistórico por alrededor de 4 millones de años (Avital, 1999). De acuerdo a esto, el arte es una expresión de la encarnación de ciertos atributos básicos de la mente, por medio de la composición de los elementos estéticos tales como color, forma, etc. He llamado estos atributos básicos “huellas mentales”. Estas meta -estructuras son atributos fundamentales de la mente y de la realidad tales como conectividad, complementariedad, abierto-cerrado, recursividad, jerarquía, transformación, simetría, y sus opuestos complementarios. En lo que sigue, trataré de dar solamente una explicación breve de ellas, siendo que una explicación más completa de los conceptos y sus implicaciones en otros campos, requeriría de un marco mucho más amplio que el de este ensayo. En un sentido mínimo, las huellas o imprentas mentales son propiedades fundamentales o atributos de la inteligencia humana, o la interfase entre mente y realidad. En un sentido más amplio, parece ser que las huellas mentales son comunes a todos los niveles del Ser, y son de esta manera, los oxímorones epistemológicos y ontológicos, o meta-estructuras de la complementariedad de la mente y la realidad. En otras palabras, las huellas mentales son el puente entre epistemología y ontología. De este modo cuando científicos como Einstein y muchos otros, observan con asombro y maravilla, la sublime concordancia entre naturaleza y teoría están experimentando la gracia de cruzar ese puente. Muchos experimentan estos sentimientos al observar una gran obra de arte. En ambos casos reconocemos inconscientemente en la naturaleza del arte, como en un espejo, las improntas mentales que unen la mente con la realidad en una unidad complementaria. Claro está, que el hecho de que la ciencia pueda realizar tales predicciones admirablemente precisas, o el hecho de que podemos leer fácilmente las pinturas prehistóricas hechas años atrás, es probablemente la mejor evidencia de que la mente y la realidad tienen que tener algo fundamental en común, o de que son dos aspectos de una complementariedad. En un sentido, la mente esta envuelta sobre si misma, es reflexiva y algunas veces realidad consciente. Así la conciencia es un nodo del enlace mente-realidad. Considerado en este espíritu, la realidad es una sombra de la mente, y así deberá haber al menos una correlación parcial o simetría entre las “dos”. Esto también es cierto con relación a productos de la mente tales como el arte y la ciencia.
El lector puede ya haber sentido, el alto grado de ambigüedad del concepto “mente” y se estará preguntando si lo que se significa es mente en un contexto humano, o Mente en un sentido total o metafísico, como el concepto de Egea, o en el término griego, Logos o Nous y así. Yo me subscribo a la visión , y más precisamente a la creencia, que la mente humana es un caso especial de Mente o inteligencia en el sentido total y que estos dos significados de “mente” son por consiguiente, al menos hasta cierto punto, simétricas, tanto como tengan atributos básicos similares. Sin embargo, estas dos clases de “mentes” son diferentes tanto como una construye nuestro mundo privado y cultural, mientras que la otra construye la mente humana, igual que la realidad y todo lo que está en ella. Sin embargo, para el propósito de nuestra discusión no hace para nada ninguna diferencia cual de los dos significados del concepto mente es entendido, y debe entonces enfatizarse que la caracterización del arte o el establecimiento de líneas demarcantes con la ayuda de huellas mentales, no necesariamente supone el compromiso de percibir la Mente como una entidad total y una entidad metafísica, sino que más bien, es posible considerar las improntas mentales como hipotéticos y muy básicos principios organizacionales de la inteligencia humana y de la mente. El problema es que una paradoja se esconde aquí: ¿Como es posible indicar atributos básicos de la mente, cuando nuestras posibilidades de conocimiento con relación a la “mente” – tanto en un contexto humano, o aún, en la “Mente” en su total significado – es en principio extremadamente limitado? Este problema ha sido discutido a fondo y desde varios ángulos a través de la historia de la Filosofía y de la Ciencia, y no hay necesidad de extenderse sobre ello, simplemente indicaré solamente algunas de las pocas razones de la imposibilidad de realmente conocer lo que la Mente es en cualquier sentido, y por qué debemos satisfacernos con mucho menos.
En primera instancia, el lenguaje es en cierta forma construido como una red multidimensional en forma de una cadena montañosa con cimas de varias alturas. Los conceptos reciben su significación en esta jerarquía multidimensional como nodos en nuestro sistema conceptual. Cuando nosotros entendemos cualquier concepto, usualmente logramos esto con relación a los conceptos o nodos que están encima y los incluimos, tanto como los conceptos que están debajo e incluidos por estos y también a través del juego del lenguaje de los conceptos en el sistema lingüístico entero. Pero la comprensión conceptual es particularmente difícil cuando uno intenta comprender meta-conceptos únicos tales como “Mente”, “Ser”, “Realidad” y “Dios”, los cuales están en la cúspide de nuestro sistema conceptual. Estos significados pueden tener solamente una significación parcial, siendo que no tenemos conceptos más altos que estos, y ellos pueden por lo tanto ser comprendidos a la luz de conceptos que se encuentran debajo de ellos –a través de aquellos contenidos por ellos, y no a través de ninguno por los cuales ellos son contenidos, puesto que ninguno de tales existe. En otras palabras, tales conceptos nunca son lo suficientemente claros, siendo que cada concepto es el nombre de una última meta-referencia más allá de la cual no hay meta-referencia o concepto de tipo de lógica superior que le pudiese dar un verdadero significado o caracterización. Estos conceptos indican los límites superiores de abstracción, generalización o inducción que nuestro pensamiento es capaz de alcanzar por medio de nuestro sistema simbólico. Estos meta-conceptos, delinean la frontera entre el pensamiento discursivo y el dominio del misticismo. Segundo, una de las mayores conclusiones desde Kant, es que cada conocimiento que obtenemos es el resultado de una interpretación propia. Lo que sigue, es que es realmente imposible conocer lo que aquella entidad no-física es, lo que llamamos mente, tal como no podemos conocer que es la cosa- en –si que nosotros interpretamos como una entidad física o fenomenal. Sin extender demasiado el principio de Heisenberg de la incertidumbre, que es en cierto sentido un derivado de la filosofía kantiana, se podría decir que la incertidumbre existe no solamente con relación a una medida física sino aún más cuando tratamos de entender la mente, ya que aquí un intento ha sido hecho para medir tanto al medidor como a lo medido. Tercero, a la dificultad que supone cada intento de comprensión de la mente sigue la limitación en principio del pensamiento reflexivo tratando de entenderse a si mismo, o a la mente en si misma. Cualquier comprensión de esta clase es solamente parcial, y cada intento de negar esto, conlleva a la similar paradoja de la antinomia de Rusell con relación a la imposibilidad de una clase de incluirse a si misma como miembro (Rusell, 1985). Además, aún los científicos que reducen la mente al cerebro, en ambos casos se dan cuenta que es muy dudoso si nuestro cerebro podría alguna vez comprenderse a si mismo completamente. De otro lado, si la Mente es considerada en todo su sentido abarcador, uno inmediatamente se encuentra con el viejo problema de que una mente finita no puede entender una mente infinita, pero si puede intuirla, tal como sostienen los místicos. Si la mente está más allá de nuestro alcance, ¿Que podemos, entonces – conocer de ella?
Fuera de mi ventana, hacía el occidente a 2 kilómetros de distancia, se encuentra el último valle antes de una pendiente ascendente hacía Jerusalén. Al borde de este valle esta el pueblo de Beit Zayit donde fueron descubiertas huellas de pie fosilizadas, de un dinosaurio que paso por allí hace diez millones de años. Nosotros no sabemos, ni lo sabremos, como lucía realmente el dinosaurio que camino por allí, pero a través del examen de la estructura de huellas de pie es posible deducir al menos algunas características de su cuerpo, que se convirtió en polvo hace mucho. Un ejemplo que es más reciente y cercano a nuestros orígenes, es el sendero fosilizado de huellas de tres homínidos, un adulto varón, un varón más pequeño o menor, y una figura femenina, que se preservaron cerca de 3.6 millones de años en Laetoli en el norte de Tanzania, (Leakey, 1981, Leakey y Harris, 1987). Nuevamente, nosotros no sabemos, y no lo sabremos, como era que estos homínidos realmente lucían, pero por las estructuras de sus huellas de pies, los científicos han alcanzado conclusiones instructivas en relación a su estatura, su porte y al hecho de que ¡caminaban derechos! En otro artículo (Avital 1999a) he mostrado que por el patrón único de aquellas huellas de pie uno puede derivar conclusiones sobresalientes con relación a sus capacidades cognitivas. En la opinión de la mayoría de académicos, hay una superposición de las huellas de pie del hombre más pequeño en las de el hombre adulto, si esto es de hecho así, tiene implicaciones desconcertantes en relación a la estructura cognitiva de estos homínidos. Aunque no tenían aún lenguaje, y a pesar del hecho de que su cerebro era sólo la mitad del tamaño del nuestro, ellos han tenido que haber compartido las mismas estructuras básicas que nosotros tenemos. Obviamente su pensamiento era visual más que verbal, pero debemos asumir que aplicaban principios fundamentales similares que he llamado “huellas mentales”, porque de otro modo sería imposible explicar el aspecto más impactante de esas huellas de pie, y es que el hombre más pequeño trotaba deliberada y precisamente dentro de las huellas de pie del hombre adulto que caminaba delante de él. Por analogía con estos ejemplos, Yo diría que la mente es como aquel Yeti Tibetano, ese mítico ser, que nadie conoce, pero cuyas huellas de pie muchos aseveran haber visto en las nieves de los Himalayas. Similarmente, Me suscribo a la opinión de muchos que han afirmado que nosotros nunca sabremos lo que realmente es la mente. Pero creo que es quizá posible aprender algo no trivial sobre la mente en si misma desde algunos de los atributos de sus productos; estas propiedades o “huellas mentales” son tanto como si fueran improntas de la mente, que las produjo.
En la historia de la filosofía, y especialmente desde Kant, muchos intentos han sido hechos para trazar un mapa de categorías básicas o parámetros de la mente. Su principal objetivo era proporcionar una explicación satisfactoria de la posibilidad de conocimiento y de tal manera reducir el escepticismo despertado por la filosofía de Hume. Este intento se hizo por medio de una nueva caracterización de las relaciones entre la mente y la realidad, mientras que relucían los aspectos autónomos y primarios que la mente tiene con relación a los sujetos de conocimiento de todas las clases. A la luz de las limitaciones inevitables que tenemos con relación a la posibilidad de conocer lo que es la mente, esta claro que cada caracterización por medio de estas u otras categorías son en si mismas necesariamente limitadas, y es una interpretación particular que no puede agotar el tema, aún cuando sea el del pensamiento de un gran filósofo. Esto se puede ver muy bien en el hecho de que cada filósofo que ha propuesto una teoría de las categorías, ha empezado por criticar duramente a la teoría de las categorías de su antecesor, sin que deje de adoptar parte de ella. No sobra decir, que la orientación de estos filósofos ha sido principalmente epistemológica y ontológica. Siendo esto así, y a pesar del rigor extremo de estos intentos, no nos ayudan en nada para entender la naturaleza del arte.
De manera que quisiera enfatizar que no tengo la pretensión de proponer una teoría de las categorías, y ciertamente no una teoría completa tal como fue el intento de Kant, Hegel, Whitehead y otros más, lo cual está más allá de mis capacidades, sino tratar primero y por sobretodo de identificar al menos algunos de los más básicos atributos que son compartidos por todas las obras de arte figurativo, desde sus comienzos hasta hoy en día, y sin los cuales ninguna pintura figurativa hubiese sido posible. La integración de estos atributos comunes en pintura a través de diez mil años, no “apareció de repente”, su origen yace más bien en los atributos de las mentes de los artistas que las produjeron en todos los tiempos, y los cuales debieron existir mucho antes del surgimiento del arte mismo. Si tales atributos pueden de hecho ser identificados, entonces el mismo hecho de su continuidad extrema, trascendencia en el tiempo, lugar y culturas, quizá sugiera la posibilidad que no sean atributos peculiares solamente al arte. Estas son herramientas mentales básicas que también deben aparecer en las etapas que han precedido al arte, y constituyen una fase preparatoria del mismo, al igual que en las huellas de pie y la elaboración de herramientas. Ahora bien, si estos atributos son de hecho tan fundamentales, entonces se debe esperar que ellos aparezcan también en otras áreas de la cultura, ya que son después de todo producto de una misma mente. Un estudio de estas huellas mentales sugiere una posibilidad de más largo alcance a saber: que estas mismas huellas mentales existen no solamente en todos los niveles del plano humano-noético, sino también en todos los niveles en la naturaleza, y son por ende tal vez las sombras morfológicas de la Mente, la Realidad, Dios, o la Naturaleza- cualquiera sea el nombre que cada quién prefiera para referirse a la totalidad del Ser.

Después de muchos años de búsqueda, la posibilidad de entender el arte anclándolo a la naturaleza de la mente, me parece a mi, al menos, el último recurso de encontrar la imperiosa necesidad de entender lo que es el arte. Por que a la luz de la caótica situación que caracteriza al arte de hoy, y a la luz del hecho de que la estética y la historia del arte no han tenido éxito en dibujar claramente las líneas demarcantes del arte, entonces sin ninguna nueva comprensión que haga posible la distinción entre arte y no-arte, tiene poco sentido el continuar produciendo arte, y podría llegar a ser considerado como un capítulo cerrado en la historia de nuestra cultura.


La lista de las huellas mentales dada abajo no esta derivada de ninguna teoría particular general de meta-principios, sino de la cuestión: ¿Cuales son los atributos cognitivos sin los cuales el hacedor de imágenes prehistórico no pudo haber empezado a crear una pintura? Un prolongado examen de las huellas mentales me ha conducido a pensar en la posibilidad de que estos atributos no son solamente específicos del arte, sino que más bien, están en la base de todas las ramas de la cultura, y quizá también en la base del Ser en todos los niveles. Sin embargo el principal objetivo es y sigue siendo entender el arte en un contexto mucho más amplio que aquel del arte mismo, pero el lector ciertamente no esta obligado a aceptar las implicaciones de las huellas mentales más allá de su aplicación en el arte. No dejo pasar sin decir que esta lista no es ni exclusiva ni exhaustiva, sino que es simplemente la lista de aquellas propiedades de la mente que he quizá identificado en la búsqueda de atributos que anclan el arte en la mente o inteligencia que para mi son sinónimos. Bateson (1980) y Waddington (1977) también intentaron caracterizar las propiedades fundamentales de la mente, pero el punto de partida para ambos era principalmente científico con énfasis en Biología. Algunos de los atributos que ellos mencionan son similares a los que yo he encontrado y otros son distintos. R. Sheldrake (1981), quién propuso la interesante hipótesis de Causación Formativa, también partió desde una perspectiva principalmente biológica. Su idea de campos morfogenéticos es en muchos aspectos análogo a la idea de las huellas mentales, y es en muchas formas diferente a ella. La principal diferencia es que Shaldrake asume la existencia de un número infinito de campos morfológicos: uno en especial por cada entidad en el universo – por cada partícula, por cada combinación de partículas, por cada planta y por cada cosa viva. Al hacer esto, de hecho asume mundos dobles y paralelos: El uno una jerarquía formativa y el otro una jerarquía material. A pesar de la gran simpatía que tengo por su motivación, creo que uno debe seguir los pasos de William de Ockham y preferir la hipótesis de hacerlo con las menores asunciones como sea posible. Como veremos en lo que sigue, el número de huellas mentales que tentativamente asumo es diez, y aún sería posible reducir este número al concebir algunas huellas mentales en términos de otras. Sin embargo debido a las consideraciones que ya he señalado en conexión con la limitación que tenemos en principio de nuestro conocimiento sobre la mente, cualquier lista o tabla de las propiedades de la mente es necesariamente parcial, y será siempre así. Yo solamente espero que otros, la aumenten o reduzcan de acuerdo a una más adecuada y coherente comprensión que la mía. El retroceso de una explicación tan corta de un proceso tan complejo es que es inevitablemente muy condensado. Sin embargo, a su favor, puede decirse que cierta rudeza es algunas veces la señal característica de la innovación, de manera que yo sugiero que el lector no se rinda o se confunda por la profusión de conceptos que aparecen en la explicación que sigue. Es mi esperanza que el concepto de las huellas mentales se aclarará en las paginas que siguen como resultado de la corta explicación de la manera como ellas aparecieron en el arte. (Sin embargo este concepto será ciertamente más claro si el lector se preocupa por leer mis otros artículos, cada uno de los cuales trata específicamente con una única huella mental o la combinación de varias (Avital 1996, 1997a, 1999a)

En este punto quisiera proponer una tabla tentativa de huellas mentales:




  1. conectividad – desconectividad (Codis)

  2. Extremos abiertos – Extremos cerrados

  3. Recursividad (Anidación) – Singularidad

  4. Transformación –Invariabilidad

  5. Jerarquía – Aleatoriedad

  6. Simetría – Asimetría

  7. Negación-Afirmación (Doble Negación)

  8. Complementariedad – Exclusividad mutua

  9. Comparación (¿No comparación?) Disparidad

  10. Determinismo – indeterminismo (Probabilidad, Selección, Elección)

Para poder reducir tanto como es posible, a lo más esencial, esta explicación tentativa sobre las huellas mentales, me contentare a mi mismo con señalar unas pocas de sus características, y tratar solamente con algunas de las huellas mentales. Después de esto, describiré brevemente como es posible por sus medios, distinguir entre una pintura y una seudo – pintura.




  1. La primera característica obvia de las huellas mentales es que casi todas ellas son en un sentido conceptos paradójicos, u oxímorones. Esto es, que ellas indican una cosa y su opuesto a un mismo tiempo. Este hecho las hace particularmente difícil tanto de descubrir como de entender, ya que en el mundo occidental seguimos esclavizados con la lógica de los griegos, con su fundamental ley de la contradicción. Es por esta razón, que resulta para nosotros difícil pensar en términos que han sido construidos sobre puntos de vista Orientales o de Heraclito, los cuales ven la complementariedad de opuestos como la naturaleza de las cosas, y algunas veces ven paradojas como la señal de una verdad no-trivial. De esta manera no es casual que en idiomas occidentales no hay (al menos lo que conozco) conceptos tales como el concepto Chino de el Tao el cual indica específicamente la complementariedad de tendencias opuestas: Yin-Yang. Así, por ejemplo, la huella mental Conectividad – Desconectividad, no intenta indicar dos atributos sino uno, de los cuales conectividad y desconectividad son dos aspectos o polos. Para ponerlo en términos simples, se podría decir que cada conexión es hecha en contra de un estado de fondo de desconectividad, y cada separación es hecha en contra de un estado de fondo de alguna conectividad. En la ausencia de una palabra apropiada, le he llamado
  1   2


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal