Howard Richards Un Concepto de Economía Solidaria: Organización Ilimitada En un sistema de laissez-faire



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Howard Richards
Un Concepto de Economía Solidaria: Organización Ilimitada
En un sistema de laissez-faire el nivel de empleo depende en gran medida de lo que se llama el estado de la confianza. Si se deteriora la confianza, cae la inversión privada. Sigue una caída de la producción y del empleo (este resultado se genera directamente y también a través del efecto secundario del impacto de la caída de los ingresos sobre el consumo y sobre la inversión). Esto da a los capitalistas un poderoso control indirecto sobre las políticas públicas: Hay que evitar cuidadosamente todo lo que pueda sacudir la confianza, porque causaría una crisis económica. Pero una vez que el gobierno aprenda el truco de incrementar el empleo por sus propias compras, este poderoso mecanismo de control pierde su eficacia. Por eso los déficit presupuestarios necesarios para llevar a cabo la intervención del gobierno se representan como peligrosísimos. La función social de la doctrina de “disciplina fiscal” es asegurar que el nivel de empleo dependa del estado de confianza1.
Recomiendo pensar la economía solidaria como la matriz cultural, o dicho de otras maneras la ideología o la filosofía, de una economía cuya meta única es atender a las necesidades de cada quien en armonía con la naturaleza, desplegando una pluralidad ilimitada de medios para movilizar los recursos necesarios para lograr su meta. Debe ser el “bienvenido a todos”2 realizado en la práctica.

La economía solidaria no debe ser el sector de la pobreza, viviendo de las migas que restan cuando el sector privado ya ha agotado sus mercados y ya no encuentra más inversiones rentables, y cuando el sector público ha agotado el poder recaudador del fisco y ya carece de medios para ampliar la red de protección social. No tan sólo los pobres, sino todos los seres humanos debemos ser solidarios y con mayor razón los empresarios y los políticos.

Surge inmediatamente la pregunta: Si la economía solidaria va a ser una matriz cultural, una ideología, o una filosofía, que va a extender su influencia en toda la sociedad y en todo sector, ¿Qué vamos a hacer con las personas que no crean en esta filosofía y no la practiquen? La respuesta que sugiero es que se pueda dejarlas en paz y respetar su opción de vivir sus vidas como quieran vivirlas. Los valores solidarios no tienen que ser ni universales ni obligatorios. Debe ser posible asegurar que no haya nadie en situación de calle, nadie sin empleo ni con empleo precario ni con sueldo de miseria, nadie abandonado, sin cambiar la manera de ser de los no-solidarios. Por otra parte, lo que sí hay que hacer, como veremos más adelante, y como a lo mejor cuesta un poco entender, es desactivar el mecanismo del poder económico a fin de liberar la sociedad de la no-solidaridad obligatoria.

Desarrollaré esta propuesta comentando primero el origen del concepto partiendo de obras de Luis Razeto quien inició la literatura sobre economía solidaria, aunque no la práctica de ella, siendo su práctica –como Razeto mismo declara—tan antigua como la raza humana3. Viendo el mundo a la luz del concepto de economía que propongo, la economía solidaria se lee como una síntesis de lo tradicional y lo moderno, y más aún como organización ilimitada. Vale decir: Su pluralidad ilimitada de medios a usar para lograr fines solidarios se abre no solamente a lo mejor de la tradición y lo mejor de la modernidad, sino también a cualquier otro medio que se pueda encontrar o inventar. Luego me referiré al esfuerzo reciente del Papa Francisco para articular los valores tradicionales propios de la iglesia que él preside en el contexto actual en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium4. Encontraré la idea central de su exhortación en su título, el cual se puede traducir “la buena noticia de la alegría”. La buena noticia es que los seres humanos se sienten realizados y felices cuando practican la solidaridad. Luego revisaré una pequeña muestra de la vasta literatura científica sobre la evolución de la sociabilidad humana. Encontraré el trasfondo y fundamento de la economía solidaria en un gran relato de la evolución biológica y cultural de nuestra especie. Comentaré el pensamiento de Francis Fukuyama autor, de El Fin de la Historia y el Último Hombre5. Fukuyama parece a primera vista descartar la pluralidad a favor de un sistema único, y descartar la solidaridad a favor de un capitalismo individualista. Al leer a Fukuyama con mayor detención se da cuenta que él reconoce que los problemas principales de la humanidad todavía no han encontrado sus soluciones. Buscando aquellas soluciones todavía no encontradas, analizaré la cita de Michael Kalecki que encabeza este capítulo. Derivaré las conclusiones que una economía solidaria capaz de aportar soluciones (1) tiene su trasfondo en el gran relato de la evolución de la especie humana, (2) descansa fundamentalmente en lo que Padre Hurtado llamaba una “actitud social”, y (3) logrará en el contexto histórico determinado que es el nuestro liberarnos de lo que llamaré “el mecanismo del poder económico”. Dicha liberación requerirá “otra estructura social”. Sin abandonar mis compromisos con el pluralismo y con la flexibilidad institucional ofreceré un bosquejo de cinco elementos de una “distinta estructura social”. Cerraré comentando citas del político argentino Hermes Binner6, del catedrático de Harvard Business School Michael Porter7, y del joven empresario social norteamericano Blake Mycoskie8. Con su apoyo propondré “reinterpretaciones” o “relecturas” del mundo a fin de verlo con ojos que ven la solidaridad como asequible y la economía como transformable.
El Origen del Concepto de Economía Solidaria
En los primeros años de plomo de la dictadura militar en Chile hubo en las poblaciones numerosos activistas facilitando la organización de estrategias de sobrevivencia para los pobres. Derogadas las subvenciones al pan y otras necesidades, destruidos los sindicatos, cerradas las industrias otrora protegidas ahora expuestas a la competencia asiática, descendidos los sueldos a niveles de miseria, generalizadas la precariedad y la cesantía, reprimidas las instituciones populares, los pobres lucharon para subsistir9. Los gobiernos democráticos extranjeros y las ONGs internacionales apoyaron a los activistas dedicados a ayudarlos.

A grandes rasgos y suprimiendo matices importantes se encontraban entre los activistas dos tendencias marcadas. Algunos se identificaron con el evangelio cristiano y otras ideologías con raíces en el pasado lejano de la humanidad. Hablaron de “solidaridad”. Los otros ostentaron una mentalidad más moderna, más laica, quizás más científica. Hablaron de “economía”. Hubo una cierta competencia ideológica para conquistar las mentes y los corazones de los damnificados.

Según cuenta Razeto, en una reunión grande de pobladores y activistas en una población de la periferia de Santiago, marcada por debates típicos de la época, una pobladora se puso de pie y declaró rotundamente, “¡Nosotros somos solidarios y económicos!” Así se acuñó la frase.

Apoyo mi concepto de economía solidaria con la observación que la frase misma, tanto por los significados de las dos palabras que la componen como por las circunstancias de su origen, llama a una síntesis de las mejores normas solidarias tradicionales con los mejores ideales modernos. Trasciende a las ciencias económicas por evocar ideales colectivistas típicos (aunque no siempre presentes en la práctica) de las sociedades que Emile Durkheim llamó “arcaicas”10. Complementa la ética tradicional por evocar con la palabra “economía” la estructura social básica y la ciencia social de mayor prestigio de nuestras sociedades modernas11. La frase misma llama a la “organización ilimitada”, vale decir a una pluralidad ilimitada de medios para conjurar el mal y alcanzar el bien, tanto tradicionales como modernos, tanto ya practicados en una u otra cultura que existe o ha existido, como inventados en el futuro por la creatividad humana12.

La frase misma nos interpela a hacer compatibles la ciencia moderna, la productividad moderna, y los mejores ideales de la modernidad como son la libertad, la igualdad, y la fraternidad; con los mejores ideales tradicionales del amor, de la reciprocidad de los deberes, y de la redistribución de los bienes según fórmulas tales como “de cada quien según sus habilidades” y “a cada quien según sus necesidades”13. Amén de ser católicos, semejantes ideales tradicionales encuentran sus amplios ecos y adhesiones en las otras grandes religiones del mundo, en las culturas indígenas, en las diversas tradiciones evangélicas, e incluso en la teología actual calvinista, la cual en nuestros días ha llegado a coincidir con el catolicismo en casi todos los capítulos de la doctrina social.

En su elaboración teórica Razeto destaca elementos aplicables a todos los sectores, como los son producción solidaria, ventas solidarias, consumo solidario, y acumulación solidaria; y como lo es el “Factor C”. El Factor C es un factor más allá de los tradicionales tierra, trabajo, y capital, que a menudo determina el éxito o el fracaso de una empresa sea o no sea autogestionada. Su nombre se deriva de una serie de palabras asociadas con el espíritu solidario que comienzan con la letra “C” como son comunidad, compañerismo, compromiso, comunicación, etc.14
La Exhortación Apostólica de Francisco
El Papa Francisco asumió el desafío de articular aspectos fundamentales de la tradición cristiana en el contexto del mundo actual en su exhortación Evangelii Gaudium15.

El título Evangelii Gaudium se puede traducir “la buena noticia de la alegría”. Se puede decir que en su título Francisco resume el corazón del sentido que da al concepto de “misión” y que el concepto de “misión” y por lo mismo el de “alegría” recorren la exhortación entera como su hilo conductor. Escribe Francisco en su décimo párrafo16:

La vida se acre­cienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás” 17. Sigue Francisco: Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la rea­lización personal”. Luego sigue, siempre en el mismo párrafo diez: “Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: Que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión”.


Al destacar la entrega al servicio del prójimo como fuente de alegría el Papa Francisco llama la atención a una enorme reserva de motivación. Aunque sus fuentes citadas sean propias de la teología, se puede constatar las mismas realidades, o realidades afines, con datos empíricos provenientes de la psicología, de la sociología, de la antropología, y hasta de la biología.

Entre los aportes de la psicología a la confirmación de la tesis que existe una potente alegría de servir se encuentran numerosos experimentos sobre el comportamiento de las personas en situaciones que se identifican con “el dilema del prisionero”. En este tipo de situación lo que lógicamente conviene al sujeto es buscar el bien propio sin considerar el bien de otros18. Calculados fríamente los valores de los varios resultados posibles (los payoffs) y las probabilidades de que cada uno de ellos ocurra, es “racional” la opción A. Sin embargo los experimentos psicológicos con regularidad demuestran que las más de las veces los seres humanos escogen opción B, siendo opción B menos egoísta, más altruista, y cooperadora19. Al escoger B el sujeto sabe que en el caso que el otro (o en algunos experimentos los otros) también escoja B, entonces el resultado será conveniente para todos. Pero un preso imputado confinado a una célula individual, no sabe ni puede saber cuál va a ser la opción del otro. Lo que sí sabe es que según una racionalidad egoísta le conviene también al otro escoger A. Escoger B podría significar, pues, cierta fe ciega que el otro no va a escoger lo que le conviene a él como individuo. Dicho de otra manera, elegir B podría significar cierta fe ciega que el otro va a rechazar la opción A que le conviene, y va a cooperar. O podría significar otra cosa, por ejemplo que aunque el sujeto no pueda comunicarse con el otro, tiene la ilusión que es capaz de controlar la decisión del otro. Signifique lo que signifique, el hecho es que los sujetos suelen escoger B. Tienden a optar por la cooperación no solamente en experimentos tipo dilema del prisionero sino en otros experimentos también20.

Más aún, la investigación psicológica tiende a apoyar la tesis de Francisco porque cuando los sujetos logran establecer una relación de confianza mutua y cooperación experimentan placer. Gozan de la relación. Esto sabemos no solamente porque los sujetos lo digan, sino también porque las mediciones eléctricas y químicas detectan la activación de sectores del cerebro asociados con los placeres21.

Entre los muchos otros hallazgos relevantes provenientes de la investigación en psicología no se puede dejar de mencionar las investigaciones en el campo del estudio del desarrollo moral. Es un campo relativamente nuevo de la psicología22 que ya cuenta con sus revistas especializadas, sus programas de posgrado, sus sociedades científicas, y sus congresos profesionales23. Sus aplicaciones a la pedagogía abren perspectivas para reformas educacionales capaces de subir los niveles de consciencia moral de poblaciones enteras –y por lo tanto capaces de facilitar la transformación solidaria de economías enteras. A la luz de sus masivos aportes (incluyendo estudios realizados en distintos contextos culturales) ha quedado claro que la persona que carece del deseo de serle útil a sus semejantes no es ni típica ni normal24. Lejos de manifestar una imagen fiel de lo que en el fondo es y tiene que ser la naturaleza humana, quien no es bueno y no quiere serlo manifiesta inmadurez y/o patología.

Sociólogos y otros especialistas han intentado medir los factores que determinan la felicidad humana. En general sus hallazgos indican que hasta un nivel entre diez mil y veinte mil dólares de ingresos anuales la prosperidad o falta de prosperidad es un factor. A niveles mayores de ingresos y riqueza no hay relación medible entre bienes materiales y felicidad25. Aunque el dinero dista de ser el factor único en el caso de los pobres, en general se puede decir que los pobres no son felices porque son pobres, pero la riqueza no hace feliz a los ricos. En la mayor parte lo que más determina la felicidad no es el dinero, y ni siquiera la salud, sino la integración social26. Se confirma la conclusión del clásico estudio del suicidio de Emile Durkheim de 1897: Las personas solas tienden a matarse27.

En la antropología y la biología encontramos más confirmación que el ser humano es un ser social quien encuentra su felicidad en su sociabilidad. Llamo para dar su testimonio a la catedrática de la Universidad de California Nancy Tanner. Ella es una antropóloga que se ha dedicado a estudiar la evolución biológica de la especie humana. Documenta con esmerado detalle cómo han llegado a existir los rasgos distintivos del cuerpo humano, como los son, por ejemplo, la garganta y lengua con su capacidad para vocalizar palabras, las hormonas con funciones sociales, y las facciones de la cara. El cuerpo humano tiene características especiales que no son comunes a otros mamíferos. Es un cuerpo biológicamente programado para ser culturalmente programado. La especie humana ha evolucionado, ha florecido, y ha prosperado por ser una especie social y cultural. Por la cultura ha podido cooperar. Los animales culturales, o sea nosotros, hemos podido cambiar nuestro comportamiento de acuerdo a las demandas del medio ambiente en forma mucho más rápida que los cambios de comportamiento producidos por la mutación y la selección natural. Somos capaces de asumir los compromisos solidarios de una cultura solidaria por las energías profundas generadas en nuestras células, órganos, nervios, huesos, sangre, y músculos28.
Actitudes Básicas de la Economía Solidaria.

Con el apoyo de las susodichas gotas recogidas en calidad de botones de muestra de lo que enseña un mar de evidencias acumuladas por las ciencias, podemos afirmar que la solidaridad es una opción real. Aunque no sea el destino inevitable de cada ser humano, es una opción de vida coherente con lo que es el ser humano –no solamente con un ideal abstracto de lo que debemos ser sino también coherente con lo que concretamente somos. La solidaridad es posible debido a características de nuestra especie ampliamente documentadas por la investigación científica. Francisco no se equivoca cuando afirma la existencia de la alegría de servir.

Se puede desglosar la solidaridad en dos actitudes básicas, una que se refiere a las relaciones entre personas, y otra que se refiere a las relaciones entre personas y cosas.

La actitud de SERVICIO. Una opción solidaria implica una relación solidaria con las personas. Aplicado al sector de las empresas privadas con fines de lucro, este principio ha sido expresado por Peter Drucker en las palabras siguientes: “El propósito de un negocio es aportar un bien y un servicio económico. Esta es la única razón por lo cual los negocios existen. No aguantaríamos esta complicada, difícil, y controvertida institución si no fuera por el hecho que no hemos encontrado mejor manera de abastecernos con bienes y servicios económicos en forma productiva y eficiente. Que sepamos nosotros, ningún camino mejor existe. Pero es su único justificativo, su único propósito”29.

La actitud de ADMINISTRACION. Una opción solidaria implica la administración solidaria de las cosas. Si aceptamos que la especie humana se caracteriza por una fuerte tendencia hacia la cooperación, entonces tenemos que aceptar también una tendencia hacia la cooperación en las relaciones entre las personas y las cosas. Las distintas tradiciones culturales han creado distintas mitologías y normativas en este sentido; por ejemplo en ciertas tradiciones africanas se atribuye el dominio de la tierra a los ancestros, dejando a los vivientes el uso equitativo de tierras que en principio no les pertenecen30. En la tradición cristiana occidental ha sido central la doctrina de Santo Tomás de Aquino, quien a su vez se apoya en Aristóteles. Dios ha dado a todos los bienes de la tierra (en el texto anterior de Aristóteles, la naturaleza los ha dado a todos31). Sin embargo, hay razones a favor de la propiedad privada. Primero, los seres humanos suelen evitar el trabajo por el bien de la comunidad y se motivan más cuando el trabajo les rinde beneficios personales. Segundo no cuidan bien lo que es de todos. Tercero, reglas claras definiendo los derechos de propiedad de cada quien evitan los conflictos y promueven la paz. Por lo tanto es conveniente que los individuos tengan la administración de bienes propios, pero a la vez es fundamental que ellos reconozcan el deber de administrar aquellos bienes bajo su dominio con la finalidad de servir a los demás en el espíritu del amor que constituye la vida del alma32.

En 2013 Francisco actualiza los criterios de Aristóteles y de Santo Tomás:

La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la pro­piedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde33.
En el binomio actitud de servicio/actitud de administración, se puede identificar a su vez lo que San Alberto Hurtado llamaba “actitud social”. Escribe el santo chileno:
Un gran principio bien comprendido es el fundamento de una doctrina moral y permitirá a quien lo asimile resolver por sí mismo las dificultades que se presentan o por lo menos –si el problema es muy complicado—formará en él un estado de ánimo que lo preparará para recibir la solución; le dará una simpatía espontánea por la verdad, una connaturalizad con el bien que lo dispondrá a abrazarlo, creará en él una actitud de alma que es mucho más importante que la ciencia misma.
Cuando esta actitud existe, la discusión se facilita enormemente, la verdad penetra sin tropiezos, las resistencias se ablandan o se deshacen.
Por eso antes de entrar a estudiar los problemas y mucho antes de hablar de reformas y de realizaciones es necesario crear en el alma una actitud social, una actitud que sea la asimilación del gran principio del amor fraternal”34.
Sugiero que semejante actitud social, una actitud de servicio y de administración, fundamenta la economía solidaria (pensada como la economía entera y no solamente como el refugio de los pobres) y la organización ilimitada, siendo la organización ilimitada un criterio que acoge la flexibilidad de las instituciones, siempre que sea aquella flexibilidad al servicio del bien común35. El hecho de tener una meta clara –la de atender a las necesidades de cada quien en armonía con la naturaleza más la firme intención de cooperar para lograr la meta, ya implican la pluralidad ilimitada en las acciones realizadas para lograr la meta. Implica la flexibilidad de las instituciones. Descarta cualquier camino único que pretende ser siempre válido en todos los tiempos y en todos los lugares.
Dicho lo que acabo de decir, surgen inmediatamente tres dudas:

1. Aunque bien pueda ser que vista desde una perspectiva histórica larga la cooperación humana ha asumido muchas formas, y aunque en el plano teórico sea correcta una apertura pragmática a la flexibilidad de las instituciones, hay quienes dicen que en los hechos la historia ha terminado y con ella la flexibilidad. Dicen que nuestra especie ha aprendido que existe un sólo marco normativo legítimo. Es el marco normativo del binomio capitalismo y democracia.

2. Si en verdad la alegría de servir sea el dinamismo de la verdadera realización personal, ¿No habría que matizar las palabras de Michael Kalecki citadas arriba al comienzo? Según Kalecki a nivel técnico existe un consenso sólido entre los economistas que el pleno empleo y por consiguiente mejores sueldos son factibles. El obstáculo es político. Si los capitalistas dejan de invertir, hay una crisis. Por eso ellos detentan el poder real, sean lo que sean las apariencias. Si el gobierno aprende a conjurar las crisis por sus propios gastos lo que tendría que hacer para garantizar el empleo pleno los capitalistas perderían su poder de vetar cualquier política pública que socavara su confianza. Por eso los capitalistas se oponen. Se avalan del discurso de “disciplina fiscal” para achicar el gobierno y así mantener su dominio. Pero si el veredicto de la psicología, de la sociología, de la antropología, y de la biología es que el ser humano es un animal cooperativo, la actitud de los capitalistas no debe ser tan reacia a renunciar a alguna fracción de su poder económico en aras del bien común.
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