Homo televisoris



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HOMO TELEVISORISS

ALFREDO MOFFATT Publicado en febrero 1979, publicado en VIGENCIA


Pensamos que el televisor condiciona la comunicación unidireccional (no hay diálogo, el aparato habla y no escucha) Por lo tanto induce a pasividad psicológica Las modalidades de programación, debido a la competencia inter-canales, estimulan siempre el interés en el próximo programa con imágenes fuertes, creando así el "gancho" adictivo. Esto se aumenta por la reiteración y la monotonización del mensaje que produce condicionamiento y crea un estado de autosugestión.

El "conectarse" durante horas al televisor empobrece las relaciones dialogantes con personas reales y favorece el encierro, el tele-adicto queda cada vez más a merced de su "caja mágica" que se convierte en una extensión de su actividad psicológica, pues no necesita pensar, sólo incorpora pensamiento ya digerido. Esta "papilla mental" está preparada cuidadosamente por el poderoso sistema del supermercado de la imaginación.

Para analizar las consecuencias psicológicas que produce el uso sostenido de este medio de comunicación (que en realidad no comunica sino que distrae) vamos a terminar de describir sus características técnicas:

1) Emite mensaje y no recibe respuesta (inhibe el pensar).

2) La emisión es en tira continua, un programa está eslabonado con otro, no hay solución de continuidad que permitan desconectarse psicológicamente y elegir si se sigue viendo o no el cine, al contrario es un entretenimiento con principio y final.

3) Por ser un emisor visual con banda de sonido, capta casi un 80% de la recepción de información del televidente, pues excluye sólo los sentidos más primarios, que son el olfato, el gusto y el tacto. A esto se agrega la vibración luminosa del barrido electrónico que en la penumbra produce relajación muscular y crea las condiciones de una auto-hipnosis además sabe más que papá, Pero ya hemos visto que este "papá‑electrónico", aunque le enseña el mundo de afuera (que es la tarea M padre en todas las culturas), se lo enseña ilusoriamente, No como experiencia corporal activa sino como estimulación visual pasiva. El niño no aprende actividades fundamentales para sentirse vivo: el comprometer el cuerpo, el hacer cosas, el razonar y elegir.


Patología

Es de hacer notar que si exageramos esta situación, en el límite lleva a una deformación mental que coincide con las características del brote esquizofrénico juvenil que son: un exceso de fantaseo abstracto (lenguaje visual), pasividad extrema (ausencia del cuerpo) e inversión del cielo del día (encierro fóbico en la penumbra). Si empleamos una metáfora, el joven esquizofrénico es equivalente a alguien que fue tragado por su televisor y queda encerrado en su pieza.

Ya en este caso la serie televisiva está sustituida por su delirio psicótico (que a veces no son tan distintos, especialmente en las series infantiles de marcianos).

Hasta ahora hemos analizado la modalidad comunicacional (el cómo del vínculo), Ahora vamos a tratar el contenido de los programas (el qué se dice). Consideramos que los programas se pueden categorizar en dos grupos:


1) Los que nos meten en el mundo de lo traumático paranoide, miedo y agresión. Está formado por las series y las películas, donde el material visual es muy movilizante, especialmente en las series policiales nocturnas. Las imágenes son pesadillezcas, oniroides; callejones oscuros, sombras, persecuciones, saltos, caídas, sangre, que movilizan ansiedades paranoides (Kojak, Mujer Policía, Calles de San Francisco, F.B.I., SWAT, etcétera), Actualmente casi la totalidad de la programación tiene que ver con el ataque y la elaboración de la inseguridad psicológica, El otro grupo de series es más suave, rural, de grupo de compensatoria: son las series de cowboys donde más que elaborar miedos, nos compensan ilusoriamente del encierro urbano y las reglas sociales, Nos identificamos con el vaquero que corre velozmente, sin saco ni corbata y sin semáforos.

2) Los que proponen sustituir funciones sociales (ver hacer en vez de hacer). Por las condiciones de atomización social y las exigencias de trabajo y vivienda se generan pequeños grupos familiares aislados y también gran cantidad de gente que vive sola. Por todo esto aparece en la sociedad urbana la soledad como problema. Las funciones sociales tales como compartir la comida, pasar una tarde familiar y en los niños jugar en grupo, se hacen difíciles. El vecino de al lado es muchos veces un desconocido. De este modo se han consagrado programas que dan la solución ortopédica y se puede comer, entretenerse y jugar por delegación, por transferencia con los que en el televisor almuerzan con Mirtha Legrand. son felices los domingos jugando a las prendas con Orlando Marconi con o tienen con quien jugar en Patolandia. Pero en realidad lo que estuvo haciendo el teleespectador es pasarse todo el domingo encerrado en una pieza semi‑oscura, quieto, y sintiéndose más solo que antes, cuando finalmente apaga el televisor. Tal vez para que se comprenda esta capacidad de absorción que tiene el televisor, seria interesante compararla con otro canal masivo, la radio. Esta compromete sólo al oído, por lo tanto cuando propone una temática, charla, música o radioteatro, estimula la fantasía del oyente, permite que él imagine a partir del estímulo auditivo.



Pero no todo el que toma vino es un borracho y también el vino alegra la vida y nos hace olvidar penas; en este sentido el televisor puede ser algo im­portante, todo depende de la dosis. Si no caemos en la adicción, nos mantiene in­formados, nos trae dentro de casa la alegría de "Los tres chiflados" Y el sus­penso dramático de "Kojak". También en los momentos en que necesitamos “piantarnos" de la angustia cotidiana, una porción razonable de estas esquizofrénicas series, nos transporta al país de los héroes poderosos y nos permite relajar y elaborar esquizofrenia diaria.


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