Hombre normal



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HOMBRE NORMAL


El ser humano ha transformado su verdadera realidad humana en una realidad productiva, ha pasado de ser un hombre vincularmente afectivo natural, a ser un hombre productivo o laboral; de ser humano, ha pasado a ser trabajador. Trabaja para alimentarse, para disponer de una vivienda, de un medio de transporte o comunicación, ya sea el teléfono o el computador, pero su ferviente prioridad actual es el trabajo.

Trabaja para conseguir aquello que la naturaleza le ofrece de forma gratuita, pero como la sociedad ha creado en él, exigencias extraordinarias, trabaja para lograr esos excesos, por ejemplo: se puede descansar en el suelo y cubrirse con un saco de dormir, pero la sociedad indica que es mejor tener camas con un colchón de marca. Esa indicación social produce en el individuo la necesidad de trabajar para comprar el colchón de marca. En lugar de descubrir su verdadera naturaleza, observando y analizando lo natural, prefiere disponer de un título universitario o nobiliario, para lo que debe trabajar y trabajar. En lugar de sembrar vegetales comestibles en su jardín, trabaja para comprar la palmera publicitada en las revisas de decoración. El ser humano actual, es mentalmente débil en la superación de tentaciones y cae en ellas una y otra vez. Tentaciones, que en su desarrollo acaban en algunos casos transformándose en adiciones. Se es adicto a las costumbres, aunque no favorezcan en nada la normalización del ser. Adicto a dormir todas las noches, adicto a comer tres veces al día, adicto al futbol, al televisor, al celular, a la bebida, al rechazo del diferente, al reclamo, etc. etc.

La condición de ser humano, al ser ignorada, ha quedado en el olvido, se considera un ideal imaginario e imposible. Y se justifica su imposibilidad con el “todos somos distintos” o con el “cada uno tiene su ideal”, como si la naturaleza humana, fuese una suerte de elección particular. Y nos planteamos la pregunta: ¿Qué es lo que nos impide descubrir nuestra naturaleza humana? Al parecer es solo una la razón que justifica esta pregunta: lo que impide al hombre reconocer su verdadera naturaleza, es el eclecticismo en la versatilidad de información incierta, que confunde la conciencia del interesado en descubrirla. Lo que obliga a realizar un verdadero esfuerzo en el análisis de las constantes razones de que está compuesta la naturaleza humana. Ese es nuestro tema en este ensayo. Espero les sirva para aclarar un poco las ideas.



FUNDAMENTOS DE LO ESENCIAL Por Martin Soria
En la naturaleza de la Creación, existen dos categorías de aspectos fundamentales: 1-Inmutabilidad y 2-variabilidad.

Lo inmutable o incambiable y lo cambiable o variable, se complementan en la unidad. Lo incambiable es constante, confiable y conectivo; lo variable es inconstante, impreciso y diverso, por lo tanto, lo inmutable es previsible y lo variable es imprevisible.


Lo Incambiable Lo variable

Constante firme inconstante débil

Confiable absoluto impreciso relativo

Conectivo conciliador diverso inconciliable



Previsible imprevisible
En la naturaleza humana existen razones constantes y razones variables. Todo humano saludable es libre, autónomo y responsable, crece, tiene la capacidad de reproducirse y ejerce el control o dominio sobre sus decisiones. Se alimenta, respira, huele, oye, ve y camina; siente, comprende y es creativo, estos son aspectos constantes en la naturaleza humana. Y los aspectos variables son aquellos que tienen que ver con sus opciones, sus convicciones y sus experiencias; unos crecen más altos o más bajos, más gordos o delgados; se reproducen con más o menos hijos. Y dominan más o menos sus habilidades.

Tanto la inmutabilidad de lo incambiable como la variabilidad de lo cambiable poseen categorías de cantidad y calidad, tienen un máximo y un mínimo. La libertad puede optar por lo que es válido para uno, por lo que es válido para un grupo, o por lo que es válido para todos. La autonomía puede ligar con la justicia del criterio personal, del criterio grupal o del criterio natural. La responsabilidad puede cumplir necesidades morales, éticas o estéticas. Se puede ser responsable del cumplimiento del deber de ser mejor, de cumplir con las responsabilidades familiares o de cumplir con las responsabilidades sociales naturales.

En lo invariable y en lo variable, existe siempre un máximo. El máximo es siempre utópico inalcanzable, pero motivante.

Hay gente que baila pero Baryshnikov solo hay uno.



Hay gente que canta pero María Callas solo hay una.

Gente que toca el piano pero Frederick Chopin solo hay uno.

Hay gente que esculpe pero Miguel Ángel solo hay uno

Hay gente que pinta, pero, Antonio López solo hay uno.
Caminar hacia el horizonte, pareciera ser utópico porque nunca se alcanza; el horizonte camina siempre en la distancia y avanza en paralelo con nuestro caminar, pero ese horizonte que nunca se alcanza es el que nos motiva a caminar.
Lo variable es múltiple, se encuentra en la diversidad; es retornable, ocurre una y otra vez. Es abstracto, solo se establece en fragmentos, no en la totalidad y en ocasiones es absurdo, paradójico, ilógico o desatinado.

Lo invariable es único, se encuentra solo en esa cualidad, en ese momento y en ese lugar. Es concreto, lógico, justo y máximo. Es la cualidad máxima posible del ser.
Hay gente que quiere bailar, esculpir o pintar por diversión y gente que quiere ser artista, por vocación. La diferencia entre uno y otro, radica en su determinación. Del artista vocacional surge una fuerza pasional que lo motiva a superarse sin sentir el sacrificio del esfuerzo. Del artista por diversión, surge una fuerza en cada esfuerzo a superarse que lo priva de divertirse y lo motiva a retirarse. El arte es únicamente para quienes tienen solo una meta: “Lo Supremo” y esa meta, les permite superarse.

Lo supremo es producto del máximo esfuerzo, la máxima concentración, la máxima determinación. Sin esa actitud de realizar el máximo esfuerzo, la máxima concentración y la máxima determinación no se logra lo supremo. Por lo mismo, no se logra la meta de ser artista.
La frase: “todo cambia” es solo una frase cliché, no es cierta La frase correcta es: ¡No todo cambia! Cambia lo variable, pero no lo inmutable.

La “ciencia” o, mejor dicho, algunos científicos, nos han llenado la cabeza de frases sin sentido, como esta de que “todo cambia” que, por ser mil veces repetida, se tiende a asumir “cierta”, pero no lo es. ¡No todo cambia! Si cambiase todo, las matemáticas o la geometría no existirían. ¿Cómo justificar una razón matemática o geométrica si cambia? Si todo cambia, la hipotenusa de un triángulo rectángulo no sería igual al cuadrado de la suma de los catetos, ni la circunferencia sería 3,14 veces su diámetro, ni la tierra giraría alrededor del sol, ni tantas cosas más, por eso, ¡no todo cambia! Pero si se asume que todo cambia, también se puede asumir que todo es relativo. Una cosa lleva a la otra. Y, ¿qué es relativo? Si por relativo se entiende que es algo que, es al mismo tiempo y en el mismo lugar bueno y malo, cierto y falso, satisfactorio y frustrante, ¿cómo es eso posible? Algunos justifican esto con una ingeniosa salida: “es que lo que es bueno para mí, puede no ser bueno para otro”. ¿Por qué digo que es ingenioso? Porque están eliminando el -mismo- de la pregunta. Ahora, lo bueno para mí, aquí, no es bueno para el otro, allí; no ocurre en el –mismo- momento ni en el -mismo- lugar. Nos ponemos frente a dos apreciadores y claro, a uno puede no parecer bueno lo que al otro le parece. Pero en ese caso, el valor de lo bueno, no cambió, solo tenemos dos apreciadores distintos. La visión distinta puede hacer que se reconozcan dos cosas diferentes, aun siendo la misma cosa y sin que esta varíe. Por lo tanto, no es que lo apreciado sea bueno y malo al mismo tiempo y para la misma persona, sino que para uno es bueno cuando lo aprecia y para el otro es malo cuando lo desprecia. Pero la calificación de cada uno, de lo bueno y lo malo, no varía la propiedad de que el objeto apreciado sea siempre bueno para todo el que lo aprecia y siempre malo para el que lo desprecie. Esa cualidad de ser, es constante, mientras que la evaluación de bueno o malo es variable.

¿De dónde surge lo bueno o lo malo? Lo bueno o lo malo, no existe contenido en el objeto apreciado o despreciado, la calificación de bueno o de malo, es emitida por el juez o sujeto que aprecia o desprecia al objeto. Cuando lo aprecia, indica que el objeto es bueno y cuando lo desprecia, indica que el objeto es malo, pero el objeto no cambió. Luego, el objeto no varía, ni varia la apreciación o desprecio. El sujeto que aprecia valora o valida al objeto y el sujeto que desprecia, invalida al objeto. No puede validar e invalidar lo mismo, al mismo tiempo, el mismo sujeto. El principio de no contradicción nos dice que un mismo significado, no puede ser y no ser al mismo tiempo. Además, el principio del tercero excluido, nos dice, que entre el ser y no ser de un significado, no existe un tercero intermedio. Las medias tintas no existen en la verdad. Toda intención persigue una sola dirección. La solución a cualquier problema es solo una: aquella que lo resuelve. La conclusión de cualquier proyecto es solo una, aquella que lo cumple. El cumplir, el resolver o el solucionar siempre vale para solucionar, resolver o satisfacer esa necesidad.

Por lo explicado comprendemos que el valor no cambia, siempre vale, siempre complace, así como el desprecio siempre rechaza. Nadie puede unirse con lo que desprecia, o apreciar despreciando, ni puede ser satisfecho con lo que odia.

El valor siempre complace, nunca cambia. Por lo tanto, ¡no todo cambia!

Podemos cambiar la forma del oro, pero no su oxidación, porque no se oxida. La no posibilidad de oxidarse es su característica inmutable y lo variable es la forma que podemos darle al oro a nuestro antojo.

El valor contiene la dualidad de ser inmutable en tanto a que se debe establecer y su establecimiento siempre complace, esa cualidad del valor es absoluta, pero es variable en intensidad, puesto que las cosas complacen mucho o poco o se deben de lograr metas individuales o globales, máximas o mínimas. Pero en ningún caso, se puede justificar que el valor sea relativo, en el sentido de que posee al mismo tiempo y para la misma persona la cualidad de agradar y desagradar.

Quien dice que todo es relativo y todo cambia, se declara a si mismo imprevisible, porque al ser parte del todo, está afirmándose cambiante. Una razón que se declara cierta y falsa al mismo tiempo no merece confianza.

El intelecto humano no está capacitado para reconocer lo falso, lo desprecia. ¿Cómo podría entonces alguien, afirmar que una verdad puede ser falsa al mismo tiempo y en el mismo lugar?

DIVERSIFICACIÓN DE LOS SIGNIFICADOS

El hombre originario, o primeros padres de la humanidad, no disponían de dos o más nombres para sus significados, cuando calificaban algo o lo nombraban, lo calificaban con una sola palabra. ¿Para qué complicarse o confundirse con dos o más nombres para la misma cosa? Si una cosa hubiera tenido dos nombres se confundirían en extremo, no podrían comunicarse. Eso les permitía comprenderse y confiarse con facilidad. Cuando se juntaban sentían una sensación de complacencia, a esa sensación la denominaban, pongamos por ejemplo: “felicidad”. En ese círculo familiar único en ese entonces, todos entendían que el significado de felicidad era la complacencia o el sentirse bien. No existía otra palabra para esa sensación, por lo tanto, era fácil entenderse. Y cuando crearon un lugar habitable, lo llamaron –casa- y eso era comprendido por todos ellos como lugar habitable.

Pero, al parecer, estos primeros ancestros humanos, se separaron y los descendientes comenzaron a llamar las cosas a su modo, lógicamente, distinto al modo de los otros marginados. Y la historia de las separaciones continuó y continuó, hasta nuestros días.

Ahora tenemos tantos nombres para la misma cosa, que nos resulta imposible comprendernos los unos a los oros. Los españoles llamamos casa a la vivienda, los ingleses la llaman house, home, dwelling; los alemanes lo llaman: haus. Los checos lo llaman dum. Los franceses maison. Los irlandeses theach. Los islandeses husio. Y podéis comprender la cantidad de idiomas que existen con nombres distintos para cada cosa.

Esta multitud de nombres, impide la comprensión de los significados, porque el tipo de casa en cada nación también es diferente. Las casas de las planicies, suelen ser de ladrillo o barro o adobe. Las casas de cordillera, suelen ser de piedra con techo de pizarra, las casas de los bosques suelen ser de madera y allí donde dispongan de madera piedra y barro, son casas que integran todos esos materiales, por lo mismo, no podemos comprender con precisión, a qué se refiere cada uno con el término casa, entendemos lo esencial del termino: “lugar habitable”.

La comprensión de lo fundamental, en un medio ambiente saturado de explicaciones y significados diversos es muy difícil, por eso, Descartes recomienda la duda y propone un método de análisis para la comprensión del juicio justo.

En la actualidad, los significados de libertad, felicidad, amor, sexo, éxito, talento, educación, salud o enfermedad, son abstractos, sin fundamento que los justifique. Por eso se establecen las polémicas diferencias de opinión, que finalmente generan reclamos, acusaciones o rupturas y enfrentamientos por la defensa de las mismas.

Quien carece del juicio justo, no dispone de la razón.


Imaginemos ahora el significado de felicidad, si existe la felicidad, ha de existir una máxima felicidad. Y para eso, debemos diferenciar las experiencias de felicidad.

Existen tres categorías de felicidad. Primero debemos definir la felicidad con un adjetivo más concreto, podemos estar todos de acuerdo en que se siente la felicidad cuando algo nos complace, pero podemos sentirnos complacidos en tres aspectos fundamentales: nos complace una sensación, un conocimiento o un bienestar. Si alguien nos atiende, nos complace, si alguien nos entiende, nos complace y si alguien nos respeta, nos complace, luego existe un tipo de felicidad emocional, un tipo de felicidad intelectual y un tipo de felicidad conductual. La felicidad es una sensación que se desprende de la conquista de lo esperado. Pero existen esperanzas cotidianas y esperanzas fundamentales; esperanzas intrascendentes y expectativas trascendentes.

No es lo mismo la máxima felicidad infantil que la del adolescente, la del padre o del abuelo. Pensemos en cual puede ser la máxima felicidad infantil. Podríamos decir, que la máxima necesidad infantil, va a depender de cada niño, pero todos los niños tienen una misma máxima felicidad infantil. Lo primero que se nos viene a la memoria es el regalo. A los niños les gusta recibir regalos, juguetes, bicicletas, patines, juegos etc. Pero, ¿sería feliz un niño con juguetes y sin hermanos? ¿Podría jugar sus juegos competitivos sin alguien con quien competir? Un hermano proporcionaría más felicidad a un niño que un juguete, pero, ¿si no tiene padres a quienes contarles que ganó en su juego o quienes le proporcionen los juguetes? No podría jugar con esos juegos, luego, la felicidad máxima del niño proviene de los padres.

Y ¿Cuál sería la máxima felicidad del adolescente? El adolescente entre los 12 y 18 años compite en sus juegos, pero, además de sentirse feliz con las victorias y logros que sus padres admiran en él, se siente también gratificado con el reconocimiento de sus amigos y en especial con el aprecio de sus complementos de género. Y cuando ha elegido su complemento particular, su pareja, lo que más le satisface es el reconocimiento de su pareja, incluso más que el reconocimiento de sus padres. Por lo tanto, la máxima felicidad del adolescente proviene del reconocimiento afectivo, intelectual y conductual de su pareja.

Y ¿Cuál sería la máxima felicidad de los padres? Si ya han logrado el reconocimiento de sus parejas, más que la satisfacción del éxito profesional entre sus pares, o la compra de la mansión o del Rolls Royce, lo que produce la máxima satisfacción a los padres, es el reconocimiento de sus hijos. ¿De qué sirve la mansión sin hijos que la disfruten? Michael Jackson era propietario de Neverland pero esa mansión solo causó la división entre los padres e hijos que la pretendían, Y ¿los logros laborales sin trascendencia? Muamar el Gadafi consiguió los máximos logros como líder libio, pero murió asesinado por los mismos libios.

Y ¿Cuál sería la máxima felicidad de los abuelos? Los abuelos se sienten muy felices con los nietos chicos, pero cuando los nietos logran madurar en el afecto por sus abuelos, los abuelos sienten el máximo de felicidad. No es lo mismo el nieto receptor que el nieto complementario. Cuando el nieto madura en el respeto y cumplimiento de su responsabilidad, cuando madura en la justicia de la razón que produce confianza y cuando madura en el afecto incondicional en atender, entender y estar atento a las necesidades familiares naturales, el abuelo se siente feliz con el nieto maduro.

Acabamos de ver distintas apreciaciones y significados de “felicidad”. Lógicamente el adolescente no puede comprender el significado de felicidad del abuelo, pero el abuelo maduro si puede comprender la máxima felicidad del adolescente. Luego, si el adolescente es inteligente, debería escuchar a sus mayores en los significados de lo que no puede comprender por su edad y falta de experiencia. Eso no significa que el significado de la felicidad cambie, porque en todas las categorías complace, pero las diferentes categorías de desarrollo de los receptores, produce diferencias en la recognición de la complacencia que establece la felicidad. Pero existe una máxima felicidad insuperable y esa es el producto del establecimiento del vínculo maduro intrafamiliar. El afecto, la confianza y el respeto entre amigos es complaciente y uno se siente feliz con los amigos; el afecto, la confianza y el respeto entre hermanos produce complacencia en la confraternización. El afecto, la confianza y el respeto entre marido y esposa, produce complacencia en la conyugalidad y se siente feliz; el afecto, la confianza y el respeto entre padres e hijos, produce complacencia en la filio-paternidad. La máxima felicidad, resulta de la sumatoria de todos ellos. El amado, confiado y respetado por los amigos, hermanos, cónyuges y padres, es quien posee la máxima felicidad.
Analicemos el significado de libertad. Libertad es un término muy usado a la hora de defender un pensamiento, una opinión o una acción. Se pensó, se dijo o se hizo, porque se dispone de libertad, pero si observamos con cuidado, qué es lo que se pensó, se dijo o se hizo, en todo caso se eligió lo preferido. Llegamos al conocimiento que nos interesa porque lo preferimos por sobre lo que no nos interesa. Se dijo la palabra que se dijo porque se eligió de entre otras y se prefirió decir esa palabra. O, se hizo lo que se hizo porque se eligió de lo que se podía hacer lo que se prefirió. Por lo mismo, libertad, no solo es la capacidad de optar, también es la propiedad de elegir lo preferido.

Cuando expongo esta particularidad de la libertad, suelen surgir algunas discrepancias. Algunos dicen que hacen cosas que no prefieren, o que dicen lo que no quisieron decir o que pensaron lo que no querían pensar, pero: ¿cómo es eso posible? Es lógico que existen actos reflejos que no decidimos conscientemente, y que son respuestas instintivas, por ejemplo, en las situaciones de peligro en las que opera el instinto de protección, pero la decisión en esos casos proviene de la naturaleza que prefiere la supervivencia por sobre el daño. Tanto la naturaleza de la creación, como la naturaleza humana, disponen de preferencias en el acomodo de los extremos o carencias. Claro que a eso no se le denomina libertad, se le suele llamar ecología, biología, o procesos naturales. Pero el ser humano que piensa, que se comunica y que actúa, utiliza su libertad.

La respuesta común al significado de libertad es que es “hacer lo que da la gana”. Y aquí es donde quiero ahondar. ¿Cuándo no se hace lo que da la gana? Y ¿qué significa lo que da la gana? ¿Cuándo la gana de lo que hacemos, decimos o pensamos, no es lo que se prefiere? Llevo varios años investigando esta pregunta y no logro encontrar ni una sola ocasión en la que se opte por lo que no es preferido. Algunos dicen que hacen muchas cosas que no quieren hacer, pero cuando se les pregunta, ¿por qué lo hiciste? Responden que porque no tenían otro remedio. No tener otro remedio significa que no tenían otra opción mejor. ¡No significa que no lo quisieran hacer, porque se hizo!. Pero, ¿por qué se hizo? Porque no existía otra posibilidad y esa posibilidad determinó la voluntad a hacerlo. Y esa posibilidad era la preferida. No nos gustan muchas cosas, pero cuando las hacemos, nos determinamos, consciente o inconscientemente a hacerlas. Nadie, en su sano juicio, quiere dañar, mentir o matar a nadie, pero, cuando se determina la voluntad a agredir, mentir o apretar el gatillo, aunque cabe la posibilidad de que quien recibe el impacto de la bala, muera y antes o después pensemos que no lo queremos hacer; al disparar estamos optando por esa alternativa por considerarla preferida. Apretar el gatillo es una opción en la que opera la libertad.

Libertad entonces es la capacidad de optar. Podría definirse de este modo: “libertad es la capacidad de optar”. Pero, si cada uno opta por lo que quiere, se encuentra con muchas contrariedades derivadas de la capacidad de optar de otros por lo que estos quieren. Optar por lo que se quiere, cuando lo que se quiere no concuerda con lo que se debe, la obstrucción a la justicia penaliza la elección con el castigo del reclamo, acusación o rechazo del resto, no beneficiado con tu opción. Si se quiere oír la radio, porque tocan una canción que nos gusta y al otro no le gusta, nuestra libertad de optar no nos funciona. Entonces, ¿cuál sería el verdadero significado de libertad? Si defendemos la significación: “libertad es meramente la capacidad de optar, nos daremos cuenta de que no funciona. Pero si le añadimos algo, seguramente sería una definición más apropiada. Digamos que libertad es la capacidad de optar por lo que es siempre válido para todo. ¿A quién perjudicaría aquello que es válido para todo? A ¡nadie! Eso es: ¡a nadie! Aquello que es siempre válido para todo ¡no perjudica nunca a nada! Esa es la verdadera libertad. Así podemos deducir que el significado de libertad es: “Libertad es la capacidad de optar -por lo que es siempre y para todo- válido”. El camino del desarrollo de la comprensión del todo, comienza cuando abrimos los ojos al exterior, cuando superamos nuestro egocentrismo y comenzamos a pensar en los grupos familiares, tribales, comunales y sociales.


Vamos a ver ahora cuál es la fuerza más poderosa del universo. En el universo existen muchas fuerzas y energías y cualquiera podría opinar una u otra fuerza como la más poderosa, pero debe haber una que todos reconozcan superior, la más importante y poderosa. Unos piensan que es la fuerza de atracción, otros, que la fuerza centrífuga y si, ¡son potentes las dos! y sería muy difícil precisar cuál de las dos es más poderosa.
Lo importante es darse cuenta de que tanto la fuerza nuclear, como la fuerza de atracción, existen contenidas en la energía electromagnética que hace posible la acción y la atracción. Supuestamente, acción reacción son equivalentes, pero, ¿qué motiva el actuar de estas dos fuerzas? La acción es propulsora y la reacción es receptora, una da y la otra responde dando, pero tanto la acción como la reacción, operan por la unidad entre ambas, luego, la fuerza mayor es la unidad. Y en el caso de las conductas humanas, ¿Cuál es la fuerza mayor? La misma, la fuerza de la unidad. ¿Qué produce la máxima unidad en la naturaleza humana? Produce la reproducción. ¡La fuerza más poderosa del universo es la fuerza de la reproducción!

La reproducción de ideas, pensamientos o motivaciones, genera las necesidades, intereses o deseos por realizarlos. El deseo por la reproducción contiene dos aspectos: el espiritual custodiado por el celo y el físico custodiado por el instinto. El poder, la inteligencia y la sensibilidad esperan la unidad motivadora y ajustada a la naturaleza de la reproducción. Nos gusta reproducir sensaciones agradables, nos interesa conocer la justa razón de los significados y nos motiva el bienestar de lo que se declara bien hecho. La humanidad, así como el resto de las especies, existen para realizar una actividad reproductiva. Reproducen comportamientos constantes, actividades constantes y conductas constantes dentro de la diversidad de sus características individuales. Este comportamiento, en la especie humana es voluntario, porque dispone de la libertad para construirse o para destruirse, pero dentro del resto de las especies, que no dispone de esa capacidad para educarse responsablemente, lo realizan mediante el impulso del instinto de protección, conservación y reproducción. La especie humana dispone del celo emocional, intelectual y conductual supeditado al dominio de la conciencia.


Vamos a analizar el celo. Esta es otra palabra que todos creemos conocer pero, no todos lo conocemos a fondo.

La mayoría entiende que el celo es esa fuerza que surge cuando pensamos que vamos a perder a un ser querido, ya sea porque otra persona la está seduciendo o porque se nos va sin saber por qué. Pero lo que no saben todos, es que el celo es un servidor custodio de la unidad. El celo advierte de la posibilidad de perder la unidad, pero también opera para establecerla. Y no solo de la unidad en el afecto, también opera en la unidad del pensamiento y de las conductas. Existe un tipo de celo emocional que nos obliga a ligar y a proteger lo ligado. Existe otro celo intelectual que nos obliga a reconocer lo verdadero y a protegerlo y existe un tercer celo, el conductual que nos obliga a hacer las cosas bien y a proteger nuestros bienes. Lógicamente es el mismo celo, pero actúa en esas tres áreas, en la sensible, en la inteligente y en la creativa. Por ejemplo: cuando se ha creado algo bueno y viene alguien y lo desprecia, surge una fuerza extraordinaria dirigida a evitar esa descalificación o a defender la validez de lo creado. Esa fuerza es el celo. Cuando se tiene una idea considerada cierta y se nos desacredita, surge de nuevo esa fuerza extraordinaria para reafirmar lo que se considera cierto o para deshacerse del contrario. El celo instintivo de los animales es el servidor custodio de su unidad, es una poderosa fuerza inevitable que los une con su naturaleza. A nadie se le ocurriría pensar que cuando los perros entran en celo están obrando mal. Pero el celo humano es diferente porque opera en base a la libre opción de la conciencia humana y el individuo puede extremarse en el celo o reprimirlo a voluntad. En ambos casos el celo extremo se transforma en recelo.

El recelo, es el causal de los mayores trastornos de personalidad, porque provoca excesos o carencias. Por ejemplo: una madre celosa de sus hijos en extremo, recela porque teme la posibilidad de perderlos, de que la contraríen o de que se separen de ella y termina ejerciendo una sobreprotección extrema, convirtiéndose, de este modo en madre sobreprotectora. La sobreprotección, es un grave trastorno de personalidad que provoca mucho daño porque se origina en algo falso, en el miedo. El miedo no es real. Es distinto el sentido de protección del instinto que mueve el cuerpo frente al puñetazo del contrario para esquivarlo, que el miedo a enfrentarse al contrario, porque se piensa que le va a golpear. Le puede golpear o no, esas son solamente posibilidades, no realidades, por lo tanto el miedo es falso y eso, hace que el afectado por el temeroso reaccione de forma anormal.

La arrogancia es otro extremo intelectual receloso que surge en la defensa del conocedor. Curiosamente el arrogante no defiende la razón, defiende su persona. Ante la posibilidad de que le consideren un ignorante y se menosprecie su persona, arroga del conocimiento, eso es un trastorno de personalidad. Se teme perder la integridad natural, porque se teme, se arroga.

La agresividad por la defensa del poseedor de las pertenencias, es otro grave trastorno producido por el descontrol del celo.

Quiero que les quede claro que el recelo es producido por el miedo, pero no por el miedo a perder al otro, a la razón o a lo otro, sino por miedo a perder la integridad. Los trastornos de personalidad son una evidencia de la persona inmadura, insegura e insensible a las necesidades máximas globales. Para el insensible, los demás son adversarios, para el inseguro los demás son una amenaza y para el inmaduro los demás son inexpertos.


El celo extremo o recelo es el causal de la mayor parte de los delitos. Desde el celo por el ideal religioso, político o económico, hasta el celo por la integridad humana. Pero no debemos confundir el celo con los instintos, aunque funcionen en modo similar.

El celo es comparable al termostato que frente a una situación alarmante, se activa para proteger. Protección contiene dos aspectos importantes de conocer: uno, el de mejorar las condiciones para evitar una agresión y dos, mostrar al otro la defensa de uno mismo. Cuando se reúnen los recursos para evitar la agresión, el peligro o el dolor, el otro, en este caso el enemigo, no se siente amenazado, porque no conoce los recursos. Pero cuando el enemigo reconoce los recursos defensivos, se siente agredido por ello y surge en él la necesidad de defenderse. En ese caso, la defensa protectora del primero agrede la seguridad del segundo. Este fundamento ocurre en todo caso. Por ejemplo el sobreprotector que teme perder algo y hace alarde de su protección agrede al protegido. El arrogante que teme perder la razón y se impone ante el otro, lo agrede. El violento que amenaza con su fuera al contrario lo agrede. Las guerras surgen por el desconocimiento de este fundamento. La protección ha de realizarse en silencio, sin que nadie lo sepa.


Veamos que son los instintos. Instinto es otro servidor custodio, pero en este caso, de los procesos vitales. Mientras que el celo es el protector custodio de la unidad emocional, intelectual y motivacional, el instinto es el protector de los procesos vitales. Existe el instinto de protección, el instinto de supervivencia y el instinto reproductor. El instinto de protección alerta del peligro con una dosis de ansiedad o de angustia, dependiendo de, si se encuentra ante el peligro o dentro del peligro. Ante una situación peligrosa surgen –ganas- de protegerse, ya sea saliendo corriendo, espantándonos o gritando, esa fuerza se reconoce con el nombre de ansiedad. Pero cuando el peligro invade y nos encierra en él, se siente otra sensación distinta a la ansiedad, esa sensación es la angustia. Se ansia tener plata, cuando la cuenta bancaria está a punto de traspasar los números rojos, pero, cuando se está en la línea de sobregiro, se siente angustia por no saber cómo pagar la deuda. El instinto de protección alerta del peligro, pero se debe distinguir entre peligro y riesgo. El riesgo es previo al peligro. Diariamente se corren riesgos al trasladarse en el auto, o al pasear por sitios peligrosos y en esos riesgos, no surge la ansiedad en una escala de protección extrema. Surge y nos alerta, pero no con la intensidad que aparece cuando se nos viene encima un auto o cuando vemos la pistola del que nos quiere agredir. Por lo mismo, podríamos decir que riesgo es el indicio de un peligro.

El instinto de supervivencia, nos indica cuando debemos alimentarnos, descansar o ejercitarnos. El cansancio despierta el instinto de mantenimiento o supervivencia y nos pide que descansemos. Lo mismo hace cuando estamos descansados y nos motiva a salir corriendo o a nadar en el verano frente a las altas temperaturas.



El instinto de reproducción nos motiva al encuentro con los complementos de género. El exceso o carencia en el acomodo de estos tres instintos produce trastornos. El instinto de protección excesivo puede desarrollar fobias, y la carencia del instinto de protección genera accidentes por imprudencia. El exceso del instinto de mantenimiento o de supervivencia en la alimentación puede producir bulimia u obesidad y la carencia, anorexia. Así como el descanso extremo deriva en la flojera y el ejercicio extremo en trastornos cardiovasculares. El instinto reproductor sin control, provoca la frivolidad, la lujuria, o la deslealtad e infidelidad a la pareja. Y la castidad impide la generación de la descendencia. Por lo tanto, los instintos, así como el celo, deben ser controlados por la conciencia.
Y ¿qué es la conciencia? La conciencia, distinta de la consciencia, que es: reconocer o estar en conocimiento de lo que se observa; conciencia es el rector custodio de la normalización humana. La conciencia se tiene y se desarrolla. Tenemos conciencia del afecto materno o paterno, pero se desarrolla el afecto paternal o maternal en el individuo con el paso de los años y la sensibilidad, conocimiento y experiencias establecidas. Un niño no tiene conciencia del máximo valor hasta no madurar en él. Pero si tiene el potencial de madurar. La conciencia de cada individuo tiene dos aspectos: la absorción de lo inmutable y la absorción de lo variable. Hay personas interesadas en lo inmutable y personas interesadas en lo variable, así como hay personas interesadas en lo universal trascendente y otras en lo personal intrascendente. El desarrollo de la maduración de la conciencia, va a depender mucho de la actitud de cada uno. Todo humano nace con el potencial de madurar, pero no todos maduran. Hay personas que maduran rápidamente y personas que maduran lentamente, todo va a depender de la actitud de cada uno. Se tiene conciencia del ser, conciencia del ambiente, conciencia social. Esa conciencia trinitaria del ser, de lo social y del ambiente es lo que se denomina sentido común. El sentido común de las personas es lo que les dice qué deben pensar, qué deben decir, que deben hacer, o qué tipo de comportamiento, pensamientos o conductas deben respetarse en la sociedad o cómo se debe mantener el equilibrio ecológico o medio ambiental. La conciencia es como el juez, que en base al conocimiento de las personas, juzga las cosas de un modo u otro. Pero el juez se debe a la ley y el individuo, cuya comprensión de las normas es deficiente, juzgará de modo equivocado, por eso, es muy importante que el ser humano descubra y comprenda las normas de la creación y la naturaleza humana, para que en consecuencia juzgue de manera acertada. Luego, la educación fundamental debería abogar por el conocimiento de las normas de la creación y de la naturaleza humana, por sobre el aprendizaje de tradiciones partidarias o conocimientos técnicos de matemáticas. La actitud del individuo ha de orientarse en el descubrimiento de las normas de la naturaleza, para crear una conciencia coincidente con la normalidad. Cuando se descubren los fundamentos de la totalidad, se puede juzgar la ubicación y función de cada porción de la que se compone. Cuando se conoce como está ordenado un puzle, se sabe dónde va cada pieza. La conciencia ha de ser consciente del orden global. Y para descubrirlo debe tener la actitud de comprenderlo.
Y ¿qué es la actitud? La actitud es una disposición a atender, entender o estar atento al descubrimiento, al conocimiento o a la responsabilidad que se ha de cumplir. Se tiene la actitud en función de las preferencias de cada uno, pero como antes dijimos, libertad es la capacidad de optar por lo que es siempre valido para todo y la verdadera actitud sería aquella que responde al beneficio de la totalidad. Aquello que es bueno, cierto y valido para todo, no perjudica nunca a nada. Luego, la actitud ha de ser siempre la de beneficiar a la totalidad de las especies. La actitud, como la conciencia, contiene dos propiedades, puede generar y ser generada. De la que genera se tiene control pero la que es generada cuesta más de controlar. Por ejemplo, la actitud de dar una patada al contrario del equipo rival es determinada por el autor conscientemente, pero la intención de protegerse de la patada generada por el agresor provoca una actitud mezcla de instinto de protección y voluntad defensiva. La actitud de atender puede ser voluntaria o provocada por una necesidad exterior. La actitud de entender puede ser originada por el interés o por la razón. La actitud de estar atento puede ser originada por una intención personal o por la situación exterior, por ejemplo una explosión o un temblor. La actitud es una disposición voluntaria, activada por una decisión personal o por la fuerza de las circunstancias.

El ánimo depende de la actitud del individuo. Si la actitud es motivada por una necesidad, un interés, o un deseo, anima a conseguirlo. Nos animamos a comer cuando tenemos hambre, a buscar amigos cuando nos sentimos solos, o a apagar el fuego cuando se nos quema el aceite de la sartén. La actitud anima.


¿Cuáles son las normas de la creación? Hemos mencionado que existen normas de la creación y normas de la naturaleza humana, pero en realidad, son la misma cosa. En la creación existe un fundamento esencial que se da en todo. Todo existe en una totalidad a la que denominamos –cosmos-. El cosmos es un orden y para que se establezca cualquier orden se necesita conectividad. (1) La conectividad es la regla fundamental del universo. Todo existe conectado. Si todo está compuesto por parcialidades conectadas en él, la lógica nos indica que todo acto que sea contrario a la conectividad, es un acto también contrario a la totalidad de la creación. El resentimiento, el rebatir o el rencoroso rechazo, son conductas anti conectivas. Todo aquello que interfiere en la unidad entre lo particular con la totalidad, es antinatural. La conectividad es el centro motor de la industria cósmica. Pero para que se establezca la unidad o la conectividad es preciso de dos que se entregan a la unidad. A esos dos, se les denomina (2) dualidad interconectiva. La segunda norma de la naturaleza es que existe en dualidad conectiva.

El valor se compone del deber de conseguirlo y del derecho a disfrutar de la conquista. La humanidad, junto con el resto de las especies se compone, de la dualidad masculina y femenina; los átomos, están compuestos por la dualidad positivo, negativa. La dualidad que facilita la unidad existe en todo lo creado, frente atrás, arriba abajo, izquierda derecha, momentos en el tiempo, lugares en el espacio, todo exige de la unidad entre dos.

¿Qué nos indica esto? Que se debe respetar la dualidad natural y que se deben considerar siempre a ambos en toda evaluación. No se pueden exigir los derechos de los trabajadores, sin considerar también el beneficio de los emprendedores. No se pueden considerar los beneficios económicos sin considerar al mismo tiempo los beneficios de los trabajadores. Las respuestas necesitan siempre de preguntas. La dualidad obliga a considerar en igualdad de condiciones a los beneficios de las especies, así como los beneficios de la naturaleza. Uno y todo han de ser siempre beneficiados.

Curiosamente, la dualidad interconectiva obliga al centro que los une, por lo mismo, el (3) dominio sobre el centro es una norma constante e inmanente en toda relación. El activo retributivo se establece en base a la intención que espera ser satisfecha en toda acción. El centro del actuar es el valor. Toda actividad se justifica en la razón que la declara necesaria: justificación, satisfacción o beneficio, son el centro de la actividad. De donde se deduce que, todo actuar es motivado por el valor. En las relaciones humanas, de igual modo, deberían centrarse todas las relaciones que se establecen, en la conquista del valor. Pero el domino sobre el centro impreso en la actividad, obliga a rechazar aquello que no vale. Esto demuestra la existencia de una norma en la actividad, la de la repulsión a lo que no es considerado valido. (4) La norma de repulsión no significa que se rechace algo por agresión, no. Se rechaza porque solo motiva lo que vale. ¿Qué aprendemos de esta norma? Pues que se debe dejar a un lado aquello que no beneficia a todo. Otra norma que se encuentra en la naturaleza, es que las cosas no nacen maduras, el átomo es una sucesión de fuerzas, las piedras son asociaciones de átomos, las sustancias son una acumulación de moléculas, los cuerpos son compuestos de órganos y los cuerpos maduran a lo largo de procesos de tiempo y estructuras en el espacio. Esta norma del proceso de desarrollo, opera en tres etapas: etapa inicial, etapa intermedia y etapa final. Todo proceso implica inicio, medio y término. Lo que nos indica que en todo actuar existe implícita la norma del (5) proceso de desarrollo en tres etapas. De donde se deduce, que nada nace perfecto, y que todo proceso implica tres etapas, una de formación, otra de crecimiento, y maduración; por lo mismo, se deben respetar los procesos de desarrollo sin exigencias. Pero en cada proceso existen seis actitudes naturales. Antes de iniciarse cualquier proceso, se establece la separación entre lo estático y la actividad; pero para iniciar algo es necesario tener fe en su consecución. Para lograr cualquier conquista, es necesario establecer la unidad con esa pretensión, pero no basta con eso, también es necesario que se establezca la repartición entre lo activo y lo pasivo, o la división entre el sujeto y el objeto a conseguir. Y mientras se instituye la conquista, se establece cierta cautividad en el proceso de consecución. Y finalmente se produce una preparación para la unidad. A esta norma se la denomina (6) norma del número seis. De esta norma se desprenden los periodos de la historia de cada conquista.

La naturaleza cumple de manera constante y continua, siempre del mismo modo y porque cumple, decimos que responde a las necesidades máximas. Por lo tanto, la última de las normas de la naturaleza, es la norma de la responsabilidad. La (7) norma de la responsabilidad se establece en todo lo creado.

Una vez descubiertas y reconocidas las siete leyes fundamentales de la naturaleza de la creación, debemos asumirlas y cumplirlas todos los humanos, para establecer la normalidad de la sociedad. Hemos descubierto que la naturaleza opera en función de ciertas normas. Normas contenidas en el valor.

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