Historia verdadera del méxico profundo



Descargar 0,78 Mb.
Página1/7
Fecha de conversión16.08.2017
Tamaño0,78 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7



HISTORIA VERDADERA

DEL

MÉXICO PROFUNDO.



Guillermo Marín

A Santiago Beédxe

Y a todos los hijos de

Los hijos de los Viejos Abuelos.

Guillermo Marín Ruiz.

Derechos reservados.

www.toltecayotl.org

gmarinn@gmail.com

México. 2010.
Índice.
1. LAS CIVILIZACIONES MÁS ANTIGUAS DEL MUNDO. 4

2. PROBLEMAS PARA CONOCER LA HISTORIA DEL MÉXICO ANTIGUO. 7

3. LA CIVILIZACIÓN DEL ANÁHUAC. 16

4. EL PERIODO PRECLÁSICO O FORMATIVO. 20

5. LOS OLMECAS. 26

6. EL PERIODO CLÁSICO O DEL ESPLENDOR. 41

7. LOS TOLTECAS. 45

8. EL DESARROLLO DEL CONOCIMIENTO. 50

9. LA RELIGIÓN. 61

10. LA EDUCACIÓN. 77

11. LA FILOSOFIA. 95

12. EL COLAPSO DEL PERÍODO CLÁSICO. 137

13. EL PERIODO POSTLCLÁSICO. 141

14. LOS MEXICAS. 148

15. LA CONQUISTA. 167

16. LA COLONIA. 198

17. LA INDEPENDENCIA. 206

18. El Siglo XIX. 211

19. El Siglo XX. 218

20. UNA HISTORIA PROPIA NUESTRA. 223


Bibliografía. 23


  1. LAS CIVILIZACIONES MÁS ANTIGUAS DEL MUNDO.

Somos un punto pequeñísimo en el inconmensurable universo.



Se calcula que la antigüedad del universo es de 13,500 millones de años1 y la de la Tierra es de cinco mil millones de años2. La presencia del Homo Sapiens3, el abuelo más cercano al hombre contemporáneo en la tierra, es de aproximadamente 150 mil años. Para dimensionar la antigüedad de la Tierra y su relación con la del ser humano; podríamos suponer que si los cinco mil millones de años que tiene de existir el planeta fueran un año. El ser humano habría aparecido en ese año, el 31 de diciembre a las 23 horas, con 59 minutos. Es decir, que la humanidad es tan sólo un “instante”, en la vida de este maravilloso, espléndido y generoso ser vivo que es la Tierra. Sin embargo, en una millonésima fracción de segundo, es decir, en los últimos 50 años los seres humanos estamos poniendo en peligro de muerte a la misma Tierra por nuestra equivocada forma de vivir.
LAS SEIS CIVILIZACIONES CON ORIGEN AUTÓNOMO.
El origen de las civilizaciones más antiguas del planeta es de aproximadamente 10 mil años. La forma en que los especialistas fijan la fecha de aparición de una cultura es por la invención de la agricultura, ya que los seres humanos dejaron de ser nómadas cazadores-recolectores, para quedarse a vivir por generaciones en un mismo lugar y a partir de la observación y experimentación pudieron descubrir el milagro del cultivo de las plantas, la filosofía, la ciencia, las técnicas, el arte y la religión. En efecto, Egipto y Mesopotamia4 iniciaron los procesos de sedentarización e invención de la agricultura, aproximadamente 8 mil años a. C., después le siguieron con aproximadamente 6 mil años a.C., China, India, México5 y la Zona Andina6.
Civilizaciones originarias han sido Egipto, Mesopotamia, el valle del Río Indo y el de la cuenca del Amarillo en China. Fuera del Viejo Mundo sólo en Mesoamérica y en la región de los Andes centrales en Sudamérica nacieron civilizaciones originarias.

Casos como los de Grecia y Roma no son las de una civilización originaria. Grecia recibió la influencia de Egipto y, a su vez, Roma la de Grecia. A partir de los focos culturales de Egipto y Mesopotamia y luego Israel, Grecia y Roma, se desarrolló más tarde la que se conoce como la occidental o europea.” (León Portilla. 2010)
Estas seis civilizaciones son las más antiguas y sobre todo, con un origen autónomo; es decir, que ninguna otra cultura les aportó conocimiento alguno. Ellas lograron de manera autónoma, acceder, inventar y desarrollar todos sus conocimientos sin que nadie les enseñara nada. De esta manera, México inició su Desarrollo Cultural aproximadamente seis mil años a.C. con el descubrimiento de la agricultura, pero sobre todo, hay que subrayarlo, la invención del maíz, dado que logró niveles de conocimiento muy altos y sorprendentes, hasta el arribo de los europeos en 1519. En estos aproximadamente siete mil quinientos años de desarrollo autónomo, los Viejos Abuelos sentaron las bases de una de las civilizaciones más antiguas e importantes del mundo y nos legaron “Un rostro propio y un corazón verdadero”, que ha vivido en los hijos de los hijos de los Antiguos Mexicanos... nuestros Viejos Abuelos.
Aquí tendremos que hacer una observación, la civilización europea no esta entre las más antiguas del mundo y no tiene un origen autónomo, porque su desarrollo dependió de Egipto, Mesopotamia, India y China. Por lo cual y con propiedad, Europa no es -ni viejo, ni continente-, pues Europa forma parte del continente7 Euroasiáticoafricano.

2. PROBLEMAS PARA CONOCER LA HISTORIA DEL MÉXICO ANTIGUO.
Existe una nube contaminada, confusa y compleja que nos impide conocer la historia de nuestro pasado más antiguo. Entre los problemas que existen podemos citar por lo menos los siguientes:
1.- El cinco centenario colonialismo cultural, que condenó a los pueblos vencidos a perder su memoria histórica para poder dominarlos de manera permanente. Desde 1521 los que han detentado el poder, sean estos los conquistadores, colonizadores o criollos, en estos cinco siglos han desarrollado un complejo y eficaz sistema para que los hijos de los hijos de los invadidos-vencidos, pierdan contacto con sus antiguos orígenes y vinculen su pasado a la llegada de la cultura dominante. La cultura dominante ha nombrado a los siete mil quinientos años de desarrollo humano antes de la invasión con el título de “historia prehispánica”, es decir, a nuestros Viejos Abuelos les quitaron el nombre y ahora los llamamos “antes de los españoles”. Por la colonización no sabemos cómo se llamaban a si mismos, ni cómo le llamaban a esta tierra.
2.- Que se conoce muy poco de los dos primeros periodos (Preclásico y Clásico) en tanto que, cuando finalizó el periodo de esplendor del Clásico Superior, los centros de conocimiento y quienes los habitaban, desaparecieron misteriosamente sin dejar rastro y memoria concreta, destruyendo y enterrando, no solo sus impresionantes construcciones, sino fundamentalmente la sabiduría y los conocimientos que permitieron su esplendor.
3.- Que los mexicas en el período de expansión, mandaron destruir todos los códices importantes donde se mantenía la antigua memoria histórica del Cem Anáhuac8 y rehicieron la historia, en donde ellos aparecen como el pueblo elegido, a pesar de que desde la fundación de México-Tenochtitlán (1325) a la llegada de los invasores (1519) habían transcurrido apenas 194 años del último período llamado Postclásico y que es considerado como una etapa de decadencia de la civilización del Anáhuac; toda vez que degradaron y transgredieron la filosofía y la religión de Quetzalcóatl.
4.- Que cuando llegaron los conquistadores, exterminaron y destruyeron a casi todos los hombres de conocimiento y sus códices, centros de conocimiento, templos y toda huella de esta civilización hasta su aparente extinción del nuevo mundo español.
5.- Que los textos escritos durante el primer siglo de la invasión enfrentan los siguientes problemas: el náhuatl de aquellos tiempos era mucho más rico9 que el castellano, por lo que la traducción de muchas ideas y conceptos de carácter filosófico, científico, religioso, poético, por su grado complejo de abstracción del pensamiento indígena, resultó imposible de traducirlo y entenderlo en el primitivo mundo europeo que venía de La Edad Media. Los textos que escribieron, tanto los conquistadores, como los indígenas conversos, fueron escritos sin ningún rigor científico, en la mayoría de los casos, fueron alegatos para demostrar su participación y “sacrificios” en la conquista, y pedir a la Corona española su correspondiente pago o indemnización. Los misioneros que describieron las costumbres de los vencidos, eran para que las conocieran los hombres de la iglesia y pudieran evangelizar mejor a los vencidos.
La historia de la primitiva población de Anáhuac es tan obscura y está alterada con tantas fábulas (como la de los demás pueblos del mundo), que es imposible atinar con la verdad... Varios de nuestros historiadores que han querido penetrar este caos, guiados de la débil luz de las conjeturas, de fútiles combinaciones y de pinturas sospechosas, se han perdido entre las tinieblas de la antigüedad y se han visto precisados a adoptar narraciones pueriles e insubsistentes”

(Francisco Javier Clavijero. 1779)
El mito de los misioneros intelectuales que “defendieron” e investigaron la civilización invadida es desmentido por investigadores serios de la propia iglesia católica como el texto titulado “Flor y Canto del nacimiento de México”.
Hubo algunos -los menos- que, como Sahagún, dedicaron un cuidado increíble, digno del mejor antropólogo moderno, a conocer a fondo el mundo indio; pero esto no nacía de ningún aprecio por él, sino del deseo explícito y confesado de mejor destruirlo. [ El médico - declara al empezar su monumental obra- no puede acertadamente aplicar las medicinas al enfermo sin que primero conozca de qué humor o de qué procede la enfermedad... para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es saber cómo las usaban]. Actuaba ( Sahagún) pues, como un capitán de comandos al estudiar minuciosamente los planos de las instalaciones enemigas: no para admirarlas o copiarlas, sino para mejor destruirlas.” (José Luis Guerrero. 1990)
Los indígenas y su cultura representaban “la presencia real del demonio y del mal” para los europeos del siglo XVI y la justificación de sus atrocidades. También se tiene que pensar que los “informantes” de los misioneros, los hombres de conocimiento, ahora en calidad de vencidos, no iban a entregar toda su sabiduría a quienes ellos sabían, la querían desaparecer.
Para poder conocer otra cultura, otra cosmovisión, insistimos nuevamente que debemos aprender a percibirla desde la perspectiva de ella; de su cultura y cosmovisión.” (Carlos Lenkersdorf. 2008)
Finalmente en este aspecto diremos, que en los casos en que los misioneros valoraban desde otro punto de vista a la “diabólica civilización”, existía la Santa Inquisición y la burocracia real, quienes censuraban y destruían cualquier texto que pudiera poner en duda los dogmas que sustentaba a la iglesia y el “justo y legal” proceso de colonización por parte de España.
El caso más lamentable de esta cadena de censuras y represiones es el de Bernardino de Sahagún. En los cincuenta que Sahagún dedicó a la recopilación de su grandiosa suma de conocimientos de la cultura indígena, sucesivamente padeció la contradicción de los mismos frailes y de las autoridades eclesiásticas de Nueva España, el regateo de apoyos económicos para llevar adelante su trabajo, la dispersión de su obra y finalmente la confiscación, por mandato del virrey Enríquez, de todos sus papeles, los cuales se enviaron a España para ser examinados por el Consejo de Indias. Murió sin saber qué suerte había tenido la obra a la que dedicó sus mejores energías.

La requisa de la obra de Sahagún fue un acto ligado a la decisión de la Corona de impedir que el conocimiento del pasado indígena sirviera a intereses distintos a los suyos.” (Enrique Florescano. 1987)
6.- Que la mayoría de los textos del México antiguo que se escribieron a finales del siglo XIX y del XX, están escritos por extranjeros, con una visión de superioridad, con una fuerte dosis eurocéntrica y que siempre “nos han investigado por nuestras diferencias y no por nuestras semejanzas”, y desde un supuesto plano de superioridad cultural y como un botín científico.
7.- Que los occidentales siempre han comparado para su investigación a la civilización del Anáhuac con la civilización europea. Estudian y explican nuestro remoto pasado con el espíritu, la ideología y la visión de los europeos. Esto es un grave error, pues actualmente los descendientes de los pueblos originarios, los llamados pueblos “indígenas”, no comparten la visión del mundo y la vida, ni siquiera con los criollos y mestizos, que no entienden como estos pueblos no desean y buscan “el atesoramiento, la explotación de la naturaleza, la acumulación, la comodidad, el progreso material y la modernidad venida de fuera”; más aún, en los tiempos remotos de la conquista y la colonia.
Tal vez así llegue a admitirse que aquellos hombres no eran los “primitivos” adoradores de la lluvia, preocupados por la abundancia o la pérdida de sus cosechas, por la posible fertilidad de la tierra, sino que tenían un conocimiento metafísico de lo existente.

Un concepto del mundo que hiciera explicables sus cualidades de grandes matemáticos, astrónomos, ingenieros, arquitectos, escultores que, paradójicamente, le son reconocidas de manera universal.

Porque todos están de acuerdo en afirmarlo: los antiguos habitantes de Mesoamérica eran insignes ingenieros y arquitectos; allí están, demostrándolo, las difícilmente inigualables obras de los templos y las plazas edificadas, como por milagro, entre selvas o sobre cumbres vueltas en llanuras, en pantanos convertidos en tierra firme; allí la asombrosa utilización de los espacios y las masas, como en una música cósmica en que se alteran sin defecto los bloques de silencio con las armoniosas aberturas del silencio.

Eran, asimismo, incomparables matemáticos; así lo prueban sus cálculos, capaces de comprender la noción del cero, la mensurabilidad del movimiento, según las posiciones del antes y del después.

Eran, también se admite como indiscutible, poderosos astrónomos; la marcha de los cuerpos celestes, las leyes que determinan los avances y los retrocesos de los planetas, el cíclico progreso de las estrellas, las muertes y las resurrecciones de la luna, les eran del todo conocidos por la razón y por la experiencia; de modo que sus medidas del tiempo les daban la facultad de calcular, dentro de un calendario exacto y minucioso, fechas situadas en espacios ya ilimitados.

Nadie les niega la potestad de crear, en obras que más tarde se han considerado de arte, imágenes simbólicas o realistas de calidades supremas; el barro, la madera, el metal, la piedra, los colores manejados por ellos, han llegado hasta nosotros en multitud de objetos cuyos valores plásticos transmiten con cabal eficacia el testimonio de su voluntad de ser; eran pues, así se reconoce universalmente, magnos artífices, dominadores de técnicas que a la fecha no pueden aún explicarse cabalmente.

Se supone lícitamente que contaron con una sabia organización social, bien jerarquizada, sustentada en sólidos principios morales, de acuerdo con los cuales la vida en común se desenvolvía ordenada y segura.

Se sabe que hablaban lenguas copiosas con que se podían expresar conceptos de máxima abstracción; lenguas suficientes a contener, directa y metafóricamente, las finuras y la solidez del lenguaje de la ciencia, de la filosofía, de las manifestaciones poéticas.

Todo eso y más, que no sería fácil de enumerar aquí, se admite por todos como cosa evidente y probable.

Y todo eso se puede sintetizarse diciendo que se admite sin duda que los antiguos habitantes de Mesoamérica eran hombres sabios, capaces intelectual y moralmente, conocedores de sí mismos y del mundo que los acogía.

Sin embargo, cuando se trata de considerar la visión que ellos tenían de ese mundo y de sí mismos, los autores que lo hacen, casi unánimemente, los juzgan como salvajes rudimentarios, ocupados sólo en pensar la posibilidad de que la tierra fecundada por las lluvias les rindiera los frutos de que principalmente se alimentaban.

Bajo el pretexto de que constituían comunidades agrícolas, se les reducen todas sus fuerzas espirituales, la totalidad de sus concepciones religiosas y metafísica, a un primitivo afán de alimentación material que sería para ellos el núcleo y la periferia de su existencia.

Salvo algunas excepciones, en todos los autores se encuentra esta inexplicable oscuridad de juicio.” (Rubén Bonifaz Nuño. 1986)

Los brillantes y reveladores trabajo de gente como el Dr. Carlos Lenkersdorf nos enseñan que debido a la colonización los mexicanos nos hemos privado de acceder a una de las sabidurías más antiguas y exitosas de la humanidad. Lenkersdorf nos demuestra que tenemos que crear nuevas relaciones con los llamados pueblos y culturas indígenas del siglo XXI.


Lo aprendimos porque vivimos y trabajamos largos años con los maya-tojolabales, nuestros contemporáneos de Chiapas, que nos enseñaron su lengua y su cultura. Las aprendimos por una razón que nos parece importante explicar. Habiamos estudiado y enseñado en varios países de Europa y de este continente. Tuviemos maestros muy buenos que nos enseñaron mucho y a quienes respetamos hasta el día de hoy. Pero no se nos enseñó nada de los pueblos originarios en todas estas universidades…

Los tojolabales nos aceptaron y nos iniciaron en su lengua y su cultura por tres semanas. Lo hicieron sin libros, sin maestros preparados, porque no hubo ni los unos ni los otros. En efecto nuestros maestros fueron analfabetos…

>>Ustedes son los primeros que vienen con nosotros para aprender de nuestros. Aquí todos los que vengan quieren enseñarnos como si no supiéramos nada. Son maestros, médicos, funcionarios, políticos, extensionistas. Todos quieren enseñar.<<

Agregaron otro comentario. Notaron que tratamos de anotar lo que escuchamos de ellos. Vieron lo que jamás percibieron: su lengua escrita. Esta observación refutó lo que les dijeron: “su ´dialecto´ no se puede escribir por falta de letras”. Ambas observaciones subrayaron la relación desequilibrada entre la sociedad dominante y los pueblos originarios, en este caso, los tojolabales. Los indios se mantuvieron ágrafos y poco respetados, porque de ellos no se puede aprender nada. Los dos comentarios modificaron nuestro curso. Los tojolablaes fueron para nosotros, maestros y nada de indios ignorantes. Nos enseñaron lo que sabían y lo que nosotros no conocíamos. Las clases, además, se hicieron dialógicas, nosotros aprendimos su lengua y ellos aprendieron a escribirla. La relación acostumbrada entre los indígenas se cambió. Los tojolabales se transformaron en educadores y nosotros en educandos gracias a ellos. Un cambio que no se produjo por 500 años a excepción de contados ejemplos…” (Carlos Lenkersdorf. 2008)

8.- Que los textos recientes, escritos por investigadores nacionales siguen repitiendo y tomando como base, los errores de los extranjeros y fundamentalmente, pretenden abordar nuestro pasado a partir de los “objetos” (vestigios arqueológicos y fuentes documentales) y no incursionan a partir de los “sujetos” (la memoria histórica de los pueblos originarios y el aspecto filosófico-espiritual que los sostiene hasta nuestros días y que esta presente lo mismo en una estela, un códice, una vasija policroma, que en una pieza de Arte Popular contemporáneo, una tradición, una leyenda o una costumbre).


Para demostrar la posible falsedad de las fuentes documentales, bastaría con acudir a lo dicho por los soldados que describen lo que ellos mismos vieron. Allí resalta su incomprensión de aquello que ante los ojos tenían. Véase por ejemplo la descripción que hacen de las imágenes sacras veneradas en los templos de Tenochtitlán, y compárese con las imágenes mismas que hasta hoy se conservan. Habrá que concluir que ninguna semejanza hay entre lo escrito por ellos y lo existente en realidad.

Las descripciones hechas por frailes como Sahagún o Durán, padecen los mismos vicios cuando recogen impresiones de los vencedores, y otros aún más graves cuando consignan lo que les comunicaron los vencidos.”...

Victoriosas sobre las injurias y el desprecio de los extranjeros, se levantan aún las señales de aquel sistema espiritual de iluminación que constituyen nuestras ciudades.



Allí el urbanismo, la ingeniería, la arquitectura, la escultura, la metalurgia, la pintura, las artes todas; Allí las ciencias, la matemática, la astronomía, la medición del tiempo, florecieron obedientemente al mismo entusiasmo del hombre seguro de sí mismo, orgulloso de ser fuente y camino ascendente de la perfección de la vida.” (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)
9.- En el desconocimiento casi total de nuestra historia antigua. Cuando el mexicano común se refiere a ella, en general lo hace desde una perspectiva “plana y sin la profundidad del tiempo”. En efecto, la dimensión histórica de nuestra historia indígena, desde la invasión de la agricultura hasta la toma de Tenochtitlán es de siete milenios y medio. No se puede reducir sólo a los 196 años de la fundación de Tenochtitlán a su destrucción y tener a los mexicas como los grandes herederos culturales de la Toltecáyotl y del Anáhuac.
Nuestra historia antigua es mucho más profunda, diversa y compleja. En ella hemos tenido ciclos de formación, esplendor y decadencia. En ella han intervenido muchas culturas diferentes en tiempo y espacio. Sin embargo, en todo este tiempo existió una matriz filosófico-cultural que unió indisolublemente a los pueblos del Anáhuac y a nosotros, los mexicanos del siglo XXI, pese a nuestra amnesia histórica y cultural, como la continuación de su obra y de su legado. Sólo en las mentes colonizadoras no es posible que exista esta continuidad histórica y cultural. Los colonizadores han creado nuestra ficticia pero dolorosa orfandad cultural para poder seguir explotándonos y depredando nuestro patrimonio natural.
Necesitamos urgentemente reconstruir, repensar y reinventar nuestra propia historia. Sin miedo a las “vacas sagradas”, a la anquilosada academia y a los “intelectuales orgánicos”. La historia es de quien la crea, no de quien la “investiga”. La historia de México debe volver al pueblo de México. La historia es para ser contada y sentida por el pueblo.
Pero por más difícil que se presente esta iniciativa, ahí están las piezas de un rompecabezas; dependerá de la sensibilidad, creatividad y fuerza espiritual de quien pretenda intentarlo. Los Viejos Abuelos y su legado de sabiduría viven en lo más profundo del alma y del corazón de los hijos de sus hijos, los mexicanos de hoy.


  1. LA CIVILIZACIÓN DEL ANÁHUAC.

Lo que hoy conforma el territorio de nuestro país, fue la cuna de una de las seis civilizaciones más antiguas con origen autónomo del planeta y la que logró el más alto desarrollo humano para todo el pueblo en la historia de la humanidad. Nuestros Viejos Abuelos se llamaban así mismos, Anahuacas, pues al continente le llamaban en lengua Náhuatl (que era la lengua franca), “Cem Anáhuac”. Esta civilización ha tenido una sola matriz filosófico-cultural, por diferentes culturas que la han expresado; en tiempos y espacios diferentes, con un hilo conductor en sus tres grandes períodos.


La etapa de formación e invención de todos los conocimientos; empezando por la invención del la agricultura y el maíz, base y sustento de todo un pueblo a lo largo de su existencia. Estas seis culturas madre tuvieron un cultivo como base de su alimentación; unas el trigo, otras la papa, el arroz o el mijo; pero nuestros antepasados “inventaron” el maíz, ya que éste era un pasto que a través de un proceso, que hoy podemos llamar “ingeniería biogenética”, se logró crear este maravilloso alimento que hoy en día le da de comer a muchos pueblos de los cinco continentes.
Este esfuerzo sólo fue posible gracias al trabajo de investigadores y científicos, que a lo largo de una generación a otra, a través de milenios pudo desarrollar este maravilloso alimento.

En efecto, nuestros antepasados iniciaron ellos solos, un largo camino, para dejar de ser nómadas, salvajes cazadores, recolectores, para iniciar lentamente el desarrollo de conocimientos del mundo, la vida y la naturaleza, que les permitiera, no solo asegurar su existencia y supervivencia material; si no tal vez, lo más importante, lograr la trascendencia de su existencia, como individuos y como pueblo.


Estos siete mil quinientos años de historia del Desarrollo Cultural de nuestro pueblo, los especialistas lo han llamado épocaPREHISPANICA”. Es importante subrayar la visión colonialista y Occidental de la historia, vista por los ojos de los vencedores. ¿Por qué nombrar a lo “propio nuestro”, a nuestros Viejos Abuelos y su milenaria historia, con la referencia del invasor-conquistador español? ¿Por qué no llamarla época PRECUAUHTEMICA? La historia la escriben los vencedores, por eso debemos tener presente, ¿Qué tipo de historia conocemos?

Pues bien, a la historia de nuestros Viejos Abuelos antes de la invasión europea, los especialistas la han dividido en tres períodos.

El primero es el llamado PRECLÁSICO, que los investigadores lo sitúan aproximadamente del año seis mil a.C. al año 200 años a.C.

El segundo período es el CLÁSICO, que parte del año 200 a.C. al 850-900 d. C.

El tercer período que inicia alrededor del año 850-900 d.C. y concluye con la invasión europea y la toma de Tenochtitlán en 1521.
a) Preclásico 6000 a.C. a 200 a.C. 5800 años.

b) Clásico 200 a.C. a 850 d.C. 1050 años.

c) Postclásico 850 d.C. a 1521 d.C. 671 años.

d) Colonia 1521 d.C. a nuestros días.


Este increíble espacio de tiempo, 7500 años (casi cuatro eras Cristianas), lo podemos comparar con los últimos quinientos años de historia, que con propiedad podríamos llamar “época hispánica”. El lector apreciará que la base estructural de lo que hoy conforma nuestra nación, indiscutiblemente hunde sus raíces en el México indígena.

6000 a.C.

2000 d.c

a b c d


Es importante mencionar, que como en su mayoría son extranjeros los que se han interesado por la historia antigua de México y por consiguiente, han “estudiado e investigado” el México Antiguo como lo señala Bonifaz Nuño, casi siempre con un ignorante menosprecio y un aire de superioridad. Un día el investigador Paul Firchhoff10 se le ocurrió dividir al Anáhuac en: Mesoamérica (tomado del concepto de Mesopotámia que significa “entre dos ríos” de la cultura Sumeria) y Árido América. Es decir, los “indios-cultos-muertos-desaparecidos-del pasado” que hacían pirámides y objetos bellos para el culto a sus dioses y que vivieron desde lo que hoy son los estados de Sinaloa, Zacatecas, San Luis Potosí y Tamaulipas hacia el Sur y, los “indios-salvajes-muertos-desaparecidos-del-pasado”, que vivieron en la región Norte de México. Sin embargo, la matriz filosófica cultural del Anáhuac la compartieron todos los pueblos, desde Alaska hasta Nicaragua, creando una civilización continental que desde la equivocación de Colón, al confundir este continente con la India, los europeos no han querido o no han podido conocer y comprender. Tal vez por eso, después de quinientos años de saber que Cristóbal Colón (1451-1506) se equivocó y no llegó a la India, le siguen diciendo a los pueblos originarios del Anáhuac, “indios”, que es el gentilicio de las personas nacidas en la India.
La civilización anahuaca no sólo estuvo presente y vigente en todo lo que hoy conforma el territorio nacional. Nosotros suponemos que esta Civilización es carácter CONTINENTAL. En efecto, actualmente existen “elementos culturales” muy similares, lo mismo entre un indígena Kumiai de Baja California, que un indígena Maya de Quinta Roo. Pero al mismo tiempo, estas similitudes básicas las encontramos entre un indígena del Canadá y un indígena de La Patagonia, pasando por la gran llanura de Norte América, México, Centro América, la Zona Andina y el Amazonas. Los valores esenciales de la vida, la muerte, la naturaleza, el cosmos, lo divino y lo sagrado, los comparten armoniosa e íntimamente todos los pueblos llamados “indígenas” del continente Americano. Lo que nos une y nos identifica a los pueblos con raíces indígenas es la matriz filosófica-cultural que nos estructura y no la supuesta “latinidad” que se inventó Napoleón III para apoderarse de la América no sajona en el siglo XIX o la “hispanidad” con la que los angloparlantes nos catalogan en el siglo XX.

El desprecio que hemos heredado de los cinco siglos de colonialismo hacia la valoración y respeto de los pueblos originarios, hacia los Viejos Abuelos, hacia nosotros mismos, queda claro al llamarlos despectivamente “indios”. Pues desde hace muchos siglos, se supo que Cristóbal Colón se equivocó y que no llegó a la India en la búsqueda de una nueva ruta comercial, por lo cual, los pueblos “encontrados” no fueron los “indios” esperados. Después de tantos años, por el colonialismo, ni siquiera nos ha interesado saber, cómo se llamaban a sí mismos nuestros antepasados. Dicho de otra manera, hemos perdido la memoria histórica, el interés y orgullo de nosotros mismos.

Los Antiguos Mexicanos le llamaban al continente CEM-ANAHUAC y ellos se reconocían como ANAHUACAS, por lo que existían los anahuacas mayas, los anahuacas zapotecas, los anahuacas mexicas y así sucesivamente.


  1. EL PERIODO PRECLÁSICO O FORMATIVO.

A la primera etapa de la historia del México Antiguo se le conoce como período PRECLÁSICO o período formativo, y tiene una duración aproximada de seis mil años; esto es, su duración inicia en el año seis mil a.C. y llega hasta aproximadamente 200 años a.C. Este periodo es muy largo porque se entiende el gran esfuerzo que hicieron nuestros antepasados. Desde ser salvajes primitivos cazadores nómadas recolectores, hasta formar pequeñas aldeas y poseer un eficiente sistema alimentario; un eficaz sistema de salud, un complejo sistema educativo, un sólido sistema de organización social y un régimen jurídico. Contaban, además, con un decantado sistema de valores y conocimientos filosóficos, éticos, morales, estéticos y religiosos, que les permitiera tener firmes cimientos para desarrollar una de las más importantes y antiguas civilizaciones que se mantienen vivas hasta nuestros días a pesar de la agresión que ha sufrido durante los últimos cinco siglos.


Esta valiosa -infraestructura civilizatoria- que de alguna manera sigue viva y presente en el México contemporáneo y que el “México imaginario”11 de Guillermo Bonfil Batalla se resiste a reconocer resulta la herencia más importante que nos han legado los Viejos Abuelos del Anáhuac y los cimientos más profundos de todo lo que hoy somos.
La relación con la naturaleza y el trabajo con la tierra, especialmente con la invención de la milpa12, permitió a los pueblos del México antiguo tener una alimentación de calidad. Los conocimientos del cuerpo humano, las plantas, animales y minerales fueron las bases para ofrecer a los antiguos mexicanos una inigualable salud. El desarrollo de un sistema educativo eficiente que permitiera formar y capacitar a sus hijos para desarrollar a largo plazo el proceso civilizatorio y mantener el “propósito social” por siglos; así como una infraestructura científica que les posibilitara iniciar su camino en las matemáticas, la astronomía, la medicina, la ingeniería, lingüística, arquitectura, botánica, zoología; un lenguaje artístico que les facultara expresar, de manera estética y universal, su percepción de lo inconmensurable y maravilloso de la existencia humana y sus complejas y maravillosas relaciones con la naturaleza y el cosmos. Un complejo y eficaz sistema de organización social que les permitiera desarrollar obras monumentales que se llevaron varias generaciones para concluirse y que mantuvieron su propósito primigenio. En síntesis, un sin fin de conocimientos, que formaron los cimientos de lo que posteriormente se conocerá como el desarrollo del Período Clásico o del esplendor.
LA AGRICULTURA.

La –invención- de la agricultura fue en realidad un proceso muy prolongado, que tuvo lugar en el área en el curso de varios milenios, a partir de hace 8000 a 10,000 años, según lo indica los fechamientos más recientes logrados con nuevas tecnologías. Entre 1500 y 1000 años AC., empezaron a aparecer las primeras aldeas permanentes de cultivadores en diversos puntos del futuro ámbito mesoamericano. Se domesticaron las calabazas, el maíz, el aguacate, los amarantos, los frijoles, los chiles, el tomate verde, el cacao, las anonas, los zapotes, los magueyes, los nopales, y el algodón, entre otras, haciendo un total de más de 70 especies diferentes, además de otras provenientes de otras áreas, pero que se cultivaron con provecho (por ejemplo, el jitomate y el guaje o tecomate)”. (Teresa Rojas Rabiela. 2001).


El Período Preclásico representó un milenario esfuerzo de nuestros Viejos Abuelos, no sólo para humanizarse, sino para humanizar el mundo que les rodeaba. Porque los seres humanos, para los antiguos mexicanos, son el principio y fin de la creación y los encargados de su preservación y su desarrollo hacia lo perfecto.

Este elemento filosófico es muy importante para comprender las culturas del México antiguo. En efecto, mientras otras civilizaciones pretenden dominar, explotar y transformar a la naturaleza, ubicándose como la cima de la creación universal, para los antiguos mexicanos el objetivo del ser humano es apoyar el proyecto creador de los dioses y humanizar al mundo, tomando a la Tierra como su “madre querida” Tonatzin.


El hombre es la medida de todas las cosas”, decía el griego, otorgando al ser humano una suerte de dominio sobre el mundo; “Mata y come”, dice Dios al hombre en el Nuevo Testamento. Así, las dos vertientes de la cultura occidental, la helénica y la judeocristiana, atribuyen al hombre, para subsistir, el dominio de las cosas y la autoridad para destruirlas.

Moralmente muy por encina de tal concepción, el antiguo indígena mesoamericano, como se desprende de sus imágenes y de sus textos, proclama la suya: el hombre es el principio de la creación del mundo y el encargado de su alrededor. Así es como se constituye la cultura de que somos, hasta hoy, exclusivos herederos.

Intentemos, pues, comprenderla en sus raíces y sus frutos, para conocerla qué es lo qué somos; qué, lo que debemos ser.

(Bonifaz Nuño 1992)
Si bien, se supone que los Viejos Abuelos iniciaron la agricultura y la invención del maíz en el sexto milenio antes de Cristo; lo cierto es que aparecerán las primeras formas culturales, que los especialistas han llamado olmecas, aproximadamente mil quinientos años antes de Cristo, entre los estados de Tabasco y Veracruz, pero que indiscutiblemente se dieron en todas las culturas pero en una fase que llamaremos “olmecoide” o de influencia olmeca. Pequeñas aldeas donde se empieza a expresar todo ese vasto e inconmensurable conocimiento del universo, la naturaleza, la vida, la muerte y el ser humano frente a lo divino y a lo sagrado.
En esos aproximadamente cuatro mil quinientos años de Desarrollo Cultural endógeno, desde la invención de la agricultura, hasta la formación de la cultura olmeca, los Viejos Abuelos inventaron, descubrieron, elaboraron, procesaron y sistematizaron toda esa sabiduría que aparece mil quinientos años antes aproximadamente del inicio del esplendor o florecimiento del México Antiguo, en el período llamado Clásico.
Los investigadores extranjeros han pretendido desaparecer de nuestra historia antigua estos valiosos cuatro mil quinientos años restándole importancia. En efecto, desde la invención de la agricultura, hasta la irrupción de la cultura Madre, no se le da mucha importancia en los textos de los investigadores y es casi inexistente en la “Historia oficial” que inicia desde la aparición de la cultura olmeca. Pero los olmecas no fueron creados por “generación espontánea”. Fueron cuatro milenios y medio de intensa investigación y sistematización de la experiencia humana de vida.
LA INVENCIÓN DEL MAÍZ.
La invención del maíz13, tal vez sea uno de sus mayores logros del Período Preclásico o formativo, pues de ser un pasto silvestre, los Viejos Abuelos, produjeron la espléndida planta de maíz, alimento básico de la civilización. Es importante subrayar que ningún otro pueblo hizo tan portentoso descubrimiento, pues las otras cinco civilizaciones, sólo domesticaron plantas que ya estaban en estado silvestre.
La agricultura acompañó el proceso civilizatorio mismo, plenamente integrado con el resto de las actividades culturales y sociales. Los límites de sus prácticas como actividad básica fueron los limites del área cultural; la presencia de culturas agrícolas avanzadas en el centro y sur de México y Centroamérica no es casual, dada la posibilidad de practicar allí el cultivo de temporal. Sin embargo, el aumento del potencial productivo de esa agricultura básica dependiente de la lluvia, fue posible merced tanto a las obras de riego y de remodelación de laderas y otras obras en terrenos especiales, como al mejoramiento fitogenético de las plantas domesticadas y en proceso de domesticación, y a las transformaciones de las formas de organización social y económicas. De hecho los diversos sistemas agrícolas, sin dejar de ser en parte adaptaciones ecológicas, fueron adaptaciones sociales, demográficas y económicas.” (Teresa Rojas Rabiela. 2001)
El desarrollo de la hidráulica en la agricultura, es otro de los grandes cimientos, pues permitió que un mayor número de personas pudiera tener energía y tiempo disponible, para desarrollar los grandes proyectos civilizatorios, tanto en la investigación científica, la exploración del arte, como en la edificación de las imponentes construcciones, hoy llamadas “zonas arqueológicas” y que son un impresionante monumento material, al proyecto espiritual de esta civilización.
La era ´formativa´ es así llamada porque aparece las principales técnicas -cestería, cerámica, tejido, metalurgia y construcción - y toman forma los patrones de cultura comunal. La población aumenta, se expande las culturas y los pueblos, existe paz y gran difusión cultural desde y entre los centros de la civilización. Se inicia la agricultura intensiva, empieza el regadío en escala local y se domestican los animales de mayor importancia.

La producción de alimentos sigue en el plano de la subsistencia, excepto por las porciones destinadas a sostener la clase dominante. Pero la agricultura intensiva empieza a dejar tiempo libre para la satisfacción de necesidades sociales: producción de objetos de lujo, construcción de edificios religiosos, etcétera.” (Ángel Palerm. 1990)
LA INVENCIÓN DE LA MILPA.
La invención de la milpa resultó otro valioso detonante para el desarrollo de la civilización anahuaca, porque en un pedazo de tierra muy pequeño, un solo hombre puede darle de comer a su familia por espacio de un año, al sembrar maíz, chile, calabaza y fríjol, trabajando intensamente cuatro meses al año. Esto es como si hoy en día, un salario mínimo durante cuatro meses, nos permitiera vivir adecuadamente todo el año. La ingeniería hidráulica llegó en el Anáhuac a niveles muy avanzados, no sólo por el uso extenso del regadío, sino que el concepto de la “Chinampa” resulta aun en nuestros días muy adelantado.
...la agricultura de riego fue la única capaz tecnológicamente de sostener una economía suficientemente productiva para mantener una población concentrada, estable y especializada en tareas no agrícolas y una organización política para mantener en funcionamiento el sistema de producción y distribución de bienes. Así la invención del regadío habría permitido la vida urbana y con ello la civilización.” (Teresa Rojas Rabiela. 2001)
Definitivamente no podemos imaginar las maravillas de Teotihuacan o Monte Alban en el período Clásico, sin la base de un sistema alimentario eficiente, que haya podido impulsar el desafío que representa la construcción de los diversos y numerosos centros de conocimiento que existieron en nuestro territorio. Los investigadores extranjeros no le han dado a la agricultura anahuaca el verdadero lugar que tiene en la historia de la humanidad.
De hecho, la conclusión a que nos vimos obligados a llegar fue que en la época prehispánica los sistemas de cultivo habían alcanzado niveles de eficiencia y de productividad comparables, sino superiores, a las formas contemporáneas más avanzadas. La leyenda de una agricultura de mera subsistencia, o bien capaz solamente de generar escasos excedentes, quedó destruido”. (Ángel Palerm 1990)
El período Preclásico fue la base, los cimientos del desarrollo y posterior esplendor del México Antiguo. Casi seis milenios de elaborar por nosotros mismos, una de las civilizaciones más antiguas e importantes del mundo, de la cual hoy somos sus indiscutibles herederos legítimos.
El México contemporáneo tiene sus cimientos más profundos en este periodo formativo. Nuestra dieta básica, la sabiduría curativa de la naturaleza y nuestra forma de relacionarnos con ella. Nuestra relación inconsciente con la educación. Nuestras formas de organización social, tienen sus más hondos orígenes en esos casi seis mil años de desarrollo humano.
No podemos negar que esta sabiduría se ha enriquecido con la de otros pueblos y culturas en un mundo globalizado desde 1492. Que hemos sufrido una de las más devastadoras agresiones culturales de la historia de la humanidad, donde no sólo la cultura sino la condición de seres humanos nos trataron de arrebatar los invasores-colonizadores. Sin embargo, a pesar de los pesares ahí esta y sigue evolucionando. Es la fuerza vital que nos guía y orienta a pesar de no verla o escucharla viene desde el remoto pasado. En ocasiones se manifiesta sutil y casi invisible, en ocasiones se siente telúrica y expansiva de adentro hacia fuera. Pero siempre esta presente en nuestro Ser.

5. LOS OLMECAS.
También llamados la “Cultura Madre”14, representan el logro final de miles de años, en que los pueblos antes nómadas, cazadores, recolectores, lograron establecerse por milenios en un lugar determinado y ahí, a través de generaciones y generaciones de investigar y observar a la naturaleza, el firmamento y explorar sus insondables adentros espirituales. Los especialistas eurocéntricos15, con una visión colonizada, no le dan importancia a este largo período del Período Preclásico que culmina luminoso con la conformación de la cultura olmeca entre 1500 y 1200 a.C. pero que tiene un gran valor para nuestra civilización, en tanto definieron el rostro primigenio de las culturas del México antiguo, para nuestro presente, porque parte de lo que hoy nos conforma encuentra en los olmecas sus primeras raíces; y sobre todo para el futuro, porque nos recuerdan de nuestras capacidades, nuestra voluntad de ser y trascender en el tiempo, pero sobre todo, nos habla de una continuidad y una dirección.
Los olmecas no se deben tomar como el “principio”, sino como el final de un inmenso período de formación cultural que se llevó más de cuatro milenios (dos eras Cristianas) y que es bastante desconocido para el común de los mexicanos.
Uno de los aspectos más controvertidos de los Olmecas, además de su posición cronológica respecto a las otras culturas mesoamericanas, ha sido el esclarecimiento de su filiación étnica, lingüística y racial de esta cultura que, en el Sur de Veracruz y Este de Tabasco, experimentó una nueva forma de organización económica, social, política, y religiosa. Ésta fue totalmente distinta a la vida aldeana y tribal que le antecedió y a la que existía en la mayor parte de ese espacio geográfico que, con el transcurso del tiempo, llegaría a construir la macroárea cultural denominada Mesoamérica.” (Tomás Pérez Suárez. 1994.)
Sin embargo, es necesario apuntar que la síntesis filosófica que quedó plasmada en la iconografía16 olmeca, mantendrá un hilo conductor durante todo el proceso de desarrollo de la civilización Anáhuac, los mismos españoles encontraron vivas en el siglo XVI las raíces de la cultura olmeca. De esta manera Quetzalcóatl, que quedó grabado en las piedras de Chalcatzingo, Morelos, en el Período Preclásico, lo encontraremos en Teotihuacan en el Período Clásico con los toltecas y en el mismo Tenochtitlán con los aztecas en el Período Postclásico. Las serpientes de cascabel, los felinos, el quincunce17, la representación de Tláloc a través del uso de la cara de dos serpientes encontradas y de perfil; nos hablan de un conocimiento, una filosofía y una religión, que se mantuvo viva y en evolución por lo menos 3 mil años consecutivos y que de algún modo sobrevive en el ser místico y espiritual de los pueblos indígenas y campesinos del México contemporáneo.
No guerreros ni comerciantes, sí agentes civilizadores, los olmecas cumplieron el destino que ellos mismos se asignaron. Lo cumplieron hasta donde en el espacio fueron capaces, y lo alargaron en el tiempo, construyendo lo que habría de ser el espinazo espiritual de nuestra antigua cultura.

El concepto de lo humano por ellos forjado, dio cimientos al perpetuo optimismo de los hombres que los sucedieron. Los herederos suyos, sean teotihuacanos, zapotecas, mayas, mixtecas, huastecas, totonacas, aztecas, lograron merced al impulso que de ellos recibieron, la inagotable proliferación de felices construcciones culturales cuyos vestigios todavía educan y deslumbran.

Teotihuacán, Tula, Xochicalco, Cacaxtla, El Tajín, Tikal, Palenque, Toniná, Uxmal, Monte Alban, Mitla, Malinalco, Chichén Itza, Tenochtitlán, otras muchas ciudades análogas, dan testimonio de ese optimismo justificado y perdurable.

Injuriosamente, los estudiosos hablan todavía de culturas primitivas, de totemismo, de adoración de la lluvia, de ritos sangrientos, y centran su atención en la guerra florida y los llamados sacrificios humanos de los aztecas, a fin de intentar legitimar el desprecio que les justifica nuestra explotación.” (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)
Cuando la civilización del Anáhuac logra producir nítidamente lo que hoy llamamos la cultura olmeca, ya estaban terminados los cimientos de conocimiento, tanto de orden tangible como: agricultura, ingeniería, arquitectura, medicina, etc. Como de orden intangible como: filosofía, matemáticas, religión, arte, astronomía, entre otras. Así mismo, ya estaban en operación los cuatro sistemas básicos que fueron los cimientos de toda sociedad, independientemente de la cultura a la que pertenecieran y que fueron desarrollados y perfeccionados, casi en su totalidad, durante los primeros cuatro mil quinientos años de la civilización, entre la invención de la agricultura y aparición de la cultura olmeca.
Estos cuatro sistemas son: el alimentario, el de salud, el educativo y el de organización social y régimen jurídico. Representan las cuatro bases indispensables para desplantar una cultura.
EL SISTEMA ALIMENTARIO.
En esos cuatro mil quinientos años, los Viejos Abuelos, no sólo inventaron la agricultura, la milpa, la chinampa, el nopal comestible. Sino que, desarrollaron un sofisticado y complejo sistema de alimentación en el que se crearon las tortillas, totopos, empanadas, los tamales, las salsas, el chocolate, el atole, las aguas frescas, el tejate, el pulque, el mezcal18, las alegrías o amaranto, el elote, los diversos tipos de chiles, el pinole, el uso de plantas, carnes de animales de caza y pescados secos y salados, gran cantidad de vegetales incluso algas, el uso extenso de insectos, miel, semillas, así como la domesticación del guajolote y el perro Xoloitzcuintle. El sistema alimentario no sólo comprendía alimentos, sino guisos exquisitos y muy sofisticados en los que se equilibraban perfectamente los proteínas animales y vegetales, los azúcares y las grasas. Lo que en conjunto permitió que los antiguos mexicanos dispusieran de suficiente energía, salud y tiempo para desarrollar sus proyectos civilizatorios, tanto en la construcción como en la investigación.

EL SISTEMA DE SALUD.


El sistema de salud es otra de las grandes aportaciones a la civilización. Los Viejos Abuelos desarrollaron un profundo conocimiento del cuerpo humano y sus enfermedades. Investigaron las substancias curativas que poseen las plantas, los insectos, animales y minerales. Los médicos y la medicina anahuaca llegaron a alturas hoy insospechadas, toda vez que la barbarie europea desvalorizó y persiguió esta sabiduría que ha sabido sobrevivir a su desaparición historia. En efecto, todo este legado de conocimientos supo sobrevivir los trescientos años de persecución y en los últimos doscientos años ha vivido marginada y despreciada por la cultura dominante. Pero indiscutiblemente que ha sido el recurso más valioso para mantener la salud de los mexicanos más pobres y desprotegidos por el gobierno y explotados por la sociedad dominante. Los pueblos indígenas y campesinos, y de alguna manera el proletariado que vive en los grandes cinturones de miseria de las grandes ciudades del país ha mantenido estos saberes tradicionales en extinción, por la acción de los voraces laboratorios trasnacionales y los medios masivos de comunicación. Los “remedios caseros”, las infusiones, los masajes, el uso de plantas, animales, insectos y minerales para los ancestrales remedios siguen asombrosamente vivos. Así como, los rituales que tienen poderosos resultados en la psique de los pacientes, sin dejar de nombrar a las “plantas de poder” que ocupan un lugar muy especial en la sabiduría ancestral.
EL SISTEMA EDUCATIVO.
El sistema educativo fue otro de los grandes pilares de la civilización del Anáhuac. Aunque se le dedicará por su importancia un capitulo especial a la educación, podríamos señalar que desde el punto de vista de “sistema”, los antiguos mexicanos seguramente desde el año 1500 a.C. con la aparición decantada de la cultura olmeca, ya contaban con un sistema de educación que llegó a todos los niños y jóvenes de la sociedad en las culturas más evolucionadas y de manera sistemática hasta la llega de los españoles.
El sistema educativo es un elemento básico estructural para poder desarrollar un proyecto civilizatorio, toda vez que el método para producir y reproducir el conocimiento en la sociedad, indiscutiblemente que es la educación. Gracias a este sistema, podemos entender los mega proyectos a largo plazo de las culturas del Anáhuac, en las cuales se llevaban siglos en construir un centro de conocimiento, como el mismo Teotihuacan, Palenque, Monte Alban o Xochicalco entre más de decenas de miles que hay en el país.
La educación que ha generado la civilización del Anáhuac no se refiere únicamente al aspecto académico, que se enseñaba en el telpochcalli, cuicacalli y calmécac. La educación desde un punto de vista más profundo. Nos referimos a su especto filosófico y espiritual. En efecto, las bases fundamentales para que el individuo pueda entenderse a sí mismo, a la familia, a la sociedad, a la naturaleza y el universo de manera integrada e integral. Las relaciones que existen entre unos y otros. Las responsabilidades, los límites y las posibilidades. Todo esto en su conjunto y a lo largo de ocho mil años de desarrollo humano, con sus altas y sus bajas, nos han dado un “rostro propio y un corazón verdadero”, como individuos y como civilización. Este inmenso acervo de sabiduría y experiencia es lo que nos hace ser anahuacas o “Mexicanos” como nos “bautizaron” los criollos desde 1821.
La educación como esa riquísima experiencia que ha sido seleccionada y sistematizada a lo largo de cientos de generaciones. No todos los pueblos del mundo poseen esta experiencia que hoy englobamos en el llamado “Patrimonio Cultural”. Los pueblos que surgen de las milenarias civilizaciones que se han llamado “Madre”, son los que han logrado sistematizar e incorporar a su “Ser” esta sabiduría de vida. Y si para la cultura occidental el vértice superior de su conocimiento se encuentra sustentado en el dominio del mundo material, para la civilización del Anáhuac el vértice superior de su conocimiento se encuentra en la posibilidad de liberar el espíritu de la materia. Esto es lo que nos une a todos los pueblos de origen anahuaca y nos hace culturalmente tan sensibles a los aspectos místicos y espirituales de la vida. Para concebir nuestra antigua cultura, debemos de pensar que nuestros Viejos Abuelos vivieron en sociedades escolarizadas por más de treinta siglos.
Para descolonizar nuestra historia debemos de dejar de vernos a nosotros mismos como los extranjeros nos describieron, en tanto a sus intereses, concepción e ideología: como una serie inconexa de islas culturales “primitivas”, que nada tienen que ver las unas con las otras. Siempre nos han investigado por nuestras diferencias y no por nuestras semejanzas; las cuales son mayores. Los olmecas tenían mucho que ver con los procesos de desarrollo cultural desde la invención de la agricultura hasta la conformación de las primeras aldeas; y al mismo tiempo las culturas posteriores con los olmecas y los mexicanos de hoy en día, con los ocho mil años de desarrollo cultural que ha producido el ser humano en el que hoy es nuestro territorio.




Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5   6   7


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2019
enviar mensaje

    Página principal