Historia de la psicología en Francia. Siglos XIX-XX cap. Emergencia de otros modelos a fines de siglo



Descargar 222,81 Kb.
Página1/2
Fecha de conversión08.07.2017
Tamaño222,81 Kb.
  1   2
Historia de la psicología en Francia. Siglos XIX-XX

Cap. 4. Emergencia de otros modelos a fines de siglo
Jaqueline Carroy

Annick Ohayon

Régine Plas
Fuente: Histoire de la psychologie en France. XIXe-XXe siècles, Paris, La Découverte, 2006, cap. 4, “L´émergence d´autres modèles à la fin du siècle”. Traducción: Natalia Mutilva. Trabajo final de Residencia en Traducción, IES en Lenguas Vivas "Juan Ramón Fernández", Buenos Aires, bajo la tutoría de la Prof. Nilda Veinticinque.

Emergencia de otros modelos a fines de siglo

El modelo patológico oficializa una alianza entre filosofía y medicina, y asigna al psicólogo una utilidad social como terapeuta. Se perfilan otros modelos posibles. La psicología de las masas, la psicología social y la interpsicología están presas del contexto histórico que les dio origen e intentan comprenderlo. Por otra parte, la escuela primaria aparece como un terreno propicio para la actividad del psicólogo. Estas distintas orientaciones de la psicología, en búsqueda de aplicaciones que no se refieren solo a la patología mental, están principalmente representadas a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX por Gabriel Tarde, Gustave Le Bon y Alfred Binet.

Además, esta nueva psicología rivaliza con el retorno categórico del espiritualismo y de la metafísica. En el año 1889, Henri Bergson (1859-1941), joven filósofo condiscípulo de Janet en la Escuela Normal Superior, también defiende y publica su tesis, Essai sur les données inmédiates de la conscience [1889], tesis que hará historia. Este trabajo reanuda de manera brillante la tradición de una psicología filosófica basada en la introspección, e inaugura una obra importante. Al mismo tiempo, en el extranjero, se desarrollan nuevas teorías que marcarán de manera duradera la historia de la psicología.

Imitación, miedos sociales y psicología de las masas

Imitación, hipnosis y vínculo social

Gabriel Tarde (1843-1904) es juez de instrucción en Sarlat, de la región del Perigord. Después de haber intentado vanamente publicar un tratado filosófico, publica Contes et poèmes [1879], y tiempo después se destacará como criminólogo cuando empieza su polémica desde 1883 con la escuela italiana de Cesare Lombroso. Se vuelve famoso al multiplicar las publicaciones sobre temas y en géneros tan diversos como la poesía, la criminología, la psicología, la sociología, la filosofía, la estética, la ciencia ficción, la economía, la grafología. En 1894, se crea para él un cargo como director de la Estadística Judicial en el Ministerio de Justicia en París [Milet, 1970]. Pese a un itinerario atípico, Tarde obtiene el reconocimiento académico al acceder en 1900 a la cátedra de “filosofía moderna” del Collège de France (ver cap. 2, parágrafo “Institucionalización: revistas, cátedras, laboratorios, congresos”).

La obra Les lois de l’imitation [1890a] le aseguran su notoriedad como psicólogo y sociólogo. El neologismo “sociología”, recuérdese, aparece en el Cours de philosophie positive publicado entre 1830 y 1842 por Auguste Comte, pero Tarde le da a su sociología un sentido muy distinto. Privilegia, efectivamente, al individuo y se basa en la psicología. Un grupo social es “une collection d’êtres en tant qu’ils sont en train de s’imiter entre eux ou en tant que, sans s’imiter actuellement, ils se ressemblent et que leurs traits communs sont des copies anciennes d’un même modèle” [1890a, p. 73]. En otras palabras, una sociedad no presenta más características que la de ser la suma de vínculos entre los individuos.

Tarde retoma los trabajos de los hipnotizadores de su época, y particularmente los de la escuela de Nancy. Como se ha visto, Bernheim muestra, en algunas de sus experiencias, cómo una sugestión inducida por el médico a un sujeto puede propagarse por imitación a los enfermos de todo un servicio. Tarde ve en la hipnosis, identificada con la sugestión, un “vínculo social a la vez muy puro y reducido a su más mínima expresión”. El sonambulismo materializa de manera artificial la situación de un hombre que estaría “sustraido de toda influencia extrasocial” y que solo tendría comunicación con uno de sus semejantes. La relación social elemental es unilateral, al igual que la relación de sugestión. Esta relación no es recíproca: el sugestionador, como está dotado de prestigio, se convierte en el modelo a imitar del sugestionado, no a la inversa. El individuo en sociedad cree ser libre cuando en realidad obedece inconscientemente a otro. Está sumergido en una ilusión comparable a la que afecta al sujeto sometido a sugestiones post-hipnóticas: “N’avoir que des idées suggérées et les croire spontanées: telle est l’illusion propre au somnanbule et aussi bien a l’homme social” [ibid., p. 83].

A partir de este modelo, se puede suponer que una sociedad proviene de una “cascada de magnetizaciones” en las que cada uno está fascinado por otro y lo imita. Sólo en las sociedades democráticas más avanzadas la imitación parece ser recíproca. Para observar lo que la hipnosis materializa experimentalmente, habría que remontarse, según Tarde “a un pueblo antiguo de alguna civilización muy distinta de la nuestra”. Pero es posible también remontarse a la historia del individuo ya que “le père est et sera toujours le premier maître, le premier prêtre, le premier modèle du fils. Toute société, même aujourd’hui, commence par là” [ibid., p. 84]. La sociedad no reposa, como lo suponía Jean-Jacques Rousseau, en un contrato igualitario entre los individuos, sino en relaciones psicológicas desiguales, donde la sugestión constituye el modelo y la autoridad familiar paterna, el origen [Tarde, 1890b]. Tarde identifica el agrupamiento social con una multitud y promueve, poco antes de Gustave Le Bon, una psicología de masas.

Miedos sociales y psicología de las masas

“La psychologie des foules est peut-être la science qui, dans les années 1890-1900, exprime le plus intensément l’angoisse des repères perdus et des valeurs contestées”4 [Renneville, 2003, p. 271]. Los primeros veinticinco años de la 3ra República son propicios a los miedos sociales [Barrows, 1981]. La Comuna de 1870 en París deja como saldo una sangrienta represión y deportaciones masivas, las que suscitan poca indignación entre la burguesía. Por el contrario, la mayoría de los pensadores y escritores de la época exteriorizan, más bien, odio y terror por los desenfrenos populares. Las descripciones de las masas esbozadas por Taine en Les origines de la France contemporaine [1876-1894] sirven de modelo a los psicólogos ulteriores. Alumno de la escuela criminológica de Cesare Lombroso, el jurista Scipio Sighele publica, en 1892, La foule criminelle. Essai de psychologie collective. Ese mismo año, Tarde retoma la idea de que la masa es un fenómeno asociado a la criminalidad en una ponencia sobre “Los crímenes de las masas” en el Congreso de antropología criminal de Bruselas. Un año más tarde, en la famosa Revue des deux mondes, Tarde retoma su análisis en un estudio intitulado “Foules et sectes au point de vue criminel” [Tarde, 1893]. Por último, Gustave Le Bon amplía y generaliza esas descripciones en 1895.

Estos trabajos coinciden con un contexto preocupante para sus contemporáneos. En efecto, los miedos sociales se reactivan con la aventura boulangista que culmina en 1889, con el aumento de las huelgas obreras entre 1885 y 1895, con el ascenso del socialismo y con la ola de atentados anarquistas que invaden París en 1892. Importantes concentraciones humanas de manifestantes o de huelguistas, grupos percibidos como sectas amenazantes parecen imponer versatilidad, violencia y sinrazón en las grandes ciudades. Tarde y Le Bon no dejan de evocar en sus trabajos, los ejemplos de la Comuna, del boulangismo y más aún del anarquismo y del socialismo.

Esos miedos atraen otros miedos. Como Taine, Tarde o Le Bon asocian sus descripciones y análisis de los fenómenos de las masas a la criminalidad, el alcoholismo, el feminismo y la patología. Si bien las concentraciones y los grupos de la época son masculinos, en su aplastante mayoría, unos y otros estigmatizan el carácter más peligroso aún de las masas de mujeres. Tarde y Le Bon afirman que toda multitud, incluso compuesta por hombres, es femenina. La insistente evocación de la histeria y de la hipnosis, que ocupan por entonces el primer plano científico y cultural, da garantía científica e imágenes sorprendentes a su psicología de las masas.

¿Esos miedos se corresponden con una realidad efectiva? Si se vuelve a tomar el ejemplo de las huelgas, la historiadora Michelle Perrot [1973], estudió el desarrollo de 2900 huelgas entre 1871 y 1890. La autora muestra que la violencia en este caso fue sobre todo verbal. Sólo el 4% de esos movimientos y el 9% de las huelgas mineras terminaron en violencia física, y solo se registra un muerto. Tanto o más que a una realidad histórica, la psicología de las masas remite entonces a obsesiones colectivas.

Le Bon y la psicología de las masas

La obra y la figura de Gustave Le Bon (1841-1931) dieron lugar a numerosos estudios históricos [Nye, 1975; Marpeau, 2000]. El éxito de la psicología de las masas no está únicamente relacionado con los miedos sociales sino también con el talento de divulgador de este personaje “mediático” antes de tiempo. Autodidacta y polígrafo como Tarde, este médico corre tras el éxito publicando numerosas obras de divulgación sobre todos los temas posibles. Les lois psychologiques de l’évolution des peuples [1894] y sobre todo La psychologie des foules [1895], best-seller traducido en varios idiomas, le aseguran por fin la riqueza y el éxito. Sin embargo, aún cuando se convierte en una celebridad, Le Bon continúa en vano, al revés de Tarde, buscando el reconocimiento académico. Se erige en inventor de una ciencia nueva y en especialista del arte de gobernar a los pueblos, proclamando ser el inspirador y consejero de gente de poder y de jefes de estado (Raymond Poincaré, Theodore Roosevelt, Benito Mussolini...).

Le Bon se presenta como el inventor ya no sólo de una psicología de las masas criminales, como Sighele y Tarde, sino de modo más general, de una psicología de las masas. Según él, los fenómenos sociales dependen ante todo de un análisis médico y psicofisiológico. En Les lois psychologiques de l’évolution des peuples, relaciona algunos temas de la psicología fisiológica y patológica de su amigo Ribot (la herencia psicológica, el evolucionismo, la primacía de la afectividad) con los fenómenos colectivos. Le Bon asimila los pueblos a razas en cuyo seno se inscribiría y transmitiría hereditariamente un alma, es decir, algunos rasgos de carácter. Para este autor, habría constituciones mentales individuales o colectivas inferiores o medias (las mujeres, las clases populares, los pueblos no occidentales) opuestas a las almas evolucionadas y superiores (masculinas, de extracción social elevada y occidentales). La evolución de las razas pone finalmente en juego procesos afectivos e inconscientes mucho más que racionales.

El mismo tipo de pensamiento continúa en La psychologie des foules. Le Bon adelanta esta definición: “Dans certaines circonstances données, et seulement dans ces circonstances, une agglomération d’hommes possède des caractères nouveaux fort différents de ceux de chaque individu qui la compose. La personnalité consciente s’évanouit, les sentiments et les idées de toutes les unités sont orientés dans une même direction. Il se forme une âme collective, transitoire sans doute, mais présentant des caractères très nets”5 [Le Bon, 1895, p. 9]. Insiste en el hecho de que individuos evolucionados adquieren un psiquismo inferior al de cada uno de ellos tomado aisladamente, a partir del momento en que pertenecen a una masa. Engloba en el término genérico “masa” todo agrupamiento humano, sea heterogéneo u homogéneo, transitorio o permanente, desde el instante que posee un “alma colectiva”. De esta manera, los amotinados, pero también los magistrados en los tribunales, los electores o los parlamentarios forman masas.

¿En qué consiste su alma? Las masas son impulsivas, inestables e irritables como las mujeres, sugestionables y crédulas como los sujetos hipnóticos: igual que para Tarde, el hipnotismo proporciona una analogía privilegiada. Además son intolerantes, fanáticas. Le Bon afirma que las masas tienen la “instintiva necesidad” de un conductor. Se detiene en la psicología de éste. A semejanza de Tarde en Les lois de l’imitation [1890a], destaca la importancia del prestigio y del “contagio” y prefiere usar, de este modo, un vocablo más cercano a la medicina que el de “imitación”. Detalla los medios de acción del conductor, la afirmación y la repetición. El mismo aplica esas recetas para atraer la adhesión de sus lectores: repite fórmulas simples y contundentes, y acumula los calificativos oscuros en sus descripciones.

Sin embargo, una evolución se perfila hacia el final del libro, en la que la era de las razas substituiría a la era de las masas: “L’état de foule et la domination des foules constituent la barbarie ou le retour à la barbarie. C’est en acquérant une âme solidement constituée que la race se soustrait de plus en plus à la puissance irréflechie des foules et sort de la barbarie”6 [1895, p. 94-95]. Estos puntos de vista resultan muy cercanos a los del escritor nacionalista Maurice Barrès quien, en su novela de 1897, Los desarraigados, exalta el arraigo racial a la tierra y condena el desarraigo urbano.



Tarde y el proyecto de una psicología social
Tarde, Durkheim y los durkheimianos

Mientras que obtiene el reconocimiento como sociólogo de renombre, Tarde es criticado por un joven normalista catedrático en filosofía quien pretende fundar una ciencia sociológica sobre bases diferentes, de inspiración comtiana. Emile Durkheim publica De la division du travail social (1893), Les règles de la méthode sociologique (1895), manifiesto metodológico, y Le suicide (1897), libro que retoma las estadísticas establecidas por su sobrino Marcel Mauss a partir de documentos administrativos provistos por Tarde y que pretende ser una puesta en práctica de los métodos y concepciones definidas en 1895 [Cuin y Gresle, 1992; Besnard, 1995].

Tarde critica los primeros trabajos de Durkheim desde su publicación. Dirige el ataque con mayores repercusiones en octubre de 1894, en el primer congreso internacional de sociología. Critica lo que podría llamarse el “holismo” de Durkheim; en efecto, este último afirma que el hecho social debe ser considerado como un todo colectivo que es “tout autre chose que les formes sous lesquelles [une practique] se réfracte chez les individus”7 [Tarde, 1898, p. 67]. Ahora bien, “que peut bien être la société abstraction faite de tous les individus” más que “illusion ontologique”, o incluso una “scolastique”8 inútil [ibid., p. 74 y 76]. Tarde vuelve a afirmar que no se puede hacer sociología sin psicología y que hay que partir de los individuos y de los vínculos que se tejen entre ellos para comprender la sociedad. Recuerda para ello el fundamento filosófico de esta tesis: se refiere a Leibniz quien considera que el mundo está constituido por seres individuales y singulares designados con el concepto de mónadas.

En L’année sociologique, revista que reúne a Durkheim y a sus alumnos, Célestin Bouglé, también discípulo, afirma que “les sciences sociales doivent tenir compte des propriétés du tout autant et plus que des propriétés des éléments”9 y dice que “peut-être la sociologie proprement dite commence là où finit la psychologie tout individuelle”10 de Tarde [Bouglé, 1898, p. 152]. De manera más cruel en cierto sentido, Durkheim no se contenta con poner en duda el título de sociólogo de Tarde, sino que además lo trata de diletante y de ensayista, denegándole la calidad de verdadero erudito serio, objetivo y metódico. Ironiza de este modo sobre el método de Tarde: “Va-t-on se borner, comme on l’a fait jusqu’ici, à réunir quelques anecdotes librement commentées? Est-ce là faire œuvre de science?11 [Durkheim, 1906, p. 134].

Sin embargo, un punto en común une a los durkheimianos y a Tarde: la insistencia sobre la especificidad de lo social en relación con lo biológico. Desde 1883, y en desacuerdo con Cesare Lombroso, defensor de la tesis del “criminal-nato” regido por la herencia, Tarde señala la importancia de los factores psicológicos y sociales en el origen del crimen. En el mismo orden de ideas, en 1896, critica la asimilación de la sociedad a un organismo social. En 1901, en la Revue philosophique, se publican sucesivamente tres artículos polémicos de Alfred Espinas, de Célestin Bouglé y de Gabriel Tarde. Tarde y Bouglé coinciden en su oposición a la sociología spenceriana y biologizante de Espinas. En cambio, Bouglé y Espinas están de acuerdo en su crítica al individualismo de Tarde.

Psicología social e interpsicología

Hasta el final de su vida, Tarde continúa considerándose un sociólogo. Sin embargo, su lucha contra los durkheimianos le hizo probablemente tomar conciencia de que debía afirmar su originalidad y diferenciarse con nuevos términos. Saca de sus cajones la denominación “psicología social”, olvidada diez años atrás, y lo usa como título de una de sus obras en 1898 [Lubek, 1981]. Pero estás denominaciones no lo satisfacen plenamente ya que pueden hacer creer que el grupo social tiene una psicología propia diferente de la de los individuos que lo componen.

Por este motivo, a partir de 1901, propone los neologismos “psicología intermental”, “psicología interespiritual” e “interpsicología”. Como en Les lois de l’imitation, se trata de estudiar al hombre en relación con uno de sus semejantes, después, por extensión, con sus semejantes. Dado que para Tarde, se debe partir siempre de una psicología de a dos para poder elaborar una psicología de tres, después de muchos. Ya no es más la masa propiamente dicha la que moviliza su atención, sino otros fenómenos sociales más sutiles o más modernos: el público, la conversación, la opinión. De este modo, Tarde es sensible a un nuevo contexto histórico.

En efecto, entre 1898 y 1899, el caso Dreyfus enardece y divide Francia [Duclert, 1994]. Los diarios de ambos bandos hacen del “caso” un folletín con múltiples repercusiones y llaman a sus lectores a expresar sus opiniones a través de peticiones, suscripciones, adhesiones a las ligas. En París y en las ciudades, cada uno comenta las noticias y trata de convencer en un sentido o en el otro a parientes, amigos o colegas. Así se presenta a los contemporáneos el nuevo poder de la opinión, transmitida y modelada por los públicos y las conversaciones. Le Bon es anti- Dreyfus. Fiel a sus posturas individualistas, Tarde se declara en privado partidario de la causa del capitán. No obstante, como Bernheim o incluso como Paul y Pierre Janet, firma a comienzos de 1899 el “llamado a la unión”. Este texto reúne sobre todo a los partidarios moderados del capitán Dreyfus. En cambio, Dukheim y algunos de sus seguidores se declaran partidarios militantes.

El “caso” exige nuevos análisis de la sociedad y de los vínculos sociales. Durkheim y sus alumnos se orientan hacia una crítica de la noción de raza cara a Le Bon [Mucchielli, 1998]. Tarde fija su atención en el público y en la conversación. En L’opinion et la foule [1901], afirma de ahora en más que “notre âge [...] est l’ère du public ou des publics”. El público es, efectivamente, “une foule dispersée, où l’influence des esprits les uns sur les autres est devenue une action à distance, à des distances de plus en plus grandes”13 [ibid, p. 30]. A la inversa, la conversación pone en juego una imitación ligada al contacto y a la proximidad. Tarde vuelve también sobre la cuestión de los primeros vínculos sociales que había atribuido, en 1890, a la autoridad paterna.

Para describir la conversación o los primeros vínculos sociales, Tarde permanece fiel al tema de la imitación y al modelo hipnótico, pero cambia alguna de sus perspectivas. En efecto, contrariamente a lo que afirmaban Les lois de l’imitation, privilegia, en su “interpsicología infantil”, la relación con la madre o con su substituto, conforme con su experiencia personal, ya que como hijo único y huérfano de padre a edad temprana, fue criado por una madre a la que estuvo muy unido. (ver recuadro)




La conversación y la imitación infantil

“Nunca, a excepción de un duelo, se observa a alguien con toda la fuerza de atención de la que se es capaz salvo a condición de hablar con la persona. Este es el más constante, el más importante efecto, y el menos destacado de la conversación. Ella marca el apogeo de la atención espontánea que […] los hombres se prestan recíprocamente y a través de la cual se interpenetran con infinitamente más profundidad que en cualquier otra relación social. Conectándolos, los hace comunicar con una acción tan irresistible como inconsciente. Por consecuencia, es el agente más poderoso de la imitación, de la propagación de los sentimientos, de las ideas y de los modos de acción. Un discurso elocuente y aplaudido es a menudo menos sugestivo, porque confiesa la intención de serlo. Los interlocutores actúan entre sí, desde muy cerca, con el timbre de la voz, la mirada, la fisonomía, los pases magnéticos de los gestos y no sólo con el lenguaje. Se dice con justicia de un buen conversador que es un buen seductor en el sentido mágico de la palabra” [Tarde, 1901, p. 87-88].


En una clase en el Collège de France publicada póstumamente, Tarde retoma el análisis del primer vínculo imitativo del niño:

“Los niños pequeños están solos únicamente cuando duermen. Con los ojos abiertos, siempre encuentran un rostro conocido del que toman la mirada. Por menos prolongada que sea, sólo los adultos conocen la soledad de la vigilia.

La cantidad de personas con las que entran en relación –en relación de copia con modelo, o de discípulo con maestro, o de súbdito con monarca- aumenta gradualmente hasta su completa formación…

Comienzan viendo sólo a su madre o a su nodriza. Es una sociedad de dos, donde la sugestión es unilateral. Y no es sorprendente que la sugestión hipnótica ayude a explicar, tan poderosamente, el vínculo social, si se entiende que la iniciación de todo hombre a la vida social comenzó en su infancia y que la relación del niño con la nodriza o con la madre que lo cuida se asemeja extrañamente al vínculo del hipnotizado con el hipnotizador. Entramos entonces en la vida social, primero por una sugestión verdadera, es decir, producida por una única persona; luego, como la cantidad de personas que nos sugestionan va en aumento, esas sugestiones se neutralizan en parte y nuestra aparente independencia es el resultado de su creciente complicación” [Tarde, 1909, p. 162].






Recepción de las obras de Tarde y de Le Bon

La obra de Tarde queda, en cierto modo, condenada al purgatorio después de su muerte. En vísperas de la guerra, es sobre todo la obra de Durkheim la que representa la ciencia social reconocida desde un punto de vista académico. ¿Ocurre lo mismo con la psicología? ¿La psicología social solo fue en esa época una denominación “non encore revendiquée au nom d’un groupe ou d’un savoir précis”?14 [Apfelbaum, 1981, p. 400]. Hay que matizar este análisis, ya que Tarde siguió siendo un referente importante para los psicólogos franceses. La “interpsicología”, por ejemplo, es el título de un capítulo importante del clásico tratado de psicología publicado por Georges Dumas entre las dos guerras.

Por otra parte, Le Bon y Tarde sirven de inspiración a la psicología colectiva psicoanalítica. Las descripciones de La psychologie des foules sirven de punto de partida a “Psicología de las masas y análisis del yo” [Freud, 1921]. Aunque Freud sólo cita una vez esta obra, Les lois de l’imitation lo inspiraron no obstante en mayor medida que La psychologie des foules [Moscovici, 1985]. Pero, al revés de Tarde, Freud propone el modelo hipnótico de manera crítica, dado que la sugestión, según este autor, no explica nada y que la hipnosis sigue siendo un fenómeno enigmático.

Si se aborda la recepción de Tarde y de Le Bon a fines del siglo XX, hay que mencionar destinos póstumos contrastantes. La obra de Tarde, por su diversidad, autoriza múltiples relecturas que presentan al magistrado del Perigord como un psicólogo social, pero también como un sociólogo individualista que ofrece una alternativa a la tradición durkheimiana, o como filósofo que merece ser redescubierto. Conservador de derecha, Le Bon reivindicó ser el inspirador y consejero de algunos hombres de estado de extrema derecha. En la continuidad de esta reivindicación, su obra y su personaje pudieron ser revalorizados y glorificados por una esfera de influencia de extrema derecha que exalta la raza.



Alfred Binet y la psicología individual

Alfred Binet (1857-1911) asoció su nombre al del célebre test de inteligencia que elaboró entre 1904 y 1905 con Théodore Simon (1873-1960) [Huteau y Lautrey, 1997]. Pero este test, en relación con la obra tan variada y tan original de Binet, podría ser comparado con la parte emergente de un iceberg.

Oriundo de Niza, Binet obtiene una licenciatura en derecho en 1878 y emprende, sin terminarla, la carrera de medicina. Finalmente, en 1894, defiende una tesis de ciencias naturales sobre el sistema nervioso subintestinal de los insectos. Ni normalista, ni catedrático en filosofía, ni médico, no presenta entonces el perfil tipo de los primeros psicólogos universitarios franceses. Esta es sin dudas una de las razones que explican que no haya obtenido, en 1902, la cátedra que dejara vacante Ribot en el Collège de France, conferida a Pierre Janet.
Primeras experiencias en la Salpêtrière y en La Sorbona
Binet se inicia como psicólogo en 1882, en la Salpêtrière, realizando con un médico, Charles Féré (1852-1907), una larga serie de experiencias hipnóticas, algunas veces extrañas, en el servicio de Charcot [Plas, 2000a]. En su primera obra, La psychologie du raisonnement [1886], que había sido precedida por algunas publicaciones en la Revue philosophique dirigida por Ribot, Binet indica que utilizó las alucinaciones provocadas en sujetos histéricos para estudiar las propiedades de la imagen. Quiere demostrar que todo razonamiento puede reducirse a un ordenamiento de imágenes y que “la science la plus haute se résume à ce simple mot: voir15 [Binet, 1886, p. 155]. Binet se inspira en esto directamente de Taine: no solo toma su idea de que las alucinaciones proporcionan una “amplificación” de los fenómenos, sino que se esfuerza también por verificar experimentalmente la célebre frase según la cual “el espíritu es un polipero de imágenes”. Por otra parte, incluso antes de su aparición, Binet enviará su obra a Taine quien le confirmará su pleno acuerdo con las hipótesis allí testeadas experimentalmente [Taine, 1885].

Luego publica, junto a Féré, Le Magnétisme animal [1887]. Este título puede parecer sorprendente ya que Charcot y sus alumnos consideran unos charlatanes a los antiguos magnetizadores. Pero piensan que el hipnotismo, por ser un estado nervioso, no es más que el magnetismo animal liberado de las supersticiones que lo acompañaron tradicionalmente. En sus experiencias, Binet y Féré aplican imanes sobre el cuerpo de las histéricas hipnotizadas para suscitar o hacer desaparecer diversos síntomas físicos, persuadidos de que los imanes provocan una transferencia de excitación nerviosa de un lado al otro del cuerpo. Conservan pues la idea de que estos fenómenos se explican por un desplazamiento del “fluido nervioso”, igual que Mesner pensaba que se debían a cambios en el reparto de un fluido universal.

Poco después, Binet, sensible a las críticas de la escuela de Nancy, se da cuenta de que esos fenómenos, que creía haber estudiado con el mayor rigor experimental, son producto de la sugestión. Conservará después de ello una gran desconfianza frente a la sugestión y consagrará una obra, en 1900, a la sugestionabilidad. Durante algunos de los años siguientes, siempre fiel al método patológico, adopta concepciones mucho más cercanas a las de Janet y publica dos obras sobre la doble personalidad.

Pero, al mismo tiempo empieza a investigar en el laboratorio de psicología fisiológica de La Sorbona, fundado en 1889 y dirigido desde entonces por el fisiologo Henry Beaunis, al que Binet sucedió en 1894, año en el que crea, junto con Beaunis, la revista L’année psychologique (ver cap.2, parágrafo “Institucionalización: revistas, cátedras, laboratorios, congresos”).

De 1892 a 1896, Binet dirige experiencias de psicología fisiológica, por ejemplo sobre la circulación capilar, la fuerza física o el consumo de pan en las escuelas. Se interesa también por los “signos físicos” de la inteligencia y mide el perímetro craneal de niños de “inteligencia desigual”. Al mismo tiempo, publica una serie de monografías sobre “sujetos de excepción”, calculadores prodigio, grandes jugadores de ajedrez, prestidigitadores, autores dramáticos, por lo que parece seguir en esto la realización del programa asignado por Taine a la psicología.

La psicología individual
Esas experiencias tan dispares hacen pensar que el procedimiento de Binet está totalmente desprovisto de coherencia interna. Pero, en 1896, publica en L’année psychologique, junto con su colaborador Víctor Henri (1872-1940), un artículo intitulado “La psicología individual” que permite comprender qué es lo que hace a la unidad de todos sus trabajos. Los autores trazan un programa de investigación destinado a fundar lo que más tarde se llamará, psicología diferencial, cuya base es “anatómica y fisiológica” y que debe conducir al estudio de los diez procesos superiores: “mémoire, nature des images mentales, imagination, attention, faculté de comprendre, suggestibilité, sentiments esthétiques, sentiments moraux, force musculaire et force de volonté, habileté, et coup d’œil” [Binet y Henri, 1896, p. 435]. En efecto, Binet lamenta que la mayoría de los trabajos sobre las diferencias individuales se refieran sólo a los procesos elementales, tal como los mental tests perfeccionados por el psicólogo americano James McKeen Catell (1860-1944), que sólo miden las capacidades sensoriales y motrices. Piensa que las diferencias individuales son más importantes para los procesos superiores que para los procesos elementales.

Durante muchos años, Binet publica solo, o mas generalmente con alguno de sus colaboradores, numerosos estudios de psicología fisiológica y sólo algunos trabajos sobre los procesos superiores. Pero pronto aparece L’étude expérimentale de l’intelligence [1903] cuyo tema principal son las experiencias de sus dos hijas, llamadas en la obra Marguerite y Armande (en realidad Madelaine y Alice). El método “experimental” del que trata la obra es una introspección sistemática ya que sus hijas, según él, están entrenadas para convertirse en “sujetos inteligentes” que “se observan con atención”. Por ese entonces, Binet considera, al revés de Ribot o de Janet, que la introspección es el método de la psicología. Quiere “étudier dans l’idéation ce qu’il y a de personnel à chacun de nous”17 [Binet, 1903, p. 302]. Una de las conclusiones que saca de este estudio es que existe un pensamiento sin imágenes, tesis que va exactamente en contra de la que sostenía en La psychologie du raisonnement. Más tarde, Binet reivindicará la prioridad de este descubrimiento con respecto a los psicólogos de la escuela de Würzburg.


Frame2



La psicología en la escuela primaria y en otras partes
L’étude expérimentale de l’intelligence [1903], que se sitúa en la tradición de las monografías deseadas por Taine, contrasta notablemente con la primera versión del test, elaborada casi al mismo tiempo. ¿Cómo llegó Binet a concebir el proyecto de este test?

Ya demostró su interés por la pedagogía, desde el momento en que ésta se basa en el método experimental. Fundó, junto con Victor Henri, una colección intitulada “La Biblioteca psicológica y pedagógica”, inaugurada en 1898 con la publicación de su obra sobre La fatigue intellectuellel. Recuérdese que en 1881 y 1882, Jules Ferry, por entonces ministro de Instrucción pública, elaboró, con la ayuda de Ferdinand Buisson, las leyes escolares que instituyen en Francia la escolaridad obligatoria, laica y gratuita. Algunos maestros y pedagogos desean incrementar sus conocimientos psicológicos sobre los niños. Con este fin, Ferdinand Buisson, por entonces profesor de ciencias de la educación en La Sorbona, funda, en 1899, la Sociedad libre para el estudio psicológico del niño (devenida actualmente la Sociedad Alfred Binet & Théodore Simon) y le pide a Alfred Binet que forme parte de ella. Este se convertirá en su presidente en 1902 al suceder a Ferdinand Buisson, elegido como diputado. Ese mismo año 1899, un joven interno de medicina, Théodore Simon, que acaba de ser nombrado en la Colonia de niños anormales de Perray-Vaucluse, se pone en contacto con Binet con el fin de trabajar en su laboratorio. Binet, que encuentra algunas dificultades para llevar a cabo sus experiencias con los niños de las escuelas, ve la ventaja de una colaboración con Simon y emprende con él trabajos de cefalometría. Pero debe esperar hasta 1905 para obtener oficialmente, de la Dirección de enseñanza primaria del Sena, un laboratorio-escuela.

En 1904, el Ministerio de Instrucción pública, que desea disponer de un método para diferenciar los niños normales de los niños incapaces de gozar del beneficio de la instrucción escolar, crea una Comisión ministerial para los anormales, de la cual forma parte Binet. Esta comisión decide que todos los niños presumiblemente retrasados deben someterse a un examen pedagógico y médico, para determinar si pueden ser admitidos en una escuela especial. Por esta razón, Binet y Simon perfeccionan el test con el fin de disponer de un instrumento de “diagnóstico diferencial”. La primera versión de esta Escala métrica de la inteligencia aparece en L’année psychologique [Binet y Simon, 1905]. Se compone de una serie de pruebas destinadas a situar al niño con relación al rendimiento promedio de la categoría de edad a la que pertenece y no –Binet insiste muchas veces sobre este punto- a atribuirle una nota, pues ésta, tomada por sí misma, no tiene ningún valor. Habiendo recomendado la Comisión ministerial para los anormales la creación de grupos de “perfeccionamiento”, Binet logra que el primero de esos grupos se abra a partir de 1907 [Avanzini, 1999].

Los problemas de definición de la debilidad mental que los autores habían encontrado durante el perfeccionamiento del test llevan a Binet a retomar la patología mental, pero con una perspectiva completamente distinta que la definida por Ribot. En efecto, en los tres tomos de L’Année psychologique que preceden a su muerte prematura en 1911, Binet publica con Simon tres artículos, que representan en total más de 550 páginas, dedicados a un panorama general de la alienación mental. Su proyecto es extender su enfoque diferencial al estudio de la alienación: tratan de identificar un “estado mental” característico de cada afección, con el fin de obtener un diagnóstico diferencial. En sus artículos, Binet tiene sumo cuidado en destacarse de la psicología patológica evolucionista de Ribot y de la noción de síntesis mental tan valiosa para Janet.

Se puede ver entonces que la obra de Binet no se limita a la medición de la inteligencia y que este autor no considera el test como el punto culminante de sus trabajos. Para él, la psicología del niño sólo es uno de los aspectos de la psicología individual que trata de fundar. Además, tiene ambiciones filosóficas y literarias: en 1905, año de la aparición de la primera versión del test, publica una obra “filosófica”, L’âme et le corps, que constituye una tentativa, poco hábil por otra parte, de terminar el debate monismo-dualismo. Al mismo tiempo, escribe, en colaboración con André de Lorde, obras destinadas al Grand-Guignol, dirigidas por los locos que va a observar al asilo.
Posteridad de un test y de una obra
El test pasa casi inadvertido en Francia en el momento de su publicación. El inicio de su éxito data de su introducción en los Estados Unidos en 1908, a través del psicólogo americano Henry Goddard (1866-1957), notorio eugenista. Este último lo utilizó para clasificar a los deficientes mentales y sobre todo para evaluar la inteligencia de los candidatos a la inmigración, lo que llevó a rechazarlos en gran número por debilidad. Según Paicheler [1992], las expulsiones por ese motivo aumentaron en un 350% en 1913 y en un 570% en 1914. Binet no hubiera probablemente aprobado este uso de su test.

La mayoría de las veces, se considera a Binet como uno de los fundadores de la psicología experimental francesa y de la psicología del niño. Sin embargo, se trata aquí de una doble ilusión retrospectiva. Al contrario de Toulouse, Vaschide y Piéron que publican el primer manual francés de psicología experimental [1904], Binet considera la psicología de laboratorio una psicología limitada a los procesos sensoriales y es finalmente un experimentalista más bien moderado: la mayoría de las experiencias de laboratorio de La Sorbona son llevadas a cabo con o por sus colaboradores. Con el transcurso de los años, esos estudios de “psicología fisiológica” se hacen cada vez menos frecuentes. Abandona casi completamente su laboratorio para dirigir investigaciones en medios “naturales”, particularmente en la escuela y en su domicilio. Otorga siempre un lugar privilegiado al método introspectivo. Lleva a cabo simultáneamente monografías, experiencias, investigaciones y encuestas. De este modo, para Binet, prevalece finalmente el eclecticismo en cuanto a método, con la condición de saber elegir los más apropiados al objeto de estudio del psicólogo.

¿Se lo puede caracterizar como psicólogo infantil? La apariencia heteróclita de sus investigaciones disimula la unidad de su proyecto que es el de estudiar científicamente las funciones superiores y las propiedades de los procesos psicológicos que dan cuenta de las diferencias individuales. Con este fin, el niño es un objeto de estudio entre otros, tal como los criminales, los artistas, las mujeres, etc. [Binet y Henri, 1896]. Si bien es cierto que Binet se preocupaba por la aplicación de su psicología a la pedagogía, como lo atestigua su obra Les idées modernes sur les enfants [1911b], el hecho de que intentara al mismo tiempo renovar el enfoque de la alienación mental a la luz de su psicología individual indica claramente que él no esperaba limitarse al estudio del niño.

Para concluir, a pesar de la cantidad, de la variedad y del interés de sus trabajos, Binet continúa siendo una figura atípica de la psicología francesa. Ciertamente, es gracias a su test que su nombre fue conocido, pero este éxito contribuyó a ocultar el resto de su obra.

  1   2


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal