Hegel y la dialéctica



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HEGEL Y LA DIALÉCTICA
En un escrito de juventud Hegel se propone a sí mismo como proyecto filosófico el cometido de “pensar la vida”. El método dialéctico responde a ese ambicioso objetivo de Hegel de someter a la razón el flujo completo y contradictorio en que consiste la realidad misma, donde todo aparece dinámicamente interrelacionado y lo “negativo” es asumido como un momento esencial en el proceso de lo real.
Sin embargo, el término dialéctica y la concepción dialéctica de la realidad no es hallazgo exclusivo de Hegel. Existía ya en la tradición filosófica anterior, a lo largo de la cual había ido adquiriendo diversas significaciones.
LA DIALÉCTICA: PRINCIPALES CATEGORÍAS
Se ha querido resumir la concepción de la dialéctica en Hegel como si se tratara de un método de relacionar y reducir violentamente los diversos aspectos de la realidad según el esquema triádico de tesis (afirmación) – antítesis (negación) – síntesis (negación de la negación). Siendo esto cierto, el concepto de dialéctica va más allá.
Podríamos aproximarnos a este concepto diciendo que dialéctica es el mismo proceso complejo y contradictorio de la realidad concebida como totalidad en movimiento, y del pensamiento que así correctamente la concibe y la revela. Trataremos de explicarlo: el sentido común (argumenta Hegel) concibe sus objetos aislados y separados del resto de la realidad. Se refiere a una mesa, a un árbol, o a un cuadro, y afirma que al referirse a esos objetos está tratando con objetos concretos. Pero ésta es una forma abstracta de concebir la realidad, aunque desde el punto de vista del sentido común parezca lo contrario. El “entendimiento” (que en Hegel como en Kant se distingue de la “razón”) procede aislando sus objetos, abstrayéndolos o separándolos del resto de la realidad.
Frente a este punto de vista, Hegel contrapone el de la dialéctica y afirma que “la verdad es el todo”. Frente al sentido común y al “entendimiento abstracto” la razón concibe los objetos y los procesos desde el punto de vista de la totalidad. Hegel se refiere a los distintos momentos en que se despliega la realidad en su proceso.
Ahora bien, estos momentos en que el proceso de la realidad se va constituyendo, son momentos contrapuestos o antagónicos, no meramente yuxtapuestos. Esta relación de contraposición o antagonismo es lo que Hegel llama el momento negativo o propiamente dialéctico de la realidad y del saber que revela este proceso.
Este “momento negativo” cobra una gran importancia en la dialéctica hegeliana en la medida en que es lo que dinamiza la realidad, lo que la hace moverse: la realidad es movimiento por esa tensión de contrarios que la habita y que hace que algo sea y no sea al mismo tiempo y tienda y esté referido necesariamente a aquello que no es.
La contradicción es el motor de la dialéctica:
Ahora bien, si en el proceso de la realidad se da una lucha de contrarios y ésta es concebida como el mismo motor del movimiento, este antagonismo no es definitivo. El proceso comporta un tercer momento, el momento de la “superación” (aufhebung): aquello que perece reaparece de algún modo en algo nuevo que el negarlo lo conserva, constituyéndose a su vez en un nuevo momento del proceso:
“… el capullo (tesis) desaparece al abrirse la flor (antítesis), y podría decirse que aquél es refutado por ésta; del mismo modo que el fruto (síntesis) hace aparecer la flor como un falso ser allí de la planta, mostrándose como la verdad de ésta en vez de aquélla. Estas formas no sólo se distinguen entre sí, sino que se eliminan las unas a las otras como incompatibles. Pero, en su fluir, constituyen al mismo tiempo otros tantos momentos de una unidad orgánica en la que, lejos de contradecirse, son todos igualmente necesarios, y esta igual necesidad es cabalmente lo que constituye la vida del todo”. (Fenomenología del Espíritu. O.c. pág. 8).
En la “vida del todo” nada se pierde definitivamente. La dialéctica hegeliana al pensar las contradicciones que manifiesta la trama dinámica de la realidad encuentra finalmente el sentido y se expresa en esa tesis de inspiración optimista y reconciliadora: lo que es negado al superarse se conserva.
Un discípulo heterodoxo de Hegel, un miembro de lo que luego se llamó “izquierda hegeliana”, Karl Marx, pretendería más tarde realizar la “inversión de la dialéctica”, “poner la dialéctica sobre sus pies” retomando la frase de Hegel para negarla: “que el hombre se apoyase sobre su cabeza, esto es, sobre el pensamiento”. (Apuntamos aquí esta cuestión para luego estudiarla más detenidamente en el tema del marxismo).







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