Hegel, marx y la dialéctica



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4.- El quimismo





Pero en el "mecanismo absoluto", aunque relacionados, los objetos diversos no dejan de ser indiferentes entre sí, y su determinación es ajena a su propia naturaleza constitutiva. La objetividad mecánica deja subsistir la subjetividad del concepto en la diferente naturaleza de los objetos. Esta naturaleza constituye el objeto químico. El objeto químico existe y se determina como independiente (o como concepto subjetivo) en virtud de esa naturaleza química inmanente; pero en tanto deja subsistir a los otros objetos no puede concretar su autodeterminación como concepto objetivo. Así, su determinación está puesta por los otros objetos diferentes. Esta contradicción entre su naturaleza individual concreta y la determinación unilateral o subjetiva de su existencia, es la que le impulsa a determinarse según su concepto objetivo. Dado que cada objeto está puesto por su concepto subjetivo en contradicción con la consecuente unilateralidad de su propia existencia, tiende a eliminarla; y en esa tendencia va implícito el impulso a eliminar la determinación unilateral o individual del otro objeto. Al contrario del objeto mecánico, el objeto químico se revela aquí como diferente, pero no indiferente respecto de otro. El estar en tensión uno frente al otro - como diferentes no indiferentes- desencadena el proceso denominado quimismo, donde la concreta materialidad inmanente de los objetos químicos así vinculados o comunicados desaparece, se particulariza uno en el otro, y la tensión se neutraliza en un nuevo producto. De este modo, el concepto se concreta no en el todo múltiple de lo universal - como en el mecanismo- sino en la singularidad:

<
neutro de sus tensos extremos, neutros que éstos son en sí; el concepto, lo universal concreto se concluye con la singularidad, o sea, con el producto, mediante la diferencia [no indiferente] de los OBJETOS o la particularización, y por eso el concepto se concluye solamente consigo mismo. Desde luego, en este proceso están también contenidos los otros silogismos; la singularidad en cuanto actividad; la singularidad en cuanto actividad es igualmente lo que media, como también lo es el universal concreto, la esencia de los tensos extremos que en el producto (neutro respecto de ellos) logra la existencia>> (F.W.G. Hegel: "Enciclopedia de la ciencias filosóficas" § 201. Lo entre paréntesis es nuestro)
El quimismo, es la primera negación de la objetividad indiferente o subjetiva del objeto y de la exterioridad de su determinación, esto es, de su determinación por otros. Pero dada la naturaleza, del objeto químico, el producto de esta primera negación le hace recaer en una nueva objetividad indiferente. Por tanto es una objetividad no conceptual, es decir, el objeto sigue cayendo fuera de la universalidad e independencia del de concepto. Esto se aprecia en la forma del silogismo disyuntivo:

A es B, o C, o D.

Pero A es B.



Luego, A no es C ni D
En este silogismo, el objeto A no sólo es sujeto en las dos premisas sino también en la conclusión. En la primera premisa es lo genérico o universal, pero abstracto o no determinado, en tanto el predicado es lo universal diferenciado en sus especies. Esta diferenciación contiene la tensión o tendencia del objeto-sujeto A a determinarse. En la segunda premisa A está determinado como una especie. En esta determinación la tensión se neutraliza. En la conclusión, A aparece como una determinación particular exclusiva y, por tanto nuevamente excluyente, negativa, donde el producto del quimismo - la nueva unidad- conserva o deja intacta su anterior independencia y tensión. Por tanto, este producto resulta ser una unidad abstracta y formal :

<producto es un producto neutral, es decir, un producto tal, que los ingredientes que ya no pueden ser llamados objetos, no tienen más su tensión y, con eso, tampoco las propiedades que les competían cuando eran objetos en tensión; pero donde se ha conservado la capacidad de su anterior independencia y tensión. La unidad negativa (entre A y B) de lo neutral, deriva precisamente de una diferencia presupuesta; la determinación del objeto químico es idéntica a su objetividad, es originaria. Por medio del proceso ahora considerado, esta diferencia está eliminada solo de modo inmediato; por consiguiente, la determinación no está todavía reflejada en sí de modo absoluto, y así el producto del proceso es sólo una unidad formal>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro III Cap. 2 B. Lo entre paréntesis es nuestro)
El quimismo, pues, supone dos procesos. El primero, consiste en la tensión entre dos objetos diferentes pero no indiferentes cuyo producto es la neutralidad que comprende las diferencias. El segundo es la diferenciación presupuesta por la propia naturaleza del objeto químico. En realidad, estos dos procesos, es decir, por un lado la tensión exterior resuelta en neutralización y por otro la independencia formal que se resuelve en tensión exterior, constituyen dos momentos esenciales de un solo proceso, donde lo neutral tiene fuera de sí el principio de la independencia que así resulta ser meramente formal. En el producto neutro, las propiedades determinadas que los objetos tenían uno frente al otro han sido superadas en una unidad de lo diverso adecuada al concepto. Pero es éste un producto en sí mismo carente de la tensión o capacidad de autodeterminación. Esta tensión surge de la exterioridad, de lo inmediatamente diferente a él, y esto cae fuera de la autodeterminación propia del concepto.

Así, vistos desde sus resultados, con el paso a productos distintos, desde lo diferente a lo neutro y de lo no diferente o neutro a la diferenciación, ambos procesos muestran su finitud, porque acaban en productos u objetos inadecuados al concepto. Pero desde la perspectiva de su finalidad, en tanto anulan la tensión exterior y neutralizar las diferencias, esto es, la inmediatez de la exterioridad, ambos procesos ponen al objeto químico en la libre determinación de su concepto:



<exterioridad de estos dos procesos, la reducción de lo diferente a lo neutro y la diferenciación de lo no diferente o neutro, que los hace aparecer como autosuficientes uno ante otro, muestra sin embargo su finitud en el paso a productos en los que estos procesos están superados. A la inversa, el proceso expone la inmediatez presupuesta de los OBJETOS diferentes como nula. En virtud de esta negación de la exterioridad y de la inmediatez en las que el concepto se había hundido, éste ha sido puesto [ahora] como libre y para sí en oposición a aquella exterioridad e inmediatez: [es decir, el concepto ha sido puesto] como fin.>>(G.W.F.Hegel: " Enciclopedia de las ciencias filosóficas" § 203)



5.- La teleología

En el quimismo, pues, el concepto no es un objeto sino un proceso del intelecto que se determina según una finalidad. Es la teleología. Para la consecución de cualquier finalidad se requiere que el intelecto tenga plena libertad y que el concepto que lo concreta se autodetermine.

En este sentido, la teleología se contrapone al mecanismo, porque allí, al determinarse en un objeto, el concepto no demuestra ninguna autodeterminación. La resolución del quimismo en la finalidad, en cambio, pone al concepto no como objeto sino como proceso del intelecto que es libre en tanto traspasa toda determinación hasta alcanzar su finalidad. Hegel acude a Aristóteles para ilustrar sobre esta diferencia distinguiendo entre las causas eficientes del mecanismo y las causas finales del quimismo, esto es, entre la pura fuerza que actúa si más y un vector o fuerza con dirección y sentido previsto, no por la experiencia sensible - como en Whitehead- sino por el intelecto.
Por otra parte, en el mecanismo, la fuerza del concepto que actúa y determina o comprende, no es inmanente sino exterior a ella; el centro y su influencia gravitatoria, es decir lo que determina y lo determinado, están en una relación de necesidad o fatalismo mutuo de la que el concepto no puede salir. En el quimismo, en cambio, la fuerza del concepto lleva en sí y por sí su finalidad, es la fuerza cuya determinación no recae sobre un objeto sino sobre un proceso; es un concepto objetivo pero no como un existente (el sol) sino como un devenir y, por tanto, como negación de toda determinación en algo exterior o extrínseco. Es el principio activo que anuncia la libre infinitud de la idea:

< en general (y por eso anuncia) el principio superior, es decir, el concepto en su existencia, concepto que es en sí y por sí lo infinito y lo absoluto -esto es, un principio de libertad consciente en absoluto de su autodeterminación, que está sustraído en absoluto al ser determinado extrínseco del mecanismo. (...) Ya se ha recordado que la oposición entre la teleología y mecanismo es, en primer lugar, la oposición universal entre libertad y necesidad.>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro III Cap. 3. El subrayado y lo entre paréntesis es nuestro)
Ahora bien, la finalidad del quimismo, en tanto presupuesta en cada momento del proceso en el que el concepto se realiza en sí y para sí, es una forma, pero como tal finalidad formal, tiene por contenido a lo finito. De este modo, según se ha visto ya, la determinación resultante (C) no sería una autodeterminación del intelecto sino una exterioridad siempre finita, ajena a la infinitud de la finalidad consciente, tal como ocurre con los animales, cuya actividad finalística es una determinación del instinto conservador y reproductor de su especie, del mecanismo y del quimismo operantes en su naturaleza específica como parte de la naturaleza en general; o con la actividad del ser humano cuyas finalidades se agotan en las necesidades sociales en general o de la conveniencia individual:

<<...cuando las actividades del espíritu se contemplan sólo como exteriorizaciones, fuerzas o [facultades] en general, tal vez con la determinación de la utilidad, es decir como finalísticamente adecuadas para algún otro interés de la inteligencia o de la afectividad, no está presente entonces ningún fin último. Este sólo puede ser el concepto mismo y la actividad del concepto sólo puede tenerlo a él mismo como fin, [esto es] superar la forma de la inmediatez o de la subjetividad, alcanzarse y captarse, liberarse hasta [llegar] a sí mismo. De este modo, las llamadas facultades del espíritu en su distintividad sólo han de considerarse como peldaños de su liberación. Y eso es lo único que se debe retener para el modo de consideración racional del espíritu y de sus distintas actividades.>> (G.W.F. Hegel: "Enciclopedia de las ciencias filosóficas" Parágrafo 442)

Para comprender mejor esto último, tomemos el proceso de trabajo según la siguiente figura silogística:

El medio B actúa según la finalidad A.

C deviene objeto según B.

Luego, C deviene como A

Aquí, la finalidad A se refiere inmediatamente al objeto B que funge como medio; en un segundo momento, B en tanto medio de A determina inmediatamente a C. Por último, el objeto determinado C - distinto e independiente de B- aparece según la finalidad presupuesta en A. Tal es el proceso que Hegel atribuye a la "astucia de la razón" y que describe así:

<(A) se refiera inmediatamente a un objeto (B) y lo convierta en medio, como también que determine a otro objeto (C) por medio de éste, puede considerarse como una violencia (transformación), por cuanto el fin aparece de muy otra naturaleza con respecto al objeto (B), y los dos objetos (B y C) son igualmente tonalidades recíprocamente independientes. Sin embargo, el hecho de que el fin (A) se ponga en la relación mediada (a través de B) con el objeto (C), e interponga entre sí y aquél un otro objeto, puede considerarse como la astucia de la razón>> (Ibíd. Lo entre paréntesis es nuestro)

Según la primera de las premisas, la actividad finalística sobre su medio, todavía es una actividad exterior al concepto, porque la finalidad presupuesta en A no coincide con el objeto (B). En la segunda premisa, la relación inmediata del medio (B) con el otro extremo (C) del silogismo, entra en la esfera del mecanismo y del quimismo según el fin presupuesto. De este modo, en el fin realizado, el concepto alcanza su autodeterminación como actividad del pensamiento, donde lo objetivo de esta actividad sobre el medio (B), es decir, los medios de producción "se desgastan por fricción mutua y se superan" (Cfr.: "Enciclopedia..." parágrafo 209)
Pero como la palabra fin lo indica, el contenido de esta finalidad es finito, como que cualquier objeto que se usa o consume acaba destruyéndose. Y la finitud no se compadece con el contenido infinito del concepto en tanto actividad del espíritu, esto es, como racionalidad incondicionada o autosuficiente.

Al ser determinaciones de la finalidad formal o ideal presupuesta por el intelecto, tanto el mecanismo de (B) como su producto (C) constituyen simples medios suyos en cuyo contenido dicha finalidad se mantiene o conserva, del mismo modo que el efecto contiene la finalidad que lo causa. En el traspaso teleológico de la causa al efecto, el concepto existe como causa que se conserva en el efecto o, lo que es lo mismo, el efecto contiene su causa. Por tanto, el efecto es el medio de manifestarse de la causa.



En tal sentido, todos los objetos (B) y (C) en que se realiza una finalidad, son igualmente medios según fines predeterminados por el intelecto, cuyo contenido conserva la finalidad. Pero ya vimos que el producto, el objeto (C), que debe contener el fin realizado y presentarse como la objetividad de dicha finalidad, es pecedero y, por tanto, limitado; cumple su fin no como producto, sino en el acto de ser consumido. Lo mismo aun cuando de distinto modo, lo que tiene que ser empleado (B) para la realización de un fin (C), y ser adoptado esencialmente como un medio, es un medio, pero sólo de acuerdo con su destinación de ser empleado y consumido (productivamente):

<

Realizan así su destinación sólo por medio de su consumo y destrozo, y corresponden a lo que deben ser, sólo por medio de su negación. No están vinculados de modo positivo con el fin, porque tienen su determinación (no dentro de sí mismos sino) junto a él, solamente de modo extrínseco, y son fines sólo relativos, o esencialmente tan sólo medios>> (Ibíd)

De todo lo dicho hasta aquí sobre la finalidad, se concluye que todos los objetos (B) y (C) son contenidos limitados o perecederos que la ilimitada forma absoluta del pensamiento determina como concepto objetivo, pero que tiende a relativizar y traspasar libremente. Este determinar y traspasar el concepto objetivo por parte del pensamiento libre es lo que Hegel desarrolla en la sección tercera del último libro de su "Ciencia de la lógica" bajo el título de: "La idea".


6.- La idea


Allí empieza por distinguir entre actividad reflexiva y actividad racional del intelecto. La actividad reflexiva sirve para entender las percepciones sensibles; la actividad racional para concebirlas según el concepto, en tanto unidad de sujeto y objeto, de pensamiento y objetividad. El momento de la Idea se distingue tanto del momento del puro entender como del concebir. Siguiendo a Aristóteles, Hegel define la idea como la unidad absoluta del sujeto en tanto concepto y del objeto concebido o creado en tanto sustancia, o sea, la verdad. Esto explica la famosa tesis enunciada en su prólogo de 1807 al sistema que precede a la "Fenomenología del Espíritu" donde dice que verdadero es lo que se aprehende "no sólo como sustancia sino también y en la misma medida como sujeto".

Habíamos dicho al principio de este trabajo que, según la concepción hegeliana, el pensamiento humano va asimilándose históricamente al pensamiento divino en la medida que adquiere niveles superiores de racionalidad hasta hacer inteligible la noción de verdad. Pues bien, en el momento de la Idea, en tanto unidad absoluta, esto es, libre o incondicionada entre el sujeto y la sustancia - como categorías lógicas puras- el pensamiento humano universal aprehende la verdad y realiza completa su tarea de homologarse lógicamente con la divinidad.



Pero que la Idea sea concebida lógica o idealmente, no quiere decir que sea de imposible realización; tampoco que se haga realidad automáticamente. La realización de la idea es un proceso que, según Hegel, da sentido a la historia. Ello nos remite nuevamente al aserto hegeliano de que no todo lo que existe es real:

<
meta a la que hay que acercarse, pero que quede en sí misma siempre como una especie de más allá; más bien hay que considerar que todo lo que existe es real, sólo mientras tiene en sí la idea y la expresa. El objeto, el universo objetivo y subjetivo, no sólo tienen que ser congruentes con la Idea, sino que son ellos mismos la congruencia entre el concepto y la realidad (esto es, la racionalidad). Aquella realidad que no corresponde al concepto, es pura apariencia o fenómeno, es lo subjetivo, lo accidental, lo arbitrario, que no es la verdad.>> (G.W.F. Hegel: “Ciencia de la lógica” Libro III Tercera sección: La Idea)

Analicemos este pasaje a través de la lente del materialismo histórico. Según vimos, lo que para Hegel es el pensamiento, para Marx es el trabajo humano. Lo mismo cabe distinguir respecto de la noción de concepto. Para Hegel es la unidad incondicionada del sujeto y del objeto, del pensamiento y de su objetividad o pensamiento objetivado, a través de la cual se expresa por sí mismo; tal como en una moneda de oro, donde el valor que representa o expresa coincide con el de la materia que lo contiene. Para Marx es la unidad entre el trabajo social y los medios de producción o trabajo social objetivado (herramientas y materias primas) que utiliza y define a las fuerzas productivas. Respecto de la noción de Idea, según Hegel es la unidad entre el sujeto en tanto concepto y la realidad producida por él en su devenir incondicionado. Según el materialismo histórico, es la unidad entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción que ellas se dan para sí en el curso de su desarrollo. En este sentido, es legítimo juzgar el capitalismo según la noción hegeliana de la Idea.
En tal sentido podemos decir que desde mediados del siglo XVII, al mismo tiempo que la burguesía demostró expresar adecuadamente la unidad entre el concepto de las fuerzas productivas y la realidad capitalista creada al interior de la sociedad feudal, la nobleza y su sistema de vida subsistente y políticamente dominante, pasaron a ser cada vez más meros fenómenos, realidades actuales, aparentes, ficticias. Del mismo modo, a partir de 1825, durante las crisis periódicas del capitalismo, aquella unidad o adecuación entre el concepto de las fuerzas productivas y la realidad de las relaciones de producción capitalistas se rompe. Esto se expresa en que una masa siempre creciente de fuerzas productivas ya creadas bajo la forma de capital son expulsadas del aparato productivo porque no caben en él, demostrando así que la sociedad capitalista no es capaz de integrar, abarcar o expresar la nueva Idea en desarrollo.

< estas relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo>> (K. Marx y F. Engels: “Manifiesto del partido comunista” Cap. I)

Esta es la determinación histórica de la decadencia del capitalismo. En cada crisis, el capitalismo deja de tener en sí mismo la idea en tanto que el concepto o racionalidad de las fuerzas productivas no se corresponde con la realidad existente de las relaciones de producción capitalistas, que así pasan a ser una realidad efectiva inmediata o realidad actual, todavía existente aunque cada vez más ficticia en tanto más se aleja de la Idea según se incrementa el capital acumulado. Esta creciente inadecuación se pone de manifiesto en que, según progresan las fuerzas productivas al interior de las relaciones de producción capitalistas, las dificultades que el capital se pone a sí mismo para expresar el concepto de las fuerzas productivas se presentan con mayor frecuencia y se vuelven cada vez más formidables, de modo que sólo supera esa inadecuación a costa de consecuencias económicas, sociales y humanas cada vez más dolorosas:



<<¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas (desvalorización del capital constante y del trabajo vivo: maquinaria en uso que se vende por chatarra y trabajadores disponibles a salarios muy por debajo de su valor); de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos ¿De qué modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas.>> Ibíd. Lo entre paréntesis es nuestro)
Sólo habiendo acompañado a Hegel de la mano de Marx por el camino de su "Ciencia de la Lógica" hasta este punto, es posible comprender plenamente lo que este gigante del pensamiento universal quiso significar cuando dijo que:
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