Hegel, marx y la dialéctica



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    1. 7.- De la posibilidad real a la necesidad





Finalmente, el conjunto de circunstancias que expresan el devenir de la realidad actual por los dos lados, van determinando las condiciones que convierten la posibilidad abstracta o formal en posibilidad real de que la racionalidad de las fuerzas sociales productivas (el pensamiento según Hegel) lleguen a expresarse por sí mismas. Es la posibilidad real de la revolución o “crisis revolucionaria”. En términos hegelianos, es la posibilidad real de la “COSA” devenida real en virtud de su racionalidad superadora o realidad efectiva del socialismo.

Volvemos otra vez a la teoría de las crisis capitalistas. En la medida en que la masa del capital acumulado se hace cada vez mayor y su metabolismo más acelerado por efecto del desarrollo de las fuerzas sociales productivas, la superación de las sucesivas recesiones, o de las sucesivas hondas largas depresivas se vuelve más y más dificultoso. Entre una realidad económica actual y otra media cada vez menos tiempo, y eso es lo que alumbra la posibilidad real del socialismo.



Mientras el proletariado carece de la capacidad o no se decide a actuar por sí y para sí mismo, la posibilidad que tiene de hacer la revolución es abstracta, porque en su lucha se abstrae de hacer lo que llegado el proceso a cierto punto, las “circunstancias” le exigen. Pero de realidad actual en realidad actual, el proletariado hace su experiencia y llega a convertir esta posibilidad abstracta en posibilidad real. Ahora, todo esto sin teoría revolucionaria es imposible.

En este sentido, cuando decimos que el paro estructural masivo y las sucesivas reformas laborales constituyen una realidad efectiva inmediata, una realidad actual desconocida antes de la década de los setenta, al igual que la generalización de los excedentes agrarios y la legislación que premia la limitación de la producción, así como la "alternativa" de los "compromisos históricos a través de los "frentes populares" como posibilidad abstracta de la revolución, estamos aludiendo al devenir de esas condiciones, donde la sucesiva concreción de la irracionalidad manifiesta en el conjunto de posibilidades formales o abstractas de las fuerzas productivas, toda vez que actúan en función de su otro polo de la contradicción dialéctica que son las relaciones de producción, no hacen más que confirmar la irracionalidad del capitalismo.

Las sucesivas condiciones del capitalismo sobre las que el proletariado experimenta y protagoniza sucesiva y reiteradamente como sujeto TODAS las formas de ser según su otro de la relación dialéctica (la burguesía, que predica sobre él, que dice o juzga en cada “circunstancia” lo que él es y lo determina como ser según los predicados de cada realidad actual), todo eso es una creación de las fuerzas productivas (el pensamiento en Hegel). Aunque no por ellas mismas sino a través de las formas de ser determinadas por su condición (las relaciones de producción capitalistas) son sin embargo las fuerzas productivas las que crean o determinan las distintas realidades actuales que dibujan en la historia el devenir del capitalismo. La totalidad de esas formas de ser que se concretan o materializan en las distintas realidades efectivas inmediatas o realidades actuales del capitalismo, es todo lo que cabe que el trabajo social haga en la sociedad capitalista actual; Es lo que en términos hegelianos podemos denominar “totalidad de contenido” o “totalidad concreta”, como forma de ser o existencia condicionada del trabajo social. Esta totalidad constituye el pasaje de la posibilidad abstracta a la posibilidad real de existencia de una COSA, esto es de una relación social, como realidad efectiva:

<exterioridad así desarrollada (de la fuerza social del trabajo en realidades actuales del capitalismo), es un círculo de las determinaciones (del trabajo social según las relaciones capitalistas de producción) de la [mera] posibilidad (del proletariado; el círculo de sus experiencias, de sus posibilidades abstractas) y de la realidad efectiva inmediata (del capitalismo), la mediación de las cuales, (de las posibilidades abstractas) una por la otra [es] la posibilidad real en general (de la revolución). En cuanto círculo de esta clase, la exterioridad desarrollada (el conjunto de determinaciones, realidades actuales o posibilidades abstractas del proletariado en el devenir de su ser enajenado), es, además, la totalidad (de esas formas de ser de la enajenación); es así el contenido, la COSA determinada (no ya por otros sino) en y para sí, y es también, con arreglo a la distinción de las determinaciones en esta unidad, la totalidad concreta de la forma (del pensamiento en Hegel; las fuerzas productivas en Marx) para sí (las fuerzas productivas como sujeto determinan su propio predicado: el socialismo, cuya unidad de significante y significado o juicio constituye el contenido de esa nueva forma de trabajar o modo de producción) el inmediato trasponerse de lo interior (de las fuerzas productivas por sí mismas) en lo exterior. (en la totalidad de las realidades actuales del capitalismo). Este automovimiento de la forma es, actividad, actuación de la COSA como [actuación] (de la totalidad de sus formas de ser según la determinación de su otro, esto es,) del fundamento real (del socialismo aun dentro del capitalismo que se expresa en sus contradicciones y) que se supera a sí mismo en realidad efectiva (inmediata ), y es actuación de la realidad efectiva contingente (como sucesión de las múltiples realidades actuales) o de las condiciones y de su superarse hacia otra realidad efectiva, la realidad efectiva de la COSA (entendida como totalidad de las formas de ser del trabajo social según el capitalismo o totalidad de las realidades actuales del capitalismo. Esta totalidad de formas de ser del trabajo enajenado constituye el contenido que es la COSA, no ya como posibilidad abstracta sino como posibilidad real. En Marx este momento define la crisis revolucionaria). Cuando todas las condiciones se han hecho presentes (a través de todo este proceso, de todo este automovimiento), la COSA tiene que llegar a ser efectivamente real y la COSA (el socialismo) es ella misma una de las condiciones (Esto en términos marxistas quiere decir que una de las condiciones de existencia del socialismo como algo interior que se exterioriza por sí mismo, está en la actuación de la vanguardia revolucionaria en tanto portadora de la racionalidad revolucionaria. En este sentido, la teoría revolucionaria es una premisa de la revolución), puesto que en primer lugar y en cuanto interior es algo meramente supuesto (sin ese supuesto de la teoría revolucionaria no hay posibilidad real de la revolución o del movimiento revolucionario). La realidad efectiva desarrollada en cuanto intercambio de lo interior (el pensamiento en Hegel, el trabajo social en Marx incluida la teoría revolucionaria) y lo exterior (la realidad efectiva inmediata o actual del capitalismo) que confluyen en uno..., [en una unidad que es la lucha de clases:

En fin, dando por sentado que estos tres elementos, (salario del trabajo, renta del suelo, ganancia, interés) son las fuentes de ingresos de las tres clases, a saber: la de los terratenientes, la de los capitalistas y la de los obreros asalariados –como conclusión, LA LUCHA DE CLASES, en la cual el movimiento se descompone y es el desenlace de toda esta mierda.” (K.. Marx: Carta a Federico Engels del 30/04/868)].......,

...el intercambio de sus movimientos contrapuestos (el de las fuerzas productivas y el de las relaciones de producción) unificados en un sólo movimiento (el de la COSA que es la revolución socialista) es la necesidad>> (G.W.F. Hegel: "Enciclopedia..." § 147 Lo entre paréntesis es nuestro)

Ahora bien, según el materialismo histórico, la tarea de preparar las condiciones para completar esta totalidad concreta del capitalismo en tanto existente, esto es, en tanto “realidad actual”, trasciende a la burguesía como clase dominante. En efecto, habíamos dicho más arriba que la burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar constantemente los medios de trabajo. Ciertamente, la tendencia de la burguesía a revolucionar incesantemente los medios de trabajo crea todas las condiciones que agotan sus posibilidades de existencia como clase dominante. Pero no acaban con el “ser en sí” o razón de ser de categorías fundamentales del capitalismo, tales como el trabajo asalariado, la forma de valor, los precios y el dinero. De estas “realidades actuales” del capitalismo debe hacerse cargo el proletariado como clase dominante sustituta de la burguesía en la nueva “realidad efectiva”: la sociedad de transición al socialismo. Esto es así, en razón de que la burguesía como clase no tiene capacidad para llevar las fuerzas productivas a un estadio tal que suponga la superación definitiva de la sociedad capitalista. Y no sólo porque se lo impide su congénita tendencia al derrumbe al interior de la sociedad donde impera la penuria relativa. En efecto, dada la naturaleza del proceso de valorización capitalista, el progreso tecnológico de los medios de trabajo no puede tener por referencia a la totalidad de la jornada de labor colectiva sino sólo a su parte paga, de tal modo que una mejora se transfiere al aparato productivo sólo cuando cuesta menos que los salarios de la mano de obra que reemplaza:

Por consiguiente, para el capital la ley del incremento de la fuerza productiva del trabajo no tiene validez incondicionada. Para el capital, esa fuerza productiva se incrementa no cuando se economiza en general en materia de trabajo vivo, sino sólo cuando se economiza en la parte paga del trabajo vivo más de lo que se adiciona en materia de trabajo pretérito, tal como ya se ha insinuado sucintamente en el Libro I, Cap. XIII, 2. Aquí, el modo capitalista de producción cae en una nueva contradicción. Su misión histórica es el desarrollo sin miramientos, impulsado en progresión geométrica, de la productividad del trabajo humano. Pero se torna infiel a esa misión no bien se opone al desarrollo de la productividad, frenándolo, como sucede en este caso. Con ello demuestra nuevamente que se torna decrépito y que, cada vez más, está sobreviviéndose a sí mismo>> (K. Marx: “El Capital” Libro III Cap. XV)

Dado que el capitalismo basa su existencia en la penuria relativa y el consecuente atraso de las fuerzas sociales productivas, tendrá que ser en cualquier caso el proletariado la clase que acabe la tarea de hacer efectivas todas las condiciones por las que el socialismo pase de ser una posibilidad real para convertirse en realidad efectiva definitivamente superadora del capitalismo. Mientras tanto, aun habiendo desaparecido el carácter mercantil de los medios de producción y la relación entre trabajo asalariado y capital, en tanto no se supere la penuria relativa y se revolucione el concepto de necesidad ligado al consumo de lo superfluo típico de la sociedad burguesa, tampoco desaparece del todo la formación social derivada del modo de producción capitalista. Bastante tiempo después de su desaparición como clase dominante, el espíritu de la burguesía pervive al interior la sociedad de transición para condicionar el desarrollo de las fuerzas productivas según la nueva realidad efectiva del socialismo; no sólo sobrevive en la categoría residual del dinero y los precios, también se yergue sobre la desigual distribución de los ingresos del trabajo según los distintos costes de reproducción de la fuerza de trabajo. Por lo tanto, es necesario distinguir entre las condiciones cuya “realidad actual” hace realmente posible la revolución política proletaria para iniciar el tránsito hacia la revolución social comunista, y las condiciones que se hacen presentes para hacer realmente posible el socialismo. Las primeras son una “realidad actual” del capitalismo todavía intangible, las segundas se hacen necesariamente presentes como “realidad actual” del capitalismo remanente al interior de la sociedad de transición:



<> (K.. Marx: “Contribución a la crítica de la economía política” Prólogo)

Cuando Marx dice en este pasaje que “Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella”, se refiere a las fuerzas productivas condicionadas aun por la existencia del trabajo como sustancia creadora de valor y sus necesarias consecuencias: la forma de valor, los precios, el dinero y la diferenciación salarial. Y cuando alude a las condiciones que hacen realmente posibles “nuevas y más altas relaciones de producción” adecuadas al concepto de las fuerzas productivas en esa etapa de su desarrollo, Marx se refiere a la eliminación de la categoría de capital, esto es, a la eliminación de la propiedad privada sobre los medios de producción y la fuerza de trabajo, que esto sí se alcanza inmediatamente después de la toma del poder.



Aunque más adelante se propuso desarrollar estos temas tan magistralmente condensados en el pasaje que acabamos de citar, Marx sólo tuvo tiempo de hacerlo de modo muy general en su “Crítica del Programa de Gotha”. Fue el movimiento revolucionario ruso dirigido por los bolcheviques, con Lenin a la cabeza, quien durante los años previos y posteriores a la gran revolución Rusa realizó el más completo y riguroso aporte teórico y experimental a la política del período de transición.

Teniendo en cuenta lo dicho hasta aquí, volvamos por un momento a la lógica del pasaje entre la posibilidad abstracta y la posibilidad real. Tomemos el producto de un trabajo concreto cualquiera, por ejemplo: un cojín. Es una existencia en general. Pero no una existencia inmediata porque no es un producto directamente natural sino que entre la naturaleza y ese objeto media el trabajo, tiene incorporada la actividad socialmente productiva del ser humano. Ya hemos visto que, en la sociedad preclasista, los productos del trabajo se presentaban como una identidad de contenido social inmediatamente real y directamente inteligible, entre la actividad productiva y la realización de su producto por el uso o consumo. En efecto, cuando un objeto se fabrica y consume o usa directamente por sus mismos productores, producción y consumo constituyen una identidad de contenido social indisoluble, porque son los mismos sujetos colectivamente organizados quienes sienten la misma necesidad y se abocan colectivamente a realizarla, donde lo socialmente necesario es inmediatamente posible y real o realmente posible.

En la sociedad de clases, por el contrario, esta identidad de contenido social se rompe. En primer lugar, porque la gran masa de los productores directos son separados (expropiados) de sus medios de producción, de modo que el producto también deja de pertenecerles; en segundo lugar, porque con el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, los excedentes del consumo determinan que la sociedad humana pase a organizarse en base a la propiedad privada, la división social del trabajo y el intercambio. Entre la producción y el consumo social se interponen los actos de compraventa. Aparece el mercado.

Bajo estas nuevas condiciones, la posibilidad de que un producto del trabajo cualquiera exista y que esa existencia se haga socialmente necesaria y por tanto real, eso es algo que depende del mercado. Así, como existencia en general, como actividad concreta, útil, el ser del trabajo asalariado contenido en el cojín es una posibilidad formal o abstracta. ¿Por qué? Hegel contesta a esta pregunta diciendo que, como exterioridad, como existente, en su devenir como “ser en sí” (valor de uso), el trabajo es idéntico consigo mismo, porque al reflejarse en su producto, en su existencia –en la medida en que es el resultado de un plan y de una acción consecuente- su esencia y su existir no se contradicen. Tal es el principio de todo existente en general. En el pasaje citado de la lógica de la esencia Hegel dice que:

< ser (inmediato) superado (por el trabajo pero en su inmediatez). Es la simple igualdad consigo misma (el trabajo que se ve reflejado en la cualidad de su producto)

En este ser inmediato ya hay una realidad: la del trabajo social, pero en la media en que esta realidad no se manifiesta sino que permanece hundida (reflejada dice Hegel) en la forma del producto, en una relación de identidad con él, la posibilidad de ser de esta realidad social (del trabajo) es meramente formal. Sin embargo, lo posible en la sociedad de mercado contiene algo más que el puro principio de identidad entre el trabajo concreto y su valor de uso. También es valor mercantil o trabajo abstracto. Y esto supone la contradicción, esto es, la ruptura de su originaria identidad de contenido entre trabajo concreto y valor de uso, entre producción y consumo y por tanto, la imposibilidad de llegar a ser real (que se presenta cuando lo que ha costado supera el trabajo socialmente necesario para su producción):



<
, (de la esencia, el ser del trabajo puesto en el producto como mercancía) es también la contradicción, o sea, la imposibilidad>> (G.W.F. Hegel: “Ciencia de la lógica” Cap. II A.)

De aquí se desprende que todo lo real, o sea, lo que existe y tiene puesta su esencia (el pensamiento en Hegel, el trabajo social en Marx), es posible que exista, pero como contingente y accidental, es decir, que puede ser o no y de diferentes maneras. Aquí, la posibilidad y la existencia corren juntas para dar sentido a lo accidental o contingente:

Esta unidad de la posibilidad y de la existencia constituye la accidentalidad o contingencia. Lo contingente es un existente, que al mismo tiempo se halla determinado sólo como posible...>> (Ibíd)

Lo que nos dice Hegel aquí es que la posibilidad de que el ser cojín del trabajo llegue a ser efectivamente real, antes de confrontarse en el mercado es accidental o contingente. Es una posibilidad formal en tanto el ser del trabajo permanece hundido en su ser inmediato o valor de uso.

Ya hemos visto que el ser del trabajo sale de “sí mismo” para manifestarse o exponerse en la relación de cambio con las demás mercancías, en el mercado. Aquí en la esfera de la circulación, en el mercado, es donde la dialéctica intercapitalista opera mediante lo que aparece como lucha social entre mercancías por llegar a realizarse. Este es el terreno y las circunstancias donde el ser del trabajo enajenado en cada mercancía alcanza la posibilidad real de hacer efectivo su valor:

< (entre trabajo concreto y valor de uso) que consiste en que algo no se contradiga en sí. Pero cuando empezamos a averiguar las determinaciones (del valor mercantil), circunstancias (relaciones de cambio) y condiciones (las que impone el mercado) de una cosa, para reconocer mediante éstas su posibilidad, no nos detenemos ya en la posibilidad formal, sino que consideramos su posibilidad real (...) La posibilidad real de una cosa es, por consiguiente. La existente multiplicidad de circunstancias que se refieren a ella>> (G.W.F. Hegel: ”Ciencia de la Lógica” Libro II Cap. 2)

Si una mercancía no se vende, es porque la cantidad de trabajo que contiene no es socialmente necesaria y, por tanto, irreal. Es posible que exista como producto del trabajo, pero al ser relativamente más cara y/o de inferior calidad, no llega a ser socialmente necesaria y, por tanto, real. Su razón de ser no se realiza. El solo hecho de existir como “ser en sí” del trabajo social enajenado, en lo inmediato, antes de someterse a la prueba del mercado, el cojín, por lo que es “en sí mismo”, no tiene la garantía de ser real sino meramente posible.



Por último, suponiendo que el ser del trabajo como cojín, esto es, la relación técnica que le ha dado existencia, alcance la realidad efectiva comprendida en su concepto (trabajo socialmente necesario para producirlo), determinado por el mercado, llega un momento en que ese ser del trabajo, es superado por una nueva racionalidad social de la actividad productiva en progreso incesante (la actividad del pensamiento en Hegel). A partir de ese momento, el cojín, tal como había sido concebido y vino siendo fabricado, deja de ser efectivamente real para convertirse en una realidad actual, cuya posibilidad es accidental y contingente. Ese producto sigue teniendo en sí mismo su razón de ser y puede seguir existiendo económicamente, esto es, puede seguir realizándose, pero como realidad actual, porque en el mercado ya ha aparecido otro ser cojín del trabajo social que contiene una racionalidad superior:
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