Hegel, marx y la dialéctica



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A = B; B = C; C = D;....y


B = A; C = B; D = C.....

Si los primeros miembros de estas relaciones de igualdad desempeñan el papel activo y los segundos el papel pasivo, siendo que todo depende "de la posición que en ese momento ocupe" cada miembro en la relación de igualdad, de esto se desprende que la fuerza productiva del trabajo (el pensamiento en la concepción de Hegel), que tiende a realizarse como esencia, está en la relación misma en tanto relación esencial: Aquí está el trabajo, permanentemente, que equipara todas estas mercancías como cualidades o valores de uso según su cantidad, la cantidad de trabajo contenido en cada unas de ellas:



<(la fuerza nace de la relación, no nace de un sujeto, nace de una relación) en la que cada término es (esencialmente) el mismo que el otro Hay una fuerza que solicita y otra que es solicitada, pero si no hay relación no hay fuerza. Hay fuerzas que están en relación y precisamente se refieren de manera esencial una a la otra. Además, ellas son, ante todo, sólo diferentes en general; la unidad de su relación es sólo la unidad interior, que está en sí>> (Ibíd. Lo entre paréntesis es nuestro)

Decimos que en la relación de dos distintos (A = B y B = A), A expresa en B lo que tiene de igual con él y viceversa. Por tanto, en A = B, A desempeña un papel activo y B un papel pasivo. Al contrario que en B = A. Si en A = B, para expresarse en el valor de uso de B, el valor de la mercancía A ejerce una fuerza esencial (como valor que tiende a realizarse o venderse), esto sólo es así porque B ejerce otra fuerza inesencial (demanda del valor de uso) que la solicita:



< no- valores-de-uso para sus poseedores (oferentes), valores-de-uso para sus no poseedores (demandantes). (Estas son las fuerzas del mercado de que hablan los burgueses). Por eso tienen todas que cambiar de dueño. Pero este cambio de dueños constituye su intercambio, y su intercambio las relaciona recíprocamente como valores (según Hegel en tanto esencia) y las realiza en cuanto tales.>> (K. Marx: "El Capital" Cap. II. Lo entre paréntesis es nuestro)

Por tanto, la fuerza productiva del trabajo (el pensamiento en Hegel), es una fuerza condicionada, lo mismo que lo que ella determina, esto es la esencia. Está condicionada por la relación, esto es, por el mercado. Las fuerzas que concurren para determinar la esencia (valor) y que convierten a las cosas (mercancías) en reales, son las "fuerzas del mercado", la oferta y la demanda. Esto es real. Sin forma de valor no hay valor, sin intercambio no hay valor. Si no hay una parte propietaria pasiva con la misma intensidad que la propietaria activa, que solicita la fuerza no hay valor:



< la que solicita (o demanda) y la otra como la que se convierte en solicitada (oferta); estas determinaciones de forma (forma de valor) aparecen de esta manera como diferencias inmediatas, existentes en sí, de las dos fuerzas. Pero son esencialmente mediadas. Una fuerza se halla solicitada; este empuje es una determinación puesta en ella desde el exterior (por su equivalente). (...) O sea, ella es la que solicita sólo por cuanto está solicitada para ser la que solicita. Y así, a la inversa, la primera está solicitada sólo por cuanto ella misma solicita la otra a fin de que la solicite a ella, es decir, a la primera. (...) Ambos, el empuje dado y el recibido, o sea, la extrinsecación activa (de la esencia o valor) y la exterioridad pasiva (del ser inmediato o valor de uso), no son, por consiguiente, un inmediato, sino que son mediados (por la fuerza productiva del trabajo que para Hegel es fuerza del pensamiento), y precisamente cada una de las dos fuerzas (oferta y demanda) es ella misma la determinación que la otra tiene frente a ella, está mediada (condicionada) por la otra, y esta otra que la media, representa a su vez su propio ponerse que determina (al pensamiento-trabajo "por sí" mismo como esencia-valor)>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro segundo Cap. III. Lo entre paréntesis es nuestro)

Mediante la exteriorización de la fuerza en los dos lados de la relación, el pensamiento –la fuerza productiva del trabajo según Marx- se supera la diversidad y convierte la relación en una relación esencial, en una relación de equivalentes, que contienen la misma cantidad de valor social.

En este contexto, según Hegel, es el pensamiento el que pone orden entre cosas distintas según su esencia. Pone orden en el sentido de que este orden se manifiesta en la igualdad de las esencias, en la relación esencial. Para Marx, este orden no es un orden del pensamiento sino que es un orden de las cosas. Es la relación mercantil que funge o actúa independientemente del pensamiento de los sujetos, la que pone orden en la sociedad mercantil; el orden del pensamiento es un reflejo del orden impuesto por la naturaleza de las cosas que se formaliza después, “post festum”, como un concreto pensado, no como concreto real. En Hegel parece que es el pensamiento el que ordena la realidad. Esta es la diferencia.

La relación esencial es una identidad formal que constituye en sí el contenido. La forma se convierte en contenido. "En sí" porque como identidad formal (todavía no real), la esencia o el contenido del ser no se determina por sí mismo sino a través de la manifestación sensible de su otro lado, de la mercancía B, la chaqueta. La verdad de la fuerza es, por consiguiente, la relación, cuyos dos lados se distinguen solamente uno como interior y el otro como exterior...



...Como interior es el activo, como interior que se manifiesta. Y el otro como exterior, como pasivo, que solamente pone la forma, pone la materia...

Para Marx, la determinación de la esencia o valor de las cosas en la sociedad mercantil está dada no por el pensamiento sino por el trabajo en tanto síntesis social entre teoría (ciencia) y práctica (técnica), sólo que la forma de valor o relación de intercambio, al mismo tiempo que vela u oculta esta determinación esencial del trabajo, activa la energía que desgarra ese velo...

...y, por lo tanto ya no “parece” sino que “aparece” en el fenómeno, que, a su vez contiene su fundamento:

<<...las propiedades de una cosa no surgen de su relación con otras cosas sino que, antes bien, simplemente se activan en esa relación. (...) Nuestro análisis ha demostrado que la forma de valor o la expresión del valor de la mercancía surge de la naturaleza del valor mercantil, y que por el contrario, el valor y la magnitud del valor no derivan de su forma de expresión en cuanto valor de cambio (sino del trabajo)>> (K.Marx: "El Capital" Libro I Cap.1. el subrayado y lo entre paréntesis es nuestro)

Como identidad de la apariencia con lo interior, es decir, con la esencia, la relación esencial queda determinada como realidad, aunque no todavía como realidad efectiva, porque la esencia del ser no se muestra por sí misma sino por mediación de su reflexión en la sensibilidad de un otro: el equivalente.

Es en este punto de su “Lógica” donde Hegel rompe con la filosofía especulativa de Kant, porque para Kant no era posible que la esencia se revelara al intelecto. Para Kant en el fenómeno no se revela más de lo que denota como tal, como determinación sensible, de modo que el pensamiento sólo puede ejercer su libertad como mero entendimiento, es decir entender lo que se percibe por los sentidos, sin más. Desde el punto de vista de la pura especulación o reflejo del pensamiento en la sensibilidad, la esencia de las cosas - el noumeno- es lo interior no revelado o de imposible intelección. Así, para Kant, de las cosas sólo es posible inteligir el fenómeno, su mera apariencia...

...Desde el punto de vista de la economía política, Kant no sale de lo que denota la relación simple de intercambio: el precio. Pero en su filosofía no hay sitio para el dinero, que es la categoría económica homóloga al concepto en la Lógica de Hegel. La esencia que Kant llama "cosa en sí" es una realidad oculta tras la apariencia, algo íntimo y verdadero encubierto por el velo subjetivo que entre ella y nosotros interponen las formas de la sensibilidad y sus categorías. Como para Kant el ser humano no puede saltar por encima de su propia sombra, como no puede percibir más que las formas del espacio y el tiempo, ni pensar más que con las categorías de la sensibilidad, la "cosa en sí" resultará siempre impensable, ininteligible....

Para Hegel, por el contrario, no puede haber un exterior de la sensibilidad si un interior del pensamiento y de la voluntad no se manifiesta en él y lo determina, del mismo modo que, para Marx no puede haber mercancía ni precio sin trabajo. En tal sentido, no puede haber pensamiento más vacío que el mero entendimiento de las cosas tal como aparecen; no puede haber actividad humana más inútil que el de una filosofía que se limita a traducir en términos de intelecto lo directamente dado a los sentidos. Esto de Kant es sentido común, es darle forma intelectual a las formas de la sensibilidad:



Por consiguiente, lo que es sólo algo interior, es así también algo exterior, y lo que solo es algo exterior, es también sólo, por de pronto, algo interior. (...) El ser humano, del mismo modo que es exterior, o sea, es exterior en sus acciones [no desde luego en su sola exterioridad corporal], es también interioridad; y cuando es solamente interior, es decir, cuando es solamente virtuoso o moral en sus propósitos y sentimientos, y su exterioridad no es idéntica a su interior, tan hueco y vacío es entonces lo uno como lo otro>> (G.W.F. Hegel "Enciclopedia..." §140)

En este pasaje que el traductor Ramón Valls Plana ve con razón "cargado de ironía", Hegel impugna de modo terminante e incontrovertible la filosofía (kantiana) que coloca la esencia inteligible de las cosas en algún recóndito e inaccesible lugar." La inteligibilidad está aquí, piensa Hegel, luce en las cosas logradas", poniendo así "punto final, a la metafísica espectral de los "pálidos reflejos".



...Es decir, cuando yo actúo estoy poniendo de manifiesto lo que soy desde mi intimidad.

En efecto, si en A = B ocurre que la esencia (lo interior) de A se manifiesta en lo exterior de B, y si, recíprocamente, en B = A lo interior de B se manifiesta en lo exterior de A, este razonamiento autoriza a concluir que tanto en A como en B su esencia "luce" en la inmediatez de sus respectivas existencias, ahora cada una como realidad efectiva o "Wirklichkeit", es decir, como "cosas logradas", como unidades de significación y de significado, de interior y de exterior:



<> (Op.Cit. § 142)

...Después veremos la cuestión filosófica importantísima de trascendencia política decisiva, de que no toda cosa que tiene su propia razón de ser y existe, rige o tiene vigencia, es por eso verdadera. Incluso una realidad efectiva, tangible, deviene realidad actual o inmediata y por tanto, abstracta, cuando pierde su racionalidad. Esto lo vamos a ver un poco más adelante...

Ahora bien, mientras en tanto esencia se manifieste o refleje en su ser inmediato, "en sí mismo", esto es, en una multiplicidad existencial no por sí misma sino en sí misma, esto es, a través de otro ser inmediato, como ocurre en la relación esencial, forma de valor o relación de intercambio, la determinación real del pensamiento (las fuerzas productivas según Marx) es posible y al mismo tiempo contingente. Puede ser o no ser. Precisamente porque no depende de si misma sino de otro. Contingente es todo aquello que es por otro. Puede ser o no ser, y si es, lo es por otro o a través de otro. Es lo accidental, lo no necesariamente determinado.

En nuestro ejemplo, el trabajo contenido en la mercancía A (10 varas de lienzo), es un contingente, porque este trabajo, no se expresa o determina por sí mismo sino a través de su relación con otro (la chaqueta) en el mercado. Y mientras sea contingente, mientras exprese la esencia de su ser a través o por medio de un otro, la posibilidad de ser por sí es abstracta, no real; de hecho, es el mercado el que determina la realidad efectiva de una mercancía, es decir, si se vende o no, esto es, si se realiza o no se realiza su valor y en qué condiciones; por tanto, todo producto del trabajo tiene su esencia puesta y por eso su posibilidad de existir como mercancía. Pero esta posibilidad es contingente, accidental o circunstancial. Esto es lo que Hegel llama realidad actual o actualidad real.

A diferencia del existente, "dasein" o ser inmediato de la sensibilidad o del sentimiento, ayuno de esencia, que es el ser de la recolección, que no tiene trabajo incorporado, la realidad actual es el ser mediado por el pensamiento (por el trabajo según Marx), que tiene la esencia puesta y ya manifiesta en la relación esencial; es la esencia que "aparece" en la EXISTENCIA, o el "existenz" de la esencia; pero no por sí misma sino por medio de otro, el equivalente. Es, por tanto, una “realidad formal” en tanto es la realidad de una forma, la realidad que la esencia de un ser alcanza –o, mejor dicho, que puede alcanzar- a través de otro ser.

Así, frente a la absoluta imposibilidad de que el "dasein" (puro valor de uso en la etapa de la recolección), pueda determinarse esencialmente, el ser del trabajo cuya esencia alcanza su "existenz" en la mercancía o relación mercantil, demuestra su posibilidad de determinarse esencialmente, porque de hecho tiene su esencia o razón de ser (el valor) manifiesta en su relación ("forma de valor") con otra mercancía.

Pero esta posibilidad esencial de su EXISTENCIA es, al mismo tiempo que formal, contingente, porque su realidad no depende de él



(del trabajo contenido en la mercancía) sino de un otro: el mercado.

El bolígrafo no es un producto de la naturaleza, es un producto del trabajo. Y como mercancía que es tiene valor. Vale y cuesta. Per ¿cómo descubrirlo? Hegel dice que "en sí mismo", es decir, observado un ser "en sí mismo", un producto del trabajo aisladamente en tanto objeto útil, su esencia "parece" y "brilla" pero no "aparece", sigue siendo algo imposible de descubrir. Y es cierto. Pero Marx, poniendo la dialéctica hegeliana sobre sus pies, sigue diciendo que la indeterminación de la esencia "puesta" en el ser inmediato de la mercancía individualmente considerada, obedece no precisamente a que su valor mercantil permanece velado por el ser inmediato que la contiene, por su valor de uso, sino por causa del valor mercantil mismo que ha usurpado históricamente el lugar del trabajo concreto y del valor de uso. Y esa esencia del ser humano que es el trabajo no se va a manifestar por sí misma más que cuando el proletariado haga la revolución socialista. Hegel, en cambio, dice que el ser por sí de la esencia se realiza en el concepto,, esto es en la categoría dinero. En esto demuestra que su lógica es la lógica del trabajo enajenado, que es la Lógica del dinero.




5.-"Realidad actual" y decadencia del capitalismo


En este punto de la dialéctica queda planteada una de las problemáticas de mayor importancia política. Esta problemática consiste en determinar el momento histórico en que el capitalismo pierde la racionalidad que lo hizo históricamente necesario y la burguesía se convierte en una clase decadente. Ya hemos dicho que el materialismo histórico se empieza a distinguir del idealismo hegeliano en que, allí donde Hegel habla del pensamiento Marx habla de fuerzas sociales productivas y todo lo que según Hegel es o significa el ser, para Marx son las relaciones sociales de producción. A partir de aquí ambos coinciden en el sentido puramente lógico de la dialéctica, es decir que, allí donde Hegel pone el principio activo en el espíritu, Marx lo pone en las fuerzas sociales productivas.

Para Hegel, el ser en todas las formas que constituyen su devenir, fija sus determinaciones históricas mediante el intelecto y las supera mediante la razón:



<<El intelecto determina y mantiene firmes las determinaciones. La razón es negativa y dialéctica, porque resuelve en la nada las determinaciones del intelecto; es positiva, porque crea lo universal, y en él comprende lo particular. Así como el intelecto suele considerarse en general algo del todo separado de la razón, así también la razón dialéctica suele ser entendida como algo separado de la razón positiva. Pero, en su verdad, la razón es espíritu, que está por encima de los dos, como razón inteligente o intelecto razonante. (...) Este movimiento espiritual que en su simplicidad se da su determinación y en ésta se da su igualdad consigo mismo, representa al mismo tiempo el desarrollo inmanente del concepto; es el método absoluto del conocimiento, y, al mismo tiempo, el alma inmanente del contenido mismo. Sólo sobre estos senderos que se construye por sí misma, creo yo, puede la filosofía ser una ciencia objetiva y demostrativa.>> G.W.F. Hegel: “Ciencia de la lógica” Prefacio a la primera edición”)

Según lo dejó dicho en su epílogo a la primera edición de “El Capital”, habían pasado treinta años desde que Marx sometiera a crítica “el aspecto mistificador de la dialéctica hegeliana”. Sin embargo, cuando precisamente se encontraba trabajando en la redacción del primer libro de su obra monumental, mientras los círculos intelectuales de Alemania empezaron a tratar a Hegel como a “un perro muerto”, el creador del materialismo histórico se declaró “abiertamente discípulo de aquel gran pensador”:



<. En él, la dialéctica está puesta al revés. Es necesario darla vuelta, para descubrir así el núcleo racional que se oculta bajo la envoltura mística.>> (K.. Marx: “El Capital” Epílogo a la primera edición)

La crítica de la filosofía hegeliana a la que Marx alude, vio la luz en 1843. Como resultado de esa crítica filosófica y de las investigaciones económicas consecuentes, Marx llegó a la conclusión de que las superestructuras ideológicas y políticas no se comprenden ni explican por sí mismas ni por “la evolución del espíritu humano” –como sostenía Hegel- sino por determinadas condiciones materiales de existencia de los individuos, que en la era moderna o capitalista rigen en lo que - desde los enciclopedistas- se entendió por “sociedad civil” , y que “la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política”. Tras el paréntesis a que le obligó el estallido de la revolución europea de 1848, Marx prosiguió sus investigaciones:



< estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva el edificio (Uberbau ) jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad (la razón, en Hegel) chocan con las relaciones de producción (el ser fijado por el intelecto), o -lo que no es más que la expresión jurídica de esto- con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, todo el inmenso edificio (la superestructura ideológica, jurídica, política, ética etc.) erigida sobre ella...>> (K. Marx: “Contribución a la crítica de la economía política” Prólogo)

Esto que Marx escribió en 1859, quince años antes ya estaba en el centro de sus pensamientos aun cuando no totalmente desarrollado. De otro modo no se explican las coincidencias con los argumentos expuestos en el ”Manifiesto”. Quien dejó testimonio de ello fue su yerno, el médico de ascendencia francesa y origen cubano, Paul Lafargue, quien en 1904 recordó uno de sus encuentros con Engels en París, precisamente donde hoy está la Casa de la Cultura de Marruecos:


<>H.M.Enzensberger: conversaciones con Marx y Engels Tomo 1)

"Principios del Comunismo" fue escrito por Engels en noviembre de 1847 a modo de proyecto de programa para la Liga de los Comunistas. Durante el segundo congreso de esta organiza­ción celebrado entre el 29 de noviembre y el 8 de diciembre de ese mismo año, se decidió la redacción de lo que pasaría a la historia bajo el nombre de "Manifiesto del Partido Comunista". Designados para esa tarea, Marx y Engels comenzaron la redacción del histórico documento con los "Princi­pios" sobre su mesa de trabajo. Engels describe allí el pasaje del artesanado gremial al proletariado moderno. Refiriéndose a la etapa capitalista de la manufactu­ra, explica que este modo de producción había ya trascendido el marco de la propiedad feudal y gremial para asentarse en una nueva forma: la propiedad privada pura. Pero en esta etapa de su desarrollo, el capitalismo no presentaba aun las condiciones técnicas ni sociales necesarias para ser, a su vez, revoluciona­do. Por una parte, la cooperación y la división manufacturera del trabajo sólo habían iniciado el proceso que transformaría los viejos artesanos en obreros modernos. Por otra parte, la manufactura tampoco garantizaba el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo necesaria para iniciar el proceso de transforma­ción revolucionaria:

<> (F. Engels: "Princi­pios del Comu­nismo "­)
Dicho esto, Engels se ubica inmediatamente en la sociedad de su tiempo para anunciar que, con el afianzamiento del maquinismo y la gran industria, las fuerzas productivas de la sociedad europea han alcanzado el grado de desarrollo necesario para iniciar el proceso de superación del capitalismo. Y como prueba de veracidad de esta afirmación, Engels esgrime tres razones:

1) El desarrollo de la fuerza productiva alcanzada por la gran industria que permite el excedente necesario para revolucionar la sociedad burguesa;

2) La aparición del proletariado moderno en trance de convertirse, por obra de las leyes del capitalismo, en una mayoría de la sociedad, cuyo empobrecimiento relativo aumenta con el cada vez mayor crecimiento de la riqueza que crea con su trabajo;

3) La progresiva inadecuación de las relaciones de producción burguesas a las fuerzas productivas en desarrollo revelada por las crisis periódicas:



<
en primer lugar se han consti­tuido capitales y fuerzas productivas en propor­ciones sin precedentes y existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito estas fuerzas productivas; cuando, en segundo lugar, estas fuerzas productivas se concentran en manos de un reducido número de burgueses, mientras la gran masa del pueblo se va convirtiendo cada vez más en proletarios, con la particularidad de que su situación se hace más precaria e insopor­table en la medida en que aumenta la riqueza de los burgueses; cuando, en tercer lugar, estas poderosas fuerzas producti­vas, que se multipli­can con tanta facilidad hasta rebasar el marco de la propiedad privada y del burgués, provocan conti­nuamente las mayo­res conmociones del orden social, sólo ahora la supresión de la propiedad privada se ha hecho posible e incluso absoluta­mente necesaria>> (F. Engels: ibid)
En el "Mani­fiesto", Marx y Engels recogen estas tres condiciones, y entre ellas destacan el hecho recurrente de las crisis periódicas como la más importante y decisiva, porque en estos fenómenos aparecen concentradas todas las contradicciones del capitalismo bajo la forma de una verdadera rebelión objetiva de las fuerzas productivas contra las relaciones burguesas de propiedad:

< productos elaborados, sino incluso de las fuer­zas productivas ya creadas. Durante las crisis, una epidemia social, que en cualquier época anterior hubiera parecido absurda, se extiende sobre la sociedad: la epidemia de la superproduc­ción. La sociedad se encuentra súbitamente retrotraída a un estado de súbita barbarie: diría­se que el hambre, que una guerra devastado­ra mundial, la han privado de todos sus medios de subsistencia; la industria y el comercio parecen aniquilados. Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasia­dos medios de vida, demasiada industria, dema­siado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no favorecen ya el régimen de la sociedad bur­guesa; por el contrario, resultan ya demasiado poderosas para estas relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo; y cada vez que las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a toda la sociedad burguesa y amenazan la existencia de la propiedad burguesa.>> (K.Marx-F.Engels: "Mani­fiesto del Partido Comunista". Cap. I)

Las fuerzas productivas superan las trabas de las relaciones de producción capitalistas al interior de las mismas relaciones de producción capitalistas. Tal es el significado de las crisis. Otra forma de decir que el capitalismo no puede existir sino a condición de revolucionar constantemente los medios de producción, que es lo que Marx y Engels se encargaron de señalar en el mismo texto antes de referirse al fenómeno de las crisis. De hecho, tras los efectos catastróficos de cada ciclo periódico, el sistema entra en el siguiente operando en base a una masa de capital social mayor y con una composición técnica y orgánica más alta que al principio del ciclo anterior. Y cuanto mayor es el capital comprometido y más alta su composición técnica, más formidables son las trabas que la razón enajenada de las fuerzas sociales productivas deben superar en cada crisis, y sucesivamente más doloroso el costo en desgracias humanas y destrucción de riqueza ya creada. Todo esto a causa de que, en las crisis, la racionalidad de las fuerzas sociales productivas va siendo no según su razón, según su concepto, sino según la acumulación de capital, según la consustancial irracionalidad de las relaciones de producción capitalistas.

Si con Hegel entendemos por decadente algo en lo que su razón de ser existe y se manifiesta pero no por sí mismo, ese algo sigue siendo un existente pero deja de ser “real efectivo” o efectivamente real para pasar a ser “real actual” y, por tanto, contingente, esto es, que puede seguir existiendo o dejar de existir en cualquier momento, en tanto que ya ha sido superado por la razón si bien de modo formal o abstracto, esto es, al interior de la forma social devenida cada vez más irracional pero todavía subsistente como formación socia dominante. Si es así, y así lo entendemos nosotros tal como Marx y Engels lo entendieron al escribir el Manifiesto, entonces la decadencia del capitalismo empezó con la primera gran crisis de su historia, la de 1825, y se expresó políticamente por primera vez de febrero a junio de 1848 en París.

Una vez que la RAZÓN científica ha determinado cual es el polo de la dialéctica social que marca el pulso de la historia, desde el momento en que las sucesivas crisis periódicas demuestran que las relaciones capitalistas de producción se erigen en trabas cada vez más formidables frente al libre desarrollo de las fuerzas productivas, es la razón histórica de la lucha de clases la que da su veredicto inapelable y dicta férreamente las pautas de comportamiento para el cumplimiento de esa sentencia. A estas pautas se ha ceñido Marx sin desviarse un milímetro, desde la redacción del Manifiesto hasta su muerte.

Dado el desarrollo necesariamente desigual del capitalismo, la fase irreversible de creciente inadecuación o choque entre las fuerzas sociales productivas y las relaciones de producción, no comenzó al mismo tiempo en todas las áreas del Planeta. Mientras el capitalismo en Inglaterra y Francia había llegado a ser en 1848 una “realidad efectiva” adecuada totalmente al concepto económico, social y político de la burguesía, en otros países europeos como Alemania, Suiza, Polonia y Rusia, esta clase emergente estaba aun en lucha con las todavía fuertes reminiscencias feudales.

Con la insurrección de las fuerzas productivas encarnadas en el proletariado de París y su aniquilamiento a manos de la Guardia Nacional, la burguesía francesa demostró que de políticamente revolucionaria que había sido hasta el 25 de febrero de 1848, pasó a ser desde entonces una clase irremisiblemente conservadora y, por tanto, decadente. Habían quedado definitivamente atrás los tiempos en que para pasar a ser clase dominante luchando contra la “realidad actual” de la aristocracia decadente, la burguesía pidió y obtuvo la ayuda del proletariado. Tal es el comienzo del último acto en el largo proceso protagonizado por las fuerzas sociales productivas para llegar a ser y existir absoluta y definitivamente por sí mismas:



<(feudal) favorecen de diversas maneras el proceso de desarrollo del proletariado. La burguesía vive en lucha permanente: al principio, contra la aristocracia; después, contra aquellas fracciones de la misma burguesía (los terratenientes) cuyos intereses entran en contradicción con los progresos de la industria, y siempre, en fin, contra la burguesía de todos los demás países. En todas estas luchas se ve forzada a apelar al proletariado, a reclamar su ayuda y a arrastrarle así al movimiento político. De tal manera, la burguesía proporciona a los proletarios los elementos de su propia educación, es decir, armas contra ella misma.>> (Ibíd)

Tras los sucesos de febrero de 1848, para Marx y Engels habían aflorado en Francia las condiciones materiales para que las fuerzas productivas de ese país empezaran a expresarse por sí mismas, como así aconteció. Aquí dio comienzo el proceso - que a 150 años vista todavía continúa- para que la “realidad actual” del capitalismo en todas partes devenga en “realidad efectiva” comunista:



<<Sólo empapada en la sangre de los insurrectos de junio ha podido la bandera tricolor transformarse en la bandera de la revolución europea, en la bandera roja.
Y nosotros exclamamos:
¡La revolución ha muerto! ¡Viva la revolución! (...) El 25 de febrero de 1848 había concedido a Francia la República. El 25 de junio le impuso la Revolución. Y desde junio, revolución significaba: subversión de la sociedad burguesa, mientras que antes de febrero había significado subversión de la forma de gobierno.>> (K. Marx: “Las luchas de clases en Francia”. Cap. I y II)

El proletariado es la primera clase social en la historia de la humanidad que no puede evolucionar políticamente como clase sino protagonizando revoluciones. La burguesía pudo forjar el dominio de sus relaciones de propiedad dentro de la sociedad que le precedió. Lo demostró constituyéndose en lo que se conoció como el “cuarto poder” al lado de la aristocracia terrateniente, la realeza gobernante y la Iglesia. El proletariado, en cambio, no puede hacer prevalecer sus propias relaciones de producción sin eliminar la propiedad burguesa, porque la forma específica­mente obrera de propiedad niega de hecho toda propiedad privada. A diferencia de la burguesía, que conquistó el poder político tras minar durante años el poder económico de la nobleza, el proletaria­do tiene necesariamente que proceder a la inversa: no puede empezar a revolucionar la base económica de la sociedad capitalista si antes no destruye su poder político. Las revolucio­nes del proletaria­do son, pues, intentos políticos siempre necesariamente prematuros, donde cada derrota o retroceso es ni más ni menos que un aprendizaje. En cada fracaso de la clase obrera está la conciencia de sus propios límites; en el necesario esfuerzo de autocrítica teórica, su capacidad futura de hacer cada vez menos prematuro el proyecto de emancipación humana univer­sal.


En carta a Engels del 13 de febrero de 1863, Marx se hizo cargo de las ilusiones que él y otros muchos depositaron en los sucesos de 1848. Pero con la sinceridad y la crudeza de que jamás podrá hacer gala ningún oportunista, da a entender que los límites de la revolución de 1848, estuvieron en la estupidez política que el proletaria­do europeo demostró no haber podido superar en aquellas circunstan­cias objetivamente subversivas:

<<...las ingenuas ilusiones y el entusiasmo casi infantil con que saludamos, ante febrero de 1848, la era revolucionaria, se han desvanecido para siempre (...) Ahora ya sabemos el papel que en las revoluciones desempeña la estupidez y cómo los miserables saben explotarla>> (Cfr. F. Claudín: op. cit. Ed. Siglo XXI Pp. 415)
Y en esta alusión a <>, que cada santo aguante su vela. Respecto de la estupidez política, ¿puede juzgarse al margen de las condiciones embrutecedoras de vida y de trabajo a que había venido siendo sometido por generaciones enteras el proletariado europeo de aquel capitalismo temprano? Otra vez aparece la división social entre teoría y práctica. ¿No estaba esa limitación en el hecho de que por entonces la teoría tuviera que estar encarnada en elementos salidos de la clase burguesa que, por diversas circunstancias decidieron abrazar la causa del proletariado? Al describir los efectos del proceso de transformación técnica y social al que el artesano medieval fue sometido por la burguesía incipiente, comenzando por la cooperación durante el período de la manufactura, hasta la aplicación del maquinismo, Marx dice que...

<potencias intelectuales del proceso material de la producción se les contrapongan (a los asalariados) como propiedad ajena y poder que los domina. Este proceso de escisión comienza en la cooperación simple, en la que el capitalista, frente a los obreros individuales, representa la unidad y la voluntad del cuerpo social de traba­jo. Se desarrolla en la manufactura, la cual mutila al trabajador haciendo de él un obrero parcial. Se consuma en la gran industria que separa del trabajo a la ciencia como potencia producti­va autónoma, y le compele a servir al capital [..] La reflexión y la imaginación están sujetas a error, pero el hábito de mover la mano o el pie no dependen de la una ni de la otra. Se podría decir así, que en lo tocante a las manu­facturas su perfección consiste en poder desem­barazarse del espíritu, de tal manera que se puede [...] considerar al taller como una máqui­na cuyas partes son hombres". Es un hecho que a mediados del siglo XVIII, algunas manufacturas, para ejecutar ciertas operaciones que pese a su sencillez constituían secretos industriales, preferían emplear obreros medio idiotas>> (K. Marx: "El Capital" Libro 1 cap. XII.5: "El carácter capitalista de la manufactura”. Lo entre paréntesis es nuestro)
El espíritu de lo que hemos venido diciendo en este apartado a propósito de las categorías hegelianas de realidad actual y realidad efectiva, parece haber sido abandonado por Engels en 1895, cuando reeditó “Las luchas de clases en Francia”, obra de Marx publicada por primera vez cuarenta años antes. Esto es lo que se entendió en el SPD de aquél tiempo. A partir de entonces esta interpretación prejuiciosa se extendió a modo de justificación de todo oportunismo reformista en el movimiento político del proletariado internacional.

Para poner las cosas en su quicio, hay que empezar por destacar lo más importante que allí viene a decir Engels al respecto, y es, en primer lugar, que desde 1848, en países como Francia no es posible otra revolución que no sea proletaria. Dicho esto, explica por qué fracasó la revolución de 1848. Y dice textualmente que la historia...



<> (F. Engels: Introducción a “Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850”)
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