Hegel, marx y la dialéctica



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Capítulo 2

La doctrina de la esencia

.- El simple existir del ser inmediato





El tratamiento de la esencia corresponde a la etapa en que el hombre se separa de la naturaleza y la recrea, produce cosas que no son directamente naturales y las crea con arreglo a su idea, y esa es la esencia. Cuando empiezan a frotar una piedra con la otra para hacer fuego, no todavía la agricultura, sino cuando el homínido se erige y empieza a ser humano. Después se va a explicar este tema. Lo importante es que se vaya entendiendo cómo se van ligando las categorías filosóficas con la realidad. Porque si no esto parece una pura recreación intelectual y no se entiende nada.

Según Hegel es el pensamiento el que le pone esencia a las cosas, por eso es "el pensamiento en desarrollo", pero para Marx es la fuerza productiva, el trabajo humano en general, entendido como sustancia, lo que le pone la esencia a las cosas. Y en las fuerzas productivas indudablemente que está el pensamiento, está el plan de producción, pero no solamente eso, porque es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar su verdad. Porque a veces las cosas salen mal, y hay que volverlas a hacer, y esa es la segunda tesis sobre Feuerbach. Sobre esto ya volveremos.

Habíamos dicho que la primera determinación del pensamiento en desarrollo es el devenir y que el devenir determina la cualidad. Para esto Hegel utiliza la palabra alemana "Dasein" que alude al simple existir sin esencia ni fundamento.

El Dasein corresponde a la etapa de la recolección, pero el existenz sí tiene ya la esencia puesta, pero no con arreglo al concepto. Es una realidad actual, efectiva y actual. Porque está en movimiento, es decir, el pensamiento la está atravesando. Aquí empieza a jugar realmente la dialéctica entre el pensamiento y el ser.



< (porque siempre en el devenir está jugando la nada y el ser. El ser de determinada manera está jugando con la nada, porque está en permanente devenir, por lo tanto, el ser y la nada sigue jugando en la dialéctica de la esencia), así como la nada en cuanto una con el ser, son solamente desapareciendo; el devenir coincide por su contradicción interna, con la unidad en la cual ambos están superados; su resultado es, por consiguiente, el existir>> (G.W.F. Hegel: “Ciencia de la lógica” Libro I Cap. I: La doctrina del ser. Lo entre paréntesis es nuestro)

...Mientras escribo con este bolígrafo está existiendo, está deviniendo en nada. Cuando este objeto se rompe se convierte en la nada porque si deja de ser tal y cómo ha sido concebido, y para lo que ha sido concebido, es un mero existente, pero no es una realidad efectiva. Es una realidad efectiva mientras funciona, es decir, mientras tiene su racionalidad en sí mismo. No por sí mismo, pero en sí mismo. En cuanto deja de funcionar... Por lo tanto en el funcionamiento el ser y la nada están jugando permanentemente, porque está deviniendo hacia la nada. Heideger dice: Cuando a uno le preguntan "¿cómo te va?" Heideger explica, ¿cómo le va a quién?. A tu ser. ¿Hacia dónde va?, hacia la muerte, hacia la nada. Lo mismo cuando la pregunta es ¿Qué te pasa? Le pasa ¿a quién? A tu ser. Pasa, por tu ser pasa algo y, al pasar, deja de ser para no ser, para que pase otra cosa. Aquí está jugando la dialéctica entre el ser y la nada que es el devenir...

El lenguaje está plagado de esta realidad que solamente puede ser desentrañada filosóficamente, y en las que normalmente nosotros no reparamos, porque el sedimento del lenguaje hace olvidar la significación esencialmente originaria que cada locución contiene. Nosotros nos quedamos simplemente con la utilización pragmática del lenguaje, para comunicar, pero no reparamos en la plenitud de sus significados...



...Recordemos: La cualidad es la inmediatez del ser, lo que se percibe de modo directo, esto es, sin la mediación del pensamiento; exclusivamente a través de los sentidos. Es una categoría que corresponde al mundo de las percepciones, de la sensibilidad. Así quedaba originariamente determinado el ser como un simple existente. En esta categoría de lo meramente existente quedan comprendidas a menudo las estadísticas, según el manejo que la burguesía induce en la mollera de muchos autoproclamados marxistas: movidos por su antidialéctica propensión a sustantivar las maleables formas del entendimiento, confunden cambios de cualidad con cambios esenciales, percepciones con verdades; confieren validez científica a las impresiones sobre su intelecto de lo que ven pasar delante de sus narices, tal como la impresión de cualquier imagen sobre la placa de una cámara fotográfica....
Viene a colación aquí el dato que recibimos de un sociólogo argentino diplomado en la Universidad de Buenos Aires, quien creyó verse confirmado en la peregrina idea de que el proletariado industrial es un sector asalariado en extinción, porque según los guarismos que dice haber leído en una estadística coyuntural de la que no citó su fuente, los trabajadores metalúrgicos argentinos han pasado de 500.000 a 40.000. Este mismo infundio respecto de España ha sido sostenido y aun no enmendado por quienes - tras haber polemizando con ellos- hemos finalmente debido esconder su identidad política bajo el rótulo de "camaradas anónimos", porque declinaron aparecer en nuestra página con su verdadero nombre. Lo peor del caso no es que estas gentes piensen que si el proletariado industrial disminuye en términos absolutos se confirma la tendencia marxista al derrumbe automático del capitalismo - que esa es la conclusión lógica de semejante premisa- sino todo lo contrario. Con este tipo de infundios, el único derrumbe, la única ruina que sin duda confirman estos señores, es el de su propio intelecto y conciencia política.



2.- El "parecer" de la esencia "puesta" en el ser inmediato:


Volviendo al discurso de Hegel, la esencia es la superación o negación del ser inmediato en tanto existente o mera percepción sensible. Pero es una superación que al mismo tiempo conserva la percepción sensible porque se manifiesta o existe en ella y a través de ella. Así la esencia existe en lo que parece de ella en la percepción sensible:

< ser superado (en su inmediatez). Es la simple igualdad consigo misma, pero es tal por cuanto es, en general, la negación de la esfera del ser (inmediato). De este modo la esencia tiene frente así a la inmediación (de su ser), como algo de donde se ha originado y que se ha conservado y mantenido en esta superación. La esencia misma en esta determinación, es esencia existente, inmediata...>>

(G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro I Cap. 1. Lo entre paréntesis es nuestro)

La esencia es la superación o negación del ser inmediato en tanto existente o mera percepción sensible. Pero es una superación que al mismo tiempo conserva la percepción sensible porque se manifiesta o existe a través de ella. Así la esencia existe en lo que parece de ella en la percepción sensible. Parece aunque todavía no aparece, simplemente porque permanece velada al pensamiento por la percepción sensible.



<ser superado (en su inmediatez. Es el ser que se supera dentro de la manifestación sensible. Es el ser que se supera pasando de la recolección al mundo del trabajo, a la transformación de la naturaleza, y que por lo tanto le pone su esencia, según Marx). Es la simple igualdad consigo misma, pero es tal por cuanto es, en general, la negación de la esfera del ser (inmediato). De este modo la esencia tiene frente a sí a la inmediación, como algo de donde se ha originado y que se ha conservado y mantenido en esta superación. La esencia misma en esta determinación, es esencia existente, inmediata...>>

(G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Cap. I. Lo entre paréntesis es nuestro)

La esencia esta puesta y, por tanto, niega el ser inmediato de la sensibilidad, pero todavía no lo supera. Es una negación relativa en tanto la esencia sólo parece pero todavía no aparece, porque se muestra a través de la sensibilidad.

Cuando una cosa tiene puesta la esencia ya está determinada por el pensamiento. No es ya una mera forma de la sensibilidad. Pero esa determinación superior sólo “parece” pero no “aparece”, porque sigue apegada a su ser inmediato, a la forma de la sensibilidad de la que no alcanza a emanciparse, siquiera parcialmente.



Pero la esencia hace que el ser no sólo "parezca" sino que al mismo tiempo brille en él su razón de ser, aun cuando no por sí sino en sí mismo, dentro de su ser inmediato, como un cigoto en el vientre de su madre. La esencia de lo inmediatamente determinado es su razón de ser ya puesta en él, pero que todavía no se muestra por sí misma sino a través de lo que parece ser. Si el ser inmediato corresponde a la percepción sensible - según Hegel carente de toda racionalidad- y el concepto - según veremos- es la racionalidad autodeterminada en las cosas, la esencia es la racionalidad simplemente puesta -como un germen- por el pensamiento en el ser de la sensibilidad previamente determinado.
Es la razón del ser dentro de sí mismo enfrentado al ser de su propia forma sensible; un grado de determinación superior a la inmediatez del ser en tanto la razón ya está puesta en él aunque no se manifiesta por sí misma; una determinación intermedia entre la inmediatez del ser y la autodeterminación de la racionalidad propia del concepto.
En la esfera de la esencia simplemente puesta, el pensamiento se opone a la inmediatez de la forma sensible del ser, pero dentro de esa misma forma, sin emanciparse todavía de ella. Al mismo tiempo que se oculta en el "parecer" de la manifestación sensible del ser inmediato, contradictoriamente brilla o resplandece en lo que sólo "parece". La esencia es el "Scheinen in sich selbst" (parecer en sí mismo), donde el vocablo alemán Scheinen no sólo significa "parecer" sino también brillar o resplandecer. Las determinaciones de la esencia son, pues, relativas en tanto su racionalidad no se manifiesta por sí misma sino a través de la sensibilidad. En la esfera de la esencia, el ser inmediato, como pura manifestación sensible, ha sido desplazado por la racionalidad pero sin que todavía pueda manifestarse por sí misma, sino a través de la sensibilidad, de lo que parece.
Todo este razonamiento acerca de la dialéctica de la esencia, pretende explicar el siguiente pasaje de la "Enciclopedia":

< (meramente) puesto; las determinaciones en [la esfera de] la esencia son solamente relativas [o] no están simplemente reflejadas dentro de sí (no se reflejan en la propia racionalidad de la esencia); por ello, el concepto (la racionalidad) no es [aquí] todavía en tanto que para sí. La esencia en tanto ser (inmediato) que se media consigo a través de la negatividad de sí mismo (de la sensibilidad), es la referencia a sí sólo siendo referencia a otro (la racionalidad), el cual [otro] no es como ente sino como un puesto y mediado. El ser no ha desaparecido, sino que la esencia, primeramente, en tanto simple referencia a sí, es ser; pero por otra parte, el ser, con arreglo a su determinación (sensible) unilateral de ser algo inmediato, ha sido depuesto [ahora] por algo meramente negativo, [un brillo] o una apariencia. La esencia es, por consiguiente, el ser en tanto scheinen in sich selbst.>> (Op. Cit.: § 112. Lo entre paréntesis es nuestro)
Toda esta explicación “parece” un galimatías. Acudamos en ayuda del materialismo histórico:



3.- Del ser inmediato al "parecer" de la esencia según Marx.


Como se podrá comprobar seguidamente, “El Capital” es la ratificación punto por punto de la metodología expuesta por Hegel en su “Ciencia de la lógica”, sólo que allí donde Hegel habla de pensamiento Marx habla de fuerzas productivas del trabajo social, donde Hegel se refiere a la esencia Marx habla de valor, y lo que en la “Ciencia de la Lógica” es la categoría ser, en “El Capital” es la mercancía, el ser inmediato o “ser puesto” de la economía política. Y así, según veremos más adelante, el concepto viene a ser el dinero y la Idea absoluta el capital.

En "La ideología alemana" Marx y Engels dicen:



<abstracciones sino de premisas reales de las cuales sólo es posible abstraerse mediante la imaginación>> (Op. Cit. Cap. I).

Este principio de la investigación científica explica que Marx inicie la exposición de su obra poniendo en el centro del escenario a la mercancía, categoría que define como un complejo de empiria (valor de uso) y razón social (valor de cambio). Dicho esto, analicemos brevemente lo expuesto hasta aquí siguiendo a Hegel en lo relativo al capítulo de la esencia, poniendo su dialéctica sobre los pies de la historia.



En el devenir de la humanidad, la etapa del desarrollo que Lewis H. Morgan designó como estadio inferior y medio del salvajismo, corresponde a la relación entre el sujeto como mera percepción sensorial y sus condiciones objetivas de subsistencia como pura naturaleza, donde los primitivos se limitaban a sobrevivir tomando lo que ella les ofrecía directamente. Es lo que otros investigadores llamaron "etapa de la recolección", que Engels definió como la "infancia del género humano" y que en la "Lógica" de Hegel corresponde al capítulo de "el ser inmediato":

<>.(F. Engels: "El Origen de la familia la propiedad privada y el Estado" Cap. 1)
"Lo primero es el pensamiento", sostenía Hegel. Históricamente, el único grano de verdad de esta afirmación está en que los antecesores inmediatos del "homo sapiens" se distinguieron desde sus orígenes por el mayor volumen relativo de su masa cerebral. Pero respecto de las poderosas mandíbulas y extremidades de los otros grandes mamíferos depredadores de su entorno, los dientes, brazos y piernas de los primates superiores no eran garantía suficiente de supervivencia, de modo que, de no haber estado originalmente preparados para trepar, esa potencial capacidad para desarrollar el pensamiento de nada hubiera servido.
El hecho de desarrollar parte de su existencia en el suelo, fue modificando su morfología corporal. Al ir paulatinamente trasladando todo el peso de su cuerpo sobre las extremidades inferiores, los dedos de sus manos quedaron libres para ejecutar cada vez más hábilmente operaciones cada vez más diversas, transfiriendo de la boca a las manos tareas tales como desgarrar y aplastar el alimento y otros objetos; de este modo, las mandíbulas comenzaron a contraerse dejando espacio para la posterior expansión del cerebro. A medida que la masa encefálica se fue perfeccionando, pudo ir sometiendo sus manos a un control cada vez más preciso, preparándole para la fabricación y uso de instrumentos materiales.
Otra característica de los animales superiores, que se vincula con la expansión del cerebro, es el alargamiento del periodo de inmadurez. La mayoría de los ungulados (de "úngula": casco o pezuña) crecen muy rápidamente; un cachorro de antílope puede seguir a su madre unas horas después de nacer; un elefante hace lo mismo a los dos días de vida. En los carnívoros, el período de dependencia aumenta sensiblemente; entre los primates, el gibón sigue adherido al cuerpo de su madre durante siete meses; el orangután recién deviene independiente a los tres años y completa su crecimiento a los diez u once años. El infante humano necesita alrededor de un mes sólo para aprender a enfocar los ojos, y pocas veces puede andar por sí mismo antes del fin de su primer año de vida.
Hemos hablado ya de la indefensión del hombre primitivo frente a los poderosos recursos de los grandes depredadores; a esta manifiesta inferioridad física debe añadirse el período excepcionalmente prolongado durante el cual los adultos deben ocuparse de criar infantes indefensos. Parece probable que esta doble condición exigió el desarrollo del trabajo cooperativo, lo cual estimuló la capacidad de los primitivos, tanto para la elaboración de herramientas como para el uso del lenguaje articulado que potenció el desarrollo de su pensamiento:

<
>
(F. Engels: "Dialéctica de la naturaleza")
Así, el más indefenso de los animales superiores frente a su entorno natural, ha debido ser quien lograra someter progresivamente la naturaleza al poder social combinado de su cerebro y de sus manos a través de medios de trabajo cada vez más perfeccionados. Teniendo en cuenta la diversidad de las necesidades, es propio de la producción cooperativa que los actos de los trabajadores individuales se integren a la manera de partes de un todo, lo cual supone la comunicación entre ellos mediante el lenguaje y el establecimiento de determinadas relaciones sociales y su correspondiente división del trabajo. Esto quiere decir que la acción del hombre, como trabajador, no es ya individual, simple y directa -como en la etapa de la recolección- sino colectiva, compleja y mediada a través de sus relaciones con sus compañeros de trabajo:

<>

(K. Marx: "Trabajo asalariado y capital")
El origen de la cultura del trabajo coincidió, pues, con la cooperación como relación social de producción basada en la propiedad colectiva de los medios de producción, que configuró la etapa histórica del "comunismo primitivo". En este período, la producción estaba directamente determinada por las necesidades colectivas, y entre el acto esencial de la creación y lo creado no había ninguna ruptura epistemológica. Para captar la esencia de las cosas, quienes vivieron durante aquella etapa histórica no tuvieron necesidad de pasar por los vericuetos de la metafísica tradicional ni por la dialéctica hegeliana; para aquellas gentes, la contradicción dialéctica entre el ser "puesto" que "parece" y al mismo tiempo se oculta y "brilla" en el "parecer" carecía por completo de sentido, porque la esencia o razón de ser puesta por el trabajo social en cada ser producido, era directa e inmediatamente percibida como una unidad de concepto y sustancia que Hegel atribuye a la Idea. Esto era así porque los distintos actos de la producción colectiva eran actividades directa y conscientemente decididas por quienes las ejecutaban:

<> (K.Marx: "El Capital" Libro I Cap. I punto 4)

La tarea del pensamiento tendente a superar la determinación de la sensibilidad mediante la determinación abstracta de la esencia "puesta" al interior del "ser inmediatamente determinado", como tránsito hacia la determinación del concepto, se presentó a la conciencia universal como problemática filosófica, cuando el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo social creó suficientes excedentes hasta dejar sin sentido social a la economía de subsistencia, dando pábulo a la propiedad privada, a las clases sociales y al Estado. Pero en este momento, el trabajo social, la esencia social de las cosas, pasó a adoptar cada vez más el carácter de trabajo enajenado. Mal podía, por tanto, expresarse por sí mismo, alcanzar la categoría hegeliana del concepto. Pero esto lo veremos un poco más adelante.


La determinación histórica inmediata de la propiedad privada fue la mercancía; como consecuencia de la generalización del comercio, la relación entre producción y consumo típica de las sociedades primitivas autosuficientes dejó de ser inmediata y directa para pasar a ser mediada por el mercado o esfera de la circulación. El mercado hizo que los distintos trabajos de cultivar, hilar, tejer, etc. dejaran de ser actos directamente decididos en cuanto a quienes los ejecutan, cómo y por cuanto tiempo según las necesidades colectivas.
La propiedad privada y su consecuencia inmediata, el mercado, desestructuraron aquella relación social originaria, directa y consciente entre los distintos productores. Al pasar a mediar o intermediar la relación social entre los productores y entre producción y consumo, la mercancía determinó que los distintos trabajos dejen de ser directa e inmediatamente sociales en tanto quienes los ejecutan quedan convertidos en agentes de la producción independientes los unos de los otros, solamente relacionados entre sí a través del intercambio de sus productos en el mercado. De este modo:

  1. quiénes producen,

  2. qué tipo o clase de bienes,

  3. durante cuanto tiempo,

  4. cómo y

  5. qué cantidad,

es una realidad que pasa a ser determinada no por los productores directos sino a través del intercambio o la confrontación de sus productos en el mercado, donde las relaciones sociales entre las personas se cosifican y las cosas se relacionan como personas...

¿Por qué pasa esto? Porque quienes deciden sobre el curso de la sociedad capitalista no son los productores sino las cosas que ellos fabrican. En el mercado son las cosas las que pasan a relacionarse como personas. No es el sujeto propietario capitalista el que lleva su mercancía al mercado, sino que la mercancía es la que le lleva a él. El sujeto ya no tiene voluntad propia. Ahí son las mercancías las que se relacionan como personas, hay una inversión total del mundo real. Pero es una inversión real, no es una locura psicológica sino social, no es una enajenación mental sino real. La locura psicológica colectiva es un subproducto necesario de la enajenación real:

<no alcanzan realidad como partes del trabajo social en su conjunto, sino por medio de las relaciones que el intercambio establece entre los productos del trabajo y, a través de los mismos, entre los productores. A éstos, por ende, las relaciones sociales entre sus trabajos privados se les ponen de manifiesto como lo que son, vale decir, no como relaciones directamente sociales trabadas entre las personas mismas, en sus trabajos, sino por el contrario, como relaciones propias de cosas entre las personas y relaciones sociales entre cosas>> (Ibíd. Lo subrayado es nuestro)

Si los productos del trabajo no son reales - o, para decirlo en términos hegelianos- no son "realidades efectivas"- desde el momento mismo de su producción, sino que adquieren realidad recién cuando se "exponen" en el mercado, su valor, esencia o razón de ser ("se vende: razón aquí") tampoco puede surgir directamente del carácter cualitativo, concreto y útil del trabajo social ni de la correspondiente materia igualmente cualitativa de su producto. Tal como en el ser inmediato de la lógica idealista, la razón o valor económico de un producto del trabajo, está completamente ausente en la cualidad de su ser útil a la sociedad. Por lo que sirve , por su valor de uso, no se puede inferir lo que vale; es decir, no se puede determinar su esencia social; del mismo modo que, lo que vale, no encierra un solo átomo de utilidad, de valor de uso; por lo que vale un producto del trabajo no se infiere la cualidad de su ser útil inmediato. Ya habíamos dicho que la inmediatez de la sensibilidad y la esencia son dos seres distintos.
Desde el punto de vista mercantil, pues, en la materia o cualidad de la mercancía no hay ni pizca de esencia social o valor económico; el valor de uso sólo funge como soporte material de su valor de cambio o "esencia" social. Es el ser inmediato de la etapa premercantil, que la mercancía ha superado pero todavía conserva aun cuando ya como inesencial; por su parte, el valor o "valor de cambio" es lo esencial de la mercancía; es valor en tanto tiempo de trabajo abstracto, que no contiene ni un sólo átomo de materia ni de utilidad social. En este sentido, lo esencial: el valor y lo inesencial: el valor de uso de la mercancía, son dos seres existentes extrínsecos al interior de una misma unidad mercantil. El reflejo en el pensamiento abstracto de esta relación social enajenada, se traduce en este discurso:

<<...el ser en contraposición con la esencia, es lo inesencial. Frente a la esencia tiene la determinación de lo superado. Sin embargo, por cuanto se comporta, frente a la esencia, sólo como un otro en general, la esencia no es propiamente esencia, sino sólo otra existencia determinada, es decir, lo esencial (...) De este modo la esfera de la existencia se halla puesta como base ("soporte material" del valor: Marx).....>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro II Cap. 1. Lo entre paréntesis es nuestro)
Ahora bien, la esencia (valor) como un opuesto a la existencia de lo perceptible por los sentidos (valor de uso) dentro del mismo ser inmediato (la mercancía individual) - inmediatez ya superada y al mismo tiempo conservada- es lo esencial del ser reflejado en sí mismo, en su existencia inesencial. Es lo esencial de la mercancía considerada individualmente - su valor- expresado en su propio valor de uso. A esto, como ya vimos, Hegel le llama el "parecer dentro de sí". Es una identidad formal entre esencia y existencia, entre valor y valor de uso, producto de una "determinación reflexiva"; reflexiva en tanto la esencia (valor) contenida en un ser (mercancía) no se determina mediante la distinción, esto es, determinando su esencia en otro ser existente cualitativamente distinto a su ser inmediato originario. Precisamente por hacer abstracción de la distinción respecto de otro inesencial que no es aquél de donde salió, la esencia que se refleja en su propio ser se revela como una identidad formal:

< formal o identidad del entendimiento en tanto él se ase firmemente a ella haciendo abstracción de la distinción. O más bien, la abstracción consiste en sentar esa identidad formal>> (G.W.F. Hegel "Enciclopedia..." § 115). Subrayado nuestro)
En la mercancía, a caballo de aquél ser inmediato en tanto mero objeto útil, ya está puesta (aunque no manifiesta) la esencia. De la unilaterialidad empírica o puramente sensible del ser útil predominante en las primitivas culturas autosuficientes del tiempo de trabajo, deviene la dualidad de la mercancía como unidad contradictoria de empiria y razón típica de las sociedades mercantiles excedentarias, donde la sensibilidad o empiria reside en su componente material, cualitativo, en tanto valor de uso capaz de satisfacer una necesidad determinada, mientras que la razón de su existencia como ser social (en la sociedad mercantil) viene dada por su valor económico, “forma de valor o “valor de cambio.
Así es como los productos del trabajo entraron en la esfera de la esencia. A partir de ese momento, sin dejar la antigua cáscara del ser inmediato o valor de uso de donde surgió como trabajo útil, concreto, el trabajo social superó su inmediatez y unilateralidad sensible para poner al lado de ese ser originario e inmediato, la impronta del valor, que “brilla” y a la vez se oculta como un “parecer” en su contrario: el valor de uso de la mercancía individual producto de ese trabajo. El trabajo humano supera así su determinación inmediata como trabajo útil, como valor de uso.
...El ser inmediato de la conciencia, que es el ser de la sensibilidad, ha sido desplazado por el trabajo en el sentido de que yo cojo una materia prima y la transformo convirtiendo ese ser inmediato originario en otra cosa. Ese ser inmediato originario o primario ha desaparecido como tal para convertirse en otro como resultado del trabajo. Este nuevo ser inmediato que ha sido creado por el trabajo no deja de ser sensible, pero ya no es el ser inmediato de la inmediatez originaria, es el ser inmediato del trabajo. La esencia, que es el trabajo, inexistente en la materia prima, ya “brilla” en el “parecer” del producto elaborado. Y no sólo eso. Cualquiera sabe que este bolígrafo es producto del trabajo, pero en la sociedad capitalista, el común de las gentes no ven que el trabajo sea la sustancia creadora del valor, de la esencia económica. Tampoco el valor se ve observando una mercancía, o usándola, o consumiéndola. Pero sí surge de la relación entre dos mercancías; es ahí donde se manifiesta, donde “aparece” el valor o esencia de la cosa, que es el trabajo...

Como acabamos de ver citando a Marx, los productos del trabajo son una realidad económica y social, no cuando se los fabrica, sino cuando se venden. Antes de eso no tienen realidad, porque no se sabe incluso en qué medida se realizarán, es decir, a qué precio, si por encima o por debajo de su valor. Eso solamente lo determina el mercado que es una realidad suprahumana que nadie controla, por eso es importante el punto 4 del capítulo 1 de El Capital. Por esto el valor siempre se manifiesta a través de un otro, que es el mercado.

Hegel dice que el ser inmediato (el de la etapa de la recolección y el de la etapa de la sociedad del trabajo autosuficiente) con arreglo a su determinación (sensible) unilateral, de ser algo inmediato, ha sido depuesto. ¿por qué ha sido depuesto? Porque el boli es producto del trabajo en una sociedad mercantil capitalista, no un producto provisto directamente por la naturaleza. El puro ser inmediato de la sensibilidad, sin esencia social ninguna, desaparece.
Sin embargo, que desaparezca el puro ser inmediato no quiere decir que desaparece el ser de la sensibilidad en la mercancía. La determinación originaria del trabajo útil o concreto y su expresión material como valor de uso, no desaparece en la mercancía. De hecho, lo que carece de utilidad social nada vale por más trabajo que contenga; lo mismo - y esto es de perogrullo- si teniendo utilidad social se destruye o consume; porque su razón de ser -el trabajo- no puede llegar a existir como valor de cambio sino bajo su apariencia material como valor de uso. En la mercancía, pues, tal como el ser en la esfera de la esencia, la inmediatez del valor de uso ha sido superada y al mismo tiempo conservada. Por último, el valor confiere al ser económico una entidad más completa superadora del valor de uso, en tanto deja puesta frente a él, al interior de la mercancía individual, la esencia social del trabajo, esto es, el valor, que, para Hegel, recordémoslo, es el pura actividad pensante del sujeto universal.

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