Hegel, marx y la dialéctica



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Marx dice que sin forma de valor no hay valor, o sea, que la forma de valor regimenta, el trabajo social, que así se ve compelido a comportarse como trabajo enajenado, como capital variable, donde el proceso de trabajo está supeditado al proceso de valorización, y el proceso de valorización está determinado por una forma social que es la relación entre los nudos o simples propietarios de la fuerza de trabajo y los propietarios de los medios de producción. El fundamento de todo esto está en la forma de propiedad capitalista, en la propiedad privada sobre los medios de producción. La revolución consiste en liberar la sustancia, el trabajo social, quitándole el cepo de la forma de valor en que permanece aprisionada. Y ese cepo es el trabajo asalariado, categoría determinada por la propiedad privada sobre los medios de producción. Liberando el trabajo social de su condición de asalariado al servicio del capital, se abre la posibilidad real de iniciar el proceso irreversible hacia la concreción de la Idea superadora del comunismo, donde los trabajadores actúen según el concepto de la fuerza productiva, y la realidad pueda ser aprehendida directamente como sustancia, sin pasar por las horcas caudinas del “parecer” y el “aparecer” de la esencia.

En síntesis, que según avanza el proceso de reproducción ampliada, la burguesía encuentra mayores dificultades para morigerar los efectos sociales de sus crisis periódicas, tardando cada vez más en superar las ondas largas de crecimiento lento como consecuencia de la sobresaturación del capital ya acumulado. Y no ha podido evitar las grandes confrontaciones a causa de sus obligados ataques contra las condiciones de vida y de trabajo de los explotados. Pero, sin embargo, ha venido demostrando tener mayor capacidad que en el terreno económico en su tarea de hacer pasar la dialéctica entre capital y trabajo como una identidad de contrarios, logrando que una gran mayoría de asalariados asimilen el sistema burgués a la noción hegeliana de la Idea absoluta. Más por hegemonía ideológica que por violencia política.

Del mismo modo que la forma de valor no puede evitar las crisis sino que, al contrario, son consustanciales a ella, las formas políticas de la burguesía -como la democracia de mercado o los fentes policlasistas- no pueden evitar las luchas del proletariado, pero desde dentro de ellas es imposible que pueda comportarse según su propio y libre concepto de clase, que pueda desplegar políticamente la racionalidad revolucionaria de su fuerza productiva.

En este punto nuestro discurso entronca con lo que nos ha enfrentado a Rafael Pla López:



<(es decir, los medios de producción) y ser, por tanto, un mero objeto en la producción capitalista, el proletariado no tiene ningún fuero político especial que reclamar dentro de la sociedad burguesa. Por lo tanto, como polo de la contradicción dialéctica entre el proceso de trabajo y el proceso de valorización, es decir, como sujeto político, el proletariado jamás está en relación de identidad con ninguna clase de esta sociedad. En ningún momento. Ni con sus <> aliados más o menos coyunturales. Pero la unidad contradictoria de los opuestos constituye el contenido o la sustancia de la lucha de clases, y en ese contenido está la fuerza que tiende con la necesidad de un proceso histórico-natural al cambio revolucionario de la sociedad. De no ser así, el inefable Fukuyama tendría razón.

Pero la cuestión a debate no está en el contenido de la lucha de clases bajo el capitalismo sino en las formas políticas que en determinado momento adoptan los contrarios en la sociedad...

...Pla no niega la lucha de clases. Dice: los contrarios no son idénticos porque tienen intereses opuestos. El contenido de clase de la burguesía y el proletariado no constituye una identidad sino al contrario. Nosotros le decimos que el problema no está en el contenido de la lucha de clases, por los intereses presentes e históricos determinados por la forma de valor. El problema está en el olvido de los contenidos a la hora de adoptar las formas políticas de la lucha de clases. Porque así como la forma económica del valor convierte al trabajo social en trabajo asalariado, en capital variable, en una identidad con el capital, las formas políticas burguesas como el parlamento o los frentes policlasistas permiten reproducir en la superestructura la identidad de los contrarios generada en la base material del sistema por la forma del valor...

...Y el caso es que si a la hora de adoptar una forma política de lucha se hace abstracción no sólo de las condiciones de la lucha sino de su contenido, de la necesidad del cambio revolucionario, sea porque no se lo comprende o porque no conviene y se lo escamotea deliberadamente, la unidad de los contrarios se resuelve en identidad, es decir, en la continuidad de la autovalorización del capital a instancias del trabajo enajenado, como de hecho ha venido ocurriendo y es práctica recurrente en la historia del movimiento obrero.

Este mismo razonamiento aparece en el siguiente pasaje que, por lo visto, se te ha pasado por alto:

<<...se vieron estos principios de la dialéctica marxista ratificados por la historia de China entre 1924 y 1927?

Terminantemente sí, pero no. Con esto queremos decir que la dialéctica materialista se ha confirmado a pesar de quienes pasaban por ser marxistas. Se ha visto confirmada a despecho de la contumaz política reaccionaria de la Comintern, en su empeño de mantener al Partido Comunista Chino maniatado dentro del frente de clases, en su interés por convertir la unidad de los contrarios en una identidad hegeliana de naturaleza capitalista: el Kuomintang. El paradójico "sí pero no" de la respuesta a esta pregunta, está en que la lucha de los obreros y campesinos chinos desbordaron ese experimento político a contrapelo de la historia, pero a costa de una estrepitosa derrota de la revolución en ese país....

...En los hechos los militantes del P.C.Ch.y los asalariados y campesinos sobre quienes tenían influencia desbordaron al frente popular pero desde la perspectiva político-organizativa del frente popular, desde la perspectiva de la identidad de los contrarios, porque una vez triunfantes depositaron su confianza en la burguesía nacional “aliada” procediendo a entregar sus armas al Kuomintang. Por lo tanto, la lucha se saldó en derrota. Es decir, se confirma que desde el punto de vista del contenido los contrarios no son idénticos, por que de lo contrario, la matanza de los revolucionarios en Shangai ordenada por Chang Kai Shek, el aniquilamiento de uno de los polos de la contradicción dialéctica al interior del frente de clases, no tendría explicación. Pero se confirma también que en tanto el proletariado asuma la lucha de clases mediante formas equivocadas, lo que hace es confirmar la identidad de los contrarios y sellar la derrota por anticipado, porque la burguesía niega la lucha de clases en la teoría pero la asume con todas sus consecuencias en la práctica. Y sobre esto, la matanza de Shangai ha sido uno entre multiples ejemplos en la historia del capitalismo..

...El problema que plantea el divorcio entre la elección de las formas políticas y el contenido social de la lucha de clases en la sociedad capitalista, remite al divorcio entre libertad y necesidad, entre práctica política y teoría revolucionaria. En esto te das la mano con nuestros colegas, los "camaradas anónimos"

Este constante divorcio entre libertad y necesidad, entre práctica política y teoría revolucionaria, es lo que Rosa Luxemburgo atribuyó al oportunismo típico de los reformistas dentro del movimiento obrero:

"¿Y qué es -se pregunta ella- lo que caracteriza a los oportunistas?" Y contesta: "Su hostilidad contra la teoría. Y esto es muy natural, pues nuestra teoría, es decir, los principios del socialismo científico, establece líneas marcadísimas para la actividad práctica, tanto con respecto a los fines como a los medios de lucha a emplear y a la forma de combatir...

...El concepto de libertad está íntmamente vinculado a la necesidad. La libertad se pone de manifiesto en la medida en que se comprende la necesidad, la libertad de un trabajo se pone de manifiesto en el conocimiento de la materia prima y del instrumento con el que uno trabaja, que permite realizar la tarea de acuerdo a una finalidad, y es donde se concreta la libertad, en la tarea bien hecha. Porque la libertad no se asume más que en una obra, no se realiza más que en una obra. El concepto de libertad absoluta no existe, existe solamente en la imaginación de los anarquistas, de los pequeño-burgueses y de los idealistas. Pero no puede haber libertad sin necesidad. Es decir, uno no puede hacer lo que le dé la gana. La libertd es un concepto siempre relativo. No es absoluto. El concepto de libertad absoluta es idealista puro, es voluntarista, pero no tiene nada que ver con la historia.

Los reformistas se independizan de la teoría revolucionaria para someterse a los dictados de la sociedad burguesa. Por eso terminan diciendo que la política es el arte de lo posible; de lo que te permite la burguesía. Pero al mismo tiempo dentro del partido piden libertad de movimiento.

...Por ello, muéstrase en aquellos que no pretenden conseguir más que resultados prácticos (inmediatos dentro del sistema), la tendencia natural a pedir libertad de movimientos, esto es, a separar la "teoría" de la práctica, a independizarse de aquella. Porque esta teoría se vuelve contra ellos en todo momento (Rosa Luxemburgo: "Reforma o revolución" Cap. V. El subrayado y lo entre paréntesis es nuestro)

Esta descripción magistral que Rosa Luxemburgo ha hecho del oportunismo, fue completada posteriormente por los comunistas de izquierda alemanes y holandeses, al comprobar por experiencia propia que es imposible instalarse en el oportunismo sin acabar haciendo política contrarrevolucionaria abierta:

"En resumidas cuentas, no se puede tachar de oportunista a un partido más que si de da por supuesto que en el fondo es aun revolucionario (puede ser una desviación momentánea), pero que se deja llevar por el recurso a unos medios fáciles para lograr el objetivo, medios que, de hecho, no permitirán en modo alguno alcanzar dicho objetivo. Este reproche no es válido más que por poco tiempo. O bien el partido vuelve rápidamente a una actividad en consonancia con la meta y los principios (demostrando así que no se trataba más que de una desviación momentánea, no esencial, ligada por ejemplo a la dominación pasajera de jefes efectivamente extraños al movimiento revolucionario). Este caso es muy raro; probablemente no se ha dado nunca y no introduce aquí más que una falsa simetría. O bien se verifica que sus primeras desviaciones están seguidas por otras, que el partido no tiene nada de revolucionario, que su naturaleza, su meta es, el poder para él, para sus jefes, y que de todos modos, lo más importante para él es su propia conservación y en consecuencia la del orden actual." (J.Barrot y D. Authier: "La izquierda comunista en Alemania" Cap. II)

El problema no está, pues, en que -dadas determinadas condiciones- ciertas organizaciones políticas de composición obrera establezcan alianzas "más o menos coyunturales" con determinadas fracciones del capital. El problema se plantea cuando -a instancias de sus alianzas convertidas en política de partido- estas organizaciones pasan a constituir una identidad política con el capital en su conjunto. El P.C.E., lleva sosteniendo una política de "alianza coyuntural con el Estado imperialista español desde hace ya más de veinte años." Casi un cuarto de siglo sin sacar los pies del tiesto capitalista. Menuda coyuntura practicando el oportunismo". A ti qué te parece.

Respecto de esto último aceptamos la crítica de los compañeros del P.C.I. En realidad, la colaboración del P.C.E. con el Estado imperialista español data de 1932 tras la destitución de Bullejos, cuando se orientó según la tesis stalinista del frente popular con su táctica parlamentaria implícita en estratégia de la república burguesa. Así lo consignamos en el apartado 3 del punto IV correspondiente a nuestra comunicación a Rafael del 15/08/99 donde decimos lo siguiente:

<>.

Con esta larga pero más que nunca necesaria intelección acerca de la distinción entre Hegel y Marx en torno a la dialéctica, esperamos haber contribuido a clarificar aspectos teóricos que estimamos de la mayor trascendencia política, para facilitar el entendimiento y acuerdo en la tarea de constitución de un verdadero movimiento revolucionario internacional en el futuro más próximo posible.

GPM - Madrid octubre de 2000


http://www.nodo50.org/gpm gpm@nodo50.org apd 20027 Madrid (España)
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