H ayek y la filosofia cristiana



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H

AYEK Y LA FILOSOFIA CRISTIANA

 

Por Gabriel J. Zanotti.



 

1. Introducción.

El objetivo central del presente estudio es demostrar que el eje central del pensamiento de F. A. von Hayek no es contradictorio con la filosofía cristiana fundamental.

Al mismo tiempo, y como resultado concomitante, realizaremos una síntesis expositiva del pensamiento de Hayek, síntesis que en sí misma será planteada objetivamente, independientemente del objetivo central referido.



En tercer lugar debemos decir que, guiados ya por la experiencia de otros trabajos similares -especialmente el realizado con Ludwig von Mises1- tenemos ya metodológicamente establecidas ciertas pautas generales para este tipo de trabajos. Ellas son las siguientes: a) la expresión "eje central" hace referencia a la parte fundante del pensamiento de un autor, alrededor de la cual se estructuran lógicamente los demás temas. Esa parte fundante es pues una premisa de tipo lógica, y no un item histórico del pensamiento de ese autor. Lo cual implica que el eje central de un pensamiento puede haberse estado constituyendo a lo largo de toda la historia de los escritos del autor en cuestión, y no haber sido necesariamente explicitado por él en una obra en particular. Es lo mismo que si dijésemos que el eje central de la metafísica de Santo Tomás es su teoría de la participación: Santo Tomás no tiene ninguna obra titulada "la participación como eje central de mi pensamiento". Esto debe tenerse máximamente en cuenta en el caso de Hayek. b) La demostración de la ausencia de contradicción se refiere específicamente a ese eje central. Alrededor de ese eje central un autor puede haber planteado muchos temas, algunos necesariamente derivados de esa premisa fundante, otros no. Ahora bien: una vez demostrada la ausencia de contradicción con ese eje central fundante, los temas derivados de él reciben transitivamente la misma ausencia de contradicción. Los otros temas que no derivan necesariamente deben ser analizados en cada caso. c) La expresión "ausencia de contradicción" implica que dicho eje central no presenta contradicción lógica con algo, pero ello no implica que se derive necesariamente de aquello con lo cual no se contradice. Esto es importante porque el aporte del autor en cuestión puede tener su nivel de autonomía y originalidad con respecto a aquello con lo cual no es contradictorio. Aunque esto suene algo abstracto y tal vez irrelevante, es todo lo contrario. Es como decir que ser un buen jinete no es contradictorio con pilotear un avión. De ser un buen piloto no se deriva necesariamente ser un buen jinete, aunque esto último no sea contradictorio con lo primero. La demostración se hace simplemente porque hay personas empeñadas en que no se puede ser un buen piloto y un buen jinete al mismo tiempo. d) La demostración de la ausencia de contradicción sigue este esquema central: en primer lugar tenemos el problema de que la fundamentación del eje central en cuestión está realizada, por parte del autor en cuestión, con elementos gran parte de los cuales no con compatibles con la filosofía cristiana fundamental. Entonces distinguimos entre ese eje central (núcleo) y los otros elementos que lo rodean, la mayoría contradictorios con la filosofía cristiana fundamental -fcf- (protoplasma). A partir de allí, demostranos que ese eje central en sí mismo es fundamentable en la fcf, y entonces, al mismo tiempo, lo distinguimos y al mismo tiempo separamos del protoplasma aludido, rodeándolo del protoplasma de la fcf. Al mismo tiempo, buscamos en el protoplasma elementos también no contradictorios con la fcf, y los incorporamos también al nuevo protoplasma. Concluído este trabajo de "microcirujía filosófica", queda cumplido el objetivo. d) La expresión "filosofía cristiana fundamental" alude a una metafísica creacionista2 en la cual se demuestre racionalmente que Dios existe, que es esencialmente distinto de las criaturas y al mismo tiempo su causa última; que el espíritu del hombre subsiste a la muerte; que tiene libre albedrío y que existe un orden moral objetivo. La expresión "cristiana" no implica que las conclusiones referidas necesitan una premisa mayor revelada, sino que a) NO son contradictorias con el Dogma Católico; b) pueden haber sido positivamente inspiradas por temas originadas en la revelación de dicho dogma (por ejemplo, la reflexión sobre cuestiones filosóficas tales como la distinción entre naturaleza y persona por los dogmas de la encarnación y trinidad). No hay sólo una filosofía cristiana fundamental; en la historia de la filosofía se observan varias fcfles en competencia sin contradicción con el Dogma (agustinismo, tomismo, tomismo suarista, etc). En nuestro caso, no por fe, sino por razón, consideramos a la filosofía de Santo Tomás como la expresión más acabada de la fcf, y a ella nos referiremos cuando digamos fcf. Lo cual implica que no rechazamos otras fcfles que, por razón, nos convenzan.

Creemos que las aclaraciones metodológicas aludidas son suficientes para aclarar el tipo de trabajo que vamos a realizar.

 

2. Esquema lógico del pensamiento de Hayek.



Habitualmente hay dos modos de exponer el pensamiento de un autor. Uno es histórico, respetando cierto orden temporal en la exposición de sus obras. Otro es más bien lógico: se elige el eje central fundante de su pensamiento y en función de él se ordenan los demás. Cada sistema tiene sus ventajas y sus desventajas. Nosotros elegiremos el segundo método, simplemente porque nos resulta más sencillo.

Primero diremos esquemáticamente cómo se ordena lógicamente el pensamiento de Hayek, y luego especificaremos su contenido. Aclaremos desde ya que, al hacer esto último, la síntesis y el resumen serán inevitables. Cada parte del pensamiento de su pensamiento da para mucho, si se lo trata en detalle.

Hayek parte de una premisa fundante de tipo gnoseológica, que es la limitación del conocimiento humano. Esa premisa es su fundamento de aquello que es su eje central de su pensamiento, que es su teoría del orden espontáneo (OE). Esta teoría se aplica fundamentalmente a tres áreas: a) economía política; b) epistemología; c) filosofía política. (El orden de estos últimos temas sigue, más o menos, un orden histórico). En el área de economía política desarrolla su teoría del proceso de mercado; la imposibilidad de cálculo económico en la sociedad socialista; su teoría del ciclo económico y sus propuestas teóricas y prácticas de tipo monetario. En el área epistemológica desarrolla la aplicación del OE a las ciencias sociales, por medio de tres ensayos importantes que ya veremos, con un período más influído por Mises y luego con aportes popperianos, pero siempre bajo el tamiz de su pensamiento original3. Y en el área filosófico-política desarrolla la aplicación del OE al surgimiento de las instituciones políticas de limitación al poder, lo cual puede subdividirse en los siguientes temas: a) la distinción entre tipos de normas en el sistema político y el surgimiento del common law; b) la evolución del sistema político y la cuestión de las tradiciones culturales en competencia; c) la cuestión de la división de poderes en el sistema institucional de limitación al poder y la cuestión de la democracia; d) la crítica al racionalismo constructivista. Todas estas cuestiones están tratadas en dos obras sistemáticas, que citaremos más adelante.

Lo cual implica que el esquema sería el siguiente:

 

Premisa gnoseológica (protoplasma)



Teoría del orden espontáneo economía (a)

(eje central) epistemología (b)

filosofía política (c)

(a) proceso de mercado

debate del cálculo económico

teoría del ciclo

teoría monetaria

(b) Modelos y hechos en ciencias

sociales

Particularidades de las c.s.

predicción en c.s.

(c) Distinción nomos/taxis;

common law;

evolución de las inst. pol.

Div. poderes/democracia

constructivismo (crítica).

4. Exposición resumida de cada uno de los temas enunciados.

La expresión "exposición resumida" alude a que trataremos de enunciar en cada caso la esencia de la cuestión, tratando de evitar -aunque la norma tendrá sus excepciones- largas citas textuales. Nuestra interpretación de Hayek no intenta eludir su indispensable lectura para su conocimiento, y, además, esta exposición es instrumental con respecto al objetivo central de nuestro estudio, en función de lo cual menos aún intentamos sustituir la lectura de Hayek. Debenos advertir, además, que la demostración de la ausencia de contradicción queda para el próximo punto, no para este.

Si vamos a hacer una exposición lógica, no histórica, del pensamiento hayekiano, no es extraño que comencemos con su teoría del conocimiento. Todos los autores tienen un metasistema metafísico y gnoseológico onotológicamente previo -esto es, condición necesaria para lo demás-, concientemente o no. En el caso de Hayek, ese sistema es explícitamente planteado, a lo largo de toda su obra. Pero una de las oportunidades donde más clara y sintéticamente lo plantea es su pequeño y sustancioso artículo "La primacía de los abstracto"4, donde plantea las razones últimas de uno de sus puntos favoritos: la limitación del conocimiento humano.

El título del artículo es explícito con respecto a lo que Hayek intenta plantear, y que siempre había planteado. Se trata de una toma de posición con respecto a la cuestión de los universales y el origen del conocimiento humano. Este último no deriva del encuentro entre una inteligencia desnuda de esquemas previos y datos concretos y singulares, a partir de los cuales se elabora el dato asbtracto. Al contrario, Hayek se ubica en un tipo sui-generis de conceptualismo neokantiano5, en el cual: a) lo abstracto y universal tiene primacía (esto es, es condición necesaria para) sobre lo particular; y esto, a su vez, porque: b) el ser humano está dotado -previamente a su encuentro con lo concreto- de esquemas clasificatorios previos, fruto de ciertas pautas y/o disposiciones previas de acción. O sea que, contrariamente a lo que muchas veces se supone, los esquemas universales con los cuales el ser humano aborda el mundo concreto no son fruto de una observación previa, sino que, al contrario, esos esquemas universales son condición necesaria para que los datos de la observación concreta adquieran sentido y relevancia.

Hayek recurre principalmente a tres fuentes para fundamentar su posición. En primer lugar recurre a los datos de la etología, que nos habla de pautas innatas de acción en los animales. En la evolución filogenética que conduce hacia el hombre, estas pautas habrían evolucionado hacia ciertas capacidades innatas que le permiten desarrollar ciertas habilidades independientemente de la educación formal1[1]. Cita, en segundo lugar, datos de la linguística (refiriéndose a Chomsky), para ejemplificar una de esas habilidades, esto es, el lenguaje. Y, en tercer lugar, se refiere a la teroía del conocimiento de Popper, según la cual las conjeturas universales son previas a cualquier tipo de observación inductiva previa. Esas conjeturas son también fruto de una "evolución emergente"7 de la cual han derivado disposiciones innatas de acción que en el ser humano lo proveen de conjeturas intelectualmente elaboradas para actuar en un mundo cuya esencia queda desconocida8. Reiteramos que la lectura de este y otros ensayos de Hayek al respecto9 sugieren una interpretación neokantiana de esta posición: la primacía de lo abstracto implica en última instancia la primacía de una serie de categorías a priori sui-generis (esto es, no las kantianas estrictamente) sobre los datos de un mundo singular y concreto, datos que son ordenados por esas categorías. Esto explica perfectamente el agnosticismo metafísico en el cual se ubica permanentemente Hayek.

Nuestro próximo paso será el siguiente: explicaremos lo que en nuestra opinión es el eje central del pensamiento de Hayek, esto es, su teoría del orden espontáneo, y luego diremos cuál es su relación con el punto anterior.



Ante todo expliquemos cómo se origina la cuestión del orden espontáneo en el pensamiento de Hayek. En 1920 Ludwig von Mises había escrito un artículo donde explicaba que en el sistema socialista -entendido como el sistema de división del trabajo en ausencia de propiedad privada de los medios de producción- es imposible el cálculo económico. Este es un tema clásico e importante dentro de la escuela austríaca de economía10. Explicado de modo muy sintético, digamos que Mises demuestra que un mercado libre -cuya condición jurídica es la propiedad privada- es condición necesaria para la existencia de precios, los cuales a su vez son condición necesaria para evaluar el método menos costoso de producción y conjeturar las valoraciones futuras de la demanda. Economistas socialistas tratan de contestar sobre la base del modelo de competencia perfecta, en el cual, conocidos los fines y presuponiendo información perfecta, pueden evaluarse, desde un centro planificador, los medios correspondientes. Hayek desarrolla entonces con más amplitud lo que Mises también había afirmado: la noción de mercado y competencia que tanto él como Mises manejaban -la cual se traspasa luego a la nueva generación de austríacos educados por Kirzner11- es distinta. El mercado no es, afirma Hayek, un modelo mecánico, estático, en equilibrio, con supuesto de conocimiento perfecto. O sea que rechaza el paradigma habitual de la profesión, a saber, los modelos de competencia perfecta, con sus variantes. Al contrario, el mercado es un proceso esencialmente dinámico, que está en una situación de esencial desequilibrio, y en el cual la información y conocimiento de oferentes y demandantes es esecialmente limitada e imperfecta. La labor de la ciencia económica es explicar cómo, a partir de esos supuestos, el mercado tiende a la economización perfecta de los recursos, asintóticamente, sin alcanzarla nunca. Hayek desarrolla este tema en una serie de importantes y ya clásicos artículos: Economics and Knowledge (1945); The Use of Knowledge in Society (1945); The Meaning of Competition (1946) y también en Competition as a Discovery Procedure (1968)12, además de desarrollar este tema en dos de sus obras sistemáticas: Derecho, Legislación y Libertad, y en su último libro -que es un excelente resumen de todo su pensamiento-: The Fatal Conceit: The Errors of Socialism13. Hayek advierte, ya desde 1935, que el mercado es un proceso cuyos agentes obran con conocimiento limitado y disperso. Pero la interacción de todos ellos, bajo ciertas condiciones jurídicas, produce un resultado global -la tendencia a la economización de recursos- tal que no hubiera sido posible de ser planeado por ninguna mente humana sola, pues ninguna mente humana puede aisladamente coordinar toda la información necesaria para producir ese resultado (y tal es su contestación a la pretensión de coordinación central socialista). Esa información se coordina en el mercado a través de los precios, que son así caracterizados como sintetizadores y coordinadores de información dispersa. La agencia central socialista no puede suplir ese proceso de coordinación: aún en el supuesto de que hubiera logrado estar informada de cuales fueron las valuaciones de la demanda, no podría conocer con certeza cuáles serán. El empresario particular tampoco tiene esa certeza, pero el proceso jurídico de cometencia tiende a hacer permancer en el mercado a aquellos que mejor conjeturan al respecto14. Por eso el mercado es un "procedimiento de descubrimiento". No es sobre fines y medios dados, sino sobre fines y medios que deben ser descubiertos. La agencia central socialista, al carecer de los precios, frutos del mercado libre, no puede recurrir a las señales a las que recurre el agente particular en el mercado para conjeturar sobre las valuaciones de los otros.

La concepción del mercado como proceso, en contraposición a los modelos de competencia perfecta, ha sido uno de los principales aportes de Hayek a la ciencia económica, sobre la base de las enseñanzas de L. von Mises. Pero el lector se preguntará dónde quedó la cuestión del orden espontáneo. Precisamente, en que Hayek va adviertiendo, paulatinamente, que el proceso del mercado es un caso de orden espontáneo. En efecto, su conclusión en economía es que el orden del mercado es un orden en el cual oferentes y demandantes, con un conocimiento limitado, a través de sintetizadores de información dispersa, que son los precios, producen un resultado global, esto es, la economización de recursos, tal que si tuviera que ser producido deliberada y concientemente -esto es, planificadamente- requeriría una mente directriz con un conocimiento total, que ninguna de las mentes inmersas en el proceso posee ni podría poseer. Ahora bien: considerada tal cosa en general, Hayek afirma que tal orden espontáneo es el caso general de los órdenes sociales y el objeto de explicación de las ciencias sociales15: cómo explicar "que la combinación de conocimientos fragmentados en diferentes mentes produzca resultados espontáneos tales que, si tuvieran que ser producidos deliberadamente, requerirían una mentre directriz con un conocimiento totalk que ninguna de las mentes inmersas en el proceso posee"16. De este modo, Hayek advierte que, entre procesos naturales totalmente independientes del hombre, y productos técnicos totalmente dependientes de un ordenamiento deliberado y conciente -los artefactos- existe una zona intermedia, los "órdenes espontáneos", fruto de "la acción humana pero no del designio humano"17. Tener conciencia de esta zona intermedia es indispensable para las ciencias sociales, que se enfretan con procesos tales como el mercado, la moneda, el derecho, las instituciones políticas, que no han surgido de un momento determinado similar a una invención técnica, fruto de una sola mente, pero tampoco son elementos donde el hombre no interviene tales como la fauna silvestre. Y lo básico de esos órdenes espontáneos es que su resultado final no ha sido deliberadamente pensado y planeado por ninguno de sus intervinientes, no sólo porque no lo necesitan sino porque además todos esos intervinientes operan con un conocimiento limitado tal que les sería imposible planearlo.

No en vano el mercado aparece como uno de los mejores ejemplos de lo anterior. Supongamos que entramos a un supermarket de New York a comprar una campera. En ese hecho cotidiano, aparentemente tan simple, se esconden una infinidad de procesos sumamente complejos. Debemos preguntarnos, a efectos de tomar conciencia de ellos, cuestiones que casi nunca nos preguntamos. Primero: ¿tiene alguien el conocimiento para hacer por sí mismo una campera? Pensemos en los complejos engranajes de la cadena de producción que llevaron a ese producto. Pensemos en la infinidad de oferentes y demandantes que se encontraron en ese proceso, sin conocerse entre sí, sin tener conciencia del resultado final: que alguien, en algún momento x, entraría al lugar x a comprar una campera. O sea que hay una infinidad de agentes operando bajo una complejísima división del trabajo, todos ellos con un conocimiento muy parcial del proceso global en el cual están inmersos. Segundo, e íntimamente relacionado con lo anterior. Habitualmente encontramos una sección donde hay un determinado número de camperas. ¿Por qué no están los sótanos de ese supermarket inundados de camperas? ¿Por qué no hay camperas por todos lados, que no se pueden vender, y con las cuales los dueños del supermarket no saben qué hacer? Y, al revés: ¿por qué no hay una larga fila de gente haciendo una cola para comprar una muy pequeña cantidad de camperas? ¿Por qué no hay un faltante generalizado de camperas? Y, lo más importante de todo, es que no hay ninguna oficina gubernamental en New York -al menos, hasta ahora- que se ocupe de la producción, distribución y venta de camperas. Y tal es precisamente la causa de que no existan esos problemas: en que hay un orden espontáneo en el mercado cuya coordinación de información a través de los precios resuelve lo que miles de agentes burocráticos no podrían resolver. Esto, que parece hoy, en términos popperianos, corroborado por el fracaso absoluto de las economías centralizadas, fue perfectamente visto y previsto por Mises a partir de 1920 y por Hayek a partir de los años 30.

Nuestro siguiente paso expositivo es explicar cuál es la relación entre el orden espontáneo y las premisas gnoseológicas anteriormente expuestas. La relación es la siguiente: las disposiciones innatas de conducta y habilidades, abstractas, previas a lo concreto, son causa de que individuos con poca instrucción formal, y con conocimiento muy limitado y disperso del proceso en el que se encuentran, formen parte de ese orden espontáneo y participen en él, orden en el cual se conectan y coordinan una infinidad de elementos y variables -intenciones, planes, y valuaciones humanas diversas- inabarcables para quien pretendiera planearlo deliberadamente.17b Hayek agrega a esto otra premisa de tipo metafísica, más que gnoseológica: niega la finalidad a los órdenes espontáneos.18 La categoría de finalidad queda reservada en su pensamiento para una decisión racional de un orden deliberado. Esto es coherente con su agnsosticismo metafísico que le impide afirmar un fin natural, fruto de la racionalidad Divina, a órdenes no planeados deliberadamente por el ser humano. Sobre esto, como podrá imaginar el lector, deberemos hacer importantes comentarios más adelante.

Establecidas las líneas generales sobre la cuestión del OE, veamos sus aplicaciones particulares a los tres aspectos anteriormente referido (economía, epistemología, filosofía política).

Sobre las aplicaciones a la teoría económica, debemos decir, en primer lugar, que dos de ellas, a saber, la teroía del proceso de mercado y el debate del cálculo económico, ya han sido expuestas, porque imposible era explicar in abstracto la teoría del OE sin referir su origen in concreto en esas dos cuestiones. En segundo lugar, sobre los dos otras cuestiones pendientes -a saber, la teoría monetaria y la teoría del ciclo- nuestras referencias serán muy sintéticas, para no salirnos del ámbito de nuestra profesión, y, a la vez, serán referencias cuyo interés central será mostrar su conexión con el OE.

Como dijimos, no está en nuestra ámbito ni en nuestra intención ni siquiera una síntesis de los aportes más específicamente técnicos de Hakey en relación a estos temas. Remitimos a la bibliografía correspondiente en cuanto a las fuentes19. Lo que debemos apuntar es que la teoría del ciclo económico a veces descripta como teoría Mises-Hayek20 es un ejemplo claro del tema del orden espontáneo. Por obra de una difundida "vulgata" keynesiana, muchos economistas y a veces el público interesado en la cuestión están convencidos de que crisis como la del 30 en los EEUU surgen de un defecto intrínseco al sistema de libre mercado, defecto que las autoridades gubernamentales, por medio de oportunas políticas de expansión y retracción monetaria en el mercado de capitales, deberían estar permanentemente corrigiendo. Pero la verdad es estrictamente la contraria. Las crisis cíclicas son el resultado de la intervención gubernamental en el mercado de capitales, mediante la cual la tasa de interés de mercado es artificialmente rebajada por medio de expansión de oferta monetaria por parte del estado. De ese modo, la tasa de interés aparece en el mercado alejada artificialmente de la tasa de interés originaria, que, rápidamente descripta, es aquella que señala la cuantía de ahorro existente. La tasa de interés de mercado tiene otros elementos, tales como la influencia del poder adquisitivo de la moneda y el factor riesgo. Y uno de los ejemplos del OE en el proceso de mercado es que, mediante su dinámica permanente, la tasa de interés de mercado tiende a acercarse a la tasa de interés originaria. Los empresarios pueden equivocarse en cuanto a la estimación de rentabilidad que hacen de su proyecto de inversión, estimación en la cual deben tener en cuenta la tasa de interés de retorno (rápidamente explicada, la posibilidad de que la rentabilidad de su proyecto cubra el costo de la tasa de interés). Pero, precisamente, en situación de libre entrada al mercado y ausencia de protecciones especiales, sólo tienden a permanencer en el mercado aquellos que conjeturen exitosamente sobre la rentabilidad de su proyecto. Esta parte de la explicación es clave para entender por qué prevalece en el mercado libre una tendencia al ajuste entre oferta y demanda, y no lo contrario. Y, en el caso del mercado de capitales, en tanto éste sea libre y no sea perturbado por intervenciones especiales y/o protecciones, el ajuste entre "oferta de bienes futuros" (ahorro) y "demanda de bienes futuros" (inversión) se produce merced al mismo motivo. Y lo que funciona allí como sintetizador y conector de información dispersa es la tasa libre de interés de mercado.




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