Guillermo León Martínez Pino



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En la era moderna que inaugura el capital, surge un hombre nuevo, con espíritu de riesgo, movido por el apetito ilimitado de ganancia, de riqueza y la alucinación perversa por la fructificación infinita del dinero. Y este nuevo imaginario, está justificado de igual forma por la construcción de una racionalidad ética, entronizada con el culto supremo de la razón y el inconmensurable afán por el progreso material, que habrá de causar una modernización indiscriminada, que conducirá finalmente a un proceso creciente de alienación del hombre respecto de su entorno natural y cultural.



2.1.1. La Globalización y Mundialización del Capital y las

Manifestaciones de la Extraterritorialidad Perversa

Si por globalización se entiende el proyecto de mundialización de las relaciones económicas, políticas y sociales; se puede inferir que este proceso no es un fenómeno nuevo, homogéneo y simétrico, como se ha pretendido vender desde la escolástica de los centros internacionales de poder. El advenimiento de este fenómeno, en la sociedad moderna, se remonta hacia finales del siglo XV, con el encuentro violento y traumático entre Europa y América y la consiguiente extensión compulsiva de las fronteras del comercio hacia las regiones colonizadas, que continúa con la expansión capitalista imperial Británica y Norteamericana, hasta hoy que se inaugura una versión globalizadora que es vehiculizada a través del paulatino desarrollo tecnológico e informático.


En efecto, la “globalización” no es un fenómeno abstracto, sino la concreción de una fase más del desarrollo del capitalismo. Parafraseando a Marx, es la expresión actual de la concentración y centralización del capital en cuya tendencia ha desbordado de forma turbulenta los linderos de los espacios económicos que representan los Estados-nacionales.
El mundo de los últimos años se ha debatido constantemente en la incertidumbre de un discurso que generalmente se ha pretendido explicar a través de la simplicidad metafórica, como bien lo argumenta Renato Ortiz3 refiriéndose a las explicaciones que desde diversas visiones se entregan, a propósito del viraje y transformaciones que se han suscitando en este fin y comienzo de milenio. A falta de precisión conceptual es común escuchar estereotipos como: – “primera revolución mundial” (Alexander King), “tercera ola” (Alvin Tofler), “sociedad informática” (Adan Schaff), Shopping center global” (Theodore Levitt), “sociedad amébica” (Kenichi Ohmae), “aldea global” (Marshall McLuhan), “fábrica global”, “transito de la sociedad de high volume a otra de hih value (Robert Reich), “universo habitado por objetos móviles” (Jackes Attali), “fin de la historia” ( Fracis Fukuyama), “ciudad global” (Saskia Sassen), etc.- . Incluso podría decirse que a falta de rigor se cae en la banalidad y superficialidad conceptual, carente de sustento histórico-empírico-teórico. El término “globalización” ha sido proclamado con excesiva euforia, aplicado como una nueva forma de dominación ideológica4, se ha pretendido explicarlo bajo una perspectiva de neutralidad axiológica, de concurrencia simétrica hacia el desarrollo y el progreso, el cual apropiándose de los avances técnicos que per-se, permiten mayores niveles de intercambios de mercancías y servicios entre los países que abocan el contexto de liberalización y de abolición de las barreras comerciales.
La globalización es un término hoy usado en forma acrítica por todo el mundo, desde los analistas sociales hasta los periodistas. La palabra se ha convertido en una moda retórica que es usada con claros propósitos ideológicos, encubiertos en la mayor parte de los casos con un barniz de cientificidad, empleado para dominar incautos, convencer remisos y dar por sentado que las políticas aplicadas desde hace casi dos décadas en diferentes rincones del planeta son irreversibles y a ellas hay que sujetarse o perecer. En este pensamiento dominante sobre la globalización se sostiene en forma alegre que ella es natural, irreversible, benéfica para los consumidores y conforme a los ideales de libertad. Por eso, se considera que la globalización es una “fuerza de gravedad” social y económica a la que sería no sólo inútil sino retrógrado oponerse” (Vega,1999. Compilado en López,1999:52)
A la actual crisis de la bien difundida, pero poco entendida “globalización”, que está imbricada en la edad moderna y es producto de ella; le empiezan a aparecer nebulosos nubarrones, hasta el punto que sus más enconados defensores están cuestionando sus principios básicos. Los alquimistas y hechiceros financieros neoliberales, están contemplando medidas de control del capital, que tan solo ayer les habrían parecido herejías violatorias de la ley natural. El escenario propiciatorio de este nerviosismo que coloca en tela de juicio ese discurso omnipresente de la “globalización”, no es otro que la erosión de la confianza pública, producto de que se quiso seguir vertiendo la fascinante realidad tecnológica, en viejos odres institucionales que no pueden ya contenerla. Esa misma realidad, que ha violentado las distancias; jerarquizado, pervertido y fragmentado el poder; ha compactado también los espacios mundiales a la velocidad de los ordenadores; volviendo las fronteras porosas a las influencias fraudulentas de los flujos nocivos del capital especulativo.
Al inaugurar la era nuclear Einstein graficaba, con una frase lapidaria, la incapacidad para abocar de manera audaz y creativa las nuevas urgencias del conocimiento que, requieren cambios profundos para proseguir su curso y que perfectamente podría calar en estos tiempos donde poco importa la rigurosidad de los conceptos, sino más bien la utilidad y superficialidad de los mismos: “Todo ha cambiado –argumentaba- menos nuestra forma de pensar”.

En el umbral del tercer milenio la realidad exige nuevas formas de pensar el futuro. Siendo conscientes de que hay distintos futuros posibles; diferentes al dogma fundamentalista del “pensamiento único”5, que nos augura un desenlace feliz, en la tierra prometida de la sociedad del totalitarismo del mercado.


Sin aceptar ingenuamente el desconocimiento de que el capitalismo se ha vuelto un sistema más universal que nunca y que, los discursos sobre la globalización son múltiples y polisémicos; entendiendo la polisemia como la propiedad de un término de poseer varios significados, si podría argumentarse, siguiendo los planteamientos de Fernando Coronil, que,
Los relatos más matizados –sobre este fenómeno –impugna la imagen estereotipada de la emergencia de una aldea global popularizada por corporaciones, los Estados metropolitanos y los medios de comunicación. Estas versiones alternativas sugieren que la globalización no es un fenómeno nuevo, sino más bien la manifestación intensificada de un viejo proceso de comercio transcontinental, de expansión capitalista, colonización, migraciones mundiales e intercambios transculturales. De igual manera sugieren que la actual modalidad neoliberal polariza, excluye y diferencia, aun cuando genera algunas configuraciones de integración translocal y de homogeneización cultural” (Coronil, 2000:88).
Pero, aparte, de que exista una disímil arquitectura conceptual, se hace necesario precisar algunos rasgos distintivos que quedan contenidos el las llamadas “tesis de la globalización” y, que caracterizan el comienzo de los 70, periplo en el cual el capitalismo redefinió sus bases ideológicas y sus estrategias políticas. Estos parámetros definitorios, quedan explicitados de la siguiente manera :


  1. Se coloca en lugar privilegiado la “hipertrofia” de las finanzas internacionales y concomitantemente la creación global del crédito, circunstancia que subordina los sistemas productivos como gregarios del mundo turbulento de las especulaciones financieras, llegando a considerárseles a estas últimas como una fuerza independiente, con un poder inconmensurable ejercido desde una superestructura centralizada de poder.

  2. La asimétrica transnacionalización de la tecnología y la creciente dependencia de esa innovación tecnológica, con el correspondiente riesgo de su rápida obsolescencia.




  1. La internacionalización del capital a través de corporaciones globales, con núcleos decisionales centralizados y con gestión y ejecución altamente descentralizados que, conjuntamente con la banca transnacional, se han constituido en poderes omnímodos que se ubican por encima de los propios Estados-nacionales.




  1. El creciente poder de las agencias internacionales del capital como el Fondo Monetario Internacional (F.M.I.), Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio (O.M.C.)6, para tan solo citar las más representativas; encargadas de la producción transnacional de ”representaciones sociales”7, como orientadoras de prácticas homogenizadoras y estandarizadoras, de orden económico y cultural.




  1. Los rápidos movimientos de capital financiero acelerados por las nuevas tecnologías de la información, en donde los circuitos electrónicos interconectados mueven enormes masas de capital en fracciones de segundos, sin ningún tipo de control privado ni estatal, configurando lo que Manuel Castell ha definido como la automatización del funcionamiento del capital, que fluye con una velocidad y complejidad que solo la red de instrucciones electrónicas puede manejar.

El desarrollo de las nuevas tecnologías informáticas ha influido fuertemente para caracterizar la globalización de la economía, permitiendo el paso de una economía de productos a una economía de símbolos, que coincide con la nueva etapa de capitalismo financiero”, en estos términos entonces, “se ha sustituido la creación de riqueza por transacciones “invisibles” (verdaderas proezas especulativas) que es posible realizar gracias a la tecnología electrónica e informática desarrollada en las últimas décadas. En esas circunstancias, es prácticamente imposible detener o controlar la volatilidad del capital internacional” (Ander-Egg,1998:39).




  1. El comercio mundial ha experimentado un crecimiento exponencial de los llamados “bienes o productos culturales”, es decir, aquellos productos cuyo valor agregado está soportado en intangibles, esto es, programas de televisión, música, películas, Software, etc., protegidos por la propiedad intelectual; que han superado con creces a los productos tradicionales de los sectores automotriz, agrícola, aerospacial, etc.

Al introducirnos Daniel Mato, en la discusión sobre la globalización, ha dicho que este concepto tan en boga padece de profundas imprecisiones que conducen a reduccionismos, apologías, demonizaciones, que en nada contribuyen a dar claridad sobre el asunto. “Dependiendo de quien habla o escribe, resulta que eso que nombran “globalización” es señalado como una causa de nuestros males o, alternativamente, como la panacea que resolverá todos nuestros problemas” (Mato,2001B:147).


Llama la atención, sobre cómo con estos reduccionismos se invisibilizan los diferentes actores que participan en procesos sociales, de los que resulta más globalización e, invita a hablar no de globalización en singular sino de “procesos de globalización”.
La mayoría de quienes demonizan la globalización, como la mayoría de quienes hacen su apología, comparten un error de base: Fetichizan eso que se llama “globalización”. Es decir, representan eso que llaman “globalización” como si se tratara de una suerte de fuerza suprahumana que actuaría con independencia de las prácticas de los actores sociales. Por ello no se detienen a analizar cómo participan diversos actores sociales en la producción de formas específicas de globalización.
De manera levemente diferente, pero en sustancia semejante, hay quienes aún fetichizándola atribuyen su existencia a factores meramente financieros y/o tecnológicos, es decir, ofrecen interpretaciones reduccionistas, sea de corte economista o tecnologisista. Adicionalmente, en estos casos esos factores acaban teniendo carácter anónimo: así se invocan en abstracto “las fuerzas del mercado” o “el poder de las tecnologías”. Como si “el mercado” fuera algo más que una creación humana, resultante históricamente de fuerzas humanas ( …) o como si las tecnologías actuaran por sí mismas, como si nadie las produjera y nadie las aplicara” ” (Mato,2001B:149-150).
Ahora bien, sería un error pensar que la “globalización” es solamente producto colateral del desarrollo económico y de las leyes de la evolución del capital o del desarrollo tecnológico. No, la “globalización” coyuntural a la que se asiste hoy, es un proyecto político de los sectores dominantes en la economía contemporánea, es un recurso ideológico soportado en la doctrina neoliberal.
Ciertamente esta etapa se constituye en una amenaza efectiva y por ende una estrategia política poderosa, a la cual no hay que desdeñar desde posturas conceptuales simplistas, sino desde una visión epistémica consecuente, lo cual implica no equiparar acríticamente amenaza con realidad.
Más allá de estos retos y desafíos a la noción de ese imaginario polisémico de “globalización”, existen interrogantes, que son necesarios y procedentes desbrozar en aras de una mayor claridad. ¿Se puede afirmar que se ha estado viviendo una nueva época a partir de la década de los ´70 del siglo pasado? y ¿qué tan novedoso y reciente es este fenómeno?.
La “globalización” aunque es una idea relativamente nueva para las ciencias sociales, no constituye un nuevo proceso, sino la semi-culminación de un estadio de secularización y diseminación de todas las relaciones precapitalistas aún existentes. Este concepto está imbricado en el proceso de modernidad vinculado a la constitución del sistema-mundo, que abarca grosso modo, una tránsito desde el Estado-nación prototipo de la era de la acumulación primitiva, hasta la fase transnacional cualitativamente nueva, caracterizada por un periodo de más alta reestructuración del capital incluyendo su forma institucional.
Pero para abocar particularmente este análisis, como bien lo define Fernand Braudel8, es indispensable situar el análisis de la vida social desde diversos puntos de observación que involucren la espacialidad, la temporalidad, los ordenes sociales y las jerarquías. Siguiendo la categoría conceptual de la temporalidad, sugiere Braudel, considerar el devenir de la historia en tres velocidades del tiempo: Un intervalo de corto plazo (tiempo de la crónica y del periodismo); otro de mediano plazo, donde ocurre mutaciones históricas a través de ciclos, movimientos y “ritmos lentos pero perceptibles” y; una perspectiva de largo plazo la –longue durée – en la cual el cambio ocurre con “una cadencia más lenta que, en ocasiones, bordea la inercia” y en la cual se estudian estructuras de vida social profundamente implantadas que perduran a través de los siglos
Siguiendo la perspectiva conceptual Braudeliana, puede decirse que la “globalización” no es una época sino un proceso de largo plazo o “longue durée”. No se trata de un nuevo tipo de capitalismo, sino de la lógica del capitalismo como ha sido desde siempre. Este análisis, por supuesto no es óbice, para descalificar las mutaciones sucedidas en el mundo capitalista durante el transcurrir de su existencia. Por el contrario, las “leyes del sistema capitalista”, como bien lo ha expresado Karl Marx, son indiscutiblemente leyes del cambio constante. Pero como la interpretación de esas leyes dependen del cristal con que se las mire y de las coordenadas desde las cuales es pertinente instalarse para observarlas, se presentan sucintamente las dos visiones más generalizadas.

2.1.1. Los Contenidos Viejos y Seculares de la Globalización
La concepción de un mundo “globalizado” per se no es una figura perversa, es más, se puede argüir que se constituye en un imaginario planetario, obviamente bajo el respeto de las diferencias. El problema empieza a tener serios reparos, complicaciones y profundas repercusiones, cuando se descubre el trasfondo ideológico del proceso que se está viviendo; la “globalización” actualmente se funda sobre una arquitectura conceptual regida por el fundamentalismo neoliberal, que tiene como pretensión finalista la reproducción a escala mundial de las diferencias, es decir, la generación de una inconmensurable concentración de poder en manos aquellos que son dueños del capital, los que ahora además no tienen patria, por lo tanto no benefician a naciones, sino a determinados grupos privilegiados con trascendencia planetaria.
La “globalización”, vista como época, en la retórica y hermenéutica neoliberal aparece como la “gran novedad” de nuestros días cargada de una intencionada mitologización; en la cual el triunfo final del capitalismo ha clausurado todo tipo de alternativas plausibles y la historia ha quedado sometida a las fuerzas impersonales del mercado, a la “secreción natural” de un orden económico sin intereses corporativos, ni asimetrías de poder. Vista desde la perspectiva Braudeliana, como un proceso de largo aliento, la pretendida “globalización”, aparece como algo profundamente contradictorio que responde a una tendencia intrínseca y secular del modo de producción capitalista. Esta tendencia histórica del capitalismo hacia la mundialización y su inusitado dinamismo expansionista, hace más de siglo y medio llevó a Marx y Engels a pronosticar premonitoriamente, cuan devastadora podría resultar esa violenta incorporación a esa expansiva economía del mercado. Obsérvese la notable similitud de lo que hoy la fantasía apologética nos presenta como novedoso, con lo que anticiparan Marx y Engels en el manifiesto:
Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas desde las más lejanas regiones del mundo y cuyos productos no solo se consumen en el mismo país sino en todas las partes del globo” Y advierte: “ La burguesía obliga a todas las naciones a adoptar el mundo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burgueses. En una palabra, se forja un mundo a imagen y semejanza” (Marx y Engels, 1973 :23-24 ).
Más allá de las controversias que pueda suscitar este pasaje del manifiesto, lo cierto es que existe una asombrosa coincidencia entre estas distorsiones mitificantes de lo que hoy se ha dado en llamar “globalización”, con los rasgos principales del capitalismo del siglo XIX. La mal llamada “globalización” del presente, entraña modificaciones complejas no solo reservadas al plano económico y tecnológico, sino que alcanzan el ámbito de las hegemonías políticas y de reproducción cultural, constituidas hoy por hoy en dispositivos de poder y formas de disciplinamiento social.
Estas estructuras globales de poder y de disciplinamiento, sobrepasan con creces las fronteras nacionales y regionales, favorecidas obviamente por la liberalización de las relaciones económicas internacionales, que arrasan y derriban cualquier barrera que impida el libre juego del capital. Este último circula globalmente por rutas de acumulación atípica, sin una dirección predeterminada, sin responder y respetar el plan de desarrollo de un territorio concreto, guiado tan solo por la lógica ciega y exclusiva de la maximización de la ganancia. El capital mismo, se mueve por las redes de la virtualidad, ya no transita físicamente, sino a través de los canales electrónicos. Específicamente, para el caso de lo contable, el comprobante de papel como soporte material del dinero al, igual que el registro cronológico, en el más plausible de los casos, hacen parte, junto a la partida doble de las joyas pintorescas exhibidas en el museo de la historia de la profesión.
El verdadero poder, el del capital, cada vez más invisibiliza y enajena el rostro de esa figura legendaria que lo había acompañado durante todo el periplo de la llamada, por algún teórico- modernidad inconclusa: el Estado-nación. El adelgazamiento de los Estados es ya un imperativo del nuevo orden, cuyo destino manifiesto y fatal solo queda reducido a garantizar el orden y la seguridad necesarias a los designios de los flujos del capital.
3.- “Globalización Contable” y Adopción de Estándares

Internacionales: Los Límites Oscuros de una Falsa Coartada
La “aldea global”, aparece como una aldea que desconoce el resto del mundo, el cual ha quedado predestinado a roer con los dientes apretados el destino apocalíptico delineado por la economía de mercado. El vocablo globalización, se ha generalizado a tal extremo, que hoy está presente, se recrea y manipula, en los códigos de lenguaje de las comunidades de especialistas; en la jerga diaria de los hombres de negocios, como simbolismo de una “nueva época”; sirviendo incluso hasta para explicar las más disímiles veleidades de la vida cotidiana. Esto que aparenta ser trivial, tiene una honda repercusión en el campo de las significaciones y simbolizaciones constitutivas de lo que Daniel Mato denomina una “conciencia de globalización”;
la existencia de esta conciencia de globalización –nos dice- es sumamente significativa independientemente de cualquier consideración acerca de si ella podría calificarse de “falsa” o “verdadera” (....). Lo importante del caso es que esa conciencia de globalización es un fenómeno tan generalizado que numerosos actores sociales a lo largo y ancho del planeta actúan, es decir, desarrollan sus prácticas sociales, en el marco de esa conciencia; es la asunción de la existencia de procesos de globalización lo que explícitamente otorga sentido a sus prácticas, y esto es lo que es importante (Matos,2001: 131-132).
Esta “conciencia de globalización”, prohijada hoy por el pensamiento único ha tocado la médula de la práctica profesional contable; en tanto, para quienes rinden culto apologético al fundamentalismo del mercado, no hay otra salida que adaptarse o perecer porque este proceso es inexorable. Para los defensores de la estandarización como práctica homogenizadora del modelo contable, la “globalización” es un hecho evidente e inevitable que se reduce a un conjunto de fenómenos como la internacionalización de los mercados financieros, los avances de la informática y la economía en red; en donde el Estado es, en cierto sentido, mirado como el representante oficial de estos intereses, cuyo papel es el de ser garante de la protección de los intereses hegemónicos e instrumento que crea las condiciones de reproducción y acumulación de poder y riqueza.
La “globalización” contable, está inscrita en ese imaginario que Daniel Mato ha descrito como “conciencia de globalización”, que para efectos emblemáticos podríamos denominas “conciencia de globalización contable” y, que sirve como simbología de institucionalización y legitimación de posturas ideológicas comprometidos con la direccionalidad de los proyectos estandarizadores de la profesión agenciados por las organizaciones de regulación contable internacional.

3.1. Las Organizaciones Armonización y Estandarización

Contables en Tiempos de la “Globalización”
El tributarismo teleológico, referido al esfuerzo por atemperar las estructuras contables a la nueva arquitectura financiera internacional, imbricada en la pretendida “globalización contable”, irrumpe con un discurso mistificante e ideologisante; que da la espalda a la realidad histórica, en donde de entrada el proyecto homogeneizador se presenta a la escena invisibilizando los sujetos que las propician: las grandes corporaciones y agentes del templo de la escolástica financiera internacional, esto es, Banco Mundial, F.M.I., Bolsa de valores de N.Y., Banco Interamericano de Desarrollo, Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), Organización Mundial de Comercio y obviamente sus abnegados e incondicionales socios; las organizaciones de armonización contable internacional : La Federación Internacional de Contadores Públicos (IFAC por sus siglas en inglés), el Consejo de Estándares Internacionales de Contabilidad (IASB por sus siglas en inglés), el AICPA, entre otros.
Ya el Fondo Monetario Internacional, ha previsto realizar una profunda revisión a los procesos de estandarización normativa y de monitoreo a los flujos de información financiera internacional, para ello ha planteado:


  • Promover transparencia y accountability, y desarrollar, difundir y monitorear la implementación de los nuevos estándares y las mejores prácticas;




  • fortalecer los sistemas financieros, incluyendo mayor supervisión y mecanismos apropiados para administrar las fallas en la banca;




  • prestar mayor atención a la liberalización ordenada de los mercados de capitales;




  • involucrar más plenamente al sector privado para anticiparse y a resolver las crisis (IMF,1999:16 ).

Este discurso “globalizador contable”, hace parte integrante del proceso de dominación y apropiación del mundo: La dominación de los mercados, de los Estados, sociedades y pueblos; que se materializa en términos políticos, militares, financieros, tecnológicos o socioculturales; escamoteando su real rostro con discursos evangelizadores generosos, en donde se dice por ejemplo, que en la era de la globalización unos ganan y otros pierden, pero la estrategia básica de la participación en ella implica ganar y dejar ganar.


Estos dispositivos de poder, obligan a la profesión contable a adoptar e implementar los estándares globales de contabilidad, que se asimilan a la presentación de reportes sobre desempeño financiero vía IASB; estándares de auditoría, esto es, examen independiente de estados financieros vía IFAC 2000; y proveedores de servicios, que en otros términos, vendría a ser lo atinente a los parámetros de estandarización de la práctica educativa, en donde se explicitan exámenes de aptitud, experiencia, educación continuada y certificación en contaduría; acción ésta reservada al proyecto IFAC ISAR UNCTAD.
No en vano los esquemas de la IASC e IFAC, en sus versiones 2.000, se han ajustado a los mercados de capitales dada su pretensión por convertirse en los estándares globales de la contabilidad y auditoría financieras. Ello es una de las consecuencias de que, en este tipo de mercados, la contaduría está asociada indisolublemente a la tecnología de la información” (Mantilla, 2001:10).
Como se deja entrever, organizaciones como el IASC, creada en junio de 1973, se caracteriza por ser un gremio profesional, de carácter privado encargado de emitir las normas internacionales de contabilidad (NIC’s.) - hoy convertida en el Consejo de Estándares Internacionales de Contabilidad (IASB por sus siglas en inglés); estándares éstos, que se constituyen en una especie de vademécum, que regula la práctica contable en todas sus manifestaciones y; la International Federation of Accountants (IFAC), que emite, además de las normas de auditoría, el fastuosamente denominado código IFAC de ética para contadores profesionales y el compendio de directrices educacionales (Guías IFAC), en donde se establecen las metas de educación; los componentes del conocimiento y habilidades profesionales; elementos éstos sobre los cuales debe fundamentarse la educación y experiencia profesional y, los límites mínimos que debe poseer un profesional para ser aceptado como “contador profesional”9.
Estas organizaciones, paulatinamente han ido creando estructuras orgánicas que dinamizan la puesta en vigencia de la propuesta estandarizadora, este es el caso de la IFAD, un organismo que nació en el Congreso Mundial de la IFAC realizado en París en 1997, en la cual tienen asiento las principales instituciones financieras internacionales, interesadas en atemperar el funcionamiento de la profesión contable a los intereses del capital especulativo internacional. Los objetivos de esta organización son, entre otros:


  • Promover el entendimiento, por parte de los gobiernos nacionales, del valor de la presentación de reportes financieros sólidos, de acuerdo con un sólido gobierno corporativo;




  • asistir con la definición de expectativas relacionadas con la manera como la profesión contable (en los sectores público y privado) debe llevar a cabo sus responsabilidades para dar soporte al interés público;




  • fomentar que los gobiernos se centren más directamente en las necesidades de los países en desarrollo y de las economías en transición;




  • ayudar a conseguir fondos y experticia para construir capacidad en contabilidad y auditoría en los países en desarrollo;




  • Contribuir a una estrategia y a una estructura conceptual comunes de referencia para el desarrollo de la contaduría profesional; y,




  • Promover la cooperación entre gobierno, la contaduría y las otras profesiones, las instituciones financieras internacionales, reguladores, emisores de estándares, proveedores de capital y emisores” (Cfr: http:/www.ifad.net ).

Es sintomático observar, cómo de manera coincidente este discurso armonizador de la práctica contable y el discurso regulativo de formación profesional, están sincrónicamente unidos a la desregulación general de los movimientos internacionales de capital y de mercados financieros, procesos éstos consumados en los años setenta y ochenta y a la interconexión en tiempo real de todas las bolsas de valores, mercados de cambio; en donde se configura un único mercado financiero global “libre”, es decir, sin control de Estado-nacional alguno. El carácter decisional de las transnacionales - que se ubican por encima de la soberanía del Estado-nación - se refuerza y la información circula a una velocidad de vértigo por las infinitas redes y canales que enlazan los puntos más insospechados del planeta.


Es paradojal que estos organismos omnipresentes, hagan su irrupción con tanto ímpetu, en la década de los setenta, periplo caracterizado por un crecimiento fenomenal de capitales volcados al mercado financiero, generalmente en operaciones exclusivamente usurarias, rentísticas y especulativas, en donde se marca una brecha profunda entre la tasa de crecimiento de las actividades financieras y las referidas a las actividades productivas y, donde igualmente, adquiere un auge inusitado la denominada investigación empírica en contabilidad”, entendida como el cambio del enfoque de los propósitos y objetivos de los estados financieros, que sustituyen o, en el mejor de los casos, complementan el objetivo de “medición del beneficio” por el de “suministro de información útil al usuario”.
El afán por legitimar tal postura, ha llevado a algunos “alquimistas” contables a considerar este movimiento como un verdadero programa de investigación, a la mejor estirpe lakatosiana, desconociendo de manera tan flagrante como lineal, los vectores epistemológicos de los programas de investigación de Irme Lakatos10 y, en la misma dirección, a plantear los años setenta y ochenta como el lapso de oro de la investigación en contabilidad, en tanto, ha sido “el más compartido y ambicioso esfuerzo de investigación en la historia de la contabilidad”. (Tua, 1995: 276)

4.- Escisión entre Racionalidad Económica y Construcción

Axiológica: A Propósito del Código de Etica de la IFAC


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