Globalizacion y ciudad. Economía, espacialidad y cultura Martha Inés Valderrama Barrera



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GLOBALIZACION Y CIUDAD. Economía, espacialidad y cultura

Martha Inés Valderrama Barrera
Resumen:
Este artículo establece una reflexión acerca de los efectos espaciales de las dinámicas de globalización, tomando como base del análisis tres ejes centrales: la globalización económica y sus premisas más relevantes como lógicas asociadas al fortalecimiento de la ganancia media de los grandes capitales transnacionales; la estructura urbana global definida sobre la base de un sistema de ciudades a escala mundial que pone en la cartografía física a ciudades ganadoras y perdedora, alejadas de los estados – naciones, que se ven debilitados en este nuevo escenario y, finalmente, los efectos de estos dos fenómenos en los habitantes urbanos, resaltando en la reflexión el planteamiento de dos conceptos nuevos, el de “urbanauta” y el de “no sujeto” y una figura que representa la condición a la que se encuentra abocado el citadino, la figura del habitante en condición de movilidad permanente, como una nueva forma de ser urbano, que ilustra el desplazamiento, la pérdida de identidad con su territorio más próximo (el barrio y la ciudad), y la ausencia de arraigo que equivale a su condición de desterrado, de desterritorializado.
Presentación
Somos protagonistas y al mismo tiempo observadores de las transformaciones que viene experimentando la estructura urbana y regional en todo el planeta, las cuales, desde la perspectiva de algunos teóricos e investigadores urbanos, implican la interacción de tres grandes procesos históricos: El desarrollo tecnológico, el fortalecimiento de una economía global regulada por el mercado, y la generación sistemas de comunicación e información basados en la utilización de nuevas tecnologías puestas al servicio de los procesos productivos, de administración y gestión1, todos ellos participando de un mismo propósito, el crecimiento económico. Estas transformaciones comprometen a toda la estructura social y redefinen las condiciones y procesos asociados con el desarrollo local y regional.
El presente artículo tiene como pretensión lograr un acercamiento del orden conceptual sobre el tema referido, con el propósito de hallar una interpretación, entre otras, respecto del sentido de la globalización y sus consecuencias urbanas, involucrando para ello tres componentes básicos: racionalidad económica, implicaciones espaciales y, en particular, los contenidos culturales que se integran a éste proceso de reorganización social, espacial y económica, entendidas como lógicas imperantes que transforman el panorama de lo social en toda su dimensión.
1. Acerca de los componentes económicos de la globalización
¿No habíamos dicho que la ciudad, toda ciudad, vive

en el destino del número, aquella aritmética previa

de la eventualidad del vacío y de la nada?

Giuseppe Zarone
La globalización es un concepto que supera el sentido de lo internacional entendido como el establecimiento de relaciones de diverso orden que se tejen entre diferentes países, con participación especial de los gobiernos nacionales. Desde el punto de vista económico, lo que se experimenta hoy en día es la formación de un sistema global amparado en la configuración de mercados planetarios, de empresas mundo y sistemas urbanos globales en los que se concentran los negocios, las transacciones, as inversiones y los consumidores.2
En el contexto económico, la globalización bien puede ser considerada como una forma más avanzada y compleja de la internacionalización. La complejidad implica la integración funcional de actividades económicas, geográficamente dispersas, posible de ser alcanzada a partir de las innovaciones tecnológicas, informacionales y comunicacionales. Dicha lógica de integración funcional al servicio de los intereses del crecimiento económico no se da de manera homogénea ni uniforme, sino, por lo contrario, mantiene las desigualdades y desequilibrios territoriales vigentes en torno a las relaciones centro – periferia, que se expresan en las formas de articulación de la geografía económica a estas propuestas de Mundialización.
La integración del territorio al sistema económico global está estrechamente relacionada con las condiciones particulares de cada país, de cada región, de cada localidad, y con la manera como éstas interactúan con los procesos de cambio a gran escala, lo cual permite deducir que sus resultados son diversos dependiendo del contexto específico. Comporta, así mismo, lógicas de reacomodo que se apoyan en la diversidad nacional y regional y por consiguiente toma formas muy variadas, pero todas ellas, en última instancia, buscan afianzar y fortalecer el sistema capitalista a escala planetaria, desde la perspectiva del establecimiento de un nuevo orden económico.3
Las transformaciones en la dinámica económica, acompañadas de cambios tecnológicos y territoriales, bien pueden ser catalogadas como otro momento histórico altamente revolucionario que apenas si alcanzamos a percibir. La comprensión y explicación de este fenómeno se enfrenta nos enfrente a dos posiciones: La primera anuncia que la globalización es el comienzo de un nuevo orden económico a nivel planetario, entendido como una dinámica diferente sin precedente alguno. La segunda posición concibe este fenómeno como la continuidad del modelo actual, que se readecua para fortalecerse; se constituye como la otra cara de una misma moneda “la prolongación del tradicional esquema centro-periferia y de las crecientes brechas de desarrollo y riqueza”.4
Los procesos de transformación económica, espacial y social contemporáneos se inscriben en un nuevo momento de la economía mundial evidenciando cambios importantes, estableciéndose una estructura de funcionamiento diferente, lo cual ha implicado redefiniciones, no menos significativas, en las formas de operación y en los escenarios locales, regionales, nacionales, internacionales hasta llegar a la esfera mundial, propiciando nuevas articulaciones que traen consigo procesos favorables, potencialidades, pero a su vez son fuente de efectos negativos en diferentes direcciones, en particular, en economías y ciudades débiles que no logran situarse en un lugar privilegiado del sistema global.5
Respecto de los procesos históricos e interrelacionados, que están influyendo en las profundas modificaciones de las ciudades y regiones, se plantea lo siguiente:
Una revolución tecnológica, principalmente basada en las tecnologías de la información (incluyendo la ingeniería genética), tan trascendental, al menos, como las dos revoluciones industriales que se basaron en el descubrimiento de nuevas fuentes de energía.
La formación de una economía global, que representa la reestructuración de todos los procesos económicos a nivel planetario. Las fronteras nacionales y los gobiernos siguen siendo elementos esenciales y actores claves en las estrategias que se juegan en la competición internacional. Por economía global entendemos aquella que funciona en tiempo real como una unidad en un espacio mundial, tanto para el capital como para la gestión, el trabajo, la tecnología, la información o los mercados. Incluso las compañías ancladas en, y dirigidas a los mercados nacionales, dependen de la dinámica y de la lógica de la economía mundial a través de la intermediación de sus clientes, suministradores y competidores... intensificando estas tendencias hacia la globalización y una interdependencia de la economía mundial.
Una economía informacional caracterizada por nuevas formas organizativas... La especialización flexible reemplaza a la producción de masa estandarizada como la nueva forma industrial mejor capacitada para adaptarse a la geometría variable de una demanda mundial cambiante y a unos valores culturales versátiles... Las principales compañías multinacionales siguen siendo los centros nerviosos estratégicos de la economía, así como los actores más innovadores de la misma. Lo que está cambiando es la forma organizativa, tanto para las grandes compañías como para las pequeñas empresas. Los sistemas de redes son la forma decisiva para los procesos flexibles de producción. Incluyen la interconexión entre grandes empresas y pequeñas que están descentralizando su estructura interna, disgregándola en unidades semiindependientes. Las nuevas tecnologías de información, constituyen la base material para la integración de los procesos económicos a nivel mundial, formando la insfraestructura tecnológica de la nueva economía global.6
Recordemos ahora, a qué obedece este orden económico o, mejor, cuáles son los elementos centrales que provocan ésta reorganización del modelo de desarrollo basado en una lógica donde el mercado y la competencia sin fronteras se convierten en los pilares en los que se fundamenta el reordenamiento de las ciudades y las regiones, implicando así mismo la negación a seguir funcionando bajo lógicas tradicionales que solo logran convertir las naciones y las ciudades en territorios que pierden, frente a otros que ganan.7
Para nadie es desconocida, la situación de crisis generalizada que ha experimentado la economía a nivel mundial, la cual ha logrado percibirse en los países desarrollados, en lo que los economistas han dado en llamar una onda larga recesiva que viene desde finales de la década del 60 y principios del 70, y que para el caso de las sociedades de “menor” desarrollo logra retardar su aparición hasta muy avanzados los 70 y principios de los 80 gracias a situaciones coyunturales como la bonanza petrolera, la riqueza generada por dineros ilícitos en algunos países, provenientes del ya conocido y muy cuestionado narcotráfico (que observado desde el punto de vista del mercado puede ser considerado como el proceso de oferta -producción, procesamiento y comercialización-, incitado por una demanda creciente -que a su vez comercializa y consume-), y la inversión social generada sobre la vía del endeudamiento externo.
Para superar esta crisis de acumulación y ganancia media de los grandes capitales, se plantean una serie de medidas orientadas al fortalecimiento del mercado, a la eliminación de las restricciones y barreras comerciales a escala mundial, que tuvieron como pilar de apoyo la disminución de la intervención estatal y el desmoronamiento del estado de bienestar.
A finales de los años 60 y principios de los 70, se asistió a una ruptura del modelo de desarrollo sobre el que se había fundado el crecimiento de las economías occidentales y, hacia finales de los años 70, las elites de estos países llegaron a la conclusión de que era necesario una transformación de las instituciones y de las estructuras de las economías capitalistas avanzadas. En esos años, los proyectos que triunfaron en los Estados Unidos y en Gran Bretaña fueron los neoliberales. Estaban basados en argumentos favorables al mercado, a la propiedad privada y al capitalismo competitivo, y se oponían al capitalismo administrado del Estado Benefactor”.8
De las estrategias que se vienen consolidando para salir de la crisis, se han sorteado algunas propuestas, dentro de ellas, la más comúnmente conocida es la implantación en el sistema mundial de la política neoliberal, que se basada en la reconfiguración de la división internacional del trabajo, la recomposición de los procesos productivos y laborales, el libre mercado, el libre comercio, la descentralización político-administrativa y la disminución de la intervención del Estado9. Estas lógicas sugieren, ante todo, una política paulatina de privatización en sus diferentes campos de actuación para dar lugar a la incursión del capital privado en esferas de producción de bienes y servicios, hasta ahora suministrados preferiblemente por entidades gubernamentales. Esta situación advierte un nuevo ciclo respecto al desarrollo y por ende respecto a la organización espacial y territorial, con marcados efectos en la estructura de la vida cotidiana y de las relaciones sociales, enfrentadas al individualismo recalcitrante, a la alienación y al consumo, sin precedente alguno.
Dichas tendencias involucran en el rol del Estado, la disminución de la planeación indicativa a largo plazo y por etapas, prevista desde las esferas Estatales locales, para dar paso a la regulación del funcionamiento de los diferentes ámbitos de la vida económica y social, sobre la vía de las leyes del mercado.
Así, todos estos mecanismos pretenden, como fin último, recomponer el margen de ganancia del capital. Por consiguiente, los marcos económicos que sustentan el proyecto de globalización constituyen medidas de ajuste para restaurar las condiciones de valorización del capital. Dicha recomposición implica, como lo ha planteado Cize (1990):
destruir los capitales insuficientemente rentables, reducir una parte considerable de los costes de producción, dicho de otro modo, incrementar la explotación del trabajo. Se trata también de modificar la intervención del Estado: las subvenciones a los sectores juzgados no rentables deben ir a los sectores rentables. Todo lo que años de lucha habían arrancado a los cálculos estrechamente privados, debe regresar a la esfera de la rentabilidad financiera: escuela, sanidad, transporte colectivo, audiovisual, correos y telecomunicaciones, viviendas de protección social...”.10
La globalización económica y espacial ha sido posible gracias a los procesos de desreglamentación de los mercados financieros, al fortalecimiento y desarrollo del sector financiero, a la prestación de servicios especializados y a la integración de los mercados mundiales.11 El mercado adquiere otra dimensión que demanda para operar condiciones particulares a manera de un gran sistema con nodos de operación en diferentes lugares de la geografía planetaria. Así mismo, las empresas transnacionales industriales, tanto a nivel manufacturero como de servicios, se han venido fortaleciendo en esta dinámica, acompañadas del mantenimiento de pequeñas empresas que sirven de apoyo como proveedoras de bienes, servicios o insumos a la gran industria. Algunas industrias manufactureras siguen manteniendo protagonismo solo a nivel de mercados nacionales y locales y otras simplemente han desaparecido del escenario en razón de las lógicas de la competencia desigual entre capitales.
A diferencia de las actividades financieras o los servicios especializados como la publicidad, servicios jurídicos, contables, consultorías en la rama administrativa, entre otros, la industria manufacturera y de servicios no necesariamente requiere para su éxito de la ubicación en la gran ciudad, por el contrario puede estar localizada en ciudades de menor importancia que ofrecen condiciones ventajosas como contar con mano de obra calificada, bajos salarios, servicios básicos y un buen régimen de transporte y de comunicaciones.
Es evidente que los cambios del sistema económico generan a su vez cambios en las estructuras urbanas y en las formas de relaciones entre las personas, por ello no es error admitir, como lo ha planteado Cuervo (1996) que,
Las distintas regiones del mundo y la totalidad de los países del planeta vienen experimentando serias modificaciones en las relaciones entre industrialización y urbanización, así las evoluciones sean particulares y produzcan resultados divergentes... todos estos procesos vienen produciéndose en un mismo escenario mundial caracterizado por la existencia de procesos globales de orden monetario, financiero, cambiario, comercial, industrial, tecnológico, político y social”.12
Acompañado del fortalecimiento de la industria y de los procesos de relocalización espacial, viene un cierto debilitamiento o, lo que es más claro, la redefinición y reorientación del sector industrial, en el que logran mantenerse preferiblemente los grandes capitales, las industrias más fuertes, las más poderosas, establecidas y adecuadas para asumir la competencia y ampliar su mercado en la esfera planetaria.
En este esquema de reorganización de la estructura económica asistimos a un momento histórico en el que toma fuerza la industria terciaria la cual ha sido tradicionalmente relegada, aunque siempre ha estado presente, en algunas sociedades con mayor fuerza que en otras. Al este sector de la economía, conocido como el sector servicios, le llego su cuarto de hora; en cualquiera de sus manifestaciones el fortalecimiento industrial ya sea manufacturera, pesada o de servicios, aparece como imperante en los esquemas de la globalización. En este sentido Benco y Lipietz (1994) y Allen J. Scott (19994) recrean lo expuesto introduciendo en torno al análisis de las regiones ganadoras en el esquema de la globalización, un interesante planteamiento:
¿No es acaso desde la época de Sumer, en los orígenes de la historia escrita, una especificidad de la ciudad arrogarse el monopolio de la función terciaria? La nueva expansión urbana ¿no sería el reflejo de una recuperación económica basada en el sector terciario, y por lo tanto necesariamente urbana, y más concretamente metropolitana? ... En realidad, la distinción industrial/terciario no es tan evidente, se trata de actividades complementarias, y las regiones que ganan son ante todo regiones productoras de bienes exportables, es decir, de bienes manufacturados o de servicios facturables”.13
El término industrial se utiliza para cualquier proceso de producción en el que el capital y el trabajo se combinan para producir mercancías con vistas a la obtención de un beneficio. Estos productos pueden ser bienes materiales, como el automóvil, los electrodomésticos o incluso los componentes electrónicos, o bien pueden ser servicios inmateriales, como un consejo o incluso una información”.14
La economía global un sistema flexible, desigual y altamente controlado.

Como ya ha sido planteado, el sector servicios igual que la industria manufacturera, las empresas de alta tecnología, los desarrollos científicos al servicio de la economía, el mercado y las finanzas, requieren para su operación y afianzamiento una base urbana pero en este caso con posibilidades de propagación por diferentes urbes o sistemas regionales que operan a manera de nodos posibles de ser articulados gracias al desarrollo tecnológico y de la informática. Esta dinámica permite suponer y reconfirmar una vez más que antes que la urbe moderna y, en particular, la gran ciudad, empiece a sufrir procesos de distensión, lo que se visualiza es precisamente su vigencia actual, la pervivencia de lo urbano como forma de organización espacial y productiva por excelencia, característica de la sociedad contemporánea, de la sociedad de la tecnología, la informática, los servicios especializados y el mercado sin fronteras posibles.


Si bien los procesos de globalización plantean, desde el punto de vista del reordenamiento geográfico, la valoración de lo urbano, de la red urbana intercomunicada, es preciso recalcar que su carácter de sistema flexible, diverso y por ende desigual, indica por sí mismo su jerarquía, bastante definida, regulada y controlada.
En este panorama se habla, entonces, de espacios estratégicos, localizados no en todas las ciudades del sistema urbano, sino, precisamente, en algunas grandes ciudades que conjugan en su interior tanto las actividades “domésticas” propias, como las necesarias para su funcionamiento, en el sentido de actividades planetarias desde la perspectiva de la economía y el mercado global. Las ciudades que están en los primeros renglones -ciudades globales- constituyen espacios donde además de producir insumos altamente especializados, tienen una función central y es precisamente la de coordinar y controlar todo el sistema económico a nivel planetario. Lo que comúnmente se conoce como economías mundo.
Veamos con Sassen cómo lo planteado, en razón de la relación economía y ciudad, se ve reflejado al momento de establecer funciones de control y coordinación del sistema económico global:
Es ahí “cuando ciertos espacios estratégicos, Nueva York, Londres, Tokio, París, etc., empiezan a tomar alguna de las funciones de coordinación. Y la modalidad bajo la cual asumen esas funciones es la de los mercados. (...) Claro que las transnacionales siguen siendo elementos muy importantes que también coordinan el sistema económico mundial pero que se asientan en las ciudades globales. Otro elemento es la combinación de la capacidad de las telecomunicaciones para crear una basta descentralización territorial de la comunidad económica, manteniendo al mismo tiempo un sistema integrado. Se crea una necesidad de expansión en las funciones centrales, porque dado el desarrollo inmenso de las telecomunicaciones tenemos mayor necesidad de centros de coordinación. (...) Las telecomunicaciones han cambiado lo que significa el espacio internacional porque, al fin y al cabo Tokio está lejísimos pero crea, con Londres y Nueva York, un sistema financiero internacional que puede funcionar 24 horas al día. Además el capital internacional está siempre buscando lugares de asentamiento, dónde localizar sus inversiones para aumentar su propia productividad. En ese sentido, ciertos territorios no importa dónde estén, porque si ofrecen posibilidades de rentabilidad se vuelven muy atractivos.”15
De igual manera otras ciudades participan con un nivel de jerarquía menor al que ocupan las “ciudades globalizadas” más importantes, pero cumpliendo funciones básicas que posibilitan el funcionamiento del sistema urbano global en su conjunto, por ejemplo, generando insumos altamente especializados, posibilitando por sus ventajas comparativas la localización de capitales transnacionales, convirtiéndose en nodo de articulación y control del mercado en un territorio basto -caso Sao Pablo en Latinoamérica-. Finalmente, aparecen en la geografía de la globalización otras ciudades con formas de participación más restringidas y aquellas que cumplen realmente un rol “marginal”, si no completamente ignorado convirtiéndose en “zonas de sombra” o “vacíos”.
Las ciudades localizadas en países con economías débiles, que generalmente coinciden con ciudades pertenecientes al tercer mundo, y sectores de ciudades historicamente excluidos, son los más relegados en esta nueva cartografía física de la globalización. Este planteamiento se puede constatar si advertimos que:
En la definición de lo que es la geografía de la economía global, África y la gran mayoría de América Latina cuentan menos que nunca. Hasta cierto punto casi nada. Esto mismo también ocurre dentro de los territorios que son parte de esa geografía de la economía global. En una ciudad como Nueva York hay sectores que ahora ni siquiera cumplen la función de reserva de mano de obra. Simplemente no importan. Esa también es una gran zona de sombra y yo he llamado a ese fenómeno en Nueva York como la periferia del centro.”16
No obstante el planteamiento anterior, es imposible pensar que esas ciudades sombra, esas ciudades que poco significan, esas franjas de ciudades que no juegan el juego de la globalización, las múltiples periferias de centros17, no se encuentren permeadas por los efectos que el fenómeno provoca en todo el territorio. Por el contrario, el sistema es arrasador y alcanza a penetrar todo el planeta afectándolo de manera positiva o negativa. Esto indica que aún desde la “marginalidad” la economía de la globalización, en su proceso de planetarización, logra comprometer todo el sistema, controlarlo, jerarquizarlo hasta llegar a transformar las micro economías locales.
Un ejemplo altamente recurrente en la economía Latinoamericana, asimilado a los recientes cambios provocados por la implantación “salvaje” de la política Neoliberal -asociada a los procesos de globalización-, es precisamente el debilitamiento y la quiebra de pequeñas y medianas empresas por la incursión de productos manufacturados provenientes de otros países que ingresan al mercado local con grandes ventajas competitivas. Como efecto directo asociado a la desaparición de dichas empresas encontramos el incremento del desempleo, el aumento de la economía “informal”, la agudización de la pobreza y la indigencia y todo lo que estos fenómenos implican desde el punto de vista espacial y social que agrava aún más las difíciles condiciones de estos países.
Esta cartografía económica de la globalización agudiza las lógicas de exclusión e inequidad, características inherentes al sistema capitalista, y puede catalogarse como “la más original sólida fuente de discriminación socio-espacial, generadora de nuevos y fuertes desequilibrios, manifiestos tanto en la esfera planetaria como en el ámbito estrictamente nacional.”18
La globalización es, pues, una estrategia que propone un nuevo orden económico y espacial que permite mayor estabilidad a los mercados para garantizar el crecimiento y el margen de ganancia de los grandes capitales. El resultado obtenido, es un sistema urbano global, jerarquizado y desigual, constituido sobre la plataforma de subsistemas operando a la luz de procesos de organización, coordinación y control que en su interacción permiten regular el territorio de acción de los capitales, lo cual es posible gracias a los desarrollos tecnológicos y de las telecomunicaciones que eliminan las distancias para viabilizar su operación como sistema red.
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