G. Deleuze, ¿En qué se reconoce el estructuralismo? Página de ¿en qué se reconoce el estructuralismo?



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Últimos criterios: del sujeto a la práctica

En cierto sentido, los lugares no son llenados ni ocupados por seres reales sino en la medida en que la estructura es “actualizada”. Pero, en otro sentido, podemos decir que los lugares están ya llenos u ocupados por los elementos simbólicos, al nivel de la estructura misma; y son las relaciones diferenciales de estos elementos las que determinan el orden de los lugares en general. Hay pues un llenado simbólico primario, antes de todo llenado o toda ocupación secundaria por seres reales. Sólo que, nos volvemos a encontrar con la paradoja de la casilla vacía; pues esta es el único lugar que no puede ni debe llenarse, aunque fuese por un elemento simbólico. Ella debe conservar la perfección su vacío para desplazarse en relación consigo misma, y para circular a través de los elementos y las variedades de relaciones. Simbólica, ella debe ser para ella misma su propio símbolo, y carecer eternamente de su propia mitad que seria susceptible de venir a ocuparla. (Este vacío sin embargo no es un no ser; o al menos este no ser no es el ser de lo negativo, es el ser positivo de lo “problemático”, el ser objetivo de un problema y de una cuestión). Es por eso que FOUCAULT puede decir: «No se puede ya pensar en el vacío del hombre desaparecido. Pues este vacío no orada una falta; no prescribe una laguna a llenar. Es nada más y nada menos, que el despliegue de un espacio en el que es finalmente de nuevo posible pensar36


Ahora bien si el lugar vacío no es llenado por un término, este no deja de estar acompañado por una instancia eminentemente simbólica que sigue todos sus desplazamientos: acompañado sin ser ocupado ni llenado. Y los dos, la instancia y el lugar, no cesan de fallar la una al otro, y de acompañarse de esta manera. El sujeto es precisamente la instancia que sigue el lugar vacío: como dice LACAN, está menos sujeto que sujetado –sujetado a la casilla vacía, sujetado al falo y a sus desplazamientos. Su agilidad es sin igual, o debería serlo. También el sujeto es esencialmente intersubjetivo. Anunciar la muerte de Dios, o incluso la muerte del hombre no es nada. Lo que cuenta, es el cómo. Nietzsche mostraba ya que Dios muere de varias maneras; y que los dioses mueren, pero de risa, cuando escuchan a un dios que dice que es el Único. El estructuralismo no es en absoluto un pensamiento que suprime el sujeto, sino un pensamiento que lo hace migas y lo distribuye sistemáticamente, que contesta la identidad del sujeto, que lo disipa y lo hace pasar de lugar en lugar, sujeto siempre nómada, hace individuaciones, pero impersonales o singularidades, pero pre-individuales. En este sentido FOUCAULT habla de “dispersión”; y LÉVI-STRAUSS no puede definir una instancia subjetiva más que como dependiente de las condiciones de Objeto bajo las cuales ciertos sistemas de verdad se vuelven convertibles y, por tanto, «simultáneamente aceptables para varios sujetos»37.
Desde entonces dos grandes accidentes de la estructura se dejan definir. O bien la casilla vacía y móvil no está ya acompañada por un sujeto nómada que subraya su recorrido; y su vacío se convierte en una verdadera falta, una laguna. O bien está al contrario lleno, ocupado por lo que lo acompaña, y su movilidad se pierde en el efecto de una plenitud sedentaria o fijada. Se podría decir también, en términos lingüísticos, tanto que el “significante” ha desaparecido, como que el flujo del significado no encuentra ya elemento significante que lo escanda, tanto que el “significado” se ha desvanecido, que la cadena del significante no encuentra ya significado que la recorra: los dos aspectos patológicos de la psicosis38. Se podría decir aún, en términos teo-antropológicos, que tan pronto como Dios hace crecer el desierto y cava en la tierra una laguna, el hombre la llena, él ocupa el sitio, y en esta vana permutación nos hace pasar de un accidente a otro: es por eso que el hombre y Dios son las dos enfermedades [fundamentales] de la tierra, es decir de la estructura.
Lo importante, es saber bajo qué factores y en qué momentos estos accidentes están determinados en estructuras de tal o cual orden. Consideremos de nuevo los análisis de ALTHUSSER y de sus colaboradores: por una parte muestran cómo, en el orden económico, las aventuras de la casilla vacía (el Valor como objeto = x) están marcadas por la mercancía, el dinero, el fetiche, el capital, etc. que caracterizan la estructura capitalista. Por otra parte, muestran como las contradicciones nacen así en la estructura. En fin, cómo lo real y lo imaginario, es decir los seres reales que vienen a ocupar los lugares y las ideologías que expresan la imagen que se hacen de ellos mismos, están estrechamente determinadas por el juego de estas aventuras estructurales y de las contradicciones que se derivan de las mismas. No ciertamente porque las contradicciones sean imaginarias: ellas son propiamente estructurales, y cualifican los efectos de la estructura en el tiempo interno que le es propio. No se dirá pues de la contradicción que es aparente, sino que es derivada: deriva del lugar vacío y de su devenir en la estructura. Por regla general, lo real, lo imaginario y sus relaciones son siempre engendrados secundariamente por el funcionamiento de la estructura, que comienza por tener sus efectos primarios en ella misma. Es por eso que no es en absoluto del afuera que lo que llamábamos hace un momento “accidentes” llega a la estructura. Se trata por el contrario de una “tendencia” inmanente39. Se trata de acontecimientos ideales que forman parte de la estructura misma, y que afectan simbólicamente su casilla vacía o el sujeto de la misma. Los llamamos “accidentes” para señalar mejor, no un carácter de contingencia o de exterioridad, sino este carácter de acontecimiento muy especial, interior a la estructura en tanto que esta no se reduce jamás a una esencia simple.
Desde ahí, un conjunto de problemas complejos se plantea al estructuralismo, concerniente a las “mutaciones” estructurales (FOUCAULT) o las “formas de transición” de una estructura a otra (ALTHUSSER). Es siempre en función de la casilla vacía que las relaciones diferenciales son susceptibles de nuevos valores o de variaciones, y las singularidades, capaces de distribuciones nuevas, constitutivas de otra estructura. Falta aún que las contradicciones sean “resueltas”, es decir que el lugar vacío sea despejado de los acontecimientos simbólicos que lo ocultan o lo llenan, que le sea devuelto al sujeto que debe acompañarlo por nuevos caminos, sin ocuparlo ni abandonarlo. También hay un héroe estructuralista: ni Dios ni hombre, ni personal ni universal, es sin identidad, hecho de individuaciones no personales y de singularidades pre-individuales. Asegura el estallido de una estructura afectada por exceso o por defecto, opone su propio acontecimiento ideal a los acontecimientos ideales que acabamos de definir40. Que pertenezca a una nueva estructura no volver a empezar aventuras análogas a las antiguas, no hacer renacer contradicciones mortales, eso depende de la fuerza resistente y creadora de este héroe, de su agilidad en seguir y salvaguardar los desplazamientos, de su poder de hacer varias las relaciones y de redistribuir las singularidades, siempre haciendo una tirada de dados. Este punto de mutación define precisamente una praxis, o más bien el lugar mismo donde la praxis debe instalarse. Pues el estructuralismo no es solamente inseparable de las obras que crea, sino también de una práctica en relación con los productos que interpreta. Que esta práctica sea terapéutica o política, ella designa un punto de revolución permanente, o de transferencia permanente.
Estos últimos criterios, del sujeto con la praxis, son los más oscuros –criterios del futuro. A través de los seis caracteres precedentes, hemos querido únicamente recoger un sistema de ecos entre autores muy independientes los unos de los otros, explorando dominios muy diversos. Y también la teoría que ellos mismos proponen de estos ecos. A los diferentes niveles de la estructura, lo real y lo imaginario, los seres reales y las ideologías, el sentido y la contradicción son “efectos” que deben ser comprendidos a la salida de un “proceso”, de una producción diferenciada propiamente estructural: extraña génesis estática para “efectos” físicos (ópticos, sonoros, etc.). Los libros contra el estructuralismo (o aquellos contra la nueva novela) no tienen estrictamente ninguna importancia; no pueden impedir que el estructuralismo tenga una productividad que es la de nuestra época. Ningún libro contra lo que sea tiene nunca importancia; sólo cuentan los libros “para” algo nuevo, y que saben producirlo.



1 [Nota de los traductores] Traducimos aquí al castellano este artículo dada su importancia como introducción al estructuralismo, el mismo se publicó por vez primera en F. CHATELET (éd.), Histoire de la Philosophie, t. VIII: le XXe siècle, Paris, Hachette, 1972, p. 299-335. Por nuestra parte hemos tomado el texto original de G. DELEUZE, L’île déserte et autres textes. Textes et entretiens1953-1974, edición preparada por David Lapoujade en Ed. Minuit, Paris, 2002, cap. 23, p. 238-269.

2 [N del T] El primer criterio será el reconocimiento de un orden simbólico, en oposición a lo real y a lo imaginario.

3 [N del T] Así pues la primera dimensión que caracteriza el estructuralismo es la introducción del orden simbólico, y con él la diferenciación de éste de otros dos registros el de lo imaginario y el de lo real. La introducción del orden simbólico permite diferenciar tres registros fundamentales de la experiencia derivada de una epistemología estructuralista: Real, Simbólico e Imaginario.

4 Cf. J. LACAN, Ecrits, París, Seuil, 1966, p. 386-389. [Trad. cast. en S.XXI]

5 J. Lacan es sin duda el que va más lejos en el análisis original de la distinción entre imaginario y simbólico. Pero esta misma distinción, bajo diversas formas, se encuentra en todos los estructuralistas.

6 Cf. Esprit, noviembre 1963. [Se trata de “Réponses à quelques questions”, Esprit, nº 322, nov. 1963, pp. 628-653]

7 L. ALTHUSSER, en Lire le Capital, 2 vol., Paris, Maspero, 1965, t.II, p. 157. [Hay traducción castellana en S. XXI]

8 [N. del T.] Es el lugar que se ocupa y la relación con otros lugares lo que determina el valor y el sentido simbólico del elemento que lo ocupa, independientemente de quien o qué lo ocupa, el quién o el qué se subordina al dónde y en relación con qué. se trata pues de la primacía de lo topológico y de lo relacional.

9 M. FOUCAULT, Les Mots et les coses, Paris, Gallimard, 1966, p.329. [Trad, cast. En S. XXI]

10 J. LACAN, Ecrits, p. 30.

11 C. LÉVI-STRAUSS, cf. Esprit, noviembre 1963.

12 C. LÉVI-STRAUSS, “La estructura de los mitos” en Antropologia estructural, Paris, Plon, 1958, p. 235 ss.

13 Ibid. p. 343 ss.

14 S. LECLAIRE, “Compter avec la psychanalyse”, en Cahiers pour l’analyse, nº 8.

15 L. ALTHUSSER, Lire le Capital, t. II, p. 152-157 (cf. también E. Balibar, p. 205 ss).

16 R. JAKOBSON, Essais de linguistique générale, vol. I, París. Ed. de Minuit, 1963, cap. VI.

17 L. ALTHUSSER, Lire le Capital, t. I, p. 82; t. II. p. 44.

18 El libro de Jules VUILLEMIN, Philosophie de l’algébre (PUF, 1960), propone una determinación de las estructuras en matemáticas. Él insiste sobre la importancia al respecto de una teoría de los problemas (siguiendo al matemático Abel), y de principios de determinación (determinación recíproca, completa y progresiva según Galois). Muestra como las estructuras, en este sentido, dan los únicos medios de realizar las ambiciones de un verdadero método genético.

19 Cf. Les Temps Modernes, julio 1956.

20 E. ORTIGUES, Le Discours et le symbole. Paris, Aubier, 1962, p. 197. Ortigues señala igualmente la segunda diferencia entre lo imaginario y lo simbólico: el carácter “dual” o “especular” de la imaginación, por oposición al Tercero, al tercer término que pertenece al sistema simbólico.

21 L. ALTHUSSER, Lire le Capital, t. II, p. 169 ss.

22 C. LÉVI-STRAUSS, Anthropologie structurale, p. 224.

23 S. LECLAIRE, “La mort dans la vie de l’obsédé”, La Psychanalyse, nº 2, 1956.

24 C. LÉVI-STRAUSS, Le Totémisme aujourd’hui”, Paris, PUF, 1962, p. 112.

25 J. LACAN, Ecrits, p. 15

26 J. LACAN, Le Mythe individuel du névrosé, CDU, 1953. Retomado, modificado, en Ornicar, nº 17-18, 1979.

a P. SOLLERS, Drame, París, Seuil, 1965.

b J. P. FAYE, Analogues, Paris, Seuil, 1964.

c S. FREUD, Obras completas, vol. X, Ed. Amorrortu.

27 C. LÉVI-STRAUSS, Le Totémisme aujourd’hui, p. 115. [Trad. cast. en F.C.E.]

28 A. GREEN, “L’objet (a) de J. Lacan”, Cahiers pour l’analyse, nº 3, p. 32.

29 J. LACAN, Ecrits, p. 25.

30 M. FOUCAULT, Les Mots et les choses, cap. I.

31 J.-A. MILLER, “La suture”, Cahiers pour l’analyse, nº 1.

32 C. LÉVI-STRAUSS, Introduction à l’oeuvre de Marcel Mauss, p. 49-59 (en Marcel MAUSS, Sociologie et anthropologie, París, PUF, 1950)

33 Cf. M. FOUCAULT, Raymond Roussel.

34 Cf. Lire le Capital, t. I, p. 242 ss: el análisis que Pierre Macherey hace de la noción de valor, mostrando que este está siempre desfasado en relación con el intercambio en que aparece.

35 M. FOUCAULT, Les Mots et les coses, p. 392.

36 M. FOUCAULT, Les Mots et les choses, p. 353.

37 Cf. C. LÉVI-STRAUSS, Le Cru et le cuit, París, Plon, 1964, p. 19. [Trad. cast. en Ed. Paidós]

38 Cf. El esquema propuesto por S. Leclaire, después de Lacan ,en “A la recherche des principes d’une psychothérapie des psychoses”, L’Evolution psychiatrique, 1958 [Trad. cast. en Acto psicoanalítico, Ed. Nueva Visión]

39 Sobre las nociones marxistas de “contradicción” y de “tendencia”, cf. los análisis de E. Balibar, Lire le Capital, t. II, p. 296 ss.

40 Cf. Michel FOUCAULT, Les Mots et les choses, p. 230: la mutación estructural «si ella debe ser analizada, y minuciosamente, no puede ser explicada ni siquiera recogida en una palabra única; es un acontecimiento radical que se reparte sobre toda la superficie visible del saber y de la que se pueden seguir paso a paso los signos, las conmociones, los efectos».
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