G. Deleuze, ¿En qué se reconoce el estructuralismo? Página de ¿en qué se reconoce el estructuralismo?



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Tercer criterio: lo diferencial y lo singular

¿En qué consisten, finalmente, estos elementos simbólicos o unidades de posición? Volvamos al modelo lingüístico. Lo que es distinto a la vez de las partes sonoras, y de las imágenes y conceptos asociados, es llamado fonema. El fonema es la más pequeña unidad lingüística capaz de diferenciar dos palabras de significación diversa: por ejemplo billar y pillar. Es claro que el fonema se encarna en letras, sílabas y sonidos, pero que no se reduce a eso. Aún más, las letras, las sílabas y los sonidos le dan una independencia, mientras que en sí mismo es inseparable de la relación fonemática que lo une a otros fonemas: b/p. Los fonemas no existen independientemente de las relaciones en las cuales entran y por las cuales se determinan recíprocamente.


Podemos distinguir tres tipos de relaciones. Un primer tipo se establece entre elementos que gozan de independencia o de autonomía: por ejemplo 3+2, o incluso 2/3. Los elementos son reales, y estas relaciones deben considerarse ellas misma reales. Un segundo tipo de relaciones, por ejemplo x2 + y2 - R2 = 0, se establece entre términos en que el valor no está especificado [variables], pero que deben sin embargo en cada caso tener un valor determinado. Tales relaciones pueden ser llamadas imaginarias. Pero el tercer tipo se establece entre elementos que no tienen ellos mismos ningún valor determinado, y que sin embargo se determinan recíprocamente en la relación: así xdy + xdx = 0, o dy/dx = x/y. Tales relaciones son simbólicas, y los elementos correspondientes son tomados en una relación diferencial. dy está completamente indeterminado en relación con y, dx está completamente indeterminado en relación con x: cada uno de ellos no tiene existencia, ni valor, ni significación. Y sin embargo la relación dy/dx está completamente determinada, los dos elementos se determinan recíprocamente en la relación. Es este proceso de una determinación recíproca en el seno de la relación lo que permite definir la naturaleza simbólica. Sucede que se busca el origen del estructuralismo del lado de la axiomática. Y es verdad que BOURBAKI, por ejemplo, emplea el término estructura. Pero lo hace, nos parece, en un sentido muy diferente del estructuralismo. Pues se trata de relaciones entre elementos no especificados, incluso cualitativamente, y no de elementos que se especifican recíprocamente en relaciones. La axiomática en este sentido sería aún imaginaria, y no propiamente hablando simbólica. El origen matemático del estructuralismo debe más bien buscarse del lado del cálculo diferencial, y precisamente en la interpretación que darán de él Weierstrass y Russell, interpretación estática y ordinal, lo que libera definitivamente el cálculo de toda referencia a lo infinitamente pequeño, y lo integra en una pura lógica de relaciones.
A las determinaciones de las relaciones diferenciales corresponden singularidades, distribuciones de puntos singulares que caracterizan las curvas o las figuras (un triángulo por ejemplo tiene tres puntos singulares). Así la determinación de las relaciones fonemáticas propias de una lengua dada asigna las singularidades en cuya vecindad se constituyen las sonoridades y significaciones de la lengua. La determinación recíproca de los elementos simbólicos se prolonga desde entonces en la determinación completa de los puntos singulares que constituyen un espacio correspondiente a estos elementos. La noción capital de singularidad, tomada a la letra, parece pertenecer a todos los dominios donde hay estructura. La formula general «pensar, es hacer una tirada de dados» remite ella misma a las singularidades representadas por los puntos brillantes sobre los dados. Toda estructura presenta los dos aspectos siguientes: un sistema de relaciones diferenciales según las cuales los elementos simbólicos se determinan recíprocamente, un sistema de singularidades que corresponde a estas relaciones y trazando el espacio de la estructura. Toda estructura es una multiplicidad. La cuestión: ¿hay estructura en cualquier dominio? Debe precisarse como sigue: ¿se puede en tal o cual dominio, despejar elementos simbólicos, relaciones diferenciales y puntos singulares que le sean propios? Los elementos simbólicos se encarnan en los seres y objetos reales del dominio considerado; las relaciones diferenciales se actualizan en las relaciones reales entre estos seres; las singularidades son otros tantos lugares en la estructura, que distribuyen los roles o actitudes imaginarias de los seres u objetos que vienen a ocuparlos.
No se trata de metáforas matemáticas. En cada dominio es necesario encontrar los elementos, las relaciones y los puntos. Cuando LÉVI-STRAUSS emprende el estudio de las estructuras elementales del parentesco, no considera solamente padres reales en una sociedad, ni las imágenes de padre que cursan en los mitos de esta sociedad. Él pretende descubrir verdaderos “fonemas” de parentesco, es decir parentemas, unidades de posición que no existen independientemente de las relaciones diferenciales en las que entran y se determinan recíprocamente. Así las cuatro relaciones hermano/hermana, marido/mujer, padre/hijo, tio materno/hijos de la hermana, forman la estructura más simple. Y a esta combinatoria de las “apelaciones parentales”, corresponden, pero sin parecido y de una manera compleja, a “actitudes entre parientes” que efectúan las singularidades determinadas en el sistema. Se puede también proceder a la inversa: partir de las singularidades para determinar las relaciones diferenciales entre elementos simbólicos últimos. Así, tomando el ejemplo del mito de Edipo, Lévi-Strauss parte de las singularidades del relato (Edipo se casa con su madre, mata a su padre, inmola la Esfinge, es llamado pie-hinchado, etc.) para inducir las relaciones diferenciales entre “mitemas” que se determinan recíprocamente (relaciones de parentesco sobreestimadas, relaciones de parentesco subestimadas, negación de la autoctonia, persistencia de la autoctonía)12. En todo caso siempre, los elementos simbólicos y sus relaciones determinan la naturaleza de los seres y objetos que vienen a encarnarlos [realizarlos, sostenerlos], mientras que las singularidades forman un orden de los lugares que determina simultáneamente los roles y actitudes de estos seres en tanto que los ocupan. La determinación de la estructura se acaba así en una teoría de las actitudes que expresan su funcionamiento.
Las singularidades se corresponden con los elementos simbólicos y sus relaciones, pero no se les parecen. Se diría más bien que ellas “simbolizan” con ellos. Ellas se derivan de ellos, ya que toda determinación de relaciones diferenciales entraña una distribución de puntos singulares. Pero por ejemplo: los valores de relaciones diferenciales se encarnan en especies, mientras que las singularidades se encarnan en las partes orgánicas correspondientes a cada especie. Las unas constituyen variables, las otras funciones. Las unas constituyen en una estructura el dominio de las apelaciones, las otras, el de las actitudes. LÉVI-STRAUSS ha insistido sobre el doble aspecto, de derivación y sin embargo de irreductibilidad, de las actitudes en relación con las apelaciones13. Un discípulo de Lacan, Serge Leclaire, muestra en otro dominio como los elementos simbólicos del inconsciente remiten necesariamente a “movimientos libidinales” del cuerpo, que encarnan las singularidades de la estructura en tal o cual lugar14. Toda estructura en este sentido es psicosomática, o más bien representa un complejo categoría-actitud.
Consideremos la interpretación del marxismo por ALTHUSSER y sus colaboradores: ante todo, las relaciones de producción están determinadas allí como relaciones diferenciales que se establecen, no entre hombres reales o individuos concretos, sino entre objetos y agentes que tienen en primer lugar un valor simbólico (objeto de la producción, instrumento de producción, fuerza de trabajo, trabajadores inmediatos, no-trabajadores inmediatos, tal como son tomados en relaciones de propiedad y de apropiación)15. Cada modo de producción se caracteriza entonces por singularidades que corresponden a los valores de las relaciones. Y si es evidente que hombres concretos vienen a ocupar los lugares y realizar [encarnar] los elementos de la estructura, es sosteniendo el rol que el lugar estructural les asigna (por ejemplo el “capitalista”), y que sirven de soportes a las relaciones estructurales: aunque «los verdaderos sujetos no son esos ocupantes y esos funcionarios... sino la definición y la distribución de estos lugares y de estas funciones». El verdadero sujeto es la estructura misma: lo diferencial y lo singular, las relaciones diferenciales y los puntos singulares, la determinación recíproca y la determinación completa.


Cuarto criterio: el diferenciante, la diferenciación

Las estructuras son necesariamente inconscientes, en virtud de los elementos, relaciones y puntos que los componen. Toda estructura es una infraestructura, una micro-estructura. En cierta forma ellas no son actuales [fenoménicas]. Lo que es actual, es aquello en lo que la estructura se encarna o más bien lo que ella constituye encarnándose. Pero en sí misma, ella no es ni actual ni ficticia; ni real ni posible, JAKOBSON plantea el problema del estatuto del fonema: éste no se confunde con una letra, sílaba o sonido actuales, y no es además una ficción, una imagen asociada16. Tal vez el término virtualidad designaría exactamente el modo de la estructura o el objeto de la teoría. A condición de quitarle su vaguedad; pues lo virtual tiene una realidad que le es propia, pero que no se confunde con ninguna realidad actual, ninguna actualidad presente o pasada; hay una idealidad que le es propia, pero que no se confunde con ninguna imagen posible, ninguna idea abstracta. De la estructura se dirá: real sin ser actual, ideal sin ser abstracta. Es por lo que LÉVI-STRAUSS presenta a menudo la estructura como una suerte de reservorio o de repertorio ideal, donde todo coexiste virtualmente, pero donde la actualización se hace necesariamente siguiendo direcciones exclusivas, que implican siempre combinaciones parciales y elecciones inconscientes. Despejar la estructura de un dominio, es determinar toda una virtualidad de coexistencia que preexiste a los seres, a los objetos y a las obras de este dominio. Toda estructura es una multiplicidad de coexistencia virtual. L. ALTHUSSER, por ejemplo, muestra en este sentido que la originalidad de Marx (su antihegelianismo) reside en la manera en que el sistema social es definido por una coexistencia de elementos y de relaciones económicas, sin que se pueda engendrárselas sucesivamente siguiendo la ilusión de una falsa dialéctica17.


¿Qué es lo que coexiste en la estructura? Todos los elementos, las relaciones y valores de relaciones, todas las singularidades propias del dominio considerado. Semejante coexistencia no implica ninguna confusión, ninguna indeterminación: son relaciones y elementos diferenciales lo que coexiste en un todo perfectamente y completamente determinado. Queda que ese todo no se actualiza como tal. Lo que se actualiza, aquí y ahora, son tales relaciones, tales valores de relaciones, tal distribución de singularidades; otras se actualizan en otra parte o en otras épocas. No hay lengua total, que encarne todos los fonemas y relaciones fonemáticas posibles; pero la totalidad virtual del lenguaje se actualiza siguiendo direcciones exclusivas en lenguas diversas, de las que cada una encarna ciertas relaciones, ciertos valores de relación y ciertas singularidades. No hay sociedad total, pero cada forma social encarna ciertos elementos, relaciones y valores de producción (por ejemplo el “capitalismo”). Debemos pues distinguir la estructura total de un dominio como conjunto de coexistencia virtual, y las subestructuras que corresponden a las diversas actualizaciones en el dominio. De la estructura como virtualidad, debemos decir que ella está aún indiferenciada (indifférenciée), aunque esté total y completamente diferenciada (differentiée). Estructuras que se encarnan en tal o cual forma actual (presente o pasada), debemos decir que ellas se diferencian (différencient), y que actualizarse, para ellas, es precisamente diferenciarse (se différencier). La estructura es inseparable de este doble aspecto, o de este complejo que se puede designar bajo el nombre de diferenciación (différent/ciation), donde t/c constituye la relación fonemática universalmente determinada.
Toda diferenciación, toda actualización se hace siguiendo dos vías: especies y partes. Las relaciones diferenciales se encarnan en especies cualitativamente distintas, mientras que las singularidades correspondientes se encarnan en las partes y figuras extendidas que caracterizan cada especie. Así las especies de lenguas, y las partes de cada una en la vecindad de las singularidades de la estructura lingüística; los modos sociales de producciones específicamente definidos, y las partes organizadas que corresponden a cada uno de sus modos, etc. Se observará que el proceso de actualización implica siempre una temporalidad interna, variable según lo que se actualiza. No solamente cada tipo de producción social tiene una temporalidad global interna, sino que sus partes organizadas tienen ritmos particulares. La posición del estructuralismo con respecto al tiempo es pues muy clara: el tiempo es siempre allí un tiempo de actualización, según el cual se efectúan a ritmos diversos los elementos de coexistencia virtual. El tiempo va de lo virtual a lo actual, es decir de la estructura a sus actualizaciones, y no de una forma actual a otra. O al menos el tiempo concebido como relación de sucesión de dos formas actuales se contenta con expresar abstractamente los tiempos internos de la estructura o de las estructuras que se efectúan en profundidad en estas dos formas, y las relaciones diferenciales entre estos tiempos. Y, precisamente, porque la estructura no se actualiza sin diferenciarse en el espacio y en el tiempo, sin diferenciar por eso mismo de las especies y de las partes que la efectúan, debemos decir en este sentido que la estructura produce estas especies y estas partes mismas. Ella las produce como especies y partes diferenciadas. Aunque ya no se puede oponer lo genético a lo estructural como el tiempo a la estructura. La génesis, como el tiempo, va de lo virtual a lo actual, de la estructura a su actualización; las dos nociones de temporalidad múltiple interne, y de génesis ordinal estática, son en este sentido inseparables del juego de las estructuras18.
Es necesario insistir sobre ese rol diferenciador. La estructura es en si misma un sistema de elementos y de relaciones diferenciales; pero también ella diferencia las especies y las partes, los seres y las funciones en las cuales ella se actualiza. Ella es diferencial en sí misma, y diferenciadora en su efecto. Comentando a LÉVI-STRAUSS, Jean Pouillon definía el problema del estructuralismo: ¿se puede elaborar “un sistema de diferencias que no conduzca ni a su simple yuxtaposición, ni a su borramiento artificial?”19 Desde esta perspectiva la obra de Georges DUMÉZIL es ejemplar, desde el punto de vista incluso del estructuralismo: nadie ha analizado mejor las diferencias genéricas y específicas entre religiones, y también las diferencias de partes y de funciones entre dioses de una misma religión. Es que los dioses de una religión, por ejemplo Júpiter, Marte, Quirinus, encarnan los elementos y relaciones diferenciales, al mismo tiempo que encuentran sus actitudes y funciones en la vecindad de las singularidades del sistema o de las “partes de la sociedad” considerada: son pues esencialmente diferenciados por la estructura que se actualiza o se efectúa en ellos, y que los produce actualizándose. Es verdad que cada uno de ellos, considerado sólo en su actualidad, atrae y refleja la función de los otros, aunque se corre el riesgo de no encontrar nada de esta diferenciación originaria que las produce de lo virtual a lo actual. Pero es precisamente por aquí que pasa la frontera entre lo imaginario y lo simbólico: lo imaginario tiende a reflejar y a reagrupar sobre cada término el efecto total de un mecanismo de conjunto, mientras que la estructura simbólica asegura la diferenciación de los términos y la diferenciación de los efectos. De donde la hostilidad del estructuralismo con respecto a los métodos de lo imaginario: la crítica de Jung por LACAN, la crítica de Bachelard por la “nueva crítica”. La imaginación desdobla y refleja, proyecta e identifica, se pierde en juegos de espejos, pero tanto las distinciones que hace, como las asimilaciones que opera, son efectos de superficie que ocultan los mecanismos diferenciales más sutiles de un pensamiento simbólico. Comentando a DUMÉZIL, Edmond Ortigues dice muy bien: «Cuando uno se acerca a la imaginación material, la función diferencial disminuye, se tiende hacia equivalencias; cuando uno se acerca a los elementos formadores de la sociedad, la función diferencial aumenta, se tiende hacia valencias distintivas20
Las estructuras son inconscientes, estando [siendo] necesariamente recubiertas por sus productos o efectos. Una estructura económica no existe nunca pura, sino recubierta por las relaciones jurídicas, políticas, ideológicas en las que se encarna. No se pueden leer, encontrar, reencontrar las estructuras más que a partir de estos efectos. Los términos y las relaciones que las actualizan, las especies y las partes que las efectúan, son tanto interferencias como expresiones. Es por lo que un discípulo de LACAN, J.-A Miller forma el concepto de una “causalidad metonímica”, o bien ALTHUSSER, el de una causalidad propiamente estructural, para dar cuenta de la presencia muy particular de una estructura en sus efectos, y de la manera en que ella diferencia estos efectos, al mismo tiempo que estos la asimilan y la integran21. El inconsciente de la estructura es un inconsciente diferencial. Se podría creer así que el estructuralismo vuelve a una concepción pre-freudiana: ¿Acaso Freud no concibe el inconsciente en el modo del conflicto de fuerzas o de la oposición de deseos, mientras que la metafísica leibniziana proponía ya la idea de un inconsciente diferencial de las pequeñas percepciones? Pero en Freud mismo, existe todo un problema del origen del inconsciente, de su constitución como “lenguaje”, que supera el nivel del deseo, de las imágenes asociadas y de las relaciones de oposición. Inversamente, el inconsciente diferencial no está hecho de pequeñas percepciones de lo real y de pasajes al límite, sino de variaciones de relaciones diferenciales en un sistema simbólico en función de distribuciones de singularidades. LÉVI-STRAUSS tiene razón al decir que el inconsciente no es ni de deseos ni de representaciones, que está “siempre vacío”, consistiendo únicamente en las leyes estructurales que impone tanto a las representaciones como a los deseos22.
Es que el inconsciente es siempre un problema. No en el sentido de que su existencia sería dudosa. Sino que forma él mismo los problemas y las cuestiones que se resuelven solamente en la medida en que la estructura correspondiente se efectúa, y que se resuelven siempre según la manera en que ella se efectúa. Pues un problema tiene siempre la solución que merece según la manera en que es planteado, y el campo simbólico del que se dispone para plantearlo. ALTHUSSER puede presentar la estructura económica de una sociedad como el campo de problemas que ella se plantea, que ella está determinada a plantearse, y que ella resuelve según sus propios medios, es decir según la líneas de diferenciación de acuerdo con las cuales la estructura se actualiza. Teniendo en cuenta las absurdidades, ignominias y crueldades que estas “soluciones” comportan en razón de la estructura. De la misma manera Serge Leclaire, después de LACAN, puede distinguir entre las psicosis y las neurosis, y las neurosis entre ellas, no tanto por los tipos de conflictos como por los modos de preguntas, que encuentran siempre la respuesta que merecen en función del campo simbólico donde se plantean: así la cuestión histérica no es la del obsesivo23. En todo esto, problemas y cuestiones no designan sino un momento provisional y subjetivo en la elaboración de nuestro saber, sino al contrario una categoría perfectamente objetiva, “objetidades” plenas y enteras que son aquellas de la estructura. El inconsciente estructural es a la vez diferencial, problematizante, cuestionante. En fin él es, como vamos a ver, serial.


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