Frontera norte



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FRONTERA NORTE

PUBLICACIÓN SEMESTRAL DE EL COLEGIO DE LA FRONTERA NORTE vol. 9, núm. 18, julio-diciembre de 1997

ÍNDICE

5 Presentación

9 Gilberto Giménez, materiales para una teoría de las identidades sociales 29 Lawrence Douglas Taylor Hansen, las fiestas patrias Y la preservación de

LA IDENTIDAD CULTURAL MEXICANA EN CALIFORNIA: UNA VISIÓN HISTÓRICA

45 Norma Iglesias Prieto, reconstruyendo LO femenino: identidades de género

Y RECEPCIÓN CINEMATOGRÁFICA

63 Amelia Malagamba Ansótegui, a note on chicano-mexicano cultural

CAPITAL: AFRICAN-AMERICAN ICONS AND SYMBOLS IN CHICANO ART

85 María Socorro Tabuenca Córdoba, aproximaciones críticas sobre las

LITERATURAS DE LAS FRONTERAS

111 Otto Santa Ana A., modelo lingüístico proporcional de la población

CHICANA

127 Angie Chabram-Dernersesian, out of the labyrinth, into the race: the



OTHER DISCOURSE OF CHICANO-MEXICANO DIFFERENCE

145 Elaine M. Allensworth y Refugio I. Rochin, latino colonization in rural

CALIFORNIA: THE EMERGENCE OF ECONOMIC PATCHWORK

159 Guillermo Delgado-P., tres instancias sobre "el otro lado".

ENSAYOS SOBRE UNA ANTROPOLOGÍA DE LA FRICCIÓN NOTAS CRÍTICAS

181 Arturo Zarate Ruiz, la vía judicial en el debate fronterizo en torno A la

PENA DE MUERTE

197 Augusto Arteaga Castro Pozo, narrativas etnográficas en la sierra

TARAHUMARA RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

209 Patricia Fernández de Castro, thread of blood. colonialism, revolution AND GENDER ON MEXICO'S NORTHERN FRONTIER. HEGEMONY AND EXPERIENCE:

CRITICAL STUDIES IN ANTHROPOLOGY AND HISTORY, DE ANA MARÍA ALONSO

217 Mary O'Connor, review of rethinking protestantism in latin america, de

VIRGINIA GARRARD-BURNETT Y DAVID STOLL (EDS.)

221 Jorge Gustavo Mendoza, A la brava ése! identidades juveniles en méxico;

CHOLOS, PUNKS Y CHAVOS BANDA, DE JOSÉ MANUEL VALENZUELA ARCE

director: &c&José Manuel Valenzuela Arce&c&

consejo editorial: &c&Jorge A. Bustamante, Manuel Ceballos, Víctor A. Espinoza Valle, María Eugenia Anguiano, Teresa Fernández de Juan, Jorge Santibáñez&c&

edición: Departamento de Publicaciones y Comunicación

ÍNDICES DE REVISTAS INTERNACIONALES EN LOS QUE APARECE frontera norte: Índice de revistas



científicas mexicanas; Library of Congress, E. U.; Online Computer Library Center, Inc., E.U.; Research Library Information Network, E.U.; Bibliographie Latinoamericaine d'Articles, Francia; Melvyl, Online Catalogs for all University of California (UC) Libraries; Index of Journals, a Guide to Latin American Serials (salalm), E. U.

La responsabilidad de los artículos y las reseñas es estrictamente de sus autores. Para la reproducción electrónica o impresa de materiales publicados en Frontera Norte se requiere la autorización expresa de su director. Las colaboraciones deben dirigirse a1 Dr. José Manuel Valenzuela Arce. Frontera Norte es una publicación semestral de El Colegio de la Frontera Norte. Suscripción anual, $80; números sueltos, $40; números atrasados, $50 (12 dólares); suscripción anual para Estados Unidos, 25 dólares; en otros países, 35 dólares. Número de reserva a1 título en derechos de autor 1405-89. Certificados de licitud de título y de contenido números 4057 y 3468, expedidos por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas, Secretaría de Gobernación, 29 de junio y 31 de agosto de 1989.



REVISTA FRONTERA NORTE

© EL COLEGIO DE LA FRONTERA NORTE

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FRONTERA NORTE VOL. 9, NÚM. 18, JULIO-DICIEMBRE DE 1997

Presentación

Si en la actualidad se planteara la pregunta ¿qué son los estudios culturales hoy?, tendríamos que subrayar las dificultades que implica tratar de definir este campo de estudio con precisión.

En cierto sentido, los estudios culturales están conformados por una gran variedad de ideas, métodos y asuntos provenientes de la literatura, la sociología, la antropología, la historia y el área de la comunicación. Su campo de análisis no se define con la elección de un único objeto de estudio, además de que la existencia de varias perspectivas y supuestos ha favorecido el uso de diversos métodos de aproximación hacia problemá­ticas culturales específicas, sin olvidar el peso de la historia de la conformación de los estudios culturales en las ciencias sociales.1

De esta forma, para algunos la definición de los estudios culturales se encuentra en el estudio de "las formas históricas de conciencia o subjetividad" (Johnson, 1997),2 mientras que para otros el objetivo de los estudios culturales es la búsqueda del equilibrio de los diferentes momentos de la producción cultural, ya sea material, simbólica y textual, y su consumo. Bajo esta perspectiva, los estudios culturales adquieren un cariz político, que revela la posición dominante y el conjunto de prácticas contestatarias y conflictuales de representación en la sociedad, que limitan con el proceso de formación y reconformación de los grupos sociales (Frow y Morris, 1997).

En décadas recientes uno de los aportes más importantes a este campo de estudios ha sido la incorporación de la noción de cultura popular, a la que Stuart Hall (1981) definiría como una arena de consenso y resistencia.

Precisamente, los trabajos de Stuart Hall representan un claro ejemplo de los importantes aportes del marxismo a1 campo de los estudios culturales, principalmente en dos caminos. El primero fue comprender que la cultura debe ser analizada en relación con la estructura social y su contingencia; el segundo, comprender también que

1 Según algunos especialistas, los estudios culturales tuvieron origen a1 final de los años cincuenta y se ins­titucionalizaron en el Center tor Contemporary Cultural Studies (CCCS) de la Universidad de Birmingham, en 1964. Desde entonces esta área de estudio ha sufrido constantes dificultades de continuidad institucio­nal y en relación con el rompimiento de marcos y esquemas; baste recordar los rápidos cambios en las condiciones políticas de los intelectuales en Inglaterra entre las décadas de los sesenta y los ochenta, es de­cir, de Hoggart a Gramsci. Subsecuentes momentos teóricos se encontraron directamente relacionados con el desarrollo del culturalismo, el estructuralismo y el marxismo gramsciano, aunque los debates más re­cientes se han orientado a1 postestructuralismo y a1 posmodernismo, sin olvidar la importante linea desa­rrollada por el movimiento de los estudios culturales en Australia.

2 F.I texto original fue publicado en Social Text por la Duke University Press en 1987. Para esta introducción se consultó la reproducción de dicho texto, "What is Cultural Studies Anyway?", publicada en 1997 por John Storey.



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FRONTERA NORTE, VOL. 9, NÚM. 18, JULIO-DICIEMBRE DE 1997

los estudios culturales asumen que las sociedades capitalistas industriales son sociedades divididas desigualmente a lo largo de líneas étnicas, de género, generacionales y de clase. De esta forma, la cultura aparece como uno de los principales sitios en donde esta división es establecida y contestada: la cultura es un terreno en el cual toma lugar una continua lucha en la cual los grupos subordinados intentan resistir la imposición de los intereses de los grupos dominantes (Storey, 1997).

En el fondo, los debates e intentos por definir los estudios culturales replantean en sí mismos la manera en que se piensa la cultura. La reconsideración de aspectos tales como la íntima vinculación de procesos culturales y relaciones sociales (espe­cialmente de clase y de división sexual, junto con la existencia de una estructura racial de las relaciones sociales) fue fundamental3 para este campo de conocimiento. Asimismo, el reconocimiento de que la cultura involucra poder, lo que propicia la producción de asimetrías entre los individuos y en los grupos sociales en el ejercicio de sus necesidades.

Por lo tanto, un aporte relevante a1 debate de los estudios culturales ha sido considerar a la cultura, no como un campo autónomo y externo, sino como un campo de diferencias sociales y de lucha (Johnson, 1997).

En años recientes, los estudios culturales han estado cambiando radicalmente hacia debates sobre el posmodernismo y la posmodernidad, enriqueciendo los debates iniciales sobre la ideología y la hegemonía.

Cabe añadir el reciente fortalecimiento del debate sobre las subculturas como un intento de registrar el mundo social contemporáneo y sus ejercicios de representación.

Este enfoque es especialmente interesante por el reconocimiento que hace de los procesos de subordinación, de lo subalterno y de lo subterráneo en la sociedad. Algunos interpretan esta posición como el estudio de los "desviados" o de los de "abajo", grupos que renegocian su posición subordinada a través de su subcultura.

Los estudios sobre las subculturas han puesto atención en las culturas que han sido concebidas como insignificantes, como la de los afroamericanos, la de los hispanos, la de la clase trabajadora, la de los pobres y la de los jóvenes. La definición de los atributos de las "subculturas" pone acento en la distinción entre un grupo particular y la gran cultura-sociedad (Thornton, 1997).

Esta vertiente ha añadido nuevas problemáticas a1 campo de los estudios culturales, reconociendo procesos identitarios y de territorialización de ciertos grupos, a través de formas de apropiación espacial, medios visuales y autorrepresentaciones, que marcan la pauta de las formas de interacción cotidiana de estos grupos. De esta forma travestis, punks, zoot-suiters, hooligans, prostitutas y Star Trekers, entre otros, conforman contro­vertidas presencias en el campo de los estudios culturales.



3 Por ejemplo, en el posterior desarrollo de los estudios feministas y de los estudios sobre los afroamerica­nos en Inglaterra y en Estados Unidos.

4 La definición de las subculturas ha cambiado dramáticamente desde que me acuñado en la década de los cuarenta, ampliando su panorama. Los dos legados académicos de los estudios sobre la subcultura provie­nen de la tradición de Birmingham en los años setenta, más asociados a los estudios de la mass-media, el consumo y la cultura de masas. El segundo legado proviene de la escuela marxista de Frankfurt, en rela­ción con su visión de una sociedad de masas, aunque algunos autores reconocen también la influencia de la escuela de Chicago, en el desarrollo de estudios sobre subculturas pluralistas. Esto dio resultados am­bivalentes acerca de la resistencia y la subordinación (Thornton, 1997).



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PRESENTACIÓN

Este número de la revista Frontera Norte se encuentra enmarcado en el debate señalado y pretende ofrecer material de discusión sobre los procesos culturales en la frontera desde diferentes perspectivas y disciplinas. No sólo se pretende polemizar en torno a1 debate metateórico de los estudios culturales, sino también proporcionar elementos de análisis sobre las fronteras culturales en la región México-Estados Unidos e identificar algunos de los principales procesos culturales, actores, sentidos de pertenencia y exclusividad de los grupos que habitan esta región.

La contribución de este número a los estudios culturales radica en la ilustración que hace, mediante diferentes opiniones y disciplinas, de la posibilidad de reconocer grupos y tendencias culturales organizadas en un mundo global pero territorializado, en donde están presentes alianzas genéricas, generacionales, étnicas y de clase. Precisamente, la frontera norte del país representa un intenso conjunto de interacciones de estas formas sociales.

Este número de Frontera Norte se encuentra dividido en tres grandes secciones. En la primera se abordan algunos de los principales supuestos teóricos en torno a la identidad y los procesos sociales contemporáneos. El segundo conjunto de artículos está orientado a1 análisis de procesos históricos y genéricos en el campo de los estudios culturales, a través del uso de archivos históricos y trabajo empírico. Y el tercer bloque contiene interesantes artículos sobre la cultura chicana, los espacios y fronteras culturales compar­tidas entre México y Estados Unidos, con base en las expresiones pictóricas, literarias, sociolongüísticas y de vida cotidiana en la frontera norte.

El primer trabajo es de Gilberto Giménez, quien ofrece un interesante acercamiento a la teoría de las identidades sociales en un marco de proliferación de movimientos sociales, globalización y crisis del Estado-Nación. Nociones tales como "red de pertenencia social", "sistema de atributos y distintivos" y "memoria colectiva" son elementos que permiten reflexionar sobre el concepto de "distintividad" cualitativa y reconocer la utilidad teórica y empírica del concepto de identidad para tratar problemas específicos como las migraciones internacionales o los procesos culturales en la frontera norte.

A continuación encontramos dos artículos, de Lawrence Taylor y Norma Iglesias, que están orientados a1 análisis de procesos culturales específicos de la frontera entre México y California.

Mediante la reconstrucción histórica de la celebración de las fiestas patrias de los mexicanos en California, Taylor muestra cómo esta celebración ha fungido como elemento de pertenencia y memoria colectiva, contribuyendo, a la larga, a la preservación de la identidad cultural mexicana desde la conquista estadunidense de este territorio en 1848 hasta la actualidad.

Norma Iglesias, por su parte, centra su reflexión en las manifestaciones discursivas genéricas y en la recepción cinematográfica, en un intento por reconstruir lo femenino a partir de procesos de captación visual y del entendimiento de la subjetividad de los sujetos. El artículo muestra cómo, a través del análisis de los discursos de los sujetos, se pueden establecer relaciones entre la identidad de género y la recepción cinematográfica.

Los trabajos siguientes, de Amelia Malagamba, Socorro Tabuenca, Otto Santana y Angie Chabram, podrían inscribirse en la perspectiva de los estudios Chicana/Chicano con importantes aportes para los análisis sobre las identidades transfronterizas. En conjunto, representan un importante esfuerzo por conceptualizar el proceso de transformación y enriquecimiento cultural que han sufrido las dos comunidades que comparten la frontera

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desde el siglo pasado, y cuyo patrimonio se refleja ahora en los importantes movimientos muralistas y literarios de los chicanos, y en los legados teóricos, que han sido fundamen­tales para la comprensión de la diferencia cultural de esta región.

De esta forma, Amelia Malagamba proporciona un interesante recorrido sobre la conformación del arte chicano, reconociendo sus diferentes herencias culturales, desde los iconos afroamericanos, la litografía desarrollada durante la Revolución Mexicana, el movimiento muralista mexicano, el traslado del capital cultural de los migrantes hasta el importante papel político que han desarrollado los muralistas chicanos desde la década de los años sesenta.

Socorro Tabuenca, Otto Santana y Angie Chabram se ubican en el campo de los estudios literarios y lingüísticos. La primera analiza la literatura producida en la frontera y saca a flote las principales polémicas en el campo de la literatura de la frontera, el segundo profundiza en los modelos lingüísticos que se han diseñado para tratar de explicar las particularidades del habla chicana, y Chabram examina el movimiento intelectual y cultural que ha permitido la reconfiguración intelectual y teórica de lo chicano/mexicano y sus diferencias, con especial énfasis en la importancia del discurso en el Movimiento Chicano y sus rasgos de diferenciación.

Finalmente, Elaine M. Allensworth, Refugio I. Rochin y Guillermo Delgado estudian la importancia de las comunidades transnacionales. Los dos primeros lo hacen con el análisis del proceso de colonización latino en la California rural y Delgado reconociendo la importancia de la formación de sociedades a1 interior y a1 exterior de los Estados nacionales tradicionales, lo que ha despertado un notable interés cultural en fenómenos como la migración y la conformación de una identidad comunitaria y nómada en un proceso claramente globalizante. La construcción de nociones "del otro lado" desde varias perspectivas hace del artículo de Delgado un importante testimonio de la vida cotidiana de los fronterizos.

Esperamos que este número de Frontera Norte, con tan enriquecedores estudios, contribuya a1 entendimiento de esta amplia región transfronteriza.



Bibliografía

Storey, John (comp.), What is Cultural Studies?, University of Sunderland, 1997. Sparks, Colin, "The Evolution of Cultural Studies", en John Storey, op. cit. Johnson, Richard, "What is Cultural Studies Anyway?", en John Storey, op. cit. Thornton, Sarah, The Subcultures Reader, Londres y Nueva York, Routledge, 1997.



maría eugenia DE LA 0

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Materiales para una teoría de las identidades sociales

Gilberto Giménez*

Resumen

Aunque los lineamentos básicos de una teoría de la identidad ya se encuentran en filigrana en los clásicos, su reactivación reciente coincide, en el plano teórico, con la revalorización de la "agency" ("retorno del sujeto"), y en el plano político, con la proliferación de los movimientos sociales y la reafirmación de los particularismos étnicos frente a la globalización y a la crisis del Estado-nacional. Esta teoría se encuentra desigualmente elaborada en las distintas ciencias sociales, pero de modo general gira en torno a la idea de una distintividad cualitativa socialmente situada y basada en tres criterios básicos: una red de pertenencias sociales (identidad de rol o de pertenencia), un sistema de atributos distintivos (identidad "caracteriológica") y la narrativa de una biografía incanjeable ("identidad íntima" o identidad biográfica) o de una memoria colectiva. Así concebida, la identidad tiene un carácter no sólo descriptivo, sino explicativo, y ha revelado sus virtudes heurísticas contribuyendo a revitalizar diferentes campos de estudios, entre ellos los referentes a los problemas fronterizos y a las migraciones internacionales.



Abstract

Although the basic rules of an identity theory can be found in filigree in the classics, their recent reactivation coincides, in the theoretical field, with the reevaluation of the "agency" ("return of the subject"), and in the political field, with the proliferation of social movements and the reaffirmation of ethnic particularities facing globalization and the crisis of the national-State. This theory is unequally elaborated in the different social sciences, but generally revolves around the idea of a qualitative, socially situated distinctivity, founded on three basic criteria: a network of social belonging (role identity or belonging), a system of distinctive attributes ("characteriological" identity), and the narrative of an unexchangeable biography ("intimate identity" or biographic identity), or colective memory. Thus conceived, identity not only has a descriptive character, but an explicit one too, and reveals its heuristic virtues as it contributes to revitalizing the different fields of study, among which are the ones that refer to border problems and international migrations.

*Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Mexico. E-mail:

gilberto@.servidor.unam.mx.



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1. Introducción

Comencemos señalando una paradoja: la aparición del concepto de identidad en las ciencias sociales es relativamente reciente, hasta el punto de que resulta difícil encon­trarlo entre los títulos de una bibliografía antes de 1968. Sin embargo, los elementos centrales de este concepto ya se encontra­ban —en filigrana y bajo formas equiva­lentes— en la tradición socioantropológica desde los clásicos (Pollini, 1987). ¿Qué es lo que explica, entonces, su tematización explícita cada vez más frecuente en los dos últimos decenios, durante los cuales se han ido multiplicando exponencialmente los artículos, libros y seminarios que tratan explícitamente de identidad cultural, de identidad social o, simplemente, de iden­tidad (tema de un seminario de Levi-Strauss entre 1974 y 1975, y de un libro clásico de Loredana Sciolla publicado en 1983)?

Partiendo de la idea de que los nuevos objetos de estudio no nos caen del cielo, J. W. Lapierre sostiene que el tópico de la identidad ha sido impuesto inicialmente a la atención de los estudiosos en ciencias sociales por la emergencia de los movi­mientos sociales que han tomado por pre­texto la identidad de un grupo (étnico, regional, etc.) o de una categoría social (movimientos feministas, por ejemplo) para cuestionar una relación de domina­ción o reivindicar una autonomía.

En diferentes puntos del mundo, los movi­mientos de minorías étnicas o lingüísticas han suscitado interrogaciones e investiga­ciones sobre la persistencia y el desarrollo de las identidades culturales. Algunos de estos movimientos son muy antiguos (pién­sese, por ejemplo, en los kurdos). Pero sólo han llegado a imponerse en el campo de la problemática de las ciencias sociales en cierto momento de su dinamismo que coin­

cide, por cierto, con la crisis del Estado-na­ción y de su soberanía atacada simultánea­mente desde arriba (el poder de las firmas multinacionales y la dominación hegemónica de las grandes potencias) y desde abajo (las reivindicaciones regionalistas y los par­ticularismos culturales) (Lapierre, 1984, p. 197).

Las nuevas problemáticas últimamente introducidas por la dialéctica entre globalización y neolocalismos, por la transnacio­nalización de las franjas fronterizas y, sobre todo, por los grandes flujos migratorios que han terminado por transplantar el "mundo subdesarrollado" en el corazón de las "naciones desarrolladas", lejos de haber cancelado o desplazado el paradigma de la identidad, parecen haber contribuido más bien a reforzar su pertinencia y operacionalidad como instrumento de análisis teórico y empírico.

En lo que sigue nos proponemos un objetivo limitado y preciso: reconstruir —mediante un ensayo de homologación y de síntesis— los lineamientos centrales de la teoría de la identidad, a partir de los desarrollos parciales y desiguales de esta teoría esencialmente interdisciplinaria en las diferentes disciplinas sociales, particu­larmente en la sociología, la antropología y la psicología social. Creemos que de este modo se puede sortear, a1 menos parcial­mente, la anarquía reinante en cuanto a los usos del término "identidad", así como el caos terminológico que habitualmente le sirve de cortejo.

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