Formas de trabajo en la Nueva España T. II capítulo VIII distintas formas de coacción en el trabajo indígena



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Invocando las leyes de la materia y algunas disposiciones oficiales, no podían ser considerados los indios como esclavos pues de acuerdo con las definiciones anteriores no eran objetos, ni mercancías que se podían comprar o vender sino eran seres libres y así habían sido reconocidos por el Rey. Por lo tanto, el hecho de que en gran medida se les diera un trato lindante con el de los esclavos negros, era una transgresión no solo al Derecho natural sino también a las normas vigentes. Por ello, Las Casas tenían razón pues no siendo esclavos se les daba el trato de tales. Por lo demás, no se había autorizado que hubiera compraventa de esclavos, como sí sucedió con los que llegaban de África y cuyas subastas se efectuaban en los mercados y plazas públicas, como si se vendiera o comprara ganado o aves. Si había una venta de algún indígena o de algunos o de muchos de ellos, en todo caso se trataba de un acto absolutamente ilegal y por lo tanto condenable. Estaba prohibido también que fueran marcados en el rostro o en cualquier otra parte del cuerpo, como sí sucedía con los esclavos, pero sin embargo, se aplicaba este castigo infamante.

Durante la emigración de los años de 1520 a 1539,siguieron predominando los originarios de Andalucía, Castilla la Vieja y Extremadura pero comienzan a llegar más portugueses, italianos, flamencos, holandeses, alemanes, griego, ingleses y entre 1520 a 1530, México otorgó más del 50%. “Los mercaderes son ahora 179, más de la tercera parte sevillanos y 14 vascos. De ellos, 40 viajaban a Santo domingo, 30 a la ciudad de México y 11 más a otros lugares de la Nueva España. En el periodo comienzan a viajar los nobles o hidalgos, de los que Boyd- Bowman identificó 289, el 2.2 del total de la emigración. De ellos, 76 eran andaluces, 57 castellos viejos, 46 extremenses, 40 castellanos nuevos, 29 leoneses, 18 vascos y 1 griego. Se trasladaron 115 mineros, principalmente extremenses, andaluces y castellanos. Van muchas mujeres, casadas y solteras y gran número de mercaderes, letrados y artesanos. Los primeros pobladores de la ciudad de Puebla, fundada en 1531 y 1532 fueron principalmente andaluces y extremeños y hasta 1539 se consignaron 168 vecinos”.108

Lombardo afirmó que España era en el momento de la conquista el país más atrasado de Europa, desde el punto de vista del desarrollo de las fuerzas productivas y de la cosmovisión económica, social y cultural, y este rasgo explica la formación profesional y la naturaleza social de quienes estaba llegando al nuevo mundo. En su mayoría se trataba de individuos que no tenían una importante capacitación técnica, el dominio de un oficio o de un técnico sino eran aventureros que deseaban enriquecerse a la mayor brevedad posible, explotando intensamente los recursos naturales y la mano de obra de los indígenas. Esta voracidad explica que la mayoría de las disposiciones reales que se dictaron en aquella época no fueran observadas por ellos pues constituían un obstáculo para el cumplimiento de sus planes personales. Tenían la mentalidad propia del Medioevo en relación con los diferentes aspectos de la vida social y política y por ello consideraban que la finalidad de los pobladores de la colonia era servirles, sin esperar el reconocimiento de ningún derecho, ya que, reducían, su propósito ulterior era ayudarlos a que alcanzaran la salvación eterna. Y estos servicios tenían un pago: los frutos del trabajo.

Es cierto que en los siglos coloniales fue muy difícil la situación de indios: perdieron su libertad, se vieron sometidos a las encomiendas y corregimientos; destruyeron en gran medida su visión del mundo, sus creencias y formas de vida. Pero debe reconocerse que, a pesar de todo, durante esos tres siglos se respetaron jurídicamente algunos de sus antiguas formas de gobierno, las que eran propias del altépetl, es decir de las organizaciones sociopolíticas primarias, las que se designaron “repúblicas de indios”. En ellas perduraron sus arraigadas formas de gobierno interno, a veces con designaciones en español pero en gran parte de acuerdo con sus antiguas estructuras. Se aceptó el establecimiento de juzgados especiales para los indios. También se mantuvo la existencia de la propiedad comunal de las tierras de los pueblos indígenas.109

La política española fue contradictoria en su fondo y esencia pues todas las formas de organización del trabajo, desde las encomiendas hasta las congregaciones, implicaron en la práctica una pérdida parcial o total de la libertad, primero de las comunidades como tales y después de los indígenas concebidos en el plano individual. La mayoría de los pueblos pasaron a ser tributarios de los conquistadores, obligándolos a explotar sus recursos naturales para beneficio de ellos. Aunque se cubrió con un velo de misticismo y de protección paternal, lo cierto es que las comunidades fueron sacrificadas en su conjunto, pasando de ser tributarios de los señores mexicas a ser tributarios de los señores españoles. No se preguntó, desde luego, a los pueblos, ni siquiera a los principales, cuál sería el futuro de sus comunidades, cómo se explotaría y en beneficio de quién o de quiénes, los recursos naturales sino simplemente se les asignó unilateralmente, en la oficina del Rey, del Virrey, de la Audiencia a una serie de particulares españoles en señal de compensación por los esfuerzos realizados durante la conquista y la colonización. Toda la producción de los pueblos y de las comunidades fue tomada en forma arbitraria para ser usufructuada por una serie de individuos que desde luego operan sobre la base de la explotación intensiva de la fuerza de trabajo. Perdieron su libertad, su autonomía, tanto a nivel colectivo, como individual.


Un religioso dominico, cuyo nombre no fue precisado, pidió al Rey que se castigara a los españoles que no cumplían con las Leyes de Indias relativas al tratamiento que se debía hacer a los indios, que a la Nueva España llegara solo españoles casados con sus familias y sobre todo que fueran labradores de oficio, a efecto de que estos puedan convivir con los indios, sobre todo favoreciendo la constitución de estancias de ganado. Que ninguna mujer preñada fuera utilizada para sacar oro, que si algún hijo acompañara a su padre a sacar oros, se le paga su parte por separado y permitió el uso de esclavos indios pero que si casare con mujer india sería libre, perseguir a los esclavos que huyeran que no se permitan vagabundos en los pueblos, que los visitadores solo estuvieran en los pueblos tres días sin tener que pagarles, los indios sus costos de estancias, que en las minas solo pueda venderse pan, carne, pescado, aceite y no vino, que no se permitiera que los padres vendieran a sus hijos, entre otras.110

Las concepciones acerca de cómo labrarían el porvenir individual y familiar impulsó a los conquistadores a violar en forma recurrente y sistemática las disposiciones legales que se habían dictado y que pronto se incrementaron en número, abarcando distintas materias, desde las relativas a las formas de poblamiento de las tierras obtenidas, hasta aquellas referentes al abasto de alimentos de las poblaciones y otras muchas. Algunos se enviaban desde Madrid y eran de aplicación general para todos los reinos de España, pero otros eran de carácter particular, en dónde se especificaba que correspondían por ejemplo, a la Nueva España, o al Perú. Después había un conjunto de normas de carácter secundario que emitían los virreyes así como aquellos que formulaban los Visitadores o los miembros de la Real Audiencia. Había tanto normas legales que en la legislación eran casuísticas, engorrosas y difíciles debido a que, entre otros factores, si una ley general resultaba omisa o incompleta en el que uno de sus aspectos, era completado por disposiciones de carácter secundario que dictaban las autoridades locales, las cuales siempre decían que actuaban tomando en cuenta, si bien no la letra, si el espíritu de las disposiciones del Rey.


También el III Concilio castigó a quien había llegado a estas tierras con el único objetivo de hacer riqueza “por lo que se enredan fácilmente en aquellos contratos de que esperan ganar mayor ganancia sin atender si son justos o injustos, de donde resulta que viven atados con el vínculo de la restitución con inminente riesgo de sus almas, por la gran dificultad que hay de restituir a sus verdaderos dueños lo bienes ajenos que retienen en el poder por lo que se pronunció porque se respetaran aquellos contrato que aprueben los jurista; declaró ilegítimos los contratos que venden la plata a una ley cuando en realidad e trata de otra ley; se opuso a la venta a plazos de cochinilla, cacao obteniendo en estas operaciones un beneficio ilícito”.111

En realidad, operaban dos lógicas diferentes, la de los conquistadores y sus descendientes directos y la de los monarcas. Los primeros estaban impulsando una política tendiente a constituir una fortuna lo más grande posible, en el menor plazo, como si el objetivo central fuera tan solo el saqueo, el despojo y la explotación de los recursos naturales y humanos, sin pensar en afianzarse de una manera permanente en las nuevas tierras; en tanto los Reyes esperaban que la colonización en sus distintas facetas y aspectos, fuera de larga duración, aunque no calculaban que podría constituirse una nueva nación sino una colonia. Se proyectaban los planes de urbanización, de inversiones, de creación de instituciones jurídicas y políticas, apertura de instalaciones educativas y culturales, mediante proyectos de mediano y largo plazo en donde los españoles fueran los actores principales. Se ampliaron los plazos de vigencia de las encomiendas como de las demás mercedes y permisos, y pasando de 50 a 100 años, suponiendo que una vez muertos los conquistadores originarios, los que habían acompañado a Cortés, quedaran sus hijos y después los hijos de estos y así sucesivamente. Las leyes que se dictaron eran para establecer una nueva institucionalidad jurídica y política, a largo plazo, muy parecida a la existente a la España medioeval.

Precisó Zavala que muchos labradores españoles al llegar a América ya no quisieron dedicarse a las actividades manuales sino “convertirse en miembros de la clase señorial” descansando en el trabajo de los indios y lo mismo sucedió con los artesanos europeos, que al arribar a las nuevas tierras trataron de cambiar sus oficios. Dijo que “se habían trasplantado” la propiedad señorial “a la nueva España”. “Buena parte de las actividades industriales eran atendidas por los gremios de artesanos. El esplendor del culto, el lujo de la vida urbana, la riqueza de la plata, atrajeron al Nuevo Mundo muestras de diversos oficios que se organizaron de acuerdo con las costumbres europeas. Los municipios, los virreyes, los gobernadores aprobaron las ordenanzas. Los gremios no solo llenaron necesidades industriales sino también artísticas. La mano de obra negra e india aparecen en funciones auxiliares, pero el maestro europeo no desea propagar los conocimientos que posee para evitar la competencia. Las leyes dificultaron el acceso a los maestros de los trabajadores no europeos, aunque en cuanto cesan estos recibieron licencia y ejercieron en la práctica los oficios. El maestro europeo es a veces dueño de un esclavo hábil al que pone a trabajar por su cuenta”.112

Debido a su formación ideológica, a la notable influencia que en la vida social tenían las ideas medioevales, el atraso cultural en que vivían la mayoría, muchos conquistadores fueron a realizar trabajos manuales y a dedicarse, por ejemplo, a la agricultura. Ellos de inmediato se constituyeron, primero, en una casta, pero después en una clase explotadora en el sentido literal del término y después en una acepción económica más extensa: se trataba de que los indígenas se dedicaran a la explotación de la tierra y de las minas pero no para su beneficio sino para beneficio de ellos. Se consideraba que por haber hecho la guerra a los indígenas durante algunos años, muy pocos por cierto, les habían causado muchos sacrificios y que por ello había llegado el momento en que el Rey les recompensara por los servicios que habían prestado a la Corona y a la iglesia. Si bien fueron tres años de “penurias y dificultades”, de “poner en peligro la vida” ahora les correspondía el usufructo de una serie de privilegios y potestades.


El Rey había prohibido en 1537 que los conquistadores usaran vestidos de lujo, entre ellos, ropas de brocados, seda, chamelote de seda, tercibel, tafetán, ni correas de espadas, ni en cinchos, ni en sillas, ni en alcorques, ni se deben traer bordados de seda, ni chapeados de plata ni de oro, de mantilla, ni hilados, ni textiles. Los que tuvieran muebles y bienes raíces hasta 1000 castellanos, ellos y sus hijos de 14 años pueden traer gabanes y caperuzas, bolsas y ribetes y prendas de cualquier color con tal que en una ropa sola sea un ribete de un cuarto de dedo del pulgar. Las mujeres pueden usar gonetes, corsétes y fajas de seda de dos varas largo, vestidos de pañete con faja de tres dedos de ancho, que no se usen sedas en la guarnición de las mulas, en Puebla cuya población estaba acostumbrado al uso de telas de lujo, brocados y bordados. Ello propició que el virrey Antonio de Mendoza mantuviera los fueros de los hidalgos y se suspendió la pragmática de los vestidos.113

Al considerase que los conquistadores debían ser objeto de toda clase de concesiones económicas y sociales, desde encomiendas hasta mercedes reales para explotar los recursos naturales, permisos para trabajar en las minas y establecer estancias de ganado, o impulsar productos agrícolas de alto valor comercial, como la grana cochinilla y la caña de azúcar, se estaba sentando las bases de la conformación de una clase explotadora de la mano de obra de los indígenas, la cual fue creciendo y consolidándose con el tiempo. Se sembraban las semillas de una sociedad profundamente desigual e injusta, incluso siguiendo los criterios filosóficos y jurídicos de la época, a la luz de las teorías más arraigadas de la época, lo cual se reflejó en todos los aspectos de la vida social, política, jurídica o religiosa. No había ningún aspecto de la vida social en la que la injustica, la desigualdad y la explotación no se manifestaran de una manera palmaria, siendo los vestidos y la indumentaria de la población uno de los rasgos externos más llamativos. Las crónicas de la época describen que solo la minoría de los españoles estaba “bien vestida”, de conformidad con los cánones de la época, mientras la mayoría andaba en andrajos. Esta distinción social se hizo algo “natural” y fue aceptada como un valor aceptable por todos ciudadanos, en el campo de la ideología de la clase dominante.


En el año de junio de 1682 se habían recibido en la gran Audiencia noticias sobre los continuos e intolerables trabajos y molestias que continuamente recibía la población, se había otorgado poder de apelación al gobernador, alcaldes, corregidores e indios en sus pleitos, causas y negocios sin que se obligara a dar fianza al respecto, debido a la necesidad de ir en alivio o consuelo de los indios y esa atención a que son unos miserables. Mandato la introducción de este recurso ante los pleitos y las causas con el objeto de que los indios “reciban el consuelo que necesitan y para que esto se consiga con la eficacia que conviene y deseo”.114

En muy poco tiempo, se presentaron ante el Rey, por distintos conductos, cientos de quejas y denuncias de parte de los españoles que habían incumplido muchas disposiciones legales y que al hacerlo habían incurrido en despojos, malos tratos, robos, atentados y crímenes sin cuenta. Entonces se creó la Procuraduría de los Pueblos Indígenas, instancia en la cual se tenían que suscribir los múltiples contratos civiles, que se firmaron, desde los relativos a la compra venta de tierras, hasta los referentes a los permisos para utilizar el agua de los ríos y de los arroyos con fines agrícolas. Se buscaba, por parte del Rey, que estos acuerdos se apoyaran en la legalidad vigente, la cual estaba contenida en un verdadero enjambre de leyes y normas legales, administrativas y otras muchas, pero pronto se dieron cuenta que en la suscripción de dichos contratos no concurriera las partes en una situación de desigualdad jurídica sino de notoria desigualdad ya sí muchos de estos contratos, estaban vinculados en su fondo y en su forma y no había forma de apelar sus resultados. Se decidía desde el recurso de apelación para que algunos de esos documentos perdieran su valor o favor de los indígenas, pero los procesos judiciales se complicaron más y más, a causa de la actitud viciosa e interesada de abogados, notarios, escribanos, ya que la mayoría de ellos actuaba a favor de los intereses económicos, mercantiles de los españoles.

Pero como dijo Mendieta, “la mayor y más dañosa pestilencia que han sufrido los indios es la encomienda”, la cual se ha ejercido contra su voluntad ya la fuerza “lo que le da probadísima ocasión para que aborrezca la vida y la ley de los cristianos” y se lanzó abierto y enérgicamente en contra de la esclavización que sufría, formulando una serie de preguntas elementales, concluyendo que estas prácticas eran por completo contrarias a la caridad, que los indios dicen que no puede haber caridad en una ley que nos hace “infinitos agravios, quitándonos la pobre comida que llevamos de nuestras casas y la ropa con que nos cubrimos, encerrándonos en pocilgas, donde sin ellos dormimos, haciéndonos trabajar cuando hace luna de noche, cuando no la hace todo el día, cargándonos pesadísimas cargas, no dejándonos oír misa los domingos y fiestas, teniéndonos a veces dos o tres semanas en lugar de una, levantándonos algún hurto o cosa semejante porque nos vamos huyendo sin paga y sin nuestra ropa; yo tengo para mí que todas las pestilencias que vienen sobre estos pobres indios proceden del negro repartimiento, en donde son maltratados los labradores y de otros que les cargan excesivos trabajos con que se muele y quebrantan los cuerpos”.115

Estas preguntas iban enfiladas al corazón de la explotación humana pues sus respuestas entrañaban una contradicción esencial con respecto de las proclamaciones humanitarias del Rey, la realidad concreta y específica. Los indígenas se preguntaban: cómo es que el Rey nos quiere tanto, nos protege y nos defiende de los conquistadores, pero por el otro lado, permite y solapa toda clase de malos tratos, de humillaciones y de crímenes. ¿En dónde está el espíritu cristiano del monarca, de los encomenderos y de los otros funcionarios del gobierno colonial? Uno de los atropellos más comunes, durante los repartimientos, consistía en que se informaba a los indígenas que solo serían llevados a los centros de trabajo por espacio de una semana, según las disposiciones oficiales, pero en la práctica se les concentraba 2 o 3 semanas, lo que les afectaba muchísimo pues se veían obligados a abandonar sus sementeras, a no tener alimentos para sus familias y en muchas casos, a abandonarlas.

En el año de 1681 hubo dos disposiciones muy importantes en materia de relaciones sociales y de trabajo. La primera, que los españoles no hicieran concierto con los calpixques ni con los mayordomos para que los indios trabajaran con ellos y la segunda, que los encomenderos no pudieran heredar las tierras que hubieran quedado vacantes en el caso de la muerte de los indios. Un asunto relacionado con ello era la venta de pulques, la cual fue claramente prohibida.116

Desde el gobierno de Antonio de Mendoza, se denunció la existencia de múltiples irregularidades tanto en la dotación como en la administración de las encomiendas, indicando con ello, entre otras cosas, que muchos españoles estaban descontentos con ello pues se consideraba que la mayoría tenía más merecimientos para ser retribuidos con un mayor número de trabajadores. Dijeron que aceptaban la obligación de destinar recursos materiales para la construcción de iglesias y ermitas, escuelas, hospitales, que estuvieran libres de su trabajo por lo menos un día a la semana para asistir a la ceremonia religiosa y recibir adiestramiento por parte de los misioneros, siendo esta una de las premisas básicas del otorgamiento de dichas encomiendas. La verdad es que muchos de ellos burlaban esta disposición o solo la cumplían a medias los días domingos. Durante la etapa de los repartimientos, es decir, de la asignación “voluntaria” que se hacía de un cierto número de trabajadores indígenas a los españoles, los calpixques solían emplear métodos muy violentos para asegurar un mayor número, al grado de amarrarlos con sogas para que no escaparan de esas jornadas “voluntarias”. Una vez que moría una gran parte de los indígenas que habían sido entregados en calidad de encomendados, el encomendero debía declarar vacante la encomienda para que esta fuera asignada a otro español, pero este trámite nos e hacía, lo que facilitaba la realización de arreglos ilegales entre particulares.

También Carbó117 describió el proceso de transformación de las repúblicas de indias en las cuales sembraron la semilla de la propiedad privada y se les obligó a poner en arrendamiento todas las tierras que no fuesen de común repartimiento, después se determinó su reconversión en ayuntamientos y adquirió a partir del año de 1812 el rango de corporación civil pero “el indio estorbaba el propósito modernizador porque en su calidad de posesionario y usufructuario corporativo de bienes materiales de producción, constituía la antítesis de los ideales privatizadores e individualizadores en ascenso” y después hizo alusión a un conjunto de saqueos y despojos de tierras y después hubo sublevaciones. “La ley Lerdo desencadenó la mayor corriente de transferencias de propiedad en la historia del México independiente hasta ese momento. Ya en 1857 se habían rematado tierras en su mayor parte eclesiásticas, por un valor de 45 a 50 millones de pesos y habían surgido una pléyade de nuevos propietarios, mientras que otros habían incrementado sustancialmente la extensión y número de sus fincas. El estado necesitaba hacerse de recursos con urgencia porque las arcas públicas estaban vacías y porque vivían un clima de enfrentamientos que hacía necesario prevenirse de una casi segura reacción violenta de los conservadores…”.

La creación de la república de indios tenía la finalidad de proteger los bienes, los recursos naturales y sus habitantes, de la voracidad y de la depredación que ejercían los españoles. Desde un principio esta forma de organización sufrió el asedio permanente de las distintas manifestaciones de la propiedad privada, que se extendía y ampliaba cada vez más. Muchos españoles fraguaron la suscripción de contratos de obras y servicios verdaderamente leoninos, es decir, contrarios a la justicia más elemental pues se violaban una serie de procedimientos que eran elementales como el simple hecho de que los indígenas no conocían el idioma castellano y tenía que valerse de un traductor al que como era típico torcían la libre expresión de la voluntad de los pobladores. Se llevaba una copia de dicho contrato ante los Procuradores y de inmediato se observaba que había una serie de irregularidades jurídicas, que lo hacían inválido.
En este estudio, Chiaramonte afirmó que la formación de la nación fue el resultado de un largo proceso el cual se basó en un conjunto de tradiciones que eran comunes y por lo tanto se trató de un producto histórico que tuvo su inicio, pero también puede tener su fin porque están implícitos una serie de conceptos de identidad, de rasgos culturales compartidos. Observó que en todos los procesos independentistas existen bases del iusnaturalismo, es decir, eran partidarios del derecho natural y del derecho de gentes, con frecuentes alusiones a los textos de Grocio y Pufendorf y Woolf. Así se manejan en forma suficiente conceptos como consentimientos, soberanía, persona moral.118

En el momento en que se produjo la conquista, muchos pobladores indígenas se encontraban inmersos en un proceso de definición clasista, la cual sería estimulada por los españoles al otorgar un tratamiento preferente a los señores principales que además de los favores y prebendas recibidas, se les permitió que acapararan y usufructuaran una parte cada vez más grande del excedente económico. En esa virtud, muchos de esos principales perdieron toda adhesión a los valores, las tradiciones, las costumbres de los pueblos en los cuales había surgido y en que se había formado, se españolizaron, es decir, aceptaron y compartieron muchos valores, hábitos, costumbres, de sus explotadores. También al hecho de que se haya introducido o extendido las distintas formas de la propiedad privada, pervirtieron o deformaron la vida de muchas de estas poblaciones y se transformaron por ejemplo, los hábitos alimenticios, como fue el propósito al introducir nuevos cultivos de parte de los europeos. Las comunidades indígenas se encontraban un proceso dinámico de transformación desde el momento en que se dieron tierras a los indígenas guerreros más nobles como premios a sus méritos en campaña, asignándoles tierras que eran de otra comunidad y al utilizar mano de obra ajena.

Para Cruz, accedieron al poder algunos macehuales enriquecidos y no todos como grupo social, aquellos que lo hicieron no pretendían cambiar la jerarquía local sino beneficiarse de la ostentación de una posición privilegiada pero “no se puede considerar esta circunstancia en términos de enfrentamientos de pipiltin y macehualtin. Ninguno de los dos constituye un grupo social homogéneo. La lucha por el poder debe seguir entendiéndose en términos de facciones políticas y alianzas en las que los recién llegados pasan a constituir un elemento activo más, de cuyas circunstancias unos nobles que se les beneficiaba y otros se les perjudicaban. Señaló que no obstante estos cambios, los pipiltin, y macehuales siguieron en una actitud de enfrentamiento.119

Los “principales” de hecho se beneficiaron con la conquista y las posteriores medidas económicas y sociales, pues recibieron de parte de los españoles tierras, solares, estancias de ganado, exención de impuestos, como ocurrió por ejemplo, indios de Tlaxcala que reclamaran para sí una serie de compensaciones económicas por haber ayudado a la toma de la ciudad de México, a la derrota de los mexicas. Afirmaron que estos eran pipiltin, pero pipiltin enriquecidos, los cuales ya de por sí se encontraban en la pirámide de la distribución de la riqueza prehispánica. Pero ahora esta condición se reafirmó por lo que originó una serie de desajustes en varias poblaciones pues siguieron afectando más a los macehuales, que siguieron siendo los explotados de siempre, pero ahora en mayor grado debido a la tributación impuesta por los españoles. Esto fue un factor que acentuó los conflictos que ya de por sí existen en el seno de las comunidades, debido a la política de sojuzgamiento de los mexicas. No tenemos noticia de que los macehuales hayan resultado beneficiados con la política de conformación de encomiendas, ni menos aún, con la de repartimientos, aunque hemos encontrado algunas quejas de los macehuales que afirmaban que habían perdido una parte de su poder económico, debido a las arbitrariedades que se cometieron en la distribución de los pueblos.


En realidad el virrey estaba preocupado por el pésimo desempeño que habían tenido los corregidores y los alcaldes que se habían significado por una disminución de la tributación a la Nueva España, por los múltiples excesos que se estaban cometiendo en perjuicio de los indios “que eran muy inclinados a la ociosidad, la embriaguez y otros vicios, de tal forma que se queden los campos sin cultivo, las minas sin trabajo, a tal grado que se ven obligados los propietarios a adelantarles dinero para que puedan comprar ropa, aquellos fían durante medio año”. Había muchas deficiencias e irregularidades, lo mismo en Lima, que en Santa Fe o Bogotá por lo que hizo un “ferviente llamado” a los corregidores y alcaldes para que cumplieran con sus obligaciones, “remediaron las torpes culpas que se cometen contra los indios con su ociosidad y embriaguez remediando en sus urgencias, asegurando los indios en las minas y otras granjerías puedan coger sus frutos y porque lo que les daban y al final aseguren los tributos aumentando así las alcabalas “y así corregidores y alcaldes cumplir con la “parte que les toca”.120

Antes de que se establecieran las encomiendas, el Rey solo estaba interesado en que los indígenas pagan un tributo que fuera modesto y que estuviera al nivel de los que habían pagado durante los tiempos “de la gentilidad”, es decir, durante el periodo de los Tlatoanis. No deseaban más, pero ni menos y para ello consideraran que una de las principales vades informativas sería la Matrícula de Tributos que se había encontrado reproducida en varios códices. Sin embargo, la Corona advirtió que a pesar de la actitud benevolente que los soberanos habían observado, había bajado la recaudación fiscal en forma preocupante, sin precisar las causas o los motivos. Se decía que los funcionarios coloniales habían desoído los planteamientos de los monarcas y habían impuesto niveles intolerables de tributación lo que había ocasionado que muchos indígenas abandonaran los pueblos en donde habitaban, se convirtieron en trashumantes. En realidad, el pago de tributos estaba concebido también con un propósito educativo y formador, que consistía en enseñar a los indígenas los hábitos de la disciplina y de la productividad que decían sí tenían los europeos.

Dijo Zavala al reconocer la “supuesta contradicción” que tenía la Corona española que “por un lado admitía la libertad del indio, pero por el otro deseaba que también arraigase en el Nuevo Mundo la sociedad de los españoles a sus descendientes y como instrumento para este fin otorgó las mercedes de tierra, los servicios forzosos del indio, las encomiendas, los tributos; en suma, estableció la dependencia económica y social de la república del indio a favor de los ibéricos. Los españoles emplean la forma extrema de sujeción, la esclavitud, en sus tratos con los indios a raíz de los primeros encuentros en las Antillas y en el Continente. A medida que se agota la mano de obra en los lavaderos azufreros de las islas mayores, comienzan a introducirse indios esclavos o sujetos a servicios de otras islas llamados inútiles y de las costas de Tierra Firme se emplean cuadrillas de indios esclavos en los primero tiempos, pero al referirse a las encomiendas precisó que no transmitían legalmente la propiedad de la tierra de los indios que seguían siendo propietarios de las mismas sino solo la obligación de prestar tributos al encomendero y a la Corona”.121

Para el Rey no había contradicción entre el proyecto de constituir un régimen colonial que permitiera el refinanciamiento permanente de los españoles, se constituyera una economía próspera y productiva y se respetara a los indígenas como seres libres e independientes. Sin duda, el monarca estaba inspirado en una serie de tesis avanzadas del pensamiento ilustrado de la época, pero la mayoría de los conquistadores y colonizadores seguía sosteniendo una postura ideológica medioeval y salvo honrosas excepciones con aquellos que incursionaron en la realización de actividades agrícolas modernas y novedosas, como el propio Cortés, que se transformó en un “empresario”. En este contexto la gran mayoría de los españoles son pensaba radicar en forma definitiva en la Nueva España sino simplemente en saquearla en sus recursos naturales y humanos, calculando que de permanecer en este lugar, nunca mejorarían sus niveles de vida. Por ello, muchos regresaron a España y murieron en la pobreza.

También Broda observó una serie de cambios en el sistema de tributarios que pasaron de la recaudación en especie, a la recaudación en dinero, la abolición de la exención del tributo a los terrazgueros, pero que en realidad los indígenas siguieron prestando sus servicios personales tanto a los encomenderos como a los monasterios, pero también los caciques -que siguieron exentos, pero que tenían que recaudar lo tributos- vieron disminuidos sus ingresos por distintos factores, como el descenso de la población, bajó hasta un 40% la importancia de los tributos. “Paralelamente a esta dinámica interna decreciente del sistema tributario pero en íntima relación causal con ella, se dio el crecimiento del sector económico dominado por los españoles. Este sector, tipificado sobre todo por los mineros y las haciendas, se iba expandiendo y afianzaba su dominio progresivamente. El tributo de lo encomenderos sirvió como mecanismo de transferencia del producto excedente y del trabajo de las comunidades indígenas a las minas “hasta confirmar que muchos de los recursos que salían del trabajo indígena en Michoacán, el Marquesado del Valle, la zona de la mixteca, se canalizan a la minas y también de una manera paulatina hacia la hacienda y el trabajo asalariado”.122

En la medida en que progresaron las relaciones monetarias mercantiles basadas en el trabajo asalariado, se tomó una decisión igualmente complementaria: que el pago de los tributos que estaba a cargo de los pobladores ya no fuera en especie, sino en dinero, queriendo indicar con ello que ya había estos signos monetarios en gran medida, lo que también implica que había retrocedido la vigencia del sistema del truque. Estos serían mecanismos “tradicionales- que fueron reculando en aras del fortalecimiento de los segmentos de la economía capitalista que estaba a cargo de los españoles. En efecto, era relativamente más sencillo retener este excedente en forma dineraria que en especie, pues, las autoridades se evitaban muchos problemas, entre ellos, la necesidad de transportar las mercancías de una población a otra, de instalar depósitos y almacenes, entre otros.
Enciso hizo referencia a la creación en el año de 1529 del Juzgado General de Indias que intervino en los juicios o conflictos suscitados entre indios o entre indios y españoles y la mayor parte de los asuntos fueron por tierras, seguidos de las quejas de los indios contra funcionarios reales o eclesiásticos, pero muchos asuntos de poca monta fueron tratados en los pueblos por el sistema de tradiciones y costumbres. Censuró la conducta de muchos jueces en las Audiencias para marcar con hierro, vender como esclavos a los indios y se comenzó a vender indios como esclavos. Señala que en la provincia de tabasco “se apedreaban, ahorcaban y quemaban indios con el propósito de obtener de ellos oro, cacao y tierras” y en muchos casos les exigían la justicia a los indio, para sus casas, gallinas y otros “géneros para comprárselos por debajo de sus justos precios”.123 Todas estas prácticas eran contrarias a las disposiciones que establecen la brevedad de los juicios prescindiendo de las formalidades procesales que tenía el derecho romano.

La principal reclamación de los pobladores indígenas, es la relativa al despojo de tierras de que habían sido víctimas, ya sea en forma legal o de una manera alevosa, es decir, simplemente ocupando estas superficies para la instalación de sus haciendas de ganado, de sus trapiches o de las tierras destinadas a la producción de cultivos rentables y comerciales, como la grana cochinilla, el añil y otros. Algunas de estas reclamaciones, expuestas en el Archivo General de la Nación, reafirmaron el tono de denuncia con que estaban hechas, así como el abordaje jurídico de las mismas, pues hacían que los procesos fueran lentos y complicados y que al final de hecho esas tierras eran ocupadas, no obstante que el Rey había solicitado que los trámites no gravitaran sobre los indígenas que desde luego desconocían los procedimientos legales que en cada caso se promovían. Los monarcas fueron de la idea de que dichos asuntos fueran formulados de una manera sencilla, para que su resolución fuera rápida, pero esto no se logró pues había muchas reclamaciones que tardaron decenas de años en ser desahogadas por la burocracia inclemente y para aliviar y satisfacer las necesidades de los españoles.


Diego de Robles fue de la idea de que el virrey de la Nueva España visitara cada año los partidos y las provincias con el objeto de inquirir acerca del cumplimiento de sus obligaciones, tareas por parte de los ministros de justicia, los jueces y los frailes, alcaldes y oficiales, así como sobre las dotaciones de estancia y mercedes, los gastos de los bienes de la comunidad pues se habían recibido muchas denuncias respecto de estos asuntos. Sí habían hecho los encomenderos malos tratamientos a los indios, teniéndolos presos o aprisionados sin causa bastante, o si los han “aporreado o maltratado, o si han hechado pechos o derramas a los macehuales y si le habían hecho firmar carta de pago sin haberlo hecho pago alguien”. Acerca de los excesos de los caciques que se han gastado parte de los dineros de las cajas de comunidad en comidas, borracheras y gastos excesivos, el número de indios que han huido y se han escondido a supervisar el funcionamiento de la estancia de ganado, los ingenios y los batanes, visitas a las casas de indos, y mestizos para ver si hacen pulque, visitar las minas e investigar si sus propietarios cumplen con sus obligaciones, entre otros conceptos.124

Cuando el virrey realizaba estás visitas de inspección recibía muchas quejas y denuncias acerca de las fallas y deficiencias con que habían operado las instancias judiciales, y al parecer tenía “buena voluntad” pues dictaba provisiones para que estas irregularidades se corrigieran, siempre pensando en el beneficio que deberían recibir los indígenas. Se presentó otra acusación, esta relativa a la conducta asumida por muchos indígenas principales que se habían convertido en explotadores de sus propios congéneres en las comunidades y que actuaban en colusión con los españoles para cometer atropellos y vejaciones. Estos se debía a que algunos de estos principales recibían una serie de privilegios y beneficios lo que los hacía transformarse en explotadores pues podían obtener un aparte de los tributos, exentarlos del pago de los mismos, obtener gratificaciones por el número de indígenas que llevaban a trabajar a las minas y también obtener tierras de mayor calidad.


También De Valencia, religioso que trabajaba en Guadalajara denunció las graves arbitrariedades y atropellos que sufrían los indígenas, sufriendo los habitantes de la Nueva Galicia las mismas condiciones de las de tierra caliente. “Cada día se menoscaban los derechos de esos pobres intolerables sujetos a vejaciones y tributos; los indios reciben grandes y graves exacciones y mueren muchos al ir a servir en las minas y las heredades, las haciendas y las estancias de ganado…”.125

En algunos de los informes que redactaron los Visitadores se consignó que el hecho de que los indígenas, sobre todos los que trabajaban en las minas se separaran de sus poblaciones de origen, abandonaran a sus familias, hacía que muchos de ellos enfermaran de tristeza, es decir, de nostalgia, por estar en un sitio que les era desconocido por completo. En realidad, lo que estaba sucediendo era que estos trabajadores se habían separado de las comunidades en las que habían nacido y vivido y encontraron un ambiente humano totalmente desconocido, el de la violencia sistemática, de los malos tratos, de la desnutrición, de la carencia de vivienda. Muchos de ellos morían en un breve periodo de tiempo pues enfermaban de afecciones pulmonares y respiratorias, se “ponían amarillos”, les “salía manchas purulentas” y finalmente perecían bajo los escombros de los socavones durante las explosiones y las inundaciones. La situación se agravaba sobre todo para aquellos indígenas que eran de tierra caliente y que después se trasladaban a lugares fríos y viceversa.

“No permitían los administradores que vayan los esclavos, aun en días de fiesta a los pueblos cercanos, porque de aquí se siguen ordinariamente hurtos, borracheras y otras maldades, ni tampoco consienten que entren, en el real de los esclavos, indios, mercaderes, ni jugadores, ni otros forasteros, porque en todo esto hay graves inconvenientes. No hagan demasiada confianza de los esclavos por muy bueno y fieles que parezcan, ni les fíen la llave de la troje, almacenes o despensa, porque aquí la ocasión hace al ladrón, y el más fiel esclavo se hace infiel en haciendo de él mucha confianza. Otro medio también aplicara para quitarles la tentación de que hurten y es socorrerlos con pequeñas limosnas necesidades; no les fíen a los esclavos ocupaciones de mucha libertad porque de ordinario abusan de ello viéndose solos, como son el ser caporales, ayudantes, mayordomos, guarda-cañas, guarda-pasto y otros que ejecuten andando a caballo”.126 Finalmente dijeron que al morir un esclavo le dieran una misa de difunto “porque haciendo buenos cristianos a los esclavos se les hará buenos sirvientes y Dios le echara a todos su bendición”.

Incluso los jesuitas que eran los religiosos más avanzados desde el punto de vista ideológico, jurídico y práctico, eran partidarios de mantener la existencia de esclavos, a partir de la consideración de que eran individuos que tenían una capacidad humana muy disminuida y por lo tanto se consideraba su condición de sometido y enajenado como algo natural , hasta divino. Por lo tanto, en sus florecientes haciendas los tenían aherrojados y sojuzgados solo que tratando de que la opresión estuviera dulcificada con una serie de medidas o paliativos que suavizaran su enajenación. En primer lugar, eran partidarios también de una sociedad constituida por estancos y reglamentaciones muy rígidas e inflexibles, en una estructura estratificada, en donde los esclavos y los miembros de las castas estaban ubicados en el último escalón. Eran de la idea de otorgarles una serie de facilidades para que llevaran una vida más cómoda pero hasta cierto punto o límite, insistiendo en que la naturaleza humana de esos individuos estaban de por sí ubicados en los perfiles de la dignidad social.

En las Instrucciones privadas a los jesuitas que eran administradores de hacienda estaban las siguientes: cuidar que los sirvientes, criados y gañanes que viven en los ranchos oigan misa los domingos y día de fiesta y que dichos indios con sus familiares estarán en un salita la cual debe leerse en voz alta al salir y cada indio responder Ave María Santísima y “entre tanto se señalará a los que han faltado y el domingo siguiente si no diera excusa racional, les harán dar por manos del fiscal 6 o 8 azotes, esto mismo se practicara con los esclavos, donde los hay; los domingos harán que recen los indios en la capilla de la hacienda y que mediante toque de campana se congreguen los indios y demás sirvientes a rezar la letanía y por fin el Alabado”. “Pongan todo cuidado en que los sirvientes y gañanes de la hacienda vivan bien y que no aiga entre ellos borrachera ni pleitos, amancebamientos ni odios o escándalos. Para esto tendrá en comunidad el mayordomo y el capitán de la cuadrilla el cuidado de atajar cualquier desorden en un principio, avisándoles se descubriera algún desorden digno de corrección; no se admita en las haciendas sirviente de mala fama y de malas costumbres. Y si los que estén recibidos diesen en malearse, los reprenderán y amonestarán; que a los indios que provendrían de otras haciendas y que tenían deudas en ella no se le diera ningún adelanto para que no hagan lo mismo”.127

En las haciendas, el trabajo se hacía mediante cuadrillas, que eran grupos de trabajadores dirigidos por un mayordomo el cual a su vez estaba vinculado con el o los administradores. Tanto la organización como el poder coactivo, lo imponían los mayordomos. Se comprendía desde los métodos “espirituales” como el adiestramiento religioso sistemático y estricto, hasta las agresiones físicas, los golpes y las humillaciones, incluyendo los castigos más crueles. Por medio de la inculcación de las ideas religiosas, se trataba de amansar a los indígenas, haciéndolos concluir en su fuero interno que ellos eran individuos de segunda categoría, cuya función individual y social era la de producir bienes y satisfactores para otros, desde luego, los españoles y que debían hacerlo en forma resignada ya que no había ninguna otra alternativa, si acaso, podían ser artesanos en el mejor de los casos.


El propio conde de Revillagigedo dijo que el marqués de Branciforte, al referirse a las disposiciones que existían en materia industrial, que las frenaba, la obstaculizaba, la estancaba y “graban a los artesanos con pensiones y diligencias inútiles. Pero no debe perderse de vista que esta es una colonia que debe depender de su matriz de Europa y debe corresponder a ella con algunas utilidades, con los beneficios que recién de su protección y así se necesita gran tino para combinar esta dependencia y que se haga mutuo y recíproco el interés, la cual cesaría en el momento que no se necesitase aquí de las manufacturas europeas y sus frutos”.128 A pesar de estos obstáculos las manufacturas de algodón habían crecido sobre todo en materia de paños y rebozos, a ellos había que agregar el gran número de impuestos y tributos que existían pues el algodón y los productos derivados del mismo se utilizaban para el pago de tributos, lo que estaba afectando los cultivos, hasta el estallido de la guerra de la independencia. La calificó como una etapa de decadencia.

El alegato de Revillagigedo demuestra, entre otros casos que el desarrollo de las fuerzas productivas es en realidad un proceso indeterminable, si bien puede sufrir estancamientos y retrocesos ya que la necesidad de aumentar la productividad y aumentar las ganancias son procesos que se desarrollan incluso por encima de la voluntad de las personas, si bien las pueden obstaculizar. Desde que se implantaron los primeros obrajes, se aplican una serie de limitaciones y restricciones, propias de la mentalidad medieval de la época, pero la “industria del paño del algodón” se desarrolla. En el transcurso del tiempo se demostró que la implantación de rígidos compartimientos estancos, derivados de la forma monopólica que ejercían los productores y los maestros, no impedía que se desarrollaran esta “industria” incluso en las comunidades más pequeñas pues los indígenas habían aprendido a hilar y tejer desde hace muchos años, durante la etapa de los tlatoanis. Mientras los obrajes atravesaban por una crisis muy prolongada, la fabricación tradicional de prendas de vestir seguía su curso, aunque con altibajos para satisfacer una necesidad ingente de la mayoría de la población


Escobar precisó que “para el siglo XIX y a partir de la proclamación de la independencia los indios fueron declarados iguales ante la ley por lo que la categoría indígena desapareció de la mayoría de la documentación que se originaba en las diversas instancias gubernamentales. La igualdad de todos los nacidos en suelo mexicano poco o nada se concreta en la realidad; sin embargo, ya no utilizaron el concepto indio en la documentación nos complica el análisis sobre el papel de los indígenas en las diversas economías regionales. Sin duda que las actividades no cambiaron de la noche a la mañana con solamente haber declarado la independencia y la igualdad. Podemos afirmar que los indígenas continuaron desarrollando sus actividades de la misma manera en que las había desarrollado en la década anterior y que su papel como arrieros, cultivadores y suministradores de mercancías a los mercados quedó registrado en el mejor de los casos y de una manera minuciosa, en la novela decimonónica. Se propuso una mayor participación del indio como fuerza de trabajo, pese a que las propiedades comunales, regresaron a un mercado de tierras y que la producción de autoconsumo disminuyó debido a la necesidad de ingresar productos a las redes comerciales, con el fin de obtener dinero para pagar las contribuciones civiles y lo catastros de las nuevas propiedades privadas”.129

La nueva sociedad que se pretendía construir considerando a los indígenas como trabajadores y consumidores, pero sin tener derechos políticos y sociales, lo cual implicaba una insuficiencia muy grande de la cual se dieron cuenta muchos años después. Se decía que esos individuos eran libres y por ello podían alquilar su fuerza de trabajo, a cualquier español que lo solicitara y que pactarían tanto el pago de salarios como el resto de las condiciones de trabajo. Aparecieron los contratos individuales en los cuales se suponía que los indígenas aceptaban las condiciones laborales y salariales en aras del libre ejercicio de su autodeterminación, de su productividad, tanto como lo requería una estructura económica en expansión; muchos indígenas se convirtieron en arrieros, campesinos y suministradores de mercancías como lo habían venido siendo desde el periodo de la conquista, con un grado de compulsión menor, ciertamente, al que existía en aquella época.


En efecto, las relaciones capitalistas se fueron abriendo paso sobre todo por la afluencia cada vez mayor de capitales europeos que llegaban a la industria, la agricultura, la minería, las artes y los oficios y por ello se necesitaban varias modificaciones a la composición social. Los obrajes debían vender sus productos sin taxativas y limitaciones al llamado mercado libre lo que provocó que algunos maestros poco a poco se transformaran en empresarios capitalistas y que establecieran relaciones de carácter asalariado con respecto de los oficiales y los aprendices. Estos cambios hicieron que esa institución se “abriera”, es decir, que entrara en una crisis y en muchos casos desapareciera. En otros casos se instalaron talleres en los cuales los propietarios trataban a sus operarios como obreros fabriles, sin las consideraciones paternalistas de los obrajes. Uno de los obstáculos a que se enfrenta este proceso fue a la existencia de grandes barreras físicas y geográficas que impedían la libre circulación de las mercancías, avanzando el país por el camino de las regiones y así florecieron ciudades como México, Morelia (Valladolid), Guadalajara, San Luis Potosí, Zacatecas, Monterrey en donde las instalaciones fabriles cubrían las necesidades de las poblaciones cercanas a ellas y de sus respectivas regiones. No había un mercado nacional articulado sino muchos mercados regionales separados.

Había no un mercado sino varios mercados superpuestos, lo que indica que el desarrollo de las fuerzas productivas era dispar, pues por un lado estaban los mercados de las comunidades indígenas, que seguía siendo muy restringido y limitado a sus propios integrantes; el mercado de las encomiendas y las congregaciones, que se reflejaba sobre todo en el mundo rural campesino, que era mayoritario; el mercado “urbano”, desde ciudades y poblaciones medianas y pequeñas y el mercado de la minoría, así como el mercado exterior, es decir, aquel conjunto de actividades que estaba destinado a la exportación Los tres últimos mercados eran los más avanzados desde el punto de vista de su integración pues contaban con muchas vías de comunicación y múltiples sistemas de transporte en donde se obtenían los más elevados porcentajes de utilidades.

También Miranda atribuyó a los monarcas borbónicos un cambio en el tratamiento de los asuntos coloniales, que los hizo diferenciarse de los monarcas absolutos. Este cambio consistió en aumentar el poder del estado mediante el fomento de la riqueza nacional e individual y con tal fin “acometieron grandes reformas en las esferas económica y social, como la creación de escuelas técnicas, talleres y fábricas modelo, el enaltecimiento de los oficios mecánicos, la colonización interna, la venta y el reparto de tierras baldías comunales, el relajamiento de la estructura gremial, la puesta en vigor de ciertas medidas desamortizadoras. Promovieron actos de beneficencia, en la procuración de ayuda y de auxilio a los súbditos de peor condición económica y a los desamparados y desde luego también influyeron las ideas de la ilustración francesa, a través de Campomanes y Jovellanos”.130

La nueva política económica vino a romper con una serie de comportamientos estancos, entre ellos con los obrajes pues bien vistas las cosas por la forma como estaban concebidos, frenaban la libertad de industria y de comercio, obstaculizaban el libre flujo de los conocimientos tecnológicos e impedían el desarrollo de la potencialidad de cada individuo. El funcionamiento decimonónico de esta institución, más otros factores económicos y sociales, entre ellos, las continuas epidemias que azotaban a las colonias, la insuficiencia en la producción de granos y el aumento de precios de productos como el maíz, contribuyeron a generar un proceso de estancamiento económico que resultaba inconveniente para la clase dominante española, la más ilustrada y avanzada respecto de los artesanos, porque dejaba de recibir una serie de beneficios. Estas medidas se remitieron aun a riesgo de debilitar el poderío del imperio español en ultramar y de fortalecer económica, social y políticamente, a los grupos hegemónicos en las colonias, como eran los comerciantes libres y los profesionistas liberales, pero sobre todo a los mestizos y a los criollos.


También De Solano afirmó que en las islas del Caribe se inició el proceso de donación de mercedes para impulsar la colonización pues en La Española los promotores de estas acciones soportaban los gastos de las expediciones y después se le premiaba con la dotación de tierras, la creación de mayorazgos, se les daban solares en las poblaciones, se les nombraban hijosdalgo y caballeros indicando en 1573 en las Nuevas Ordenanzas de Descubrimiento y Población que cada uno registrara las ciudades apartadas porque en la misma proporción se les darían repartimientos de solares y de tierra de pastos y de labor, pero la ocupación ilegal de tierra llamadas baldías se dio desde un principio y “todas estas tierras ocupadas llegaban a ser obtenidas legalmente pagando una especie de multa concertada (composición) cuando eran descubiertas la irregularidad en las periódicas revisiones de títulos llevadas a cabo desde finales del siglo XVI”.131 Señaló que quien iniciaba el reparto de tierras era el jefe de la expedición de la conquista, a través del reparto de salarios en los núcleos urbanos, después participaban el cabildo, los regidores sancionaban o legitimaban ese reparto, el virrey firmaba los títulos de propiedad.

Por su parte, De Solano consideró que el otorgamiento de mercedes reales corrió en forma conjunta con otras medidas tomadas al inicio del proceso de poblamiento de las tierras conquistadas, mediante las cuales los reyes se veían obligados a otorgar estímulos y recompensas a quien se había significado por ser los primeros en pisar esas tierras, afirmaron su dominio en nombre del Rey, apaciguaron a los aborígenes y sentaron las bases de las nuevas colonias. Los monarcas no tenían el dinero suficiente para premiar con efectivo a los primeros conquistadores, como hubiera sido su deseo ya que se trataba de un conjunto de empresas financiadas para grupos económicos privados, sino otorgarles precisamente tierras y mano de obra para explotar los recursos naturales. La merced real era una facultad propia de los Reyes para asignar una determinada cantidad de caballerías de tierra a quien se había distinguido por sus hazañas guerreras, o como había ocurrido en otros procesos de conquista por parte de otras naciones europeas en distintas regiones del mundo a los que sometieron a una intensa explotación. Se les daban superficies de tierra a particulares pues los monarcas eran los propietarios absoluto de estas, por disposición del Papa quien se las había donado, pero al hacerlo estaba motivando un hecho económico de gran trascendencia, estaban formando pequeños o grandes propietarios de tierra a la manera de los dueños de las haciendas estaban motivando un hecho económico de gran trascendencia, estaban formando grandes propietarios de tierra a la manera de los dueños de las haciendas que fueron posteriormente a condición de que permanecieran en esos lugares, es decir que las habitaran, con lo que dio inicio la política de poblamiento, que significó por un lado, el robo y el saqueo de las masas aborígenes de su recurso más vital; precisamente la tierra y segundo, hacer surgir a una clase social poderosa con todos los riesgos que ello implicaba.
Dijo Solano que:

“La merced era la donación graciosa que hacía el monarca de determinado bien realengo, las tierras que este caso, con un fin determinado; desde premiar la gestión ejemplar de un vasallo relevante hasta el pago de un compromiso. Las mercedes de tierra eran el medio de la obtención de la propiedad rural. Los conquistadores, cualquiera que fuera su merecimiento y participación en la financiación o conquista del territorio, así como los pobladores que fueran llegando más adelante, se hacían con una cantidad de tierras mediante estas mercedes. Las tierras se concebían como un premio, un reconocimiento a un esfuerzo: el poblador accedía a la propiedad después de haber contribuido a la colonización. Pero en el caso del conquistador las tierras eran, asimismo, la parte contractual, que el estado le debía por su papel en la conquista. Esto se hizo a “costa y mención” del conquistador/empresario y de sus hombres: ahí está el peso de la contribución particular. Pero para la capitulación, el estado no quedaba ajeno a la empresa. Compensó con tierras y honores a los triunfadores y con subvenciones a los miembros de expediciones infructuosas”. Dijo que las empresas de Conquista fueron empresas privadas pero supervisadas por el estado, pero también muchas tierras realengas se repartieron en forma ilegal, pero se pretendía que el conquistador se transformara en colono.132

Hablando en términos económicos, las mercedes tuvieron mucha mayor flexibilidad que las encomiendas y por lo tanto se sentaron las bases para una futura conglomeración de tierras que en el futuro formarían las haciendas. Era muy fácil, después de haber obtenido una merced, poder comprar más tierras a los indígenas por las vías tradicionales por lo que, con el tiempo, un propietario podía acrecentar sus posesiones, hasta convertirse en un gran propietario rural. Era más sencillo que esto sucediera con un beneficiario de una merced, que para un encomendero que tenía; desde luego, muchas limitaciones, como ya lo explicamos en el capítulo correspondiente. Con las mercedes se obtenían tierras y estas podían repartirse, permutarse, venderse, asociarse con otros productos y así transformarse en un agricultor moderno, es decir, aquel que tenía ramificaciones muy sólidas con los mineros y los comerciantes.
El 4 de junio de 1687 se emitió la Real Cédula que autorizaba que los pueblos de indios que necesitaren tierras se les diesen 500 varas y las más que hubiesen menester “y que de allí en adelante o hiciesen merced y persona alguna de ninguna estancia ni tierra si no fuese prebenda asentar mil varas de medio paño o seda distante desviado de la población. Y las Tierras 50,000 varas apartadas de la población, como ha constado del testimonio de dichas ordenanzas que han llegado al consejo y que contra estilo, orden y práctica se van metiendo los dueños de estancias en las de los indios, quitándoselas y aprovechándose de ellos, unas veces violentamente y otras con fraude por cuya razón los miserables indios dejan sus casas y pueblos que es lo que apetecen y quieren los españoles consiguiendo estas 1,000 varas o 500 varas que han de estar apartadas de los pueblos, se miden desde la iglesia o ermita, que ordinariamente tiene la población en el centro del lugar”. Se consideró que a los pueblos que necesitaren tierras se le diera no solo 500 varas si no las que hubiere menester y también se amplió la distancia en que podían colocarse las estancias de ganado, que eran de 1000 varas y que ahora se le agregaban 100, tratando así de garantizar las sembradurías de los incendios.133

En las disposiciones iniciales se confirmó, por parte, de los monarcas españoles, la necesidad de otorgar las mercedes reales solo en aquellos sitios o lugares en donde hubiese tierras baldías o vacantes, tratando de hacer de respeto y hacer respetar las tierras que eran propiedad y estaban explotados por las comunidades. Estas distinciones, teóricamente justas, eran difíciles de precisar en la práctica pues muchas de las mercedes ocuparon tierras que tenían esa calidad y que no obstante se asignaban a un particular. Era en los hechos, una fama de penetración de la propiedad privada en el conjunto de la propiedad social y colectiva, causándoles una grave distorsión que después tendrías o muy graves consecuencias económicas y sociales. Los propietarios particulares tenían desde luego otra mentalidad, otras formas de ver la vida, eran extranjeros y por lo tanto aplicaban métodos diferentes a los existentes que de una manera ancestral y con una gran eficacia productiva, durante muchos años emplearon. Por ejemplo, no se tomaba en cuenta que las tierras de comunidad, que tanto se habían apoyado desde el punto de vista jurídico, no estaban congeladas de una vez y para siempre sino se requería que estuvieran en constante crecimiento, en la medida en que aumentaba la población y por lo tanto las necesidades alimenticias de la misma. Precisamente muchas de estas tierras que se consideraban como realengas o baldías solo lo estaban en esa condición de una manera transitoria pues después se utilizaron para hacer frente a la expansión de las comunidades, pero muchas de ellas ya estaban en manos de particulares europeos.

Precisó Romero de Terreros que unas de las más antiguas mercedes de tierra fueron las que hizo el virrey Luis de Velasco en los años de 1551 a 1557 a Ana Macías y a Juan de Andrade, en la jurisdicción de Tacuba y después se hicieron otras mercedes en el año de 1563 hasta concentrarse en manos de una sola persona, José Alvarado Arguello, quien formó la hacienda de la Encarnación y después vendió a Pedro Alonso Dorantes de Bracamontes, primer Conde de Miravalle. De la misma forma la hacienda de Santa María Pipioltepec, cuyo origen se remontó al año de 1611 con la dotación de la merced de un sitio de ganado mayor y cuatro caballerías de tierra que se asignaron a Pedro Valencia. “Poco después, los indios del valle de Temascaltepec, alegando ser dueños de esas tierra, pretendieron tomar posesión de ella, pero el 2 de octubre de 1618, Felipe III por Real Cedula confirmó las concesiones virreinales”.134

La mayor parte de las mercedes que se otorgaron fueron puestas en serio predicamento al denunciar los indígenas que habían afectado tierras que eran de su propiedad, que incluso estaban en explotación, por lo que se trataba de una verdadera usurpación o robo. Como es obvio, había que examinar caso por caso para confirmar o demostrar estas protestas y acusaciones y emitir un juicio más preciso sobre el grado de cumplimiento de las disposiciones de los monarcas. De una gran cantidad de mercedes que se otorgaran en el periodo de Velasco, muchos de ellos evolucionaron en el transcurso de dos siglos y después se transformen en haciendas en el siglo XIX. Las normas legales permitían que los usufructuarios pudieran hace traspasos, combinaciones y asociaciones, permutas, ventas parciales de las tierras que estaban amparadas con esos títulos. Otros más se integrarían en complejos agrícolas y mercantiles e industriales pues se relacionarían con los trapiches, las estancias de ganado y otros negocios, que estaban muy cerca desde el punto de vista geográfico de donde operaban las mercedes y que económicamente estaban vinculados por una serie de compromisos comunes.


En los comentarios de De Palacio, relativos a las poblaciones, recomendó que hubiera abundancia de personas en todos los oficios y las artes mecánicas y que los ganados se deban apacentar fuera de las ciudades. Para el establecimiento de las ciudades debe tomarse en cuenta la bondad de las aguas “porque el agua corrupta no es agua sino enfermedad. Nunca se ha de permitir que se haga alguna cosa perjudicial a la bondadosa sanidad de las aguas, sino del todo se ha de prohibir porque el agua es elemental del todo necesaria para la conservación de la vida humana”. Agregó que: que se señalaron dehesas y tierras para propios, que si los naturales, impidieran a la población se les persuada de la paz y pobladores prosigan”.135

La política económica tendía a abrir varias alternativas para el crecimiento de las fuerzas productivas, desde la asignación de las encomiendas hasta la entrega de mercedes, los permisos y las autorizaciones para operar obrajes en las ciudades, en donde se localizaban distintos grupos de trabajadores los cuales tenían diferentes categorías laborales y por lo tanto, distintos salarios. El panorama fue cambiado de una manera radical hasta aparecer y desarrollarse múltiples profesiones, oficios, actividades, que contrastaban mucho con el panorama que existía en la etapa prehispánica. Se modificaron las relaciones campo-ciudad, a favor de estas pues la población comenzó a concentrarse en esta última, mientras siguió el desarrollo de la economía agrícola la cual se dedicaba a abastecer de materias primas y de alimentos a aquellas, sentándose las bases de una sociedad profundamente diferenciada. Los indígenas continuaron viviendo en la pobreza, la miseria y la explotación, no obstante a pesar del carácter proteccionista de las Leyes de Indias; empezaron a surgir otras clases sociales como los mestizos y los criollos como una clase muy poderosa que estaría destinada a desempeñar un papel dirigente en la guerra de independencia. Al lado de las mercedes reales, se otorgaron facilidades para que de una manera conjunta uno o varios de estos propietarios pudieran explotar las aguas de los ríos, de los arroyos y otros depósitos, por lo que careció de una manera notable la agricultura de riego, lo que reflejó sus beneficio en el resto de las actividades productivas.

El obispo Zumárraga tenía molinos, huertas y estancias de ganado en Ocuytuco en donde iba a construir un hospital, acordándose que esos bienes pasarían a esa institución; a Pedro Moctezuma se le dieron 500 pesos de oro de minas, mientras que a los oidores se les aumentaron 150,000 maravedíes y al nuevo virrey, Luis de Velasco se le asignó un salario de 10 mil ducados, más 3,000 de ayuda; se otorgó concesión a Francisco de Mendoza, comendador de Sucuellama para sembrar pimiento, clavo y canela, por 50 año. Del arzobispo Alonso de Montufar reafirmó que “notado de codicioso y demasiado favorecedor de dos parientes, en particular de dos sobrinos canónigos”, mientras que Don Vasco de Quiroga que “era dado a pleitos y esto lo tenía tanto en México que se le escribió que era exceso y que se fuese a su obispado donde hacía falta”, en tanto que a Velasco se le aumentaron otro 2 mil ducados en su salario y otros 6 mil más por la renta de indios vacos.136

El otorgamiento de mercedes reales benefició a muchos individuos que pertenecían al sector eclesiástico, el político y administrativo pues les permitían incursionar en las actividades económicas más diversas, tales como las estancias de ganado, los molinos, los trapiches, los ingenios azucareros, los obrajes, en una palabra, fue un reconocimiento por medio del cual se podía ascender rápidamente en la escala social hasta los niveles de riqueza y de poder político. Para explotar estos bienes y servicios se tenía, forzosamente, que tener buenas relaciones no solo con los Reyes sino también con otros funcionaros de la Corte, con el Virrey, la Real Audiencia, los titulares de los cabildos municipales, pues solo de esta manera se podía acceder a esta “donación”, es decir, se trataba de un acto a una decisión que se dictaba de una manera unilateral, desde la cúspide del poder, a un individuo que tenía una serie de características particulares. En aquella época imperaban relaciones de pleno contubernio entre cierto tipo de individuos y los funcionarios públicos; muchos puestos públicos se vendían al mejor postor, no había proceso electivos pues todos los titulares del poder eran designados ya fuera por el Rey, al virrey otros y desde luego, no había ninguna participación en la conformación del poder político, los indígenas ni las castas, que eran los sectores mayoritarios de la población.


Entre los trámites que se realizaban para la obtención de la merced de tierras, según De Solano, estaban las siguientes: se abría la petición oficial dando a conocer las condiciones topográficas, así como el tipo de cultivo que se podía realizar, los funcionarios hacían la investigación correspondiente para confirmar que no se dañaban los derechos de un tercero, que de verdad eran tierras baldías, medición del terreno por un agrimensor, se apuntaban los accidentes del terreno. En el caso de la venta de tierras, se denunciaba el terreno, su medida, se recababa la opinión de los vecinos, se daba a conocer mediante una subasta y con un pregón. Existía también el procedimiento de donación gratuita que estaba a cargo del virrey y también se seguía con el procedimiento anterior; en el caso de que fuera una venta, el dinero pasaba al Tribunal de Cuentas, se pagaban impuestos como el de la media annata, se le daba posesión al nuevo propietario guardando las formalidades del caso. Después se presentaba la confirmación que firmaba el rey, aunque no siempre se cumplía con esta formalidad pues por medio de la composición, esto quedaba subsanado. Narró que el uso de la caballería y de las peonías, en lugar de la adopción de las medidas españolas, propició que se concentraran tierras en grandes proporciones y con criterios muy imprecisos y a partir de 1567 durante el virreinato de Gastón de Peralta se introdujo la vara, indicando que por ejemplo, un sitio de ganado mayor tenía 25 millones de vara cuadrada, un sitio de ganado menor “millones de varas cuadradas, un sitio para batán o molino 2,500 varas, una caballería de tierras, 609,458 varas, una cuadra mayor para villa o ciudad, 138 varas por cada lado, o sea, 19,000 vara y una cuadro menor 4760 varas.137

Correspondió a los españoles introducir las medidas sobre las superficies de la tierra que había en España y al hacerlo los pueblos indígenas dieron un paso hacia la modernización mercantil pre capitalista tratando de igualarse y uniformarse las operaciones de compraventa que se estaban realizando en varias regiones de la Nueva España. Una operación de este tipo era muy importante para borrar una parte de la herencia indígena, las instituciones emanadas de ella y al generalizarse otras actividades que modificaran, en el transcurso del tiempo, las relaciones sociales. Al efectuarse estas operaciones, se produjo el despojo de tierras a muchos grupos indígenas y se conminó a que pagaran los impuestos correspondientes lo que otorgaba una cierta seguridad jurídica en los propietarios en previsión de que algunas otras mercedes reales les fueran quitadas o parte de esas propiedades o anularse lo que ya se habían realizado con anterioridad. Era importante tomar medidas de certidumbre de esta naturaleza pues la propiedad de la tierra estaba inmersa en distintas mutaciones. Se suponía que las ventas se habían realizado en plena concordancia con la voluntad de las comunidades y de los indígenas, pero hacían falta la confirmación real de estas operaciones, es decir, el visto bueno de que se habían realizado conforme a los cánones del derecho mercantil. Las confirmaciones no siempre se produjeron; en muchos casos quedó siempre la duda acerca de la legalidad que se habían observado, hasta que estallaron las quejas y las protestas de los afectados que habían testimoniado la existencia de una serie de engaños o fraudes.

Hizo notar Von Wobeser que en la región de Cuernavaca, Cuautla, los españoles, a falta de una suficiente cantidad de mercedes reales, emplearon básicamente los métodos del despojo y del engaño, para quitarles tierras a los indios, así como sus derechos al agua. En cuanto a los procedimientos empleados dijo que “el valor de un terreno era superior a 30 pesos tenía que someterse a una pública subasta para seleccionar al mejor postor y si era menor a esa cantidad, se podía realizar la venta en forma directa” por lo que encomenderos como Diego de Ordaz, Antonio Serrano y Cárdenas, Bernardino del Castillo compraron grandes extensiones de tierra que “los indígenas solían acceder a la venta de ellas porque estas representaban un alivio económico momentáneo, que les ayudaba a sobrellevar sus pesadas cargas tributarias. El índice decreciente de la población justificaba por otra parte, esta medida. La venta se realizaba a cambio de dinero o de bienes y de la anulación de cierto monto de tributo. En general se trataba de predios de pequeña extensión”.138

Ante la posibilidad de que hubiera varios compradores de tierra, se aplicó el método de la subasta mediante el cual se vendió al mejor postor, ante la presencia y observación de un funcionario público que testimoniaba que no había habido manipulación o engaño. No obstante, en muchas ocasiones, como sucedió con el caso paradigmático de Hernán Cortés, se hicieron fraudes mercantiles los cuales iban acompañados con el uso directo o indirecto de las fuerzas por parte de los conquistadores. De esta manera un propietario que tenían un trapiche podía adquirir un terreno de medianas proporciones para construir en el unas caballerías y una estancia de ganado o bien un molino, con lo que se ampliaban en forma considerable sus propiedades. Los propietarios de las estancias de ganado que deseaban ampliar sus superficies, de agostadero en perjuicio de los campos para el cultivo de los alimentos básicos. Algunos pueblos resultaron afectados en sus ejidos, o sea en sus tierras, los cuales estaban proyectando para que calificasen las demandas futuras de sus poblaciones.

En la Ordenanzas se hizo alusión a la resolución del 18 de junio de 1542 que repartió casas, solares, tierras, caballerías y peonías, a todos los que poblaran los pueblos, que eran señalado por el gobernador, haciendo distinción entre escuderos y peones y los que fueren de manera grande y merecimiento y les “concedería facultad para que de aquí en adelante los pueda vender y hacer de ellos su voluntad libremente, como cosas suyas propias y asimismo, conforme su calidad, les encomienden los indios en el repartimiento que hiciere, para que gocen de sus aprovechamientos y demás en conformidad de las tasas y de lo que está ordenado.139

Se trataba que la merced entregara la tierra en forma de “propiedad perfecta y absoluta”, es decir, que los propietarios, una vez habiendo pagado los impuestos y cubierto las formalidades del casto, tenían pleno dominio sobre las superficies que les habían entregado. Esto quiere decir que había una gran diferencia con respecto de las poblaciones entregadas por conducto de las encomiendas, en torno a las cuales, como ya hemos dicho y repetido, no se trasmitía ninguna forma de propiedad. Aquí lo importante era el fruto del trabajo de los indios encomendados y no la propiedad de sus tierras. De acuerdo, primero, con los merecimientos personales que tuviera cada individuo, de conformidad con la información que se habían recogido durante la etapa de la conquista y después con las cantidades de dinero disponible pues se amplían las disponibilidades de hacerlo, se podían comprar muchos pedazos o superficies de tierras hasta integrar verdaderas concentraciones los cuales pronto demostraron que eran ilegales en gran punto o que se manifestaban como un fenómeno económico que podía ser lesivo por la economía pero que de momento no lo eraEn la Ordenanzas sobre tierras, de Galván consideró que al producirse el descubrimiento y la conquista, la propiedad y el dominio pleno de las tierras, correspondió a los monarcas, los cuales “cedieron a las poblaciones una cierta porción de tierra para que acudiesen a su subsistencia y mejoramiento, usufructuándolas en pastos y libres o de la manera que se dispusiese de sus ordenanzas municipales. Otra parte de las tierras fueron repartidas por concesión de los reyes, entre los que ayudaron a conquistarla, en remuneración de estos u otros servicios y vendieron también a los señores o particulares, para acudir con su precio a la urgencia de la corona. Estas tierras donadas o vendidas, eran en efecto, de dominio particular, porque se les transfirió a ellos plenamente y los donatarios o compradores y las consideraron una propiedad de particulares. El usufructo de las restantes tierras o las cedieron los reyes tanto a los vasallos para que se aprovecharan de sus pastos, arbustos y otras producciones naturales y que mantuviesen sus ganados, a los cuales se le denominaban tierras comunes, porque su aprovechamiento era común. También se llamaban baldíos porque nos se pagaba cosa alguna por su aprovechamiento de yerbas y leña corta y también se les llama realengas porque el dominio y propiedad queda reservado al rey por su derecho de conquista, aunque cedió el usufructo de ellas a los vasallos”. 140

Una vez que las tierras eran vendidas, los propietarios estaban en libertad de transmitir su propiedad, toda o en parte, a cualquier otro propietario, es decir, podían hacer un uso pleno y absoluto de las mismas. Aquí estaba el germen de la auténtica propiedad privada que después se desarrollarían en forma vertiginosa. Había otro tipo de tierra, llamadas de explotación común, en las cuales las comunidades indígenas podían explotar para beneficio colectivo los recursos naturales ahí existentes. Estas tierras eran para usufructo de las poblaciones, de sus habitantes y de los indígenas y se compaginaban con las tierras que en el pasado existieron según los estudios que hizo Zorita, que también eran propiedad común, al servicio de sus habitantes. Estas tierras no podían venderse, ni fragmentarse si no se requería que se explotaran colectivamente por todos los moradores. Había finalmente una serie de tierras que no estaban explotadas, que denominada baldías, que real o aparentemente no tenían dueño o propietarios, ya fuera particular o de las comunidades y el rey podía transmitir su dominio a particulares.es factible concluir que muchas de estas tierras realengas en realidad si tenían dueño y eran precisamente de las comunidades.

En realidad, como dijo López Sarralánque, fue en la administración de Antonio de Mendoza que se confirmaron las propiedades de los pueblos, que eran los que se tenían en la época prehispánica pero también varios indígenas principales se apropiaron de tierras que pertenecían a los barrios, los templos y de otros nobles y también existía la compra de la tierra. Hizo alusión después al llamado pleitismo, es decir, que surgieron muchos conflictos legales entre indios y españoles, al grado de que muchas de las mercedes de tierra fueron rechazadas por los propios indios.141

Ante el temor fundado de que la voracidad de los encomenderos y de los demás propietarios pudiera arrebatar sus propiedades de tierra y recursos naturales a las comunidades y a los pueblos indígenas, se emitieron una serie de normas y disposiciones para proteger y confirmar las que correspondían a los pueblos. Desde el punto de vista formal, los problemas futuros de la tenencia de las tierras estarán conjurados pues esas tierras estaban al margen de las transacciones mercantiles y comerciales. Entonces se suscitaron muchos conflictos legales sobre las propiedades de los pueblos, sus alcances, sus superficies, presentándose muchas irregularidades, ocasionadas incluso por los principales de los pueblos, que se hubieran apoderado ya de grandes extensiones de tierras que en realidad eran propiedad de los pueblos, es decir, de los barrios y calpullis. Surgió una maraña de litigios y conflictos ante las autoridades los cuales procedieron a realizar las averiguaciones correspondientes, a medir las extensiones de tierra, a levantar planos y realizar dibujos, todo esto en el marco de la nueva legislación. Ello significa que ya desde antes de la conquista española se habían generado una serie de abusos y atropellos y los derechos de los pueblos en detrimento de los calpullis o de las tierras colectivas. El régimen de la propiedad de las tierras si bien tenían procesos de maduración muy prolongadas, no estaban congelados en la vida productiva y social sino sujetos a una serie de cambios y modificaciones, los cuales fueron intensificadas por los españoles.

Tinoco también registró que con el otorgamiento de mercedes reales y de gracias se instituyó la propiedad privada de la tierra, otorgándoles a los conquistadores solares de tierras de pastos y labor “pero el mero hecho del repartimiento no se adquirió la plena propiedad de los lotes adquiridos y para que el dominio se consolidara era necesario que el favorecido con el repartimiento pusiera en cultivo las tierras y residiera en ella un plazo de tiempo taxativamente señalado, cuatro o cinco y hasta ocho años, pero después se introdujo la práctica de enajenar las tierras vendiéndolas a las personas que las solicitaran por un precio conveniente. Atrás quedó el pensamiento generoso de la monarquía en donde premiaba a sus súbdito con tierras pero a partir de ese momento se empieza a ver la tierra como una regalía”.142 Pero se requería como requisito esencial la confirmación de las adjudicaciones de conformidad con las cedulas de tierra y solares.

Con el otorgamiento de las mercedes, los propietarios estaban obligados a cultivar las tierras que les había otorgado el rey sobre todo por donación y por ello tenían que residir en esas tierras. Es decir, no podía haber propietarios asentistas que pudieran habitar en las ciudades y que por medio de un administrador las pudieran explotar. Se partía de la consideración de que las mercedes completaban los ingenios de los expertos que no se habían beneficiado con las encomiendas, pues había demasiados familiares y dependientes a las cuales había que mantener y que por ello requerían de una aplicación de las tierras que pudieran explotar. Pero de nada sirvió que un propietario tuviera cierto número de varas y caballerías de tierra sino tenía a la vez y en forma concomitante la mano de obra de los indígenas, por medio de los repartimientos. Las tierras por sí mismas no producían, se necesitaba de la utilización de mano de obra para prepararla, cultivarla y cosechar sus frutos. Por ello, la política de repartimientos de la mano de obra era consustancial con la dotación de estas mercedes.

Por su parte, el virrey Martín Mayorga, dijo que había “desarreglo y abuso” pues los indios de los pueblos enajenaban sus tierras, solares y casas, quedándose incluso sin donde vivir por lo que ordenó “que no se ejecutasen venas y prestamos, empeño, arrendamiento, ni otro género de enajenación de tierras de indios, no solo las que por comunidad se les repartan para el laudable piadoso destino de su habitación, beneficio y cultivo, sino también de aquellos que hubiesen adquirido como propios por titulo de herencia, donación y otras disposiciones de sus antepasados, entendiéndose esta prohibición aún entre los mismos indios de los unos y los otros y con especialidad a los españoles, mestizos y demás castas, a menos que para la venta, arrendamiento y cualesquiera otra especie de enajenación interviniesen licencia de aquel superior gobierno, Juzgado General de Indios o Real Audiencia, calificando la necesidad y utilidad, prohibiendo igualmente a los escribanos procediesen a otorgar tales vanos instrumentos”.143

Se dictaron normas para evitar que la voracidad de los españoles pudieran arrebatar las tierras a los pueblos. Por ejemplo, se prohibía que pudieran recibir préstamos, donaciones, o arrendar las tierras. Se acordó que estos procesos estaban prohibidos pus había el riesgo de que se pudieran comprometer en forma irregular una serie de tierras al margen de la ley. Estos arreglos se podían hacer entre los conquistadores y los principales que fungían como representantes de las comunidades y que podían suscribir este tipo de acuerdos pues podían implicar un despojo de tierras. Se trataba de que todas las operaciones de compraventa se hicieran ante las autoridades virreinales, ante los órganos competentes, pero que se pudiera asegurar que los indígenas habían acordado realizar las enajenaciones de conformidad con su libre voluntad. Según las denuncias presentadas ante el Juzgado General de Indios, era una práctica reiterada que los españoles “compraran” a los principales de los pueblos, mediante una fuerte cantidad de dinero, con el objeto de asegurar que ellos, en una asamblea, convencían a los indígenas que aceptaran la operación propuesta y que se realizaban otras maniobras para garantizar las transferencias de las tierras, sin que en realidad se tomara en cuenta a los macehuales que por lo demás ignoraban el verdadero alcance de las operaciones.

“El cultivo del trigo en tierras mexicanas generó cambios tecnológicos y sociales: necesitaban riego y arado, técnicas desconocidas por los indígena, por lo que fracasó el intento de obligarlos a sembrarlo en sus milpas. Tampoco la importación de trigo de España era una solución por la distancia. Finalmente los españoles se convencieron de que ellos deberían dirigir los cultivos de trigo, desarrollándose en regiones con agua, mano de obra y mercado remunerado. La ciudad de México era el lugar con mayor demanda de harina de trigo por lo que pronto se vio rodeado de sementeras. Los primeros virreyes dieron tierras a los españoles para el cultivo del trigo, estableciéndose agrícolas en Huehuetoca, Chalco, Tlalnepantla, Tacuba y Coyoacán. Además del cereal, los españoles introdujeron la técnica de la transformación del grano en harina con el establecimiento de molinos de trigo hidráulicos. La ciudad de México reunía las condicione para el establecimiento de molinos de trigo: poseían corrientes de agua permanentes para dar movimiento a las ruedas motrices, el grano se cultivaba en la región y además la ciudad era la principal consumidora de harina de trigo de maíz”.144 A partir de la administración del virrey Mendoza, se autorizan 200 mercedes de molinos y los primeros se instalaron al poniente de la ciudad de México aprovechando las aguas del río Tacubaya y después hubo otros como Santa Mónica, blanca, Prieto, los Morales, Sotelo, San Diego, Dolores, Tepotzollan.

Una de las propuestas centrales de la asignación de mercedes fue el de que un número creciente de extensiones de tierra se dedicaron al cultivo del trigo, que era el grano predilecto en la dieta de los españoles. Para ello era necesario, en la práctica, disminuir la superficie destinada al maíz, sin tomar en cuenta las consecuencias sociales que tendría esta modificación sustancial en los cultivos. Este fue un cambio verdaderamente revolucionario en la estructura social no solo porque se introdujera un cultivo muy apreciado y nuevo sino porque iba acompañado de una serie de innovaciones tecnológicas, tales como el empleo de herramientas de hierro, junta de bueyes, abonos naturales. También se alentó la construcción de molinos para el procesamiento de los granos ya que una gran parte de las cosechas se destinaría al abastecimiento de las grandes poblaciones. En estas condiciones, los precios del maíz bajaron en el mercado natural, mientras aumentaron los del trigo. Así aparecieron muchas autorizaciones de parte de los virreyes para instalar y operar dichos molinos que funcionaban con la energía hidráulica. En una primera etapa, estos cultivos no interesan a los indígenas los cuales fueron obligados a trabajar en ellos en forma compulsiva, es decir, por medio de los repartimientos pues el trigo comenzó a tener un alto valor comercial.

“Los terrenos que se utilizaron para la distribución de las mercedes de tierras en la Nueva España fueron, en los inicios, aquellos que pertenecieron al emperador mexica, como tierras patrimoniales. El cabildo de la ciudad de México dispuso en 1329 del patrimonio de Moctezuma más cercano a la ciudad de México como eran las tierras del pueblo de Tenayuca y las de Coyoacán, con argumentos basados en la conveniencia de la economía de la ciudad pues al otorgar terrenos para la agricultura, se abastecería a este de productos peninsulares desconocidos por lo naturales. Posteriormente al llegar nuevos vecinos a la Nueva España, las tierras patrimoniales fueron insuficientes para distribuirlas entre las nuevas familias europeas, de ahí que se dispusieron de tierras comunales de los pueblos indígenas, que los europeos la consideraban baldías”, dijo Ferrusca, pero también se ocuparon tierras que los pueblo dejaron una vez que se produjeron las congregaciones o que la habían abandonado por las epidemia que se suscitaron.145

Las primeras tierras afectadas por las mercedes fueron aquellas que habían sido de los tlatoanis puesto que eran las más grandes y tenían una continuidad geográfica. Una parte de ellas se asignó a los familiares y descendientes que formaban parte de la llamada nobleza prehispánica; no solo se les entregó esas propiedades sino otras muy productivas, pero en sitios lejanos a la ciudad de México con el objeto de que tuvieran importantes ingresos para vivir con “decoro y dignidad”. De esta manera Cortés estaba pagando una serie de favores recibidos durante la conquista pues muchos de estos individuos lo habían ayudado con hombres y armas y habían sido el factor decisivo, desde el punto de vista militar, de la derrota mexica. El reparto de estas tierras, por la vía de mercedes, también era de un alto valor estratégico pues se trataba de contar con el suficiente número de tierras para cultivar los alimentos que necesitaba la ciudad, entre ellos, el trigo que se necesitaba en grandes volúmenes. Si tomamos en cuenta que se entregaron centenares de mercedes, entonces podemos concluir que se requerían grandes extensiones para proveerlas y así se hizo, afectándose el patrimonio común de los pueblos. Al término de un periodo de 100 años debía cambiar la fisonomía no solo geográfica sino económica y social de los poblados del altiplano pues muchos pueblos antiguos desaparecieron, otros se dividieron y surgieron otros distintos

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