Formas de trabajo en la Nueva España T. II capítulo VIII distintas formas de coacción en el trabajo indígena



Descargar 1,69 Mb.
Página5/23
Fecha de conversión25.04.2017
Tamaño1,69 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   23
CAPITULO IX

Paternidad del Rey

y Realidad Social.

En la petición que formularon al rey los obispos de la Nueva España en el mes de diciembre de 1537 reconocieron que los naturales se dedican a cultivar la tierra, sembrar trigo y legumbres, poner plantas pero agregaron que su Majestad debe mandar de la mejor forma que servida sean oficiales en todos los mecánicos que enseñasen actos naturales pues son tan habilísimos para los de aprender y cesarían los excesos precios a que valen el trigo, legumbres, frutos de Castilla y la demasiados que los oficiales llevan por las obras que hacen en sus oficios que son tan caros y costosos que con mucho trabajo y dificultad se les puede pagar cuatro más que de lo que poco pueden y entretanto no sería inconveniente le mandase poner precios moderados a todas las cosas necesarias para la sustentación humana, pues los naturales las venden en doblando y muchos mayores precios de los que solían y teníamos por bueno que hubiese una escuela de oficios para que los indios los dependiesen todo, o a lo menos se les hiciese algún favor a los oficiales que acá están pasasen para que se les quiere enseñar sus oficios y los apremiasen a enseñar”.83 Juan de Sámano por mandato real reconoció en el mes de agosto que en efecto los naturales eran hábiles para las artes mecánicas por lo que anunció que el rey enviaría a la Nueva España a algunos de “dichos oficiales, a la vez que recomendó que las casas de los estudiantes fueran de cal y canto y que se hayan aposentos para librerías y dormitorios”.

No todos los españoles tenían una concepción atrasada y falsa de las cualidades y capacidades de los indígenas pues a pesar de las prédicas más claras que existían al respecto y que ante todo Clavijero había demostrado en el plano teórico que eran infundadas. Pero no fueron las disposiciones filosóficas o políticas las que demostraron que no había ningún fundamento en sus aseveraciones sino la propia vida común de la colonial al observar pues los pobladores primigenios eran tan hábiles, para las “artes mecánicas” o más que los propios españoles y esto se pudo constatar en los obrajes y en los talleres pues rápidamente aprendían el manejo de las herramientas y de los utensilios, realizaban operaciones muy delicadas pues demandaban ingenio y sofisticación. En materia artística, por ejemplo, pudieron asimilar las técnicas y los procedimientos que traían consigo los europeos, e incluso pintaron cuadros e imágenes sin poner su nombre.
En realidad el Rey, según la cédula del año de 1546, al consultarle el parecer al virrey Antonio de Mendoza sobre el destino que deberían tener los indígenas, recibió dos opiniones, una, que se entregaran a los españoles a perpetuidad y otra que encontró “muchos inconveniente” en esa propuesta y en términos generales estuvo de acuerdo en implantar la encomienda, teniendo en consideración “para la calidad de las personas de los conquistadores y pobladores, dejándonos (a la Corona) las cabeceras, los puertos y otros pueblos principales y la jurisdicción civil y criminal y dejando así mismo a otros pueblos porque podamos hacer merced a la que de aquí en adelante fuera”.84 En el caso del Perú se giró una instrucción similar a Francisco Pizarro quien fue autorizado a dar a los indios en encomienda a los conquistadores.

La más elemental sensibilidad política y social y tomando en cuenta la trágica experiencia de La Española, indicaba que si se “entregaban” los indígenas en perpetuidad a los conquistadores habría sido contraproducente y contario a la concepción que tenía el Rey a cerca del futuro de la tierra conquistada. Una entrega sin restricciones hubiera significado, en la práctica, y de acuerdo con las ambiciones de los conquistadores que buscaban enriquecerse a la mayor brevedad posible, el exterminio de grandes sectores de la población aborigen. Los monarcas concebían a las tierras conquistadas como una extensión pero disminuida de España, es decir, como reservas de materias primas, de tributos y de mano de obra para que España pudiera competir con las otras potencias europeas. ¿Para qué servirían estos territorios con una población disminuida por los tratos crueles e infames, azolada por las enfermedades y sometidos a un régimen cuartelario por un grupo de encomenderos? Para nada. Por ello se puede comprobar que desde el principio, ellos pensaron en edificar una sociedad organizada y estructurada, con una vigencia de las instituciones trasplantadas a mediano y largo plazo y por ello se sentaron las bases instituidas de lo que serían las principales instituciones, la Real Audiencia, el ejército y la iglesia.

La Real Cédula del 4 de junio de 1687 se acordó entregar a los españoles para vivir y sembrar un mínimo de 500 varas de tierra pero al mismo tiempo advirtió sobre la existencia de los despojos que sufriera la república de indos “unas veces violentamente y otra con fraude por cuya razón los miserables indios dejan sus casas y pueblos que es lo que aprecian y quieren los españoles, intentando y consiguiendo que sean 1500 varas que han de estar repartidas de los pueblos se miden desde la iglesia o ermita que ordinariamente tienen las poblaciones en el censo del lugar y que acontezca incluir en ella todo el casco del pueblo con que vienen a quedarse”.85 Consideró que a los habitantes de los pueblos indios se les diera no solamente 500 varas en cuyos repartos se incluirían las tierras de los pueblos pues los indios eran los que más tributaban. El 12 de julio en otra cédula, el rey acordó la creación de una nueva figura jurídica, la de los protectores de los pueblos indios que “sea genuina para quitarles a los indios las haciendas de labor y ganado y que sírvanles de fabricar jacalillos de piedra y lodo” por lo que acordó entregar otras 100 varas a los habitantes de los pueblos siendo ahora 600 varas medidas a los cuatro vientos”.86

En aquellos casos en que la medición de las varas de tierra se hacían a partir de la iglesia o la ermita y estando esta en el centro de las poblaciones, el despojo era mayor pues se incluían tierras que eran propias de la comunidad, incluso de aquellas en que estaban asentadas las chozas de los indígenas, o los llamados barrios. En este caso, se les obligaba a cambiar de residencia y trasladarse a lugares ajenos o distantes, en las orillas de las poblaciones. Es decir, se trataba de tierras de buena calidad, no solo porque eran aptas para los distintos cultivos, sino también, potencialmente, hablando, de un elevado valor comercial. Así, muchos españoles, que recibían en dotación este tipo de tierras, las fraccionaron, las convirtieron en solares y las vendieron, para incluir en ellas distintos usos comerciales y habitacionales. De esta manera, en las Relaciones Geográficas de los siglos XVI y XVII algunos pueblos desaparecieron y otros cambiaron de denominación indicando con ello que se había producido una gran trasformación, sobre la base del despojo y del engaño.


El Rey fue informado87 que los “gobernadores encomenderos, no solo no les dan tierra a los indios para que fomenten sus pueblos sino que si las tienen se las quitan con violencia vendiéndoles sus hijos como esclavos y trayendo sus mujeres a sus casas a que los sirvan, empleándolos en labrar las tierras sin pagarles su trabajo con que se aniquilan los pueblos que se han fundado aun a costa de grandes trabajos de los misioneros, siendo motivo de que no puedan administrarlos ni enseñarles la doctrina y consiguientemente en formales pueblos y por ello ordenó a mi virrey, Audiencia y gobernadores el desagrado que me han causado estas noticias, cuiden en lo adelante el remedio a este pernicioso abuso y castigo de los trasgresores y que pongan en ello todo su mayor desvelo y eficacia que se le den a los referidos indios que tienen concentradas, las tierras, ejidos y aguas que les están concedidas y que por ningún motivo no se pueden valer de ellos, ni de los hijos ni mujeres para el servicio personal sino que sea voluntario en ellos, pagándoles el jornal que fuese estilo por convenir así al servicio de dios y mío, ordenando el 15 de septiembre de 1713 que en los pueblos recién convertidos se les dieran tierra, ejidos, aguas y montes”.

Ya se establecían como condiciones y requisitos para constituir una relación económica favorable a los indígenas, que la entrega de sus recursos naturales fuera voluntaria y que se les pagara un jornal con lo que se estaba refiriendo el Rey a un tipo de servicio personal de nuevo tipo, es decir, no basada en la coacción y en la violencia. Por el contenido de la presente cédula se puede concluir que una parte de estas tierras y de estas poblaciones se entregaba a los españoles con la promesa de que recibirían la protección y el apoyo de los propios encomenderos, pero no había un convenio o una asociación que así se lo hiciera notar, sino simple y llanamente se decretaba la existencia de una encomienda, que señalaba qué pueblo estaba incluido en ella, pero no había un arreglo previo que permitiera a los indígenas pensar en una serie de obligaciones. De inmediato se suscitaban quejas, protestas y reclamaciones pues muchos de esos pueblos afirmaban que habían tenido un nivel de tributos en la época de los señoríos mexicas, ahora dicho nivel se les había incrementado en perjuicio de sus comunidades.


En las ordenanzas para el “buen gobierno” dictadas por Cortés en marzo de 1524 dio por aceptadas las encomiendas y los repartimientos de indios, al mandar que todos los que estuvieran en esa situación tuvieran una lanza, una espada y un puñal y a los que tuvieran más de 500 indios, además de las armas ya señaladas tuvieran un caballo y una yegua y a los que tuvieran más de 2 mil indios, además, tres lanzas, seis picos y 4 ballestas y escopetas. Acordó a la manera de obligaciones que sembraran sarmientos, moreras, vides, trigo, cebada y árboles frutales; que los encomenderos pudieran quitar los ídolos que tuvieran los indios y los amonestaran por ello; que cada encomendero que tuviera más de 2 mil indios de repartimiento, tuvieran un clérigo que los adoctrinara en las cosas de la fe católica; que nadie apremie a los indios pidiéndoles oro y plata; que los españoles tengan pensado permanecer en esta tierra y no irse a España; que todos los españoles que provinieran de Castilla trajeran a sus esposas, si estaban casados; que todos los vecinos tuvieran casas prestadas en la villa y ciudades y para ello daban el plazo de un año y medio.88

Otras medidas que tomó Cortés “para la perpetuación en la población de estas tierras” fueron las siguientes: permitir a los españoles tener estancias de labranza, así como de yuca, ajíes, como maizales y otras cosas para abastecer a las ciudades, villas y pueblos, que ningún español que tuviese indios encomendados pudiese enviarlos a otros pueblos sin la debida licencia y que no podían sacar mujeres ni muchachos menores de 12 años; que a los indios que estuviesen sirviendo se les diese cada día una libra de pan cacoba, ají y sal; que los indios que estuviesen trabajando se les ponga a trabajar “una vez salido el sol, que los tengan en ellos más tiempo de fasta una hora antes de que se ponga y aquel que el medio día los deje reposar y comer una hora”; que en la estancia o en otra parte en donde trabajen los indios, tengan señalado un lugar para colocar una imagen de vuestro señor, entre otras…”.

Al hablar de las Leyes Nuevas, Simpson señaló que aunque suscitaron muchas críticas y protestas por pare de los encomenderos, no fueron derogadas “pero si se acomodaron a la realidad, se les enmendó para aliviar la pena a los encomenderos a quienes permitieron gozar de sus encomiendas por dos vidas, es decir, la del tenedor original y la de su heredero. En realidad, su tenencia se amplió repetidas veces. Los encomenderos siguieron viviendo de los tributos de los indios, pero se les había desposeído de su privilegio más precioso: el de aprovecharse sin remuneración de su trabajo”.89 Lo mismo sucedió con el decreto de abolición de la esclavitud de los indios que generó la protesta de los mismos, sobre cuyas consecuencias predijeron que se afectaría la producción de las minas, las renta reales se disminuirían y se afectaría a muchos ciudadanos que “de buena fe” habían comprado esclavos, pero el Consejo de Indias quedó satisfecho con la decisión de que una vez que estos esclavos quedaran en libertad, se convirtieran en súbditos de la Corona y por lo tanto se verían obligados a pagar tributo, cosa que no hacían cuando eran esclavos, mientras que durante la administración de Velasco se recaudaron medio millón de pesos por concepto de tributo.

Estas leyes estuvieron, desde un principio, sujetas a las presiones que hacia los encomenderos, pues consideraban que la vigencia de estas dotaciones por una sola vida, la de los conquistadores, no era suficiente para fincar un proyecto de explotación agraria que fuera consistente y de largo plazo. Además muchos de ellos ya tenían una edad avanzada y afirmaban que pronto morirían por lo que en el caso de que se cancelara dicho proceso quedarían desamparados la esposa y los hijos. Este razonamiento lo consideran procedente el rey y les autorizó que se extendiera hasta por dos vidas, que serían la del propio conquistado con méritos y alguno de sus descendientes y esta ampliación calmó los ánimos de los españoles. Algunos habían comprado esclavos, lo cual se consideraba como un acto abiertamente ilegal y por lo tanto era nulo de pleno derecho, pero los españoles decían que habían hecho estas operaciones porque ignoraban las disposiciones en vigor y el rey mantuvo una actitud tolerante, no obstante que se violaba una de sus prohibiciones más sentidas.

Zavala describió que hubo una reacción violenta por parte de los encomenderos ante la promulgación de las Leyes Nuevas, reacción que se expresó por ejemplo, en el cabildo de la Ciudad de México y también se emitieron varios memoriales en donde se expresaron esas inquietudes. Por ejemplo, citó el que fuera suscrito por los procuradores, Gonzalo López y Alonso de Villanueva, quienes manifestaron su propuesta para que le dieran un repartimiento perpetuo de indios a los españoles ya que, adujeron, solo de esta manera se podría permitir que los españoles se arraigaran a estas tierras y ponderaban el trato que los encomenderos daban a los indios, diciendo que eran buenos. “Los encomenderos han edificado y plantado árboles, viñas, frutales, moreras y todos los géneros de granjerías que sufre la tierra. Y han dado gente de guerra en casos de necesidad. Si los españoles no tienen perpetuidad no se aplicarán al arar la tierra ni a cavar ni a criar ganado porque no habría a quien venderlo ni pueda tener comercio con los indios. Estos no son como los aldeanos de España pues andan desnudos con unas mantas de la tierra, usan calzado que ellos se hacen, ni tienen agua en sus casas ni la compran. Los indios de las Islas y de Tierra firme se destruyeron por no haberles dado perpetua. Los indios dan de tributo mantas, maíz y otras cosas que la tierra produce”.90 Dijeron que a raíz de la promulgación de estas leyes, los encomenderos deseaban vender sus haciendas porque había perdido el interés por dedicarse a la agricultura y la ganadería y reafirmar que el tratamiento que recibían los indios “no era dañoso” pues se estaba combatiendo la ociosidad entre ellos.

El conocimiento de las Leyes Nuevas, causó una verdadera rebelión entre los españoles, los cuales se erigieron en un auténtico grupo de presión en contra de la Corona, hasta lograr la modificación de estas normas y lograr una ampliación de las plazas de las dotaciones, hasta por dos generaciones. Estos deseaban una ampliación ilimitada, los llamados repartos perpetuos, que conspiraban contra las nociones más elementales del Derecho Público pues se olvidaban que el título de las posesiones, propiedad y riquezas, eran de la Corona, el rey en lo particular, pues así tendría un goce absoluto.

Dijo Mendizábal que como resultado de las actividades que realizó el visitador Tello de Sandoval, se aplican de las llamadas Leyes Nuevas, se quitaron encomiendas a Rodrigo de Albornoz, a Juan Alonso de la Soto, a Juan Infante, a Juan de Zumárraga, Vasco de Quiroga y a Juan López de Zarate, a este último las encomiendas de los pueblos de Ocuituco, Huaniqueo y Tlatisteo, “pero la situación de los indígenas de estos pueblos no mejoró por ello, particularmente los que pertenecieron a los prelados tan ilustres por su amor a los indios pues por conducto de los corregidores siguieron pagando sus tributos y prestando los servicios estipulados en las tasaciones”.91 Consideró que los corregidores, en su mayor parte, se habían considerado como “brutales y arbitrarios” en la fijación de impuestos y que los virreyes de la época habían “disimulado” la aplicación de las leyes y habían permitido el usufructo de las encomiendas hasta por 4 vidas y que “en el mejor de los caso” habían pasado a posesión de la Real Corona y con ello se habían beneficiado cortesanos, criados, parientes y amigos a los cuales muchas veces les retribuían una serie de servicios.

Las presiones políticas que ejercieron los encomenderos en contra de la aplicación de las Leyes Nuevas generaron una serie de antagonismos con el Rey pues se estaba poniendo en predicamento el principio de autoridad, al mantener una actitud desafiante. Las crónicas de la época refieren que algunos de estos encomenderos, evidentemente descontentos con las restricciones que se habían impuesto “al derecho de propiedad” estaban convocando a un auténtico alzamiento, a una rebelión, para independizar la colonia de la metrópoli. Los encomenderos coincidieron que el Rey no retribuía justamente los servicios personales que habían realizado en la etapa de la conquista y de la pacificación y que por lo tanto había llegado el momento, incluso, de abandonar el territorio de la Nueva España. Las maniobras tuvieron éxito pues dichas leyes se modificaron, se hicieron más flexibles y las autoridades virreinales “se hicieron de la vista gorda” ante el funcionamiento irregular con que operaban muchas encomiendas y los privilegios a los conquistadores no solos e mantuvieron sino también se multiplicaron.

En la ley Segunda de Burgos se estableció que el traslado de los indios a los estancos fuera “muy a su voluntad, que los traigan como a ellos les pareciera que con menos pena y daño de los dichos caciques se puedan hacer animándolos o trayéndolos con halagos, se haga con mucho cuidado y fidelidad y diligencia teniendo como fin el buen tratamiento y la consolación de dichos indios”.92 En cuanto a la tercera, se establecía la obligación de construir una iglesia junto a la hacienda para que los indios pudiesen orar, oír misa pero después los indios no podían holgar sin que “cada mañana se vayan a labrar no haciéndoles madrugar por esto más de lo de costumbre. La ley cuarta fijó tareas de enseñarles los diez mandamientos y los siete pecados capitales a las “personas que tuvieran capacidad y habilidad para aprender pero que esto sea con mucho amor y dulzura”.93 La quinta insistió en que los indios fueran obligados a escuchar misa y la sexta que se construyeran iglesias, así como la séptima, sobre todo los indios que trabajaban en las minas; que los clérigos confesaran una vez al año a los indios, y la décima, que al ser trasladados a las minas, los indios pudiesen llevar consigo su hato y mantenimiento se obligaba a todos los encomenderos a llevar a los indios a bautizar.

Esta ley estableció una combinación entre las obligaciones laborales impuestas y las necesidades de adiestramiento religiosos, a partir de la concepción predominante que buscaba producir indígenas laboriosos, productivos, pero mansos de espíritu, es decir, el uso de la religión con propósitos de enajenación espiritual. Se buscaba que los indígenas se dedicaran a trabajar intensamente al servicio de los colonizadores, pero que fueran tratados en forma paternal y cuidadosa; por ejemplo, se estableció que los españoles, por conducto de sus emisarios, enviaran a los pueblos y comunidades para invitar a los indígenas a que concurrieran al trabajo y que no fueran obligados a hacerlo; naturalmente que ningún indígena deseaba labrar en las propiedades de los españoles pues implicaba que desatendieran el trabajo de sus propias sementeras y abandonaran a sus familias; ellos habían laborado en las tierras que eran de su propiedad, para su beneficio directo y no para favorecer a un tercero.

Agregaron las Leyes de Burgos que si los indios se concentraran y “si algún indio adoleciera sería brevemente socorrido y curado y dará vida con “ayuda de nuestro señor” muchos que por no saber de ello y no curar los mueren y a todos se les excusara el trabajo de las idas y venidas que como son lejos sus estancias de los pueblos de los españoles les serán harto alivio y no morirán los que mueren en los caminos así por enfermedades como por falta de mantenimiento y los tales no pueden recibir los sacramentos que como cristiano son obligados y los niños que nacieran serán luego bautizados y todos servirán con menos trabajo y más provecho a los españoles por estar más continuos a sus casas y cesaran otros muchos malos tratos y daños que a los dichos indios se hacen por estar bien apartados”.94

Las disposiciones emitidas en la ciudad de Burgos por los monarcas en cierta forma, completaban las Leyes Nuevas y persistieron con la tónicas generales, como se comprobó al examinar la legislación de indios. Se formularon en la etapa en que se aplicaban los repartimientos de grupos indígenas que eran trasladados de una población a otra, con la ayuda de los calpulelques. Los reyes se preocuparon mucho por la gran cantidad de indígenas que habían fallecido al ser trasladados de un sitio a otro y por ello dictó medidas para socorrer a los enfermos y evitar que murieran tanto durante los traslados como al regresar a las casas patronales. Estas denuncias las hicieron sobre todo los misioneros que trabajaban en labores de evangelización en forma directa y permanente en estas poblaciones y habían conocido las consecuencias trágicas que habían ocasionado el desarraigo, así como el trabajo en condiciones completamente hostiles para cualquier ser humano. Se calculaba que había un cierto número de fallecidos tanto al llevar a los indígenas a los sitios de trabajo, como al regresarlos a sus lugares habituales de residencia, como se calculaba con los esclavos negros que morían en el océano y en las costas durante su larga travesía de África a América.

Simpson describió la reunión de teólogos que se efectuó en Barcelona en el año de 1529 en la que se denunciaron los malos tratos que recibían los indios, llegándose a las siguientes conclusiones generales: que los indio que no se resistieran a los españoles serían considerados como libres y que no debían ser obligados a prestar servicios personales; era ilegal repartirlos en encomienda no solo por el mal trato que recibían sino también porque eran hombres libres, aceptación de que las leyes que se habían promulgado para favorecer a los indios “no habían sido observadas por nadie, ni el pretexto de que lo que se busca es su bien, en una razón suficiente para justificar el mal tratamiento a que ha sido sujeto por otro que no sea el rey”.95 Dijo que con base en estos acuerdos, el Consejo de Indias deseaba cancelar la encomienda, pero esta y sus representantes en la corte ejercieron presión para que dicho acuerdo no se convirtiera en ley y después llegaron informes a Madrid de que en realidad todos los funcionarios de la Audiencia habían utilizado a los indios para el trabajo en las minas y en las plantaciones, reiterando que había fracasado por completo la primera audiencia, buscando con la segunda la instalación de un gobierno estable.

Los misioneros religiosos fueron más sensibles ante las nuevas realidades económicas y sociales, que los propios funcionarios públicos que estaban en forma parcial e interesada ocultando, deformando o de plano, suspendiendo la aplicación de muchas normas legales, contenidas en la Legislación de Indias. Los religiosos tenían una ventaja: no estaban directamente vinculados con las necesidades de la producción agrícola, minera o manufacturera sino solo estaban interesados en ellos en la medida en que podían obtener recursos para la construcción de iglesias, templos, hospitales, escuelas y para financiar los programas de evangelización y adoctrinamiento. La Primera Audiencia había fracasado en el acatamiento de las disposiciones paternales del Rey porque la lógica de la expansión de los españoles necesitaba forzosamente de la mano de obra indígena ya que de otra suerte la colonización habría fracasado. Los conquistadores presionaron políticamente para hacer nugatorias esas leyes y el Rey dobló las manos temiendo que estallara una verdadera rebelión en la Nueva España

1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   23


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal