Formas de trabajo en la Nueva España T. II capítulo VIII distintas formas de coacción en el trabajo indígena



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CAPITULO XII

El Trabajo de los Esclavos

En la mayoría de las sociedades humanas, que transitaron del régimen de la comunidad primitiva hacia el esclavismo había un importante excedente económico que era necesario para mantener y reproducir a los esclavos, ya que sin este excedente no podría alimentarse. Mientras en las comunidades primitivas, sobre todo en los países europeos, había un nivel de producción que casi se equiparaba con el nivel de consumo de la sociedad y por lo tanto imperaba un principio de igualdad, de oportunidades y de acceso a los principales satisfactores materiales. No había diferencias muy profundas en esa sociedad pues todos sus integrantes producían e intercambiaban sus productos en pie de igualdad. Había muy pocos sobrantes de alimentos, materias primas y otros bienes o productos y por lo tanto podemos afirmar que se habían llegado a un nivel aceptable de autosuficiencia y en el mejor de los casos, había muy pocos excedentes para intercambiar con otras comunidades. Para tener esclavos era necesario, en este contexto, disponer de bienes y productos adicionales a los niveles de satisfacción de sus consumos para poder adquirirlos pues eran considerados como piezas de trabajo y de repuesto. En estas condiciones, solo el grupo elitista, de grandes propietarios, estaba en posibilidad de enfrentar ese tipo de compras pues las personas comunes no lo podían hacer; los ciudadanos eran aquellos que tenían esa disponibilidad económica pues los derechos políticos y sociales estaban conformados en función del patrimonio material de las personas.

En la mayoría de las ciudades que había dejado el grado desarrollo de las comunidades primitivas y que estaban asentados en el viejo Continente y que tenían las características señaladas con anterioridad, había individuos que eran esclavos, es decir, fuerzas de trabajo que podían comprarse y venderse. Lo que distinguió a los grandes propietarios era la gran posesión de tierras que tenían disponibles y que habían adquirido por medio de la conquista militar o armada, mediante el sistema de compensaciones, premios y estímulos, que era una práctica común en aquella época de la historia humana. En virtud de que detentaban grandes extensiones de tierra de cultivo, necesitaban un gran volumen de mano de obra y por ello recurrían al reclutamiento forzado de las personas que pertenecían a los pueblos conquistados o sometidos los cuales tenían que laborar en forma gratuita y sin ninguna consideración humana. Era de ese tamaño el castigo que recibirían por haberse rebelado, haberse negado a someterse a las nuevas autoridades, no haber cumplido con las cuotas de tributos que se le había impuesto o haber realizado a ligar otros actos de oposición o de resistencia.

No en todas las sociedades humanas, la esclavitud asumió las mismas características; en algunas de ellas, como en la europea, alcanzó una mayor clarificación pues los esclavos eran considerados como cosas, objetos, mercancías que podían intercambiarse o venderse; en otras sociedades, como en la prehispánica, fue una institución más compleja, los llamados tlacotines, que si bien podía comprarse o venderse, recibían un trato benevolente por parte de los propietarios pues podían adquirir tierras, bienes y otras propiedades e incluso obtenían su libertad pues su condición de esclavo no era hereditaria.


Por su parte, Moncayo y Ainaga parten del concepto de esclavitud que había entre los tratadistas romanos para concluir que era “el sometimiento de un individuo al poder de otro y que tal sometimiento se da contra natural, de tal manera que toda vez que concurran ambos elementos estaremos en presencia de la esclavitud, independientemente de cuáles hayan sido las causas por las que incurrió en ella. La institución de la esclavitud es común en casi todos los pueblos de la antigüedad. Pensaron que “el esclavo azteca recibió el nombre de tlacotli y era considerado como un bien patrimonial sobre el que se tenía un derecho de propiedad y tal estado podía derivar de venta u o de otras causas; no recibía remuneración por sus servicios; no obstante que se encontraba en una situación de sujeción personal, su condición era tolerable; no era hereditaria, salvo en el caso del huehuetlatlacolli; los hijos del esclavo eran libres, lo mismo de la esclava; el esclavo podía vivir en las tierras del amo y labrándolas para ellos y para sí, conservaban sus propiedades y podían adquirir bienes para sí y podían casarse y mantener a su familia”.267

En el momento en que se produjo el descubrimiento y la conquista del nuevo mundo, en España había esclavos que en gran parte eran bereberes o musulmanes que habían sido capturados durante las Cruzadas y otras incursiones guerreras. Así como con se intentaron trasladar a los nuevos territorios una serie de instituciones políticas y sociales, normas jurídicas, hábitos, valores, costumbres, tratando de que se asentaran y edificaran en las sociedades recién descubiertas y sometidas, así también llegó la esclavitud como institución y los esclavos como individuos que no tenían derechos y que eran considerados y tratados como objetos y cosas o mejor dicho, como instrumentos de trabajo. Algunos de estos venían en los primeros viajes de Colón y en las primeras expediciones armadas con el objeto de ser empleados fundamentalmente en el trabajo de las minas. Estos hechos se produjeron en el momento en que en Europa había un intenso debate sobre la procedencia de esa institución y mientras había algunos teólogos, pensadores y políticos que manifestaban una abierta oposición “por ser contraria a los aspectos esenciales de la doctrina católica”, había también partidarios que se inspiraban en algunos textos de Santo Tomás de Aquino y de Aristóteles. Esta discusión había influido en la mentalidad de los Reyes de España los cuales se encontraban contra un dilema: a la vez, que consideraban inhumana la institución, la apreciaban como necesaria desde el punto de vista económico y social.

Habían llegado a España muchos esclavos provenientes de las “tierras de los infieles” y/o de varios orígenes de África pero no solo se dedicaban al trabajo de las minas sino a actividades más ligeras, como el servicio doméstico. Así era posible observar algunas comitivas de conquistadores, encomenderos, funcionarios, que llegaban a la Nueva España estando precisamente acompañados por esclavos negros que después servirían en las casas y mansiones de sus amos y que además se dedicarían a otras actividades. Para justificar la esclavización se hicieron varios estudios que permiten comprobar que los negros tenían una musculatura más desarrollada, que la de los aborígenes, gozaban de una gran resistencia física, sobre todo al calor y las condiciones insalubres, eran más dóciles y taciturnos, enemigos de las rebeliones y de las oposiciones y por lo tanto eran en este aspecto superiores a los americanos y por lo tanto también eran aptos para trabajar en las actividades más duras, peligrosas, como la minería.
Dijo Banda González que “la mayoría de los primeros esclavos que llegaron a Hispanoamérica fueron servidores domésticos, algunos eran moros, otros bereberes, y los demás negros: de todos ellos, los negros fueron seleccionados por los españoles y su elección fue debido a que se les consideró buenos sirvientes domésticos y tal vez no aptos para trabajos más rudos, además de no tener ninguna relación con el idioma, la religión y las costumbres de los indígenas. La condición de todos los esclavos “eran más bien la del siervo cuyos derechos y deberes se hallaban en las leyes de Partidas. Los negros trabajaban en las minas, en la enorme extensión de tierra que habían dejado los indígenas. En el servicio doméstico tuvieron un desempeño excelente, pues algunos servían como cocineros, o en conventos de Puebla y México. Por su con su condición física se pensó que el negro servía mucho más pues era resistente en el rudo trabajo de las minas pero esto no fue así, pues el trabajo de la minería acabó con el negro al igual que lo había hecho con los indígenas; los negros por lo general eran más fuerte que los indios eran sin embargo más sensible y los efectos del frío y la humedad de la galería subterránea”.268

Desde un principio, los reyes se opusieron enérgicamente a que los indígenas americanos fueran considerados y tratados como esclavos, pero desafortunadamente establecieron algunas excepciones, como la relativa a los que se opusieran con lujo de violencia a la presencia de los españoles, a los que continuaran practicando la idolatría y la sodomía, a los que incurrieran en actos de antropofagia. Había claras muestras de permisión y tolerancia, como fueron los casos de Hernán Cortés y de Vicente Yáñez Pinzón quienes habían adquirido a varios indígenas en una calidad de esclavos y por lo menos así eran tratados o cuando, con anterioridad, Colón llevó a España a un grupo de indígenas y los exhibió como si “fueran animales raros”. En relación con las excepciones, había muchas rendijas que estaban abiertas pues muchos grupos de indígenas sobre todo los que se encontraban en el norte de la Nueva España, que mantenían una actitud levantisca y que estaban en una franca guerra con los españoles quienes los combatían a sangre y fuego y los herraban en la cara indicando que eran esclavos. Estos son los casos más ostensibles, pero en la práctica, en el tratamiento directo, personal, había muchas manifestaciones de esclavismo, aunque no se expresara el fenómeno de esa manera. En realidad, no importaba si la definición se ajustaba (o no) a los conceptos europeos sino a los hechos mismos, a la intensidad de las relaciones de explotación a que se sometía a los indígenas en su conjunto. Esto, al margen de una serie de disposiciones jurídicas que solo interesaban a los especialistas.


Dijo Zavala que: “Colón supo distinguir, desde su primer viaje, la naturaleza pacífica y liberal de los indios pobladores de las Antillas, de los caribes feroces que lo agredían. Habló amigablemente de aquellos y aconsejó atraerlos a la fe cristiana; propuso en cambio, la esclavitud de los idolatras y antropófagos, lo que enumeraba con el oro, la especiería y el algodón entre las riquezas propias de las tierras descubiertas. El afán esclavista reapareció en el Memorial que dirigió a los reyes católicos desde la Isabela, el 30 de enero de 1494: “lamentaba en él la carencia de intérpretes y avisaba el envío a España de hombres, mujeres y niños y niñas para que fueran puestos en poder de personas que les enseñaran la lengua castellana “ejercitándolos en cosas de servicio y poco a poco mandando poner en ellos, algo más de cuidado que en otros esclavos por que dependían uno de otro y la respuesta fue muy rápida para enviar indios esclavos. La Corona en un principio ordenó al obispo de Badajoz se vendieran los indios de preferencia en Andalucía, más la justificación de este traficó surgió pronto y los reyes mandaron al propio obispo que aplazara el producto de la venta porque deseaban informarse de letrados, teólogos, canonistas si con buena conciencia se podían vender o no, o compradores no sabían nada al respecto”.269 La respuesta de los reyes fue, en términos generales, contraria a que los indios fuesen declarados esclavos, pero esta actitud antiesclavista no fue absoluta; por ejemplo, el 20 de junio de 1501, se reconoció el estado de esclavitud de un indio tomado por Diego Prieto a Vicente Yánez Pinzón y hubo otras casos similares.
Todos los autores consultados afirman, que en términos generales, los esclavos americanos no tenían las características de los esclavos europeos, lo que nos permite concluir que se trataba de un régimen semiesclavista pues estos “esclavos” recibían, en gran medida, un tratamiento paternalista pues podían convivir con sus patrones al habitar sus mismas casas residenciales, podían adquirir, poseer y administrar bienes, podían casarse sin que sus descendientes fueran también esclavos y en general podían recuperar su libertad si tenían disponible una cierta cantidad de dinero y si había una “buena disposición” de sus amos. Si comparamos este tratamiento general que se daba a los americanos con el que recibían, por ejemplo, los esclavos negros que eran capturados en distintas regiones de África, afirmaremos que recibían un tratamiento más benevolente. ¿Eran diferentes los encomenderos españoles de los propietarios de las plantaciones de origen holandés o francés? No. De lo que se trata era de un asunto más bien práctico, pues los encomenderos en la Nueva España necesitaban en forma vital el trabajo de los indígenas ya que de otra manera fracasarían sus cultivos y para ello era indispensable conservar la mano de obra indígena. En consecuencia, no podían, siendo sensatos y objetivos, aplicar castigos muy crueles que propiciaran que los indígenas huyeran en masa o que en otros casos fallecieran, aunque de todas maneras dicho fenómeno se presentó, pero no con la gravedad que se registró en otras colonias, de otras naciones europeas, en que casi desapareció la población indígena.
“…les faltaban muchas condiciones para ser esclavos porque los esclavos de la Nueva España tenían peculio adquirían y poseían propio y no podía ser vendida sino con las condiciones que abajo se dirán, el servicio que hacían a sus amos eran limitados y no ordinarios y los que servían como esclavos casándose o habiendo servido algunos años, o queriéndose casar, salían de la servidumbre y entraban otros sus hermanos y deudos en su lugar, también había esclavos hábiles y diligentes que, además de servir a sus amos, mantenían casa con mujer e hijos y compraban esclavos y esclavas de que se servían y sus hijos nacían libres, todas esas condiciones faltan a lo que las leyes dan para siervos y esclavos”270, y en todo lo demás seguía la descripción que al respecto hizo Motolinía.
Las condiciones de esclavitud en La Española y en Cuba eran muy parecidas a las clásicas, es decir, a las prevalecientes en los distintos países europeos pero el costo que pagaron los españoles fue muy alto: fue aniquilada la mayor parte de la población y al suceder este fenómeno se perdió su principal fuerza de trabajo, lo que ocasionó una disminución muy drástica de la producción y la retirada de muchos hispanos que se regresaron a su patria sin haber alcanzado ninguna de sus perspectivas de mejoramiento económico y social. Las descripciones que hizo Las Casas del tratamiento que hicieron a los indígenas confirmó que se emplearon métodos de fuerza y de violencia extremas también en la primera etapa de la Conquista de México, sobre todo pero una vez que se adentraron en el Valle de México, surgieron las encomiendas y los repartimientos ese tratamiento fue suavizado o diversificado pues era necesario hacer un uso óptimo de la mano de obra indígena y pronto se persuadieron que los métodos o actos radicales, entre ellos, el esclavizamiento de los indígenas, no producía los efectos económicos y sociales que se deseaban y que era imprescindible adoptar procedimientos más “civilizados”, más “cristianos” y que no produjeran la muerte en masa de los indígenas. Contribuyeron a esa modificación táctica, desde luego, los reiterados pronunciamientos de los Reyes en el sentido de que estaba estrictamente prohibida la esclavitud de los indígenas por lo que esa institución no tuvo vigencia, desde el punto de vista jurídico o formal.
Narró Las Casas las atrocidades cometidas en la isla de Cuba hasta llegar a la “pestilencia de la esclavitud” pero tratándose de la tierra firme, de la Nueva España empezó por describir la feroz matanza que los españoles cometieron en Cholula y después denunció los excesos y los abusos que se registraron en la edificación de la ciudad de México en que se utiliza el trabajo de miles de indios” sin pagarles nada, ni darles de comer que de hambre se caen muertos súpitamente y el no se dirá por ello nadie de los mayordomos hicieron muchas crueldades y tormentos nunca oydos para sacar a los indios oro y tributos; un mayordomo mató muchos indios ahorcándolos y quemándolos vivos y echándolos a perros bravos e cortándoles pies y cabezas e lengua “e hizo alusión a las matanzas que se habían provocado durante las conquistas de Pánuco y Xalisco, así como en Yucatán también muchos indios e indias fueron martirizados, así como sus hijos, sobre todo por el uso que los españoles hicieran de los perros bravos, lo que originó que muchos indios mataran a varios frailes.271
Estas prohibiciones, con las salvedades ya señaladas con anterioridad, desde luego no impidieron la importación de esclavos negros que venían procedentes de distintas regiones de África, en donde eran capturados como si fueran animales, llevados a una serie de puertos de embarque, cargados de cadenas y grilletes, marcados con hierros candentes para demostrar que era una cosa, un objeto, que tenían un propietario y después trasladados hacia varios países de América, mediante una serie de convenios que se tenían suscritos con la Compañía Holandesa, que se encargaba de organizar esas ventas. Entonces se fijaron montos de esclavos, edades, sexos, pero sobre todo, precios. Siguiendo con la instrucción que ya se había dictado, al llegar a la Nueva España eran vendidos o “colocados” a varios grandes propietarios, los cuales los utilizaban para trabajar en las regiones de climas húmedos y cálidos, o semihúmedos y cálidos, sobre todo en las regiones productoras de azúcar, en la minas y en la recolección de perlas en arroyos y ríos. Había el temor de que estos individuos se identificaran en sus sufrimientos y penalidades con los indígenas americanos y eventualmente formaran una serie de asociaciones de colaboración y ayuda mutua, que pudiera desembocar en una serie de protestas y sublevaciones por lo que los españoles trataron a toda costa, desgraciadamente lo lograron, que no se mezclaran, que se mantuvieran como grupos humanos separados, no obstante que compartían la misma explotación común y que incluso se sembraron odios y rencillas entre ellos, para que no se pudieran coaligar en ningún caso.

En el contexto general, los indígenas representaron el sector mayoritario y decisivo en la mayoría de las actividades productivas, en forma señalada a la agricultura, la minería, la ganadería y la industria manufacturera, después ya sea como cultivadores, oficiales, artesanos y operarios. En tanto, los negros esclavos estaban ubicados sobre todo en las minas, el comercio, los obrajes, algunos oficios y en el trabajo doméstico, sirviendo en las casas residenciales de los españoles. Casi no los había trabajando en las actividades agrícolas, en las que predominaban los indígenas. Aunque unos eran esclavos y otros eran vasallos libres, las condiciones de trabajo y de subsistencia no eran notoriamente diferentes lo que ratifica que las razones o los fundamentos de carácter jurídico no eran tomados en cuenta cuando se decidía la implantación de las condiciones de explotación. En todo caso, la diferencia era de grado, de forma y no de esencia pues, por ejemplo, los malos tratamientos, los atropellos, los castigos, las vejaciones eran sufridas de manera común por todos.


Otras actividades que realizaban los negros y que describió Banda, eran los efectuados en las plantaciones de azúcar, café, algodón, también y otros productos agrícolas, destacándose su presencia en la industria azucarera y siendo empleados sobre todo en la zonas calientes de Veracruz, Guerrero, Oaxaca; también se desempeñaban como músicos o zapateros, en otros gremios como los de los fabricantes de espadas, en la alfarería se les limitó su participación prohibiéndoles que formaran una asociación de artesanos, pero participaron muy activamente en la construcción de obras públicas para evitar inundaciones en la ciudad de México y en este trabajo” se les imponía jornadas muy largas y pesadas, lo que motivó que muchos murieran de fatiga o por algún accidente. El cargo de capataz fue uno de los trabajos que desempeñaban y se encargaban de cuidar las cuadrillas de trabajadores indios dentro de las haciendas de españoles. Otros negros eran utilizados por los gobernantes para obligar a los indígenas a comprar un permiso para poder vender sus mercancías dentro de los mercados, lo cual favoreció a sus dueños”.272

Esta similitud en el tratamiento humano que experimentaban los negros esclavos y los vasallos libres permitieron simular que en la primera etapa de la colonización y de la conquista los servicios que prestaban a los españoles eran gratuitos, es decir, no pagados, pero nosotros pensamos que era así por el uso de métodos coercitivos muy duros que les obligaban a hacerlo. Los primeros, por una razón elemental, pues habían sido adquiridos por sus propietarios y estaban irremisiblemente condenados a trabajar sin remuneración alguna, salvo los regalos y donativos que recibían de parte de los amos, sobre todo en las residencias familiares y las segunda, lo hacían por la fuerza en contra de su voluntad, pues por su naturaleza jurídica se les debía pagar sus servicios, cosa que sucedió posteriormente. Al no ser retribuidos en su esfuerzo personal, al ser llevados literalmente por la fuerza a las minas y las estancias de ganado con el auxilio imperativo de los calpixques, al infringírseles castigos físicos y corporales muy crueles, era muy difícil distinguir entre los esclavos propiamente dichos y los vasallos libres. En rigor y utilizando un termino de carácter técnico, los vasallos libres eran semiesclavos pues tenían condicionado el ejercicio de su libertad individual, aunque gozaban de capacidad de movimiento ya que no necesariamente realizaban sus actividades enclaustrados.


“El primer sistema de trabajo en Nueva España tuvo por base hasta mediados del siglo XVI, la esclavitud de los indios, que se empleaban de preferencia en las minas, y otras faenas duras y los servicios personales se daban por concepto de tributación en las encomiendas. Ambas eran formas de trabajos gratuitos porque el esclavo no había que pagarles salarios y por otra parte, aquellos servicios que en un principio recibieran aquellos encomenderos estaban fundados en la idea de que los indios en sus encomiendas por ser vasallos, debían pagar tributo y como parte de él daban su trabajo personal, de manera que tampoco era una forma remunerada de trabajo”.273 Pero después ya en la administración de Velasco que estableció un tipo de trabajo libres, sujeto a un salario y con una tarea moderada, pero se estableció que “los indios no se presentaban a trabajar, el gobierno, a través de sus funcionarios, se los obligaron a ella y por ello se estableció el sistema por tandas, el llamado cuatequitl o alquiler forzoso.
El trabajo forzado era de hecho, en la práctica, un trabajo esclavo pues todos los indígenas estaban obligados a presentarse a trabajar ya que de no hacerlo eran detenidos y encarcelados. Además, no había pago salarial alguno, lo que confirma la tesis que estamos manejando. Los indígenas no estaban en aptitud de decidir libremente si trabajaban para un español o no y tampoco podían seleccionar las condiciones en que lo hacían. Ellos simplemente eran ubicados, señalados, capturados, por medio de la fuerza como sucedió en el África, eran condicionados, amarrados a los sitios de trabajo en donde estaban estrecha y permanentemente vigilados y se les imponía en estas condiciones brutales que negaban su personalidad y su voluntad, la carga de trabajo correspondiente.
Dijo Reynoso Medina que la presencia de esclavos africanos a partir del último cuarto de siglo XVII comenzó a ser superado por los reos y asalariados, por ejemplo, al morir alguno de ellos no fueron sustituidos por otros pero había un gran déficit en su oferta. “La vejez o enfermedades asociadas a las epidemias de la época son las causas más frecuentes, anotadas por los párrocos; ocasionalmente, se registran asesinatos como causa directa o las muertes repentinas, en tanto que la masa asalariada era ya más barata que los esclavos y por tanto mayormente competitiva en el mercado laboral y de esa manera los indios de repartimientos constituyeron hasta el momento de su prohibición en 1632 el grueso de la fuerza de trabajo empleada no solo en el obraje sino también en las otras dos grandes empresas económicas de la época: la minería y la industria azucarera. La práctica del trabajo forzado evolucionó al libre asalariado. El indígena debía acudir al trabajo que eligió para alquilarse, discutir con el patrón su salario in que este pueda en ningún caso bajar del mínimo fijado por la ley de 1601 y no ser obligado al trabajo por adelanto de dinero o secuestro. Los asalariados se constituyeron en el segundo grupo de trabajadores de los obrajes, personas libres que acudían a trabajar por días cobrando un salario”.274
Los esclavos eran concebidos instrumentos de trabajo, al lado de los aperos de labranza, de las herramientas, de los medios de producción y por ello formaban parte de las fuerzas productivas en una determinada rama de la producción. En el mercado se podían comprar, así como se adquiría una coa, una pala, una azada, pero eran más valiosos que estos instrumentos que podían ser objeto de un uso diversificado, según la edad, y las condiciones de salud. Era muy importante por lo tanto, que estuvieran en condiciones de salud adecuadas, tuvieran, desde luego fuerza física suficiente para realizar tareas muy pesadas, fatigosas, caminatas muy largas, que pudieran soportar calores intensos y fríos extremos sin enfermarse, comer en forma ligera, contar con dentadura sin caries y otros requisitos físicos. De todos estos requisitos, el de la edad, era quizá el más importante pues ello indicaba que el esclavo serviría a su amo por largos años y por lo tanto la inversión que se hizo al comprarlo, arrojaría un saldo muy redituable. Los esclavos eran exhibidos en las plazas públicas, como sucedió con los tlacotines, en donde tenían colleras y agallas para que no escaparan y así estaban a la vista de todos, de la misma manera que se exhibirían los animales y plantas para traer las miradas de los posibles compradores. También existía la pérdida de la libertad cuando el individuo tenía una deuda y no podía pagarla y entonces era llevado a una prisión y en ella podía ser comprado por otra persona y al quedar libre trabajaba con su nuevo amo. También existía esta modalidad en la época prehispánica.
En materia de negros esclavos, se acordó que los esclavos que huyesen fueran reaprendidos, su propietario pague el hallazgo correspondiente y no haciéndolo, pasado el mismo día, se venda en la plaza pública y se entregue a la persona que lo comprare y descontado el precio de lo que hubiese del hallazgo y costos que se hubiese hecho, se entregue lo restante a su amo. Que si el esclavo preso lo fuere por deuda de su amo o embargado por otro delito, se notifique a dicho su amo luego que se le venga a defender y señale procurador con quien se siga la causa y si no lo hiciere se lo nombre Juez de ello y ejecutada la pena en que fuere condenado el tal esclavo por el delito, el mismo día se entregue al dueño, de manera que no se quede en la cárcel por los costos que se hubieren hecho. Y no los queriendo pagar su amo se venda el esclavo y de lo procedido se pague; que todas las personas de cualquier calidad que sea, que pretendiera, estén presos en las cárceles con grillos a los pies y no se les quiten ni sean sueltos de manera alguna, hasta que el pelito que se traiga sobre la espera, se sentencie y determine en grado de revista”.275
Primero los reyes prohibieron de una manera clara, tajante, categórica la esclavización de los indígenas, pero después vinieron sus excepciones lo que abrió las puertas para hacer nugatorias las primeras disposiciones pues bastaba que un grupo de indígenas manifestaran su rebelión o su franca oposición a los programas de la conquista y la colonización para que fueran hechos cautivos, herrados, hechos prisioneros y sometidos a la esclavitud, si bien esto no asumió la característica de lo que ocurría en África. Fue relativamente sencillo que hubiera suficientes causales para que en unos determinados meses de la Nueva España se declarara la llamada “guerra justa” mediante la cual por ejemplo, el sanguinario Nuño de Guzmán, asolara la región de Pánuco, impusiera inmensos tributos e hizo esclavos a muchos de sus habitantes. Era muy difícil que a miles de kilómetros de distancia se pudiera saber si los conquistadores se habían apegado o no a ese tipo de guerra, a sus requisitos formales, a través de los cuales se legitimaban las acciones más oprobiosas y antihumanas, entre ellas se implantó la esclavitud americana con sus propias y específicas características. Desde un principio, los monarcas fueron informados de los excesos, abusos y atropellos que sufrían los indígenas, pero carecían de representantes idóneos para hacerlos corregir y las instituciones de vigilancia de la aplicación de las leyes y de procuración de justica, no existían, o en el mejor de los casos estaban en la etapa de maduración, como la Procuraduría de los Indígenas, que pronto fue burlada por los encomenderos en el cumplimento de sus elevados propósitos.
En el mes de noviembre de 1526, el Emperador y doña Juana, su madre, mandaron que “de aquí en adelante no se consienta ni de lugar que alguno o algunas personas, de cualquier estado, condición y calidad que sea, puedan tener por esclavos indio alguno, libre natural de aquellas tierras, ni lo hierren por tal ni las personas que tuvieren pueblos encomendados pedir a los pueblos ni a los caciques, ni a los señores de ellos, indios algunos para servirse de ellos por esclavos ni herrarlos para que parezca que lo son, o deben ser ni para otra cosa alguna, salvo para servirse de ellos como de hombre libre de su voluntad y pagándosele y cuando alguna persona se hubiese de herrar y declarar por esclavo sea en presencia del gobernador y oficiales y precediendo primero de bastante información a las diligencias que se requieren y no de otra manera”.276 El 30 de noviembre se emitió otra ordenanza en la cual se abría la posibilidad de que hubiese esclavos a “justo título y de que se podía herrar con licencia y mandado de la dicha justicia y con hierro y señal conocidos”.277
Se afirmaba que cuando los indígenas oponían una resistencia determinada a ser conquistados y sus tierras a ser colonizados, se les podía declarar la guerra a “justo título”, es decir, se trataba de una guerra justificada. Por lo tanto, en esas condiciones, podían ser hechos esclavos. Una de las aberraciones más infamantes que permitieron los Reyes fue la de aplicarles un hierro candente ya sea en la cara, en el cuello, para confirmar, mediante una señal que quedaba grabada en forma indeleble en la piel, que tenían un propietario. Al igual que sucedió con el herramiento de los caballos en la rama de la ganadería, en una oficina de conocidos escribanos o notarios, estaba el registro de todos los sellos de los propietarios a efecto de que no se prestara a confusión y no se causaran conflictos por los litigios de propiedad, los esclavos eran tratados aquí como animales. Poner el hierro candente era, además, un evidente acto de sometimiento y de prepotencia pues en muchos casos se solía hacer en un acto público en el cual se podía manifestar que un propietario tenía más esclavos que otros lo que era un signo de riqueza y de poderío. Una vez terminada la ceremonia de maltrato físico y de humillación, los esclavos, iban por las calles, amarrados y con colleras y argollas lo que era una muestra ostensible de su situación social.En esta recopilación se reafirmó que los indígenas entregados bajo el régimen de las encomiendas, no eran entregados a los usufructuarios como esclavos sino solo como trabajadores que iban a prestar algunos servicios para generar tributo. Por lo tanto, no podían ser objeto de ninguna operación de compra-venta, que era precisamente la principal característica de los esclavos negros. Ello indicaba que aquellos encomenderos que no habían quedado satisfechos con las dotaciones de indígenas que les habían asignado, al igual que sucedió con los repartimientos, no podían comprar en el mercado a otros indígenas, aunque estos estuvieran “vacos”, es decir, que no estuvieran bajo ninguna otra encomienda. En los contratos que hemos examinado, los encomenderos incluían el número de indígenas que tenían pero concebida como masa de trabajo dedicada a la producción y no como personas individualmente consideradas. Los únicos que sí podían vender entre los encomenderos eran los esclavos que tenían un régimen jurídico muy distinto.
En el libro VI, título II, de la Recopilación del año de 1681, se reglamentó la llamada libertad para los indios, partiendo de la consideración fundamental de que ninguna persona los podía tener como esclavos. Por lo tanto se castigaban “severamente” a los encomenderos, que vendieran a los indios como tales y el mismo tratamiento se dará a los caciques y principales; que no se enajenen ni se pongan en venta por ningún título para trabajar en las haciendas; se ordenó un trato diferente y privilegiado a los indios de Tlaxcala “porque fueron los primeros que recibieron en la Nueva España la Santa Fe Católica”; que los indios de Tlaxcala no fueran apremiados a servir a otra parte.278
Hasta para fines de instrucción religiosa los españoles trataron de evitar que los esclavos negros, los mulatos y los indígenas concurrieran a los mismos actos y ceremonias. Aquí se sentaron las bases de la constitución de una sociedad perfectamente estratificada, mediante el sistema de castas impenetrables la cual se fue ampliando y consolidando hasta el estallido de la guerra de independencia. Pero muchos esfuerzos segregacionistas fracasaron ya que los españoles necesitaban como el aire que respiraban tanto a unos y a otros y por lo tanto tuvieron que coexistir con ellos en las mismas ciudades pero en barrios diferentes. Ellos deseaban tener en una disponibilidad inmediata de mano de obra que requería tanto la construcción de obras públicas, como de obras sociales o de particulares y estando muy lejos de las zonas residenciales esta disponibilidad se dificultaba o se hacía imposible. Por ejemplo, construyeron templos exclusivos para españoles y para indígenas tratando de que aquellos asistieran a las ceremonias religiosas en las parroquias de su jurisdicción, pero después en los mismos templos, en lugares separados, estando precisamente los españoles adinerados con sus correspondientes acompañantes de esclavos y otra a los indígenas; lo que los distinguió era desde luego, las formas de vestir, que era el signo exterior más ostensible de la pobreza y la riqueza.

En materia religiosa había ciertas facilidades para los indios y los negros, según la Recopilación del año de 1681 pero pues se estableció que los esclavos, negros y mulatos fueran instruidos en la fe católica, que los indios pudiesen concurrir los domingos a escuchar misa y aprender la doctrina, que los encomenderos que tuvieran indios infieles se les enviara cada mañana a la doctrina, que se prohíba la realización de averiguaciones como la relativa al pago de diezmos, cuando los indios estuvieran en misas o en fiestas, que los indios, negros y mulatos no trabajen los domingos ni los días de guardar, que a los indios que se bautizaran no se les corte el cabello, entre otras disposiciones.279


Efectivamente, tenía razón Ramírez: para tener esclavos, se requería tener un excedente económico importante ya que de otra forma sus propietarios no habrían tenido dinero para adquirirlos y para otorgarles los elementos mínimos para su subsistencia y reproducción. Lo malo que les podía pasar a los propietarios era que los esclavos enfermaran, y por ende, ya no pudieran trabajar o en el peor de los casos fallecieran pues entonces perdían las inversiones realizadas. Los esclavos tenían que ser alimentados, vestidos, darles un alojamiento, aunque fueran muy precarios, pero los vasallos libres no tenían asegurados, de parte de sus explotadores, ninguna de esas condiciones. Los indígenas vivían en las casas que en forma secular habían tenido, que ellos mismos habían edificado, seguían habitando sus antiguos calpullis, tenían sus propias sementeras y producían sus propios alimentos con los cuales se mantenían y reproducían ellos y sus familias. Si se enfermaban se curaban con los medicamentos derivados de la herbolaria. Por lo tanto todos estos gastos no los hacían los propietarios lo cual implicaba una ventaja económica muy grande. En consecuencia y hablando en términos muy sencillos diremos que los vasallos libres eran “más brutos” que los esclavos negros, que para este efecto eran considerados mercancías importadas.
Dijo Ramírez que durante muchos años los virreyes y otros funcionarios habían engañado al rey Felipe II al no cumplir con la cédula que le enviaba para eliminar ese tratamiento injusto a los indios y concluyó que en realidad la situación de los indios era peor que la de los esclavos porque “al esclavo su amo y señor le da de comer y de vestir y si cae enfermo le procura cura y medicinas, pero a los indios que sirven no les dan de comer los españoles, ni de vestir, menos curan de ellos si están enfermos y el jornal que les ha dado hasta ahora, aunque sea de un real, no ha sido ni es al presente suficiente precio para solo comprar la comida que han de menester, por haberse subido tanto y valer tan caros los mantenimientos pues con un quartillo ni con medio real ni aun con uno al día hoy no puede comer el indio bastantemente y mucho menos llevar a su casa algo para su trabajo y aun no dándole de comer, el indio sirve de balde” y finalmente postuló la necesidad de que los indios y españoles se concertaren libremente y que por lo tanto no se les debería aplicar un solo jornal.280

En distintas épocas, los esclavos negros costaban entre 200 a 400 pesos oro, cantidad que era muy elevada para los propietarios pues se requería adquirir varias “cabezas” y no una sola, ya que de otra suerte la inversión no sería redituable. Ellos fueron muy útiles en los obrajes o en los pequeños talleres de manufactura pues eran “disciplinados”, “callados”, “abnegados” y por lo tanto, eran los más indicados para permanecer encerrados por largos periodos de tiempo, realizando las tareas mecánicas y repetitivas que había en esos establecimientos. En los trapiches y en los molinos podían permanecer muchas horas sufriendo el calor de los hornos y de las calderas “sin chistar” como si hubiesen caído sobre ellos una maldición eterna. Operaban el síndrome del esclavo por medio del cual ellos admitían su triste condición como si fuera una fatalidad histórica y social; muchos de ellos habían sido capturados siendo niños, habían sido arrebatados del seno de sus familias, habían sido llevados a tierras ignotas, pero conservaban todavía algunos valores comunitarios. Hijo de esclavo era también esclavo, de modo que su existencia futura, llena de desgracia, estaba predeterminada.



Hernández hizo alusión a la ordenanza del virrey Gaspar de Zúñiga y Acevedo que por una parte prohibía el trabajo de los indios en los obrajes y por el otro trataba de obligar a sus propietarios a que adquirieran esclavos negros “pero esta ordenanza no se cumplió al pie de la letra debido al precio elevado, hasta 400 pesos oro común, del esclavo negro lo cual requería un desembolso inmediato de una suma considerable y por lo tanto se realizaban grandes reclamos sobre esta disposición ya que para mantener un taller de esta naturaleza se necesitaba alrededor de 40 trabajadores para un taller pequeño, y 100 para un taller grande. La mano de obra negra no fue determinante en los obrajes, los españoles se lamentaban ante las autoridades virreinales que los negros se morían por enfermedades o pestes y solicitaban se les diera licencia para utilizar indios contratados ante un juez real, argumentando, además, que el indio ya tenía conocimiento de la labor, mientras el negro necesitaba un largo periodo de aprendizaje”. Ya en los obrajes, a los negros se les utilizaba como porteros o tejedores. 281
Al igual que se equivocaron con los vasallos libres a los que consideraban como individuos con aptitudes intelectuales y físicas muy disminuidas y por lo tanto les trató de constreñír a que solo se dedicaran a desempeñar algunas tareas, con los negros también lo hicieron y les impidieron, en una primera etapa, que pudieran participar entre las fuerzas de trabajo de los gremios industriales. En general, las Ordenanzas de la materia eran por esencia discriminatorias y exclusivistas, trasladando una serie de preferencias y de privilegios a los operarios y a los maestros españoles, pero las propias realidades sociales, abrieron esas posibilidades a los indígenas nativos y a los negros que así demostraron que estaban tanto o más, capacitados para desempeñar esos menesteres. Los gremios registraron una apertura también debido a que esos trabajadores eran más baratos que los hispanos y por lo tanto podían abatir los costos de producción. Por ejemplo, podían “adquirir” mano de obra a bajos precios si lograban adquirir las deudas que habían contraído algunos prisioneros o bien si algunos de ellos eran asignados a esos establecimientos para que compurgaran sus penas.
En cuanto a la participación de los negros libres o esclavos en los gremios, Hernández Morales que las ordenanzas lo incluían con la posibilidad de convertirse en oficiales y que aquellos podían serlo pero en un plazo mayor que el ordinario y así tenía acceso a los distintos gremios entre los 12 a 22 años de edad, mientras las ordenanzas marcaban la edad entre 9 a 18 años “pero no podía ejercer el grado de maestro en forma independiente so pena de multas que iban desde los 10 hasta los 100 pesos oro común y solo podían ejercer el oficio bajo la tutela de un maestro español. El negro buscó la manera de introducirse a los gremios que el mismo español permitió, los cuales eran oficios paupérrimos como el de zurrador y zapatero o en las actividades que el blanco desdeña, como los de sastre y caldereros, sin perder por supuesto el control económico de los gremios ya que se les prohibía a los negros tener tienda u obrador y tenían que estar sujetos al cuidado y la vigilancia del español. El amo era el que colocaba a su pequeño esclavo en un oficio porque al termino de su aprendizaje lo podrían alquilar…”.282
Tanto la legislación como la práctica social preferían a los trabajadores jóvenes, siendo esta una tradición prehispánica; así como excluían del régimen tributario a los ancianos mayores de 60 años o también lo hacían con los indios encomendados y los sujetos a repartimiento, así como los esclavos. Un esclavo viejo o enfermo era un contrasentido pues los amos sabían que ya no podría trabajar por estar lleno de dolencias, que tendría cada vez más enfermedades y que pronto fallecería. En cambio, los jóvenes hombres podían desempeñar múltiples actividades agrícolas, ganaderas e industriales; lo mismo podían estar aptos para trabajar en los campos de labranza de trigo, que en las haciendas azucareras o en los obrajes, con la ventaja de que podían ser educados y formados en los valores y las costumbres de la sociedad colonial y que incluso podían ser trasladados, a otros territorios a donde se requerían sus servicios. Había otra ventaja: eran solteros, de 18 a 23 años y por ello todavía tenían una vida laboral muy larga y por lo tanto las inversiones que habían hecho al adquirirlos, podrían ser recuperadas con creces. En lo que concernía a las mujeres ocurría un fenómeno similar pues podían trabajar no solo en el servicio doméstico, que era un destino casi natural, sino hilando prendas de vestir para sus amos.
Hernández describió algunas de las ventajas que tenían los esclavos negros: podían ser desplazados de una zona a otra, en cambio los indígenas no podían pasar de una zona fría o cálida o viceversa; no había lazos de lenguajes, ni culturales ya que provenían de distintos lugares y se preocuparon por evitar que se vincularan con los indígenas, el esclavo negro dependía totalmente sin la voluntad su amo; había una “supuesta superioridad” étnica del negro sobre el indígena. “En cada carga de esclavos se debía traer una octava parte de esclavas. La Corona española favorecía la entrada de esclavos negros debido a que los negros abusaban de las indias. En las ciudades, la cantidad entre hombres y mujeres se diferenciaban mínimamente. La edad se calculaba usualmente. Al esclavo le examinaban el vello de las axilas y pubis, al desarrollo dental y su estructura. Los esclavos entre 16 a 20 años. Los esclavos jóvenes presentaban la posibilidad de adaptarse más fácilmente a la nueva cultura. La gente joven tenía mayor garantía de vida y resistía el trabajo, la explotación del esclavo joven proporcionaba mayor rentabilidad del dinero invertido”.283
Los precios de los esclavos estaban sujetos a las fluctuaciones de la oferta y la demanda, como cualquier otra mercancía, como sucedía con cualquier otro mercado de bienes o de mercancías, a lo que se añadió una serie de factores económicos y sociales, propios del crecimiento de la población de la Nueva España, de la complejidad que tenía la estructura económica y de la creciente aparición de nuevas profesiones y oficios, así como la diversificación de los mismos. Trataron de ser un factor de introducción de mano de obra que era necesaria pero suplementaria en relación con otros grupos laborales, hasta devenir en un sistema obsoleto desde el punto de vista económico, una vez que se implantó como norma general, por los borbones, la política de libre cambio de mercancías, bienes y personas. Los precios estaban elevados en una etapa, que correspondía al auge que tenía la minería, la ganadería, la producción azucarera y a las múltiples restricciones que le imponían los virreyes a la contratación de mano de obra. Un fenómeno similar ocurrió con el declive de los repartimientos: la mano de obra asalariada fue ganando terreno en todas las esferas de la economía novohispana y en esa medida retrocedieron las formas arcaicas del trabajo forzado; de toda suerte que era más sencillo y barato “contratar libremente” a un trabajador que realizar una serie de inversiones que podían ser ruinosas. Se presentó un periodo en que muchos esclavos eran vendidos de un propietario a otro sobre todo cuando ya pasaban los 35 años de edad, pues correspondía a un declive de su capacidad productiva.
En los estudios que hizo Hernández Morales, se registró que variaban los precios de los esclavos de uno y cinco años fue de 200 pesos, de 6 a 10 años subió a 250 pesos, de 11 a 15 años hasta 361 pesos y los esclavos vendidos entre 16 a 20 años de 30 a 400 pesos y de los 26 años en adelante la tendencia era hacia la baja y por ejemplo un esclavo de 40 años tenía un valor promedio de 292 pesos, mientras los esclavos de 50 años costaban 52 pesos. Precisó que durante el periodo de 1565 a 1595 el precio de los esclavos fue de 455 pesos y en la siguiente década, 1615-1625, hubo una caída de precios siendo su costo de 388 pesos, en 1635 fue de 370 pesos y en 1660 bajó a 247 pesos.284

La actividad negrera siempre estuvo sujeta a normas mercantiles como si los capitanes de los buques transportaran mulas, caballos y otros y también a las variaciones, riesgos y peligros de una función que implicaba capturar seres humanos. Se pretendía que la entrega de esclavos fuese compatible con las necesidades de mano de obra de la Nueva España y de las demás colonias, pero no siempre se cumplía con esta condición básica pues no siempre se capturaba el número de negros que eran solicitados. En virtud de que se realizaba un largo y accidentado viaje desde las costas de África hasta las costas de América, un buen número de esclavos morían en el trayecto, aunque los capitanes, que a su vez tenían participación económica en los intercambios, trataban de asegurar un mínimo de alimentos para que soportaran la travesía. Venían encadenados en galeras, hacinados en medio de la suciedad y la promiscuidad, por lo que era frecuente que contrajeran enfermedades y murieran por ellas. Eran los cadáveres echados al mar, lo que significaba ya de por sí que el cargamento no llegaría completo a su destino y por lo tanto se registraban sensibles pérdidas económicas. Estas eran algunos de los riesgos económicos de las empresas, lo que no sucedía con los vasallos libres, en donde siempre había una gran disponibilidad de mano de obra.


Escribió García de León que la Compañía Real de Inglaterra obtuvo en marzo de 1713 la autorización del gobierno español para introducir en sus dominios, por un periodo de 30 años, 144 mil esclavos negros, a razón de 4,800 anuales, que tendrían una medida real de 1.60, no serían viejos ni defectuosos, pagaría 33 pesos escudos de plata y un tercio, pero además obtuvo la compañía el permiso para conducir un navío con 500 toneladas de artículos ingleses a los puertos de Veracruz, Cartagena y Portobello. “Los buques debían ser capaces de transportar y mantener vivos el número de esclavos contratados y cruzar con ellos el Atlántico, procurando hacerlo en las mejores condiciones para asegurar la carga. Generalmente la compañía contrataba para pagar al dueño del barco una determinada flota por un número dado de esclavos. Una vez enrolados la transportación proveía los bienes a ser intercambiados por esclavos en África, proporcionaban las provisiones para los cautivos y la tripulación que serían consumidos durante el viaje. La compañía procuraba que los capitanes de cada barco se responsabilizaran de la seguridad de la carga humana. Es por ello que en 1715 la compañía decidió que cada capitán de buque enlistado podría recibir cuatro esclavos como comisión en cada 104 que entregara vivos, sanos y salvos. Esto motivó a los capitanes a tratar más benevolentemente pero aun así los esclavos caían víctimas de enfermedades contagiosas agravadas por la pobreza de la dieta, que incluía tabaco, aceite de coco, carne de res y bebidas espirituosas. Los esclavos debían de preferencia ser entre 10 y 30 años y en la medida de lo posible, es proporcionalmente la misma cantidad de hombres que de mujeres”.285

Velázquez, al referirse a la esclavitud en España y en la Nueva España, informó que se basó en las famosas Siete Partidas del rey Alfonso, El Sabio y que aunque se basaban en las leyes romanas y visigodas “eran más tolerantes ya que tenían la influencia del cristianismo y también de las prácticas y costumbres musulmanas en relación con esta forma de sometimiento. Permitió, entre otras cosas, que los esclavos se casaran en contra de la voluntad de sus amos y siendo esto entre esclavos de distinto amo, debía procurarse ante un juez y se permitía a los esclavos heredar propiedades, así como adquirir la manumisión y tener el derecho a comprar su libertad”.286 Dijo que aunque la iglesia condenaba teóricamente la esclavitud no había hecho nada para evitar el tráfico. Entre ellos destacaron las ideas del dominico Fray Domingo de Soto, profesor de Segovia y Salamanca, para quien era totalmente injusto someter a la esclavitud a una persona que había nacido libre, que había sido capturada mediante el fraude o que se había mostrado en el mercado ilegal y solo hasta 1839 el Papa Gregorio XVI dictó una bula explícita condenando la esclavitud y aunque había ilustrados que la condenaban y la denunciaban “también otros la explicaban y la justificaban, sobre todo si eran africanos”.



Según testimonios de Silvia Zavala, el trabajo esclavo era un trabajo excedente o complementario respecto de las demás formas de trabajo, destacándose el trabajo por deudas y el trabajo libre, pero pasado el tiempo, el trabajo libre (con todas las ataduras y formas de coerción que tenía este) fue el principal ingrediente y lo mismo se manifestaba en las haciendas que en las minas, o en los obrajes. La alta dirección de la iglesia justificó desde el punto de vista ideológico la compra y venta de personas pero sobre todo su utilización masiva en las encomiendas, en el pago de tributos y en general en los trabajos forzados. El trabajo esclavo le beneficiaba económicamente como institución y por ello con un absoluto desprecio por la vida humana, avaló esa práctica durante muchos años. Pero en la medida en que las ideas humanistas se extendiera en Europa y desde luego, penetraron en la iglesia o en algunos sectores de esta, la ideología esclavista fue perdiendo terreno, para avanzar en el reconocimiento de la libre contratación del trabajo humano.
Aunque en un principio, la iglesia, que se inspiraba en los textos de Tomás de Aquino y este a su vez se fundamentaba en algunos conceptos de Aristóteles, justificó la esclavitud, en poco tiempo rectificó su postura y después la condenó abiertamente en distintas encíclicas, pero en los hechos, la siguió tolerando como una práctica común y corriente en todos los territorios de ultramar. Se partió de la noción de que existía una fatalidad en las sociedades, siguiendo aquí al Estagirita: es decir, había hombres inferiores y hombres superiores, por razones naturales, pues unos hombres habían nacido para mandar y otros para obedecer, unos tenían capacidades intelectuales y físicas plenas y otros las tenían disminuidas y así sucesivamente. Por lo tanto la esclavitud era una institución “normal”, “natural” en la sociedad humana. Pero estas tesis fueron refutadas por distintos pensadores y la dirección de la iglesia encontró contraproducente seguirlas sustentando, sobre todo de cara a la labor de evangelización que existía en América. Los mismos funcionarios eclesiásticos no eran ajenos a esa práctica pues muchos de ellos tenían esclavos a su servicio y se utilizaba mano de obra barata y gratuita, obligada, para construir iglesias y conventos. Jesuitas, franciscanos y otros, tenían en sus haciendas disponibles algunos esclavos que desempeñaban actividades productivas. La institución religiosa tenía pues, una actitud contradictoria, pues por un lado condenaba la esclavitud pero por el otro, miembros de esa corporación la practicaban y se beneficiaban con ella.
Sobre la esclavitud, Gregorio XIV, en su
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