Fisonomías del paisaje nacional en Radiografía de la pampa



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Fisonomías del paisaje nacional en Radiografía de la pampa

Adriana A. Lamoso

Universidad Nacional del Sur

La vastedad de un espacio informe que se impone como el horizonte legítimo del territorio del país, particulariza la interpretación de los móviles ideológicos que configuran a la nación. Los constituyentes de la historicidad local adquieren caracteres de universalidad y se encuentran profundamente determinados por el paisaje. Bajo la mirada de Ezequiel Martínez Estrada, la configuración del mapa nacional revela como un espejo la conformación idiosincrásica de un pueblo condenado al fracaso. El espacio, la categoría ‘pampa’, se despliega y atraviesa, con su inacabable y aplastante extensión, todas las variables existenciales de nuestra nacionalidad y en los rasgos que la particularizan radica la génesis de los problemas socio-políticos y literarios. La construcción lingüística del paisaje local es la primigenia operación legitimadora de la interpretación de los caracteres de la argentinidad.

La llanura impregna su corporeidad tanto a lo concreto como a nociones abstractas. Interfiere en los diversos agentes, fenómenos y niveles de la realidad, como el cataclismo de La inundación, para atraerlos y someterlos a su funesta intervención. Los campos no se constituyen en presencias previas a su inscripción en la palabra, sino que son imaginados, inventados y ficcionalizados a partir de la construcción de un territorio de la representación1. Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo se refieren a las interrelaciones entre texto e ideología en Literatura/Sociedad, donde expresan: “La literatura (...) no refleja “cosas” sino “ideas”, no refleja “actos”, “experiencias”, “prácticas” sino la forma en que el discurso de la ideología se hace cargo de ellos (...) la literatura se define como producción de significaciones y de formas de significaciones, a partir de discursos ideológicos y de la lengua: ésta es el material, aquéllos son los contenidos del texto”2. El universo de las escrituras previas, sus ideologemas3, orientan el diseño de la topología moral. Martínez Estrada piensa al espacio del país condicionado por una compleja red de significaciones que no escapan a lo simbólico y que viabilizan la representación de la argentinidad, en la que la percepción empírica se halla condicionada por el archivo cultural nacional y extranjero.

El significante ‘pampa’ reúne en sí dos connotaciones básicas. Por un lado, transmite la noción ideológica y moral de vacío, que despliega un abanico plurisemántico de significaciones: es la ausencia de civilización, la planicie llana, la inmovilidad de las voluntades, la hegemonía de lo iletrado. Por el otro lado, remite a la noción de destino de los hombres y de los pueblos, consecuencia lógica que se desprende de la variable anterior: todo intento de transplantar una cultura y una civilización constituye un error y es una puesta en abismo de la degradación y la barbarie.

Poner de relieve la constitución geográfica del territorio nacional supondrá transparentar los móviles que explican la deficiente construcción de nuestro país y la raíz profunda de sus males. Si bien el entorno paisajístico preponderante se asienta en la imagen monstruosa de la planicie, existe una construcción simbólica paralela, cargada de huellas culturales, cuya pretensión originaria se asienta en el dominio de ‘la tierra sin historia’4, y en el establecimiento de una dimensión de caracteres opositivos. La gran urbe es otra protagonista de la escena topográfica de la nación, cuya configuración previa en la escritura reproduce el gesto histórico fundacional: su inscripción en el espacio geográfico y en el de la letra inaugura y proyecta el ilusorio discurso ‘civilizador - ordenador’ de los conquistadores y de los letrados sobre la base de la materia informe y del despojo de presencias. Como la pampa, Buenos Aires es el espacio de la representación al que la imaginación letrada carga con una identidad residual propia.

Es posible leer en Radiografía de la Pampa cómo el ideal de la constitución de la nación argentina con rasgos asentados en el transplante de modelos europeos constituye el germen de la deformación, del retroceso, del fracaso. La hipótesis que orienta mi lectura es que la imposibilidad de salvar la precipitación de la moral local en el vacío se condice con la perspectiva del ensayista en la plasmación particular de la topografía local. La configuración de la ‘gran ciudad’ conlleva hecho trizas el proyecto primario de la consolidación de un legítimo y sólido estado nacional. La urbe se consolida como un espacio en el que se esfuman los límites y las fronteras que la distinguen y oponen de manera terminante con la pampa.

El objetivo del presente trabajo se centra en poner de relieve las particulares tensiones que se establecen entre las entidades geográficas que se disputan la escena nacional, menos para arrojar luz sobre sus rasgos descriptivos individuales que para relativizar la dicotomía opositiva primigenia y para focalizar el grado de significativa incidencia que el significante ‘urbe’ tiene en la representación del país.

Si bien es evidente que en Radiografía la planicie constituye el paisaje con más alto grado de representatividad como construcción figurativa emblemática tanto de la identidad como de la territorialidad nacional, de reconocida y frondosa trayectoria en el campo de las escrituras locales, considero que su reconocimiento como existencia peculiar sólo es posible a partir de una mirada condicionada por la percepción urbana. La entidad ‘pampa’ se consolida como tal en el ámbito discursivo si existe como contrapartida topográfica la ‘gran ciudad’. De esta manera, no es posible aislar en la interpretación de los condicionantes idiosincrásicos del país un espacio y dejar de considerar la incidencia ineludible del otro.



La ciudad y la pampa, escenarios de antiguas contiendas
Mientras para Martínez Estrada la verdadera República reside en el interior, Buenos Aires se afirma en la certidumbre de la grandeza y se consolida como la sede depositaria de un sueño de idealidad. La capital se prefigura como el centro (vacío) de una circunferencia imaginaria que une los puntos donde se asienta la civilización. El contorno del círculo abarca un territorio que expande los límites de la nación y los conecta con centros urbanos de Europa y Norteamérica. Esta figura es un constructo falaz: por una parte, se desdobla la distancia entre los puntos centro – periferia; el trayecto inverso multiplica la lejanía; por otra, el centro mismo constituye la anulación antitética del ser; es el montaje de una presencia signada por la ausencia, por la nada. La representación simbólica de las conexiones políticas, económicas y espirituales señalan la desigual jerarquía entre las ciudades que confluyen en el país; de manera que la percepción del acortamiento o de la extensión de las distancias que las interrelacionan son el parámetro válido para establecer las supremacías. Interioridad y extranjeridad son entidades móviles que pierden sus límites en la imprecisión que establecen las tensiones que instalan a los topos en la subalternidad.

Tan pronto como la capital se europeíza, extiende su espacio de poder y se distingue del interior que, como un juego de roles mudables, se torna extranjero. Buenos Aires emite ondas expansivas que alteran sistemáticamente el funcionamiento y la fisonomía de las restantes provincias del país, conforme se transmutan los caracteres de la gran urbe. La Metrópoli y sus habitantes adolecen de los vicios de un sueño grosero, que los sumerge en una irreparable y persistente degradación demográfica. Como Beatriz Sarlo afirma, “el ‘alma de la cultura’ se define por el simulacro: máscara, disfraz, inautenticidad constitutiva. América ha sido construida en la falsedad, marcada por un ‘subconciente inclinado al gozo de los disfraces’, fantasma de la ilusión colectiva de los conquistadores españoles que trajeron no la civilización sino sus sueños de poder, de riqueza, de linaje...”5. La mirada pesimista del escritor sobre la realidad local no ofrece ninguna posibilidad de redención. El desorden metropolitano se acrecienta a partir de su asentamiento sobre el vacío: “Buenos Aires ha sido engendrada, concebida, superfetada por el llano.”6

El ensayista alimenta insistentemente la tesis de una ciudad endeble que sólo existe en cuanto apariencia, y su ontología es asimilable a una difusa película, por lo que se relativiza la vida de los seres y la existencia del ser – ciudad. Para Martínez Estrada la urbe carece de tercera dimensión, se despliega como un plano y no como un cuerpo. Su silueta se conforma a partir de la rectitud de líneas y no contiene espesor; es como un sueño (Trapalanda) que, anclado en el pasado, proyecta la ilusión de un futuro que reside en donde se está.

La representación de la capita como mera superficie sobreviene de la preeminencia topográfica de la llanura, que todo lo invade, todo lo domina. El soplo mudo del viento rural atraviesa e impregna las calles, las fachadas y viviendas, los vehículos, la indumentaria, hasta el modo de mirar7. La ciudad carece de los matices y de los tonos variables de las sinfonías panorámicas. El plano de Buenos Aires, con su homogénea monotonía, sin pliegues ni repliegues profundos, reproduce la presencia avasalladora de la planicie. La longitud y rectitud de las calles remite al horizonte infinito y nuboso en el que fija la mirada quien transita el suelo de la pampa. La chatura bidimensional de los campos se proyecta como un manto sobre la superficie de la Metrópoli y atrapa a los hombres en el espejismo de la fantasmagoría: “Les falta la dimensión de la vida. Por esas calles rectas es imposible salir, como al agua le es imposible remontar el declive.”8

La vista es el sentido que hace posible la apreciación de los diseños territoriales. Como señala Horacio González, el método crítico del ensayista consiste en “interrogar objetos diarios –objetos de la técnica y del paisaje – para que suelten su drama de angustia y emancipación (...) Los ojos se convierten en órganos fotoeléctricos de ataque y defensa, no de visión estética o emotiva.”9 Sólo el ojo perspicaz del incomprendido puede ver y revelar las verdades del subsuelo. Las vidas superficiales son inauténticas, se pierden en la bruma de la irrealidad y en la vorágine de los objetos que evaporan su identidad latente en el flujo amorfo, mundano y anónimo de las cosas.1

Bajo la mirada legítima del escritor, la composición edilicia de la ciudad, su infraestructura, que constituye el rasgo que la distingue y particulariza respecto a otros espacios, se encuentra sometida a la omnipotencia de la pampa. Las construcciones se erigen a partir de la pretensión del triunfo del hombre sobre la tierra: se fractura un trozo de suelo, con la ambición prepotente de someterlo a su dominación. Este modo ideológico de desplazamiento y transplante de una cultura encuentra en la extranjeridad su propia clausura. En las entrañas mismas de la ciudad se multiplica, como en un juego aberrante de espejos, la presencia condicionante de la tierra. “Los terrenos baldíos de ayer son las casas de un piso de ahora (...) hoy se utiliza el primer piso como terreno, y las casas de un piso ya son los terrenos baldíos de las casas de dos o más. Por eso Buenos Aires tiene la estructura de la pampa; la llanura sobre la que va superponiéndose como la arena y el loess otra llanura; y después otra.”1

Tanto en Radiografía como en La cabeza de Goliat se pone de relieve el proceso no homogéneo ni regular de construcción y desarrollo de la urbanidad. La lenta conformación de la capital se produce a través del dinamismo de los bloques espaciales que le confieren al mapa de la región, en un proceso lento pero con quiebres temporales abruptos que marcan una etapa de cambio espacial, un movimiento constante que impugna una configuración territorial definitiva.

El devenir temporal y espacial del entorno no es más que la evidencia y exteriorización de las capacidades de la ‘civilización’ para la economía, las finanzas, las leyes, la política, la arquitectura... Cada edificio es la ideología que toma forma de cemento. En el universo de ideas, sentimientos, esperanzas y valores del ciudadano porteño yace la chatura; es la victoria silenciosa y complaciente del llano. La bipartición de la República, su fractura territorial, se asienta en una paradoja. Allí donde la Metrópoli parece imponer su opulenta primacía se hace presente el poder de la pampa, que reanuda ad infinitum un antiguo litigio persistente en su irresolución.

El veloz y despiadado transcurso del tiempo deja sus huellas indelebles en la fisonomía de la ciudad y en la pampa, en los sustratos de la tierra. El vértigo de la modernidad, como un cataclismo, causa estremecimientos en el cuerpo del ensayista y en la materia geográfica, social e histórica. Este proceso perpetúa lo precario y lo fortuito que se enlaza con la diversidad e inseguridad de lo mudable.
Para finalizar

Es innegable la esencial incidencia que ejerce el paisaje pampeano en la conformación y posterior proceso de pseudo consolidación del Estado Nacional que, por su parte, se prefigura a partir del rol protagónico que adquiere la ciudad de Buenos Aires en el mapa local. Los espacios del interior del País se actualizan sólo a partir de la trascendencia que les otorga la ciudad capital. Tanto en Radiografía como en La Cabeza de Goliat, la República significa fundamentalmente pampa y gran urbe. El asentamiento de la pretendida ‘civilización’ europea en tierras americanas está condenada al fracaso. No es posible someter la monótona inmensidad del suelo informe al dominio de la ‘racionalidad’ extranjera.

Las dos entidades espaciales se disputan la escena nacional. Se establece un juego de tensiones cuya resultante es sólo una apariencia. La fractura del territorio de la Nación se torna confuso al borrarse las fronteras: la interconexión entre las partes se produce con la presencia constante de la llanura en todas las realizaciones del espacio y del espíritu urbano. No es posible salvar la precipitación de la ciudad en la moralidad salvaje de la planicie.

Pampa, ciudad, barbarie, civilización son entidades móviles no opositivas, mutuamente intercambiables que se esfuman en la nubosidad e imprecisión que establece el espejismo de la tierra.





1NOTAS
A propósito de estas conceptualizaciones acerca del espacio, cfr. Andermann, Jens, Mapas de poder. Una arqueología literaria del espacio argentino, Beatriz Viterbo Editora, Rosario, 2000, p. 38.

2Altamirano, Carlos, Sarlo, Beatriz, Literatura/Sociedad, ed. Hachette, Buenos Aires, 1983, p. 37.

3El concepto de ‘ideologema’ se corresponde con lo apuntado por Altamirano, Sarlo en la obra citada, p. 35.

4Martínez Estrada, Ezequiel, Radiografía de la Pampa, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Colección Archivos, México, 1993, p. 13. Las citas corresponderán a la presente edición.

5Sarlo, Beatriz, Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930, ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 2003, p. 223.

6Martínez Estrada, Ezequiel, op. cit., p. 146.

7Ibidem, p. 146.

8Ibidem, p. 147.

9González Horacio, Restos Pampeanos. Ciencia, ensayo y política en la cultura argentina del siglo XX, ed. Colihue, Buenos Aires, 1999, p. 171, 179.

110Horacio González puntualiza el peculiar método al que Martínez Estrada denominó ‘hipnotizar objetos’. “El hipnotizador recorta el objeto, lo separa de su engaste y lo deja a merced de su propio secreto, lo que no sabía de sí mismo y era su verdad de fondo, la forma profunda de su ser (...) Que Martínez Estrada hubiera revertido ese acto de hipnotismo hacia una difusa alegoría no le quita compromiso con esa manera crítica que lo emparenta con todo lo que en el ensayo argentino significa crítica a lo moderno en tanto vacío y puerilidad.” Op. cit., p. 181.

111Martínez Estrada, Ezequiel, op. cit., p. 150.

Bibliografía
Altamirano, Carlos, Sarlo, Beatriz, Literatura/Sociedad, Hachette, Buenos Aires, 1983.
Andermann, Jens, Mapas de poder. Una arqueología literaria del espacio argentino, Beatriz Viterbo Editora, Rosario, 2000.
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Congreso Internacional sobre la vida y la obra de Ezequiel Martínez Estrada, Actas, Primer Congreso Internacional sobre la vida y la obra de Ezequiel Martínez Estrada, Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur, 1995.
Congreso Internacional sobre la vida y la obra de Ezequiel Martínez Estrada, Actas, Segundo Congreso Internacional sobre la vida y la obra de Ezequiel Martínez Estrada, Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur, 1996.
González Horacio, Restos Pampeanos. Ciencia, ensayo y política en la cultura argentina del siglo XX, Colihue, Buenos Aires, 1999.
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Martínez Estrada, Ezequiel, La cabeza de Goliat. Microscopía de Buenos Aires, Losada, Buenos Aires, 2001.

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Williams, Raymond, El campo y la ciudad, Paidós, Buenos Aires, 2001.




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