Filosofos postmodernos



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Gianni Vattimo

Gianni Vattimo, nacido el 4 de enero en Turín, es uno de los más destacados y conocidos pensadores italianos de la actualidad. Estudió filosofía en las universidades de Heidelberg y de Turín, donde en la actualidad es catedrático de filosofía.

Es, sin duda, uno de los referentes principales del llamado “postmodernismo” y el creador del concepto de “pensamiento débil”, tan de moda hace algunos años.

Influido por el pensamiento de Heidegger y de Nietzsche, fue discípulo de H.G. Gadamer.

Autor de amplia bibliografía, entre sus obras destacan: Las aventuras de la diferencia (1979), El pensamiento débil (1983), El fin de la modernidad (1985), La sociedad transparente (1989), Ética de la interpretación (1989), Creer que se cree (1996), Diálogos con Nietzsche (2002), o Nihilismo y emancipación (2003).

Se inició en la política de su país con el Partido Radicale, después con Alleanza per Torino (Olivo) y, finalmente en Demócratas de Izquierda, formación que abandonó en 2.004.

Es miembro también de la dirección nacional de Coordinamento Omosessuale.

Para este pensador italiano, la humanidad ha entrado en lo que se ha denominado “postmodernidad”, una especie de “babel informativa” donde la comunicación en general y los medios de comunicación en concreto adquieren un carácter central. Esta época marca la superación de la modernidad, organizada en torno a las concepciones unívocas de los modelos cerrados, de las grandes verdades, de los fundamentos consistentes, de la historia como huella unitaria del acontecer. La postmodernidad, sin embargo, abre el camino a la tolerancia, a la pluralidad y a la diversidad. Es el paso del pensamiento fuerte, metafísico, de las cosmovisiones filosóficas bien perfiladas y estructuradas, de las creencias consideradas verdaderas y absolutas, al pensamiento débil, a una modalidad de nihilismo débil, a un pasar despreocupado y, por lo tanto, alejado de la acritud existencial. Para Vattimo, las ideas de la postmodernidad y del pensamiento débil están estrechamente relacionadas con el desarrollo del escenario multimedia, con la toma de posición mediática en el nuevo esquema de valores y relaciones que caracterizan la sociedad actual.



El filósofo turinés acaba de publicar en Gedisa Adiós a la verdad, ensayo editado en 2009 en Roma, en el que aborda de nuevo el concepto de “babel informativa” en la que, según sus anteriores escritos, se ha convertido nuestro mundo postmoderno. Para él, “el trepidante mundo actual ha desbordado las concepciones unívocas de las grandes verdades”, por lo que “el debate en torno a la verdad se nutre del consenso, y los intelectuales están llamados a pensar formas de vida que favorezcan la participación colectiva”.
Jean-François Lyotard
 (Versalles, 1924 - París, 1998) Filósofo francés. Colaborador del grupo Socialismo o Barbarie, sus obras se encuadran en el freudomarxismo (Discurso, figura, 1971; A partir de Marx y Freud, 1973). Crítico de la razón ilustrada (La condición posmoderna, 1979), es también autor de El entusiasmo (1986).

De formación fenomenológica, después de ejercer como profesor durante algunos años en institutos y de practicar el activismo político y teórico con el grupo Socialismo o Barbarie, impartió clases de filosofía como profesor ayudante en la Sorbona y en la Universidad de Nanterre. En su primera obra, La fenomenología (1954), entabló una polémica con las teorías semióticas y estructuralistas.
Lyotard criticó la supremacía que toda la tradición filosófica occidental desde Platón ha concedido al discurso. En Discurso, figura (1971) mostraba la existencia de un espacio alternativo al discursivo-representativo: se trataba de un espacio figurativo en el que la esencial opacidad de las imágenes que lo constituyen oponía resistencia a cualquier intento de traducirlas en términos discursivos y comunicativos. Esta irreductibilidad de lo figurativo, que emerge con particular energía en el arte moderno, se halla relacionada con la necesidad de una nueva formulación del fenómeno de la modernidad.
A través del análisis de este fenómeno, mediante un pensamiento afirmativo basado en el deseo (Economía libidinal, 1974), se hace explícita su crítica a la teoría de Marx sobre la alienación que produce el capitalismo. De hecho, no se trata de buscar una alternativa única a la constante y progresiva desnaturalización generada por el capital, sino de demostrar cómo, debajo de este último, actúa una economía del deseo que da lugar a varias pulsiones.
Con La condición postmoderna (1979), superó este planteamiento: la época posmoderna se caracteriza por la decadencia de la legitimación de varios niveles de existencia a través de los "grands récits" y por la emergencia de una multiplicidad de lenguajes irreductibles entre sí. A través de la elaboración de una teoría del lenguaje que se basa en la constatación de la inconmensurabilidad de los múltiples juegos lingüísticos, llegó a defender la necesidad de formular una nueva teoría del juicio de valores, partiendo del modelo kantiano. Otros títulos de su producción son A partir de Marx y Freud (1973), Instructions païennes (1977), Au just (1979, en colaboración con Thébaud), El desacuerdo (1983), El entusiasmo (1986) y Moralidades posmodernas (1993).






 Emmanuel Mounier

 (Grenoble, 1905 - Châtenay-Malabris, 1950) Filósofo francés, impulsor de una corriente de pensamiento cristiano llamada personalismo. Estudió en Grenoble y en la Sorbona, iniciando su actividad de erudito con un trabajo sobre Charles Péguy del que entonces sólo se conocía la obra poética y cuya profundidad y complejidad de pensamiento puso de manifiesto (La pensée de Charles Péguy, París, 1931). En 1932 renunció a la enseñanza de filosofía en Saint-Omer para marchar a París. Tenía veintisiete años y con un grupo de jóvenes que experimentaban su misma crisis dio vida en aquel año a la revista Esprit, en torno a la cual se fue organizando más tarde el movimiento que ha quedado como una de las más significativas expresiones del pensamiento católico contemporáneo.



  
El catolicismo de Mounier se encuentra totalmente inmerso en un ansia de renovación, y su vasta obra de escritor y de animador se apoya en la necesidad de romper las formas estáticas en que han ido cristalizando la cultura y la sociedad burguesas. La finalidad que se imponía ante una tentativa tan amplia de revisión crítica era la de un completo reexamen de la cultura contemporánea acompañado de un "análisis directo del movimiento de la historia". De aquí nacía la gran mole de trabajo que la revista Esprit fue desarrollando a partir de 1932, dedicando algunos de sus números, que continúan siendo fundamentales, a los problemas de la propiedad y del trabajo, de la conciencia cristiana y de la autoridad.
En este mismo campo nacían en ensayo De la proprieté capitaliste à la proprieté humaine, de 1936, y el Manifeste au service du personalisme, del mismo año. Estas obras, conjuntamente con el volumen Révolution personnaliste et communautaire, del año anterior, constituyen el punto de apoyo del pensamiento político, social y religioso de Mounier. El personalismo, para Mounier, no es un sistema filosófico ni una "máquina política", sino un modo de ver los problemas humanos y de incitar a los hombres "no a defenderse, sino a pensar y a crear". Pretendía ser, en el pensamiento de Mounier, una liberación de aquellas dos "enajenaciones" que él ve por un lado en el existencialismo y por otro en el marxismo, y trataba de actuar no "en" la política, sino "sobre" la política.
A la sociedad individualista nacida (en oposición al espíritu cristiano) de la moral de los comerciantes y financieros holandeses y florentinos y que tiene su metafísica en el volterianismo, contrapuso una sociedad "comunitaria". En ella, una democracia organizada y total sustituirá a una democracia meramente política y colonialista. En un mundo en el que domina la falta de escrúpulos y la avidez de dinero, el espiritualismo no debe ceder o atrincherarse en la defensa de los valores abstractos.
Por otro lado, en el marxismo, al lado de una tentativa de "pensar en su conjunto la realidad humana y global", se hallan presentes motivos de "arcaico materialismo". Para Mounier, las ideas nuevas destinadas a crear un mundo libre sobre las ruinas de la sociedad en disolución sólo se mueve hacia la izquierda. Pero el marxismo comete el error de confundir lo "espiritual" con lo "reaccionario" y de dejar escapar algunas dimensiones (la interioridad y la trascendencia), que son también parte constitutiva de la realidad humana.
De 1941 a 1944 la revista Esprit fue suprimida y Mounier llevado a la cárcel por el gobierno de Vichy Mounier hizo la huelga del hambre y ante los jueces reafirmó sus ideales de libertad. En 1944 reanudó su publicación la revista. Y en el mismo año, nuestro autor dio a la luz L'affrontement chrétien y al año siguiente aparecían Liberté sous conditions y Traité du caractère. En 1947 salió su volumen más conocido: Qu'est-ce que le personnalisme? En 1949 y en 1950 se publicaron La petite peur de XXème siècle y Feu la Chrétienté.
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