Filosofía en la etapa de la conquista luís José González Álvarez Importancia del momento filosófico



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FILOSOFÍA EN LA ETAPA DE LA CONQUISTA

Luís José González Álvarez
1. Importancia del momento filosófico
Para el historiador de la filosofía universal la producción filosófica en América durante el siglo XVI, y de manera especial en la primera mitad del siglo, es inexistente. Por eso no aparece reseñada en los manuales de historia de la filosofía.
Esto nos obliga a plantearnos de entrada la pregunta por el sentido de dedicar un capítulo de nuestra historia de la filosofía en América Latina a la etapa de la conquista. La conquista del "nuevo mundo" descubierto por Colón produjo graves conflictos sociales e ideológicos, en los cuales desempeño un papel clave la filosofía escolástica de la época, confundida todavía con la teología.
Independientemente de la originalidad de las tesis en discusión y de la altura o del rigor académico del discurso filosofía, la filosofía fue puesta a prueba en su función iluminado-de la realidad humana; y fue obligada a revelar, al mismo tiempo, su fuerza profética creadora de un nuevo orden social su potencialidad encubridora de los intereses económicos y políticos de los poderosos bajo la ideología del sistema imperante.
Es precisamente en este carácter paradigmático donde reside la importancia del período de la conquista para la historia de la filosofía. Pero, además de esa importancia, que tiene alcances universales, la polémica ideológica que se da en el siglo XVI posee para nosotros evidente actualidad: hoy como entonces la problemática social hace que sean los temas ético-políticos los que reclamen la mayor atención del filósofo. La justicia en las relaciones interpersonales e internacionales constituye el tema central en torno al cual giran los temas de la dignidad del ser personal, el pluralismo cultural, la conciencia, la autodeterminación de los pueblos, la libertad de los individuos, la violencia y la paz, entre otros.
Frente a la "cuestión del indio" surgen tres corrientes principales de pensamiento. Una es la corriente esclavista, al servicio de los intereses de la clase colonialista que comenzaba a formarse; otra, la corriente centrista, que velaba por los intereses del Estado; y otra, la corriente indigenista, que luchaba por la liberación y el respeto a los derechos del aborigen. La primera, que tiene su mayor ideólogo en Juan Ginés de Sepúlveda, elabora una teología de la esclavitud; la segunda, cuyo máximo exponente es Francisco de Vitoria, construye una teología del Estado o del orden establecido; la tercera, liderada por Bartolomé de Las Casas, elabora una verdadera teología de la liberación'. Recordemos, de paso que en aquellos momentos el pensamiento de la cristiandad integra armónicamente la filosofía y la teología en un mismo discurso.
Estas corrientes representan tres posturas políticas, que suponen a su vez tres opciones de valor: la esclavista busca el enriquecimiento y el poder, y justifica la explotación e incluso la muerte del oprimido; la indigenista, por el contrario, defiende la vida del ser humano como derecho inviolable y lucha contra toda forma de opresión o de injusticia; y la centrista, asumiendo una posición intermedia, asegura el triunfo de los intereses del Estado o del sistema por encima de los intereses de los grupos enfrentados. De ahí que esta polémica filosófica, enmarcada dentro de la revolución mercantil de los siglos XV y XVI, cobre hoy su máxima actualidad cuando los derechos del pobre, comenzando por el derecho a la vida misma, son subordinados en los países del Tercer Mundo a los intereses capitalistas de las superpotencias neocoloniales, mediados por los intereses de clase de los sectores privilegiados de los mismos países tercermundistas.
La actualidad de la temática que vamos a presentar reside en que revela la permanente confrontación entre principios éticos fundamentales centrados en el ser de la persona humana y las leyes económicas del enriquecimiento individual y de la acumulación del capital, que exigen la negación de los valores éticos y el sacrificio de la vida del ser humano.

2. Los problemas
Para poder comprender los verdaderos alcances de las tesis filosóficas y posiciones enfrentadas, es necesario mencionar los principales problemas que plantea la conquista.
1o. El dominio o señorío sobre las nuevas tierras descubiertas, sus pobladores y sus bienes. En un primer momento se consideran tierras libres de dominio, que pueden ser apropiadas por la nación que las descubre. Entre los reyes cristianos el derecho a esta apropiación lo otorga el papa. Los indios y sus defensores cuestionarán posteriormente este supuesto derecho.
2o. El señorío de los conquistadores sobre determinados territorios que les entregaba la Corona, Los grandes costos y sacrificios que demandaba la empresa descubridora y conquistadora exigía esta recompensa. Esto explica la implantación del sistema de "capitulaciones" y más tarde la creación de la "encomienda".
3o. La esclavitud de los aborígenes y de los negros. Una vez saqueados los tesoros de los indios y creada la necesidad de explotar las minas y trabajar el campo para enriquecer a los encomenderos, se extendió la práctica de capturar a los indios, herrarlos, venderlos y utilizarlos como esclavos. Cuando se prohíbe terminantemente la esclavitud de los indios, ésta se sustituye por la importación masiva de esclavos negros.
4o. La encomienda y los "servicios personales". Para poder seguir aprovechándose de los indios sin tenerlos formalmente como esclavos, fue creada la encomienda, mediante la cual el encomendero, a quien eran entregados todos los indios de una región para que los "protegiera" y procurara su adoctrinamiento, lo que hacía era explotarlos hasta la muerte.
5o. ¿Conquista o pacificación? Aunque las intenciones plasmadas en los documentos oficiales de la Corona y de los papas pretenden el sometimiento y el adoctrinamiento pacífico de los indios, en realidad esto no se podía lograr sino por la superioridad de las armas. La conquista es una guerra, con todas sus consecuencias destructivas, que obstaculizan también la acción evangelizadora de la Iglesia. Esto genera la discusión sobre el derecho de hacer la guerra a unos pueblos soberanos que vivían en paz.
6o. El adoctrinamiento y la conversión apoyados violencia. En la mentalidad de la cristiandad medieval la acción de España sobre el nuevo mundo debía incluir dos objetivos indisolubles: el sometimiento de los nuevos pueblos cubiertos al poder temporal de la Corona y la incorporación de sus habitantes al reino espiritual de la Iglesia mediante la conversión. La contraposición entre los métodos utiliza para el logro de cada objetivo (uno violento y otro pacífico hizo surgir pronto el conflicto, debido al rechazo de la violencia por parte de destacados sectores de la Iglesia misionera.
7o. Civilización y barbarie. La acción expoliadora de riquezas de los aborígenes requería, para su justificación clararlos previamente bárbaros, carentes de cultura e ir de alma racional. Así la conquista se presenta como en civilizadora. Sin embargo, los más sensatos, defensores de la justicia, pronto se fueron percatando de que mal se denominar obra civilizadora a la explotación inhumana indígenas, el saqueo de sus bienes, la destrucción de los pueblos y ciudades y las masacres que diezmaron la población en menos de un siglo. Surge así la pregunta: ¿De qué lado estaba la civilización y de cuál la barbarie?
Todos estos problemas surgen de una misma fuente: enfrentamiento radical entre los intereses del conquistador y los del aborigen. Cada una de las causas va a necesitar justificación, y para ello acuden al terreno filosófico-teológico en busca de argumentos que permitan ganar la batalla ante la Corte. De ahí que la filosofía elaborada en esta situación sea una filosofía polémica de carácter ético-político.

3. Los temas filosóficos en discusión
La discusión sobre el derecho de la conquista y la servidumbre de los indígenas pone sobre el tapete varios temas filosóficos que, en lo sustancial, ya habían sido planteados anteriormente en otros contextos.
El tema novedoso versa sobre la capacidad y el derecho de los habitantes del nuevo mundo para autogobernarse: ¿Son los indios verdaderos señores de sus territorios y de sus bienes? Este tema se apoya sobre otros dos más fundamentales. Uno es de carácter antropológico: ¿Todos los hombres son iguales por naturaleza o unos son inferiores y otros superiores y aquéllos están ordenados a servir a éstos? El otro es de carácter político: ¿Qué título de derecho puede legitimar el hecho de que una nación invada y domine a otra por la fuerza y se adueñe de los bienes de sus habitantes? Estrechamente ligado a éste se plantea otro tema en relación con la potestad civil de la Iglesia. ¿Tiene la Iglesia potestad civil sobre los pueblos y sus gobernantes, sean éstos cristianos o paganos? Y, en consecuencia, ¿puede el papa conceder a un gobernante el dominio sobre otro territorio diferente al propio?.
Estos temas, suficientemente clarificados en la discusión, permiten estructurar los principios del derecho de gentes y de guerra justa, que más tarde darán lugar al derecho internacional.
Quedan esbozados también otros temas que la mentalidad de la época no permitirá todavía desarrollar. Así encontramos el tema del valor de las religiones de los aborígenes frente a la cristiana y el valor de la religiosidad natural, y el tema cultural de la civilización y la barbarie, que surge del choque entre dos culturas y la destrucción de una de ellas por la otra.
Veamos cómo son tratados estos temas por los pensadores más representativos de cada posición: Bartolomé de Las Casas, Francisco de Vitoria y Juan Ginés de Sepúlveda.
4. Bartolomé de Las Casas
4.1 Reseña biográfica
La figura central que domina todo el movimiento producido por los conflictos de la conquista es sin lugar a duda: Bartolomé de Las Casas. El es quien anima y lidera el movimiento indigenista durante el medio siglo más violento de la empresa conquistadora y a él fundamentalmente se deben le logros en el campo del derecho indiano, que sirvió de freno aunque no muy eficaz, a la acción destructora de conquistadores y encomenderos.
Aunque Las Casas no es un creador de pensamiento original, su importancia para la historia de la filosofía latinoamericana radica en haber consagrado su larga vida a la estructuración de un pensamiento combativo tomando lo más valioso de los pensadores de la antigüedad y de su tiempo para ponerlo, sistemáticamente ordenado, al servicio de un nuevo orden social internacional, que no pudo ver realizado, pero que sirvió y servirá de faro utópico para todas las generaciones posteriores. Pocos hombres a lo largo de la historia de la humanidad han sabido encarnar como él la causa de la justicia social y de la libertad de los pueblos oprimidos.
Las Casas nace en Sevilla en 1474 y viaja a América en 1502, para establecerse como colono y doctrinero en La Española. En un segundo viaje, ya ordenado sacerdote, recibe una buena encomienda de indios en Cuba, la cual disfrutará durante muy poco tiempo. Las denuncias de los dominicos de la isla Española (Santo Domingo) desde el famoso sermón de Montesinos le hacen tomar conciencia de la injusticia c entraña la acción conquistadora y, a mediados de 1514, comienza una nueva vida de lucha al servicio de la causa de los indígenas. Se hace dominico y emprende todo tipo de acciones, viajando varias veces a España, para conseguir que Corte ponga freno a los desmanes de conquistadores y encomenderos. Fruto de este esfuerzo son sus numerosos escritos que poseen una misma, finalidad: defender la causa de los naturales de las Indias ante las autoridades civiles y eclesiásticas. Después de varias experiencias misioneras, es nombrado obispo de Chiapas, donde permanece sólo dos años. Sus esfuerzos por hacer cumplir estrictamente las Leyes Nuevas a los encomenderos fracasan ante la violenta oposición de éstos. Convencido de que el problema es político y que sólo la Corte puede ponerle solución, regresa definitivamente a España, renuncia a su obispado y se dedica a escribir, durante los últimos veinte años de su vida, en defensa de los derechos de los indios contra Ginés de Sepúlveda y sus secuaces. Como luchador incansable, muere en Madrid a los 92 años el Procurador de los indios, el 17 de julio de 1566.
4.2 Escritos de Las Casas
En sus escritos Las Casas utiliza diversos géneros litera-. JS e incursiona en distintas áreas del conocimiento. La amplia temática de su obra abarca la geografía y la antropología cultural, la historia, la moral, el derecho, la filosofía-teología política, la teología pastoral y la filosofía de la religión.
Siguiendo un cierto orden cronológico y temático a la vez, podríamos presentar así sus obras:
- Varios memoriales, escritos en diferentes momentos de su vida para informar sobre la situación de los indios y proponer acciones correctivas.
- Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión (1524-1530), tratado sistemático sobre el modo de evangelizar en forma pacífica y por convencimiento a partir del ejemplo, y denuncia al mismo tiempo de la praxis antievangélica de conquistadores y encomenderos.
- Brevísima relación de la destrucción de Indias (1541), pequeño tratado en que describe con toda crudeza y, sin duda, con alguna exageración las crueldades de los españoles en acción conquistadora.

- Octavo remedio, el principal y único que se conserva los Dieciséis remedios escritos en 1541 para justificar su propuesta de que se acabe con la encomienda y se considera a los indios como súbditos libres de la Corona.


- Historia de Indias, la obra más extensa, consta de tres libros escritos entre 1527 y 1561. Quedó inconclusa; sólo alcanza a narrar los acontecimientos anteriores a 1523.
- Avisos y reglas para los confesores (1545), conjunto de orientaciones dadas a los confesores para exigir a los encomenderos la liberación de los indios y la restitución de todos sus bienes. La circulación de esta obra fue prohibida en las Indias. También se denomina Confesionario.
- Numerosos tratados, breves unos y extensos otro», sobre la injusticia de la encomienda y los derechos de los indios, varios de los cuales publica sin autorización en 1552. Destaca el que lleva por título Treinta proposiciones muy jurídicas (1547), en las cuales sienta su pensamiento jurídico sobre el justo señorío de la Corona española al servicio de la evangelización y la total injusticia de las guerras de conquista y de la encomienda. También hay que resaltar Los tesoros del Perú (1562) y Tratado de las doce dudas (1563) ambos de carácter filosófico-jurídico.
- Argumentum apologiae (1549), que consta de 560 folios aún inéditos, escritos para el debate con Ginés de Sepúlveda en la Junta de Valladolid. Una síntesis se encuentra en Ia Controversia con Juan Ginés de Sepúlveda, que forma parte de los tratados publicados en Sevilla en 1552.
- Apologética historia sumaria, concluida hacia 1561 extenso tratado de antropología cultural, en el que se describe con abundancia de detalles el carácter de los distintos grupos étnicos del Nuevo Mundo, su organización social y política, sus prácticas religiosas, sus sistemas de producción, etc., con el objeto de demostrar la inteligencia, la bondad y el orden social de unos pueblos que nada tenían que envidiar a respecto a los europeos.
- De regia potestate, obra póstuma publicada en Alemania en 1571, presenta el pensamiento filosófico-jurídico -elaborado de Las Casas. Las partes que integran este tratado provienen de otros textos escritos en distintas épocas (1542-1566).

4.3 Pensamiento antropológico
Evidentemente, no encontramos en Las Casas un tratado filosófico sistemático; pero toda su obra es recorrida por una filosofía ético-política que anima su concepción del ser humano, de la vida, de la historia, de las culturas, del derecho, de la política, de la religión.
Con el fin de apreciar las verdaderas dimensiones del pensamiento antropológico de Las Casas, conviene recordar que la negación de la racionalidad, y por tanto de la humanidad, de los habitantes del Nuevo Mundo, fue una posición generalizada en Europa durante todo el siglo XVL Las Casas es consciente de esta ideología y de los intereses económicos y políticos que la sustentan: si los indios son irracionales, no son sujetos de derecho y por tanto sus tierras y sus bienes pueden ser legítimamente apropiadas por los descubridores.
Contra esta ideología de la opresión, Las Casas es enfático en sostener como principio indiscutible: . . . "todas las naciones del mundo son hombres, y de todos los hombres y de cada uno de ellos es una no más la definición, y ésta es que son racionales" (Apologética historia, Cáp. 48). Hay que resaltar aquí el sentido social que caracteriza el universalismo y el Igualitarismo de Las Casas: el objeto de su discurso son las naciones, los pueblos. De este modo, el derecho de gentes no va a ser clasista como en Sepúlveda, cuyo pensamiento presentaremos más adelante.
En qué son semejantes y en qué diferentes unos pueblos de otros, lo tiene bien claro Las Casas: todos poseen la misma naturaleza, las diferencias son de cultura. Por eso conságrala la larga obra Apologética historia a mostrar las cualidades humanas de los pueblos amerindios, con el fin de invalidar definitivamente todo intento de demostrar que no son hombres o que son inferiores. De este modo elabora un completo tratado de antropología cultural, en el que podemos destacar tres ideas. En primer lugar, concede gran importancia al influjo ce los factores geográficos y climáticos sobre la constitución y el modo de ser de los pueblos; condicionamiento que, al contrario de lo que pensarán más adelante otros, entre ellos Hegel, es favorable para los pueblos descubiertos. En segundo lugar, Las Casas demuestra la racionalidad de estos pueblos a partir de las relaciones sociales. Para ello utiliza el concepto de prudencia, que significa la sabiduría práctica o aplicada, la “razón práctica", y distingue en ellas tres clases: la monástica de carácter individual, la económica, de carácter familiar, y la política, que mira al bien común de la ciudad o del reino. En tercer lugar, asume la defensa de la religiosidad natural de estos pueblos, expresión de racionalidad y de cultura, elaborando indo todo un tratado de historia comparada de las religiones con el único objetivo de mostrar los valores que encerraban las religiones del Nuevo Mundo, comparadas con las del Viejo Mundo, y la racionalidad que esto suponía en los indios.
Los cuatro últimos capítulos de su extensa obra antropológica los consagra Las Casas a refutar el apelativo de bárbaros que se da a los indios. Distingue cuatro significados del ormino, para concluir diciendo que los indios son bárbaros -n sentido amplio por dos razones: porque son infieles, que conocen el evangelio, en lo cual no tienen pecado, y por que muchos de ellos carecen de letras y ninguno conoce nuestra lengua; pero en esto último, aclara Las Casas, "tan bárbaros como ellos nos son, somos nosotros a ellos" (Apol. hist., Epílogo). Vuelve a apuntar aquí la conciencia del pluralismo cultural. Según otro de los significados del término bárbaro, referido a los hombres crueles, que se comportan como bestias feroces, fray Bartolomé dirá que mejor se aplica el concepto a los conquistadores que a los indígenas.

4.4 Filosofía política

Apreciada de este modo con toda justicia la humanidad de los nuevos pueblos descubiertos por Europa, reconocidas su humanidad y sus culturas, lo semejante y lo diferente, se impone por sí misma como conclusión la ilegitimidad de su esclavitud. Por eso Las Casas dirige toda la fuerza de sus ataques contra la encomienda, que encubre sutilmente una verdadera esclavitud y se sostiene legalmente a pesar de que la esclavitud de los indios había sido ya condenada tanto por el papa como por el emperador.



Todos los hombres por naturaleza son libres, es el primer principio de la última gran obra de Las Casas, el trabajo jurídico De regia potestate. La esclavitud de hecho, es algo accidental, acaecido por obra de la casualidad y de la fortuna. El consiguiente respeto a la libertad de cada ser humano, que se deriva de esta libertad por naturaleza, se extiende a los bienes de las personas y de los pueblos, que ninguna autoridad puede tomar en propiedad o donar. El rey tiene jurisdicción sobre sus súbditos y los bienes de éstos, pero no propiedad o posesión.
La encomienda carece de piso jurídico. El rey no es dueño de los indios ni de sus tierras, y por tanto no puede entregarlos ni venderlos a nadie. Pero, como lo que en la encomienda está en juego es la jurisdicción. Las Casas se apresura a decir que enajenar o vender la jurisdicción atenta contra el derecho natural y divino, por lo tanto el gobernante no puede hacerlo.
Otro principio clave para Las Casas consiste en la soberanía del pueblo. El poder del rey surge del contrato: . . . "los reyes, príncipes, señores y altos funcionarios. . . tuvieron su origen en el libre consentimiento del pueblo, y toda su autoridad, potestad y jurisdicción les vino a través de la voluntad popular" (De regia potestate, I, IV, I). "Así que ninguna limitación a la libertad es legítima sin el consentimiento popular" (I, IV, 6). Las Casas echa mano de lo más democrático de las doctrinas de su tiempo, para defender la soberanía de los pueblos del Nuevo Mundo por derecho natural.
La soberanía que otorgó el papa a los reyes sobre los territorios descubiertos es en orden exclusivamente a la difusión de la fe. Esta soberanía no puede desconocer que pueblos de las Indias tienen sus propios reyes y señores y que este señorío les compete por derecho natural y por derecho de gentes. La forma de llevarles la fe debe ser siempre pacífica, buscando el convencimiento, y si no la quieren recibir no pueden ser castigados por ello. Por ningún motivo se justifica hacerles la guerra o tratar de someterlos por medios violentos; quitarles sus bienes, etc. Las Casas califica insistentemente la encomienda de tiranía, debido a que entraña una usurpe de poder, el cual se ejerce además en forma opresora. Por contraposición al gobierno tiránico de la encomienda, las cualidades de un buen gobierno son: estar dirigido hacia el bien común, conceder la mayor libertad a los súbditos y respetar los derechos de éstos.
4.5 Pensamiento ético
La práctica de la conquista revela una moral utilitarista justificadora de la opresión y de la muerte, cuyo valor supremo consiste en el enriquecimiento del conquistador. Bartolomé de Las Casas describe los horrores de esta moral en innumerables páginas de sus obras: guerras, asesinatos, robos, secuestros, violaciones, amputación de miembros, esclavitud, destrucción de viviendas y templos, etc. Esta moral entraña una doble maldad: primeramente porque produce la opresión y la muerte (no sólo de la vida natural, sino de la vida eterna, ^a más grave según la creencia religiosa de la época); además, por el engaño de la ideología religiosa que la sustenta, la cual nace aparecer los crímenes como un servicio a Dios. De esta ideología era notable exponente Sepúlveda, como veremos, pero no era el único. Dentro de esta ideología es Dios mismo quien guía a los conquistadores y hace exitosas sus matanzas.
Frente a esta moral de la muerte, a lo largo de la obra de Las Casas se encuentra esbozada una ética de la vida. La razón de todas sus luchas radica en que los españoles están quitándoles, sin ningún derecho, la vida a los indios, directa o indirectamente, y, al quitarles la vida natural, les privan de la posibilidad de la vida eterna, fin último para que el que han sido creados. Esta es la ética del evangelio, basada en el amor al prójimo y en la condenación de cualquier acto de violencia contra los demás. Quienes se empeñan en someter a los infieles mediante la guerra no son precursores de Cristo, sino del Anticristo, que Las Casas ve encarnado en Mahoma por su violencia y crueldad en contra de los cristianos. Las Casas enfatiza esta contradicción: los cristianos están obrando en América con los indios del mismo modo que los mahometanos habían obrado en España con los cristianos.
Toda la doctrina de Las Casas sobre el modo de evangelizar se apoya en dos pilares: la libertad y la justicia. La libertad, que es esencial por naturaleza al infiel lo mismo que al cristiano, exige que sólo se pueda buscar su conversión por la vía del convencimiento. La justicia, por su parte, exige a quien predica el evangelio que dé testimonio de caridad y de respeto a los derechos del prójimo. Si no podemos afirmar que Las Casas sea un pacifista, en el sentido moderno del término, porque nos saldríamos del contexto histórico, sí podemos decir que su rechazo de la violencia alcanza las máxima-expresiones que podía alcanzar en la época en un hombre comprometido en la política. La filosofía y la teología de la liberación tienen en Bartolomé de Las Casas uno de sus más representativos precursores. Su vida y su obra se consagran a la lucha por la liberación de los pueblos indígenas oprimidos por los colonizadores.
4.6 Los fundamentos axiológicos de una praxis
Si nos preguntamos por la axiología que puede caracterizar los fundamentos del método y de la praxis lascasianos, vemos que ella posee dos vertientes: la epistemológica y la ética.
En primer lugar hay que destacar en él su sentido histórico. Las Casas tiene visión de futuro. No puede aceptar que la actitud de un pueblo fuerte frente a otro débil sea, como en la antigüedad, la de saquear sus riquezas, destruir su cultura y aniquilarlo. Los encomenderos y todo el movimiento esclavista iban en contra del sentido de la historia. La me ría de los europeos contemporáneos de Las Casas no en: dieron que el Nuevo Mundo era "nuevo para ellos, pero viejo para sus pobladores naturales. No entendieron que era “otro” mundo, con reinos y culturas y religiones y civilizaciones tintos a los europeos, pero tan válidos como éstos. Las Casas tienen el gran mérito de haber comprendido las verdaderas dimensiones del momento histórico en que el mundo medie, se distorsiona, porque ya no existe un mundo sino dos mundos, entre los que tiene que iniciarse un nuevo diálogo de n peto y servicio mutuo. Es ésta una nueva actitud política» brota del viejo sentido de justicia, basada en el derecho natural, en el derecho divino y en el derecho humano (los derechos humanos y el derecho internacional del hombre acta El sentido histórico de Las Casas le lleva a optar por la afirmación de América (las "Indias") frente a Europa, tarea profética que todavía hoy nos preocupa. En esto radica la modernidad y actualidad de Las Casas.
Otra cualidad del método lascasiano es su realismo, que supo formar en el espíritu tomista. Espontáneamente se tiende a calificar de soñadores utópicos o idealistas a los hombres que con visión de futuro se empeñan en remar contra la corriente. Y se confunde realismo con oportunismo, pragmatismo o utilitarismo. Desde esta perspectiva Menéndez Pidal tilda a Las Casas de "ciego para la realidad", "delirante en planes quiméricos", "mentalidad anormal". Las Casas no era un ciego. Al contrario, su experiencia como encomendero y todo lo que pudo observar en sus numerosos viajes lo convirtieron en el mejor clarividente de una realidad que conquistadores y encomenderos trataban de ocultar para conseguir sus propósitos. Para refutar la falsa imagen que éstos difundían en Europa, se consagró a describir la realidad de este otro mundo. Geografía, clima, flora, fauna, costumbres, constructores, organización familiar y política, carácter, modos de vida, productos, creencias y ritos, etc. son objeto de estudio Las Casas y tema de sus copiosos escritos. Al mismo tiempo demuestra en otras muchas páginas cómo esa extraordinaria realidad estaba siendo destruida y deformada por la barbarie aventureros rapaces y criminales que ocultaban un genocidio bajo la máscara de la evangelización y la civilización.
Se caracteriza también Las Casas por su espíritu científico. El saber común se contenta con visiones parciales de la realidad; generaliza y concluye a partir de ellas; acepta la opinión como fuente de verdad. Los ejemplos que se dan en la época de este tipo de visiones de América son innumerables. El método científico, por el contrario, no acomoda la realidad a los intereses de la razón, sino ésta a aquélla. Las Casas es consciente de que en la lucha desigual no puede enfrentar al triple poder de los encomenderos, el Estado y la Iglesia otras armas que las de la verdad. Por eso se esfuerza por utilizar el método científico, con las limitaciones propias de su tiempo, y lo logra en la medida en que la gravedad del creciente genocidio le permite resistirse a la tentación de generalizar y exagerar para dar mayor fuerza a la denuncia pública. Su trilogía más representativa es buena prueba del espíritu científico que fray Bartolomé trae a América para, desde ella cambiar la imagen fantástica y de costurero que se estaba formando en Europa. La Historia de las Indias es la fuente mas completa que poseemos para conocer los acontecimientos de las primeras décadas de la conquista. La Apologética historia sumaria la complementa en aspectos biológicos antropológicos y culturales. Y Del único modo... es un profundo tratado sobre el sentido teológico-filosófico de la única posible justificación que cabía a la acción española en América Si a esto añadimos el rigor y claridad de su tratado jurídico De regia potestate, habremos comprendido lo que en aquellos momentos podía significar tratar científicamente un problema de enormes proporciones y de insospechada trascendencia, y cómo Las Casas lo logró.
A estas tres actitudes de carácter epistemológico se unen otras tres de carácter ético. La primera es su opción oprimido, por el pobre. Se trata de una opción por la ^^a del indio. Y como la vida, para él, se expresa en tres niveles, el de la vida sobrenatural, el de la vida natural y el de los bienes necesarios para ambas, su opción se traduce en un compromiso con la evangelización de estos pueblos y con la defensa de derecho que tienen a la vida, a la libertad y a sus bienes. Las Casas se convierte en la voz del indio oprimido en el clamo: de la sangre derramada en las Indias. No escatima esfuerzo alguno para golpear las puertas de la Corte, las de la Santa Sede las del Consejo de Indias, la conciencia de obispos, religioso y fieles, pidiendo compasión y freno a tan gran tiranía Nadie mejor que él pudo recibir el titulo de "Procurador d. los indios".
Esta opción por el indio cobra en Las Casas la modalidad de un compromiso político original, que también posee hoy plena actualidad. Es profeta y político a la vez. Empuña el estandarte de la causa indigenista y crea un movimiento que llega a tener fuerza política. Adelanta dos tipos de acción: uno dirigido a los centros de poder que pueden respaldar su causa, el Estado y la Iglesia, para convencerlos de que deben revisar la política de conquista y colonización y la política» evangelización; otro dirigido al campo de batalla, donde conquistadores y encomenderos tenían un poder casi absoluto para minar dicho poder denunciando sus abusos, desenmascarando su ideología y creando modelos de colonización y evangelización pacífica. La filosofía y la teología manifiestan Las Casas la fuerza política intrínseca que poseen. De algún modo hay una coincidencia en el sesgo que han tomado la teología y la filosofía latinoamericana actuales, debida sin duda a que hoy como entonces ha despuntado la conciencia de los derechos de un pueblo oprimido.

Finalmente, destaquemos el espíritu de rebeldía que caracteriza la personalidad de Las Casas. El conoce el valor de instituciones y de la tradición: el Estado, la nacionalidad, las leyes, la Iglesia, la Santa Sede, la civilización occidental, etc. Pero sabe que estas realidades no son valores absolutos, sino que reciben su valor del servicio que prestan a la vida del hombre, natural y sobrenatural. Por eso no acepta que se las sacralice, m mucho menos que se las utilice para ocultar o justificar acciones de opresión. Sabe distinguir qué instituciones y doctrinas van dirigidas al bien común y cuáles colocan su intencionalidad en los intereses particulares de los poderosos. Se rebela contra el orden establecido y el sistema que lo sostiene. Se rebela contra el conformismo de muchos clérigos y obispos que terminan por acomodarse al sistema y hacer el juego a los encomenderos. Se rebela contra cualquier autoridad que se aparte del derecho, natural, divino o humano, y del bien común. Respeta la autoridad tanto del papa como del emperador, porque ambas son legítimas; pero delimita con toda claridad hasta dónde llega cada una frente a los legítimos derechos de los indios y cuál es el deber que tienen para con éstos.


Son numerosos los representantes de este movimiento tenista liderado por Bartolomé de Las Casas. Bástenos mencionar a algunos de los muchos obispos lascasianos, que se enfrentaron sin temor a conquistadores y encomenderos para hacer cumplir las Nuevas Leyes, arriesgando hasta la propia. Antonio de Valdivieso, por defender a los indios en - agua, muño asesinado a manos de un soldado venido del Perú. Cristóbal de Pedraza, de Honduras, es otro de los grandes luchadores en defensa de los indios. En Nueva Granada -. Juan del Valle, obispo de Popayán, quien para protege del peligro que corría por defender a los indios hacía -tas pastorales armado con una lanza. Murió en Francia, lejos de su diócesis, cuando se dirigía al Concilio de Trento para presentar las denuncias sobre las atrocidades cometidas contra los indios. Sus bienes fueron secuestrados. Su sucesor Agustín de La Coruña fue desterrado primeramente por el Rey y, cuando regresó a su obispado, fue llevado preso por algunos conquistadores a Quito. Por mantener esa misma actitud, Pablo de Torres, en Panamá, fue juzgado, condenado y remitido a España.
Lamentablemente para muchos, la rebeldía y la criticidad radical de Las Casas y sus seguidores dieron a pie a que se denigrase la gesta civilizadora de España en América. Algunos hispanófilos a ultranza han querido cobrarle a Las Casas su pecado: la denuncia de las crueldades de la conquista. Menéndez Pidal hizo lo imposible en este sentido para presentarlo como “paranoico”. Otros fueron más lejos. En realidad, quienes cuestionan por esa vía la personalidad de Las Casas demuestran no haber comprendido el sentido de la historia. Las Casas no denigra a España no a sus reyes, como tampoco a la Iglesia ni a sus papas, para denunciar el vandalismo de una nueva clase social nacida de la expansión colonialista producto de la época. Al contrario, junto con los demás defensores del derecho de gentes, deja muy en alto el nombre de España, que en esos confusos momentos sabe plasmar en el derecho de Indias los más avanzados principios del derecho natural.
5. Francisco de Vitoria
Aunque Francisco de Vitoria nunca estuvo en América, buena parte de su obra está tan ligada a la problemática americana de la conquista que necesariamente hemos de estudiarla en este capítulo de la filosofía latinoamericana.
5.1. Vida y Obra
Vitoria nace en Burgos en 1492. Ingresa en la orden dominicana y realiza sus estudios en Paris. Su obra como profesor de teología la realiza en Salamanca, donde muere en 1546. La obra de Vitoria está conformada por las lecturas de clase, copiadas con bastante fidelidad por algunos de sus alumnos, y las relecciones que eran disertaciones realizadas por los profesores en fechas especiales. De éstas las más importantes para nuestro tema son los dos De indis o los indios, leídas en 1539. Los fundamentos teológicos – jurídicos de estas relecciones se encuentran en otras anteriores: La potestad civil, la potestad de la iglesia (dos relecciones), La potestad del papa y del concilio.
Corresponde a Vitoria un doble mérito en el campo del pensamiento filosófico y jurídico. El es el padre de la renovación de la escolástica española, que constituye un verdadero ^nacimiento teológico en España. Además, es considerado el fundador del derecho internacional. La filosofía latinoamericana encuentra en Vitoria el primer pensamiento sistemáticamente elaborado sobre el derecho de autodeterminación de sus pueblos aborígenes frente a la conquista Lamentablemente se trata de un derecho que no apunta a la liberación de estos pueblos sino a la legitimación de su sometimiento al imperio El derecho internacional que funda Vitoria es e derecho colonialista que van a practicar durante vanos siglos las potencias colonizadoras.
Veamos cuáles son los planteamientos más destacados de Vitoria en relación con la problemática del Nuevo Mundo.

5.2 El derecho de gentes
Uno de los pilares de la doctrina jurídica y teológica de Vitoria es el denominado "ius gentium" o derecho de gentes Que regula las relaciones tanto entre los ciudadanos al interior de un Estado como entre los distintos estados. Tiene su origen en el "derecho de extranjeros", vigente en el imperio romano Pero Vitoria le da un nuevo alcance sacándolo del estrecho marco de un imperio que lo otorga graciosamente a los extranjeros para colocarlo en el amplio marco de todo el orbe integrado por una pluralidad de Estados.
5.3 Delimitación de la potestad eclesiástica
El conocido aserto de Vitoria: "El papa no es señor de orbe" rechaza los planteamientos teocráticos imperantes e la época y cuestiona los derechos del papado para repartir el mundo. Los asuntos temporales del gobierno no están sometidos al papa como señor temporal. Sin embargo e papa tiene autoridad sobre el rey en el plano espiritual, lo cual i confiere un doble poder; poder directo en todo lo que pertenece al dominio de lo espiritual (lo religioso) y poder indirecto en los asuntos temporales que afectan a lo espiritual.
5.4 Autonomía política de los indios
Cuando Vitoria expone sus relecciones sobre Los indios tanto la Corona como el Papado ya habían “decretado” que los indios eran seres humanos y, como tales, no podían ser privados de su libertad ni de sus bienes. Pero en la práctica esto no se cumplía. El partido de los encomenderos tenía sus defensores en España, como los tenía el partido indigenista. Vitoria, como dominico, pertenece a este último y defiende la causa del indio; pero como teólogo equilibrado, respetuoso de la política imperial, va a dejar la puerta abierta para que la empresa colonizadora siga su curso. Lo que Vitoria se propone humanizar la empresa colonizadora, no condenarla.
La primera parte de la primera relección la consagra a defender el derecho de propiedad entendido como derecho natural: los indios son verdaderos señores y dueños legítimos de sus propiedades, dominio que no pierden ni por el pecado ni por la infidelidad. En las otras dos partes de esta relección Vitoria se dedica a distinguir los títulos ilegítimos de los legítimos que fundamentan el dominio de los españoles. Vitoria no está en contra de la conquista; solamente cuestiona la forma como se está llevando acabo. Va a destruir los argumentos de los esclavistas conquistadores (títulos ilegítimos); pero va también a proveer de argumentos muy valiosos a los colonizadores mercantilistas (títulos legítimos).
Los títulos ilegítimos son siete: dominio universal del emperador dominio universal del papa; derecho del descubrimiento; resistencia a recibir la fe cristiana que se les predica; jurados de los bárbaros; elección voluntaria; donación especial de Dios.
5.5 El derecho de colonización
Seguidamente presenta los títulos legítimos por los cuales españoles pueden dominar a los indios; títulos que van de fundamento jurídico al colonialismo europeo. Estamos ya muy lejos de la filosofía liberadora de Las Casas. Vitoria es el teólogo de la colonización, al servicio de los intereses del imperio. Son ocho, según él, los títulos legítimos del dominio español.
1. Sociedad y comunicación natural. Se trata del derecho de gentes aplicado a las relaciones internacionales. Derecho, en primer lugar, de libre comunicación ("ius peregrinandi": derecho de recorrer otras tierras y de permanecer en ellas); derecho de libre comercio internacional; derecho a participar en los bienes comunes y derecho a la libre empresa. Tomados en abstracto estos derechos, no se puede negar en general su validez; constituyen los derechos civiles de todo extranjero. Tienen sus correspondientes deberes: que no se cause daño a la patria o a sus naturales. Pero, tomados en concreto y referidos a las relaciones españoles-indios (puesto que ese es el objeto de la relección), es necesario hacer dos observaciones para valorar en su justa medida la doctrina de Vitoria.
En primer lugar, hay que notar que las raíces de este derecho que es el derecho de los peregrinos o transeúntes, no son las más apropiadas a este caso, ya que los españoles no viajan a América como pacíficos peregrinos, visitantes o comerciantes, sino como belicosos conquistadores bien armados. En consecuencia, este primer título de dominio legítimo carece de valor real, y carecen también de valor todos los demás títulos, que están basados en éste.
En segundo lugar, Vitoria va a justificar el derecho de conquista, de guerra y de expropiación de los españoles sobre los indios, en que éstos no respetan los derechos de aquellos como extranjeros. Pero deja en el olvido la violación que cometen los españoles de los derechos de los naturales, lo cual, según ha sostenido, sería razón suficiente para anular todo derecho de los españoles no sólo a dominar sino incluso a establecerse en el Nuevo Mundo.
Por esta "pequeña" omisión, Vitoria va a establecer la garantía del respeto a este derecho internacional en el derecho de intervención, que en la práctica es el derecho del más fuerte y el derecho a la libre expansión del naciente capitalismo europeo. Se puede plantear este derecho en las siguiente proposiciones: los españoles tienen derecho a viajar a tierra de los indios, establecerse en ellas, comerciar con ellos y explotar sus recursos; como esto, según Vitoria, es un derecho natural ("derecho de gentes"), si los naturales no lo respeta España puede castigarlos hasta con la guerra total para defender el derecho de sus súbditos. Pero, podríamos preguntarle a Vitoria: ¿Y si los españoles emigrantes están causando daños a los aborígenes en sus bienes o en sus personas, cosa que venían denunciando en las últimas tres décadas sus hermanos dominicos? ¿Cómo pueden los aborígenes defender su derecho natural a vivir en paz y a disfrutar de sus tierras y de sus bienes? Esto a Vitoria no le interesa. La resistencia que los indios oponen a la invasión de sus tierras por los españoles, es tomada por Vitoria como violencia injustificada y malévola, contra la cual pueden responder los españoles injustamente agredidos o injuriados (¡) con la guerra total hasta someterlos.
2. Propagación de la religión cristiana. Los cristianos tienen derecho a predicar el evangelio entre los bárbaros y si estos se oponen los cristianos pueden someterlos por la fuerza incluso haciéndoles la guerra.
3. Mantenimiento de la religión. Si algunos de los bárbaros se convierten al cristianismo y sus príncipes quieren hacerlos volver a la idolatría por la fuerza, los españoles pueden nacerles la guerra.
4. Poder temporal indirecto del papa. Si un buen número de los bárbaros se hubiese convertido al cristianismo el papa puede ponerles un gobernante cristiano y quitarles los gobernantes infieles.
5. Gobierno tiránico. La tiranía de los señores de los bárbaros es causa justa, según Vitoria, para la intervención de los españoles con la guerra hasta destituir a los señores y constituir un nuevo gobierno.
6. Cambio de soberano por elección de la mayoría. Este, que era uno de los títulos ilegítimos, se vuelve ahora legítimo para Vitoria si los aborígenes piden el cambio libremente.
7. Alianza para la guerra. Del mismo modo que los romanos expandieron su imperio valiéndose de alianzas con pueblos amigos, lo que les permitía hacer la guerra a los enemigos de estos, así juzga Vitoria que pueden hacer los españoles para ir dominando legítimamente a los nuevos pueblos descubiertos.
8. Civilización mediante la colonización. Aunque este título Vitoria lo propone como dudoso, en realidad es el único que podría justificar la acción conquistadora y colonizadora, ya que los demás se basan en supuestos irreales. Este título se basa en el salvajismo o la barbarie de los pueblos descubiertos. Los descubridores, representantes de la civilización, tienen derecho a someterlos y ponerlos a su servicio, incluso por el bien de los mismos indígenas. Vitoria está fundando así el primer "Derecho de colonización" y la primera "ética colonial". Estos bárbaros parecen ser "siervos por naturaleza, dice Vitoria, razón por la cual pueden ser gobernados como siervos.

5.6 El derecho de guerra
En la segunda relección sobre Los indios Vitoria trata el tema del "derecho de guerra de los españoles sobre los bárbaros". Sólo al comienzo se refiere al problema de América, para reafirmar que la dominación española se sostiene fundamentalmente sobre el derecho de guerra. A partir de esa motivación elabora un breve tratado general sobre la guerra. Comienza por rechazar el pacifismo y declarar la licitud de la guerra para los cristianos. Seguidamente expone qué autoridad puede declararla y hacerla, cuáles son las causas de una guerra justa y qué acciones son lícitas en ella contra el enemigo. Únicamente vamos a comentar algunos puntos que aclaran más la posición de Vitoria frente a la conquista de América.
En primer lugar, sólo puede declarar y hacer la guerra una república "perfecta", como es el caso de los reinos de Castilla y Aragón. Los señoríos existentes en las Indias sor imperfectos. En segundo lugar, la única causa justa para hace la guerra es la injuria recibida. Vitoria supone que los aborígenes han causado injuria a los españoles. Bartolomé de Las Casas le diría que la única "injuria" consistía en la resistencia que los indios oponían a veces a la invasión de sus tierras y la violación de sus derechos. En tercer lugar, en la doctrina vitoriana de la guerra, justificada ésta se justifica o se vuelve líe hacer “todo lo necesario para la defensa del bien público”. Aquí se hallan implícitamente justificados todos los atropellos realizados por los conquistadores y encomenderos, que el criterio para establecer qué es lo "necesario" incluye todo: es lícito, afirma Vitoria, resarcirse de todos los gastos y daños, destruir todo lo que pueda constituir peligro futuro, vengar la injuria, escarmentar a los enemigos. En cuarto lugar, si en Vitoria hubiese existido alguna seria intención de defender a los aborígenes, resultaría extraño que no hubiese sacado conclusiones evidentes de la siguiente proposición en caso de duda sobre si la guerra es justa o no: “Parece que si uno está en legitima posesión, mientras dure la duda no puede otro disputársela con las armas”. Entre la denuncia de Montesinos y la redacción de esta relección habían pasado tres décadas de dudas y enconadas discusiones lideradas por Las Casas. Vitoria, como dominico, las debía conocer muy bien. ¿Por qué, entonces, no se apoya en estas dudas para declarar injustificada, sin más, la guerra contra los indios? La razón no puede ser otra que el interés de Vitoria en justificar dicha guerra, haciendo a un lado cualquier argumento en contra.
Un año antes de su muerte Vitoria es designado teólogo imperial por el emperador Carlos V, para asistir al Concilio de Trento. Era un justo reconocimiento a su esfuerzo por defender filosófica, teológica y jurídicamente los derechos imperiales del Estado español de conquistar y colonizar el Nuevo Mundo.
6. Juan Ginés de Sepúlveda

6.1 Personalidad y obra
Sepúlveda es el principal ideólogo de la corriente esclavista al servicio de la incipiente clase colonialista. Nacido en 1490 en Pozo-blanco (Córdoba), su sólida formación humanista, teológica y jurídica, así como su dominio del griego, que le permitió traducir varias obras de Aristóteles, hacen de él uno de los humanistas españoles más destacados de su época. El carácter de sus obras es netamente nacionalista y militaristas. Entre sus escritos, orientados todos a exaltar y apoyar ideológicamente las acciones bélicas del Emperador Carlos V, hay que destacar el Demócrates o sobre el acuerdo entre la disciplina militar y la religión cristiana (Democrates primus), publicado en Roma en 1535, y el Democrates alter o sobre las justas causas de la guerra contra los indios, escrito entre 1544 y 1545, pero cuya publicación no fue autorizada por la Corte.

6.2 Pensamiento: Justificación de la guerra de conquista
Elegido por el cardenal de Sevilla para defender los derechos de los conquistadores y encomenderos contra los ataques de Bartolomé de Las Casas, Sepúlveda se consagra de lleno a la tarea. Consciente de que la teología no le puede brindar argumentos sólidos para su causa, acude a los filósofos, en especial a Aristóteles. La fuerza de su argumentación la tomará de la ley natural, anterior al evangelio y con la cual, según él, éste no puede estar en desacuerdo.
Aristóteles le sirve para justificar la esclavitud de los indios por derecho natural. Estos son inferiores por naturaleza a los españoles. De ahí que los españoles tengan derecho (natural) a que los indios se les sometan como siervos. Ahora origen, como los indios se rebelan en forma violenta contra sus nuevos señores, éstos tienen derecho a hacerles la guerra en legítima defensa, a someterlos por la fuerza, a despojarlos de sus bienes y a utilizarlos como siervos.
El derecho de gentes es así entendido por Sepúlveda como el derecho natural que divide a los hombres en señores y siervos y legitima todas las prácticas de dominación de los pueblos conquistadores sobre los conquistados. El derecho natural se reduce para él a un solo principio: lo perfecto debe imperar sobre lo imperfecto, lo fuerte sobre lo débil. Dado que los aborígenes son imperfectos y débiles frente a los españoles, éstos deben dominarlos y ponerlos a su servicio, por que así lo establece la ley natural. Esta es, además, una labor civilizatoria y de caridad para con los pobres indios, que son bárbaros, incultos, impíos, inhumanos.
La guerra de conquista es, además, presentada y justificada por Sepúlveda como una guerra santa. La razón consiste en que los indios, siendo siervos por naturaleza, se resisten a someterse en cumplimiento de la ley natural y quedan sin posibilidad de alcanzar la salvación. Los españoles tienen derechos a hacerles la guerra para someterlos, castigarlos por sus horrendos pecados y conducirlos a la verdadera religión y salvación eterna. Estos constituyen los tres argumentos que legitiman la guerra de conquista.
Una vez sometidos y pacificados, la mejor forma de educarlos en las costumbres rectas y de iniciarlos en la religión cristiana es por medio de la encomienda: los indios son repartidos entre los españoles para que éstos los eduquen y a cambio se beneficien de sus trabajos y servicios personales. De este modo justifica Sepúlveda la acción conquistadora y colonizadora que el movimiento liderado por Las Casas venían condenando.

7. El aporte de los cronistas
La novedad del mundo descubierto despertó en Europa la curiosidad por conocer no sólo los relatos del descubrimiento y las acciones bélicas, sino sobre todo la forma de ser y las costumbres de los habitantes de ese mundo misterioso. En las crónicas de la época hallamos un abundante y riquísimo material ilustrador de las posiciones ideológicas que hemos comentando. Ya hablamos de la extensa obra de Bartolomé de Las Casas. Mencionemos ahora algunos otros de los cronistas más importantes.
Bernardino de Sahagún (1499-1590), es autor de Historia General de las cosas de Nueva España, una extensa obra de etnografía y arqueología escrita con gran profundidad. Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), alcaide de la fortaleza de Santo Domingo, escribe la Historia general y natural;- Indias. Fr. Toribio de Benavente, Motolinia (+ 1586), misionero franciscano en México, autor de Cartas al emperador Carlos V e Historia de los indios de Nueva España, difunde una elevada visión antropológica de los aborígenes. El P. José de Acosta (1539-1600), jesuita, rector del Colegio de Lima es autor de Historia natural y moral de las Indias. Algunos cronistas escribieron sin haber estado nunca en estas tierras como es el caso de Francisco López de Gomara (1511- 1557), autor de Historia general de las Indias. Para contrarrestar su criticada falta de objetividad, Bernal Díaz del Castillo 1492-1581), quien participó en la conquista de México, escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.
También hallamos cronistas indios, quienes presentan su visión de la conquista y del comienzo de la colonización, como Guaman Poma de Ayala, autor de Nueva crónica y buen gobierno (del antiguo y nuevo Perú), entre otros.


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