Existencialismo



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VARIEDADES DE INCREDULIDAD

Los argumentos en contra de la creencia en Dios son tan numerosos como los que existen a su favor. El ateísmo niega de modo absoluto la existencia de Dios. Algunos, por ejemplo, creen que el universo material constituye la realidad última; otros argumentan que el predominio del sufrimiento y del mal en el mundo imposibilita la existencia de un ser sagrado. Los agnósticos creen que la evidencia a favor y en contra de la existencia de Dios es cuestionable; por lo tanto suspenden el juicio en beneficio de la duda. Los positivistas creen que la investigación racional se halla restringida a las cuestiones del hecho empírico o demostrable por vías positivas y científicas, por lo que no tiene sentido ni afirmar ni negar la existencia de Dios.




  • ELECCIÓN Y COMPROMISO

Tal vez el tema más destacado en la filosofía existencialista es el de la elección. La primera característica del ser humano, según la mayoría de los existencialistas, es la libertad para elegir. Mantienen que los seres humanos no tienen una naturaleza inmutable, o esencia, como tienen otros animales o plantas; cada ser humano hace elecciones que conforman su propia naturaleza. Según la formulación del filósofo francés Jean-Paul Sartre, la existencia precede a la esencia. La elección es, por lo tanto, fundamental en la existencia humana y es ineludible; incluso la negativa a elegir implica ya una elección. La libertad de elección conlleva compromiso y responsabilidad. Los existencialistas han expuesto que, como los individuos son libres de escoger su propio camino, tienen que aceptar el riesgo y la responsabilidad de seguir su compromiso dondequiera que éste les lleve.



BLAISE PASCAL (1670)
El filósofo francés del siglo XVII Blaise Pascal fue el primer pensador que anticipó las principales inquietudes del existencialismo moderno. Rechazó el vigoroso racionalismo de su coetáneo René Descartes y, en sus Pensamientos sobre la religión y sobre otros temas, afirmó que una filosofía sistemática que se considera capaz de explicar a Dios y la humanidad representa una forma de orgullo. Al igual que los escritores existencialistas posteriores, contempló la vida humana en términos de paradojas: la personalidad humana, que combina mente y cuerpo, es en sí misma paradoja y contradicción.

HEGEL (1770-1831)
Georg Wilhelm Friedrich Hegel, filósofo alemán, máximo representante del idealismo y uno de los teóricos más influyentes en el pensamiento universal desde el siglo XIX. Nacido en Stuttgart el 27 de agosto de 1770, hijo de un funcionario de la hacienda pública, Hegel creció en un ambiente de pietismo protestante y estudió a los clásicos griegos y latinos mientras estuvo en el gymnasium de su ciudad natal. Animado por su padre para que se hiciera pastor protestante, en 1788 ingresó en el seminario de la Universidad de Tubinga, donde entabló amistad con el poeta Friedrich Hölderlin y el filósofo Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, de significada filiación romántica, compartiendo con ellos su entusiasmo por la Revolución Francesa y la antigüedad clásica. Después de completar un curso de Filosofía y Teología, y decidir que no quería seguir la carrera religiosa, en 1793 comenzó a ejercer como preceptor en Berna (Suiza). En 1797 consiguió un cargo similar en Frankfurt, pero dos años más tarde su padre falleció, dejándole un legado cuya cuantía económica le permitió abandonar su trabajo como tutor.
En 1801 se trasladó a la Universidad de Jena, donde estudió, escribió y logró un puesto como profesor. Allí concluyó la Fenomenología del espíritu (1807), una de sus obras más importantes. Permaneció en Jena hasta octubre de 1806, cuando la ciudad, en el transcurso de las Guerras Napoleónicas, fue ocupada por las tropas francesas, por lo que se vio obligado a huir. Desde 1807 hasta 1809, una vez agotadas las rentas que le había proporcionado la herencia paterna, trabajó como redactor en el periódico Bamberger Zeitung de Baviera. Sin embargo, el periodismo no le agradó y en 1809 se trasladó a Nuremberg donde fue director de un gymnasium durante ocho años.
Durante los años que residió en Nuremberg, Hegel conoció y contrajo matrimonio con Marie von Tucher, de quien tuvo tres hijos: una niña (que murió al poco de nacer) y dos varones (Karl e Immanuel). Antes de su matrimonio, Hegel había tenido un hijo ilegítimo (Ludwig) que acabaría viviendo en el hogar de los Hegel. Después de haber trabajado en su redacción durante siete años, publicó en Nuremberg otro de sus más afamados escritos, Ciencia de la Lógica (1812-1816). En 1816 aceptó la cátedra de Filosofía en la Universidad de Heidelberg y, poco después, publicó de forma sistemática sus pensamientos filosóficos en su obra Enciclopedia de las ciencias filosóficas (1817). En 1818 ingresó en la Universidad de Berlín, institución en la cual expuso y enseñó el conjunto de su pensamiento hasta su fallecimiento, ocurrido en esa misma ciudad el 14 de noviembre de 1831.
La última gran obra publicada por Hegel fue La filosofía del Derecho (1821), aunque algunas notas de sus conferencias y clases, junto con apuntes de sus alumnos, fueron también publicadas después de su muerte. En el conjunto de estos trabajos (conocido por el nombre genérico de Lecciones o Lecciones de Berlín) se encuentran Estética (1832), Lecciones sobre filosofía de la religión (1832), Lecciones de historia de la filosofía (1833-1836) y Lecciones de filosofía de la historia (1837).
Muy influido por las ideas de los grandes pensadores griegos, también conoció las obras del holandés Baruch Spinoza, del escritor francés Jean-Jacques Rousseau y de los autores alemanes Immanuel Kant, Johann Gottlieb Fichte y Schelling. Aunque muchas veces sus teorías discreparon de las de los mencionados pensadores, la influencia que ejercieron sobre él es evidente en sus escritos.


  • OBJETIVO FILOSÓFICO

El propósito de Hegel fue elaborar un sistema filosófico que pudiera abarcar las ideas de sus predecesores y crear un marco conceptual bajo cuyos términos tanto el pasado como el futuro pudieran ser entendidos desde presupuestos teóricos racionales. Tal propósito requería tener en cuenta, primeramente, la realidad misma. Así, Hegel la concibió como un todo que, con un carácter global, constituía la materia de estudio de la filosofía. A esta realidad, o proceso de desarrollo total de todo aquello que existe, se refirió como lo absoluto, o espíritu absoluto. Para Hegel, el cometido de la filosofía es explicar el desarrollo del espíritu absoluto. Esto implicaba, en primer lugar, esclarecer la estructura racional interna de lo absoluto; en segundo lugar, demostrar de qué forma lo absoluto se manifiesta en la naturaleza y en la historia humana; y en tercer lugar, explicar la naturaleza teleológica de lo absoluto, es decir, mostrar el destino o el propósito hacia el que se dirige.


Por lo que se refiere a la estructura racional de lo absoluto, Hegel, siguiendo al filósofo clásico griego Parménides, afirmó: “lo que es racional es real y lo que es real es racional”. Hay que entender esto en los términos de su afirmación posterior de que lo absoluto tiene que ser considerado como pensamiento, espíritu o mente, en un proceso de continuo autodesarrollo. La lógica que rige este proceso de desarrollo es la dialéctica. Por sí misma constituye un método de pensamiento. El método dialéctico se basa en que el movimiento, proceso o progreso, es el resultado del conflicto entre opuestos. De forma tradicional, esta dimensión del pensamiento hegeliano se ha analizado en términos de tesis, antítesis y síntesis. A pesar de que Hegel no utilizó dichos conceptos, resultan muy útiles para comprender su visión de la dialéctica. La tesis puede ser una idea o un movimiento histórico. Tal idea o movimiento presenta carencias que dan lugar a una oposición o antítesis, que genera una conflictividad interna. Como resultado de este conflicto aparece un tercer punto de vista, una síntesis que supera el conflicto conciliando en un plano superior la verdad contenida en la tesis y la antítesis. Esta síntesis se convierte en una nueva tesis que genera otra antítesis, dando lugar a una nueva síntesis, conformándose así el proceso de desarrollo intelectual o histórico. Hegel pensaba que el propio espíritu absoluto (la suma total de la realidad) se desarrolla por este camino hacia un fin último o una meta más alta.
Para Hegel, por lo tanto, la realidad se entiende como lo absoluto desdoblándose por la vía dialéctica en un proceso de autoevolución. En este proceso, lo absoluto se muestra tanto en la naturaleza como en la historia de la humanidad. La naturaleza es el pensamiento absoluto, o ser, que se objetiva a sí mismo bajo una apariencia material. Las mentes finitas y la historia de la humanidad son el proceso de lo absoluto que se manifiesta en lo que le es más cercano, a saber, el espíritu o la conciencia. En la Fenomenología del espíritu señaló las perspectivas de esta manifestación desde los planos más simples de conciencia, a través de la autoconciencia, hasta los puntos alcanzados por la razón más avanzada.
Cuando Hegel murió era el filósofo alemán más importante. Sus ideas estaban muy difundidas y sus estudiantes gozaban de gran prestigio intelectual. Sus seguidores se dividieron pronto entre hegelianos de derechas y de izquierdas. Desde un punto de vista teológico y político, los hegelianos de derechas ofrecieron una interpretación conservadora de su obra. Subrayaron la compatibilidad entre la filosofía de Hegel y el cristianismo. Desde una perspectiva política, eran conservadores. Los hegelianos de izquierdas evolucionaron hacia el ateísmo y, en el plano político, muchos de ellos adoptaron posturas revolucionarias. En este grupo izquierdista figuraron Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer, Friedrich Engels y Karl Marx. El pensamiento de estos dos últimos estuvo muy influido por la idea hegeliana de que la historia se rige por un proceso dialéctico, pero sustituyeron su idealismo filosófico por el materialismo.
El idealismo metafísico de Hegel influyó en el Existencialismo a través del filósofo danés Sören Kierkegaard. La Fenomenología ha recibido, por otro lado, las ideas de Hegel sobre la conciencia. El extenso y variado impacto de su pensamiento en la filosofía occidental evidencia su profundidad.


  • FENOMENOLOGÍA DEL ESPÍRITU

Principal obra escrita por el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Publicada en 1807 (título original: Die Phänomenologie des Geistes), su denso y complejo contenido filosófico (en tanto que su autor pretendía que fuera el primer paso hacia un sistema de la ciencia global), influyó en las posteriores teorías de autores como Karl Marx o Sören Kierkegaard. En sus páginas, Hegel induce al lector a iniciar el camino que le conducirá hasta el saber absoluto, presentando las diferentes manifestaciones (o fenómenos) del espíritu, que constituyen la historia-verdad: la filosofía debe permitir “el avance de la historia”.


Aunque Hegel intentó que su libro fuese considerado como una obra psicológica de la conciencia, la Fenomenología del espíritu aparece también como una gran obra de teología mística cristiana, de la cual derivan sus grandes temas:


  • Vía negativa

  • Unidad en el absoluto más allá incluso de lo divino

  • Alienación que lleva al éxtasis

Hegel estuvo influido por el concepto de alienación (A. Silesiusa), por la coincidencia de los contrarios (J. Böhome), y por el concepto de la conciencia de sí (Schelling). Muchos términos y conceptos, tales como dialéctica negativa y alienación, serían también retomados por Ch. Marx.


Hegel advierte que la diversidad y las contradicciones aparentes de los diferentes sistemas filosóficos se traducen en un desarrollo progresivo de la verdad. Su método dialéctico negativo en términos poéticos metafóricos: el botón desaparece con la flor, que a su vez es reemplazada por el fruto; éste a su vez aparece como la verdad de la flor, denunciándola como un falso ser. Cada formula rechaza la anterior pero todas ellas participan de la igual y única naturaleza orgánica de la cual son momentos. La cosa no se desgasta en su inicio sino en la actualización. En un primer movimiento, la negación es la operación de “diferenciación” y, en consecuencia, de plantearse “el estar aquí”. Para Hegel, la verdad es el todo, y la verdad es aprehendida como un sujeto.
La vía negativa es el camino de “la duda”, del escepticismo, en las que las indispuestas estaciones podrían evocar la del Cristo subiendo al Gólgota. Son angustiosas por la confrontación con la nada que revelan como verdad. Pero de una negación nace inmediatamente una nueva forma: tenemos que despojarnos de nuestros pensamientos personales para avanzar. Hegel insiste en la importancia de la experiencia vivida para poder progresar. La dialéctica aparece como la confrontación de la conciencia con su Otra (el sujeto con el objeto): es “re-negando” (la negación de un opuesto constituye una reconciliación, que es la verdad) cuando se “determina”.


  • CONCIENCIA, AUTO-CONCIENCIA Y RAZÓN

La conciencia sensible es un saber inmediato fundado por la intuición. La conciencia perceptiva, que es la aprehensión de “la cosa”, unifica la diversidad (lo múltiple) y crea así el objeto. El entendimiento es una aproximación de la inteligencia, de la ley, una toma de conciencia de sí, pero desmembrada, pues es analítica. De la conciencia se pasa a la “conciencia de sí” por medio del deseo. Tras analizar diferentes actitudes filosóficas pasadas llega la famosa dialéctica del amo y del esclavo, tomada de El sobrino de Rameau de Denis Diderot: cada uno de los dos personajes es de hecho un doble negativo del otro. El amo necesita del trabajo del esclavo de quien es dependiente y por ello esclavo. También es la revelación de un conflicto interno entre el deseo de sí y el del otro, en el cual cada uno quiere ser reconocido por los demás y busca por ello “reducirlo”. El amo debe aceptar morir como tal. La razón es la unificación de la conciencia con la conciencia de sí, del pensamiento con el objeto, del sujeto con el objeto. De la razón observante y pasiva, pasamos a la razón práctica y activa. La “ley del corazón” de cada uno entra en contradicción con la ley y el curso del mundo (y de la sociedad).




  • EL ESPÍRITU

Es en la unificación de las razones individuales, atendiendo a lo universal de la conciencia colectiva de un pueblo, donde Hegel presenta la evolución: la ciudad griega, el feudalismo, el kantismo en el cual la conciencia se auto-contempla abandonando la acción. A ese nivel de la “bella alma”, el espíritu tiene certeza de sí mismo. Pero al perder su individualidad el individuo no es más que un átomo indiferenciado en la “masa”, que es lo único que le interesa a Hegel en su perspectiva de lo universal. La renuncia de la individualidad es el abandono, el despojo, la alienación de los místicos (la salida, la liberación del espíritu y de sí mismo) en esa ascensión hacia la perfecta unión extática del espíritu consigo mismo. Allí donde “el espíritu tenga conciencia de ser espíritu” y logre conocer “como él es en sí y por sí”.



ARTHUR SCHOPENHAUER (1788-1860)
Filósofo alemán, famoso por su doctrina del pesimismo. Nació el 22 de febrero de 1788 en Danzig (actual Gdańsk, Polonia), y estudió en las universidades de Gotinga, Berlín y Jena. Se instaló en Frankfurt del Main, donde llevó una vida solitaria y se volcó en el estudio de los sistemas filosóficos del budismo e hinduismo y del misticismo. También estuvo influenciado por las ideas del teólogo dominico, místico y filósofo ecléctico alemán Maestro Eckhart, del teósofo y místico alemán Jakob Boehme y de los eruditos del renacimiento y de la Ilustración. En su obra principal, El mundo como voluntad y representación (1819), proponía los elementos éticos y metafísicos dominantes en su filosofía atea y pesimista.
En desacuerdo con la escuela del idealismo, se opuso con dureza a las ideas de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, que creía en la naturaleza espiritual de toda realidad. En su lugar, aceptaba, con algunas reservas, la teoría de Immanuel Kant según la cual los fenómenos existen sólo en la medida en que la mente los percibe como representaciones. Sin embargo, no estaba de acuerdo con éste en que la “cosa-en-sí” (Ding an sich), o realidad última, exista más allá de la experiencia. La identificaba por su parte con la voluntad experimentada. No obstante, la voluntad no está limitada a una acción voluntaria previsible, sino que toda la actividad experimentada por la personalidad es voluntad, incluidas las funciones fisiológicas inconscientes. Esta voluntad es la naturaleza innata que cada ser experimenta y adopta en el tiempo y el espacio como apariencia del cuerpo, que es así su representación. Partiendo del principio de que la voluntad es la naturaleza innata de su propio cuerpo como una apariencia en el tiempo y en el espacio, Schopenhauer llegó a la conclusión de que la realidad innata de todas las apariencias materiales es la voluntad, y que la realidad última es una voluntad universal.
Para Schopenhauer, la tragedia de la vida surge de la naturaleza de la voluntad, que incita al individuo sin cesar hacia la consecución de metas sucesivas, ninguna de las cuales puede proporcionar satisfacción permanente a la actividad infinita de la fuerza de la vida, o voluntad. Así, la voluntad lleva a la persona al dolor, remedio al sufrimiento y a la muerte; a un ciclo sin fin de nacimiento, muerte y renacimiento, y la actividad de la voluntad sólo puede ser llevada a un fin a través de una actitud de renuncia, en la que la razón gobierne la voluntad hasta el punto que cese de esforzarse.
Tuvo esta concepción del origen de la vida en la voluntad gracias a un planteamiento que partía de la concepción de la naturaleza de la conciencia como impulsora. Mostró una fuerte influencia budista en su metafísica y un logrado sincretismo de ideas budistas y cristianas en sus reflexiones éticas. Desde el punto de vista epistemológico, las ideas de Schopenhauer pertenecen a la Escuela de la Fenomenología.
Famoso por su misoginia, aplicó sus ideas al considerar los principios que constituyen el fundamento de la actividad sexual humana, defendiendo que los individuos se unen, no por las sensaciones del amor sentimental, sino por los impulsos irracionales de la voluntad. Huellas de su filosofía pueden distinguirse en las primeras obras de Friedrich Nietzsche, en las óperas del compositor Richard Wagner y en muchos de los trabajos filosóficos y artísticos del siglo XX. Falleció el 21 de septiembre de 1860 en Frankfurt del Main.

SÖREN KIERKEGAARD (1813-1855)
Filósofo y teólogo danés, cuyo interés por la existencia, la elección y el compromiso individuales tuvo gran influencia en la teología y en la filosofía occidental modernas, sobre todo en el ámbito del existencialismo. Sören Aabye Kierkegaard nació el 15 de mayo de 1813 en Copenhague. Su padre era un rico comerciante y un estricto luterano, cuya tenebrosa piedad, dominada por un sentimiento de culpa y fantasías morbosas, influyó y obsesionó a Kierkegaard durante toda su vida. Estudió teología y filosofía en la Universidad de Copenhague, donde conoció la filosofía de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, contra la que reaccionó con apasionamiento. En la universidad abandonó el protestantismo luterano y, durante un tiempo, llevó una extravagante vida social y se convirtió en una figura muy conocida en los teatros y cafés de su ciudad. Sin embargo, tras fallecer su padre en 1838, decidió retomar sus estudios teológicos. En 1840 se comprometió con Regine Olson, pero muy pronto se dio cuenta de su incapacidad para aceptar ese vínculo a causa de su naturaleza melancólica y de su vocación filosófica. Rompió el compromiso matrimonial en 1841, pero este hecho fue muy significativo para él y aludiría al mismo repetidas veces en sus libros. En esa época se dio cuenta de que no quería ser un pastor luterano. La herencia recibida de su padre le permitió dedicarse por completo al pensamiento filosófico y, durante los 14 años que vivió tras este episodio, redactó más de 20 obras. La tensión producida por sus escritos y las controversias en que participó, minaron poco a poco su salud; en octubre de 1855 se desmayó en la calle y falleció el 11 de noviembre de ese mismo año en Copenhague.
El trabajo de Kierkegaard es, de modo intencionado, poco sistemático. Reúne ensayos, aforismos, parábolas, cartas ficticias, diarios y otras modalidades literarias. Muchos de sus ensayos fueron, al principio, publicados bajo seudónimos. Aplicó el término existencial a su filosofía porque consideraba a ésta como la expresión de la vida individual examinada con intensidad y no como la construcción de un sistema monolítico como el que realizara Hegel, cuyo trabajo criticó en Notas concluyentes no científicas (1846). Mientras que Hegel afirmaba haber conseguido un absoluto entendimiento racional de la vida humana y de la historia, Kierkegaard, por el contrario, resaltó la ambigüedad y la paradójica naturaleza de la situación de los hombres. Afirmaba que los problemas fundamentales de la existencia desafían una explicación racional y objetiva; la mayor verdad es subjetiva.
Kierkegaard mantenía que la filosofía sistemática no sólo impone una falsa perspectiva de la existencia humana, sino que también, al explicar la vida en términos de necesidad lógica, se convierte en una manera de evitar la elección y la responsabilidad. Creía que los individuos crean su propia naturaleza a través de su elección, que ha de hacerse sin el peso de normas universales y objetivas. La validez de la elección se puede determinar tan sólo de una forma subjetiva.
En su primer gran trabajo, “O lo Uno o lo Otro” (2 vols., 1843), describió dos esferas o ámbitos de existencia entre las que podía escoger el individuo: la estética y la ética. La vía estética de la vida es un hedonismo refinado que consiste en una búsqueda del placer y el cultivo de la apariencia y las formalidades. El individuo que ha seguido la vía estética busca la variedad y la novedad en un esfuerzo por evitar el aburrimiento pero al fin tiene que enfrentarse a éste y a la desesperación. El camino de la vida ética implica un intenso y apasionado compromiso con el deber y con obligaciones sociales y religiosas incondicionales. En sus últimos trabajos, como Estadios en el camino de la vida (1845), percibe en este sometimiento al deber una pérdida de responsabilidad individual y propone un tercer nivel, el religioso, en el que uno se somete a la voluntad de Dios pero, al hacerlo, encuentra la auténtica libertad.
En Temor y temblor (1843) Kierkegaard se centra en el mandamiento de Dios según el cual Abraham ha de sacrificar la vida de su hijo Isaac (Gén. 22,1-19), un acto que viola las convicciones éticas de Abraham. Éste da muestra de su fe al someterse al mandato de Dios, incluso aunque no lo pueda comprender. Esta “suspensión de la ética”, como lo llamaba Kierkegaard, permite a Abraham alcanzar un auténtico compromiso con Dios. Para evitar la desesperación última, el individuo tiene que dar un “salto de fe” similar en una vida religiosa, que es en sí misma paradójica, misteriosa y se halla plagada de riesgos. Uno está llamado a ello por el sentimiento de la angustia (otro de los puntos básicos de su pensamiento, desarrollado principalmente en El concepto de la angustia, 1844) que, en última instancia, es un temor a la nada.
Hacia el final de su vida, Kierkegaard se vio sumido en un conjunto de agitadas controversias, sobre todo con la Iglesia luterana danesa, a la que consideraba mundana y corrupta. Sus últimos trabajos, como La enfermedad mortal (1849), reflejan una idea cada vez más pesimista del cristianismo que enfatiza el sufrimiento como esencia de la verdadera fe. También redobló sus ataques contra la moderna sociedad europea, que denunció en La Era Actual (1846) por su falta de pasión y sus valores cuantitativos.
La influencia de Kierkegaard se circunscribió en un principio a Escandinava y a la Europa de habla alemana, donde su trabajo tuvo un fuerte impacto en el ámbito de la teología protestante, así como en escritores como el checo Franz Kafka. Cuando, a principios del siglo XX, surgió el existencialismo como un movimiento generalizado en Europa, las obras de Kierkegaard fueron traducidas con profusión y se le reconoció como una de las figuras clave de la cultura moderna.
Kierkegaard, considerado como el fundador del existencialismo moderno, reaccionó contra el idealismo absoluto y sistemático de Hegel, que afirmó haber encontrado un entendimiento racional total de la humanidad y de la historia. Kierkegaard, por el contrario, resaltó la ambigüedad y lo absurdo de la situación humana. La respuesta individual a esta situación tiene que ser vivir una existencia comprometida por completo, y este compromiso sólo puede ser entendido por el individuo que lo asume. El individuo, por lo tanto, tiene que estar siempre dispuesto para desafiar las normas de la sociedad en nombre de la mayor autoridad de un tipo de vida auténtica en el orden personal. Kierkegaard abogó por un “cambio de fe” en el modo de vida cristiano que, aunque incomprensible y lleno de riesgos, era el único compromiso que, según creía, podía salvar al individuo de la desesperación.

FRIEDRICH NIETZSCHE (1844-1900)
Friedrich Nietzsche filósofo, poeta y filólogo alemán, cuyo pensamiento está considerado como uno de los más radicales, ricos y sugerentes del siglo XX.
Nació el 15 de octubre de 1844 en Röcken, Prusia. Su padre, un pastor protestante, falleció cuando él tenía 5 años, por lo que fue educado por su madre en una casa donde vivían su abuela, dos tías y una hermana. Estudió Filología Clásica en las universidades de Bonn y Leipzig, y fue nombrado catedrático de Filología Clásica en la Universidad de Basilea en 1869, cuando sólo tenía 24 años de edad. Su delicada salud (estuvo afectado toda su vida por problemas de visión y constantes jaquecas) le obligó a abandonar la docencia en 1878. En 1889 sufrió una crisis nerviosa de la que nunca se recuperó. Falleció en Weimar el 25 de agosto de 1900.
Además de por la cultura helénica (en particular por las respectivas filosofías de Sócrates, Platón y Aristóteles) Nietzsche estuvo profundamente influido por el pensamiento del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, por la teoría de la evolución y por su amistad con el compositor alemán Richard Wagner. Escritor prolífico, entre sus trabajos filosóficos más importantes cabe señalar los siguientes: El Origen De La Tragedia (1872), La Gaya Ciencia (1882), Así Habló Zaratustra (1883-1891), Más Allá Del Bien Y Del Mal (1886), La Genealogía De La Moral (1887), El Ocaso De Los Ídolos (1889), El Anticristo (1896), La Voluntad De Poder (1901) y Ecce Homo (1908).
Uno de los argumentos fundamentales de Nietzsche era que los valores tradicionales (representados en esencia por el cristianismo) habían perdido su poder en las vidas de las personas, lo que llamaba nihilismo pasivo. Lo expresó en su tajante proclamación “Dios ha muerto”. Estaba convencido de que los valores tradicionales representaban una “moralidad esclava”, una moralidad creada por personas débiles y resentidas que fomentaban comportamientos como la sumisión y el conformismo porque los valores implícitos en tales conductas servían a sus intereses. Afirmó el imperativo ético de crear valores nuevos que debían reemplazar los tradicionales, y su discusión sobre esta posibilidad evolucionó hasta configurar su retrato del hombre por venir, el “superhombre” (Übermensch).
Según sus teorías, las masas (a las que denominaba “rebaño”, “manada” o “muchedumbre”) se adaptan a la tradición, mientras su superhombre utópico es seguro, independiente y muy individualista. El superhombre siente con intensidad, pero sus pasiones están frenadas y reprimidas por la razón. Centrándose en el mundo real, más que en las recompensas del mundo futuro prometidas por las religiones en general, el superhombre afirma la vida, incluso el sufrimiento y el dolor que conlleva la existencia humana. Su superhombre es un creador de valores, un ejemplo activo de “eticidad maestra” que refleja la fuerza e independencia de alguien que está emancipado de las ataduras de lo humano “envilecido” por la docilidad cristiana, excepto de aquellas que él juzga vitales.
Nietzsche sostenía que todo acto o proyecto humano está motivado por la “voluntad de poder”. Ésta no es tan sólo el poder sobre otros, sino el poder sobre uno mismo, algo que es necesario para la creatividad. Tal capacidad se manifiesta en la autonomía del superhombre, en su creatividad y su coraje. Aunque Nietzsche afirmó en multitud de oportunidades que todavía no había existido ningún superhombre, citó a algunos personajes históricos que podrían servir como modelos: Sócrates, Jesucristo, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, William Shakespeare, Johann Wolfgang von Goethe, Julio César y Napoleón I Bonaparte.
Al concepto de superhombre se le reprochó a menudo ser el fruto de un intelectual que se desenvuelve en una sociedad de amos y esclavos, y ha sido identificado con las filosofías autoritarias. Muchos eruditos niegan esta lectura ideológica y lo atribuyen a una mala interpretación de la obra de Nietzsche.
Aclamado poeta, Nietzsche ejerció una enorme influencia sobre la literatura alemana, sobre la literatura europea, así como sobre la teología. Sus conceptos han sido discutidos y ampliados por personalidades como los filósofos alemanes Karl Jaspers y Martin Heidegger, el filósofo judío alemán Martin Buber, el teólogo germano-estadounidense Paul Johannes Tillich, y los escritores franceses Albert Camus y Jean-Paul Sartre. La proclama de Nietzsche “Dios ha muerto” fue utilizada por teólogos radicales posteriores a la II Guerra Mundial (en especial por los estadounidenses Thomas J. J. Altizer y Paul van Buren) en sus intentos por adecuar el cristianismo a las décadas de 1960 y posteriores.
Nietzsche, que no conocía el trabajo de Kierkegaard, transformó el pensamiento existencialista posterior a través de su crítica de las tradicionales suposiciones metafísicas y morales, y su adopción del pesimismo trágico y de la voluntad individual afirmadora de la vida que la opone a la conformidad moral de la mayoría. En oposición a Kierkegaard, cuyo ataque a la moral convencional le llevó a defender un cristianismo radical e independiente, Nietzsche afirmó en La Gaya Ciencia (1882) que “Dios está muerto” y rechazó toda la tradición moral judeocristiana en favor de los heroicos ideales paganos.


  • PRINCIPALES OBRAS




AÑO

OBRA


1872

El origen de la tragedia

1873-1876

Consideraciones intempestivas

1878

Humano, demasiado humano

1881

Aurora

1882

La gaya ciencia

1883-1891

Así habló Zaratustra

1886

Más allá del bien y del mal

1887

La genealogía de la moral

1888

El caso Wagner

1889

El ocaso de los ídolos

1896

El Anticristo

(póstuma)

La voluntad de poder

1908

(póstuma)



Ecce homo



  • ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA

Una de las obras más famosas en la que expuso algunas de las tesis fundamentales de su pensamiento más maduro, tras haber realizado una serie de fulminantes críticas contra la cultura burguesa de su tiempo y contra la tradición platónico-cristiana que la sustentaba.


Según confesaría después el propio Nietzsche en su libro Ecce Homo (1908) y en otros escritos autobiográficos, esta obra tuvo un especial origen, de carácter místico y contemplativo, en dos “visiones” que su autor tuvo en 1881 y en 1883. El libro fue redactado de una manera muy rápida, bajo una elevada tensión creativa y fue terminado en agosto de 1884. Escrito en alemán (título original: Also sprach Zarathustra) y dividido en cuatro partes (las dos primeras fueron publicadas en 1883, la tercera en 1884 y la cuarta en 1891), toda la obra posee un carácter poético y se encuentra llena de símbolos y metáforas, expresadas en un brillante estilo, raramente superado en la historia de la lengua alemana. El autor concedió a su obra un carácter poético y dijo escribirla en el mismo tono en el que fueron escritos los Veda, o las obras de William Shakespeare y Johann Wolfgang von Goethe. Sin embargo, dicho tono poético y simbólico, que hace difícil su lectura, no debe ocultar el mensaje positivo que Nietzsche pretendía transmitir con este libro. A lo largo de sus páginas queda expuesta la propia filosofía positiva de Nietzsche.
Zaratustra es una figura simbólica de la nueva filosofía que el autor pretendía desarrollar, y Nietzsche se denomina a sí mismo el “poeta de Zaratustra”. El conjunto del libro narra los discursos que Zaratustra pronuncia entre los hombres para anunciar su nueva doctrina. Cada una de las partes relata sucesivos “descensos” que Zaratustra realiza desde su retiro en la montaña para relatar a los hombres su nuevo pensamiento. Las partes fundamentales de Así habló Zaratustra son consideradas por Nietzsche como verdaderas “tormentas del espíritu” y cada una de ellas posee una cierta independencia.
El prólogo posee una especial importancia: critica el sentido del “último hombre” (que no es sino el sujeto burgués) y desea instaurar el nuevo “valor de la tierra” (frente a toda forma de trascendencia).
La primera parte de la obra tiene como tema central la “muerte de Dios”, y en ella habla Nietzsche de Las Tres Transformaciones (o Figuras) Fundamentales del Espíritu: el camello (que soporta el dominio de la moral), el león (que crea una nueva moral) y el niño (que crea nuevos valores mediante el juego); asimismo, propone la necesidad de considerar las virtudes tradicionales como “adormideras”, que impiden ver los valores verdaderos y reivindica la necesidad de imaginar el nuevo sujeto humano como alguien que se atreve a experimentar.
La segunda parte relata la segunda bajada de Zaratustra y expone una nueva serie de discursos que tienen como tema central la “voluntad de poder”, atacando a quienes se oponen a la voluntad creadora de una moral autónoma. Al final de esta parte aparece la visión del “eterno retorno de las cosas”, que aterroriza a Zaratustra por su radicalidad y es, junto a la “voluntad de poder”, uno de los núcleos de su filosofía. Pero esta segunda parte termina también con un fracaso: Zaratustra regresa a su montaña, incomprendido por los hombres que no entienden cuanto dice y se ríen de él.
La tercera parte tiene una importancia especial. En ella Zaratustra plantea la doctrina del “eterno retorno” y supone el final de la obra en su primer proyecto: el “eterno retorno” es la visión secreta de Zaratustra, su doctrina más preciada. Nietzsche expone esta doctrina empleando gran cantidad de símbolos y discursos alegóricos (en especial, los titulados “De la visión y el enigma”, que constituye una síntesis de toda la obra, y “Los siete sellos”) de tono apocalíptico y de una gran belleza lírica.
La cuarta y última parte presenta a un Zaratustra anciano y desanimado ante el fracaso de su tarea, pero que todavía tiene la fuerza suficiente para reivindicar la necesidad de aquellos que denomina “hombres superiores”. Éstos serán los únicos que podrán comprender su doctrina y vivir según la filosofía que Nietzsche representa: son los verdaderos “superhombres”, que habrán anulado la mediocridad de la cultura occidental y constituirán una nueva clase de filósofos.


  • GENEALOGÍA DE LA MORAL

Publicada en 1887 (título original: Zur Genealogie der Moral), está integrada por tres disertaciones que tratan del origen y de la crítica de los valores morales. También expone la interrogante sobre el masoquismo moral, social y político. En su prefacio, Nietzsche ve en el pesimismo nihilista de Arthur Schopenhauer un síntoma de la enfermedad mental y depresiva que erosiona la sociedad. A partir de este razonamiento, reacciona cuestionando el valor mismo de los valores morales reinantes.




  • BUENO Y MALVADO” - “BUENO Y MALO”

Como ya señaló Gilles Deleuze, toda la obra de Nietzsche debe ser leída desde una perspectiva principalmente anti hegeliana, pues ataca los fundamentos judíos del cristianismo de los que han emanado los valores morales. Este ataque está relacionado con las teorías de Bruno Bauer, a quien Nietzsche demostró su admiración en Consideraciones Intempestivas (1873-1876).


Considera que son los hombres poderosos (los aristócratas) quienes, al designar sus actos como “buenos”, se otorgan el derecho de crear valores que son impuestos a los más débiles. “¡Los sacerdotes luchan con ideas y palabras contra estos poderosos, haciendo de los débiles los verdaderos buenos!”. El resentimiento de los esclavos crea nuevos valores, y éstos, en lugar de liberarlos de su yugo, no hacen más que confirmar su sumisión. Esta “nueva” moral es entonces la moral de la miseria, de la piedad y de la renuncia. Esta moral dice “no” al mundo exterior visto como opresor, “no” a los poderosos (quienes a su vez dicen “sí” a la felicidad de una vida plena de voluptuosidad animal, agresiva y que no les culpabiliza). Los débiles se engañan a sí mismos al conservar los valores de los poderosos. Ellos se ilusionan de palabras, de creencias y de ideales, como forma de vanas venganzas hacia los poderosos a quienes envidian. Para Nietzsche, hacer de la moral de la minoría (los poderosos), la moral de la mayoría (los débiles), es invertir los valores.


  • EL ORIGEN DE LA JUSTICIA: LA MALA CONCIENCIA

El moralismo social transforma al hombre en previsible y, por lo tanto, en gobernable. La ejemplaridad de los castigos y la memorización de las sanciones permiten sojuzgar al hombre, que conserva en la memoria sus promesas negativas (“yo no haré esto” o “yo no quiero”) con el fin de beneficiarse de las ventajas compensatorias de la sumisión que le ofrece la sociedad. Más que ser amo de los demás, se trata, para Nietzsche, de hacer que el hombre sea el libre amo de sí mismo y de sus promesas (poderoso con respecto a sí mismo) y no de que la voluntad de poder se pueda ejercer de forma ciega sobre el otro.


Faltas, deudas, dolores y daños son equivalentes: hay compensación y, por lo tanto, una invitación a la crueldad entre el acreedor y el deudor a quien se le impone la “memoria” de lo que promete, “obligándole” (ataque a las ideas kantianas). Esta compensación es el resultado de una estimación y funda juicios de valor. La memoria de la promesa funda la “mala conciencia” y el sentimiento de culpabilidad. El ser humano expulsa su rebeldía y la pone contra él mismo, impidiendo que sus instintos se liberen. Los poderosos imponen así fácilmente su justicia: el origen del Estado no es nada más que un contrato. Nietzsche deseaba que el ser humano encontrara su “gran salud” en la espontaneidad de una vida en la que la agresividad natural no fuese completamente expulsada, sino exprimida de manera positiva.


  • LOS IDEALES ASCÉTICOS

La contemplación estética reemplaza al instinto sexual y lo anestesia. El ascetismo es una vía hacia la independencia pero bloquea, igualmente, la expresión natural de la vida. El ideal ascético domina a los que sufren. El individuo “enfermo” está en afinidad con los demás “desheredados” a quienes él culpabiliza responsabilizándolos de su propia desgracia. Él les “prescribe” la idea de liberación como un hipnótico propio, desviando la atención de su sufrimiento, lo que puede también realizar el trabajo. El sacerdote, sin embargo, otorga a sus “enfermos” un semblante de consolación predicando el amor al prójimo. Los débiles se reagrupan entonces en “rebaños”, dándose así la apariencia de un cierto poder sostenido por su “pequeña alegría” tranquilizadora de la mutua benevolencia pero bloqueando, una vez más, la rebelión de estos mismos. Nietzsche habla de la neurosis religiosa (la fe salva fundando la ilusión).


El hombre se aferra a la creencia de la verdad, pero “nada es verdad y todo está permitido” a los espíritus libres. La búsqueda moral permanece, a pesar de todo, en una búsqueda de la verdad. Pues el hombre libre es él mismo creador de valores morales, como un artista que sabe manejar la apariencia, un simulacro y la distorsión visual. Desde el punto de vista político, Nietzsche se inclina, a fin de cuentas, hacia “una anarquía proveniente del proletariado cultivado”. Además, en este tratado, Nietzsche anuncia el psicoanálisis de Sigmund Freud.


  • LA GAYA CIENCIA

Publicada en 1882 (título original: Die fröhliche Wissenschaft), en sus páginas se intuye ya el concepto del “eterno retorno”, que más tarde desarrollaría en Así habló Zaratustra (1883-1891). Redactada en torno a series de aforismos, su aparente falta de unidad ha desalentado a muchos críticos posteriores. Ante todo, es una obra de transición en el conjunto de la obra del autor, de sabiduría alegre más que de filosofía, en lo que influyó el hecho de haber sido escrita en un periodo en el que el pensador alemán se recuperaba de una enfermedad. Se inicia con un prólogo en verso y, tras cinco libros, termina con un epílogo que incluye canciones de trovadores (Canciones del príncipe Vogelfrei).


En el prólogo, Nietzsche, convaleciente, retoma una idea que ya había sido muy utilizada por los autores de la antigüedad: considerar la actividad filosófica como psicoterapia catártica. Esta actividad no tiene relación con la búsqueda de la verdad, sino con la búsqueda de la salud, de la fuerza y de la vida.
En el libro primero, Nietzsche hace un elogio del espíritu desinteresado en el ser humano porque en ello encuentra la ventaja. Intentando hacer el bien al prójimo, el hombre ejerce sobre él su poder. Si la educación triunfa, cada virtud del individuo constituirá una utilidad colectiva y una desventaja personal. Contra el arrepentimiento, Nietzsche apuesta por la búsqueda de “la mejoría”. Sostiene un escepticismo “con experiencias” como límite a su sentido de la verdad.
Después de haber evocado el amor y las mujeres, Nietzsche aborda en la segunda parte la problemática del arte como separación con respecto a una naturaleza, que es “transfigurada” por los artistas. Después habla exhaustivamente acerca de los autores a los que admira (Nicolás de Chamfort, William Shakespeare, Arthur Schopenhauer), para detenerse en la figura del compositor Richard Wagner, quien le ha decepcionado por haber regresado al cristianismo, considerándole, por ello, un desorientado.
En el tercer libro Nietzsche retoma su interrogación sobre el origen del conocimiento en su relación con la religión y elogia el politeísmo griego. Una orientación escéptica perceptible en la misma religión contribuyó, según él, al advenimiento de la filosofía de la Ilustración (aforismo 122). Posteriormente aborda el célebre tema de la muerte de Dios (aforismo 125): el insensato dice “Yo busco a Dios, yo busco a Dios”, “Nosotros lo hemos matado”, “Dios está muerto”.
En la cuarta parte aborda el libre albedrío, que cree debe ir acompañado de un cierto abandono: “Pues es necesario saber perderse de vista por mucho tiempo si uno quiere aprender algo de las realidades, que nosotros no somos nosotros mismos”. Sin embargo, afirma que los “grandes mensajes” permanecen “en el dolor de la humanidad”.
De la quinta parte conviene retener (aforismo 344) que todos somos piadosos ya que no hay ciencia o saber sin presuposición. El error puede remplazar muy bien a la verdad. En el aforismo 354 Nietzsche declara, en fin, que la conciencia en general solamente ha podido desarrollarse bajo la presión de la necesidad de comunicación y por el juego de las relaciones de utilidad comunitaria. La consecuencia de la muerte de Dios es la desaparición de la moral que da paso al nihilismo.

MIGUEL DE UNAMUNO 1864-1936)
Filósofo y escritor español, considerado por muchos como uno de los pensadores españoles más destacados de la época moderna y miembro de la generación del 98.Nacido en Bilbao, Unamuno estudió en la Universidad de Madrid, donde se doctoró en Filosofía y Letras con la tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca (1884), que anticipaba sus posturas contrarias al nacionalismo vasco de Sabino Arana. Fue catedrático de griego en la Universidad de Salamanca desde 1891 hasta 1901, en que fue nombrado rector.
En 1914 fue obligado a dimitir de su cargo académico por sus ataques a la monarquía de Alfonso XIII; sin embargo, continuó enseñando griego. En 1924 su enfrentamiento con la dictadura de Miguel Primo de Rivera provocó su confinamiento en Fuerteventura (Islas Canarias). Más tarde se trasladó a Francia, donde vivió en exilio voluntario hasta 1930, año en que cae el régimen de Primo de Rivera. Unamuno regresó entonces a su cargo de rector en Salamanca, que no abandonaría hasta su muerte. Aunque al principio fue comprensivo con la sublevación del Ejército español que en seguida encabezó el general Francisco Franco, pronto la censuró públicamente: en un acto celebrado en la Universidad de Salamanca, su comentario “venceréis, pero no convenceréis”, provocó la respuesta del general Millán Astray, uno de los sublevados: “¡Viva la muerte y muera la inteligencia!”. Terminó sus días recluido en su domicilio de Salamanca.
Su filosofía, que no era sistemática, sino más bien una negación de cualquier sistema y una afirmación de “fe en la fe misma”, impregna toda su producción. Formado intelectualmente en el racionalismo y en el positivismo, durante su juventud simpatizó con el socialismo, escribiendo varios artículos para el periódico El Socialista, donde mostraba su preocupación por la situación de España, siendo en un primer momento favorable a su europeización, aunque posteriormente adoptaría una postura más nacionalista.

Esta preocupación por España (que reflejó en su frase “¡Me duele España!”) se manifiesta en sus ensayos recogidos en sus libros En torno al casticismo (1895), Vida de Don Quijote y Sancho (1905), donde hace del libro cervantino la expresión máxima de la escuela española y permanente modelo de idealismo, y Por tierras de Portugal y España (1911). También son frecuentes los poemas dedicados a exaltar las tierras de Castilla, considerada la médula de España.


Más tarde, la influencia de filósofos como Arthur Schopenhauer, Adolf von Harnack o Sören Aabye Kierkegaard, entre otros, y una crisis personal (cuando contaba 33 años) contribuyeron a que rechazara el racionalismo, al que contrapuso la necesidad de una creencia voluntarista de Dios y la consideración del carácter existencial de los hechos. Sus meditaciones (desde una óptica vitalista que anticipa el existencialismo) sobre el sentido de la vida humana, en el que juegan un papel fundamental la idea de la inmortalidad (que daría sentido a la existencia humana) y de un dios (que debe ser el sostén del hombre), son un enfrentamiento entre su razón, que le lleva al escepticismo, y su corazón, que necesita desesperadamente de Dios. Aunque sus dos grandes obras sobre estos temas son Del sentimiento trágico de la vida (1913) y La agonía del cristianismo (1925), toda su producción literaria está impregnada de esas preocupaciones.
Cultivó todos los géneros literarios: fue poeta, novelista, autor teatral y crítico literario. Su narrativa comienza con Paz en la guerra (1897), donde desarrolla la “intrahistoria” galdosiana, y continúa con Niebla (1914) —que llamó nivola, en un intento de renovar las técnicas narrativas—, La tía Tula, y San Manuel Bueno, mártir (ambas de 1933).
Entre su obra poética destaca El Cristo de Velázquez (1920), mientras que su teatro ha tenido menos éxito, pues la densidad de ideas no va acompañada de la necesaria fluidez escénica; en este terreno destacan Raquel encadenada (1921), Medea (1933) o El hermano Juan (estrenada en 1954).

MARTIN BUBER (1878-1965)
Autor religioso judío, destacado por su filosofía del encuentro o del diálogo. Nacido el 8 de febrero de 1878 en Viena, estudió en las universidades de su ciudad natal y de Berlín. Sus primeros trabajos publicados, aquellos que le dieron su fama literaria, fueron la recreación libre de leyendas y cuentos hasídicos recogidos en Los cuentos de Rabi Nachman (1907) y La leyenda del Baal Shem (1908). En 1916 fundó Der Jude, un periódico que dirigió hasta 1924, que se convirtió en el órgano principal de los judíos de habla alemana. Sus obras más conocidas Yo y tú (1922), una concisa expresión poética de su filosofía religiosa, y Sobre el judaísmo (1923), que marcó su liderazgo intelectual sobre la comunidad judía de Alemania, aparecieron recopiladas en 1923.
Buber fue profesor de religión y ética hebrea desde 1923 hasta 1933, y más tarde de historia de las religiones desde 1933 hasta 1938 en la Universidad de Frankfurt, Alemania. En 1933, año en que los judíos fueron expulsados de todas las escuelas alemanas como consecuencia de la llegada al poder de Adolf Hitler, los dirigentes judíos en materia pedagógica nombraron a Buber director de la Oficina Central para la Educación de Adultos Judíos en Alemania. En 1938 emigró a Palestina y desde 1938 hasta 1951 fue profesor de filosofía social en la Universidad Hebrea de Jerusalén. En 1949 fundó, y hasta 1953 dirigió, el Instituto Israelí para la Educación de Adultos, que preparaba profesores para trabajar en el ámbito de la inmigración. En 1958 fue editor jefe de la Enciclopedia para la Educación israelí. También fue dirigente de la asociación Ichud (hebreo, ‘Unión’), grupo que pretendía la reconciliación entre árabes y judíos.
Buber es más conocido por su filosofía del diálogo, un existencialismo religioso centrado en la distinción entre relaciones directas o mutuas (a las que llamó “la relación yo-tú” o diálogo) en las que cada persona confirma a la otra como valor único y las relaciones indirectas o utilitarias (a las que llamó “yo-él” o monólogo), en las que cada persona conoce y utiliza a los demás, pero no los ve ni los valora en realidad por sí mismos. Al aplicar esta distinción entre ‘diálogo’ y ‘monólogo’ a la religión, insistió en que la religión significa hablar con Dios, no sobre Dios. Esto no es monoteísmo, sino el diálogo entre el hombre y Dios que es la esencia del judaísmo bíblico. El hombre adquiere conciencia de ser dirigido por Dios en cada encuentro si permanece abierto a esos signos y dispuesto a responder con todo su ser. La filosofía del diálogo de Buber ha tenido mucha influencia en pensadores de todos los credos religiosos, incluidos teólogos protestantes de la categoría de Karl Barth, Emil Brunner, Paul Tillich y Reinhold Niebuhr.
Además de por su filosofía del diálogo y de su largo trabajo en la traducción e interpretación del Antiguo Testamento, Buber también es conocido por su recreación e interpretación del hasidismo, movimiento presente en las comunidades judías de Europa oriental durante los siglos XVIII y XIX. Transformó el hasidismo en uno de los mayores movimientos místicos del mundo. Quizá no menos importante fue su labor en defensa del renacer de una cultura judía opuesta a metas sólo políticas. Considerado uno de los líderes más influyentes del sionismo (después de Theodor Herzl), renovó la petición profética de que Israel construya una comunidad de justicia y paz a través de medios justos, sobre todo en lo que se refiere a las relaciones de los judíos con los árabes.
Buber recibió el Premio de la Paz de la Industria Alemana del Libro en 1953 y el Premio Erasmus (otorgado por la Fundación Erasmus) en los Países Bajos en 1963. Pasó los últimos años de su vida como asesor de los miembros de los kibutzim, a quienes aconsejó tanto en problemas personales como en aquellos que derivaban de la organización de estas comunidades. Falleció el 13 de junio de 1965 en Jerusalén.
Además de los libros ya citados, también escribió Entre el hombre y el hombre (1947), La fe profética (1950), Imágenes del bien y del mal (1952) y El conocimiento del hombre (1966).

KARL JASPERS (1883-1969)
Filósofo y psiquiatra alemán, uno de los fundadores del existencialismo. Su obra, que integran más de 30 libros, influyó de forma determinante en la teología, la psiquiatría y la filosofía del siglo XX. Nació el 23 de febrero de 1883 en Oldenburg. Estudió Derecho y Medicina y en 1909 recibió el título de doctor en la Universidad de Heidelberg. Trabajó desde ese año en la clínica psiquiátrica de dicho centro y, posteriormente, fue profesor de Psicología (desde 1916) y de Filosofía (desde 1920). Jaspers, cuya mujer era judía y que criticó sin paliativos a las autoridades nacionalsocialistas desde que Adolf Hitler alcanzara el poder en Alemania en 1933, fue apartado en 1937 de su cátedra de Filosofía (que había conseguido en 1922). En 1945, tras finalizar la II Guerra Mundial, fue repuesto en ella y en 1948 marchó a Suiza tras aceptar la cátedra de Filosofía de la Universidad de Basilea. Falleció en esta ciudad el 20 de febrero de 1969.
En su primera obra mayor, Psicopatología General (1913), Jaspers denunció las pretensiones científicas de la psicoterapia, tachándolas de engañosas y deterministas. Más tarde publicó Psicología de las concepciones del mundo (1919), un trabajo muy importante en el que catalogó las diferentes actitudes ante la vida.
En su principal obra, Filosofía (3 vols., 1932), expresó su visión de la historia de la filosofía y abordó sus principales temas. Identificó la filosofía con el pensamiento filosófico en sí mismo, no con las conclusiones a las que puede llevar. Su ideario nació de un esfuerzo por explorar y describir los márgenes y los límites de la experiencia. Empleó el término das Umgreifende (lo abarcable) para referirse a los límites últimos del ser, el horizonte indefinido en el cual puede desarrollarse cualquier experiencia objetiva o subjetiva y que no puede comprenderse por vías racionales. Otra importante obra suya es Filosofía de la existencia (1938), en la cual se refiere con el término Existenz a la experiencia indefinible de la libertad y la posibilidad que constituye la verdadera esencia del ser para quienes son conscientes de lo abarcable al enfrentarse a situaciones límite como el azar, el sufrimiento, el conflicto, la culpabilidad y la muerte. Jaspers también escribió con frecuencia sobre la amenaza que la ciencia y las instituciones políticas y económicas modernas suponen para la consecución de la libertad humana. Entre sus escritos políticos destaca La cuestión de la culpabilidad alemana (1946).

PAUL JOHANNES TILLICH (1886-1965)
Filósofo y teólogo germano-estadounidense. Nació el 20 de agosto de 1886 en Starzeddel (Brandeburgo, Alemania) y era hijo de un pastor luterano. Estudió teología en las universidades de Berlín, Tubinga y Halle, y en 1912 fue ordenado ministro de la Iglesia evangélica luterana, sirviendo como capellán en el Ejército alemán durante la I Guerra Mundial. De 1919 a 1933 enseñó en diversas universidades, incluida la Universidad de Frankfurt del Main, de la cual fue destituido debido a su oposición al régimen de Adolf Hitler. En 1933 aceptó un cargo para enseñar en el seminario de la Unión Teológica en Nueva York. En 1955 se incorporó al profesorado de la Facultad de Teología de la Universidad de Harvard, y en 1962, a la Facultad de Teología de la Universidad de Chicago. Se hizo ciudadano estadounidense en 1940.
En sus numerosos libros, Tillich desarrolló sus ideas relativas a la base religiosa de la vida, entre los que se encuentran La situación religiosa (1932), La interpretación de la Historia (1936), La era protestante (1948), y Dinámica de la fe (1957). En El valor de ser (1952), trató sobre la alienación de los individuos en la sociedad y mantuvo que la existencia se arraiga en Dios como fundamento de todo ser. Tillich creía que la teología protestante podía incorporar la postura crítica y los conceptos científicos del pensamiento contemporáneo sin poner en peligro su fe cristiana. Así, no dudó en recurrir a nociones de psicología aplicada y filosofía occidental existencial en sus intentos de renovar el papel de la teología en la sociedad secular moderna. Su Teología Sistemática (3 volúmenes, 1951-1963) fue el instrumento principal de esta reformulación. Murió el 22 de octubre de 1965 en Chicago.

MARTIN HEIDEGGER (1889-1976)
Martin Heidegger, filósofo alemán. Fundador de la denominada fenomenología existencial, está considerado uno de los pensadores más originales del siglo XX.
Martin Heidegger nació el 26 de septiembre de 1889 en Messkirch (Baden, actual estado de Baden-Württemberg). Cursó estudios superiores de teología y de filosofía en la Universidad de Friburgo, centro por el que se doctoró en 1914 y donde fue alumno de Heinrich Rickert y de Edmund Husserl, el fundador de la fenomenología. En 1916 comenzó su carrera docente en la propia Universidad de Friburgo. Posteriormente pasó, en calidad de profesor titular, a la Universidad de Marburgo, en la que permaneció hasta 1928. Ese año se convirtió, igualmente, en profesor titular de filosofía en la Universidad de Friburgo.
Tras el ascenso al poder en Alemania de Adolf Hitler en 1933, Heidegger (que, posiblemente bajo presiones, había mostrado su adhesión al partido nacionalsocialista) fue nombrado ese mismo año rector de la universidad. No obstante, el progresivo deterioro de sus relaciones con las autoridades alemanas (se negó a que en el recinto universitario se realizara propaganda antisemita) culminó con su dimisión al frente del rectorado en 1934. Pudo continuar sus enseñanzas, aunque éstas fueron en parte censuradas, hasta 1944. En 1945, tras finalizar la II Guerra Mundial, Heidegger tuvo que hacer frente a la actitud de relativa afinidad con el nacionalsocialismo que manifestara en 1933. Por ello, hasta 1951 no fue restablecido en su puesto docente, en el que permaneció hasta 1958. Falleció el 26 de mayo de 1976 en Messkirch.
Al igual que en el caso de Husserl, el pensamiento de Heidegger recibió las influencias de la filosofía griega presocrática, del filósofo danés Sören Kierkegaard y del filósofo alemán Friedrich Nietzsche.
En su obra más importante e influyente, El ser y el tiempo (1927), considerada uno de los escritos más significativos del existencialismo, Heidegger se preocupó por la que definía como cuestión filosófica (y humana) esencial: qué es ser. Esto le llevaba a formularse la pregunta de qué clase de ser (Sein) tienen los seres humanos. Éstos, decía, son arrojados a un mundo que no han creado pero que consiste en asuntos útiles en potencia, incluyendo tanto la cultura como los objetos naturales. Puesto que esos objetos y artefactos resultantes llegan a la humanidad desde el pasado o se utilizan en el presente para alcanzar metas futuras, en su interpretación propuso una relación fundamental entre el modo de ser de los objetos y de la humanidad, y de la estructura del tiempo.
El individuo está, sin embargo, siempre en peligro de ser sumergido en el mundo de los objetos, en la rutina diaria, y en el convencional y superficial comportamiento de la multitud. El sentimiento de temor (Angst) lleva al individuo a una confrontación con la muerte y el último sin sentido de la vida, pero sólo por este enfrentamiento puede adquirirse un auténtico sentido del ser y de la libertad.
Desde 1930, Heidegger volvió, en trabajos como Introducción a la metafísica (1953), a la particular interpretación de las concepciones occidentales del ser. Sentía que, en contraste con la reverente concepción del ser dominante en la Grecia clásica, la sociedad tecnológica contemporánea había favorecido una actitud elemental y manipuladora que había privado de sentido al ser y a la vida humana, un estado que llamaba nihilismo. La humanidad ha olvidado su verdadera vocación, que es recuperar la más profunda comprensión de la existencia lograda por los primeros griegos y perdida por filósofos posteriores.
El original tratamiento de Heidegger de temas como la finitud humana, la muerte, la nada y la autenticidad tuvo una influencia crucial sobre el filósofo existencialista francés Jean-Paul Sartre. Heidegger, sin embargo, repudió con el tiempo la interpretación existencialista de su trabajo, en beneficio de una dimensión más vital y poética, ya apreciada en otro tiempo por los pensadores españoles Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset. Desde la década de 1960 su influencia se ha extendido más allá de la Europa continental y ha tenido un impacto creciente en la filosofía de los países de habla inglesa.
Heidegger, al igual que Pascal y Kierkegaard, reaccionó contra el intento de fundamentar la filosofía sobre una base conclusiva racionalista, en este caso la fenomenología del filósofo alemán Edmund Husserl. Heidegger, autor de una de las obras más representativas del existencialismo, El ser y el tiempo (1927), afirmó que la humanidad se encuentra en un mundo incomprensible e indiferente. Los seres humanos no pueden esperar comprender por qué están aquí; en su lugar, cada individuo ha de elegir una meta y seguirla con apasionada convicción, consciente de la certidumbre de la muerte y del sinsentido último de la vida propia. Heidegger contribuyó al pensamiento existencialista al poner el énfasis en el ser y la ontología tanto como en el lenguaje.

HANS-GEORG GADAMER (1900- )
Filósofo alemán, autor de una original teoría de hermenéutica filosófica que le concedió un destacado puesto en la historia de la filosofía del siglo XX. Nació el 11 de febrero de 1900 en Marburgo. Creció en Wrocław y cursó estudios de germanística, historia, historia del arte y filosofía en las universidades de Wroclaw, Munich y Marburgo. Se doctoró en 1922 (con una tesis acerca de la esencia del placer en los diálogos de Platón), bajo la dirección del neokantiano Paul Natorp, uno de los principales representantes de la Escuela de Marburgo. Tras doctorarse, continuó sus estudios durante un semestre con Edmund Husserl en Friburgo. Allí conoció también a Martin Heidegger, al que siguió cuando éste regresó a Marburgo. Acto seguido terminó sus estudios de Filología Clásica y comenzó una intensa carrera docente, que desarrolló en las universidades de Marburgo (1937-1939), Leipzig (1939-1947; también fue rector de esta institución desde 1946 hasta 1947), Frankfurt del Main (1947-1949) y Heidelberg (1949-1968, sustituyendo en su cátedra de Filosofía a Karl Jaspers). A lo largo de su vida, entabló variados debates filosóficos con los pensadores Jürgen Habermas y Jacques Derrida, entre otros.
Influido por Husserl y Heidegger, Gadamer intentó combinar la dialéctica de Georg Wilhelm Friedrich Hegel y la tradición hermenéutica de Friedrich Schleiermacher y Wilhelm Dilthey en la, por él creada y denominada, hermenéutica filosófica, que llegó a superar a los maestros clásicos en los métodos de interpretación textual. Para Gadamer, el conocimiento es fundamental para la existencia humana. Sólo desde su propio horizonte de interpretación, “que está en constante formación”, puede el hombre comprenderse y comprender el entorno. Cada conocimiento es una constante interpretación y, ante todo, un conocimiento de sí mismo.
En su principal obra, Verdad Y Método (1960), desarrolló un auténtico manual de experiencias (es decir, de posibilidades de conocimiento) de arte, literatura e historia. Según se expone en esta obra, el conocimiento se origina a partir de la experiencia de la verdad, que precede a la metodología científica. El conocimiento hermenéutico se manifiesta en la lengua, el habla o las situaciones de habla, las cuales, si se pretende una comunicación eficaz, deben estar ajustadas al “horizonte” de los hablantes: “Esto forma parte de cada auténtica comunicación, que se entra en el otro...”. El conocimiento está ligado a la lengua; el hombre es, ante todo, un ser comprensible a través del lenguaje. También en Verdad y método, Gadamer declara: “Querer evitar los conceptos propios en la interpretación, no sólo es imposible sino que es un absurdo evidente. Interpretar consiste en poner en juego los propios preconceptos, con lo que la intención del texto se hace evidente para nosotros a través de la lengua”.

Otras importantes obras suyas son: La ética dialéctica de Platón (1931), Pequeños escritos (4 vols., 1967-1977), La dialéctica de Hegel (1971), La razón en la época de la ciencia (1976) y Mis años de aprendizaje (1977).



JEAN-PAUL SARTRE (1905-1980)
Jean-Paul Sartre (1905-1980), filósofo, dramaturgo, novelista y periodista político francés, uno de los principales representantes del existencialismo. Nacido en París el 21 de junio de 1905, estudió en la Escuela Normal Superior de su ciudad natal, en la Universidad de Friburgo (Suiza) y en el Instituto Francés de Berlín (Alemania). Fue profesor de Filosofía en varios liceos desde 1929 hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, momento en que se incorporó al Ejército. Desde 1940 hasta 1941 fue prisionero de los alemanes; después de su puesta en libertad, dio clases en Neuilly (Francia) y más tarde en París, y colaboró con la Resistencia francesa. Las autoridades alemanas, desconocedoras de sus actividades clandestinas, permitieron la representación de su obra de teatro antiautoritaria Las Moscas (1943) y la publicación de su trabajo filosófico más célebre El Ser y la Nada (1943).
Abandonó la actividad docente en 1945 y fundó, con Simone de Beauvoir entre otros, la revista política y literaria Les Temps Modernes, de la que fue editor jefe. Se le consideró un socialista independiente después de 1947, crítico tanto con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) como con Estados Unidos en los años de la Guerra fría. En la mayoría de sus escritos de la década de 1950 están presentes cuestiones políticas, incluidas sus denuncias sobre la actitud represora y violenta del Ejército francés en Argelia. A pesar de su llamamiento a la actividad política desde ópticas marxistas, Sartre no se afilió al Partido Comunista Francés, y así conservó la libertad para criticar abiertamente las intervenciones militares soviéticas en Hungría (1956) y en Checoslovaquia (1968). Rechazó el Premio Nobel de Literatura que le fue concedido en 1964, y explicó que si lo aceptaba comprometería su integridad como escritor. Falleció el 15 de abril de 1980 en París.
Las obras filosóficas de Sartre conjugan la fenomenología del filósofo alemán Edmund Husserl, la metafísica de los filósofos alemanes Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Martin Heidegger, y la teoría social de Karl Marx en una visión única llamada existencialismo. Este enfoque, que relaciona la teoría filosófica con la vida, la literatura, la psicología y la acción política suscitó un amplio interés popular que hizo del existencialismo un movimiento mundial.

En su primera obra filosófica, El ser y la nada (1943), Sartre concebía a los humanos como seres que crean su propio mundo al rebelarse contra la autoridad y aceptar la responsabilidad personal de sus acciones, sin el respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe religiosa. Al distinguir entre la existencia humana y el mundo no humano, mantenía que la existencia de los hombres se caracteriza por la nada, es decir, por la capacidad para negar y rebelarse. Su teoría del psicoanálisis existencial afirmaba la ineludible responsabilidad de todos los individuos al adoptar sus propias decisiones y hacía del reconocimiento de una absoluta libertad de elección la condición necesaria de la auténtica existencia humana. Las obras de teatro y novelas de Sartre expresan su creencia de que la libertad y la aceptación de la responsabilidad personal son los valores principales de la vida y que los individuos deben confiar en su poder creativo más que en la autoridad social o religiosa.

En su última obra filosófica, Crítica De La Razón Dialéctica (1960), Sartre trasladó el énfasis puesto en la libertad existencialista y la subjetividad por el determinismo social marxista. Afirmaba que la influencia de la sociedad moderna sobre el individuo es tan grande que produce la serialización, lo que él interpreta como pérdida de identidad y que es equiparable a la enajenación marxista. El poder individual y la libertad sólo pueden recobrarse a través de la acción revolucionaria colectiva.

Otros textos de Sartre son las novelas La Náusea (1938) y la serie narrativa inacabada Los Caminos De La Libertad, que comprenden La Edad De La Razón (1945), El aplazamiento (1945) y La Muerte En El Alma (1949); una biografía del controvertido escritor francés Jean Genet, San Genet, comediante y mártir (1952); las obras teatrales A puerta cerrada (1944), La puta respetuosa (1946) y Los secuestradores de Altona (1959); su autobiografía, Las palabras (1964); y una biografía del autor francés Gustave Flaubert, El idiota de la familia (3 vols., 1971-1972) entre otros muchos títulos.



Sartre, que utilizó el término existencialismo para definir y calificar su propia filosofía, se convirtió en el gran difusor del movimiento a escala internacional una vez finalizada la II Guerra Mundial. El pensamiento de Sartre, impregnado de ateísmo y pesimismo de una forma explícita, argumentaba que los seres humanos necesitan una base racional para sus vidas pero son incapaces de conseguirla y, por ello, su existencia es “pasión inútil”. No obstante, insistió en que el existencialismo es una forma de humanismo y resaltó la libertad, la elección y la responsabilidad humana. Con gran refinamiento literario, intentó reconciliar esos conceptos existencialistas con un análisis marxista de la sociedad y de la historia. Sartre fue autor de otra de las obras claves en la historia del existencialismo, El ser y la nada (1943).
MICHEL FOUCAULT (1926-1984)
Filósofo francés que intentó mostrar que las ideas básicas que la gente considera verdades permanentes sobre la naturaleza humana y la sociedad cambian a lo largo de la historia. Sus estudios pusieron en tela de juicio la influencia del filósofo político alemán Karl Marx y del psicoanalista austriaco Sigmund Freud. Foucault aportó nuevos conceptos que desafiaron las convicciones de la gente sobre la cárcel, la policía, la seguridad, el cuidado de los enfermos mentales, los derechos de los homosexuales y el bienestar.
Nacido en Poitiers, Foucault estudió filosofía occidental y psicología en la École Normale Supérieure de París. Durante la década de 1960, encabezó los departamentos de filosofía de las Universidades de Clermont-Ferrand y Vincennes (conocida de forma oficial como Centro Universitario Experimental de Vincennes). En 1970 fue elegido para el puesto académico más prestigioso en Francia, en el Collège de France, con el título de profesor de Historia de los Sistemas de Pensamiento. Durante las décadas de 1970 y 1980, su reputación internacional creció gracias a las numerosas conferencias y cursos que impartió por todo el mundo.
Las principales influencias en el pensamiento de Foucault fueron los filósofos alemanes Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger. Nietzsche mantenía que la conducta humana está motivada por una voluntad de poder y que los valores tradicionales habían perdido su antiguo dominio opresivo sobre la sociedad. Heidegger criticó lo que llamó "nuestro actual entendimiento de ser tecnológico". El pensamiento de Foucault exploró los modelos cambiantes de poder dentro de la sociedad y cómo el poder se relaciona con la persona. Investigó las reglas cambiantes que gobiernan las afirmaciones que pueden ser tomadas de forma seria como verdaderas o falsas en distintos momentos de la historia. Estudió también cómo las prácticas diarias permiten a la gente definir sus identidades y sistematizar el conocimiento; los hechos pueden ser entendidos como productos de la naturaleza, del esfuerzo humano o de Dios.
Foucault afirmaba que la concepción de las cosas tiene sus ventajas y sus peligros. El pensamiento de Foucault se desarrolló en tres etapas. La primera, en Locura y civilización (1960), que escribió mientras era lector en la Universidad de Uppsala, en Suecia, reflejó cómo en el mundo occidental la locura (que alguna vez se pensó infundida por inspiración divina) llegó a ser considerada como enfermedad mental.
En esta obra intentó exponer la fuerza creativa de la locura que había sido reprimida tradicionalmente por las sociedades occidentales. En su segunda etapa escribió Las palabras y las cosas (1966), una de sus obras más importantes.
La última etapa de Foucault empezó con la publicación de Vigilar y castigar, en 1975. Se preguntaba en este ensayo si el encarcelamiento es un castigo más humano que la tortura, pero se ocupa más de la forma en que la sociedad ordena y controla a los individuos adiestrando sus cuerpos; por ejemplo, un entrenamiento básico puede disciplinar y preparar a una persona para ser un soldado. Los últimos tres libros de Foucault — Historia de la sexualidad, Volumen I: Introducción (1976), El uso del placer (1984) y La preocupación de sí mismo (1984) — son parte de una truncada historia de la sexualidad. En estos libros, Foucault rastrea las etapas por las que la gente ha llegado a comprenderse a sí misma en las sociedades occidentales como seres sexuales, y relaciona el concepto sexual que cada uno tiene de sí mismo con la vida moral y ética del individuo.
En todos los libros de este último periodo, Foucault intenta mostrar que la sociedad occidental ha desarrollado un nuevo tipo de poder, al que llamó bio-poder, es decir, un nuevo sistema de control que los conceptos tradicionales de autoridad son incapaces de entender y criticar. En vez de ser represivo, este nuevo poder realza la vida. Foucault anima a la gente a resistir ante el Estado del bienestar desarrollando una ética individual en la que cada uno lleve su vida de tal forma que los demás puedan respetarla y admirarla.
GILLES DELEUZE (1925-1995)
Filósofo francés, autor de una filosofía de la diferencia que concibe al hombre como una “maquina deseosa”. Nacido en París, se tituló en Filosofía en 1948 y a partir de 1969 empezó a impartir clases en la Universidad de París VIII (Vincennes-Saint-Denis), donde tuvo por compañero a Michel Foucault. Sus primeras publicaciones fueron monografías acerca de grandes representantes de la historia de la filosofía occidental, como David Hume, Friedrich Nietzsche, Immanuel Kant, Henri Bergson y Baruch Spinoza. Su propósito era fundar su crítica del pensamiento a partir del análisis de la historia de dicha crítica, confrontando los distintos sistemas expuestos a lo largo del tiempo. A la luz del presente observó las diferencias entre ellos (analizando lo que se repetía) y pretendió buscar el nacimiento de un nuevo sistema que no identificaría, como el idealismo hegeliano, la unidad y el múltiplo, reduciendo “lo mismo” a “lo otro”. Tal fue el planteamiento de uno de sus trabajos más conocidos, Différence et répétition (Diferencia y repetición, 1968). Desde ese punto de partida, podría elaborar una filosofía del “eterno retorno”, una filosofía por venir, de la voluntad, que iría más allá de un pensamiento del ser, del sujeto.
En 1972, a raíz de su colaboración con Félix Guattari, se inauguró una nueva fase del pensamiento deleuziano referente a lo múltiple y a lo intempestivo. En El Antiedipo: capitalismo y esquizofrenia (1972), ambos autores se fijaron en el psicoanálisis, que devuelve la fuerza del deseo a la única instancia de Edipo, pedestal invariable de la neurosis. Deleuze y Guattari opinaban, en cambio, que el deseo es “creación de vida”, fuerza de invención y de diferencia, quebranto de las normas. En Qu'est-ce que la philosophie? (¿Qué es la filosofía?, 1991) estudió la “producción de conceptos”, actividad filosófica por excelencia que consiste en investigar nuevas formas de expresión. Deleuze intentó, pues, desbordar el dominio propiamente filosófico y elaborar “máquinas” textuales, las cuales, apoyándose en la literatura (Proust y los signos, 1970) o en el cine (La imagen-movimiento, 1983; La imagen-tiempo, 1985), dan cuenta de las “máquinas deseosas”. La nueva filosofía afrontada por Deleuze supone, por lo tanto, un elogio al deseo y permanece atenta a los movimientos singulares de los cuerpos en el espacio social, un “cuerpo sin órganos” en el espacio liso del cual emana. En el lenguaje deleuziano, el pensamiento sigue siempre un movimiento (“Se trata siempre de plegar, desplegar, replegar”) que cuestiona todo modelo formal de verdad.

Aparte de las citadas, otras importantes obras suyas fueron: Empirismo y subjetividad (1953), Nietzsche y la filosofía (1962), Presentación de Sacher-Masoch (1967), Lógica del sentido (1969), Mil Mesetas (en colaboración con Guattari, 1980), Foucault (1986) y El pliegue. Leibniz y el barroco (1988). En 1995, discapacitado por una enfermedad, Gilles Deleuze se suicidó.







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