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EURE (Santiago)


ISSN 0250-7161 versión impresa


 

EURE (Santiago) v.27 n.80 Santiago mayo 2001

 


Como citar este artículo

Cambios socioterritoriales en Buenos
Aires durante la década de 1990


Horacio A. Torres1

Abstract

During this past decade, Buenos Aires has experienced important socio-territorial transformations that directly or indirectly relate to those examined and exposed in texts covering "global cities". The following article analyzes these changes, showing particular characteristics that have effected Buenos Aires and focuses on those processes that have cast profound transformations over the metropolitan "social map". Considering both central city areas as well as the vast metropolitan region, special attention is placed on the suburbanization of the "elite group" that during the 1990’s has become a rapid and intense process in Buenos Aires. However, this process seems to occur later in time when compared to the time similar processes took place in other American and Latin American metropolitan areas.

Key Words: Buenos Aires; Suburbanization; Residential Segregation; Gated Communities.

Resumen

Durante la década de 1990 Buenos Aires experimenta transformaciones socioterritoriales de trascendencia que pueden ser relacionadas de manera directa o indirecta con las estudiadas en la literatura que enfoca el fenómeno de la «ciudad global», mostrando, sin embargo, características específicas que son analizadas en el trabajo. El análisis se centra en aquellos procesos que provocan fuertes cambios en el «mapa social» metropolitano, tanto los producidos en su casco central como en su extensa región metropolitana, prestando especial atención al fenómeno al que se ha denominado la «suburbanización de las élites», que en Buenos Aires se produce de manera importante y acelerada durante los años noventa, pero que cronológicamente resulta un proceso tardío si lo comparamos con fenómenos de características más o menos similares producidos en otras metrópolis tanto de los Estados Unidos como de Latinoamérica.



Palabras clave: Buenos Aires; Suburbanización; Segregación residencial; Barrios Cerrados.

1. Introducción

1.1 Aspectos generales: el contexto global

Las importantes transformaciones socioterritoriales que comienzan a experimentarse en Buenos Aires en la década de 1980 y que se acentúan drásticamente durante la década subsiguiente, constituyen un fenómeno de magnitud que ha concitado el interés no sólo del mundo académico sino también de los actores políticos urbanos, de los grupos de intereses específicos y del público en general, lo que repercute en el tratamiento que se ha dado al tema en varios eventos científicos realizados2 y en la cobertura otorgada por los periódicos de mayor circulación y por publicaciones especializadas.

Esos fenómenos, aunque algunas veces son tratados desde una perspectiva local, responden a una lógica de mayor alcance íntimamente relacionada con los procesos interrelacionados de globalización de la economía, la sociedad y la cultura (Casariego Ramírez, 1995) y, en particular, con el tratamiento académico que se ha dado al fenómeno del surgimiento de una red de «ciudades globales».

Buenos Aires participa de muchas de las características que la literatura atribuye a las «ciudades globales», pero lo hace de manera específica, condicionada básicamente por dos situaciones: por una parte, su posición en la red global (que podría definirse como «semiperiférica» y que algunos califican como sólo de alcance «regional» -Borja y Castells, 1997-) y, por otra, por características específicas de su desarrollo histórico que han dejado una fuerte impronta en su actual estructura socioterritorial.

En relación con el contexto global, los trabajos de John Friedmann de mediados de la década de 1980 en los que enunciaba la «hipótesis de la ciudad global» (Friedmann, 1986 y 1995) tuvieron un impacto académico de gran magnitud y fueron seguidos por numerosos otros trabajos que, aunque retomaban lo fundamental de esa hipótesis, seguían líneas específicas de investigación. Entre esos trabajos, los que contienen los aportes que permiten de manera más consistente relacionar los principios más generales de esas hipótesis con el urbanismo de las «ciudades globales» son, en primer lugar, los de Saskia Sassen (1994 y 1999) y, posteriormente, los de Borja y Castells (1997).

Sassen (1999) considera que en primer lugar la crisis de los años setenta3 y específicamente la de los años ochenta4 producen cambios en la geografía y la composición de la economía global que se traducen en "una compleja dualidad: una organización de la actividad económica espacialmente dispersa pero a la vez globalmente integrada" (p.29). Esta combinación de concentración y dispersión crea un cuádruple rol estratégico para las grandes ciudades: (1) se afianzan como puntos de comando desde los que se organiza la economía mundial, (2) reemplazan a la industria como sector económico dominante y se afianzan también como localizaciones clave para las finanzas y las empresas de servicios especializados, (3) acrecientan su potencial para generar innovaciones vinculadas a esas mismas actividades y (4) se convierten en los mercados privilegiados para los productos y las innovaciones producidas (p.30).

Sassen es categórica al negar el carácter reduccionista que algunos podrían atribuir al término «ciudad global», afirmando al mismo tiempo el carácter interactivo que reviste la relación entre lo macroeconómico y lo específicamente urbano: «Sin embargo, el término ciudad global puede tornarse reduccionista y equívoco si sugiere que las ciudades son meros resultados de una máquina económica global. Esas ciudades son lugares específicos cuyos espacios, dinámicas internas y estructura social son relevantes; en realidad seremos capaces de entender el orden global sólo analizando por qué las estructuras clave de la economía global están situadas necesariamente en las ciudades» (p.30). La explicación de esta necesidad surge del hecho de que aunque ha habido dispersión territorial de la actividad económica, no ha habido descentralización alguna en la apropiación de beneficios, lo que causa que el control y la gestión en el más alto nivel se haya concentrado en unos pocos centros financieros líderes. La autora citada sostiene «que es precisamente porque la telecomunicación facilita la dispersión territorial que la aglomeración de ciertas actividades centralizadas se ha visto notablemente incrementada» (p.31), refiriéndose con lo anterior tanto a la concentración en las ciudades globales en su conjunto como a la que se produce en el interior de ellas, en sus Distritos Centrales de Negocios (CBD’s).

Otro aspecto importante que complementa la línea argumentativa anterior es la afirmación de que las ciudades globales no son sólo puntos nodales para la coordinación de procesos sino también sitios particulares de producción de aquellos servicios especializados que posibilitan dirigir redes dispersas y de innovaciones (financieras, relativas a la formación de mercados, etc.). Sería entonces una función urbana merecedora de especial atención en el contexto actual «la práctica del control global», es decir «el trabajo de producir y reproducir la organización y la gestión del sistema de producción global y de un mercado global para las finanzas» (p.32).

Analizando lo anterior desde la perspectiva de la construcción histórica de la teoría urbana, resulta de interés destacar que la afirmación de que la «centralidad» y la «densidad» urbanas constituyen factores causales decisivos en la producción y reproducción de comportamientos «no tradicionales», «racionales» e «innovativos», hunde sus raíces en conceptos, tales como la «densidad moral» de la que habla Durkheim (1898) o en la «forma de vida» en las grandes metrópolis tal como es presentada por Simmel (1950) o por Wirth (1938)5.

De manera más directa, lo anterior también remite a la reflexión sobre lo que «produce» y «reproduce» la ciudad: recordemos que para Castells (1973) es otro tipo de «reproducción» lo que constituye una de las principales funciones distintivas de la ciudad en las sociedades capitalistas avanzadas: lo que este autor define como «la reproducción simple y ampliada de la fuerza de trabajo» (p.298).

Desde una perspectiva aun más amplia, puede decirse que la literatura que enfoca el problema de la «ciudad global» alude a una abarcativa gama de problemas: en economía, al «postfordismo»; en el campo de los avances científico-tecnológicos, a la revolución en las telecomu-nicadiones, y en el campo de la sociedad, lo urbano, la cultura y el pensamiento en general al «postmodernismo» y el «postestructuralismo» (Casariego Ramírez, 1995).

En relación con los fenómenos llamados de «polarización», es este un tema común a todos los trabajos que abordan la problemática de la ciudad global. En general, se constata que se está produciendo de manera clara una doble polarización: (1) una relacionada con la distribución del ingreso y (2) otra de magnitud comparable relacionada con la distribución ocupacional de los trabajadores. Esto implica que existe un mayor crecimiento en los polos altos y bajos, lo que excluye a muchos sectores medios y a los relacionados con las viejas industrias, hoy en declive.

Además del incremento de la oferta de empleos en el tramo superior de la escala de ingresos, la autora citada observa que hay también una vasta oferta de empleos de bajos salarios requeridos por los procesos urbanos de «gentrificación» característicos de los años ochenta y acentuados en los noventa, relacionados con el surgimiento de nuevas zonas urbanas de interés, ya sean éstas de carácter residencial o comercial y de servicios especializados: «El incremento en el número de restaurantes, casas y hoteles lujosos, locales de gastronomía, boutiques y lavanderías especiales que ornamentan el nuevo paisaje urbano ilustran esta tendencia» (Sassen, 1999: 36)6.



1.2 Los índices económicos de la aglomeración Gran Buenos Aires en los noventa: los procesos de «polarización»

Según una periodización en la que coinciden varios estudios que abarcan los veinticinco últimos años de evolución de la economía argentina, puede hablarse de dos grandes ciclos: el primero se extiende entre mediados de los años ’70 y fines de los ’80 y el segundo durante la década de 1990. El primero es caracterizado como «de transición» entre el modelo sustitutivo de importaciones -que tuvo vigencia entre la década de 1930 y la de 1960- y el actual modelo, que es caracterizado como «de economía abierta» y que, a partir de la década de 1990 se convierte en hegemónico (luego del cambio político que trajo consigo la promulgación de la Ley de Reforma del Estado y de Emergencia Económica en 1989 y de la implementación del Plan de Convertibilidad en 1991). Este modelo se basa en «una amplia liberalización comercial y financiera, la libre convertibilidad del peso a una tasa de cambio baja y fija, acuerdos para el pago de la deuda externa y la privatización de las empresas públicas» (Cimillo, 1999). La autora citada caracteriza sintéticamente este período como «de economía abierta», contraponiéndolo al anterior, de la siguiente manera: «El rápido crecimiento del producto, la recuperación de la capacidad de acumulación, el crecimiento de la productividad y la estabilidad de precios fueron la contracara positiva [de esta nueva etapa]. En cambio, el fuerte aumento de la tasa de desocupación y la precarización del empleo asalariado fueron los aspectos más negativos» (p.178).

Esta periodización es particularmente válida para la Aglomeración Gran Buenos Aires, que contiene más de la tercera parte de la población del país y concentra una proporción considerablemente mayor (holgadamente la mayor parte) de la actividad económica del país. Las transformaciones socioterritoriales que se experimentan en Buenos Aires durante los años ’90 pueden ser claramente enmarcadas en esa periodización.

Analicemos en primer lugar algunos de los indicadores macroeconómicos que fundamentan la periodización anterior, que se muestran en el cuadro siguiente y en el gráfico construido a partir del mismo:



El cuadro muestra el incremento de la tasa de actividad en el GBA6 entre 1990 y 1997 (luego de una práctica estabilidad durante el período 1974-1980-1990). Este incremento está acompañado por un incremento más acusado de la tasa de precarización del empleo y también por incrementos de las tasas de desocupación y subempleo. El cuadro pone claramente en evidencia que en la aglomeración ha aumentado la tasa de actividad (que se mide como un porcentaje sobre el total de la población), acompañada por un importante aumento de las tasas de desocupación y desempleo (que se miden como porcentajes de la población económicamente activa o PEA) y por un aumento aún mayor de la precarización (que se mide como porcentaje del total de asalariados).

Como resumen, entonces, puede decirse que en la aglomeración Gran Buenos Aires durante los años noventa están presentes todos los elementos de un importante proceso de polarización.

1.3 Cambios socioterritoriales de Buenos Aires: el estado de la cuestión

Al finalizar la década de 1990 ya no era posible dudar que Buenos Aires había experimentado transformaciones socioterri-toriales de trascendencia que podían ser relacionadas de manera directa o indirecta con procesos del tipo de los estudiados en la literatura que enfoca el fenómeno de la «ciudad global».



En los varios eventos realizados ya mencionados y en otras publicaciones, un conjunto significativo de autores aborda de lleno esta problemática, coincidiendo en muchas de las premisas y conclusiones a las que se arriba, pero desarrollando enfoques disciplinarios diferenciados y centros de interés específicos. Antes de pasar a otros aspectos, y aun a riesgo de incurrir en omisiones importantes, se hará a continuación una breve mención de algunos de esos trabajos:

Ciccolella (1998) señala la declinación de las funciones productivas de la ciudad, la que tiende a ser reacondicionada en función de las lógicas del consumo y los servicios avanzados, lo que la convierte en el locus de la competitividad, que presenta las condiciones de acumulación apropiadas para los grandes inversores y empresarios, locales y externos. Destaca la relevancia de las nuevas inversiones en Buenos Aires a partir de 1989, alentadas con el nuevo clima favorable para estos emprendimientos que se abre con el cambio político que se traduce en la Ley de Convertibilidad y la de Reforma del Estado. Las nuevas inversiones son en medida importante inversiones extranjeras directas: las estima en 30.000 millones de dólares entre 1990 y 1996, habiéndose concentrado principalmente en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Señala que, simultáneamente, el Estado disminuye sus acciones directas sobre el territorio y pasa a actuar como acondicionador y promotor, destacando que durante los noventa se han completado 150 Km. de nuevas autopistas y remodelado y ampliado las existentes, habiéndose también realizado inversiones del orden de los 4.000 millones de dólares en nuevas urbanizaciones privadas en la Región Metropolitana de Buenos Aires (30.000 Has. y 4 millones de metros cuadrados construidos). A lo anterior debe agregarse la hotelería internacional (900 millones de dólares), las nuevas sedes empresariales con «edificios inteligentes» que generan «imágenes emblemáticas del poder económico» (500 millones de dólares) y los grandes espacios de consumo (malls, shopping centers, hipermercados).

Clichevsky (2000, 2000a -en prensa-), analiza la nueva dinámica inmobiliaria de los noventa señalando que la estabilidad monetaria desde 1991, el hecho de que la Argentina brinde posibilidades de rentabilidad mayores que otros países (incluido Estados Unidos), y las escasas regulaciones estatales relativas a la subdivisión de tierras, constituyó un conjunto de factores que impulsaron el incremento de capital en el sector inmobiliario. El influjo de capital, los cambios tecnológicos y el agravamiento de los problemas de violencia urbana y seguridad -sostiene la autora- han provocado grandes cambios en la configuración urbana: los sectores de altos ingresos, que habitaban parte de la «primera corona», o bien vuelven al centro, en torres de lujo, o bien se alejan encerrándose en «Clubes de Campo» exclusivos y en «Barrios Cerrados». Esto ha resultado en una periferia ocupada tanto por los sectores pobres como por los ricos. Los sectores de altos ingresos se segregan, así, de los de medios ingresos en descenso y de los de bajos ingresos, algunos de los cuales han descendido a la indigencia.

Torres (1993, 1998, 1999) estudia los cambios en la «estructura socioterritorial» de la aglomeración, principalmente a partir de la elaboración, análisis e interpretación de fuentes censales de períodos sucesivos. Detecta a comienzos de los noventa el fenómeno (nuevo en Buenos Aires) de la suburbanización de los grupos de más altos ingresos, al que denomina «la suburbanización de las élites» (y que estaba produciendo fuertes cambios en el tipo de «tensión centro-periferia» que había caracterizado hasta entonces a la ciudad), señalando que este fenómeno se manifiesta de manera tardía en Buenos Aires en comparación con otras ciudades. Compara este fenómeno por su importancia con otros dos grandes procesos de suburbanización de la ciudad (el de principios del siglo XX -«del centro a los barrios», estudiado por Scobie (1977) y Torres (1975)- y el de las décadas de 1940, 1950 y 1960 (nuevos migrantes internos que se asientan en zonas periféricas de «loteos económicos»). En el contexto de la evolución del «mapa social» de la ciudad, destaca la importancia que tuvieron en el proceso de suburbanización los fuertes subsidios que abarataron radicalmente el costo del transporte suburbano nacionalizado en 1947-19488, facilitando de esta manera los desplazamientos cotidianos residencia-trabajo de los trabajadores urbanos y la realización de "loteos económicos" en toda la periferia.

Varios otros autores, desde otras perspectivas, tratan de manera central los «loteos económicos» (principalmente Clichevsky, 1975, y Clichevsky, Prévôt-Schapira y Schneier, 1990); en el primer caso, el interés se centra en el estudio del mercado de tierras y sus agentes, abordando teóricamente la teoría de la renta urbana e intentando establecer los problemas que presenta su aplicación al caso de Buenos Aires.



Torres (1993) sostiene que el transporte urbano extremadamente barato por las razones antedichas, habría constituido en los hechos un subsidio, también «implícito», a la tierra residencial suburbana (sin servicios y donde no se aplicaban en la práctica controles urbanísticos), lo que habría sido capitalizado por los trabajadores urbanos que estaban afluyendo masivamente a la aglomeración en el contexto del proceso de industrialización sustitutivo de importaciones, adquiriendo muchos de ellos lotes a largos plazos (sin indexar), lo que les permitía autoconstruir sus viviendas. La eliminación paulatina de ese subsidio hasta su práctica eliminación a lo largo de la década de 1990, cuando los ferrocarriles suburbanos son concesionados, contribuiría también a explicar las nuevas formas de suburbanización, que ahora no se desarrollan dentro del perímetro de influencia de la extensa red de ferrocarriles suburbanos de Buenos Aires sino fuera de él, en los ejes de influencia de las nuevas autopistas, no siendo ahora sus protagonistas los trabajadores urbanos sino, por el contrario, los grupos de más altos ingresos. Torres (1998) sostiene que la existencia de esta importante suburbanización previa, tuvo un peso considerable en cuanto a personas involucradas y superficie ocupada y también por su perdurable consolidación en la estructura y el tejido urbanos, constituyendo factores que condicionaron fuertemente en Buenos Aires las nuevas formas adoptadas por la «suburbanización de las élites» de los noventa.

Mignaqui (1998) estudia detalladamente la dinámica inmobiliaria durante los noventa (una «modernización excluyente»), proceso que califica como un «boom» inmobiliario -que contrasta con el estancamiento de los ochenta- en el que la localización de la inversión privada se centra preferentemente en las áreas centrales y a lo largo del borde costero del Río de la Plata y de las principales autopistas. En las áreas centrales se amplían y modernizan algunos distritos, localizándose actividades de comando, gestión empresarial y hotelería internacional; además de producirse nuevos desarrollos residenciales tales como los «countries en altura» y los «lofts» y «reciclajes», estos últimos ligados a procesos de «gentrificación». En la periferia de la Región Metropolitana tiene lugar el desarrollo de los «countries», «barrios cerrados», «marinas», etc., además del traslado de sedes empresariales y el establecimiento de grandes centros de servicios («shopping centers», «hipermercados», «megacentros» de entretenimientos». Como factor que facilita -o aun posibilita- los desarrollos anteriores, la autora destaca la flexibilización de las normas urbanísticas y de ordenamiento territorial, refiriéndose en particular al Código de Planeamiento Urbano de 1990 y sus numerosas excepciones y a las modificaciones -más permisivas- de la Ley 8912 de ordenamiento territorial de la Provincia de Buenos Aires.

De manera relacionada con el trabajo anterior, Szajnberg (en prensa), concentra su atención en un detallado estudio de la zona norte (Municipios de Pilar y Tigre) para abordar luego un estudio generalizado de los cambios de tendencias en la organización del espacio residencial metropolitano y las tendencias hacia la «recentralización» y la «suburbanización de las élites». Para Pilar y Tigre calcula que la oferta residencial involucra potencialmente casi el 70% de la oferta total para urbanizaciones cerradas en la aglomeración (que estima tiene un potencial de más de medio millón de personas); discute el «mito» de que las urbanizaciones cerradas generen automáticamente desarrollo económico local pero admite como un hecho que el sistema de centralidades metropolitano está experimentando un proceso de cambio y reactivación (apertura en la zona norte de colegios, supermercados, cines, restaurantes y oficinas) que la autora releva en detalle para las municipalidades que estudia. Señala también que los gobiernos municipales alientan verdaderas políticas de «marketing» urbano y tienden a dejar de lado las funciones de regulación que les competen, observando que las nuevas centralidades se vinculan en realidad al «mapa de inversiones del sector privado», concluyendo que «los viejos centros intentarían adaptarse a un nuevo rol en el sistema de subcentros mientras que los nuevos tenderían a prescindir de todo contacto con los anteriores», lo que implicaría «la duplicidad contradictoria de un modelo territorial que recrudece la escisión entre el espacio de los ricos y el de los pobres».



Prévôt-Schapira (2000) estudia la «ciudad fragmentada» en América Latina, que sustituye a la más tradicional «ciudad orgánica» que caracterizaba a la región, aumentando la polarización espacial; en el caso de Buenos Aires, ciudad especialmente estudiada por la autora, señala la incidencia particular de la erosión del «pacto social populista» (que convertía a las ciudades en un ámbito de integración durante los años de mayor crecimiento), lo que da lugar a la desaparición del funcionamiento global metropolitano en favor del protagonismo de pequeñas unidades y el empobrecimiento del continuum espacial.
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