Estigma y discriminación en la experiencia de migracióN. Mujeres peruanas trabajadoras domésticas en brasilia1



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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012

ESTIGMA Y DISCRIMINACIÓN EN LA EXPERIENCIA DE MIGRACIÓN. MUJERES PERUANAS TRABAJADORAS DOMÉSTICAS EN BRASILIA1

Delia Dutra2

Este artículo analiza cómo un grupo de mujeres peruanas, trabajadoras domésticas, con más de tres años de residencia en la ciudad de Brasilia, capital de Brasil, vive la experiencia de ser “otras” y “diferentes” en una ciudad con características históricas y urbanas muy específicas cuando se compara con otras de Brasil y de la región. El análisis se realiza desde una perspectiva interaccionista, teniendo como base las narrativas de las propias migrantes, buscando comprender los procesos de alterización y de autoidentificación que ellas explicitan al momento de explicar su experiencia cotidiana de migrantes.

Palabras-clave: Peruanas, Brasilia, Trabajo Doméstico, Interacciones cotidianas.



O presente artigo analisa como um grupo de mulheres peruanas, trabalhadoras domésticas, com mais de três anos de residência na cidade de Brasília, capital do Brasil, vivenciam a experiência de serem “outras” e “diferentes” numa cidade com características históricas e urbanas muito específicas quando comparada a outras do Brasil ou da região. A análise se realiza desde uma perspectiva interacionista, tendo como base as narrativas das próprias migrantes, buscando compreender os processos de alterização e de autoidentificação que elas explicitam no momento de explicar sua experiência cotidiana de migrantes.

Palavras-chave: Peruanas, Brasília, Trabalho Doméstico, Interações Cotidianas.

This paper analyzes how a group of Peruvian women, domestic workers, with more than three years of residence in the city of Brasilia, capital of Brazil, live the experience of being "other" and "different" in a city with historical and urban characteristics very specifics, in comparison with other Brazilian cities. The analysis is performed from an interactionist perspective, based on the narratives of migrants themselves, seeking to understand the processes of othering and the expression of self-identification by the woman whenever they explain their everyday experience of migrants.

Keywords: Peruvian woman, Brasilia, Domestic Work, Everyday interactions.

INTRODUCCIÓN

Este artículo analiza cómo un grupo de mujeres peruanas, trabajadoras domésticas, con más de tres años de residencia en la ciudad de Brasilia, capital de Brasil, vive la experiencia de ser “otras” y “diferentes” en una ciudad con características históricas y urbanas muy específicas cuando se compara con otras de Brasil y de la región. El análisis se realiza desde una perspectiva interaccionista, teniendo como base las narrativas de las propias migrantes, buscando comprender los procesos de alterización y de autoidentificación que ellas explicitan al momento de explicar su experiencia cotidiana de migrantes.

Se trata de diez mujeres que ya vivieron (pasado) o están en este momento (presente) viviendo la experiencia de residir en el mismo local en que trabajan, fenómeno que se denomina “servicio doméstico interno”, lejos de sus familias, de sus afectos y de sus referencias culturales de origen. Por lo tanto es en este contexto muy específico en que acontecen las interacciones cotidianas que les brindan elementos para explicar lo que significa este tiempo presente, apoyándose y alimentándose de recuerdos y proyectos.

En sus narrativas observamos cómo se tejen las especificidades de las relaciones sociales con esos otros, sean tanto del núcleo familiar y comunitario de origen, como de su contexto presente en la ciudad y en el lugar donde viven-trabajan; cómo son significados sus valores, creencias, sus miedos y sueños, y que acaban otorgándoles un lugar como mujeres, madres, esposas, hijas que sustentan y cuidan de los demás. Y esto se hace a la distancia, lejos de sus cosas, de sus historias, de sus vínculos. Sin embargo, ellas se descubren más cerca de sí mismas, de otras facetas de sí mismas que sólo en Brasilia, en el ámbito del proceso de migración, ellas consiguen desarrollar.

En tales descubrimientos, ellas construyen historias de mujeres migrantes propias y específicas de cada una, donde podemos identificar elementos que son comunes no sólo a las diez que contribuyeron con nuestra investigación, como também a otras cuyas historias pueden llegar a se “espejarse” en este estudio3.

Estructuramos nuestro texto, en primer lugar, por medio de una contextualización de la situación migratoria en la región con especial atención a la relación Perú y Brasil, y más específicamente al flujo de mujeres peruanas que llegan a la ciudad de Brasilia para trabajar en el sector de servicios domésticos. Ese contexto permite abordar y comprender mejor lo que presentamos en segundo lugar donde desarrollamos la metodología de trabajo e iniciamos la fundamentación teórica focalizándonos en caracterizar la situación y las perspectivas de las migrantes sobre esta situación vivida, es decir, el estigma, la discriminación y la experiencia de la alteridad durante este proceso migratorio. En el apartado destinado a la conclusión destacamos los principales hallazgos, ellos posibilitan continuar avanzando en las investigaciones que venimos realizando actualmente.



CONTEXTO DE MIGRACIÓN REGIONAL

La movilidad humana tanto en el ámbito nacional, regional como internacional ha estimulado la enorme diversidad etnocultural existente ya no sólo en los países considerados “desarrollados” como también en los denominados “emergentes”.

Los flujos de migración entre países dentro del continente latinoamericano vienen tornándose cada vez más significativos en el escenario internacional migratorio. Probablemente el endurecimento de las políticas de inmigración en los países del hemisferio norte, así como las recientes crisis en el sistema económico internacional, hayan estimulado aún más estos movimientos. Esto plantea desafíos cada vez mayores para países como Brasil, hoy considerado un destino que ofrece oportunidades de sobrevivencia para muchos ciudadanos de la región a pesar de los casi cuatro millones de brasileños que emigraron también en busca de oportunidades fuera del país4.

Al analizar el mapa inmigratorio brasilero, se constata que el incremento más reciente de los ciudadanos provenientes de países de América del Sur, ha permitido a Brasil retomar su “tradición inmigratoria que estaba más o menos estancada desde la posguerra” (Souchaud, 2010:270). Tomando como base el análisis hecho por Souchaud (op.cit.), podemos avanzar en la comprensión de quién es ese migrante que se traslada dentro de la región y se establece en Brasil. Este autor identifica dos principales grupos de migrantes que llegan al país por motivos y períodos diferentes:

“Los migrantes argentinos, chilenos y uruguayos llegaron en grandes cantidades a partir de la década de 1970 y en muchos casos huyendo de los regimenes militares. (...) La situación (...) de los inmigrantes paraguayos, bolivianos y peruanos es diferente. En lo que concierne a los peruanos y bolivianos, el crecimiento de la población inmigrada aparece censo tras censo y se acentúa notoriamente en el último período intercensitario (entre 1991 y 2000)” (Souchaud, 2010:270).

Además de este incremento cuantitavo sistemático en Brasil de los inmigrantes provenientes de países de la región, tal es caso de Perú, país de origen de las migrantes que constituyen el universo de análisis de nuestra investigación, sabemos que tal situación es vivida por miles de mujeres migrantes en el mundo que se caracterizan por ser pobres, dispuestas a dejar su familia en el país de origen para emplearse en el sector de servicios domésticos y así enviarle el dinero producto de su trabajo. Esa migración (trabajadoras domésticas­), presenta simultáneamente, por un lado, especificidades con relación a las otras modalidades migratorias actuales y, por otro, una estandarización de quién y cómo migra la migrante.

Mujeres migrantes que además de sufrir la separación de sus referencias culturales y afectivas, deben esforzarse por lograr integrarse a una sociedad que posee códigos de convivencia diferentes a lo que estaban acostumbradas. Sin embargo, cabe destacar que la discriminación y su consecuente dificultad para la integración al mercado de trabajo, por ejemplo, no es una experiencia para ellas exclusiva del proceso migratorio, ya que también lo han sufrido en su país de origen.

Esto porque en Perú, al igual que en otras sociedades también formadas por un acentuado mosaico étnico, donde el hombre “blanco”5 y sus descendientes dominaron y continuan oprimiendo al indígena, al más pobre, al campesino, a la mujer, en la historia de este país “el fenómeno del racismo se constituye como uno de los más graves conflictos sociales que impide el establecimiento definitivo del proyecto de nación” (Béjar, 2004: 15). Desde la independencia del país, en 1821, hasta nuestros días, son discriminados todos y cualquier grupo social que no sea considerado blanco (Ibidem).

En 1980, Perú inicia un largo proceso de veinte años de violencia de origen política, que tendrá como saldo más de 69 mil peruanos y peruanas muertos, o desaparecidos, en manos de organizaciones subersivas y también, de agentes del propio Estado peruano. El informe de la “Comisión de la verdad y reconciliación6, del año 2003, expressa que las dos últimas décadas del siglo XX, son una marca de horror y deshonra para el Estado y la sociedad peruanos.

Sobre este asunto comenta una de nuestras entrevistadas7, y lo adelantamos aquí considerando la pertinencia de sus palabras:

“En verdad nosotros sabemos muy bien que quien violaba y asesinaba, allá en Ayacucho [región del interior del país], eran los militares que se hacían pasar como “terroristas”. El Sendero Luminoso, no hacía eso con los campesinos, al contrario, ellos explicaban que luchaban para defender nuestros derechos.... Pero... llegó un momento que nuestros propios padres nos dijeron: ‘váyanse de aquí, ustedes que son adolescentes, muy jóvenes, si ellos las encuentran las van a violar’. Así fue que nos fuimos de nuestro pueblo, a pie.... salimos en grupo, éramos varias, y después de algunos días andando, con miedo, conseguimos llegar a Lima... fue difícil... así fue que comenzamos nuestra vida en la ciudad con 15 años” (Teresa).

BRASILIA, CIUDAD DE MIGRANTES

Fundada en 1960, Brasilia fue especialmente diseñada y construida en el centro del país. Vigilada y controlada, es una ciudad que recibió siempre importantes flujos de migración interna, así como migración internacional tradicionalmente vinculada al cuerpo diplomático de los más diversos países.

Por todo esto, es considerada un “microcosmo de la cultura brasilera”, por su capacidad de atracción de contingentes migratorios de diferentes regiones (Nunes, 2004: 14). Esta ciudad planificada se consolidó bajo un “modelo de poblamiento polinucleado y excluyente” (Paviani, 1997: 42), y es resultado de un largo proceso geopolítico, ya que la idea de construirla data de 200 años atrás (Idem, p.45).

En la ciudad la fuerza es de los “lentos” (Santos, 1994), pues aquellos que andan rápido –los que se trasladan por las vías rápidas de la ciudad–, pierden la capacidad de observar las sutilezas de su tiempo cotidiano. La mirada de estas mujeres migrantes, confinadas al espacio de trabajo, es minuciosa, típica de aquellos que vienen de afuera y ven diferente a lo que ve el ciudadano local. Ellas ven con otros colores, otras formas; una mirada que busca comprender y apropiarse de los pocos momentos y espacios urbanos a que tienen acceso.

De esa forma, para estas migrantes, Brasilia se contrapone a su idea de ciudad, los gustos y disgustos encuentran su contraparte con aquello dejado en su país de origen, con el presente vivido y el futuro soñado. Tal como expresa Calvino en las Ciudades Invisibles, debemos recordar que “cada ciudad se contrapone al desierto que se opone (...)” (Calvino, 2003:24). Y ese “desierto” va siendo construido y transformado en la memoria individual de cada migrante, que no debe ser entendida como algo aislado, sino en relación a sus cuadros sociales reales (Halbwachs, 1990, 1994), que sirven de puntos de referencia en la reconstrucción de la memoria.

La nueva ciudad de residencia, Brasilia, los recorridos en ella trazados, las personas que en ella encuentran, los objetos con los que interactúan, son justamente los que desencadenan los recuerdos de la otra ciudad, otros paisajes, otros afectos y otras experiencias. Es con base en eso que ellas van narrando sus vivencias actuales, sus historias pasadas y sus sueños. Se observa en algunas de las migrantes cambios en sus concepciones de lo urbano, de lo bonito y lo manifiestan como una dificultad que deberán pasar cuando sea la hora de regresar.

“Pienso que voy a sufrir un poco cuando regrese. El día que vuelva ya no podré disfrutar más de eso, del verde de Brasilia en esta época de lluvia. Regresar allá [Lima] es volver a una ciudad sucia, llena de polvo. (…) Además es difícil acostumbrarse luego de andar por una ciudad en que nadie te dice nada. Si no haces nada malo, en la calle uno anda tranquila, miras y consigues ver hasta muy lejos. Mira para allá, ¿ves como se puede ver el lago bonito desde aquí? Me gusta… el día que regrese sentiré falta de esto” (Amelia).

Nos interesa enfatizar nuevamente que estas mujeres migrantes salen de la ciudad Lima y llegan directamente a Brasilia con el único objetivo de emplearse en el sector de servicios domésticos, pues les han dicho que allí hay trabajo, a pesar de que muchas han confesado que soñaban con migrar para España, Italia o Estados Unidos, pues “se ahorra dinero más rápido”. Por esto es que podemos pensar Brasilia como una puerta más viable (más cerca y de más fácil acceso) y un poco más segura que se abre para ellas.

Hasta hace poco tiempo atrás, Brasilia no era considerada una ciudad integrada al circuito de ciudades típicas brasileñas receptoras de contingentes migratorios de latinoamericanos con este perfil específico. La idea que predomina en el migrante que llega a Brasilia es la de lugar vinculado al mundo administrativo (sede del aparato estatal federal), de la diplomacia o de organizaciones internacionales. Esto nos lleva a pensar que, si bien esta ciudad no se constituye como polo de atracción evidente de migrantes regionales pobres en busca de trabajo, sí puede ser pensada como un polo de atracción silencioso de lo que se acostumbra a llamar mano de obra migrante no calificada.

METODOLOGÍA DE TRABAJO Y CARACTERIZACIÓN DE LA SITUACIÓN LABORAL

“Vine para Brasilia porque en mi país ni siquiera consigo un trabajo como este que tengo aquí. Allá si tienes 40, 45 años buscar trabajo en casas de familia es imposible, no te contratan, pues para ‘ellos’ yo ya estoy vieja. Y si por acaso conseguiera, nunca ganaría el salario que sí recibo aquí..... Porque yo no tengo estudios, la única cosa que consigo hacer es limpiar la casa de los otros” (Elena. Énfasis añadido).

Así como Elena, las demás nueve migrantes que conforman el grupo elegido para investigar son mujeres peruanas cuyo origen social pobre les marca tanto por la falta de acceso a la educación en ámbito formal, por estar desempleadas en su país de origen o poseer una situación de empleo precaria, como por pertenecer a un grupo étnico históricamente discriminado en el ámbito urbano de Perú: las denominadas “cholas” o serranas. Se trata de campesinas o hijas de campesinos, de origen indígena que llegan a la capital (Lima) en busca de trabajo, y cuya lengua materna es generalmente el quechua.

Las diez migrantes dejaron familia en Perú para migrar a Brasilia, algunas piensan retornar, otras construyen una “nueva” vida en esta ciudad. Para poder caracterizar de forma breve y clara a cada una de ellas, presentamos en anexo un cuadro donde describimos las siguientes variables: edad, momento de llegada a Brasilia, las veces que retornó (o no) a Perú, los principales motivos de la migración, la situación de documentación en Brasil, la familia que dejaron en Perú y la profesión antes de migrar. Consideramos tales variables significativas pues nos permiten comprender de qué migrantes estamos hablando.

Para seleccionar estas diez mujeres, realizamos una primera fase exploratoria de investigación de campo (de septiembre a diciembre de 2008) donde tuvimos oportunidad de conocer 19 mujeres con perfil muy semejantes, todas trabajadoras domésticas en Brasilia. El criterio para posteriormente seleccionar el grupo de diez fue el tiempo mínimo de tres años de residencia en la ciudad y la disponibilidad para realizar entrevistas en profundidad. Con cada una de ellas fueron realizados un promedio de cinco encuentros durante el período comprendido entre marzo y octubre de 2009, y posteriormente, entre abril y diciembre de 2010.

Las entrevistas en profunidad fueron realizadas con base en algunos ejes fundamentales que nos sirvieron como guía: el origen (recuerdos de infancia y juventud, familia dejada en Perú), la familia hoy (relaciones dentro del núcleo, situación financiera, resignificación de los afectos), Brasil (destino elegido o no, prenociones sobre el país) y Brasilia (la ciudad, interacciones con los ciudadanos locales).

En este artículo nos concentramos más en el análisis de las respuestas dadas sobre este útlimo eje temático, si bien entendemos, desde el punto de vista analítico, que los anteriores puedan aparecer como contextualización de la situación. Dentro de éste, realizamos el análisis en función de dos principales categorías: (i) el estigma y la discriminación que sienten y sufren, como consecuencia no sólo de la situación vivida en el presente, como también en el pasado; y (ii) la construcción del otro/a con sus diversas interpretaciones afectadas por creencias y valores.

El análisis se hace desde una perspectiva interaccionista facultando comprender los procesos de integración social de estas migrantes. La migración se presenta como un medio para cambiar de vida a través de la oportunidad (o encrucijada) que la división sexual e internacional del trabajo les ofrece para emplearse en el sector de servicios domésticos. Las entrevistas en profundidad posibilitan reflexionar sobre cómo explican su integración a la ciudad, el día a día en el trabajo, el sentido de estar especialmente afectadas por sus historias pasadas y por los proyectos a futuro.

Cabe destacar que todas las migrantes con las que tuvimos oportunidad de conversar durante la fase exploratoria de nuestra investigación, trabajan un promedio de 16 horas diarias, 6 días por semana. Algunas de ellas, aunque quisieran contribuir con nosotros, no tenían la posibilidad de encontrar momentos que permitieran la realización de las entrevistas en profundidad que proponíamos. Otras también, manifestaban temor de hablar, sentimiento típico de la migrante en situación de intensa vulnerabilidad.

Esto sucedió sobre todo con aquellas que estaban en situación irregular de documentación. La realidad de estas mujeres migrantes en lo que concierne a la documentación es diversa. Algunas trabajan con lo que en Brasil se denomía “visa de cortesía”. Es un documento que puede ser otorgado únicamente por diplomáticos8, y que les permite permanecer temporalmente en el país bajo la responsabilidad de aquella persona que las contrata y que firma asumiendo su protección y seguridad. Es concedido por un período corto y puede ser renovado siempre que el empleador desee hacerlo. En caso que desista del contrato, la visa pierde valor y el empleador es responsable por garantizar el retorno de la trabajadora al país de origen.

Mientras dura su contrato de trabajo y, en consecuencia, mantiene la validez de la visa cortesía, la trabajadora está habilitada a trabajar únicamente para esa familia, quedando imposibilitada desde el punto de vista legal de cambiar de trabajo. Esta situación provoca una relación de ambivalencia ya que, por un lado este documento las protege permitiéndoles trabajar, obtener ingresos para enviar para sus familias y de forma legal, pero por otro lado se genera una situación de explotación respaldada en lo que Weber denomina de “poder de disposición” (1944: 63). O sea, la posibilidad de disponer, sea de hecho o garantizada por cualquier medio (coerción, por ejemplo), de la fuerza de trabajo. El trabajo doméstico se transforma en ese trabajo y para ese empleador doméstico. Estamos frente a una relación asimétrica donde se pone de manifiesto el interés de una clase, y que puede asumir diversas formas, ya que se constituye por la interacción y discusión de las experiencias cotidianas y las interpretaciones que de ellas se hacen (Bottomore, 2001).

A pesar de esto, algunas asumen el riesgo y dejan empleos en las que son sometidas a condiciones de extrema precariedad. Eso significa quedar en situación irregular de documentación en Brasil. Muchas de aquellas que se encontraban en tal situación, consiguieron obtener la residencia en este país gracias a una Amnistía9 concedida por el estado brasileño en el 2009. En sus lecturas de la situación, encontramos elementos comunes en el grupo y otros específicos a cada migrante, cuando, por ejemplo, se manifiestan sobre los “otros” y las “otras” con quienes ellas interactúan durante su experiencia de migración, o cuando explican sentirse estigmatizadas y discriminadas, no sólo por ser inmigrantes, sino también discriminadas por su identidad profesional.

La alta concentración de mujeres migrantes en el sector de servicios domésticos y de cuidados no sólo se puede explicar por las decisiones que cada una de ella toma de migrar con base muchas veces en la expectativa de ganar salarios mejores que los que pueden tener en su país de origen o, simplemente, tener un trabajo, sino que también resultan de procesos de discriminación que encuentran sus raíces en la clase social, sexo, grupo étnico, estatus profesional y migratorio, que a su vez se apoyan en una naturalización de las diferencias (Comas d’Argemir, 2009:184). Para muchas, la tarea de cuidar de los demás y de la casa se inicia desde que son pequeñas, algo común en contextos como el del grupo que aquí estudiamos.

“Cuando mi padrastro salía para trabajar yo cuidaba a mis hermanos, pero era una niña y no sabía la responsabilidad que tenía..... Cuidé mis hermanos hasta los 14 años”. (Lucía)

El origen social de ellas aparece como un marcador (estigma) que las distingue y las condiciona a desarrollar determinadas tareas, como la de cuidar de los demás. Algo que para el resto de la sociedad, e inclusive para ellas mismas, puede llegar a ser una tarea natural justamente por tratarse de mujeres y por pertenecer a un determinado estrato social. Es en este sentido que las mujeres migrantes aquí estudiadas, frente a una situación de ausencia total de propiedad de bienes, lo único que tienen para ofrecer es su trabajo sumado a la condición de ser mujer, migrante, pobre, con poco (o ninguna) educación formal y sin familia en Brasil que pueda demandarle tiempo generando tensiones con la demanda de trabajo. Se puede establecer un diálogo entre estas condiciones de vida en que se encuentran estas migrantes y aquello que Weber (1969) denominó de “situación de clase”. Pese a que pueda parecer una contradicción, tales condiciones poco ventajosas, o situación de clase, que las caracterizan, se vuelven una ventaja competitiva en el mercado de trabajo –siguiendo la perspectiva de un cierto perfil de empleador– si se las compara con las trabajadoras domésticas nacionales.

“Preferimos las peruanas, pues son menos sindicalizadas [que las brasileras], más responsables y dedicadas. Están determinadas a mejorar de vida. Ellas no quieren para sus hijos la vida que sus padres les dieron. Eso resulta en una actitud de mayor compromiso con el trabajo” (Empleador de origen europeo. Énfasis añadido)10.

Las migrantes que estudiamos viven o ya vivieron en el lugar donde trabaja y tienen muy pocas (o ningunas) actividades fuera de este espacio, hecho que resulta en un aumento de la utilidad total sobre el servicio recibido por el empleador en función de las horas extras diariamente trabajadas por las mujeres y sin remuneración adicional. Este régimen de trabajo lleva a que tales instancias sean muy restrictas a ese entorno específico: lo doméstico e interno. Es importante concebir dicha particularidad. Las tareas son trabajos domésticos en el mismo lugar en que viven y la tenue línea entre trabajo-y-vivienda se desvanece cada vez más. Por lo tanto, cabe discernir que es desde allí que las migrantes configuran su nuevo destino y vivencia; desde esa perspectiva espacial postulan y soportan sus procesos simbólicos para modelar sus interacciones. Aunque haya una disminución gradual de la utilidad marginal (i.e. la utilidad generada por la calidad de su trabajo en cada hora a más trabajada), desde una perspectiva únicamente economicista, resultará en un mayor beneficio final para el empleador.

“Mi cuarto, no es mi cuarto...en él sólo duermo... sólo puedo entrar a las 9 y media o 10 de la noche, para acostarme; me despierto a las 6 de la mañana... y trabajo todo el día. Desayuno en 10 minutos, y en el almuerzo lo mismo... Mi jefa está todo el tiempo presionándome, pidiendo cosas, agregando más y más” (Carmen).

“Siento asfixia de estar trancada. Preciso salir los fines de semana... por ejemplo ahora, me llamaron, pidieron para volver hoy sábado y dormir en la casa... pero yo tenía planes de salir con mi hermana, oír música, descansar. Y como trabajamos en la casa... ellos disponen de nuestro tiempo libre. Te dicen: ‘pero sólo si puedes...’ pero como podría decirle que no puedo... Ellos me tratan bien, no tengo quejas sobre esto, pero el horario ellos no respetan. No hay forma de huir de esto. Cuando se vive en el mismo lugar de trabajo es así, ellos pagan y nosotros estamos para servirlos” (Maria).

De esta forma, se va conformando un orden social donde la distribución de la “honra social” o prestigio social (Weber, 1969:58) deja prácticamente vacía la profesión de trabajadora doméstica. Sin embargo, de acuerdo con Weber, “la honra de estatus no precisa necesariamente estar ligada a una ‘situación de clase” (1969:65). Destacamos, en ese sentido, las siguientes apreciaciones y precisiones por parte de una entrevistada,

“Por ejemplo... ahora que estamos aquí [restaurante al borde del lago11] de todas las personas que están en las otras mesas ninguna percibe que yo trabajo en casa de familia. En este momento yo soy una más de este grupo” (Carmen. Énfasis añadido).

“Ya rechacé un empleo porque la señora quería obligarme a usar uniforme. Mira, las jefas peruanas adoran eso, insisten en que uno use uniforme. ¿Sabes por qué? Porque ellas tienen miedo que las visitas de la casa no perciban quién es la señora y quién es la empleada” (Carmen).

En el cotidiano del trabajo, no sólo se da una lucha por la sobrevivencia y por la realización de proyectos y sueños, sino también en algunas de ellas se da una angustia por la falta de “estima social” (Weber, 1969: 65). En el día a día sienten, sufren y eso parece alimentar mucho más la motivación en recuperar cierto prestigio social en el país de origen para ellas y para sus familias. Parece ser como que en Brasilia ya no hubiera chances mientras continúen trabajando en el servicio doméstico. Y, cambiar de empleo parece algo imposible.

Trabajar, luchar hoy para otorgar –y en algunos casos devolver– esa honra y estima social a los hijos e hijas, así como también a veces al marido/compañero, a través del envío de dinero para que estudien, consuman y así después en el futuro (aquello con lo que ellas sueñan) volver y “usufructuar” de esa honra que no tenían o no tienen. Trabajar en Brasilia se torna un medio de obtener o recuperar un estatus, independientemente que eso pueda suceder o no.

“Cuando regrese, voy a pedir a mis últimas dos jefas que hagan una carta de recomendación, pero como cocinera y no como empleada doméstica. No es por mentir, pero sé que allá [Perú] eso me da otro lugar a decir que en Brasilia fui empleada doméstica. Mejor decir que trabajé como cocinera de diplomáticos” (María. Énfasis añadido).

Dentro de lo que podemos identificar como una misma clase social estaría la profesión de trabajadoras domésticas, cocineras en casas de familia, jardineros, etc. Sin embargo, existen particularidades, de la misma forma que sucede con otros grupos sociales, que se refieren al desarrollo del estatus que, en la línea de pensamiento de Weber (1969: 67), entendemos que se trata de una cuestión de estratificación basada en la usurpación.

O sea, en el cotidiano del trabajo, estas migrantes relatan momentos de orgullo cuando son elogiadas, por ejemplo, por los invitados de sus jefes por motivos de la buena calidad de la cena que preparan. Habría ciertas tareas asociadas a recompensas especiales por la posibilidad de interactuar con invitados detentores de un alto grado de honra y estima social (ministros, diplomáticos). Según alguna de ellas, eso las torna especiales y diferentes de las trabajadoras domésticas brasileras. Pues, cocinar para eventos importantes les devuelve cierto estatus “usurpado” durante la mayor parte de su tiempo de trabajo y, a veces, también en el tiempo de ocio.

Esto significa que no siempre ellas se sienten “desacreditadas” o estigmatizadas; por momentos algunas sienten que consiguen pasar a la categoría de las personas “desacreditables”, sirviéndonos de conceptos goffmanianos. En el momento de la interacción, sea en el ámbito laboral o no, las migrantes, como cualquier persona, buscan manipular la información sobre aquello que las “marca” socialmente. Evidentemente que las posibilidades reales de manipular tal información muchas veces son pocas, pues están las características de aquello que no puede ser escondido: los trazos físicos, la forma de hablar o vestir, y que ellas sienten como un estigma.


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