Este libro se publica en un momento trascendental para la izquierda salvadoreña



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PRESENTACION
Este libro se publica en un momento trascendental para la izquierda salvadoreña; cuando no existe otro punto de referencia que indique con mayor claridad el rumbo de las

fuerzas de izquierda, desde la unión de las cinco organizaciones político-militares que en 1980, crearon el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional -con un momentáneo retiro de la Resistencia Nacional en su inicio, originada por un debate sobre el partido único­hasta la separación del Ejército Revolucionario del Pueblo ERP, ya convertido en Expresión Renovadora del Pueblo, y de la Resistencia Nacional RN, para conformar junto al Movimiento Nacional Revolucionario MNR, el Partido Demócrata, con el propósito de convertirse en el instrumento que podría viabilizar la opción socialdemócrata en nuestro país.

Durante mas de doce años el FMLN pudo con toda propiedad, definirse vanguardia histórica de las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias de El Salvador, y fundamentar en su unidad orgánica, la fortaleza de su rol protagónico durante toda la guerra y la negociación.

Sin embargo, concluido el conflicto militar y abierta la competencia por el poder mediante la lucha política y la vía institucional, las contradicciones internas entre las cinco organizaciones, las cuales la lucha armada impidió resolver durante el conflicto militar, afloraron sin mayores dilaciones al momento de definir la estrategia electoral en 1994, cón la que se pensó enfrentar (y derrotar) a la derecha.


Superado el evento electoral, quienes en los 70' sostuvieron la concepción de Guerra Popular Prolongada, caracterizando el modo de dominación como tiranía militar facistoide, acompañados de los camaradas comunistas, se quedan con el FMLN; y quienes plantearon la guerra revolucionaria y la insurrección popular, en contra de la dictadura militar en escalada fascista.

Desde luego que no todas las voluntades individuales o de grupo, pueden ser caracterizadas homogéneamente, dentro de los estandares, los ideales y las prácticas socialdemócratas. A menos de un año de su creación dicho partido ha enfrentado serias crisis internas tanto por su "política de estado" como por los métodos de conducción partidaria; hechos que algunos interpretan como necesarios ajustes de ensamblaje de un instrumento nuevo, y otros, entre quienes está el autor, como alarmantes señales para una urgente revisión integral.


En todo caso, es interesante el reacomodo de los revolucionarios salvadoreños, quienes se lanzan creativamente a esta nueva aventura, contra la decadencia ideológica de muchos teóricos de la izquierda, provocada por el derrumbe del bloque soviético y el innegable fracaso del ensayo totalitario y estalinista, así como de aquellos intelectuales que apoyaron las estrategias guevaristas y las formas de lucha latinoamericanas, como Jorge Castaneda y el propio Regis Debray.
En El Salvador, nuevamente se generan expectativas para los revolucionarios que perdieron el barco en la alta marea, cuando la oleada del neoliberalismo aprovechó la caída del muro de Berlín, para proclamar el fin del socialismo; aquí se están alternando concepciones audaces y nuevas formas de lucha, en momentos en los cuales la contraofensiva conservadora y los ideólogos de la reacción baten palmas en contra del marxismo.
Para quienes pretenden desarmar la utopía guevarista, los salvadoreños que nos sentimos representados en este libro y en el renacimiento político de nuestra izquierda, retomamos su imponderable valor ético, que mantuvo -y mantiene aún- nuestro inclaudicable espíritu revolucionario.
y así como Jorgito rechaza la socialdemocracia latinoamericana, así nosotros con el mismo ahínco (permítanme el anacronismo) alzamos la bandera de Víctor Raúl Haya de la Torre y de Guillermo Ungo, en momentos en los cuales hay que enfrentar a un capitalismo que ha realizado su tercera revolución industrial, con un dominio total de la cibernética y la informática, es decir la alta tecnología en las comunicaciones, a su completo servicio, que le permite convertir al mundo en un espacio local; cuya próxima aventura espacial es la visita al planeta Marte; que es capaz de generar fenómenos financieros como las tarjetas de crédito, cuyo manejo de una masa monetaria superior a los nueve dígitos jamás pudo imaginar Lenin; y que puede impactar cualquier modelo económico mediante acciones de capitales piratas, desplazados electrónicamente, como el swaping.
En este entorno, es en el cual aparece el libro de José Luis Quan, mas que como una tarea inconclusa, como un desafío a la conciencia y a la inteligencia.
y que otra cosa podría haber escrito un profesor de Filosofía de la Universidad de El Salvador, UES, sino un deber para los revolucionarios; y todos sabemos que el deber del revolucionario es hacer la revolución.
Es entonces cuando las preguntas se agolpan con estrépito: ¿Cuál revolución? ¿Con qué método? ¿En qué período? ¿Existe acaso situación revolucionaria? ¿Y la revolución negociada?

Las respuestas van apareciendo una a una, sistemáticamente a medida se avanza en la obra, y en una visión retrospectiva y prospectiva, uno va dimensionando todo lo que nos relata el autor, con el momento actual. Desde luego que no es nuestra intención resolver tales interrogantes, mucho menos interpretar a Quan, proyectándolo desde la década de los 80' s hasta sus posiciones políticas actuales, nada sería mas falso que eso.


Mas bien deseamos desentrañar de algunos de sus pasajes, afirmaciones que ya vislumbraban resultados presentes, como las referencias a' la Internacional Socialista, a Guillermo Ungo, o el testimonio de la quema de cientos de ejemplares de La Revolución Democrática, de Fermán Cienfuegos, después de un debate al seno de la Comandancia General del FMLN.

En todo ello subyace un mensaje ético-político, subliminal si quieren, dirigido a las conciencias de quienes de una u otra manera seguimos luchando por la revolución salvadoreña y su comprensión es menos complicada que la trasnochada filosofía de Francis Fukuyama, porque no pretende conducimos al fin de la historia, sino al encuentro con la misma; el sujeto destinatario del mensaje no es el hombre liberal, sino el ser humano social,

fundamentalmente humano; porque José Luis Quan (Comandante [van Portillo de las Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional, FARN) quizás sin proponerse lo, y con el relato sencillo de su propia experiencia van interconectadohechos,sentimientos,carencias,

transformaciones, que podríamos asignarle al thvmos o a la conciencia del master para seguir con Fukuyama, el

filósofo del liberalismo tardío, pero que en esencia son los reflejos del cambio que sufre el individuo cuando va ascendiendo escalón por escalón hasta alcanzar esa estatura de ser humano, totalmente solidaria, que lo convierte en ún revolucionario.
Un nuevo humanismo impregna la narrativa de [van, distante de la angustia individual del existencialismo, porque resuelve las dudas del ser, mediante la acción del medio hostil; la asimilación de una nueva conciencia social, determinada por las condiciones materiales de existencia de los frentes de guerra y su acelerado proceso de adaptación, son la clave para alejarlo también de los planteamientos clásicos de Erasmo, y ubicarlo exactamente en las postrimerías de este siglo; donde las nuevas tareas de la revolución, plantean nuevas exigencias, nuevas actitudes, nuevos métodos, nuevos sujetos, nuevos conocimientos.
Creo que cuando nos relata la experiencia de su captura (inicio de la obra) el autor está consciente, aunque con una cuota de idealismo, de que su vida de guerrillero urbano y promotor de la solidaridad internacional, ha cambiado definitivamente; se pueden intuir sus

aprehensiones por los hijos que deja en México, se trasluce el coraje que pretende demostrar todo citadino al momento de integrarse a un frente rural, la anécdota de su primer caminata nocturna y el susto que les da un cuzuco, es ejemplarizante, en este sentido. Sin embargo, cuando la narrativa aborda pasajes ocurridos años mas tarde, después de varias guindas, cuando ya ha puesto manteca en los zapatos para las largas caminatas, y ha disfrutado como exquisito majar un cubito de sopas maggie o un sobrecito de café listo, cuando ha sufrido la tragedia de perder compañeros queridos, como nos cuenta la muerte de Andrés (Oscar Acevedo) con quien lo unía una estrecha y larga amistad; y además se expresa con toda propiedad de comandante guerrillero, usando términos como la goniometría y sus propuestas de nuevas rutas y correos interfrentes (La Morazánida), las escuelas políticas el trabajo en Cabañas, la toma de Villa Victoria etc.; podemos apreciar la madurez de un nuevo espíritu al cual lo han consolidado las tareas de la guerra, y que corresponde a las callosidades del c.uerpo, curtido por la inclemencia del medio en el cual le toca desenvolverse.


Cualquiera diría que esa condición tiene el costo del endurecimiento y la deshumanización, y en el caso del

"Chino" -como siempre le dijimos por su ascendencia asiática- tendría que haber sido peor, dada la desintegración de su hogar. Al menos así me lo habría imaginado yo, pues conocí su concepto de pareja y su amor infinito de padre, ya que nos tocó convivir un par de años en la ciudad de México, y cuando se venía al frente una de sus mas reiteradas peticiones era que velara por su familia.


Sin embargo no fue así, en el libro nos cuenta la dolorosa solicitud de divorcio que le llega por la radio, y también como rechaza, mas por dignidad que por despecho, la oportunidad de salir al exterior, que con "cierta lástima", a propósito se le ofrece.
Considero que José Luis alcanzó, como muchos otros compañeros que sobrevivieron en la guerra, esa estatura humana poco común, a la que quisiéramos llegar todos los que tenemos un ideal revolucionario.
Al final, el libro termina con una historia de amor, extraña e inconclusa, casi mítica, cuando se le centra en el efecto de un amuleto y aparece cierta atmósfera metafísica, en la que una revolucionaria mexicana termina compartiendo su lecho y sus nuevos desafíos...
Esta parte es vital, pienso cuan equivocado estaría, quien enrró a la revolución sin amor, sin esa capacidad de amar y de darlo todo por la causa (parece tan trillado y tan vacío, que da vergüenza escribirlo) como lo hizo ¡van, como lo hicieron tantos compañeros y compañeras que no quisiera decir.nombres, ya que uno corre siempre el riesgo de ser injusto al no mencionar algunos, pero en esta ocasión voy a hacerlo, porque son los muertos que siempre me están acompañando en mis acciones, vigilando mis pasos, resguardando mi conciencia, alimentando mis pensamientos, son en todo caso mis permanentes tutores, y casi podría afirmar que en cierta medida, sobre todo cuando me asaltan las dudas y la frustración, ante la inminente miseria de los vivos, su ejemplo y su sacrificio son los que impulsan a seguir. Son César Hidalgo (Manolo), Doroteo Gómez Arias (Gerónimo), Félix Ulloa p.(Pedro), Reynaldo Chavarría (Neruda), Salvador Silis (Santiago), América Femanda Perdomo y Saúl Villalta (a pesar de haber sido tan cerril) Carlos Arias (quien me puso mi primer seudónimo) y Mira Ochoa, un ejemplo de mujer.

Ellos, los que entendieron ese nuevo modo de amar, entregándose sin reservas, posiblemente sin conocer aquel artículo de Nils Castro, titulado El Nuevo Modo de Amar, que yo leí a principios de los años 70' s, y que expresaba en palabras lo que ellos hicieron con sus nobles y generosas vidas.


Después de lo dicho, sería una pedantería inútil querer hacer un análisis formal de la obra, hablar de si se trata de un testimonio o un trabajo pedagógico, si en ella se refleja la lucha ideológica con las otras fuerzas del FMLN, especialmente con las FPL, cuando eso está claro en el manejo del caso de los refugiados; peor sería querer explicar la confusión de los tiempos gramaticales, cuando sabemos que el autor no es escritor de oficio y que basta su esfuerzo por recuperar esta maravillosa experiencia, la cual si logramos sistematizar será parte de los insumos no solo para los nuevos escritores, sino también para los historiadores que necesitamos, porque sí es importante, ubicar el tiempo del relato, es decir 1984­87; lo demás será tarea del lector, quien desde su propia óptica podrá apreciar, -sin los sesgos, aún involuntarios de quien presenta la obra- el mundo mágico de nuestro campesinado, de las carencias y fortalezas del ejército revolucionario, de sus torpezas y habilidades, de las confrontaciones con el ejército del régimen; en fin, lo que no necesita destacarse por ser tan obvio.
Quiero hacer una acotación final, en vista de mi personal conocimiento del autor, creo que este libro es un auténtico testimonio de esa parte de la historia nacional jamás contada; ha sido elaborado (considero que con bastante humildad) en primera persona, por la responsabilidad de lo que se dice, es decir, para asumir responsablemente cualquier objeción; y en ese sentido, en ningún momento se tergiversan hechos ni se magnifican personajes, para sustentar una tesis política o una posición ideológica; por ello su contenido es un inapreciable aporte en la enseñanza de la historia contemporánea; es en realidad un nuevo fresco que junto a otros que ya circulan, va perfilando ese gran mural nacional que, ojalá hayamos terminado antes del nuevo siglo, para que las generaciones venideras conozcan lo que sucedió en El Salvador, en el último cuarto del Siglo xx.
F élix Ulloa hijo.


CAPITULO I

Transcurría el mes de Marzo de 1984, eran ya tres años los que había estado fuera del país; Cada día de ausencia en mi patria se había acumulado como carga pesada sobre mis espaldas, por lo que la cercanía del retorno a San Salvador me provocaba un escozor en el estómago por la emoción de regresar ; sin duda una nueva experiencia estaba por llegar. Me había estado preparando con anterioridad por mas de seis meses,, con ejercicios estacionario y corriendo en la pequeña cancha de basket ball de la villa Olímpica, condominio al sur de México DF, al igual como lo llevábamos a cabo en nuestras practicas de guerrillero en El Salvador.

Las misiones anteriores en mi formación de guerrillero clandestino habían estado fundamentalmente ligadas al área urbana, más de 8 años en la organización de los sectores medios, en particular con los maestros de secundaria y universitarios. La llegada a un frente de guerra rural se me hacía de lo mas emocionante, al igual, era una prueba de fuego para mi mentalidad romántica de revolucionario.

Por localidad de miembro del Comité central y jefe de la zona norte en el exterior que incluía México, EE UU y Canadá, me asignaron la misión que antes de la partida a San Salvador, (diciembre de 1983) la doble tarea de organizar el evento de un pre consejo de la Resistencia Nacional y la entrada y salida de mas de 12 compañeros de los niveles de dirección, entre ellos Ramón Arce y Lázaro de Morazán, Javier Martínez, Chano Guevara y Raúl Hércules de Guazapa, Modesto, Marcos Jiménez ,Alma , Luisa Jovel de la Metro, Pacho y Oscar del Exterior y el buró politico integrado por Ferman Cienfuegos, Leo Cabral, Eduardo Solórzano y Rubén Rojas en su mayoría jefes militares, aprovechando la circulación de la población en las frontera, por las fiestas de navidad.

El primer problema a resolver era de cómo recibir escalonadamente a los compañeros que venían de los frente de guerra interno, en donde alojarlos para no crea un problema de seguridad mexicana y el segundo en que infraestructura podíamos llevar a cabo una reunión de tal envergadura por mas de una semana y que la población donde estaríamos no se extrañara de ver tanta gente junto y “rara” para la vecindad. Me recuerdo en una de tantas pasadas que tuve en el D.F, un policía de transito me pidió mes documentos y cuando empecé a comunicarse con el me detecto que no era Chilango1, y me dijo que si era de la región sur de México y le dije que si, de Tabasco y se quedo tranquilo.

Para darle respuesta al alojamiento escalonado de los chompas, empezamos ha hacer el inventario de la base social que teníamos y en las casas en las casas donde los ubicaríamos, no fue complicado, porque la solidaridad del pueblo mexicano era basta y solidaria.

El segundo problema era encontrar el lugar donde llevar a cabo la reunión, una semana teníamos para encontrarlo, y el dia tope para decidir donde se acercaba, porque la posibilidad eran variadas. Con el equipo de internacionalistas mexicanos decidimos que seria en Cuernavaca, ahí se encontraba un lugar excelente, una escuela donde se reunían para capacitar en formación técnica de clases populares y no tenia color político. Muy bien les dije. Entremole a ese lugar y Estaremos en la ciudad de la eterna primavera, les va a encantar a los compás.

N



o pusimos en tensionamiento para coordinar el Lugar y como iban a llegar los “alumnos” a la escuela, la logística de la alimentación y la dormida, que por suerte la resolvia la direccion de la Escuela., asi como, arreglar el local donde discutiríamos con carteles y banderas del RN- FARN y el FMLN, con consignas alusivas a la lucha salvadoreña, e internacional, para darle mistica y fervor revolucinario al acontecimiento.



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