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Ponencia sobre:


 




Responsable: Hernando Gálvez, S. J.
Colaboración: Manuel Uribe, S.J.

Orlando Moreno

Bogotá, junio de 2.010

INDICE

Espiritualidad Popular en Fe y Alegría

Introducción 3

Capítulo I

Religiosidad y Educación Popular 4

Capítulo II

La Espiritualidad Popular y la Cultura Popular 10

Capítulo III

Encuesta sobre la fe (religión) en escuelas y colegios de Fe y Alegría 18

Conclusiones

Referencias bibliográficas 27

Anexo I La Encuesta 29

Anexo II ¿Qué opinas de la formación pastoral en Fe y Alegría? 30

Anexo III Aportes de líderes juveniles (Participantes a curso Taller) 32

ESPIRITUALIDAD POPULAR EN FE Y ALEGRÍA
INTRODUCCIÓN
Dificultades para abordar el tema

La Federación Internacional de Fe y Alegría, nos encomienda abordar el tema de la Espiritualidad Popular, en el Movimiento.


Comenzamos asumiendo varias limitaciones del presente trabajo. Lo consideramos como inicio de una ruta compleja, por varios motivos: La primera dificultad consiste en que es un tema que no ha sido abordado antes; se han hecho múltiples trabajos en torno a la Religiosidad Popular; no así de la Espiritualidad Popular; tendremos que comenzar por preguntarnos por su definición, y si existe tal realidad, en Fe y Alegría.
Segundo, se trata de un trabajo exploratorio en el nivel del VER, de la metodología que utiliza la Educación Popular, de Ver Juzgar, Actuar. En un tiempo tan limitado como del que hemos dispuesto, sería iluso pensar que pudiéramos realizar un sondeo, así fuera mínimo, en todos los países donde hacemos presencia en América Latina. Nos hemos limitado, pues, a hacer un primer intento de acercamiento a esta realidad, en Colombia.
Tercero, la población destinataria de nuestra evangelización es tan variada, psíquica y culturalmente, que hace prácticamente imposibles las caracterizaciones y categorías para recoger nuestros análisis. A medida que fuimos avanzando en nuestro trabajo, nos fuimos haciendo más conscientes de lo germinal y provisorio de nuestro intento. 

Capítulo I

Religiosidad y Espiritualidad Popular 

El Documento de Aparecida en los nn. 258 a 265, se ocupa de la Espiritualidad Popular. No parece que haga diferencia entre Religiosidad, Piedad y Espiritualidad Popular. Deja claro que valora la religiosidad popular e invita a purificarla. 1



258 El Santo Padre destacó la “rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos”, y la presentó como “el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina”149. Invitó a promoverla y a protegerla. Esta manera de expresar la fe está presente de diversas formas en todos los sectores sociales, en una multitud que merece nuestro respeto y cariño, porque su piedad “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer 150. La “religión del pueblo latinoamericano es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular” 151, profundamente inculturado, que contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana.

Ante estos elogios del Papa, no queda duda alguna del valor que se le otorga a este tipo de catolicismo popular. Llámesele Religiosidad o Espiritualidad Popular, tiene todo el respaldo y aprecio de la Iglesia.

Pasa Aparecida a describir las prácticas de la piedad popular.

259 Entre las expresiones de esta espiritualidad se cuentan: las fiestas patronales, las novenas, los rosarios y via crucis, las procesiones, las danzas y los cánticos del folclore religioso, el cariño a los santos y a los ángeles, las promesas, las oraciones en familia. Destacamos las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres. La decisión de partir hacia el santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve, derramando toda la carga de su dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual.

En el siguiente párrafo (n. 263) de Aparecida, nos dan una definición de Espiritualidad Popular, podríamos decir que es la definición oficial del CELAM,



263 No podemos devaluar la espiritualidad popular, o considerarla un modo secundario de la vida cristiana, porque sería olvidar el primado de la acción del Espíritu y la iniciativa gratuita del amor de Dios. En la piedad popular se contiene y expresa un intenso sentido de la trascendencia, una capacidad espontánea de apoyarse en Dios y una verdadera experiencia de amor teologal. Es también una expresión de sabiduría sobrenatural, porque la sabiduría del amor no depende directamente de la ilustración de la mente sino de la acción interna de la gracia. Por eso, la llamamos espiritualidad popular. Es decir, una espiritualidad cristiana que, siendo un encuentro personal con el Señor, integra mucho lo corpóreo, lo sensible, lo simbólico, y las necesidades más concretas de las personas. Es una espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos, que no por eso es menos espiritual, sino que lo es de otra manera.

Destacamos de esta definición la valoración de lo corpóreo, sensible y simbólico, que es el punto de quiebre de la espiritualidad de personas ilustradas en la fe, quienes, frecuentemente, se refugian y aíslan en su bagaje conceptual teológico, hasta llegar a encontrar casi extraño el sentir y ausente la sensibilidad; llegan, incluso a menospreciar estas facultades.



262 “Cuando afirmamos que hay que evangelizarla o purificarla, no queremos decir que esté privada de riqueza evangélica.”

Reconoce Aparecida, al final del parágrafo 263, que hay otras maneras de concebir y vivir la Espiritualidad Popular y, además que hay que evangelizarla y purificarla; a esto nos acogemos para asumir como nuestra Espiritualidad la que nos define la Federación Internacional2; es nuestra manera de cumplir con la voluntad de la Iglesia, cuando valora la piedad popular y, a la vez, demanda el cualificarla:

Quedan pues, establecidas diversas modalidades de vivir la fe popular: Religiosidad, Piedad, Espiritualidad popular. ¿En qué radican las diferencias?

Subyacente a estas formas de vivir la fe, hay dos concepciones teológicas distintas. Para clarificar sus diferencias habría que hacer un estudio de tipo teórico sobre la historia del cristianismo en América Latina: remontarnos a la evangelización, desde la Colonia, para comprender la Religiosidad Popular; y referirnos a la historia teológica, después del Concilio Vaticano II, para hacer luz sobre la que nosotros preferimos llamar Espiritualidad Popular. Para nosotros no son intercambiables estos dos términos. Ahondar en esta clarificación, no es el propósito de este trabajo. Aquí nos ocuparemos, mas bien, de hacer un intento fenomenológico sobre la forma en que se vive la espiritualidad popular, en Fe y Alegría. 



Espiritualidad como dimensión de la Educación Popular, según la Federación.

Los primeros pasos en la fundación de Fe y Alegría fueron dados en la época previa al Concilio Vaticano II, y se consolidó en el post-concilio; su espiritualidad, por lo tanto, está fuertemente impregnada de la mentalidad con que fue acogido el Concilio en América Latina, y la adaptación que de él hicieron las primeras Conferencias del Episcopado Latinoamericano.  

No creemos necesario hacer otro escrito sobre Espiritualidad Popular. Los tenemos, muy buenos, elaborados desde la entraña misma del Movimiento.

Tenemos el texto del P. Joseba Lazcano, “Espiritualidad en los documentos de la federación”; el libro de Benjamín González Buelta, Espiritualidad, DONDE ACABA EL ASFALTO; los Congresos de la Federación, especialmente iluminante a este propósito, el Congreso del 2003, donde se describen las dimensiones de la Educación Popular. La descripción que se hace allí de la dimensión espiritual, sería suficiente como documento base: se trata de página y media, que por lo breve y bien descrita, consignamos aquí. Esa es, para nosotros, nuestra Espiritualidad Popular, sin dar más vueltas.



“…la propuesta pedagógica de Fe y Alegría, … para la formación de la persona en la integralidad de las siguientes dimensiones que si bien por razones metodológicas se presentan por separado, deben trabajarse siempre juntas:

 

(Cfr. La pedagogía de la educación popular en Fe y Alegría, XXIII Congreso Internacional, Asunción, Paraguay, 2003.)



Pedagogía liberadora y evangelizadora 

  • Dimensión espiritual.

Una educación integral implica la formación del espíritu, el crecimiento de la vida interior. En Fe y Alegría, asumimos la espiritualidad como un vivir según el Espíritu, que parte de una experiencia profunda de Dios. Para nosotros, la espiritualidad es la respuesta a la fe en un Dios que se nos ha revelado en Jesús y nos invita a seguirle como medio de alcanzar la plenitud humana. Jesús vino a enseñamos una forma de ser plenamente hombres y mujeres. La formación de la dimensión espiritual exige desarrollar las competencias necesarias para entender y vivir la fe en Dios como camino de crecimiento espiritual, personal y comunitario. Competencias para conocer e identificarse con los valores evangélicos y asumidos como guías de comportamiento. Competencias para ser fieles hoy al proyecto de Jesús, en la lucha por la vida, la dignidad y el derecho de las personas, solidarizándose con los afectados por condiciones de exclusión y con los pobres de este mundo. Seguir a Jesús implica proseguir su misión oponiéndose al poder opresivo y promoviendo el poder que ayuda, que hace crecer, el poder de servicio. 

Para educar la dimensión espiritual, requerimos de una pedagogía liberadora y evangelizadora como la asumió y entendió Medellín: 

la que convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo. Para ello, la educación en todos los niveles debe llegar a ser creadora, pues ha de anticipar el nuevo tipo de sociedad que buscamos en América Latina; debe basar sus esfuerzos en la personalización de las nuevas generaciones, profundizando la conciencia de su dignidad humana, favoreciendo la libre autodeterminación y promoviendo su sentido comunitario. (II Conferencia Episcopal Latinoamericana, Medellín, 1986) 



Esta pedagogía liberadora y evangelizadora se traduce hoy en una pedagogía de la solidaridad y del testimonio, una pedagogía según El Maestro Jesús, pedagogía magistralmente descrita en la Parábola del Buen Samaritano. La pedagogía de la solidaridad nace de un encuentro con los afectados por la miseria, por las carencias, por el desamor. El educador de Fe y Alegría es capaz de escuchar e interpretar sus silencios, dolor, rebeldía, miedos, desinterés. La opción por los pobres y necesitados es, en Fe y Alegría, don del espíritu de Jesús, para anunciar la Buena Nueva y denunciar las situaciones de injusticia. 

La solidaridad no es sólo compasión, sino acción. Es servicio, ayuda eficaz. La pedagogía evangelizadora de la solidaridad recurre a todos los medios a su alcance para sanar las heridas de los educandos más golpeados y se esfuerza por convertir los centros educativos en verdaderos espacios de solidaridad, de ayuda mutua, de coherencia entre lo que se proclama y se vive. Por eso, es también una pedagogía del testimonio. El currículo explícito coincide con el currículo oculto. El ambiente educativo está penetrado por los valores evangélicos y se viven relaciones de respeto, fraternidad, crecimiento y atención personal. Toda la comunidad educativa testimonia la fe que proclama y vive los valores que propone. Los enunciados teóricos se hacen vida en la práctica.

La pedagogía evangelizadora penetra todo el hacer educativo y se brindan oportunidades formativas para que los diferentes actores de la acción educativa puedan descubrir la persona de Jesús y los valores cristianos. Esto implica abrir espacios para el conocimiento del evangelio, de la palabra de Dios, del Jesús histórico y los diferentes elementos que forman parte de la fe cristiana; brindar posibilidades de vivir comunitariamente la fe y la fraternidad, haciendo posible el encuentro personal con Dios Padre, que ayuda a conocemos y a crecer como personas; acompañar la vivencia de los valores cristianos en los procesos personales y comunitarios, abriendo posibilidades para encauzar y explicitar el compromiso cristiano por la  transformación del mundo en que vivimos. Para ello, se potencian los currículos de educación de la fe y los espacios que posibilitan el encuentro con el Dios de la vida (convivencias, retiros, grupos de oración, ejercicios espirituales...)” 3

Creemos que en este texto se encuentra formulada una utopía cristiana de la cual estamos muy lejos. Hay una brecha amplia entre el pensamiento inspirador de los Congresos Internacionales y lo que vive el cuerpo institucional. Esa rica mina no ha sido ni siquiera vislumbrada en las bases (al menos esa parece ser la realidad en Colombia)… En otro momento, podríamos hacer un análisis pormenorizado, confrontando el ideal de espiritualidad presentado por la Federación, en el texto anterior, con la espiritualidad que en realidad se vive en los diversos estamentos del Movimiento; en este escrito nos contentamos con contextualizar la Espiritualidad Popular dentro de nuestro proyecto pedagógico. Aquí hay un tema para la reflexión y análisis que nos debería conducir a concluir que es más importante, en la coyuntura actual, ocuparnos de la pedagogía evangelizadora que asegure que la mentalidad inspiradora de los Congresos llegue al cuerpo y se consolide esta propuesta pastoral, que seguir produciendo documentos sabios que se quedan encerrados en los libros y estos en los anaqueles de las direcciones nacionales.

 Capítulo II - LA ESPIRITUALIDAD POPULAR Y LA CULTURA POPULAR 

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