Escultura y pintura del siglo XX escultura de los siglos XX



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ESCULTURA Y PINTURA DEL SIGLO XX



ESCULTURA DE LOS SIGLOS XX



EL PROFETA. 1933. MUSEO PROVINCIAL DE ZARAGOZA.

PABLO GARGALLO



Introducción.

Sin lugar a dudas Pablo Gargallo fue el creador de la escultura hueca o de vacío, anticipándose con sus premisas de trabajo al mismo Julio González.


Aunque alternó el clasicismo modernista de sus numerosas academias, sin embargo se abrió pronto a una manera de hacer vanguardista que pasa por el cubismo y entra de lleno en el expresionismo.
Análisis formal e iconográfico.
Sus piezas tienen dos rasgos fundamentales: esquematismo y simplicidad. Sus obras, prodigiosamente logradas, dibujan perfiles cóncavos y convexos en el aire, con apenas unas líneas, cuyo soporte material son tan solo varillas curvadas o planchas de bronce o de hierro que se ensamblan con perfección. Estas leves varillas y chapas metálicas ensambladas son suficientes para dar corporeidad y volumen a todo un mundo de siluetas y figuras llenas de belleza y esquemática sensibilidad. Sus obras son también una síntesis conceptual que parece nacer a la vanguardia con el primer cubismo para consolidarse después y terminar ofreciéndonos el mejor de los mundos expresionistas.

Gargallo trabajó con todo tipo de materiales: el mármol, la piedra, la madera, el cartón; pero sobre todo se expresó a través del hierro y del bronce, sin olvidar el barro, en el que modeló gran parte de sus ideas (dadas las penurias económicas que le acompañaron gran parte de su vida). Su mundo artístico más sólido, y lo que se han llamado sus etapas más definidas, pertenecen al cobre y sobre todo al hierro.



El Gran Profeta fue sin duda su obra más ambiciosa y de más larga elaboración ya que existe un dibujo o boceto de esta obra que está fechado en 1904, cuando sin embargo el Profeta no se fundió en material definitivo hasta 1933, cuyas dimensiones fueron 2,35 m de altura.
Fue expuesto por primera vez en Nueva York para la exposición de Brummer, pero llegó tan sólo a ella como una copia en yeso compacto que el mismo Gargallo patinó imitando al bronce.
Se trata de una escultura de gran tamaño, fundida en bronce, aunque algunas veces se diga que es hierro forjado, a partir del ya aludido modelo de escayola. Existen siete ejemplares numerados, tres pruebas de artista numeradas también y un HC, es decir, un hors de commerce.
El gran profeta es la culminación de la segunda etapa del artista o época del cobre, donde prefiere las superficies cóncavas, es decir, aquellas con curvas hacia adentro, valorando el hueco, la falta de materia y el vacío.
Función y significado.
La figura del profeta representa a un hombre barbado, enjuto, recio que infunde temor. Sus piernas son fuertes y están separadas dando una sensación de fortaleza y estabilidad, sus largos pies parecen asirse fuertemente a la tierra que pisa. El profeta alza el brazo derecho hacia el cielo, en un gesto de aviso o de amonestación no exento de cierta ira. Lleva una vara en el brazo izquierdo como parece que llevaban algunos de los profetas menores, entre ellos Oseas o Jonás. Los volúmenes interiores parecen terminar la figura, redondeándola, sugiriendo misteriosas intenciones del escultor. Es sin duda, junto con el Urano, también del año 1933, el cénit, la cumbre creativa del escultor. A propósito de ello el artista escribió a su marchante Berheim esta corta nota que transcribimos en la que indica lo contento que está con su propio logro:
“Acabo de concluir algo que quizás le interese. Es de bastante importancia. Creo haber hallado el camino de mi tranquilidad estética, aunque no sea el camino de la tranquilidad material, ya es algo en estos tiempos que corren”.
La copia 1-3 está milagrosamente en Zaragoza tras numerosos avatares, a los que se impuso el empeño inteligente de Federico Torralba. Hoy esta pieza es propiedad de la Diputación de Zaragoza, y la podemos contemplar y sobrecogernos ante su presencia, en el patio central del Museo de Zaragoza. Un día pudo ser nuestro, gracias a su viuda, con tan sólo pagar los gastos de fundición "y no se hizo", luego fue mucho más costoso conseguirlo.

E.B.C.
Nº 5. CABEZA DE MONTSERRAT GRITANDO Nº 2 (1941-1942).


JULIO GONZÁLEZ.




El artista y su época.

Julio González evoluciona artísticamente bajo la duda y una personalidad sencilla pero con un interior muy complejo. En sus primeros trabajos en Barcelona estuvo influenciado por el círculo de artistas que se reunían en “El Quatre Gats”. En esta época se aprecia una marcada influencia del modernismo. Hay que señalar que Julio se ve influenciado por la autoridad de su hermano mayor Juan. Son orfebres y técnicos en metalistería, trabajaron en la elaboración de piezas de metal, preferentemente de hierro forjado.

Cuando se estaba produciendo la revolución industrial de Barcelona, la familia artesanal de los González se sintió afectada, como otros artistas artesanos, y Pablo se marcha a París en 1899. La nueva clase social dominante la burguesía impulsará los caminos de las artes y de la arquitectura protegiendo el culto de la “libertad” y del “individualismo”.

En París, se ve rodeado por numerosos artistas y amigos, como Brancusi, Duchamp-Villon, Picasso, Manolo Hugué, Pablo Gargallo etc., y va asistir al nacimiento del cubismo.

La muerte de su hermano en 1908 le sumió en un gran pesimismo y estuvo más cerca del grupo familiar. El problema de las indecisiones artísticas de González consistió al igual que en todo intelectual en la búsqueda de una vinculación con su propia contemporaneidad.
Las primeras esculturas datan de 1910, son máscaras de metal repujado en las que se aprecia su interés por lo cubista. En los dibujos de esta época se acercó a Degas y Maillol, en sus aspectos más íntimos y realistas.

Durante la I Guerra Mundial trabajo en la Renault (militarizado y dedicado a la producción de material de guerra). Entonces su actividad le conduce hacia otro contexto, a un cambio radical. Domina la soldadura autógena y la aplica para la construcción de sus piezas escultóricas. Une la experiencia directa del artesano, lo artístico y las posibilidades de las técnicas operativas industriales.

Mientras tanto se van desarrollando a su alrededor las experiencias cubistas, el futurismo y la explosión dadaísta... En 1924 tres hechos van influir en su evolución artística: la propuesta purista, el lanzamiento del primer Manifiesto del Surrealismo, y, el retorno al París de su gran amigo Torres García.

A partir de 1927, Julio González es cuando se va a dedicar preferentemente a la escultura. Se resuelve su propio lenguaje. Da rienda suelta a la creciente fecundidad de su fantasía creativa. En sus primeros trabajos de hierro aborda dos temas: las naturalezas muertas que tienen conexión con el cubismo y por otro lado, las máscaras, en las que la influencia del arte negro africano se percibe con toda claridad.


Hacia 1930 establece contacto con los artistas abstractos geométricos del grupo “Cercle et Carré” del “Arte Constructivo”. Tendremos que tener en cuenta que Julio González está entre lo abstracto y la figuración debido a su marcada personalidad. Tampoco puede desdeñarse la influencia llevada a cabo en el terreno de la escultura por los rusos Antoine Pevsner y Naum Gabo.

Julio González se decantó en 1934 por el lenguaje totalmente esquemático de los filamentos como en “Gran personaje de pie”. La catalanidad de González se aprecia en la “Montserrat” (1937) para el Pabellón de España en la Exposición Internacional de París. Figura femenina de tamaño natural que sostiene a su hijo con un brazo.

Mientras Francia estaba luchando contra los invasores, González trabajó fructíferamente. Realiza “Hombres Cactus” efectuados entre 1939-1940, donde naturalismo y abstracción geométrica se combinan para dar lugar a un conjunto de elementos de hierro de notable expresividad.
Julio González falleció repentinamente la mañana del 27 de Marzo de 1942. En sus escritos nos habla de la “edad de hierro”, de “proyectar y dibujar en el espacio”, de “formas reales e imaginarias”... Era su misma vida y la expresión de sus sentimientos.

Análisis de la obra.

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