Entre el espacio y el tiempo: dos coordenadas que definen la identidad del hombre



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Entre el espacio y el tiempo: dos coordenadas

que definen la identidad del hombre


Dra. Mariana Villanueva.1

Una solidaridad universal une todos

los gestos e imágenes de los hombres.

No sólo en el espacio, sino también

y sobretodo, en el tiempo.
Elie Faure.


  • Introducción.

“La música es arquitectura en el tiempo y la arquitectura es música en el espacio” nos dice Paul Valery . En ambas, el proceso imaginario del espectador, se ve impulsado a recorrer una dimensión diseñada según ciertos parámetros espaciales, temporales o espacio-temporales. Si el arquitecto aísla, destaca, recompone elementos materiales del entorno natural para edificar un nuevo espacio, el músico organiza alturas, densidades, duraciones, ritmos, creando un suceder sonoro que temporaliza el transcurso del hombre ante su mundo.


Si bien, la arquitecturización del espacio solicita y modula el movimiento y el tiempo sensibles que el hombre realiza al deambular por sus edificaciones, la música requiere del espacio para desplegar sus ritmos ambulatorios. En una y otra se realiza un entrecruzamiento de estas dimensiones fundamentales: tiempo y espacio.
Entre estas dos categorías, el hombre se ubica en el universo que habita. Tan determinantes han sido a lo largo de nuestra historia, que el rumbo de cada época y el horizonte cultural de cada generación, han dependido en gran medida de ambas. No existe enunciado artístico que de alguna manera no refleje la actitud del ser humano en concordancia con su visión de estas calidades. Podríamos añadir que la cualidad más genérica de todo arte, está relacionada con la forma en que el hombre experimenta el espacio y el tiempo, su espacio y su tiempo.2
De acuerdo a esta premisa, el arte en general, da forma y configura, sensible y concientemente, los parámetros espacio/temporales que rigen la experiencia humana en el mundo. Más aún: filosóficamente hablando, es el andamiaje espacio/temporal lo que posibilita y fundamenta la propia experiencia material y espiritual del hombre; y añadimos que la correlación e interdependencia de ambas coordenadas: espacio-tiempo, constituye la matriz en la que se ha gestado y desenvuelto la existencia humana. Es decir, el hombre no puede dejar de representar y proyectar su existencia, su ser en el mundo, como un esfuerzo de cosmización, orientada espacio/temporalmente, a través de los enigmas que habitan más allá de nuestros horizontes. Cada uno de sus pasos, hechuras, palabras e imágenes, guardan una impronta significativa del íntimo sentido de este axis fundamental: Tiempo-Espacio. 3
Siguiendo la tradición hindú, el universo y la ubicación del ser humano en él, se nos revelan como “Maya”. Tejido donde los hilos del espacio se trenzan con los del tiempo. Sólo desde los límites de esta red, es posible al hombre vislumbrar más allá del horizonte, donde el misterio habita. Es desde el campo relativo de sus posibilidades delineadas espacio/temporalmente, que los hombres, en las diferentes épocas de su historia, construyen sus atalayas buscando captar a los Dioses, lo Eterno, lo Infinito, el Ser, …todas esas zonas que siempre se repliegan mas allá de los límites conocidos.4

En el interior de esta insoluble tensión , la aventura de las artes puede ser vista como un intento, continuamente renovado, por hacer perceptibles, audibles, visibles, habitables, es decir re-presentables, -en los contornos espacio/temporales de sus formas-, los enigmáticos abismos que acosan al hombre acerca de estas últimas no –dimensiones.


Es en el marco de estas notas, -de máxima generalidad-, donde puede ser comprendida la complejidad que se suscita cuando se pretende abordar el aspecto temporal/espacial del devenir de la música, pues este, necesariamente, se desdobla en: la consideración por un lado, de “el tiempo en la música” y por otro lado, en el análisis de “ la música en el tiempo” ; hay entonces, que dar cuenta de estos dos segmentos diferenciados y a su vez, ponerlos en su justa correlación.
Con “el tiempo de la música”, nos referimos al proceso de elaboración específico del lenguaje musical, a su confección de la experiencia temporalizadora que los diversos estilos musicales ofrecen al hombre, para su captación y recreación –emocional y cognoscitiva- del mundo.

Con “la música en el tiempo” nos referimos en cambio, a la inscripción de aquellas configuraciones del tiempo musical en la secuencia de los sucesos o las épocas civilizatorias de las sociedades.

Por supuesto que ambas secuencias se hallan profundamente intrincadas desde los orígenes de la historia; sin embargo, esta correlación entre las formas musicales y los modos de organización histórico-sociales, no es automática ni mecánica, a la manera de un mero reflejo de las segundas por las primeras, sino que, mas bien, siempre ha sucedido de un modo complejo, a través de sutiles mediaciones inherentes al multifacetismo expresivo del comportamiento humano.
De acuerdo a lo anterior, elegí dos puntos de nuestra historia. El primero, en la alborada de las grandes civilizaciones, sucede cuando el hombre del sur de Mesopotamia descubre la vertical y la horizontal como ejes de su espacio. A partir de aquél entonces espacio y tiempo se ordenan, posibilitando el nacimiento de las primeras civilizaciones.

El otro momento histórico que nos interesa, se da a principios del siglo XX, cuando estas categorías- pilares fundacionales de la civilización occidental-, comienzan a transformarse radicalmente, surgiendo, como parte de una nueva concepción del universo, un sentido del tiempo y del espacio muy similar a los del hombre primevo.

La idea final es señalar que actualmente vivimos entre dos paradigmas: uno muy añejo, otro naciendo que, sin embargo, nos remite a los albores de nuestra historia, y la relación de esta dualidad de concepciones con un inestable sentido de identidad. En este trabajo, nos limitaremos al fenómeno musical sin dejar de aludir a otras manifestaciones artísticas o culturales que convergen en estos puntos. Iniciaremos con el más antiguo.


I

El tiempo es la imagen móvil de la eternidad.

Platón.
El tiempo es el número del



movimiento según el antes y el después.

Aristóteles.


Para el hombre primevo, tanto el sentido del espacio como el del tiempo, tenían libertad de dirección absoluta y reflejaban una percepción del mundo como algo repleto de ininterrumpidas interrelaciones, donde todo estaba asociado.

La vivencia del hombre pre-histórico del espacio y tiempo, era multiforme. Todas las direcciones del espacio tenían el mismo valor. También las dimensiones del tiempo: pasado, presente, futuro, se intercambiaban en un continuo fluir.5


Siendo el cosmos una unidad indisoluble, y el hombre parte integral de esa unidad, era necesario mantenerse integrado a este tratando de entender y participar de sus leyes, las cuales fueron concebidas a partir de ritmos. Para los primeros hombres, las cosas en el espacio solo eran recipientes movidos por uno u otro ritmo.
Era un ritmo lo que animaba a las formas sensibles repartidas en el espacio produciendo en ellas el cambio perpetuo de las formas (Schneider, 1998: 33 y ss). Es decir, el músico primitivo no considera a los objetos sensibles realidades. Sólo el ritmo que los invade los eleva a la existencia.
Ahora bien: la manifestación más alta y esencial de ese ritmo natural, es el ritmo sonoro, 6 que, al igual que el tiempo…“es un fenómeno indivisible, un movimiento continuo y homogéneo, comparable a un manantial” 7De ahí la importancia del tiempo en cuanto factor de expresión y realidad del ritmo creador universal, y de la música como su manifestación humana y forma suprema de conocimiento. En cuanto al espacio, este se revela en las cualidades de los sonidos: altura, dinámica, profundidad, longitud, textura.
Tales características espaciales del sonido se pueden reducir a un plano acústico que contiene todas las propiedades cualitativas, intensivas y extensivas de los fenómenos naturales 8
Esta concepción de índole mágica del universo se transformará a raíz de un acontecimiento que produjo una definida idea del espacio en el hombre antiguo. Suceso que se dio alrededor del año 3200 A.C., en el sur de Mesopotamia. Gracias a una afortunada coincidencia en cuanto a la disposición simétrica de los planetas con respecto a los ejes norte-sur y este-oeste de la tierra, aparece dominancía de la noción de la vertical como fundamento de un orden espacial, relacionado con otro orden temporal.9 Tras largos y penosos años de cálculos y de observación de las estrellas, los sumerios, y sus herederos, los acadios, descubren que -además del sol y la luna-, existen otros cinco planetas que llevan una órbita prescrita de acuerdo a un orden estable.10
Reconociendo la danza medida de estos siete astros celestes, a través de las constelaciones del zodiaco, el hombre de Mesopotamia captó una ley suprema que gobierna al universo y al ser humano como parte de ese universo. Un orden que le sirvió de modelo para establecer otro terrenal a imagen del decurso celestial.
Dicha sincronización será piedra clave para la fundación, - entre los ríos Tigris y Eufrates-, de Uruk, Ur, Kish, Lagash, Eridu, Erech…Las primeras ciudades planificadas, organizadas de acuerdo a ese código soberano que da una estructura clara tanto al espacio celeste, y al espacio terrestre, como al sucederse de los hechos en el tiempo.11
Impulsada por una agricultura y ganadería intensivas, la ciudad era reflejo del orden cósmico, y el templo central de este, el ziggurat, símbolo del mundo, alrededor del cual esta se constituía y movía. Así surge una homología tierra-firmamento, que subyace como base de una idea del universo ordenado, y sirve como plataforma de planificación para la edificación de grandes complejos arquitectónicos en piedra y ladrillo de barro cocido, en Mesopotamia.12

Aquella concepción del mundo, anclada en categorías definidas de tiempo y espacio, situó al ser humano, dentro de un orden universal y lo vinculó con el cosmos. Gracias a esto, el hombre de aquellos tiempos, estaba conectado a través del trajinar cotidiano por las calles de su ciudad, resguardado dentro de sus murallas y de sus eventos rituales, a una colectividad y al universo viviente. Todo lo que hacía acababa teniendo un significado ecuménico importante para la comunidad a la que pertenecía, y a partir de esta, se conectaba con los designios divinos reflejados en los astros. En este sentido, sus intenciones, su rango social, su vida interior, estaban bien definidas y era claro su sentido de identidad.13

La hegemonía de la vertical como principio rector determinará el eje y la simetría bilateral en la composición de la futura arquitectura y de la escultura. 14Su descubrimiento de un fundamento espacio/temporal, y todo lo que esto conlleva, ha tenido una inmensa importancia.
Fue en aquellos lugares donde nace la escritura, se erigen los templos escalonados, aparece una clase sacerdotal altamente organizada, y surge una serie de símbolos enmarcada dentro de un espacio geométrico. Según Joseph Campbell y otros autores, el conjunto de esta unidad cultural será germen y base, en cuanto a simbolismo y construcción mítica, del desarrollo posterior de las grandes civilizaciones.15

Es en el seno de esa cultura, donde también surgen dos sistemas numéricos: el decimal y el sexagesimal. El sistema decimal se ideó para medir cantidades y a más de cuatro mil años de su invención, lo seguimos usando en todo el mundo.


El sistema sexagesimal se utilizó como cuenta del espacio y del tiempo, y fue origen de un calendario ritual de acuerdo al cual la ciudad planeaba sus actividades a lo largo de un año en relación a las cuatro estaciones. En este sistema tiempo y espacio se conjuntaron en un orden esférico de 360 grados, período de tiempo al cabo del cual, mas cinco días extras, se completaba el año solar, de esta forma, la eternidad entraba al tiempo terrenal. Así, un gran circuito de “eterno retorno” ritmaba la vida de los seres humanos sobre la tierra, al igual que la danza astral en los cielos. Aún ahora en todo el mundo seguimos celebrando cada fin de año solar. Lapso de tiempo que enmarca un ciclo de espacio, el cual ordena al horizonte entero en un ángulo de 360 grados y lo divide en cuatro puntos cardinales y uno más: el arriba y en medio. Punto central del ziggurat y de la ciudad, donde cada año, al final del ciclo solar, se reunían en un espacio y un tiempo sagrados, la tierra y los cielos. El hombre y el universo.

El abrupto florecer de aquella cultura madre, dio diversos frutos que se expandieron desde el Oriente Próximo, a Egipto y Grecia, hasta India, China y Mesoamérica.16

Componente crucial del seguimiento de este orden celestial en la tierra, es el arte como liturgia y como su agente fundamental: la música. Factor imprescindible para vincular al hombre con el macrocosmos.17 Dentro de esta cosmovisión, la música revelará al hombre, la eterna danza de los planetas, la armonía del universo.18

Algunos conceptos fundamentales del pensamiento griego que aparecerán en Pitágoras y poco después en Platón, -conceptos fundacionales de la tradición occidental en el ámbito musical-, son muy similares a los emitidos por los mesopotámicos, y quizá tengan su origen en esta cultura seminal.19 Debido a su importancia, y para enmarcar mas adelante los nuevos paradigmas que surgen en el siglo XX, nos detendremos un momento a examinar algunos de los elementos primordiales que entrarán a formar parte nuclear de la tradición musical de occidente.


Según Jámblico20, Pitágoras fue iniciado a los misterios de la ciencia de los dioses en la antigua Mesopotamia.21 Partiendo de la idea de la armonía de las esferas, Pitágoras descubre que los sonidos se pueden medir con números. Y además, que hay un orden numérico correspondiente a la disposición de estos sonidos iniciales.

De los sonidos fundamentales a partir de los cuales surgen todos los demás, nace la tetraktys, figura sagrada de los pitagóricos que representa gráficamente un orden numérico-musical.



Tetraktys

*

* *

* * *

* * * *

1 + 2 + 3 + 4 = 10


La Tetraktys es un triángulo, su símbolo es milenario y sus orígenes se remontan a la prehistoria. El triángulo simbolizaba a la vulva femenina como proveedora de fecundidad y persistirá en todos los cultos a La Diosa Madre. 22 Para los pitagóricos esta figura encierra el conjunto de conocimientos del hombre.

Era la forma perfecta, una especie de Urgestalt o configuración primordial, que otorga el conocimiento de uno mismo y del universo. Su equivalente numérico es el 10. Suma de los cuatro números fundacionales del universo.23


Los pitagóricos consideraban a los números como entidades espaciales: la unidad era el punto; el 2 proporcionaba la línea; el 3 la superficie y el 4 el volumen.24 Todos los cuerpos existentes en el universo estaban conformados de acuerdo a la combinación de estos números25:

Puntos, líneas y superficies son las unidades reales que componen todos los cuerpos de la naturaleza y, en este sentido, todos los cuerpos deben ser considerados números. (Copleston, Vol. I ,1969:48)


Para explicar como es que los sonidos se pueden expresar a través de relaciones numéricas que dan por resultado intervalos musicales, cito a Gaudencio quien en su Introducción a la ciencia armónica, relata la forma en que Pitágoras descubre estas relaciones:

“…tendiendo una cuerda sobre una regla [Pitágoras] la dividió en doce partes. Haciendo sonar primero la cuerda entera y después en la mitad de su longitud vio que la longitud total sonaba a la octava con la mitad de la cuerda. A los ¾ encontró la cuarta, a los 2/3 la quinta” (Soler, 1982:18).

En la gráfica siguiente vemos una línea que corresponde a una cuerda sonora dividida en 12 fragmentos iguales.

Esta cuerda, al ser dividida en 1/2 es decir a la mitad de su longitud, nos dará el intervalo de octava. Al ser dividida en 2/3, la quinta y a sus 3/4, la cuarta.26


0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12

______________________________________

--------octava-----

---------------quinta--------

----------------------cuarta-----

Como se puede ver en el esquema siguiente, la proporción ½ nos da la octava, la proporción 2/3 la quinta y la ¾ una cuarta.


Tetraktys

* 1


* * 2

* * * 3


* * * * 4
½= 8va 2/3 = 5ta. ¾= 4ta.

En la Tetraktys ya están contenidas estas proporciones numérico-espaciales. La Tetraktys era así, el acorde que contenía la armonía del universo, el principio de todas las cosas.27


Para el griego, la música, un arte que naturalmente se mueve en el tiempo, tiene sus fundamentos últimos en una serie de proporciones espaciales. 28
Serán así los números y sus manifestaciones sonoras a través de medidas espaciales y movimientos temporales, los que nos revelen la armonía -entendida esta como orden-, del universo.29 Y será la música aquello que vincule más profundamente al hombre con el cosmos.
Es necesario aclarar que en la tradición musical griega hubo dos vertientes definidas, a veces antagónicas: una de naturaleza teórica, la otra era sobretodo práctica. La tradición pitagórica que Platón hereda, representa a la vertiente teórica, la cual se distinguía de la práctica en cuanto a que buscaba acercarse a la belleza ideal que reflejaba una verdad suprema.30

En tal dirección, se entiende que antes de morir, Sócrates reconociera en la música el fruto más elevado de la filosofía y dedicara los últimos días de su vida a componer. 31 Aunque en determinado momento ambas tradiciones parecían estar muy alejadas entre sí, tenían un territorio en común: la consonancia pura como punto de partida.


En el caso de la tradición práctica, el intervalo de cuarta fue base de contención de patrones musicales sobre los que se asentaba su corpus sonoro.32 Estos patrones aún se encuentran en diversas prácticas orientales.33Son grupos de sonidos que funcionan como germen de formaciones melódicas más o menos extensas, las cuales forman parte nuclear del bagaje musical de una comunidad.

En Grecia a tales patrones se les denominó nomos (ley en griego). Poco a poco los nomos fueron organizados dentro de tetracordes (cuatro cuerdas que contenían un intervalo de cuarta). De la unión conjunta y disjunta de dos tetracordes nacerán las harmoniai griegas. Sistematización de los antiguos nomos que alcanza su perfección por el siglo IV A.C., en el llamado Sistema Teleion. A continuación, un esquema que muestra la transformación de tetracordes en harmoniai, antecesoras de la escala moderna.



Tal sistema conformará la base melódica de los modos medievales, los cuales sirvieron de molde para ordenar y unificar el enorme corpus de los cantos que serán usados por la liturgia cristiana.

Para el hombre del medioevo, aquél poder unificador de la música que encontramos en los griegos, se revela en la voz humana, -instrumento íntimo, cercano al alma- , vehículo de unión con la divinidad y con su entorno a través de la colectividad creyente. El transcurrir del tiempo en el canto llano nace del verbo sagrado que casi desnudo, busca llegar al silencio, visto este como umbral hacia lo trascendente, hacia lo divino. Su acaecer rítmico proviene de la respiración y la palabra.

Su tiempo parece detenerse a través de una melodía infinita que se balancea dentro de un momento eterno.34 En este sentido, merece atención un fragmento de San Clemente de Alejandría (Siglo II) uno de los padres fundadores de la iglesia, el cual nos recuerda la función de la música proveniente de Mesopotamia y activa en Grecia:

“El canto restablece la armonía del mundo y el hombre, que es un pequeño mundo, y concierta cuerpo y alma en el hombre, haciendo de éste una lira viviente, un instrumento de mil cuerdas para cantar la gloria del Señor” 35

Al paso de los siglos, casi todas las escalas provenientes del Sistema Teleion, más tarde fundamentos de la liturgia cristiana, fueron descartadas en favor de dos modos que acabarán convirtiéndose en base de nuestro sistema musical: los modos mayor y menor.

Cuando la monodia profana y sagrada llega,- alrededor del siglo IX en la Europa Medieval- , al extremo de su capacidad expresiva, las tres consonancias pitagóricas son reorganizadas ya no de manera lineal, sino vertical. Es decir, se traducen en consonancias armónicas que amplían el espacio sonoro y que darán nacimiento a la polifonía. Simultaneidad de diversos cantos reunidos entre sí a partir de la consonancia básica. Invención fundamental de nuestra historia a raíz de la cual la música de occidente arranca y se diferencia definitivamente de la música oriental.

“Todo el arte occidental, hasta nuestros días, está basado en estas simples diafonías” opina el compositor e historiador español Josep Soler.36

Así la concepción pitagórica numérico-espacial proveniente de Mesopotamia, continuará ejerciendo su influencia a través de los siglos.


Conforme la polifonía busca expandirse hacia tres o más voces, se inicia una búsqueda por fijar de manera definida, el valor del sonido. Al torrente musical de los melismas medievales le sigue una ordenación en el tiempo cada vez más controlada del valor de cada voz. Estos hechos cardinales serán acompañados del nacimiento de la notación musical.
El estructurar rítmicamente el acaecer sonoro fijando paulatinamente y de modo absoluto la codificación del tiempo, dio lugar a una gran variedad de formas nuevas, todas ellas controlables y capaces de alcanzar un complejo desarrollo gracias a la sistematización escrita de sus ritmos. 37
Es decir, el ordenamiento sistemático del tiempo a través de la notación promovió un inusitado desarrollo de las posibilidades armónicas y melódicas de las consonancias básicas, y es este, el tronco común a partir del cual las generaciones posteriores de compositores establecerán su visión sonora del mundo.
Ars Nova, Ars Subtilior, la escuela flamenca que inicia Guillaume Dufay y que llega a su perfección en Josquin Desprez y su posterior desarrollo a través del contrapunto instrumental, así como el progresivo nacimiento de la armonía (en su sentido moderno), sobre la cual la ópera inicia en el siglo XVII, su desarrollo; la fuga, la sonata, la sinfonía… son producto maduro de esta conjunción de nuevas posibilidades sonoras que se da con el nacimiento de la polifonía y su codificación rítmica.
Resumiendo: cuando el hombre descubre un orden espacio- temporal de dimensiones cósmicas, le es revelado otro de naturaleza sonora proveniente de las estrellas. La música se manifiesta así, como un saber práctico (techné), capaz de darle acceso a la clave espacio- temporal, desde la cual puede percibir la armonía del firmamento y entablar un vínculo armónico con todo el universo. Esto proporcionó al hombre un fuerte sentido de identidad en relación a su entorno, inspirado en la ardua elaboración de una “sincronización astro/socio/psico/biológica”, como le llama el teórico catalán Juan Eduardo Cirlot, según el cual, el hombre ha construido las largas y antiguas estabilidades civilizatorias, como sustrato base de todo ulterior desarrollo 38


I I

El tiempo es un río sin orillas

Dicho popular.


El tiempo no es una cuerda que se pueda medir nudo a nudo, el tiempo es una superficie oblicua y ondulante que sólo la memoria es capaz de hacer que se mueva y aproxime.

José Saramago.


Ya sea por influencia o difusión de la cultura mesopotámica, la egipcia, y /o la griega, o debido a las capacidades del anthropos reaccionando de manera semejante a circunstancias análogas, el caso es que se desarrolló de manera paralela en India, China y más tarde los países árabes, una concepción musical muy parecida en sus cimientos a la teoría pitagórica.39
En lo que se refiere a la música de tradición europea, la ordenada concepción geométrica del espacio que arriba mencionamos, -si no proveniente de los sumerios, al menos coincidente-, dio fundamento, a raíz de los griegos, a nuestra teoría y práctica musicales, y ha probado contener un formidable impulso creador que se reveló esencial para la posterior evolución de la música hasta nuestros días, a través de un sistema musical que se fue conformando a lo largo de centurias de tradición hasta llegar a su madurez en los siglos XVII y XVIII: el sistema tonal.
Tal sistema funciona en base a una escala que fue predominando, -a través de generaciones de compositores-, debido a que en su estructura interválica el sentido de direccionalidad es preciso. En la escala diatónica los dos centros de reposo y dinámica alrededor de los cuales se construye un discurso musical, se encuentran claramente diferenciados y permiten una clara jerarquización de los sonidos de la escala de acuerdo a esos polos.

Todos los sonidos de esta sucesión de alturas participan en mayor o menor medida, de la contraposición de ambas potencias: el reposo y el movimiento. Gracias a esto la tonalidad logra una expresión lógica y medible del tiempo. 40 Así, la fragmentación del tiempo en la tradición clásica, se da como resultado de una idea espacializada de éste.41


El tema, base de construcción de las obras clásicas, rompe el devenir melódico en fragmentos que surgen de un orden preestablecido por la forma, que busca la idea inmutable, más allá del cambio, creando un universo sonoro autónomo.42
La idea de un microcosmos reflejo del macrocosmos que funciona hermosa y predictiblemente, -como mecanismo de relojería-, de acuerdo a una mecánica newtoniana regulada por leyes universales-, dio al hombre un lugar seguro y armónico en relación al universo.

Podríamos comparar tal armonía del universo mecánico en donde todas las partes se ordenan y corresponden con una serie de leyes fijas, al mundo sonoro que se da por ejemplo, en las fugas de Juan Sebastián Bach, en las sinfonías de Mozart, o en la música del Beethoven clásico y aún de Brahms. Creadores que buscan el discurso perfecto. Y sin embargo tal discurrir sonoro proporcionado por el sistema tonal, producto final de los hallazgos pitagóricos, y unificador de todos los parámetros musicales de una obra (melodía, armonía, ritmo, instrumentación, estructura general, etc.) una vez que alcanza su perfección comienza a desmoronarse. Canto de cisne de esta tradición, es Tristán e Isolda (1865) de Richard Wagner. “Con Tristán muere el último arte fáustico. Esta obra es la piedra gigantesca que cierra la música Occidental”, afirma Oswald Spengler en La decadencia de Occidente.

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