Ensayo sobre el entendimiento humano



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Los filósofos empiristas: Locke, Berkeley y Hume
- LOCKE (1632-1704)

- “Ensayo sobre el entendimiento humano

- Ideas proceden de la experiencia: límites: - cnto. no puede ir más allá experiencia

- cnto. sólo opera dentro límites experiencia.

- Ideas

-críticas por su utilización del término que toma de Descartes



- Ideas:

- simples: -sensación: cualidades 1ª y 2ª

- reflexión

- mixtas


- complejas: - combinación

- comparación

- separación o abstracción

- Substancia: “un no sé qué”

- Cnto. de la realidad: - intuitivo: Yo

- demostrativo: Dios

- sensitivo: cosas reales.

Ética:


- Hedonista

- hay leyes morales, pero son racionales y coinciden con las leyes naturales

- las ideas morales dependen experiencia sensible; la razón es la que realiza los juicios morales.

- Política:

- partido Whig

- oposición al “Patriarcha” de Filme y al derecho divino de los reyes.

- Ilustración

- estado natural: hombres libres e iguales entre sí. Hay una ley moral descubierta por la razón.

- derechos naturales: propiedad

- sociedad política fundamentada en el consenso: contrato revocable.


- HUME

- Newton de la ciencia moral



- “Tratado de la naturaleza humana

- conocimiento: - impresiones: simples y complejas

- ideas: simples y complejas

- relación en cuanto a origen y semejanza

- tipos conocimiento: - relaciones entre ideas

- cnto. de hechos

paralelismo con Leibniz (verdades de razón-verdades de hechos)

- Causalidad:

- del post hoc al propter hoc

- conjoined but never conected

- negación causalidad:

- fenomenismo psicológico: negación del Yo

- negación de toda substancia: Dios, mundo

- Ética: la razón no es el fundamento de los juicios morales

- emotivismo moral: hedonismo y utilitarismo

- Religión: agnosticismo y teísmo moderado.

Por empirismo entendemos la filosofía que hace depender el valor de nuestros conocimientos de la experiencia. El empirismo inglés surgió en Gran Bretaña de modo paralelo al racionalismo en el continente. Aunque ambas filosofías fuesen opuestas, también hubo puntos de contacto entre ellas, como la afirmación de que nuestro conocimiento es de ideas. En cuanto a las diferencias, no sólo radican en la afirmación racionalista de la existencia de ciertas ideas a priori (innatas), mientras que los empiristas colocan el origen de todo tipo de ideas en la experiencia sensible; si los cartesianos gustan de la deducción matemática, los empiristas prefieren la inducción física como modelo de conocimiento; y mientras los cartesianos conceden al conocimiento un valor objetivo y absoluto, los empiristas se inclinan hacia el subjetivismo, abriendo un abanico de posibilidades valorativas que van desde el probabilismo hasta el escepticismo.

El empirismo es la actitud mental de una élite que ha asimilado la ciencia moderna, ha conseguido pacificar un país lleno de discordias civiles y ha establecido una monarquía parlamentaria. El empirismo inglés se presenta como una clara problemática gnoseológica que derivará hacia un parcial planteamiento metafísico.


JOHN LOCKE (1632-1704)
El mismo Locke cuenta en la “Epístola al lector” que antecede al “Ensayo sobre el entendimiento humano” (1690) que debido a una reunión entre amigos, celebrada en su casa un día de invierno de 1670, para hablar de los principios de la moral y de la religión, en la que no pudieron ponerse de acuerdo, se dio cuenta que era preciso examinar nuestra propia capacidad intelectiva. El propósito de la obra es establecer una crítica del conocimiento intelectual, a fin de apreciar y dosificar nuestras certezas. Si no hay ideas innatas, hay que aclarar cuál es el origen de nuestras ideas. Y si estas ideas proceden de la experiencia, también es preciso aclarar sus límites, ya que la experiencia impone una doble limitación a las ideas:

- nuestro conocimiento no puede ir más allá de nuestra experiencia.

- la segunda limitación concierne a la certeza de nuestro conocimiento, ya que ésta sólo operará dentro de los límites de nuestra experiencia.

De estas dos limitaciones será a la primera a la que Locke dedique una especial atención. Para estudiar el proceso por el cual las ideas se originan a partir de la experiencia va a ser necesario tomar nuestras ideas más complejas y descomponerlas hasta encontrar las más simples, y ver la combinación de éstas que da lugar a las ideas más complejas. Se trata de estudiar los mecanismos psicológicos de asociación y combinación de ideas.

IDEA: CONCEPTO Y TIPOS

Casi todos los comentaristas critican a Locke su confusa utilización del término “idea”. Le reprochan que se limitara a transferir, sin criticar, la noción cartesiana de idea a un contexto empirista, sin abandonar el uso racionalista. Pero de este modo Locke lograba designar con el término “idea” los conceptos universales, las vivencias psicológicas y los datos sensibles. Esta unificación terminológica hace más comprensible la pretensión de que todas nuestras ideas proceden de la experiencia, ya que no habrá diferencias entre las dos fuentes de las ideas: la sensación externa y la reflexión interna.

Averiguado el origen de las ideas, pasa Locke a realizar un estudio analítico de las ideas, que se dividen en simples y complejas.

- Ideas simples: son átomos del conocimiento inmediato. Con respecto a ellas el espíritu es puramente pasivo. Hay tres tipos de ideas simples:

- de sensación: son debidas a la experiencia externa. Pueden provenir de un sólo sentido (colores, sonido) o de varios (figura, movimiento). A su vez se subdividen en:

- de cualidades primarias (figura, tamaño, extensión, solidez, movimiento)

- de cualidades secundarias (color, olor, sonido, temperatura)

Sólo las cualidades primarias existen realmente en las cosas (coinciden Locke, Galileo y Descartes); las cualidades secundarias la producen en nosotros los objetos mediante sus cualidades primarias.

- de reflexión: están captadas por el “sentido interno” que nos informa de nuestras operaciones: conocimiento de la mente de sus propios actos (pensamiento y deseo).

- mixtas (de sensación y reflexión): tienen origen sensible y reflexivo a la vez (placer, existencia, unidad).


- Ideas complejas: mientras que en el conocimiento de las ideas simples el entendimiento humano es pasivo, se limita a recibirlas, en el conocimiento de las ideas complejas es activo, ya que combina y relaciona ideas simples. Las ideas complejas son infinitas en número y según la manera de actuar el entendimiento con las ideas simples se producen tres tipos distintos de ideas complejas:

- de combinación: la mente combina dos ideas o más simples en una sóla, generando los modos o modificaciones, que “no contienen en sí la suposición de subsistir por ellas mismas, sino que se consideran como dependencias o afecciones de substancias”, (triángulo, gratitud)

- de comparación: la mente compara ideas sin unirlas, obteniendo ideas complejas de relaciones.

- de separación o abstracción: la mente separa ideas. de este proceso surgen las ideas abstractas, originándose las ideas generales y, en especial, la idea de substancia. “Combinaciones de ideas simples tomadas para representar cosas particulares, distintas, subsistentes por ellas mismas”.


LA SUBSTANCIA:

A la doctrina de que la substancia es el substrato general de la realidad opone el concepto de que ésta es sólo una colección de ideas simples. Le parece que la noción de “sustrato” es algo oscuro y confuso, y el usarla aplicándola a los casos más variados (Dios, almas, cuerpos) muestra el carácter impreciso de tal noción. La experiencia personal de cada uno posibilita la captación de la substancia de la cosa que se manipula en ese momento. Por tanto, tiene sentido hablar de substancias individuales y no de substancias generales1. Locke dice que la substancia es “un no sé qué”. En realidad, Locke niega la cognoscibilidad de la substancia, pero no niega su realidad. No conocemos el ser de las cosas, sino que sólo conocemos aquello que nos muestra la experiencia, y ésta aparece como el origen y el límite de nuestro conocimiento.


EL CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD:

Para Descartes nuestro conocimiento era un conocimiento de ideas, de ahí el problema de demostrar la existencia de la realidad. Éste no va a ser problema para Locke, ya que nuestro conocimiento parte de la realidad y nuestras ideas son representaciones o imágenes de la realidad; lo cual equivale a decir que existe una realidad de la que la idea es imagen.

Este conocimiento de la realidad va a ser de tres grados distintos:

- intuitivo: por él tenemos la certeza de la existencia del propio Yo.

- demostrativo: por él tenemos la certeza de la existencia de Dios. Y esta existencia se demuestra por el principio de causalidad. Como de la nada nada puede producirse, debe existir un ser eterno que ha producido todas las cosas.

- sensitivo: por él tenemos la certeza de la existencia de las cosas reales. Su existencia se demuestra también por el principio de causalidad, ya que los cuerpos son la causa de nuestras sensaciones.


Repárese en que tanto la existencia de Dios como la existencia del mundo exterior son afirmadas en virtud de un razonamiento causal. Locke afirma que la idea de causa proviene de la experiencia y se forma mediante un raciocinio. En realidad, Locke no llega a las consecuencias lógicas de sus principios por influencia del cartesianismo, que influye poderosamente en su filosofía. Se podría decir que Locke es un cartesiano que niega las ideas innatas.

Si bien Locke es nominalista en lógica, es realista en gnoseología, o sea, que reconoce la existencia de un presupuesto objetivo en el origen de las ideas simples: “Nuestras ideas simples son las reales apariciones o fenómenos de las cosas... y en cuanto tales, el círculo de nuestras ideas coincide con el círculo de la realidad de las cosas”.

El conocimiento no se va a limitar a la simple posesión de ideas, sino que “conocer es percibir con la mente el acuerdo o el desacuerdo, la conexión o la repugnancia entre algunas de nuestras ideas. Donde no se produzca esta percepción podrá ejercerse la imaginación, la conjetura, la creencia, pero no el conocimiento”.

Esta concordancia entre las ideas puede percibirse por:

- vía directa: intuición

- vía indirecta: demostración.

Locke atribuye a la intuición una importancia similar a la que le atribuía Descartes; en cambio la demostración es entendida a modo de auxilio de la intuición, y ocurre cuando la mente no percibe por vía directa (intuición) el acuerdo o el desacuerdo entre las ideas y tiene que recurrir a otras para que hagan de intermediarias, hasta que llegue a verse el acuerdo o el desacuerdo de las primeras.

ÉTICA DE LOCKE:

Además de la teoría del conocimiento, en Locke es también fundamental su doctrina ética y su doctrina política. El hecho de que sus “Tratados sobre el gobierno” y su “Carta sobre la tolerancia” aparecieran anónimamente no quiere decir que Locke prestara escasa atención a la doctrina moral y política.

Algunos comentaristas han defendido que las teorías éticas y políticas de Locke son una consecuencia de su teoría del conocimiento; otros han mantenido que son teorías muy distintas, ya que mientras en la teoría del conocimiento Locke insiste en conseguir un saber seguro y cierto, en ética y política se contenta con un conocimiento meramente probable, o como un mero tanteo.

La ética de Locke es de carácter hedonista por cuanto da considerable importancia a las causas del placer y el dolor como “bienes” y “males”, respectivamente. Sin embargo, no hay que entender tales “placer” y “dolor” (o sus causas) en sentido físico únicamente o sólo en sentido subjetivo. Según Locke, hay leyes morales cuya obediencia produce el bien y cuya desobediencia produce el mal. Estas leyes aunque proceden de Dios, son racionales y coinciden con las leyes naturales. Las ideas morales dependen de la experiencia sensible y la razón es la que realiza los juicios morales.
PENSAMIENTO POLÍTICO DE LOCKE:

La teoría política de Locke es una racionalización de ciertas tendencias representadas por el partido “Whig” y los que llevaron al trono a Guillermo de Orange; pero es también una fundamentación del liberalismo. Locke se opuso al “Patriarcha” de Sir Robert Filmer, y a su teoría del derecho divino de los reyes.

Locke, al igual que Hume, fue un pensador que participó del espíritu y de los intereses de la Ilustración. El pensamiento político de Locke tuvo una profunda influencia en la formación de la filosofía política liberal (la revolución americana y el liberalismo del siglo XVIII).

Su filosofía política se basa en la distinción introducida por los sofistas entre naturaleza y convención. Para Locke hay un estado natural en el que los hombres son libres e iguales entre sí. En este estado natural los hombres cuentan con una ley natural descubierta por la razón. Además de esta ley moral, los hombres también poseen derechos naturales, uno de ellos es el derecho de propiedad2. Y como en ese estado natural resulta difícil salvaguardar los derechos individuales, es precisa una organización política y una ley objetiva que remedie las desventajas del estado natural. Por lo tanto, para Locke la sociedad política no es antinatural, sino que es útil y adecuada para disfrutar pacíficamente los derechos naturales. Y esta sociedad política se fundamenta en el consenso, que es el pacto entre todos los individuos.

El contrato que origina al Estado supone ceder algunos derechos, pero no todos, fundamentalmente los de hacer leyes y castigar a los infractores. Locke también propone la separación de poderes y afirma que la cesión de poderes es siempre revocable. Los dos poderes (legislativo y ejecutivo) deben actuar siempre en función del bien público y controlados por los ciudadanos. La resistencia al poder es siempre un derecho.

GEORGE BERKELEY (1685-1753)


El proceso lógico del empirismo de Locke se produce con Berkeley, que en “Principios del conocimiento humano” (escrita a los 25 años), replantea el tema de las ideas. A juicio de Berkeley, Locke cometió una incoherencia fundamental: por una parte afirmaba que no conocemos ninguna realidad exterior y distinta de las ideas; por otra, afirmaba que nuestras ideas son representaciones de esa realidad exterior y distinta de la cual no tenemos conocimiento alguno.

De acuerdo con este razonamiento, Berkeley establece que la afirmación lockeana de que nuestras ideas representan algo distinto de ellas mismas es incoherente y gratuita: si solamente conocemos ideas no tiene sentido alguno decir que son representaciones.

Pero Berkeley afirma que además de las ideas también conocemos las cosas, con lo que la conclusión es que las cosas son ideas. Las cosas quedan reducidas a las ideas que de ellas poseemos. No hay dos realidades, cosas e ideas, como pretendía Locke, sino una sola: las ideas.

Locke había dicho que las cualidades secundarias eran subjetivas, Berkeley extiende esta característica también a las primarias. Al no ser reales las cualidades tampoco es real la sustancia material que Locke se veía obligado a admitir como sustrato de las mismas. Lo que llamamos realidad material no existe realmente. Su única existencia está en la mente del sujeto. Su ser se reduce, pues, a ser percibido, lo mismo que el ser del espíritu se reduce a percibir. Las únicas sustancias son las mentes que perciben, (esse est percipi).

¿De dónde recibe nuestro espíritu las ideas?. De una realidad exterior no, pues no existe. La conclusión de Berkeley es que las recibe de Dios. Como vemos, llega a la afirmación de la existencia de Dios a través de la idea de causa: Dios es la causa de nuestras ideas.

En resumen: no existe el mundo material; sólo existen los espíritus y Dios, que es el que produce en ellos el sueño coherente de un mundo corpóreo.

DAVID HUME (1711-1776)

Se considera a Hume como “el Newton de la ciencia moral”. Pretende aplicar el método newtoniano a los asuntos morales. Los paralelismos son claros: negativa a fingir hipótesis y un curioso recurso a experimentos de carácter psicológico. Concibe la mente como Newton concebía el Universo: las impresiones equivalen a los corpúsculos o átomos que se atraen o se repelen entre sí por una especie de gravitación (leyes de la asociación de ideas). Al mismo tiempo, Hume quiere unificar todas las ciencias (mismo intento en Descartes), basándolas en una ciencia fundamental, la ciencia de la naturaleza humana. El instrumento más importante en esta obra serán las leyes de la asociación de ideas.

El fenomenismo de Hume representa el término de la evolución del empirismo. Después de él, el empirismo se perfeccionará en puntos secundarios, pero, en lo esencial, no tendrá más remedio que estancarse o retroceder. Hume es un empirista consecuente hasta el fin.

Los brillantes resultados de la aplicación del método experimental a las ciencias de la naturaleza movieron a Hume a intentar una empresa semejante en el estudio de la naturaleza humana y en la moral, siguiendo la labor de Bacon, Locke y Shaftesbury. Es significativo el subtítulo del “Tratado de la naturaleza humana”: “Intento de introducir en los temas morales el método del raciocinio experimental”3. La “Investigación...” tiene un carácter más crítico. Lo que ahora busca Hume es fijar los límites de la capacidad de conocimiento del hombre. El instrumento de análisis es ahora la distinción entre cuestiones de hecho y relaciones de ideas. La tónica de la obra es un escepticismo moderado.


IMPRESIONES E IDEAS:

Hume comienza su filosofía, como Locke, por el análisis crítico de las ideas y divide los contenidos del conocimiento en dos clases:

- impresiones: conocimiento por medio de los sentidos (sensaciones y emociones).

- ideas: representaciones de las impresiones en el pensamiento. Son copias de las impresiones y, por tanto, no pueden igualar su vivacidad.

Las ideas al ser puras copias están sujetas a ser separadas y aisladas por obra de la imaginación y luego recompuestas como a ésta le agrade; esta recomposición no es completamente libre y está vinculada al principio de asociación, que nace de tres tipos de relaciones: semejanza, continuidad en el espacio y en el tiempo, y causalidad.
Tanto las impresiones como las ideas pueden ser simples u complejas:

- simples: no admiten distinción ni separación: color azul e idea de azul.

- complejas: pueden dividirse en partes.
Las ideas y las impresiones guardan relación en cuanto a u origen y semejanza:

- origen: las ideas tienen su origen en las impresiones.

- semejanza: entre las impresiones e ideas simples hay una gran semejanza. Con las ideas complejas no siempre se da esa semejanza, porque muchas de nuestras ideas complejas no han tenido nunca impresiones correspondientes.
TIPOS DE CONOCIMIENTO:

Además de la distinción entre impresiones e ideas -distinción relativa a los elementos del conocimiento- Hume introduce una nueva distinción que se refiere a los tipos de conocimiento. De acuerdo con esta distinción nuestro conocimiento es de dos tipos:

- conocimiento de relaciones entre ideas: lógica y matemáticas. Juicios analíticos y necesarios.

- conocimiento de hechos: juicios sintéticos.

Esta distinción guarda un cierto paralelismo con la clasificación de Leibniz de las “verdades de razón” y “verdades de hechos”.

El conocimiento de hechos tiene su fundamento en las impresiones. Y para conocer si una idea es verdadera deberemos comprobar si tal idea procede de alguna impresión. Si podemos señalar la impresión correspondiente estaremos ante una idea verdadera, en caso contrario estaremos ante una ficción.


EL PROBLEMA DE LA CAUSALIDAD:

Aplicando este criterio en sentido estricto, nuestro conocimiento de los hechos queda limitado a nuestras impresiones actuales y a nuestras impresiones pasadas, pero nunca las futuras, ya que no poseemos impresión alguna de lo que sucederá en el futuro. Sin embargo, en nuestra vida hablamos con certeza de hechos que se van a producir en el futuro: si llueve, me mojo. Y además afirmamos su nexo causal: la lluvia es la causa de que me moje. Pero, si nuestro conocimiento se reduce a impresiones de hechos, no podemos tener impresiones del futuro, y, por consiguiente, tampoco tenemos impresiones de la conexión necesaria.

Del pasado solamente hemos observado la sucesión constante entre un fenómeno y otro. Tenemos experiencia de que siempre que sucedía el primer hecho, sucedía el segundo: uno venía después de otro. Esta sucesión es lo que hemos observado, pero lo que no hemos observado es la relación necesaria entre una cosa y otra; no tenemos experiencia de que un segundo hecho haya sido causado por el primero. Esta anticipación sobre el futuro no proviene del conocimiento, sino de la costumbre.

La idea de “causa” está en la base de todas nuestras inferencias acerca de hechos de los que no tenemos una impresión actual; entendida la causalidad como una “conexión necesaria”. Pero esta conexión necesaria entre hechos es una suposición incomprobable. De la unión constante, motivada por el hábito del sujeto, pasamos a la idea de conexión necesaria, relación causal. Fuera de nosotros no existe más que el “post hoc”, pero nosotros le añadimos el “propter hoc” (en palabras de Hume: “Conjoined, but never conected”). Primero transformamos una relación de sucesión en relación de causalidad. Después, universalizamos esa relación; y, por último, la objetivamos y le atribuimos valor ontológico.

La antítesis entre la razón humana, que exige leyes universales, y la observación empírica, que nos aporta sólo casos individuales, no es superable sino con una dogmática apelación a la voluntad de Dios o a cualquier otro principio metafísico no verificable.

Esta negación de la causalidad le lleva al fenomenismo psicológico (negación del Yo) y a la negación de toda sustancia (mundo, Dios). El término de este largo proceso es el escepticismo. Sólo se salvan las matemáticas. Así concluye su “Investigación sobre el entendimiento humano”: “Si tomamos un volumen de teología o de metafísica escolástica, nos preguntaremos: ¿contiene algún razonamiento abstracto sobre cantidades o números? No, ¿contiene algún raciocinio experimental sobre cuestiones de hecho? No. Pues, entonces, arrojadlo al fuego, porque no contiene más que sofismas e ilusiones”.

Hume se da cuenta de la existencia en el hombre de una propensión instintiva a pensar la materia y el alma como algo mucho más real que un puro conjunto de percepciones o de actos perceptivos; su intento es demostrar que este instinto no es justificable por vía racional. Sabe que los resultados de sus análisis críticos no pueden parecernos suficientes, pero debe subrayar que la razón no puede llegar más allá de ellos.

El propio Hume queda perplejo ante el velo de escepticismo que su propia crítica arroja sobre el saber científico. Para resolverlo intenta una nueva justificación de las ciencias, que no hace sino confirmar, desde diferente punto de vista, la absoluta separación que existe entre razón y experiencia.

Esta justificación consiste en considerar las ciencias como sistemas de proposiciones que se vierten exclusivamente en las ideas y en sus relaciones de semejanza, sin ningún nexo con las impresiones correspondientes. Desvinculadas de la experiencia, esas relaciones se convertirán en meras idealizaciones y podrán constituir la base de rigurosas construcciones lógicas. Las ciencias que se originan de esta manera (aritmética, álgebra, geometría) resultarán, pues, perfectamente racionales, pero esa racionalidad dependerá justamente de que sean ciencias de pura y simple ficción, sin ninguna garantía de aplicabilidad.
LA ÉTICA DE HUME:

Tanto Locke como Hume fueron pensadores profundamente imbuidos del espíritu y de los intereses de la Ilustración. Ello quiere decir que sus preocupaciones intelectuales no se limitaron a la teoría del conocimiento. Ambos se ocuparon de cuestiones políticas y morales.

La mayoría de los filósofos que se han ocupado de la moral se han preguntado por el origen y fundamento de los juicios morales. Una contestación extendida desde los griegos es que la distinción entre lo bueno y lo malo está basada en la razón: la razón puede conocer el orden natural y a partir de este conocimiento puede determinar qué conductas son acordes con el mismo.

Hume considera que la razón no es, ni puede ser, el fundamento de nuestros juicios morales. El argumento es como sigue: la razón no puede determinar nuestro comportamiento ni tampoco puede impedirlo; ahora bien, los juicios morales determinan e impiden nuestro comportamiento; luego, los juicios morales no provienen de la razón. La premisa menor: “los juicios morales determinan e impiden nuestro comportamiento” es evidente. La premisa mayor: “la razón no puede determinar nuestro comportamiento” se sigue de la teoría humeana del conocimiento: el conocimiento es o bien de relaciones entre ideas o bien de hechos. El conocimiento de relaciones entre ideas, p.ej. las matemáticas, es útil para la vida, pero por sí mismo no impulsa a su aplicación; en cuanto al conocimiento fáctico, se limita a mostrarnos hechos y los hechos no son juicios morales.

Hasta aquí hemos visto la primera parte de su doctrina moral: la crítica al racionalismo moral. En la segunda parte veremos el emotivismo moral, es decir, el sentimiento como fundamento de los juicios morales.

El fundamento de los juicios morales no se halla en la razón (como cría Locke), sino que se halla en el sentimiento. Si la razón no es capaz de determinar la conducta, los sentimientos son las fuerzas que realmente nos determinan a obrar. Los gustos y sentimientos no lo son de unos supuestos principios absolutamente evidentes; los gustos y sentimientos lo son de cada cosa particular; y lo son en cuanto constituyen juicios del individuo al aprobar o reprobar una acción. No se puede demostrar que algo es bueno o malo mediante un argumento racional; a fortiori (con mayor razón o motivo), no se puede convencer a nadie de que algo es bueno o malo mediante tal tipo de argumento. La razón no es la maestra de las pasiones; si hay algún tipo de relación entre ellas lo es en el sentido de que la razón es “esclava de las pasiones”.

Estas pasiones pueden ser directa o indirectas:

- directas: derivadas inmediatamente de la experiencia: placer, dolor, miedo.

- indirectas: derivadas de una relación doble de impresiones e ideas: amor, odio.

En todos los casos, los juicios de aprobación o reprobación de las pasiones son juicios de hechos y, por tanto, no son necesarios. Ahora bien, hay dos tipos fundamentales de experiencia: el placer y el displacer, que regulan la vida de las pasiones en el sentido de condicionar la aprobación o reprobación.

La teoría moral de Hume es una teoría hedonista o, cuando menos, se halla fuertemente influida por el hedonismo. Así, la conjunción de otras experiencias con el displacer hace esperar una realidad similar a la que se observa en la relación causal. La acción voluntaria y la conducta no se siguen de la obediencia a un principio o a un razonamiento, sino de la expectación de la aparición de un sentimiento de placer o de la eliminación de un sentimiento de displacer.

El sentimiento que descubre la virtud o el vicio es el de aprobación o desaprobación, que son una forma del sentimiento básico de simpatía. Lo que despierta ese sentimiento es la utilidad de la acción contemplada para la colectividad: “Todo lo que contribuye a la felicidad de la sociedad merece nuestra aprobación”. La ética de Hume es, así, emotivista -no era una novedad entonces- y utilitarista, lo cual ciertamente sí era novedoso.

Ello no significa, sin embargo, que la doctrina moral de Hume sea radicalmente “subjetiva”. Junto a la experiencia pasional subjetiva hay la experiencia pasional intersubjetiva. En este punto, Hume se encuentra grandemente influido por las ideas de Hutcheson (1694-1747) sobre la simpatía y el conde de Shaftesbury (1671-1713, gran amigo y protector de Locke) y su moral del sentimiento.

El interés por la ética que caracteriza el pensamiento filosófico inglés del XVIII tiene su origen en el individualismo, que el protestantismo y el capitalismo habían generado en parte y que forzó una ruptura con el vocabulario moral tradicional, al disolver progresivamente el vínculo entre deber y felicidad. A partir de este momento la felicidad va a ser definida en términos de una psicología individual, y puesto que una psicología de este tipo no existe aún, tendrá que ser elaborada. Este es el motivo por el que todo filósofo del XVIII va a intentar construir un aparato de apetitos y pasiones, o de inclinaciones y principios. En este sentido sirve como caso paradigmático el segundo libro del “Tratado de la naturaleza humana” de Hume, dedicado por entero a esta tarea.

Desde este contexto debe ser entendida la polémica entre estos autores suscitada en torno a la cuestión sentimiento-razón. Si bien todos estos autores parten de la idea que Locke postulaba en el “Ensayo sobre el entendimiento humano”, de que las ideas morales dependen de la experiencia sensible, no llegan a un acuerdo en relación con el origen de las distinciones morales. Frente a Locke, para quien la razón es la que realiza los juicios morales, se hallan Hutcheson, Butler, Shaftesbury y Hume, que mantienen (cada uno con razones propias) que es un sentimiento, una especie de intuición el que juzga los actos como morales o inmorales,
Además se halla influido por la idea de que hay una “naturaleza humana” que es igual en todos los hombres y que hace posible no sólo ciertas regularidades en la conducta moral, sino también la aceptación de la obligación de la justicia y de otras normas morales y sociales. Aunque la justicia y, en general, todas las obligaciones son para Hume artificiales, hallan un fundamento sólido en el egoísmo propio de cada individuo. Los hombres han descubierto y promovido virtudes artificiales con el fin de alcanzar una seguridad sin la cual les sería imposible convivir. El carácter artificial de tales virtudes no es, sin embargo, equivalente a una mera convención arbitraria; de alguna manera lo artificial se halla fundado en lo natural.
EL PROBLEMA DE LA RELIGIÓN:

La fuerte tendencia de Hume a la observación de los hechos se manifiesta asimismo en sus doctrinas acerca de la religión. Las verdades religiosas -substancialidad e inmortalidad del alma, existencia de Dios, etc.- no pueden demostrarse mediante la razón. Tampoco puede demostrarse racionalmente que no haya tales verdades. Así, Hume rechaza tanto el espiritualismo como el materialismo racionalista. Las verdades religiosas son también como todas las otras verdades, asunto de probabilidad y plausibilidad. De ahí que sea difícil concluir que Hume fue un teísta, un ateo o un agnóstico; su actitud es a menudo agnóstica y moderadamente teísta, pero en ningún caso dogmáticamente teísta o atea. El principal y constante enemigo de Hume es el dogmatismo; toda certidumbre en cualquier esfera, en la ciencia, moral o religión, es sólo certidumbre moral


CONTINUADORES Y CRÍTICOS DE HUME.


Adam Smith (amigo personal de Hume) en su obra “Teoría de los sentimientos morales” se vincula directamente con Hume, ya que también pone como base de la moral el sentimiento de simpatía. Lo considera un instinto natural que surge y se desarrolla en el hombre cuando vive en sociedad con otros hombres. El instinto de la simpatía nos impulsa antes que nada a inmiscuirnos en las acciones de nuestros semejantes y luego, cuando estas acciones repercuten en otros individuos, a juzgarlos como observadores imparciales. Se comprende que de la misma manera otros juzgan las nuestras y esto impulsa a cada uno de nosotros a desdoblar nuestra personalidad en una que actúa y otra que observa imparcialmente nuestras acciones. Y justamente el juicio del observador imparcial que está en nuestro interior constituirá la suprema instancia de nuestra moralidad: a la aprobación o a la condena de este observador debe relacionarse el sentimiento de satisfacción por el deber cumplido o el arrepentimiento por el mal cometido.

En su segunda obra, “La riqueza de las naciones”, considera, en cambio, como móvil natural de las acciones humanas el impulso al ahorro (influencia de los fisiócratas franceses: Turgot). La obra fundamental de Smith está dirigida a defender la necesidad de conceder a la búsqueda de la ganancia por parte de los particulares la máxima libertad de movimiento.


Entre los críticos de Hume encontramos a Thomas Reid, que en un primer momento había sido un ferviente admirador de Locke y de Berkeley, pero la lectura del “Tratado” de Hume le reveló la gravedad de las conclusiones a las que conducía el empirismo. Según Reid, un examen objetivo de las experiencias humanas descubriría que en la base de toda nuestra vida se halla una fe solidísima en ciertos presupuestos (principios de sentido común) que resultan más antiguos y más autorizados que cualquier crítica filosófica. Los principales son: existencia de un mundo material exterior, existencia de un nexo causal, existencia del alma y la validez originaria de ciertos juicios morales.

El hecho es que Hume no negaba la existencia en nosotros de dicha fe; lo que negaba era sólo que esa fe resultase racionalmente fundamentada.



1Locke examina de la misma manera las nociones clásicas de causalidad, identidad, etc. y demuestra que éstas no son más que ideas complejas, por lo cual llega a la conclusión que lo importante es precisar las ideas simples que ellas reúnen. Las ideas generales son puros y simples modelos con los que clasificamos las cosas particulares que existen; “en cuanto especies o clases sólo existen en nuestra mente”. Así, la filosofía de Locke revela el profundo nexo que la une con la tradición de Ockham.

2El derecho de propiedad tiene sus limitaciones, no es absoluto. Por un lado el derecho de propiedad tiene sus fuentes en el trabajo y en la herencia, expresión de los frutos de un trabajo. Por otro lado, tiene sus limitaciones en los demás miembros de la sociedad; a ninguno debe perjudicar la propiedad detentada por otros.

3Hume publicó esta obra con apenas 28 años y sufrió una grave desilusión porque no tuvo el menor éxito. De ella dijo: “Nació muerta y fue ignorada por la prensa y no alcanzó ni el honor de suscitar el murmullo de los fanáticos”. Diez años más tarde publicaría una nueva exposición en forma abreviada: “Investigación sobre el entendimiento humano” (1748); seguida en poco por “Investigación sobre los principios de la moral” (1752).




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