Enmanuel kant (1724-1804)



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ENMANUEL KANT (1724-1804)

¿Qué puedo saber? 2) ¿Qué debo hacer? 3) ¿Qué debo esperar? Y, al mismo tiempo, da respuesta a una cuarta: ¿Qué es el ser humano?

¿QUÉ PUEDO SABER? LA «CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA»

En esa circunstancia, la razón asume las tres funciones siguientes: es la acusada, a la que se reprocha plantear pretensiones de conocimiento injustificadas. Es la defensora, que reflexiona sobre los argumentos favorables a las pretensiones de la razón. Y, sobre todo, es la juez que dicta la sentencia, una sentencia, no obstante, democrática, pues lo que importa es el «consenso de los ciudadanos libres».


¿QUÉ DEBO HACER? MORAL Y DERECHO

El pensamiento de Kant cambia asimismo el mundo de la acción y crea la teoría de la moral que ha sido determinante desde entonces. Al igual que en el terreno de la teoría, Kant distingue también en el de la práctica una parte empíricamente condicionada y una parte «pura». En el primer caso, las metas y objetivos de la razón práctica, la voluntad, le son asignados desde fuera, desde los instintos, las necesidades y los sentimientos de placer y displacer.


Crítica de la razón práctica
(1788), rechazan tanto el empirismo ético, según el cual la moral depende de motivaciones empíricas, como el escepticismo ético, que duda de la realidad de una moral auténtica. La alternativa consiste en una argumentación cuatripartita: Kant define 1) el concepto de moral y lo aplica 2) a la situación del «ser de razón finita», el ser humano. Para ello desarrolla los conceptos de «deber», «imperativo categórico» y «distinción entre moralidad y legalidad». Descubre 3) el origen de la moral en la autonomía de la voluntad, e intenta 4) demostrar la realidad de la moral con el dato de la razón:

1) «No es posible pensar nada en todo el mundo, y tampoco fuera

de él, que pueda considerarse bueno sin limitaciones, excepto una buena voluntad».

Como los seres humanos pueden estar determinados también

por la buena voluntad, o la moral, no existen en ellos como un ser sino como un deber: como obligación o imperativo. A la pregunta

práctica fundamental, «¿qué debo hacer?», el imperativo no responde con una imposición interior sino con razones, divisibles en tres clases en función de su alcance: los imperativos hipotéticos

Según Kant, la moral no se puede reducir a una moral social; hay también deberes para con uno mismo. Además, se ha de distinguir entre deberes con cierto margen de libertad, los llamados deberes «incompletos», y los que carecen de ese margen, los deberes «completos».

DEBERES PARA CON UNO MISMO

DEBERES PARA CON LOS OTROS

DEBERES COMPLETOS

Prohibición del suicidio

Prohibición de hacer promesas falsas («engañosas»)

DEBERES INCOMPLETOS

Obligación de desarrollar las capacidades propias

Obligación de prestar ayuda

«Dos cosas me llenan el ánimo con una admiración

y un respeto que se renuevan cuanto más a

menudo y con mayor detenimiento reflexiono sobre

ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral

dentro de mí». –

De la Crítica de la razón práctica


Se consideran a) imperativos técnicos, a condición únicamente de que se den determinadas intenciones («si quieres x, entonces deberás hacer y»), o b) imperativos prácticos, guiados por el interés natural del ser humano por la felicidad («si quieres ser feliz, entonces deberás hacer z») en cambio, c) el imperativo categórico requiere actuaciones cuyos principios (máximas) no son buenos solo en relación con otra cosa, sino por sí mismos. Y como ese

imperativo obliga de manera absolutamente general, asocia a la exigencia de actuación moral el criterio de la generalización y dice: «Obra solo de acuerdo con aquella máxima que te permita desear que se convierta en ley universal».

Solo hay moral propiamente dicha—moralidad—allí donde

los deberes morales se cumplen por sí mismos, «por deber»; en los

demás casos, solo hay obligatoriedad—legalidad—. Kant ve la condición de la posibilidad de una moralidad en la capacidad de atenerse a unos principios autoimpuestos: en la autonomía. No exige, por ejemplo, abandonar todos los impulsos de los sentidos, pero sí despojarlos de su carácter de motivaciones últimas.

Kant como un importante filósofo del derecho y el Estado. Kant fundamenta un principio jurídico moral, el de la libertad por acuerdo universal, en el marco de un derecho natural dependiente de la razón: «El derecho es, pues, la encarnación de las condiciones bajo las que el arbitrio de uno se puede conjuntar con el de otro en función de una ley general de la libertad». Sobre esta base asienta Kant el criterio supremo de los derechos innatos, los derechos humanos, y desarrolla los rasgos filosóficos

fundamentales tanto del derecho privado (con la propiedad

como institución básica) como del público, que deberá garantizar los derechos innatos y adquiridos y decidir en caso de conflicto.

Con su tesis del mal radical, es decir, desde la raíz, Kant da una interpretación filosófica al concepto bíblico de «pecado original». Según esa tesis existe 2.) una propensión, pero no una disposición, para el mal. b) Esa propensión no aparece en algunos individuos, sino en todos los seres humanos. Es «innata», sin c) ser por

ello una disposición biológica, y se debe atribuir más bien a la libertad. El mal radical consiste en la mayor propensión a seguir las inclinaciones naturales antes que la ley moral y tiene tres grados de malicia creciente, 1) una debilidad moral:

fragilidad («Tengo, por supuesto, la voluntad de hacerlo, pero no logro llevarlo a cabo»); 2) una mezcla de motivaciones morales e inmorales: falta deintegridad (la acción debida no se realiza por puro deber).
¿QUÉ DEBO ESPERAR? HISTORIA Y RELIGIÓN

Para Kant, la filosofía se divide, en primer lugar, en dos partes principales: la filosofía teórica del mundo sensible, de la naturaleza, y la filosofía práctica del mundo moral, de la libertad. Ambas partes y mundos habrán de coexistir, no obstante, vinculadas entre sí, pues la libertad debe mostrarse en el mundo sensible. en su filosofía de la religión (Critica de la razón práctica, libro II; La religión dentro de los límites de la mera razón, 1793). En la filosofía de la historia, Kant da la razón al Rousseau de

los discursos en dos puntos: que la naturaleza (determinada por los instintos) y la cultura (determinada por la razón) se hallan inevitablemente en contradicción, y que el paso de una a otra constituye un pecado (original), pues la liberación del instinto libera una apetencia infinita y un «gran número de males jamás conocidos».

De la crítica a las pruebas de la existencia de Dios no deduce Kant

un ateísmo filosófico, sino un nuevo lugar para el concepto de Dios. Dicho concepto pertenece principalmente a la filosofía moral; y la religión (subjetivamente considerada) es el reconocimiento de todos nuestros deberes como mandamientos divinos».No obstante, podemos preguntarnos por el sentido de la moralidad, verla en el bien supremo no solo el más alto sino también el más perfecto y definir este último como armonía entre moralidad y felicidad: se es feliz en la medida en que se vive moralmente. Pero esta armonía solo es imaginable bajo dos condiciones: la existencia de Dios, que procura la armonía, y la

indestructibilidad de la persona, la inmortalidad del alma, que permite alcanzar el disfrute de dicha armonía. Kant denomina a estas condiciones «postulados de la razón pura práctica»; en efecto, la razón deberá suponerlas para pensar que puede llegar a ser satisfecha su necesidad de sentido, vinculada al bien supremo.


EL IDEALISMO ALEMÁN
El «sabio de Kónigsberg» despierta entusiasmos por todas partes: «Kant no es una luz del mundo—escribe el poeta Jean Paul—sino todo un sistema solar completo». Mientras los «viejos kantianos» siguen difundiendo las enseñanzas de Kant, éstas suscitan entre la vanguardia intelectual un debate creativo que, según las distintas opiniones, desembocaría en un «perfeccionamiento» o, incluso, en «una superación de Kant» y, en cualquier caso, en el idealismo alemán. Karl Leonhard Reinhold no se limita a escribir unas influyentes Cartas sobre filosofía kantiana (1786- 1787) sino que quiere desarrollarlas en forma de una «filosofía elemental

» propia. A su vez, Schiller contribuye con sus escritos sobre filosofía del arte y de la historia a difundir la filosofía de Kant más que todos los filósofos profesionales, pero además quiere reducir a la unidad la disociación establecida por este entre deber y querencia mediante el ideal de un «alma bella» que armonice la gracia en la apariencia externa con una moralidad interior y con la razón (De la gracia y la dignidad, 1793; Sobre la educación estética del hombre, 1795).

Tres estudiantes de Teología Protestante—Fichte, Hegel y Schelling—forman una constelación que produce aquella densa serie deproyectos para un idealismo especulativo que, junto con el propio Kant, el «Moisés de nuestra nación» (Hólderlin), representan la cúspide filosófica de la modernidad, cuyos primeros tiempos están marcados igualmente por la influencia del propio Hólderlin. Vuelve a imponerse la sensación de un nuevo resurgimiento. Los «idealistas» ven en Kant únicamente el «amanecer de la filosofía» (Schelling), y no lo consideran

ya la radiante luz del mediodía, que proyectan ellos mismos

por obra de su mutua competencia. De ese modo son los continuadores del giro copernicano de la primera crítica kantiana, del principio de libertad de la segunda y de los intereses sistemáticos de la tercera. A estas influencias se suman las de

Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Bruno, Spinoza (a través de Friedrich Hegel) los «idealistas» han colocado muy alto su objetivo. Pretenden conciliar las innovaciones políticas de la Revolución Francesa con la totalidad del saber alcanzable. Al mismo tiempo desean superar las diferentes limitaciones impuestas

por Kant y desplegar la totalidad del conocimiento y el ser—el

sujeto y el objeto, la mente y la naturaleza, la teoría y la práctica—a partir del absoluto de una razón única y unitaria. Para ello desarrollan una alternativa filosófica genuina al proyecto de la Enciclopedia francesa: el pensamiento sistemático. El conjunto del saber no debe compilarse de manera aditiva, sino fundarse a partir de un principio: de un fundamento básico (Fichte), de un absoluto (Schelling) o del movimiento autónomo del espíritu (Hegel). La reconciliación de cinco pares de contrarios desempeña en todo ello un especial cometido: los tres primeros:

i) «unidad» y «pluralidad», 2) «absoluto» y «finito», 3) «espíritu

» y «naturaleza», son importantes para la filosofía en general. El cristianismo confiere adicionalmente importancia a 4) la contraposición de filosofía y religión y, luego, a la de razón y revelación; y la Ilustración, a 5) la de razón e historia. En Fichte y, luego, de manera más acentuada, en Hegel y Schelling, aparece ya en primer plano una con- cepción determinante para el siglo xix: que hasta los conceptos fundamentales y los modelos argumentativos del conocimiento y la acción están históricamente condicionados («historicidad»).

Mediante su teoría de las ideas reguladoras, Kant había intentado

conciliar con prudencia y, al mismo tiempo, con modestia, la

perspectiva empírica de las ciencias y la necesidad de la razón de

encontrar algo no condicionado. El idealismo especulativo abandonala modestia y también, quizá, la cautela. Desde un punto de vista metodológico, recurre a una dialéctica revalorizada. Lo queKant denominaba «lógica de la apariencia» se convierte en Fichte, Schelling y, de forma más influyente, en Hegel, en una «lógica de la verdad especulativa». Según ella, la característica de lo absoluto, el concepto de «totalidad», no lleva necesariamente a conclusiones erróneas o a contradicciones. No todo pensamiento fracasa ante lo absoluto, aunque sí lo hace el pensamiento reflexivo del intelecto, en el que incurre el propio Fichte después de Hegel.

Al interesarse por lo absoluto, los idealistas no olvidan, sin embargo, la relación con la experiencia y sus ciencias.

Hegel (1770-1831) encarna todavía con mayor eficacia que Fichte y Schelling la pretensión de superar y completar la filosofía que había alcanzado su culminación en Kant. En su escuela se forma la opinión dominante durante mucho tiempo de que existe una evolución objetivamente lógica «de Kant a Hegel»: Kant, Fichte y Schelling quedan degradados a la categoría de meras fases previas sobre las que Hegel festeja su «coronación del idealismo». En la lección inaugural de su cátedra, Hegel menciona la orgullosa directriz que guiará su filosofía: «La esencia cerrada del universo carece de fuerza para oponer resistencia al coraje del conocimiento» (1818). A pesar de su valoración de la Antigüedad, Hegel abandona la nostalgia clasicista por una reviviscencia

de la «bella unión» de los contrarios propia de aquella época.

Según Hegel, el momento presente se define por una disociación de la que ha «desaparecido el poder de la unificación». A la Ilustración objetivadora se opone, por ejemplo, una subjetividad que intenta mantener la verdad y la belleza divinas. Mientras que la «filosofía de la reflexión» propuesta por Kant y Fichte se limita a sacar a la luz la disociación, Hegel busca comprenderla como «manifestación de lo absoluto», superándola, no obstante, mediante esa comprensión.

La filosofía de Hegel es metafísica bajo la premisa de la crítica

kantiana a la metafísica, pero sin su crítica como método. En su metafísica constructiva intenta superar los tradicionales opuestos básicos: sustancia»(objetiva) y sujeto, idea y realidad, eternidad e historia por medio de una dialéctica especulativa.

La conciencia se eleva, finalmente, hasta la religión natural y, desde ella y pasando por (la religión de) el arte y la religión revelada, hasta el grado más alto, el ser absoluto, el Espíritu que se sabe como Espíritu.

La filosofía se había ocupado desde los primeros tiempos de la

Edad Moderna de la autoafirmación del ser humano en competencia con sus iguales. Hegel amplía el debate, planteado a menudoúnicamente en el plano del derecho y la teoría del Estado, a una confrontación del hombre con la naturaleza y al concepto correspondiente de trabajo. En uno de los capítulos más famosos de la Fenomenología,

«Dominio y servidumbre», esboza el complejo proceso

que lleva al ser humano a la conciencia de sí. Tres aspectos aparecen entreverados en una «lucha por el reconocimiento»: el enfrentamiento personal del individuo consigo mismo, el enfrentamiento social con sus prójimos, y el económico con la naturaleza: la conciencia de sí aparece en primer lugar como esfuerzo por la supervivencia.

Este esfuerzo choca con la aspiración rival del otro, lo que

lleva a una «lucha a vida o muerte». Quien teme a la muerte—en el

marco de la confrontación consigo mismo—se somete al que arriesga su vida; se convierte en siervo; y el otro, en señor. Al mismo tiempo, el señor representa el plano del entendimiento, y el siervo el de la sensibilidad. Mediante el trabajo—un enfrentamiento con la naturaleza en el que se reprimen las apetencias propias—, el siervo se eleva por encima del señor (consumidor) que se limita al mero disfrute, y de ese modo se libera de la realidad dada, meramente natural, y se muestra así superior al señor.
Filosofía del derecho y del Estado.
Basándose en su sistema filosófico, construido ya para entonces, Hegel muestra en su filosofía del derecho cómo su principio tácito de la justicia, la voluntad libre, alcanza la realidad bajo las condiciones de la modernidad, de la alienación. La dialéctica

utilizada en este caso vincula ciertos principios normativos con un

diagnóstico de la modernidad. Aquí, Hegel se aparta de Kant tanto en el concepto de «libertad» como en el de «derecho» y, en especial, en la argumentación dialéctica. Entiende la libertad como «ser en sí mismo en el otro»; y el derecho, no en el sentido kantiano de libertad por acuerdo general sino como «existencia de la voluntad libre», donde «existencia» significa «realidad plena»:

La voluntad libre adquiere en el curso de su proceso dialéctico



formas cada vez más plenas de contenido. Hegel cree haber superado por medio de ellas la separación establecida por Kant entre legalidad y moralidad. El camino lleva, desde la voluntad solo externamente libre, el «derecho abstracto» (propiedad, contrato, fraude y crimen, y castigo), a la voluntad libre tanto exterior como interiormente, a la moralidad (propósito y culpa, intención y benevolencia, bien y conciencia).


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