En los mundos invisibles editorial kier buenos aires libro de edicion argentina q



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YRAM

EL MEDICO



DEL ALMA
OBSERVACIONES EXPERIMENTALES DE DOCE

AÑOS DE DESDOBLAMIENTO CONSCIENTE

EN LOS MUNDOS INVISIBLES
EDITORIAL KIER BUENOS AIRES
LIBRO DE EDICION ARGENTINA Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723 Copyright @ 1959 by EDITORIAL KIER S.R.L - Bs. Aires IMPRESO EN LA ARGENTINA.PRINTED IN ARGENTlNE
LIBERTAD en la. búsqueda del bien religioso.

IGUALDAD en la búsqueda de la verdad científica.

FRATERNIDAD en la búsqueda de la belleza filosófica

PREFACIO
Esta obra reemplaza los tres Volúmenes destinados primitivamente a aparecer sobre este asunto. Después de la publicación de "Amaos los unos a los atros" he juzgado que todos los es­clarecimientos no convencerían. al individuo obstinado en sus utopías. .

Algunas resultados de la experiencia, expuestos de una ma­nera metódica, algunas deducciones sobre ciertos problemas oscuros de nuestra destino, bastarán, ampliando los estudios, para los que quieran libertarse de supersticiones y errores de la vida actual.

Dejemos a los seres que están todavía en un período elemental de investigacianes, las enseñanzas del sufrimiento.. Para nosotros, que no consideramos la vida como un negocio, ensayaremas realizar una vida mejor, más consciente, libre lo más posible de los inconvenientes de toda clase, que. son otros tantos obs­táculas a la Paz que deseamos.

Todos los tratados de moral se pueden reducir a un esquema de organización racional de nuestros motivos de acción. En. el choque de los apetitos, el buen sentido y la lógica no bastan ya para apreciar como conviene el valur de esos motivos. Una confianza segura, sin vaci1aciones, en los Principios de nuestra destino, es ella sola capaz de dar a nestros motivos de acción el impulso necesario para ponerlos en actividad.

El conocimiento experimental de la vida, juera del mundo físico, da a esta confianza un carácter de seguridad desconocido desde hace muchos siglos. Sin exagerar, se puede decir que la propagación de este conocimiento va a hacer entrar a la humanidad en un nuevo períado de evolución. Para el prafano habrá siempre personas honestas y desho­nestas. Para el iniciado, cuya mirada penetra otra dimensión, esta onda evolutiva se traduce por una progresión de la conciencia, y ve una multitud de seres humanos franquear las re­giones superiores de la substancia eterna. Ésos no volverán más. Liberados de las obligaciones de tomar un cuerpo material, dejarán su lugar a otros menos adelantados.

Y de aquí a varios decenas de siglos, el ignorante de en­tonces exclamará como el de hoy que todos los esfuerzos desti­nados a mejorar al individuo son vanos, porque el sufrimiemo y el desorden serán todavía, en cierta. medida, lo común de los habitantes de la tierra.
París, 13 de abril de 1926.


PRIMERA PARTE
LA BASES EXPERIMENTALES DE LA UNIDAD CIENTíFICA, FILOSÓFICA Y RELIGIOSA DE LAS OPINIONES y CREENCIAS
I
UNA NUEVA BASE CIENTíFICA DE PROGRESO
Entre los conocimientos generales de nuestra época es extre­madamente difícil formarse una opinión racional sobre la pro­pia existencia. Esta ignorancia comporta una cantidad de errores en todos los otros dominios del conocimiento. Para mucha gente el progreso social representa la sola realidad, y la política actual consiste en imaginar un régimen donde cada uno pueda hacer lo que le plazca.

Esta utopía, alimentada cuidadosamente por mercaderes de toda categoría, ha determinado una especie de cristalización del pensamiento moderno. Ciencia, religión y filosofía se agitan en vano sin adelantar. Se escribe mucho pero se piensa menos y en cuanto una obra aborda cuestiones que demandan un esfuerzo de reflexión, está irremisiblemente condenada al fondo de una gaveta.

Hoy todo el mundo tiene prisa. Cada uno quiere obtener resultados inmediatos, sin preocuparse de las causas que los determinan.

Y, sin embargo, en la historia de nuestra raza, jamás la hora ha sido más favorable para la reforma de nuestras ideas, para un progreso más grande hacia un bienestar social.

¿Dónde encontrar la idea madre, fuente de las transforma­ciones futuras? ¿Cuál es el nuevo elemento cuya energía va a fecundar nuestros conocimientos con sus potencialidades radiaciones? ¿Sobre qué se va a basar la sana realidad para equilibrar la diversidad de opiniones y creencias?

Hipótesis, hay demasiadas. La guerra de 1914 ha derribado en muchos el frágil castillo de las ilusiones generosas. Las re­ligiones no están ya a la altura de sus fundamentos. A la mayor parte les falta el más elemental sentido común. En cuanto a los argumentos de la filosofía científica, nos conducen a la edad de las cavernas, exaltando el principio de nuestro origen animal.

El razonamiento puro y simple no basta. A pesar de la per­fección de nuestra civilización, al pensamiento moderno le falta alimento. Las bases de la moral son desconocidas y el alma humana erra en el vacío de las ilusiones y las esperanzas qui­méricas.

El gran proble:rna que se yergue y siempre se ha planteado a la imaginación humana es el de la Sobrevivencia. Si pudié­ramos conocer exactamente en qué nos convertimos después de la muerte, si pudiéramos saber de una manera cierta si es posible vivir, sentir, ver, pensar y comprender en otro mundo, con la misma facilidad que en la tierra, ¡ qué progreso formi­dable realizaríamos!

Sin exageración, se puede decir que sería la más grande revolución que jamás haya sido cumplida en todos los domi­nios de nuestra actividad. Y si hay un hecho capaz de disminuir una parte de los sufrimientos humanos, se puede decir que el conocimiento de este enigma secular sería para la humanidad lo más bienhechor que se le pudiese aportar.

Os vengo a dar los medios de obtener este hecho, esta seguridad, este conocimiento.

No es necesario que tengáis fe. No vengo como misionero encargado de popularizar una idea nueva. Os expongo simple­mente los resultados obtenidos, diciendo: "Lo que yo he hecho no tiene nada de misterioso. He aquí la manera como he pro­cedido, repetid la experiencia en las mismas condiciones y obtendréis los mismos resultados".

Es evidente que a priori parece increíble. El conocimiento de un misterio tan importante, develado como seguro, sin nin­guna duda posible, por un desconocido, no puede ser más que una generosa quimera, hija de lecturas místicas; ¡Cuántas in­teligencias superiores se han dedicado al gran Problema sin poder resolverlo! ¡ Y si fuera posible a cualquiera penetrar tan fácilmente en un dominio juzgado hasta aquí inaccesible, "eso se sabría". ¡No hubiéramos esperado siglos y siglos para conocer ese misterio, en cuyo nombre tantos seres humanos se han masacrado.

Si no hubiera resuelto el enigma yo mismo, es seguro que me haría las mismas reflexiones, y agregaría: "Este señor ha tenido seguramente en su juventud una fiebre cerebral, y le ha quedado algo".

El lector será probablemente'más indulgente y pensará que la sugestión y la alucinación han causado en mí una especie de neurosis, perteneciente al dominio de los especialistas en afecciones mentales.

No son estos argumentos los que cambiarían en nada la naturaleza de la experiencia. Me he hecho todas las reflexiones que vosotros podéis hacer. Durante años he comparado los re­sultados de la experiencia entre sí y con las tradiciones que me han llegado. He analizado el carácter esencial de las reli­giones y filosofías, he disecado nuestro ser psicológico siguien­do los conocimientos científicos más modernos, y' no he en­contrado ninguna contradicción flagrante con mis observaciones experimentales. '

Por otra parte, el hecho brutal se impone en toda la acep­ción del término, y si es posible hoy en día abordar semejante certeza, es porque nuestros conocimientos. siguen la progresión natural en toda cosa. Para cosecharlos es necesario que estén maduros. Cada etapa del saber humano es la resultante de cau­sas cuyos elementos exigen a veces períodos milenarios antes de poder manifestarse. .

Cuando el fruto está en su punto de madurez, poco importa la personalidad del que tíene la ocasión de encontrarlo. Su deber más elemental es compartirlo con los otros, sea cual fuere la acogida que le esté reservada.
II
MIS CONDICIONES DE EXPERIENCIA
La mejor manera de resolver el problema de la Sobreviven­cia sería morir para darse cuenta exactamente de los detalles del fenómeno. Esto es prácticamente imposible, tanto más cuanto que no queremos creer a los aparecidos. Es necesario una solu­ción más racional. Estudiando las diferentes tradiciones se dis­tinguen entre su simbolismo nociones que relatan la posibilidad de separar el Ser humano en dos partes, sin que experimente muchos trastornos.

Los magnetizadores, y especialmente Héctor Durville ( En su libro Le Fantóme des vivants), han estudiado este fenómeno sobre sujetos que se han prestado de buena voluntad, y han obtenido resultados satisfactorios.

Para el incrédulo, este modo de experimentar se hace pau­sible de muchas objeciones. Pero si cada uno de nosotros pudiese colocarse en el mismo estado: entrar y salir de su cuerpo como de su propia casa, sin perder durante una sola fracción de segundo el uso de todas sus facultades conscientes, sería interesantisimo! Nada de misterio ni de complicaciones de nin­guna especie. Cambiaríamos solamente de dimensión.

Esta seguridad vale más que la de la muerte. Cuando el cuerpo se altera por una enfermedad, la conciencia está inquie­ta, y las facultades poco propicias al examen del trabajo de separación entre el cuerpo y el alma.

Poder renovar esta experiencia de desencarnación a volun­tad, en posesión de todas las fuerzas, de toda la lucidez, sin que resulte ningún trastorno de cualquier especie, es, a mi modo de ver, superior a la separación definitiva. Son esas las condi­ciones que he observado desde hace catorce años, cuando realicé la experiencia por primera vez. Es inútil deciros que he tenido tiempo de habituarme y de estudiarlo en detalle. Por otra parte, pronto me aburrí de los fenómenos ordinarios. Pasar a través de las paredes, visitar amigos, pasearse libremente en el espacio por el solo placer de gozar de ese estado extraordinario, es un juego del que uno se cansa rápidamente. La conciencia es más golosa, quiere ir más lejos, esta nueva dimensión no le basta ya, sino que busca penetrar de otra manera en la organización cósmica.

Verdaderamente el ser humano es insaciable, y de dimensión en dimensión no me he dado por satisfecho hasta que he llegado a ese estado casi indescriptible donde no se es más que una sola UNIDAD MULTIPLICADA con la ENERGíA superior de la Naturaleza. Evidentemente, hay obstáculos, pero muy vencibles. Yo he puesto exactamente doce años en des­arrollar mi conciencia y penetrar en su compañía en la extrema dimensión de nuestro Universo. Me ha sido necesario efectuar toda una serie de operaciones sobre mi Ente psicológico. Eso se ha hecho por otra parte casi insensiblemente. A cada etapa, que se puede com.parar a una nueva muerte, porque se lleva cada vez una parte de nuestros afectos, es necesario habituarse al nuevo régimen mental. Hasta el último abandono, hasta ese gran salto en lo desconocido donde el espíritu consciente se despoja de los últimos vestigios de su personalidad.
(2 Ver La Evolución en los Mundos Superiores)
La abundancia de las observaciones cosechadas en las otras dimensiones del espacio me permite, pues, daros detalles abso­lutamente precisos sobre la cuestión de la existencia fuera de la forma física.

Empero, dada la ignorancia del gran público, casi absoluta en esta clase de estudios, mi tarea es difícil. Es asimismo peligrosa. Poner al alcance de todo el mundo una experiencia tan importante, ¿no es librar el secreto de nuevas formas de energía que pueden ser utilizadas para el mal? He meditado largamente esta cuestión, y .he aquí las deducciones. Por experiencia he aprendido que el mal no puede alcanzar sino a personas que poseen las mismas influencias. Además, los esfuer­zos necesarios exigen cierto equilibrio psicológico y psíquico, de donde el mal está excluído. En fin, si, por excepción, un ser mal intencionado llegase a un resultado sería rápidamente víctima de sus propias obras, puesto que en esta obra omito detalles demasiado precisos.

Espero que no me lo tomaréis a mal y que comprenderéis el motivo que me lleva a obrar así. Como en todos los tra­bajos, hay ciertos detalles de práctica que sólo en el ejercicio de la misma se adquieren. Estoy dispuesto a enseñarlos verbalmente en la medida de los esfuerzos hechos por aquel o aquella que desease repetir estas experiencias, pero no daré más que detalles generales.

Por otra parte, es casi un secreto de Polichinela, muchos ocultistas están al corriente de la cuestión. Aquí no haremos cuestión de ocultismo ni de obras o :prácticas misteriosas o sectarias. El trabajo a realizar para penetrar conscientemente en la cuarta dimensión ,está al alcance de todo el mundo. Diciendo esto no pretendo que no haya que hacer ningún esfuerzo. Leer un diario está también al alcance de todos, con la condición de haber aprendido a leer en la lengua en que está redactado.

Existen todavía bastantes lados oscuros para que las condiciones de la experimentación sean tan netamente definidas como en un análisis químico. Por ahora, los puntos conocidos bastan largamente para la obtención de un resultado que se perfecciona por el hábito. Sólo un factor, el "tiempo", no puede ser limitado. Este tiempo se reducirá de una manera proporcional a la intensidad de aplicación que el estudiante imprima a su destino. Por ejemplo: aquel que ponga en este trabajo todo su ser sin restricción de especie alguna, que le consagre su fortuna, sus amistades, sus pensamientos más ca­ros, su vida misma si fuese necesario, alcanzará más rápido la meta que aquel otro que conserve en el fondo de sí mismo tendencias interesadas.

Es necesario pensar que en éste fenómeno de dislocación entre el cuerpo físico y las otras formas del ser humano no son las apariencias las que valen, pero sí el trabajo real, el esfuerzo íntimo hecho por el YO humano para escapar de sus lazos con las fonnas groseras de la sustancia, y de las traba­zones con la vida terrestre.

En este dominio, la hipocresía desaparece, el alma está des­nuda. Es mejor no intentar nada que tomarse el trabajo de estudiar estos fenómenos con un pensamiento disimulado de beneficio personal.
*

Tres clases de condiciones son esenciales para realizar esta experiencia: físicas, psicológicas y psíquicas.
Las cualidades físicas se resumen naturalmente en una bue­na salud. Las personas que sufren del corazón deberán abstenerse. Si se es aprensivo, sujeto a trastornos nerviosos, será necesario cuidarse y obtener la calma antes de intentar cualquier cosa. Los temperamentos nerviosos, linfáticos parecen ser los mejores, pues se adiestran más fácilmente. Es necesario evitar excesos de cualquier especie. Comer moderadamente, evitando las bebidas muy alcoholizadas. Vigilar el funcionamiento del organismo, verificando cada día su temperatura, latidos del co­razón, etc. Por últilmo, graduar los ejercicios psíquicos según este examen. La organización del ser psicológico es particularmente importante. No olvidemos en efecto la naturaleza del esfuerzo a efectuar. No se trata de tentar una experiencia para divertirse o para distraerse después de una cena. Es muy necesario pensar en la gravedad del acto que vamos a realizar. En los tiempos antiguos los discípulos eran preparados para este misterio duo rante largos años de adiestramiento, y no todos lo alcanzaban. Ensayad imaginaros la transición brutal, el cambio radical que experimentaréis el día en que os veáis separados en dos partes, en plena posesión de todas vuestras facultades conscientes. El choque entre la realidad y las ilusiones que el mundo actual nos enseña causa. una reacción extremadamente violenta, sobre la cual debo preveniros para que estéis en guardia. Y por eso la primera condición que se requiere para estas experiencias es la de tener una buena salud, sin ningún disturbio funcional o lesión orgánica.

La segunda condición es: tener una moral absolutamente sana, adicionada de un buen sentido común. En efecto, la experiencia exige observaciones desprovistas de sugestiones de todo orden.

Al principio, es necesario una vida tranquila, desprovista de movimientos embarazosos, disgustos, o por lo menos no darles importancia. La meditación y la oración ayudan podero­samente a este resultado. Debéis esforzaros por seleccionar vues­tros pensamientos, deseos, motivos de acción. Para ello el ca­mino más corto es elegir un Ideal generoso y hacerlo el objetivo, el punto central alrededor del cual haréis converger los pen­samientos, deseos y motivos de acción. Este Ideal debe ser vuestra meta, por él únicamente debéis trabajar y en él debéis concentrar lo que hay de mejor en vosotros. ¿Por qué el motivo central en el que os colocaréis debe ser generoso? Porque si reflexionáis bien, todo el mundo sigue un ideal opuesto: el de vivir lo más cómodamente posible, sin incomodarse por los demás. Este es el ideal del bruto, algo así como la tierra infértil. Este es el primer rudimento de la conciencia personal, adquirida por todas las células vivientes. Es el instinto de conservación, la vida que se desarrolla siguiendo la ley del más fuerte y del mejor organizado. Si queréis alcanzar sin peligro la exploración de los otros mundos, esta ley debe convertirse en vuestra sierva. Es el primer dragón al que debéis librar batalla, y que os de­jará penetrar sus secretos cuando lo hayáis domesticado.

Para alcanzar este objetivo hay dos caminos. Su elección depende de vuestro carácter, temperamento, disposiciones y fuerza de voluntad. El primero consiste en vencer las tendencias egoístas por el ejercicio de una vida moderada, por la represión de los bajos instintos y por la acción de los sentimientos, motivos, deseos y pensamientos generosos. Este es el camino de la perfección moral conocido por todo el mundo.

El segundo es mucho más rápido y también más doloroso. Es la vía del sacrificio consciente. En ese caso, los sufrimientos a soportar son tanto más violentos cuantas existencias elementa­rias anteriores hay. Después de siglos hemos registrado ciertas formas de energía que viven a nuestra costa. Alimentamos de nuestra substancia vital cantidades de seres, embriones de vida que hemos atraído por nuestras maneras de pensar y de obrar; es necesario pues esperar una reacción de su parte. Uno de sus medios ¡preferidos es el de inspirar a su padre nutriente un profundo disgusto, una lasitud moral, una violenta inercia. No solamente el estudiante ve la vida de color negro, sino que puede dejarse llevar al suicidio, en un acceso depresivo, falto de valor.

Una regla recomendable en los dos casos es la dulzura. Es necesario evitar el empecinamiento en inclinaciones recalcitran­tes. Saber ser paciente es una cualidad a poner en obra. Poner toda la mala voluntad posible para ceder a una imperfección, es un principio de inercia que da grandes resultados. Si se desarrollan al mismo tiempo las cualidades superiores hacia las cuales se experimenta más afinidad, las otras desaparecerán por falta de alimento. En fin, recordaos que un Principio de Amor superior elegido como Ideal adelanta el trabajo en pro­porciones increíbles, con un mínimo de esfuerzo.

Como el Psiquismo (léase Magnetisme Personnel de Héctor Durville, y sobre todo la excelente obra de A. Caillet, Le Trai­tement Mental) está a la orden del día, todo el mundo está al corriente de sus prácticas. Los puntos esenciales a estudiar son: El poder de concentrar el pensamiento sobre un solo objeto, sin dejar distraerse por otras preocupaciones. El adies­tramiento de la respiración ritmada. El relajamiento nervioso y muscular. En fin, la posibilidad de quedarse sin pensar. Este último ejercicio, llamado "aislamiento" por los psiquistas y "entrada en el silencio" por los hindúes, resume el período de espera de todos los fenómenos relacionados con la cuarta dimensión.
No es necesario adquirir una maestría absoluta de todos esos ejercicios. El hábito del desdoblamiento los simplifica en parte, y se llega mismo a dispensarlos. Lo que demuJestra la tontería de todos los tratados de Magia, que consideran sus fórmulas como axiomas.

En todos los casos, cualquiera que sea vuestro objeto, re­cordad bien que las condiciones experimentales que citamos representan un mínimo de esfuerzos, si tratáis de conservar el equilibrio de vuestras facultades; la parálisis, ruptura de aneurisma, congestión y la muerte son algunos de los tantos peligros que os acechan si procedéis ligeramente.

Aunque no hay regla sin excepción, no os aliento a lan­zaros en la aventura sin preparación, pues el desequilibrio es casi seguro. Si descuidáis el adiestramiento psíquico no obtendréis fenómeno estable, no sabréis dirigirlos y os arriesgaréis a caer en un misticismo enfermizo. Si ocurre lo mismo con el adiestramiento psicológico, en este caso es peor todavía, iréis al desequilibrio mental, por la posesión de fuerzas inferiores, de las que seréis fatalmente víctima, un día u otro.
III
ALGUNOS RESULTADOS GENERALES
Para la mejor comprensión de lo que va a seguir, es útil que os dé desde ya las observaciones generales de muchos años de estudio. .

Esos mundos sobre los cuales se han construído tantas hipótesis, esos Universos que han excitado al más alto grado la imaginación humana, sobrepasan en su simplicidad todo lo que los hombres puedan inventar de maravilloso y de complejo.

El Universo invisible es sin forma. Se reduce a una atmósfera impregnada de energía bajo una presión variable.

El Ser humano es sin forma, y también él representa sólo una atmósfera electrónica dotada de una energía oscilante.

La sola diferencia existente entre el hombre y el Universo es el conjunto de facultades psicológicas representadas por la conciencia. En lo Invisible el Ser humano es un pensamiento consciente dotado de una voluntad actuante. El discernimiento múltiple de los Efectos y de las Causas se efectúa con la ayuda de sensaciones correspondientes en una Unidad de Tiempo. Las relaciones entre estos dos Todos representados por el Hombre y el Universo son una cuestión de concordancia.

Dejando su forma material, el ser humano no lleva con­sigo una acción más que otra. Conserva solamente las concordancias, las expresiones, el ritmo de sus experiencias terrestres. Y eso basta para atraerlo y tenerlo prisionero en una substan­cia donde podrá poner en obra sus aficiones habituales.

Estas vibraciones armoniosas entre la substancia oscilante de los otros Mundos y la substancia utilizada como base, por la conciencia se traducen por una cantidad innumerable de tonalidades atractivas, permitiendo discernir los efectos y las causas a las cuales ellos se retrotraen.

La substancia de nuestro Universo varía de un estado ex­tremo de densidad, que se puede calificar de "materia", hasta la esencia radiactiva a la cual se puede dar el nombre de "fuerza" .

El estado materia representa la Energía frenada por el Tiem­po y el Espacio en un mínimo de actividad. El estado fuerza, un máximo de fuerza instantaneizada. Innumerables son los grados de esta escala cósmica y es fácil imaginarse la cantidad indefinida de estados particulares que ella representa.

Del lado materia domina la fuerza centrípeta, centralizadora. Hacia el lado fuerza, la corriente centrífuga está en su máximo de actividad.

La Evolución del Ser humano aparece pues extremadamente clara, coincidiendo con las tradiciones antiguas.

Ella consiste en establecer en Sí el acuerdo necesario para vibrar con el lado fuerza de la substancia y escapar así del sistema planetario donde nos retienen todas las otras formas de atracción.

Si uno sigue siendo egoísta, el mal no reside en esta atrac­ción autocéntrica, necesaria a las manifestaciones de la vida primitiva, pero sí en la "cualidad" de las atracciones, de las que se queda prisionero.

Este mecanismo nos da la clave del amor altruísta, preco­nizado por todos los grandes pensadores. Separando del ser humano sus atracciones inferiores, suprimiendo sus concordan­cias con las formas de la substancia, enseñándole a vivir en el Mundo de los Principios, se le habitúa a la manipulación de la Energía formidable a la cual va a tener acceso.

He utilizado este método para alcanzar la Unidad de relación con la Conciencia Cósmica, y por increíble que parezca, este resultado está en perfecta armonía con la Constitución de nues­tro Universo. La substancia de los otros mundos se presenta a nuestras observaciones como una atmósfera de densidad, luminosidad y reacciones vibratorias variables.
Suponiendo que se experimenta con un doble, compuesto de una substancia de densidad media, he aquí las caracterís­ticas que se observan y las sensaciones que se experimentan.

El campo de energía en el cual se mueve la materia fuerza se discierne por un aumento o disminución de la fuerza cen­trífuga.

Para mantenerse en perfecto equilibrio en todos los grados del éter es necesario pues despojarse de todas las atracciones, a fin de reducir el sistema de ondas mantenidas, utilizadas por la Conciencia, a su más simple expresión.

Hasta que se haya llegado a este resultado, que es el objeto de la evolución humana, se comprueba en lo Invisible la exis­tencia de un campo de energía particularmente favorable a las atracciones, afinidades y simpatías del momento.

La calidad, el ritmo vibratorio de nuestras oscilaciones se equilibra con un estado radiactivo correspondiente y coloca automática mente a cada ser humano en una substancia en la que la densidaddetermina los poderes que le son accesibles.

La potencia de acción en los Mundos invisibles es pues limitada por la calidad, la naturaleza, el grado de concentra­ción de las armonías registradas por la Conciencia.

Presionanldo esas armonías hacia una Unidad cósmica, es decir, relacionando sus motivos de acción, pensamientos, de­seos y aficiones, hacia un Ideal elevado, se alcanzan regiones donde domina la fuerza centrífuga. Con un gasto menor de energía se tiene acceso a poderes más rápidos y considerables.

Por el contrario, apegándose a los placeres inferiores y con­sagrando la vida a las afecciones más queridas, a las cualidades aparentes de la materia y de sus formas provisorias, se estrecha el campo de acción en una substancia donde el tiempo aumenta de volumen.

La substancia de esas vastas ondas en movimiento presenta la apariencia de una atmósfera que viaja de la oscuridad más completa a una claridad radiosa, pasando por todos los tonos grisáceos intermedios. No se percibe ni alto ni bajo, ni derecha ni izquierda.

Descendiendo hacia la materia, lado negativo de la fuerza, la atmósfera gris se vuelve un poquito brillosa, y oscurece progresivamente. Se experimenta la sensación de una substancia que se espesa; esta contracción es pesada para soportar se mueve uno difícilmente. Las impresiones siguen la misma gra­duación. Se tiene la ilusión de ser oprimido, de respirar con dificultad. Un malestar general nos envuelve, la conciencia se toma inquieta, y pronto la impresión es francamente penosa. En los estados oscuros se perciben puntos fosforescentes que se mueven en todos sentidos.

Cuando uno se dirige hacia el lado positivo de la fuerza o negativo de la materia, la opacidad disminuye. Se penetra en una especie de bruma gris, comparable con un tiempo nublado. A medida que se sube, esta bruma se esclarece, y pronto una claridad luminosa la reemplaza. Un sol brillante, igual al del mediodía, ilumina la atmósfera. Observando atentamente se per­cibe en todos los puntos la misma intensidad luminosa, demos­trativa de que esta luz es producida por la actividad progresiva de los átomos.

Las sensaciones correspondientes son un suave calor que envuelve el organismo oscilante que se utiliza. Un bienestar especial impregna todas las moléculas. La misma Conciencia experimenta un bienestar creciente. Ella se dej a ir en una dulce quietud hacia una calma progresiva. Una confianza más bri­llante, más feliz la envuelve. Si se continúa subiendo, esta calma se hace impotente, religiosa. Para no alterar ese recogimiento de la atmósfera, se llega hasta no osar pensar. El ambiente parece más ligero. La velocidad del desplazamiento se acelera. La sombra de un pensamiento desata un mundo de fenómenos. En fin, si se continúa esta extraña ascensión, una superactivi­dad magnética impregna la atmósfera. Pronto se tiene la sensación de un aturdimiento. Si se insiste, parece que nuestra base energética tiende a disociarse bajo la acción de un des­equilibrio inexplicable. Se creería que todas las partículas de nuestro ser son violentamente arrancadas y esta penosa explo­sión obliga al experimentador a descender a regiones más favorables a sus radiaciones personales.

En las regiones intermediarias la impresión es mejor, las sensaciones más estables. Se puede comparar la claridad atmos­férica a la de una aurora. En general se experimenta una sensación de reposo, de confianza y de calma. Simultáneamente la conciencia experimenta impresiones variables. En ciertos planos errabundea sin alegría y también sin tristeza. Otros le comunican mayor actividad. Se siente preferentemente la sensa­ción de estar en una intimidad interior agradable. Se piensa y se obr.a sin esfuerzo apreciable. El simple ejercicio de la voluntad os transporta al lugar deseado. A veces la atmósfera parece aterciopelada.

Estas observaciones fueron hechas en los primeros años de estudio. Cuando Se ha llegado a penetrar, por el adiestramiento y la evolución de la Conciencia, los estados centrífugos donde domina el aspecto fuerza de la substancia., esas sensaciones se transforman.

El esfuerzo es siempre más arduo en las partes OSCURAS y densas de la substancia, pero la Conciencia no experimenta ninguna aprensión. Ha adquirido cierta estabilidad que le pero mite penetrar los estados inferiores y superiores sin perder la calma y la serenidad confiada. Actúa sin tristeza y sin sufri­miento, con una paz y un bienestar especial que la acompañan. Cuando la conciencia se dirige hacia los Mundos Superiores, su impresión puede traducirse bajo la forma de la quietud que experimenta el viajero que vuelve a su hogar después de larga ausencia. En ese mundo donde la Causa y el Efecto son una misma Unidad se tiene la impresión de volver a un ambiente familiar. Sin pensar, se va directamente al objeto. No se ve nada, no se piensa, y sin embargo se siente, por una especie de intuición, que el Universo y sus leyes están a nuestra disposición, y se ejercen las facultades inherentes a ese estado con el placer y la facilidad del que recupera sus objetos fa­voritos y sus ocupaciones familiares.

Estas explicaciones nos enseñan que los suplicios inventa­dos :por los hombres no existen. Cada uno encuentra después de la muerte la substancia en la cual podrá continuar ejer­ciendo sus aficiones. Eso no quiere decir que todo el mundo será feliz como generalmente se entiende.
Aquí corresponde una distinción importante. En las obser­vaciones de la experimentación, el bienestar o la infelicidad son "independientes" del mecanismo del Universo. La ley de Causa y Efecto no se ocupa de nuestras preferencias o de nues­tros sentimientos. Ella no favorecerá al asceta. El Equilibrio se establece siempre de una manera absoluta. Las mismas Causas producen siempre los mismos Efectos si se las pone en obra en las mismas circunstancias, y eso en todas las dimen­siones del Universo. A nosotros toca conformamos:

La libertad existe en la elección de una decisión. El de­terminismo entra en juego en la ejecución de esta decisión, porque una relación de Causa Efecto la une, y porque esa relación es el factor esencial del Orden universal.

En principio, todo el mundo debe encontrar el bienestar, puesto que las aficiones nos colocan en una substancia donde las oscilaciones corresponden a los mismos ritmos. Para el animal o el salvaje todavía inconsciente de sus responsabilida­des, esto es verdad. Para el civilizado actual, es falso. Hay en efecto pocas personas que no hayan tenido conocimiento de un orden de cosas superior al simple ejercicio del instinto. Cualesquiera que sean sus experiencias, cada uno discierne más o menos las cualidades particulares o generales tendientes hacia un progreso, hacia una perfección.

Aquel (o aquella) que se ha dejado absorber durante su vida por satisfacciones y placeres de un orden poco elevado, se encontrará colocado después de la muerte en una substan­cia donde buscará satisfacer las mismas necesidades.

Por otra parte, el discernimiento de características más elevadas ha introducido en él ciertas oscilaciones favorables a las regiones positivas de la fuerza. En cierto momento se iniciará un equilibrio inestable. Un esclarecimiento vuelve al ser humano consciente de la grosería del ambiente en el cual está sumergido. No hablo de seres inmundos que vienen a turbar su estado, sino de la calidad de la substancia. Su suplicio comienza. Para conquistar la libertad que él discierne, por esta intuición, busca evadirse de su atmósfera. Pero como antes le es necesario agotar la suma de energía que ha acumulado durante su vida terrestre, generalmente sólo después de siglos de doloroso aislamiento llega al fin a escapar a las cadenas que se había forjado.

Cada vez que se reflexione sobre la evolución humana., no olvidemos esta doble característica del Universo.

La constitución electromecánica de la Energía Universal, equilibrada en cada una de sus ondas de alta y baja presión por una misma cantidad de substancia, varía en sus partes complementarias; de fuerza y de materia. Su parte rítmica, regulada por la ley de Causa y Efecto, relacionan las vibra­ciones del mismo orden.

Desde que somos compuestos por un sistema oscilante, que funciona tanto en circuito abierto como cerrado, toca a nosotros dirigir inteligentemente nuestras vibraciones, de manera de escapar de las regiones inferiores del torbellino cósmico.

En general, el hombre honesto se encuentra después de la muerte en un ambiente correspondiente a sus afectos, y en una atmósfera de Paz y Quietud ejerce su felicidad de vivir. Esta felicidad dura hasta el agotamiento de la energía acu­mulada. En seguida le será necesario volver a la tierra para renovar su provisión, hasta que se haya concentrado en una sola atracción, en un solo acorde, independiente de todas las formas de Energía.

Desde que se alcanza la extrema velocidad del Universo, es decir, cuando la Conciencia humana ha discernido suficien­temente las grandes Causas de la Evolución y ha localizado todos sus afectos, su presencia en la tierra se vuelve inútil. Puesto que la dimensión de ese estado supremo penetra todas las otras, la conciencia vibra con el acorde fundamental de todas las formas de la Energía, de la cual se convierte, en cierto modo, en un canal conductor. En ese momento la liber­tad humana coincide con las características atribuídas a los dioses de las religiones.

He aquí uno de los estados más curiosos de mis experiencias. Después de haber alcanzado una región quinta esencia da del éter, fecundé el espacio proyectando mi vida en un espacio considerable. Tenía la sensación de extenderme en todos sentidos, como si estuviese colocado en el centro de una esfera. y al mismo tiempo me sentía "entero" en el conjunto, como en cada uno de los puntos de ese organismo extraño.

Teniendo plena conciencia de mi Unidad, experimenté la sensación de multiplicarme. Esta multiplicación no disminuía ni aumentaba mi energía en la más mínima fracción.

Sin moverme, sentía que franqueaba una distancia incalcu­lable por las vibraciones aterciopeladas que forman los límites de la inmensa esfera, componente de mi nuevo "dominio". Esta actividad parecía despertar en cada átomo de ese superéter una atracción que se adhería a mí y aumentaba solamente el bienestar y la delicadeza de mi energía oscilante.

Sin pensar, estaba dotado de una especie de Conciencia di­vinizada. La vibración más ínfima proveniente de ese ambiente así fecundado me instruía inmediatamente sobre los detalles de su origen y al propio tiempo, en el mismo instante actuaba yo en la dirección necesaria. No había diferencia de duración o de tiempo entre la acción y la reacción que yo oponía. Ac­ción y Reacción eran simultáneas, en una clarividencia inmediata de todos los detalles de Causa y Efecto.

Para actuar, comunicaba en el conjunto o en la fracción una impulsión de todo mi ser. Sea que este impulso se efectuase simultánea o separadamente en los átomos de ese campo mago nético, el caso es que se ejercía siempre en una proporción correspondiente a la Causa perturbadora. Y, hecho curioso, no experimentaba con este esfuerzo más que una felicidad de obrar, sin que mi energía aumentase o disminuyese en lo más mínimo. En fin, repito, teniendo toda conciencia de mi Unidad, no podría decir que estaba más bien en el centro que en la superficie o en las diferentes partes de esta esfera radiante. En verdad me sentía yo mismo, con igual intensidad en el todo. Jamás la imaginación humana habrá osado concebir un funcionamiento a la vez tan complejo y también tan simple de la Conciencia Superior. Todas las expresiones que utilizo para describiros esos resultados limitan y destruyen su valor experimental. Esta substancia que somos nosotros mismos, las prerrogativas que le son acopladas, el Amor profundo que se experimenta, el bienestar inexpresable que se agrega, se funden en una misma Unidad Multiplicidad de la que se tiene perfecta conciencia. En ese punto de la Evolución, la Conciencia humana es una síntesis que tiene a su disposición los diferentes ritmos del Orden universal, en cuyas armonías ha vivido en sus experiencias pasadas y si se reflexiona, después de todo, esto es bastante natura. ¡Si se retiran de nuestra vida terrestre todas las formas bajo las cuales nos apesadumbramos, si se mira lo que verdadera­mente queda después de la desaparición del cuerpo físico, qué puede haber, en efecto, sino afinidades por un determinado orden de átomos, cuyas diferentes vibraciones forman la diversidad de cuerpos bajo los cuales se manifiesta una misma Energía, un mismo Orden Universal!.



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