En este libro reúne los artículos más interesantes que a lo largo



Descargar 1,33 Mb.
Página1/5
Fecha de conversión26.01.2017
Tamaño1,33 Mb.
  1   2   3   4   5




M. I. FINLEY

Grecia antigua

En este libro reúne los artículos más interesantes que a lo largo décadas escribió el gran helenista M. I. Finley, considerado maído Momigliano como "el mejor historiador social de a". Estos trabajos son los más representativos tanto de los usos 5dológicos de Finley como de su enfoque analítico en tres áreas científicas de su investigación: la comunidad de la ciudad griega «s, el problema de la esclavitud en la antigüedad, y los mundos Inico y homérico de la Grecia primitiva. Historiador com-lietido, el profesor Finley nos ofrece en este libro no sólo bjor información sobre un mundo que no deja de fascinarnos, Ique lo hace pensando en el lector corriente a quien incita a >sar históricamente": "El pasado muerto nunca entierra a los rtos. Hay que cambiar el mundo, no el pasado".

5ES I. FINLEY (1912-1986) fue uno de los helenistas más ícados de todos los tiempos. De origen norteamericano, tuvo abandonar su país a causa de la persecución maccarthista y idarse a Inglaterra, donde fue profesor de la Universidad de íbridge. De su extensa bibliografía puede citarse Uso y abuso

historia (1977), Esclavitud antigua e ideología moderna 1), El legado de Grecia (1983), La Grecia primitiva (1984), El

liento de la política (1986) o Historia antigua (1986). Todos
I libros han sido publicados por CRÍTICA. ~ ••-;--••





029861

Universidad ARCIS

MOSES I. FINLEY

La Grecia antigua

Economía y sociedad

Introducción de

B. D. SHAW y R. P. SALLER


CRÍTICA

<^-%>,










K


«,„«„ «lición o, 8»i..m,c» I* Boi.su.,,: i™™, J=

v^r^^^^á

las sanciones establecidas en las leyes. ^ rt.nro»viÍ!a


ISBN: 84-8432-043-Depósito legal: B. 7.773 -2000

Impreso en España 2000. - ROMANYÁ/VALLS, S.A., Capelladas (Barcelona,

Título oriüinal:

ECONOMY AND SOC1ETY~IN ANC1ENT GREECE Chatio and Windus Ltd, Londres

Truducción castellana de TERESA SEMPERE -Diseño de la colección: Joan Batallé

PRESENTACIÓN



Los trabajos de sir Afoses F¿«íey sokre Zd historia social y eco­nómica del mundo antiguo, y especialmente del mundo de los grie­gos, son ya tan conocidos que no requieren muchos preámbulos. Los lectores corrientes y los estudiantes, con toda seguridad, están muy familiarizados con los libros que ha escrito o editado a partir de la publicación de su Ei mundo de Odiseo, que inició su trayectoria en 1954: Los griegos de la antigüedad, Aspectos de la antigüedad, La economía de la antigüedad y Vieja y nueva democracia, por citar unos pocos. Sin embargo, quizá los lectores no estén informados de los estudios especiales sobre las instituciones sociales y económicas grie­gas que han servido de base a estos libros. A veces por el uso de las fuentes griegas y latinas, que no entiende fácilmente el lector co­rriente, y a menudo porque han aparecido en revistas que no consul­tan normalmente los estudiantes de los clásicos. Además, el simple hecho de estar muy dispersos en el tiempo y en muchos números de revistas, los hace inaccesibles, incluso para el historiador profe­sional.

Conscientes de todo ello, decidimos presentar al lector comente,

al estudiante y al erudito una colección representativa de los artícu­los que consideramos más importantes de sir Moses Finley, en tres áreas de su investigación: la comunidad de la ciudad griega o polis, el problema de la esclavitud y el trabajo dependiente en el mundo antiguo, y los mundos micénico y homérico de la Grecia primitiva. Como ocurre con muchas selecciones, ésta ha resultado algo arbitra­ria, pero en general nos hemos dejado guiar por consideraciones de utilidad en cuanto a los intereses de los estudiantes corrientes y por el grado de accesibilidad de las publicaciones originales.

En un intento de desmitificar el mundo de la literatura académica


8

LA GRECIA ANTIGUA

de cara al lector corriente, hemos intentado, dentro de lo posible, evitar el oscurantismo de las abreviaciones, los términos extranjeros y las observaciones difíciles. En todos los casos que nos ha parecido razonable, hemos traducido pasajes y términos que Finley citaba originariamente en lenguas distintas del inglés. Se han reducido los títulos y las referencias cruzadas a un formato fácil de usar de las notas y referencias, uniforme para todos los capítulos. El autor ha hecho correcciones, añadidos y supresiones de poca importancia en todos los capítulos. Hay que señalar un cambio de importancia: el capítulo titulado «La esclavitud por deudas y el problema de la es­clavitud», publicado por primera vez en francés con el título de «La servitude pour dettes», aparece ahora por primera vez en su texto original completo.

Nuestro ensayo introductorio intenta trazar las etapas formati-vas en el desarrollo del pensamiento de Finley como historiador, y a la vez relacionar este desarrollo con los artículos recogidos en este libro. También hemos incluido, siguiendo este objetivo, una biblio­grafía completa de los escritos del profesor Finley. La parte dedicada a libros y artículos es completa (salvo las numerosas traducciones en lenguas extranjeras, que se han omitido), pero la sección sobre re­señas y ensayos sólo puede ser una selección, debido a su considera­ble cantidad; en el último caso, hemos intentado incluir las obras representativas de todos sus campos de interés, desde 1930 hasta nuestros días. Es de esperar que esta bibliografía ayude al lector y provoque, quizás, un interés mayor en seguir la obra de Finley más allá de los límites de este volumen. Finalmente, sobre todo para ayudar al estudiante, hemos añadido, como apéndice al final de las notas sobre la mayoría de los capítulos, una lista de obras importan­tes de otros eruditos aparecidas sobre el mismo tema desde la publi­cación del artículo original, y hemos intentado indicar su relación general con los enfoques tomados por Finley.

La preparación de un volumen de doce artículos, que cubren tres décadas de la obra fundamental de Finley, desde principios de 1950 hasta finales de 1970, ha sido un trabajo de lo más agradable, en el cual hemos recibido ayuda de varias personas. Y no fue la menor la ofrecida por el propio Finley, que accedió amablemente a nuestra petición de emprender lo que consideramos un proyecto muy valioso y necesario. No sólo nos ofreció por completo su ayuda en asuntos de detalle, sino que también, hablando en términos genera-

PRESENTACIÓN 9

les, insistió en la total independencia y libertad de acción de los editores. La tarea de escribir las addenda bibliográficas se nos faci­litó con las sugerencias del doctor J. T. Killen (Jesús College, Cam­bridge) y de Paul Millett (Universidad de Leicester). El profesor David Cohén (Berkeley) leyó benévolamente la introducción y sugi­rió muchas mejoras. También deseamos dar las gracias a los profe­Meyer Reinhold (Missouri-Columbia) y Martin Ostwald

sores

(Swarthmore College), que nos ofrecieron informaciones valiosas en sus conversaciones sobre el estudio de la historia antigua en Colum-bia en los años 1930 y más adelante.

t»

brent D. shaw, Universidad de Lethbridge richard P. saller, Swarthmore College

INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE M. I. FINLEY

Arnaldo Momigliano, al enjuiciar un grupo de libros publicados por M. I, Finley, a principios de 1970, empezaba su reseña con el comentario de que, cuando Finley se trasladó a Gran Bretaña desde los Estados Unidos en 1954 era ya «el mejor historiador social de Grecia vivo, y el más preparado para enfrentarse con los problemas metodológicos que implica la historia social».1 Una de las caracte­rísticas más importantes que se distinguen en el trabajo de Finley es, verdaderamente, la sofisticación del método empleado en su aná­lisis de las sociedades antiguas. Y, sin embargo, como también señala Momigliano, «raras veces suscita cuestiones de método en cuanto tales».2 Por tanto, nuestro propósito en esta introducción es apuntar y aislar algunos de sus usos metodológicos, y trazar las raíces inte­lectuales de su enfoque analítico peculiar en la primera parte de su carrera en Estados Unidos, mucho menos conocida. Este objetivo presenta dificultades, en parte porque Finley no encaja netamente en una única tradición intelectual aislada, y también porque no publicó mucho en los años de formación de su carrera.

Tras obtener su licenciatura con la calificación de magna cum laude en la Universidad de Siracusa, en 1927, a la edad de quince años, Finley se trasladó a Nueva York, para empezar sus estudios en la Universidad de Columbia, donde obtuvo el título de master en Derecho Público en 1929. De acuerdo con su graduación ocupó un puesto de investigación en un proyecto entonces en vigor, la Encyclopaedia of the Social Sciences.3 Después de trabajar tres años en el proyecto, se convirtió en ayudante de investigación del profe­sor A. A. Schiíler en Derecho Romano, en Columbia (1933-1934), y al año siguiente se le concedió un puesto de investigador en el Departamento de Historia (1934-1935). Por la misma época también


12


13


INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE FINLEY


LA GRECIA ANTIGUA



obtuvo un puesto, a tiempo parcial, de profesor de historia en el City College de Nueva York, que no iba a dejar hasta 1942. Fue Schiller, según dice Finley, el que le hizo «darse cuenta por primera vez del lugar propio de los estudios legales en el campo de la his­toria».4 El primer tema de la bibliografía de Finley es un artículo sobre la ley y la administración romanas, estudio de la condición legal de las «órdenes» emanadas del emperador romano (mándala principum). Su preparación legal es también evidente en la sofistica-ción y seguridad con que más tarde trató el material legal griego (como, por ejemplo, en Studies in Lana and Credit in Ancient Athens, 500-200 B. C. y la reseña del libro de Pringheim sobre The Greek Law of Sale, indiscutiblemente uno de los artículos más importantes publicados sobre la ley griega en las últimas décadas). También es significativo que su maestro en historia antigua, en el nivel de gra­duado, en Columbia, fuera W. L. Westermann, puesto que éste tenía un interés conocido de tiempo atrás en el estudio especializado de la esclavitud y otras formas de trabajo dependiente en el mundo antiguo, especialmente en el Egipto ptolemaico. No menos impor­tante es el hecho de que su educación para la graduación tuviera lugar no en una Facultad de Clásicas, sino en Historia, donde se ponían más de relieve los criterios y enfoques propios de esta dis­ciplina:

Como estudiante graduado en la Universidad de Columbia, en los primeros años de 1930, me eduqué con Weber y Marx, Gier-ke y Maidand en historia legal, con Charles Beard, Pirenne y Marc Bloch. Ello se debe simplemente a que recibí mi formación en la Facultad de Historia, y éstos eran unos cuantos de los es­critores cuyas ideas y métodos estaban en el ambiente de los es­tudios históricos, en parte en las conferencias, pero incluso más en las conversaciones interminables con otros estudiantes.5



La descripción de los primeros pasos de la carrera académica de Finley no nos da mucha idea del ambiente formativo en el que se desarrollaron sus intereses fundamentales. Diversos factores en los años treinta produjeron una intensidad intelectual y emocional en algunos círculos académicos de Nueva York, que no se ha vuelto a repetk desde entonces, excepto quizá durante la guerra de Vietnam. El colapso económico en el país y la extensión del fascismo en Euro­pa parecieron exigir de inmediato tanto análisis intelectual como

acción política. La estructura tradicional de la enseñanza superior no parecía ofrecer ni uno ni otra:

Cuando vuelvo mis pensamientos a este período, tengo la fir­me impresión de que las conferencias y seminarios quedaban muy estrechamente encerrados en una torre de marfil. Con esto no me refiero a los puntos de vista políticos de los profesores de histo­ria, que variaban considerablemente, sino a la inoportunidad de su labor profesional como historiadores. Las mismas conferen­cias y seminarios se podrían haber dado, sin duda, en una gene­ración anterior, antes de la primera guerra mundial ... Existía la misma impresión generalizada de que el estudio 3le la historia era un fin en sí mismo. Mientras que nosotros, que estábamos cre­ciendo en un mundo difícil, con problemas que creíamos urgen­tes y que reclamaban soluciones, buscábamos la explicación y com­prensión del presente en nuestro estudio del pasado.6

El recurso, tanto entonces como ahora, era proceder a la auto­educación entre los propios estudiantes, un proceso de aprendizaje dialéctico, a menudo más fecundo que la instrucción formal en las aulas. En el ambiente de los primeros años treinta es totalmente com­prensible que este diálogo requiriera un debate con Marx:

Y así nos valimos de nuestros propios medios para buscar en los libros lo que creíamos que no íbamos a conseguir en confe­rencias y seminarios. Leímos y discutimos sobre Marc Bloch y Henri Pirenne, Max Weber, Veblen y los freudianos, analistas de derechas como Mosca (sobre los partidos políticos) y Pareto (aun­que he de confesar que no lo encontré provechoso y lo deseché en seguida). Y estudiamos a Marx y 'a los marxistas: no sólo Das Kapiíal, ni incluso primeramente Das Kapital, sino también las obras históricas y teóricas de los marxistas.

El marxismo, pues, se incorporó a mi experiencia intelectual, lo que los griegos hubieran llamado mi paideia. Marx, lo mismo que los otros pensadores que he mencionado, puso fin a la idea de que el estudio de la historia es una actividad autónoma y a la con­secuencia lógica de que los diversos aspectos del comportamiento humano —económico, político, intelectual, religioso— pueden ser tratados con seriedad aisladamente.7

Hay que señalar el contexto en el cual Finley y sus compañeros de estudios absorbieron el pensamiento marxista: incluso para el




15


INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE FINLEY


14


LA GRECIA ANTIGUA



estudiante contemporáneo crítico, y ciertamente para los que más tarde reflexionaron sobre el asunto, mucho del pensamiento «orien­tado a la izquierda» de esos tiempos era parte de la reacción candida y no muy madurada (incluso simplista, se podría decir) ante la ame­naza .percibida en el poder y la ideología fascista.8 . '• Añadiéndose al fermento intelectual general en Nueva York du­rante. éste mismo período, y con un aire de acción directa sobre las preocupaciones relativas a la crisis económica y política del momen­to,- estaba la emigración de muchas de las mejores mentes de la Ale­mania fascista. Especialmente importante, desde nuestro punto de vistaY es el traslado del Institut für Sozialforschung (Instituto de la investigación social) bajo la dirección de Max Horkheimer, que ha­bía sido su director desde 1930, desde Frankfurt hasta Nueva York en 1934.9 El Instituto se afilió a la Universidad de Columbia, y Finley se encontró involucrado en diversas actividades del Instituto, par­ticipando en seminarios y escribiendo reseñas para la revista del Instituto, la Zeitschrift für Sozialforschung.10 De 1937 a 1939 el Ins­tituto lo empleó para tareas varias, entre las que figuraba la traduc­ción al inglés de las obras que deseaban presentar al público nor­teamericano.

Horkheimer y sus colegas entendieron que su misión en Nueva York era continuar la tradición intelectual alemana de la izquierda, que había sido destruida en la Alemania de Hitler. La tradición del pensamiento filosófico, histórico y social que representaba el Ins­tituto, derivaba de tres evoluciones diferentes posthegelianas en el pensamiento alemán: la epistemología kantiana, el surgimiento de la-fenomenología (especialmente la de Dilthey) y la crítica materia­lista a Hegel, sobre todo la de Marx. Participar en esta tradición suponía tomar parte en una serie de críticas altamente elaboradas, relativas a la filosofía de la historia y la metodología —críticas mucho más profundas que aquellas a las que solían dedicarse los historia­dores.11 Naturalmente, sería imposible resumir en pocas páginas la complejidad de las ideas generadas por los miembros del Instituto de la investigación social que, en todo caso, nunca fueron uniformes, o sus posiciones en los diversos combáis. No obstante, sí es posible apuntar unas pocas características generales, puntos centrales de sus análisis, que también se reflejan en los estudios de Finley.



El pensamiento del Instituto era básicamente marxista, aunque intentaba evitar las doctrinas corrientes del marxismo ortodoxo dog-

mático, extendiendo la dialéctica presente en las obras del propio Marx mediante el ejercicio de la crítica de los escritos de éste y, a la vez, de la tradición postmarxista con mayor orientación filosófica. Sin embargo, una de las exigencias básicas de Marx —que la sociedad fuera vista como un todo interrelacionado— fue aceptada como un principio común fundamental. Las obras de los miembros constituían intentos de explicar de qué maneras los distintos elementos de la sociedad actuaban unos sobre otros, y cómo estas interacciones pro- -ducían cambios; en resumen, se trataba de un repaso de la dialéctica histórica. En especial se prosiguió con el interés de Marx por la conexión entre formas de relaciones económicas y sociales, 55las ex­presiones ideológicas y culturales de una sociedad. Pero en contraste con el marxismo ortodoxo del momento, Horkheimer y sus colegas rechazaron tanto la aceptación de una relación simplista entre base material y superestructura ideológica como la presunción de la pri­macía de las formas económicas (la llamada «base»), y en su lugar abogaban por un acercamiento interdisciplinario a un análisis holís-tico de la sociedad.12

En sus primeros tiempos, por lo menos, el Instituto compartía el estado de ánimo predominante en la tradición marxista de la Europa occidental también en su expectativa de un cambio social radical, que incluía el colapso inminente del sistema capitalista. Se argumen­taba que el intelectual, aunque pensase lo contrario, no podía ser un observador objetivo: tenía que comprometerse en la praxis, acción que produciría cambio.13 Los miembros del Instituto, en su mayor parte, se negaban a especular sobre lo que ocurriría después de las revoluciones; o, mejor dicho, consideraban que su labor era la apli­cación de la teoría crítica que revelaría las contradicciones del sistema capitalista, gracias a las cuales se producirían los cambios más impor­tantes. De especial interés para nuestros objetivos son los comenta­rios de Horkheimer sobre la libertad. A este respecto, la idea liberal decimonónica de «libertad de» (interferencia, prohibición, domina­ción, explotación) iba a ser substituida por el ideal más positivo de «libertad para» (esto es, participar en una sociedad racional). Como ilustración de su idea, Horkheimer apuntaba al ideal de la polis griega, pero sin esclavos/4

Pese a ser breve e insuficiente, este resumen del pensamiento del Instituto, sugiere, sin embargo, el contexto intelectual general en el que tomaron forma algunas ideas básicas de Finley. Tiene relación


16


LA GRECIA ANTIGUA


1


INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE FINLEY



y conexiones con la fenomenología, aunque, clarísimamente, no con la variedad emocional y empática, acrítica, de la que el propio Finley fue crítico incansable y arrollador.15

Estas influencias se notan en el cambio acusado en el fondo y en el contenido de sus primeras obras publicadas. Los primeros ar­tículos de Finley, publicados en 1934-1935, exponen las preocupacio­nes y enfoques tradicionales del estudiante clásico. En su primer artículo, «Mándala principum» (1934), pretendió ofrecer «un exa­men completo de todas las referencias disponibles ... a los mándala» porque «tal estudio arrojaría una luz considerable sobre los proble­mas todavía nebulosos de la clasificación general de las constitucio­nes imperiales y su validez como fuentes del derecho».16 En su se­gundo artículo, «Emporos, naukleros y kapelos» (1935), empiezan a aparecer algunas de las preocupaciones permanentes de Finley: Weber y Hasebroek son citados a lo largo de la obra junto con Oertel y Pó'hlmann, en el problema de si es aplicable el término de «capita­lista» como categoría para el análisis de la economía griega antigua, y la discusión comienza con una lamentación acerca de la imposición inadecuada de «canales modernos de pensamiento ... y terminología». Con todo, es justo decir que el enfoque del artículo, escrito bajo la égida de Westermann, es, más o menos, tradicional: todos los usos de las palabras griegas para «comerciante» que aparecen en su título, son examinados para investigar diferencias posibles entre ellos -—se trata predominantemente de un ejercicio filológico.

El siguiente artículo extenso de Finley no apareció hasta casi dos décadas después (1953), pero se puede trazar el desarrollo de sus ideas, y específicamente las influencias de sus primeros estudios de Marx y los padres de la sociología, y su conexión con el Instituto, gracias a varias reseñas publicadas entre 1935 y 1941. En la primera, publicada en Zeitsckrift für Sozialforschung (1935), Finley elogiaba los diez primeros volúmenes de la Cambridge Ancient Hisfory pero apuntaba una deficiencia importante:

Aunque el objetivo declarado era elaborar una síntesis com­pleta de la historia antigua en sus fases múltiples, mucho del tra­bajo se dedica a detalles minuciosos políticos y militares. El arte, la política, la filosofía, y sobre todo la historia social y económica son tratados separadamente, nunca como partes coordinadas de la historia íntegra del mundo antiguo.17

Finley, en pocas palabras, reclamaba un enfoque holístico. Realmei te, en casi todas sus primeras reseñas, criticaba el tratamiento autí nomo y aislado que los autores hacían de las diversas facetas de 1 vida (por ejemplo, religión o trabajo), en vez de elaborar un trabaj íntegro y relacionado. La clase de enfoque que Finley pedía, se ve por ejemplo, en su ensayo «Esparta», escrito treinta años después editado ya por nosotros (capítulo 10: «Esparta», en Uso y abuso d la historia, pp. 248 y ss., Crítica, Barcelona, 1977). Allí se estudia: las peculiares instituciones espartanas, no según sus orígenes, sin< en el sentido de cómo funcionaban juntas para promover estabilidaí o cambio en la sociedad como conjunto.

En este artículo, y en todo el resto de su obra, Finley intenti constantemente ofrecer el mismo tipo de explicaciones para el cambie social que había exigido en sus primeras reseñas. En una crític; mordaz, los autores del undécimo volumen de la Cambridge Anden History (70-192 d. de C.) son condenados porque para ellos «lo: fenómenos como el imperio romano son tan trascendentales que nc se pueden explicar realmente».18 Por consiguiente, el volumen de mi páginas no aporta ninguna respuesta a la pregunta clave: ¿Cómo s< puede conciliar la «paz y prosperidad de los años 70-192 d. de C. proclamadas con tanta unanimidad aparente por los escritores con temporáneos, con la rapidez, violencia y conclusión del "colapso' subsiguiente»? 19 Lo que Finley buscaba en el libro y no halló fue la explicación dialéctica que procurara exponer las «semillas nega­tivas del cambio» dentro del status quo. La consecuencia de la nece­sidad de explicación era un rechazo de la simple recopilación de datos (positivismo «vulgar») por inadecuada: el conocimiento histó­rico no podía parecerse a un cuadro que consiste en la acumulación de colores determinados en unos puntos específicos. El tema reapa­rece a lo largo de toda la obra de Finley y quizá donde se expresa con más fuerza es en su ensayo sobre la ciudad antigua, publicado en 1977 (capítulo 1 de este volumen).

Otro dogma de la tradición hegeliano-marxista del Instituto, adoptado por Finley, fue la insistencia en la naturaleza histórica de la existencia y el pensamiento humanos. En su enjuiciamiento, en 1941, de la obra The Life of Greece de Will Durant (parte de la cual iba a convertirse en epítome de la historia popular, «The Story of Civilisation»), Finley rechazó con energía la noción ahistórica, popular de una «identidad esencial de instituciones y problemas a



19


18


LA GRECIA ANTIGUA


INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE FINLEY



través de las edades».20 La necesidad de distinguir el desarrollo his­tórico de las ideas, y por tanto la naturaleza completamente distinta de las instituciones forjadas por fuerzas ideológicas y económicas en diferentes momentos, es reiterada más tarde en su ataque al reduc-cionismo de ciertas teorías políticas, que dan mayor énfasis a las se­mejanzas estructurales. Como señaló en el desarrollo de los análisis antropológicos ahistóricos, «he de confesar una total falta de habi­lidad para apreciar el valor de suprimir todas las diferencias entre bosquimanos, pigmeos o esquimales, y los Estados Unidos o la Unión Soviética, en la búsqueda de algún residuo homólogo teórico».21 De ahí que Finley ponga a menudo el acento en las diferencias evidentes entre las sociedades y el pensamiento arcaicos y modernos, especial­mente en sus obras sobre la democracia y la economía.

En su reseña final de este período, centrado en el estudio de Farrington sobre la ciencia y la política en el mundo antiguo, pode­mos ver una fusión de todas sus preocupaciones por las relaciones entre el mundo material y el ideológico de la antigüedad, ahora con la evidente influencia de Weber-y de Marcuse, cuyo primer estudio-en inglés, Reason and Revolution, acababa de ser publicado en Nueva York (1941). Estas inquietudes quizá se pueden ver con mayor cla­ridad en el rechazo de Finley de la explicación puramente religiosa de la importancia del oráculo deifico:

La fuerza y el prestigio del oráculo eran obra no de los delfios, sino de los gobernantes de toda Grecia ... Sus ideólogos desparra­maron su fama en dramas e historias, inventando oráculos donde nunca los hubo, justificando erróneas conclusiones o silencios per­judiciales de los sacerdotes. Sería ingenuo creer —si no tenemos pruebas convincentes de lo contrario— que iban a Delfos en bus­ca de consejo. Iban porque era importante, para los grandes in­tereses a largo plazo de su forma de organización social, que la mano de los dioses estuviera siempre visible a su derecha; y por­que, después de poner a Delfos en un puesto tan elevado como lo habían hecho, no podían ya menospreciar sin peligro un ins­trumento tan poderoso.22

La cuestión de la manipulación deliberada de las formas ideo­lógicas es, de nuevo, una preocupación central de la escuela de Frank-furt, como se ve, por ejemplo, en los estudios de Walter Benjamín sobre los medios de expresión cultural. Estas formas de control, sos-

tiene Finley, son especialmente accesibles al examen en la anti­güedad:

La literatura de la antigüedad, y especialmente su prosa, re­quiere una corrección cuidadosa en todos los asuntos de creencia e ideología. No sólo era esta literatura un monopolio de los miem­bros y protegidos de la aristocracia, sino que también, con la ex­cepción notable del drama, su audiencia estaba restringida al mis­mo estrecho círculo ... Así-es fácil comprender el franco y casi ingenuo cinismo con que los escritores antiguos —confiados en la solidaridad y discreción de los intelectuales aristócratas— reve­laban los motivos y mecanismos de la manipulación de sfíjibolos y superstición.23

Finley prosiguió con este tema en un estudio muy posterior sobre el control ideológico, el de la censura, con la misma clase de enfo­que.24 Su interés por la ideología también le llevó a examinar la creación intencionada de personajes y tipos históricos idealizados, que podían ser objeto de manipulación en interés de los grupos socia­les dominantes. Uno de ellos es lo que Finley llama «el culto del campesino», que, pese a ser «objeto de desprecio» para los ideólo­gos aristócratas, podía ser glorificado como «el auténtico baluarte de la sociedad» cuando convenía a sus propósitos.25 Cuando tuvo que elegir un tema para su conferencia inaugural en la Universidad de Cambridge en 1970, Finley volvió a ocuparse del asunto de la mani­pulación de la opinión, ofreciendo un estudio sutil del uso y distor­sión de figuras e instituciones históricas veneradas, tales como Solón o Thomas Jefferson, para justificar ideologías contemporáneas.26

Fiel a la tradición hegeliano-marxista del Instituto, Finley está mucho más interesado que la mayoría de historiadores en cómo el pensamiento contemporáneo acerca del mundo antiguo encaja en la tradición intelectual más amplia de Occidente. El ensayo sobre la ciudad antigua, por ejemplo, fija el marco para posteriores estudios, mediante la revisión de las conclusiones desarrolladas por los grandes sociólogos e historiadores de finales del siglo xvm y principios del xix. Esa perspectiva es necesaria porque, en opinión de Finley, el historiador fija sus posiciones, no sólo a partir de las fuentes, sino también de su mundo contemporáneo: siempre se ve el pasado en el contexto de las categorías y debates del presente.2' Como argumen­taba Horkheimer, el investigador no puede ser un observador desin-



  1   2   3   4   5


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal