En caso de angustia rompa la tapa



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76 Vomitar recuerdos podridos

Cuando el nene dice: -mamá, voy a vomitar, ¿qué hace la mamá? trae la palangana y le sostiene la cabeza (como parte de la contención) porque para él es una experiencia desagradable. La madre contenta mira lo que comió, qué le hizo mal. El terapeuta hace lo mismo. El otro no relata cosas lindas, son hechos de la infancia, en forma entrecortada, llorando o cuenta historias muy violentas, entonces el terapeuta con su palangana imaginaria va juntando las escenas que vomita el paciente y viendo qué le pasó. Se pueden “comer” experiencias podridas que al no elaborarse se pudren adentro y “dan mal olor”, es decir síntomas que te pudren la vida.


TECNICAS TERAPEUTICAS

Abordajes y estrategias


77 Pichón Rivière

Enrique era una persona muy cariñosa, me miraba a los ojos y me decía: “Vos sos mi hijo putativo” (sospecho que lo de putativo lo decía desde ese fondo arrabalero y jodón). Estaba cómodo en un bodegón mistongo con un mozo correntino con el que hablaba en guaraní y también en París discutiendo sutilezas psicoanalíticas, en francés con Lacan. Una vez me dijo: “Vos sabés que el concepto de la angustia de muerte en Heidegger lo entendí cuando trabajaba con un grupo de boxeadores en el Luna Park, porque ellos están, muchas veces, al borde de la muerte por un mal golpe”. Él podía ir de lo más abstracto, lo culturalmente más delicado, a lo más inmediato, popular y concreto, sintetizaba a Heidegger con Monzón. Contenía toda la gama de los caracteres humanos, nos contenía a todos nosotros.

Sus clases eran fascinantes, dependían de sus miradas y sus movimientos, generaba un clima, una escena casi psicodramática, cuando hablaba desconcertaba, necesitaba la complicidad del otro, él llamaba a esto el co-pensar, porque más que dar respuestas preguntaba, tenía algo en común con el loco: generar un campo de inquietud. Nos sacaba el inestable piso de lo razonable para que tengamos que armar nuevamente la realidad del mundo cuerdo. Pichón sostenía que el arte y la locura estaban indisolublemente unidos, pues el arte nos defiende del caos, convierte la confusión psicótica, el delirio, en un mensaje que nos vincula, el arte se opone a la angustia, la vence porque le da un sentido a la vida, nos defiende de la ancestral ansiedad del desamparo humano, principal causa del escape a la locura.
Pichón estaba cómodo en la frontera entre el caos y la razón, entre la vida y la muerte, pero lo pagaba caro, fue un melancólico grave que creaba para no diluirse en esa nada que lo angustiaba, su insomnio también era una manera de no entregarse a esa vivencia de pérdida que lo persiguió toda la vida, en cuya lucha salió triunfante. Cuando murió lo hizo creyendo en la vida. Cuando estaba ya muy enfermo, todo entubado, le dije (con ese humor pichoneano que ya me había contagiado). ”Enrique: tenés que decir tus últimas palabras” y me respondió: “La vida vale la pena vivirla”. Eso hizo que al salir yo del hospital tuviera una intensísima sensación de vida, alguien que estaba ya cerca de la muerte me daba esperanzas. Y Pichón murió a los setenta años completamente vivo (eso me inquieta porque yo estoy por cumplir setenta años pero por suerte siempre tuve atraso mental, nunca pude madurar).

Enrique tuvo una muerte plácida. A la mañana me llamó Ana, fue durante la noche, y tuve el privilegio de preparar al gran guerrero para su último viaje. Recuerdo que elegí una deslumbrante corbata roja que Ana combinó con una camisa rosa y así fue a la ceremonia hecho un dandy, el noctámbulo elegante que siempre fue, haciendo la última transgresión, sin respetar la discreta vestimenta gris que corresponde a los muertos. Y así se fue en ese bote de madera que navega en las aguas del tiempo infinito. Ese infinito tan temido que en realidad tenemos tan cerca, porque está en el mismo fondo de nuestra conciencia.


78 Rajemos que nos agarra…

Vino una vez a Pichón un paciente que estaba completamente psicótico, con un delirio agudo, estaba tirado en el diván, tenía miedo que lo destrozaran, empezó a alucinar que estaba sobre las vías y no se podía mover, que una locomotora venía a matarlo. Cualquier psicoanalista se pone en pose, imposta la voz, se pone de costado, agarra la pipa y baja la sagrada interpretación: “lo que Ud. teme es que el pene de su padre lo atropelle”. Es clásico, me juego la cabeza que el 90 % le diría eso, con lo que el otro se aterra, no era joda, para él venía de verdad el tren... estaba en delirio, el psicoanalista se lo dice desde el mundo real, están en dos espacios distintos, como si uno estuviera despierto y el otro soñando. ¿Qué hizo Pichón en esa oportunidad? se tiró encima del loco, lo abrazó, lo tiró al suelo, mientras gritaba “¡rajemos que nos agarra el tren!”. Se metió en el delirio, lo aceptó y le dio al loco la posibilidad de rajar. Muchas veces en la vida, estamos sobre los rieles y sentimos que viene la locomotora. Pichón le dio la esperanza, la energía de huir y salirse de las vías. Hay gente que se queda ahí, viene el marido violento y la mata. ¿Qué le dio Pichón?, realizó una operación terapéutica, se metió dentro del delirio, como si le hubiera dicho: “¿ves boludo que era fácil? ¡Había que rajar de las vías! pero el paciente solo no podía, necesitaba a otro. Cuando alguien está en el pozo no puede salir aunque le digas desde arriba: “salí del pozo”, tenés que meterte con él. Te metés con una soga, que es la técnica con la cual podrán salir los dos.


79 Ejercicio de psicodrama Patio del hospicio

A esta dramatización la llamamos “el patio del Hospicio”. Se divide el grupo en dos, la mitad hacen de terapeutas y la otra mitad de pacientes. Los que hacen de pacientes tienen que buscar un momento donde se sintieron muy solos y angustiados allá en la infancia, tienen que poner el cuerpo y buscar el lugar. El otro grupo tiene que sacarlo de esa situación sin palabras, solamente por hacer algo que el otro sienta que era lo que necesitaba para salir. La consigna es “no te entregues hasta que el otro te haga lo que vos necesitás”. A veces es acariciarlo, esperar, empujarlo, hacen distintas pruebas, y el que se angustió cuando se da cuenta qué le hacen lo que necesitaba, se entrega. Cada uno de nosotros se entrega con una maniobra distinta, para algunos son necesarios vínculos exigentes, muy corporales, enérgicos y otros distantes, suaves, lentificados. Cada uno de nosotros tiene una clave, un “botón” por donde se abre a la vida.


80 Es irreversible

A un candidato a suicida que se quería tirar del décimo piso, le puse una duda que lo desconcertó. Le dije: 'Fenómeno... vos te tirás del décimo pero ¿mirá si vas por el quinto y te arrepentís? El loco se quedó ahí...desconcertado. Lo que logré es hacer que se diera cuenta que lo que iba a hacer era irreversible. Se puso a pensar si estaba realmente seguro y en la duda, no se tiró.



81 El verdadero perro

Recuerdo a un paciente que tenía fobia a los perros. Hice venir al papá. El padre tenía una terrible cara de perro y una gran agresividad oral que se llama técnicamente pulsión canibalística. Cuando el chico era pequeño el padre apretaba los dientes y le decía: 'Te voy a matar'. Puso el miedo al padre en los perros porque era mejor, ya que al padre lo tenía al lado. Con el tratamiento disminuyó su miedo a los perros y como el padre ya era viejo y con pocos dientes, se resolvió el problema. Esto pasa muy a menudo con los padres muy conflictivos, que cuando les vamos a gritar la verdad ya están sordos de puro viejos.


82 El mapa y el viaje

Una paciente vino y me dijo “usted es mi única esperanza”. Al ver que me depositaba algo mágico, le dije, “me parece que ese pedido tiene más que ver con la Virgen de Luján y le aclaro que no soy virgen ni vivo en Luján, si quiere que yo la ayude a hacer su proceso puedo hacerlo pero le aclaro que es usted quien debe recorrer el camino a la cura”. El paciente debe ser lo menos paciente posible. Yo le hago el mapa pero él hace el viaje.


83 El enemigo imaginario

Estaba dando una conferencia a psiquiatras en un lugar chico y me sentía molesto porque suponía que me podían mirar mal por las cosas que decía. Había alguien que estaba acodado y mirándome con cara rara. Me perturbaba la mirada de ese hombre y pensaba “seguro que es un facho hijo de puta” Entonces, al final de la charla me acerco y le digo “noto por tu mirada que hay algo que te desagrada” y me contesta “no, es que hoy me sacaron una muela y estoy dolorido”. Esto ejemplifica cómo la contestación del otro rompe con la proyección, con el fantasma.


84 Prescribir el síntoma

Los sistémicos usan con los pacientes paranoicos una técnica que aumenta su desconfianza. Después que habló en el consultorio le dice: “¿porqué me contó su vida privada?... usted recién me conoce, tiene que ser más cauto la próxima vez…”. Ya el paranoico es demasiado cauto como para que no lo controlen, entonces el terapeuta lo pone en una situación difícil porque si sigue siendo cauto está controlado por el que le dijo que lo sea y si deja de ser cauto deja de ser paranoico, lo pone en un encierro. Se llama técnicamente prescribirle el síntoma, alentárselo para que en el extremo resulte absurdo. Me acuerdo la historia del grabador que está relatada por Watzlawick. Un paciente le dijo a un terapeuta sistémico: “yo a Ud. doctor, le tengo confianza, pero acá puede haber un micrófono oculto, pueden estar registrando para hacer alguna experiencia científica, pienso que me está grabando”. ¿Qué le diría el psicoanalista? “Lo que pasa es que Ud. teme que sus contenidos de conciencia sean absorbidos por su madre introyectada”, el otro con eso se refuerza, piensa: “este por algo me está diciendo que no”. El terapeuta sistémico hace lo contrario y dice: “mire, la verdad es que yo no puse ningún micrófono, pero a este consultorio lo usan otros terapeutas, además viene gente a limpiar, así que no le puedo asegurar si hay o no, lo invito a que lo verifiquemos”, el paciente contento, van buscando por todos lados, después de un buen rato, el paciente dice: “Parece que no hay nada”, el terapeuta dice: “No, no, sigamos buscando, quiero que quede convencido”. Siguen buscando y al final el paciente dice: “doctor, por favor...acá no hay ningún micrófono. ¿Podemos seguir?”.

Lo que hizo fue llevar al límite el delirio del otro, al llevarlo al límite, se invierte, se da vuelta. Me acuerdo del chiste del gordo de la barra del café, uno de los muchachos le dice: “Vos... ¿Por qué sos tan gordo?”. “Soy gordo porque no discuto nunca”, “¡pero...cómo puede ser que seas gordo por no discutir…!” “Bueno, está bien”. Es como en las artes marciales, el atacado no se opone y el agresor cae al no encontrar resistencia.
85 Inconveniente en ventaja

Raúl Camino, Director del Hospital de Colonia Federal, en Entre Ríos demostró cómo un inconveniente puede ser transformado en ventaja. No le proveyeron de personal psiquiátrico ni psicólogos y había internados trescientos psicóticos. Entonces Camino organizó a los pacientes y al personal de mantenimiento como Comunidad Terapéutica a través del trabajo grupal. Toda la Comunidad decidía la organización en la Asamblea de Comunidad semanal. Fue una república de locos que se transformaron en cuerdos. Al año fueron dados de alta un tercio de los rotulados como psicóticos. La Colonia terminó por autoabastecerse en alimentos y vendía los excedentes. Para mi esta extraordinaria experiencia es el modelo de una psiquiatría dinámica desde la cultura criolla. Raúl se merece un reconocimiento y que se le brinde la posibilidad de humanizar con eficiencia los hospicios.


86 Peña Carlos Gardel

Nosotros trabajamos en el Borda con el modelo de comunidades autogestivas alternativas sin utilizar medicamentos. Lo hemos documentado en cientos de fotografías. En la Peña Carlos Gardel hemos logrado movilizar a los acusados de esquizofrénicos para que se conecten con técnicas comunitarias. La primera técnica que usamos fue entrar por la oralidad, el criollo choripan. Con eso los atraíamos. Había psicóticos autistas que durante años ni se movían. La estimulación no era a través de lo verbal o gestual sino con lo más primitivo que es la comida, al oler el irresistible aroma del choripan se acercaban hasta los más autistas, esta medicación criolla resultó ser de mayor eficacia que el Halopidol.

Luego les mandábamos un chamamé y los correntinos muy lentamente ya movían un pie. Después de más tiempo empezaron a recordar su nombre, su pueblo y su historia. Después ya tenían una comunicación más compleja. La esquizofrenia no es amnesia. Al contar sobre su pasado se les descongelaba su historia. Ese alma congelada por la institución empezaba a revivir, luego de un intenso trabajo el paciente bailaba, hablaba, recobraba su historia. Todo eso lo logramos sin darles una pastilla. La restitución dialógica la pudieron recuperar porque había alguien a quien contársela, dentro de una comunidad que rescataba la cultura popular donde había sido socializado.

Toda esta aventura de la Peña Carlos Gardel está contada y analizada en mi libro “Socioterapia para Sectores Marginados”, que al momento de sus primeras ediciones se llamó “Psicoterapia del Oprimido”.




87 Suicidio

Cuando un adolescente se quiere matar siempre hay que interpretar que lo que está diciendo es “ayúdenme a vivir que solo no puedo”, hay que pensar que dijo eso. Comportarse como si lo hubiera dicho. En realidad, que estaba mal, lo dijo por todos lados y no le dieron bola. Solamente si va hacia el balcón la familia se moviliza. En realidad el mensaje es: “Ayúdenme a vivir”, “Denme bola”, “yo existo”, “no me humillen”, está diciendo algo. Es aceptar eso y ayudarlo, ¿cómo? Haciendo una contención emocional, ahí el afecto es esencial. El que se mata es porque no es querido. Aquí se deben aplicar los Cuatro Pasos.

Hay que considerar que nadie se quiere ir realmente de la vida sino que no aguanta quedarse, esto es muy distinto como punto de vista.
88 Puertas de entrada

Métodos para entrar a la “casa” (la mente) del paciente. En el psicoanálisis se ingresa por la puerta del frente, por la palabra. En un laboratorio de Psicodrama, se entra por la puerta de atrás, la de servicio, porque se entra por el gesto, por la sensación. En la hipnosis clínica se entra por el sótano, por el trance, por abajo. En la Sistémica se entra por la ventana porque se entra por el juego paradojal que causa sorpresa y con el electroshock se entra dinamitando la casa.


89 Terapeuta detective

Para arreglar una vida lastimada, vemos que falta algo, una pieza que complete la Gestalt, que organice el sentido de esa vida. En las obras de teatro esta pieza se llama la clave del nudo dramático, que le da sentido y completa todo lo sucedido. Es la clave, es el develado del misterio, el tema de la obra, la pieza que faltaba que no permitía entender y su búsqueda que generaba la expectativa. En una película policial clásica todo gira alrededor de un hecho: El crimen. Contiene una parte, una pieza faltante que es el asesino, la búsqueda de esa pieza oculta provoca el interés, la expectativa que genera esa historia. Cuando se encuentra esa pieza faltante la historia cierra y termina la película porque no puede seguir más allá. Apareció el cierre. La vida es una película policial, especialmente la vida del paciente que está enfermo. Hay que descubrir al asesino allá en el fondo de la historia lastimada que a veces es el mismo paciente cuando se autoagrede.


90 Personajes terapéuticos

Tres interesantes modelos de operación para poder armar un terapeuta de crisis. Tres personajes: Jesucristo, Sherlock Holmes y Kung Fu, a veces hay que ser Jesucristo, a veces Sherlock Holmes, otras Kung Fu, la clave es amar, deducir y actuar.


91 Tripas y fantasmas

Llegar a ser psicoterapeuta después de ser poeta, prostituta o filósofo porque todos ellos están inmersos en la dramática existencial, sería mejor que llegar a serlo desde un médico que sólo sabe los últimos secretos del cuerpo humano. No tienen nada que ver las tripas con los fantasmas.


92 Desapareció el paciente

Los lacanianos usan la palabra no como herramienta para la comunicación, para el diálogo con el otro, sino como un artefacto en sí mismo. Confundieron el dedo que señala la luna con el dedo, dirían los chinos. Actualmente analizan las palabras del paciente y no su dramática, perdieron al paciente como persona que se les traspapeló entre tantas palabras, lo cual es lo más grave que le puede pasar a un psicoterapeuta. Es equivalente a un domador de leones, con un complejo y lujoso látigo, pero sin león. El león no es el paciente pero sí la enfermedad del paciente.


93 Usos de la electricidad

La Policía la aplica en los testículos para que el detenido hable. Los psiquiatras la aplican en la cabeza, (electroshock) para que el loco no hable porque este siempre denuncia verdades inaceptables o secretos familiares. El paciente dice: “La muerte existe, no me quisieron nunca.....mi vieja es una puta”.

Una vez me trajeron a un muchacho que decía que la madre usaba ropa sexy de color negro, que salía de noche y era prostituta. Por supuesto que era candidato para ser diagnosticado como esquizofrénico delirante por cualquier psiquiatra. La madre era de una familia muy católica y decía “soy mujer de un solo hombre”. Sin embargo en la terapia familiar apareció que ella se había casado con el padre porque era muy rico. Si una mujer cambia sexo por dinero, aunque hubiera cobrado todo por adelantado ¿cómo se llama? Puta… El pibe en su delirio estaba denunciando en forma metafórica la verdad. Todo loco dice la verdad, nada más que lo dice como en los sueños, utilizando metáforas.
94 Borderos

El tipo de terapeuta que proponemos es un psicólogo de trinchera para operar en el margen, con los bordes, debe ser un bordero, debe saber trabajar en el límite, poder manejarse entre la palabra y la acción, entre lo convencional y la transgresión, tiene que saber negociar en la frontera y a veces contrabandear la vida, especialmente en reformatorios, geriátricos, hospicios y otras instituciones de la estupidez y maldad humanas.


95 El amor como terapia

La sexualidad genera un estado de conciencia fuera del espacio-tiempo y en el orgasmo se tiene la vivencia que los orientales llaman estado de nirvana y los franceses petit morte. Los amantes se vinculan con el lenguaje de la piel, usan lenguaje infantil, muy arcaico, así pueden trenzar los secretos de las dos historias y además forman un solo cuerpo. Por eso si se separan cada uno queda con sus raíces al descubierto porque el otro se lleva la parte más íntima de su proyecto, las separaciones de pareja son muy dolorosas porque queda una mitad nuestra en la otra persona. Habían intercambiado figuritas muy queridas, muy íntimas y muy secretas. El amor remueve lo más profundo, eso hace que se ventilen los niveles más profundos de la conciencia y se puedan entender. El amor es terapéutico. Cuando los enamorados se miran generan transes como en las técnicas de hipnosis, cada uno es el terapeuta del otro.

También a nivel corporal el orgasmo es altamente terapéutico porque al ser convulsivo relaja y reorganiza las contracciones musculares asimétricas (se calcula que equivale a tres Valium...).
96 Volverán las oscuras golondrinas…

El arte es importante porque estetiza las pesadillas y nos hace amigo de ellas, si el arte es ligth no sirve, tiene que ser profundo, aludir a las zonas donde tenemos miedo, el arte verdadero siempre habla de los tres grandes temas, el amor, la muerte y la locura. Sirve para entender la vida que es bastante complicada y a veces tiene vuelcos que nos dejan “patas para arriba”.

El arte describe qué nos pasa cuando un vínculo no está más, “Volverán las oscuras golondrinas…pero aquellas que aprendieron nuestros nombres, esas no volverán”. Me parece muy descriptivo el hecho de que cuando se sufre un abandono, se vuelve a ese café y ya no es más ese café porque ella no está. Entonces le agradecemos a Bécquer que te de letra para entender. Lo que enloquece no es lo que ocurrió sino no poder entenderlo.
97 El cuerpo no miente

El consejo que puedo dar para trabajar con psicóticos es tener claro que se dan cuenta de todo y que no le podés mentir, te pescan enseguida por lo gestual. Es fácil engañar a un sano porque jugamos a mentirnos, estamos atentos a lo que decimos y no al lenguaje del cuerpo. El loco te mira las piernas y si las tenés todas enroscadas aunque hables muy serenamente, piensa: 'Esta mina me tiene miedo'. No cree en tus palabras, cree lo que dice tu cuerpo.


98 La araña

Negar algo es verlo y no querer verlo. Es como estar en una habitación y ver una araña pollito peligrosísima, si te decís: “No hay nada”, a la media hora la tenés en todos lados. En cambio si la aceptaste y la seguís por donde va, sabés que está abajo del almohadón y la podés controlar. Negar es mal negocio.


99 Dar vuelta la muerte

En los comienzos de la Dictadura Militar de nuestro país, estaba coordinando un grupo de psicodrama, había como cuarenta personas entre las cuales estaban Ana Quiroga y Pichón. Él venía como paciente (a él le gustaba invertir los roles).

En un momento estábamos dramatizando situaciones más o menos banales (problemas de pareja o alguna cosa de ese tipo) y resulta que vinieron dos personas con mucha angustia y dijeron que no podían dramatizar porque los militares se habían llevado a un compañero, todavía no se decía “desaparecido” sino “se lo llevaron”. En el momento de la tarea apareció la muerte…eso atravesó al grupo, el tema estaba muy presente, era muy persecutorio, y de mucha angustia. No se podía ignorar lo que ocurría y seguir trabajando porque obturaba la tarea, era una situación específica para la intervención en crisis por las ansiedades paranoides que provocaban los secuestros y las desapariciones.

Le pregunto a Pichón que estaba al lado mío: “Enrique, ¿qué hacemos? Me dijo “¡Dramatizalo!. Dramatizá la muerte para poder revertirla, para darnos cuenta de que nosotros estamos vivos”. Yo decidí dividir a la gente en dos grupos y se les propuso: “La mitad se muere, y la otra mitad son agentes de vida, resucitan”. Les pareció bien trabajarlo porque no enfrentarlo era peor; ya que en aquella época todos vivíamos esta situación insoportable de inseguridad y se decidió enfrentar el tema para elaborarlo y revertirlo. Vamos a describir en síntesis el taller, sin señalar detalladamente las técnicas psicodramáticas que se utilizaron.

Entonces la consigna era que la mitad del grupo se muriera ¿cómo? Se tiran al piso y se los considera muertos. Pero ¿dónde estaba el proceso de reversión de la muerte? Todos los demás, la otra mitad, tenían que intentar volverlos a la vida de alguna manera hablándoles, acariciándolos, apretándolos, sacudiéndolos, tomándolos de las manos, etc. para que sintieran ganas de volver. Por otro lado la consigna para los que estaban muertos era “sólo si el otro hace algo que demuestre que vale la pena vivir de nuevo, resucitan. Si no se quedan muertos”.

El antídoto contra la muerte es el vínculo amoroso, no hay otro. Pichón entró en el grupo de los muertos, porque él, un melancólico profesional aprovechó la oportunidad... se tiró al suelo... y se quedó quietito bien muerto. Quedaron todos los muertos en el suelo. Se comenzó de a poco el ejercicio. Sólo el que sentía que el otro le hacía algo por lo cual valía la pena volver a vivir, aceptaba, si no quedaba. Era un desafío grande para los de la vida ¿cómo hacés para que alguien vuelva a la vida? Había mucha emoción porque la muerte estaba circulando en Argentina, hubo un contacto muy intenso entre los “muertos y los resucitadores” y poco a poco empezaron a resucitar.

Era muy emocionante ver cuando decidían volver a esta aventura de vivir y se iban retirando a los costados del salón. Iban quedando los más muertos o los que tenían re-vividores menos hábiles. Enrique quedaba en el suelo (porque a él le gustaba mucho hacer bromas pesadas), y quedó como duro (ya había tenido un ataque). Dramatizó seguramente para él su propia muerte. “Aprovechá a jugar con la muerte antes que la muerte juegue con vos” (se habrá dicho a sí mismo).

Entonces de pronto Laura Jitric que lo estaba resucitando a Enrique me dice con susto ”che, ¿a ver si se nos murió de veras?. Después de un largo rato Enrique abrió un ojo, sonrió y se empezó a levantar.

¿Y después que se hizo? Alguien puso un tango y bailamos nuestra melancólica música. Nos sentíamos juntos y vivos. Los que tenían al compañero desaparecido pudieron concebir que si bien existía la muerte también existía la vida. Tan verdadera como la muerte es la vida. Si negás la muerte, negás la vida. No se puede aceptar un término sin el otro.
100 Tortuga rehabilitada

Yo se que en el fondo soy como una tortuga, un esquizoide, siempre metido para adentro. Esta configuración “tortugénica” es consecuencia de una situación traumática infantil, mi mamá hizo una artritis reumatoide y quedé como náufrago precoz, como huérfano provisorio que aterrizaba en distintos hogares de parientes y amigos. Tuve dos opciones: me quedaba dentro del caparazón y hacía una esquizoidía grave o me transformaba en un antropólogo infantil tratando de adaptarme a los distintos universos donde aterrizaba.



Llegué con mucho esfuerzo a ser una tortuga rehabilitada, puedo salir de mi caparazón y me comunico bien con el mundo, soy un ejemplo de mi teoría terapéutica. Hasta he armado comunidades donde se curaron miles de pacientes (pero…en el fondo sospecho que todos tenemos algo de tortugas rehabilitadas, es el viejo tema de la soledad existencial…).
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