Elementos constituyentes del centro infantil



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ELEMENTOS CONSTITUYENTES DEL CENTRO INFANTIL

El proyecto educativo define las particularidades del centro infantil, a los fines de garantizar el apropiado desarrollo de su proyecto curricular, que, como se ha planteado anteriormente, constituye la expresión y materialización en la institución del modelo teórico que se ha asumido, del currículo que lo fundamenta.

Estas particularidades pueden, en primera instancia, inscribirse en tres grandes consideraciones:

1. Las referentes a la estructura física y material del centro infantil, y que se corresponde con los aspectos de diseño, ambiente, ornato, estética, higiene, entre otros.

2. Las concernientes a la planificación, organización, regulación y control del centro, y que se engloban en lo que constituye la dirección y gestión de la institución, que incluye, entre otras cosas, todo lo referido al personal docente, administrativo y de servicios que labora en el mismo.

3. Las que constituyen la razón fundamental de ser del centro infantil y a las cuales las anteriores deben estar conceptualmente supeditadas: la dirección, organización, y estructuración del proceso docente - educativo.

En la presente unidad se habrán de tratar los temas correspondientes a los dos primeros aspectos, dejando para la siguiente, por su envergadura e importancia, todo lo relacionado con la organización del proceso educativo.

Así, el contenido de la unidad básicamente está compuesto por aquellas cuestiones referidas a la estructura y demás factores de tipo físico y material, lo que concierne al régimen interno y reglamento de la institución, y lo referido a la dirección y organización científica del trabajo en el centro infantil.

2.1 Estructura, Diseño, Ambiente, Ornato Y Estética, Higiene.

La estructura del centro infantil ha seguido, en cierta medida, los mismos avatares que la concepción de la etapa infantil, en el curso de su desarrollo histórico - conceptual. A pesar de que las primeras instituciones infantiles fueron concebidas con sus propias particularidades, un análisis retrospectivo de lo que se ha hecho posteriormente revela que, en algún momento de su devenir histórico, la etapa infantil empezó a ser considerada como un antecedente de la siguiente etapa, la escolar, como un período preparatorio para la escuela sin significación en sí misma. Esto impregnó planes y programas, contaminó a los currículos infantiles, y consecuentemente, se reflejó en la estructura y organización del centro infantil.

De esta manera, el centro infantil empezó a valorarse como una pequeña escuela y, por lo tanto, con los criterios estructurales y organizativos escolares, solo que más pequeños y, aparentemente, menos complejos.

El desconocimiento de las particularidades de esta etapa del desarrollo, y de las necesidades e intereses de los niños y niñas, de las condiciones para su formación y educación, llevó a introducir en la creación de los centros infantiles los mismos patrones estructurales y organizativos habitualmente reconocidos para la escuela, lo cual se reflejó en toda su concepción, diseño, ambiente y modos organizativos.

Un ejemplo de esto lo constituye el comedor centralizado en aquellos centros infantiles que prestan el servicio de alimentación, que es una concepción organizativa netamente escolar aplicada al centro educativo infantil.

En la escuela es típico que, por el número considerable de grupos y matrícula, exista un comedor único en el que se sirve la alimentación de los educandos, y para lo cual se organiza un determinado horario en el que acuden, de manera consecutiva, los diferentes grupos escolares. Esto es lo que se denomina un comedor centralizado.

Al concebirse centros infantiles con horario prolongado, la alimentación de los niños y niñas tuvo que ser incluida, y pareció lógico seguir la misma estructura y rutina que era habitual en la escuela, es decir, un comedor centralizado y un horario paulatino de acceso al mismo para el proceso de la alimentación. En definitiva, el centro infantil era una pequeña escuela, y como tal debía tener un comedor idéntico, aunque más reducido.

Este criterio desconoce totalmente las particularidades del sistema nervioso y de la actividad nerviosa superior de los niños de las primeras edades, en la cual sus procesos básicos de excitación e inhibición no están equilibrados, con un predominio considerable de los procesos excitatorios. De igual manera, desconoce que los hábitos de mesa e higiénico - culturales respecto a la alimentación no están aún suficientemente instaurados, así como que los analizadores auditivos y cinestésicos están en plena maduración, entre algunos elementos a destacar. En suma, desconoce que el niño infantil es un niño totalmente diferente al escolar.

Una investigación dirigida en Cuba por F. Martínez Mendoza a mediados de la década de los setenta propició un conocimiento más profundo de esta problemática. A pesar de que el proyecto típico cubano para la construcción de un centro infantil consideraba la realización de la alimentación en los propios salones de cada grupo, la existencia simultánea de casas que se habían adaptado como instituciones infantiles, planteó la disyuntiva de si se debía seguir el mismo patrón o hacer comedores centralizados en este tipo de instalaciones, lo cual parecía tener cierta lógica, además de que era bastante usual en los centros infantiles en otros países.

El equipo de investigadores, en el que se incluyeron psicólogos, pedagogos, fisiólogos, nutriólogos, audiólogos y otros especialistas técnicos, realizó un estudio multidisciplinario de las particularidades y condiciones organizativas de este tipo de comedor, estableciendo conclusiones de las cuales se reflejan algunas de las más relevantes:



  • Se comprobó que el nivel de ruido que se producía por la presencia de varios grupos coincidentes, sus educadoras y auxiliares, la manipulación de los útiles del comedor, el movimiento del mobiliario, entre otros factores, excedió siempre el límite permisible de recepción auditiva de los niños y niñas por su alto número de decibeles, provocando alteraciones en su actividad nerviosa superior que se comprobaba en las dificultades del comportamiento, la realización de movimientos superfluos, el rechazo a la situación de alimentación, etc.

  • Aunque se tomaban medidas organizativas, con una frecuencia significativa se daban situaciones en que los grupos coincidían, tanto en el proceso como en su organización, lo que causaba espera de unos para el acceso al local, con su consecuente alteración del comportamiento.

  • El hecho de que los diferentes grupos etarios del centro infantil tienen un desigual ritmo y adquisiciones en el desarrollo, hace que unos realicen el proceso relativamente rápido mientras que otros, sobre todos los niños y niñas más pequeñitos, lo hagan considerablemente lento, y para resolver esto se toman decisiones organizativas que generalmente vulneran el horario de vida de los niños.

  • La formación de hábitos de mesa y de higiene personal presenta dificultades serias, en primer lugar porque el comedor centralizado no puede tener el número de lavabos que se requieren para tantos niños, además de la imposibilidad de trabajar la educadora y auxiliares al ritmo individual de cada niño, lo que causa aglomeraciones o incumplimiento de lineamientos higiénico – sanitarios.

  • Como consecuencia de todo lo anterior, la formación de hábitos alimentarios es afectada, lo que causa igualmente rechazo en los niños a la ingestión de alimentos. De igual manera, al generalmente coincidir uno o más grupos de diferentes edades, el personal educativo tiende a aplicar métodos semejantes para todos los niños, lo que causa inconvenientes en su atención.

  • Los datos fisiológicos, nutriológicos y los exámenes de laboratorio revelaron que, por incidencia de los factores anteriormente citados, no solo se afecta la ingesta sino también la absorción de los nutrientes, lo que puede causar problemas de malnutrición en los niños y las niñas.

Por sus efectos perjudiciales para los niños y niñas, estos resultados determinaron la no inclusión del comedor centralizado en la institución infantil, y la realización del proceso de alimentación en el propio salón del grupo, lo cual implica también soluciones estructurales y organizativas que se han de tratar posteriormente.

Por supuesto, el estudio investigativo se realizó en centros infantiles grandes y de alta matrícula, que generalmente tienen todos los grupos, y muchas veces son de subordinación estatal. En los centros infantiles de iniciativa privada, que regularmente tienen poca capacidad y matrícula, es posible que se facilite el tener el comedor centralizado, pues suelen hacer coincidir todos sus pequeños grupos al mismo tiempo, lo cual no los exime de las dificultades planteadas en el estudio realizado, en particular en lo referente a los aspectos de formación de hábitos e higiénico – culturales, así como del manejo educativo.

Lo más interesante de esta discusión es que los primeros centros infantiles creados, de inicio plantearon la realización del proceso de alimentación en los respectivos grupos, como se realizaba en el Kindergarten de Fröebel, y que esta idea de un comedor central parece ser una adquisición relativamente tardía en la organización de la vida diaria de los niños y niñas en el centro infantil, obviamente derivada del enfoque escolar.

En muchos centros, fundamentalmente los de iniciativa privada, no existe proceso de alimentación como tal, y los niños y niñas suelen llevar un pequeño lunch en sus bolsos o mochila que ingieren en cualquier lugar. En este caso, independientemente de las problemáticas socioeconómicas presentes, pues unos niños pueden llevar alimentos mucho más elaborados y deseables que aquellos de menos recursos, siempre ha de estar presente la necesidad del trabajo educativo con los hábitos higiénico – culturales en este pequeño proceso, muchas veces olvidado en la rutina diaria.



2.1.2 Tipos de estructura:

La estructura constructiva del centro infantil suele ser de dos tipos:



1. Construcciones específicamente creadas para este tipo de institución educativa.

2. Casas, u otro tipo de construcción, que se adaptan para funcionar como centro infantil.

Los primeros centros infantiles creados, y los pertenecientes en su inicio a los modelos curriculares clásicos, fueron organizados en casas de vivienda o locales, que se adaptaron a las necesidades y requerimientos de un centro infantil, como sucedió con el Kindergarten de Fröebel o La Casa dei Bambini de Montessori. En la medida del desarrollo de la educación infantil, surge como menester hacer una construcción especialmente para tales efectos y que, como se ha dicho anteriormente, tuvo su concepción impregnada durante mucho tiempo, de los criterios escolares.

En cualquier caso, ya desde inicio de los clásicos se empiezan a plantear consideraciones sobre como se debía concebir y construir un centro infantil, que respondiera a las particularidades y necesidades de los niños de estas edades. Muchas de las cuestiones que actualmente se plantean como innovaciones o modernizaciones dentro de la organización de un centro infantil, ya habían sido señaladas por los grandes autores del currículo infantil, no solo en el ambiente humano sino también en el físico. Algunos de estos planteamientos hemos de señalar a continuación, y que por su sentido mantienen plena vigencia en la educación infantil actual:


  • El centro infantil ha de tener un gran espacio exterior organizado, para su uso variado: juegos, paseos, el huerto y el jardín (Fröebel).

  • El kindergarten ha de tener la menos una sala de juegos, otro para ocupaciones (actividades), una antesala y un jardín o patio. La sala interior requiere buena iluminación natural y ventilación apropiada (L. Malucska, citando a Fröebel).

  • El mobiliario ha de ser proporcional al niño, con bordes redondeados. Han de existir bancos – escritorios desarmables y transformables, en mesas de uno – dos niños, y para pequeños grupos. Han de existir estantes al alcance de los niños (Fröebel).

  • En la decoración ha de haber cuadros de animales, paisajes campestres, escenas naturales, bien visibles (Fröebel).

  • La organización de los grupos ha de ser mixto, con edades mezcladas (Fröebel, Montessori, Decroly).

  • La organización de los grupos etarios ha de corresponderse en secciones de un año (Agazzi).

  • Los locales de los niños y las niñas deben reunir requisitos especiales de higiene y buena iluminación, ventilación, calefacción, etc. (Agazzi).

  • Ha de existir una proporción de espacio en metros cuadrados por niño, tanto en el interior como en el exterior (Agazzi).

  • El ambiente de los niños y niñas ha de estar especialmente estructurado (Montessori).

  • El mobiliario ha de ser claro, transportable, ligero y ha de corresponderse con la estatura y la fuerza de los niños (Montessori).

  • El ambiente externo ha de tener al menos terraza, un jardín y una pequeña huerta (Montessori).

  • La institución infantil ha de posibilitar el contacto directo con la naturaleza y tener una huerta, jardín, un rincón de animales (Decroly).

Estos son solo algunos planteamientos de los clásicos respecto a la organización de la vida de los niños, el ambiente físico, el mobiliario, etc. En realidad los aportes más significativos y vigentes se encuentran en el proyecto curricular, pero resulta interesante comprobar que también en la dirección y organización del centro infantil, señalaron cuestiones que muchas de ellas mantienen significación actual.

La posibilidad de hacer una construcción específica para un centro infantil posibilita dos aspectos importantes:

1. Garantizar que la construcción y su consecuente organización responda a las particularidades y necesidades de los niños y niñas de estas edades.

2. Permitir la normación de los lineamientos de dirección, organización, regulación, control y gestión del centro infantil.

Esto último es particularmente importante para los centros infantiles de subordinación estatal, pues permite hacer homogéneo al sistema educativo en el sentido organizativo, lo cual tiene implicaciones económicas relevantes. En el caso de los centros de iniciativa privada, que en algunos países tienen poco control estatal de su gestión, la normación es irrelevante, puesto que, son pocos los casos en que exista un particular que posea un número considerable de centros, ya que generalmente solo les pertenece un centro o dos.

No obstante, en determinados lugares existen organizaciones no gubernamentales o empresas privadas grandes que tiene un buen número de centros infantiles bajo su jurisdicción, y a los que también interesa las posibilidades de normación.

Si bien la institución de iniciativa privada no forma parte de una normación estatal, sí requiere decididamente de un proyecto normativo específico, que establezca, al igual que ha de hacerse con las casas adaptadas como centros infantiles y que pertenecen al sector estatal, las regulaciones y particularidades de su organización particular.

El proyecto de organización del centro infantil constituye la definición del centro desde el punto de vista constructivo y organizativo, e incluye lo correspondiente a la descripción del inmueble, el uso de las distintas dependencias, la organización y estructura de los grupos etarios, la plantilla del personal y su distribución, la capacidad y matrícula por salón y de todo el centro infantil, etc., de acuerdo con las disposiciones legales vigentes o establecidas por las instancias de educación.

Este proyecto de organización se norma para las instituciones estatales, que han de seguir en términos generales los lineamientos organizativos establecidos, y que suelen especificarse en diversos documentos normativos, lo que hace que todos los centros infantiles que pertenecen a una determinada comunidad educativa “se parezcan”, tanto en lo concerniente a su construcción, como a su organización. Las casas que se adaptan, bien sean de iniciativa privada o estatales, son diferentes, y requieren entonces de un proyecto de organización propio, porque son imposibles de ubicarlas en una normación general, y requieren un estudio particular de cada inmueble.

Tanto en uno como en otro caso, el proyecto curricular define las particularidades del centro infantil, que desde el punto de vista organizativo, se supedita al mismo para que, no importa el tipo de construcción, responda teórica y metodológicamente a su modelo.

La definición de la estructura del centro infantil tiene que ver con variados aspectos, que han de responder a tres cuestiones fundamentales:



1º. Que esta estructura se corresponda funcionalmente con las particularidades y necesidades de los niños y niñas de estas edades.

2º. Que la misma se corresponda funcionalmente con las particularidades de la organización del proceso educativo.

3º. Que se corresponda funcionalmente con las particularidades de la dirección, organización y funcionamiento del centro infantil.

El orden de estos factores es determinante: Lo primero es el niño y la niña, de esto se deriva lo que hay que hacer en el proceso educativo, y consecuentemente, como hay que dirigir y organizar el centro para poder cumplimentar los dos fundamentos previos.

Así, se plantea un axioma fundamental de la estructura y organización del centro infantil: la organización del centro infantil constituye un problema pedagógico. Esto implica lo señalado anteriormente, con respecto a la prioridad de los factores mencionados.

De esta manera, todo el centro infantil debe responder a la satisfacción de las necesidades y requerimientos de los niños y niñas de esta edad, el régimen de vida de los niños y niñas determina la distribución del personal y no a la inversa, la preparación y capacitación del personal docente ha de realizarse en un período donde no afecte la atención de los pequeños, entre tantas cosas a considerar.

La propia construcción ha de seguir este pronunciamiento, y la misma no puede estar ajena a lo que se requiere para la edad. Construir un centro infantil no es solamente una tarea de arquitectos y diseñadores, sino que requiere del concurso de especialistas que tienen un rol incluso más importante: el psicólogo, el pedagogo, el médico, el fisiólogo, el dietista, entre otros, que son los que dominan las particularidades, necesidades y condiciones que requieren los niños y niñas de estas edades para su más adecuado desarrollo. Por lo tanto, los criterios de diseño y constructivos, si bien son muy importantes, han de supeditarse a los técnicos educacionales y médicos.

En realidad, la construcción de un centro infantil requiere del concurso de todos estos profesionales, en los que cada uno aporta lo que considera mejor para garantizar el más apropiado desarrollo de los niños y niñas, llegando a acuerdos que posibiliten la más eficiente funcionalidad del mismo. En Cuba, en el año 1974, se normaron los proyectos típicos para los centros infantiles, y fue necesario crear una comisión responsabilizada con esta tarea, la cual contó, además de los especialistas anteriormente señalados, con antropometristas, trabajadoras sociales, ingenieros, entre otros. De todo este trabajo conjunto se elaboró el primer proyecto normativo del círculo infantil, y a partir de ese momento en dicho país se determinó no hacer más centros infantiles en casas adaptadas, sino en construcciones ad hoc, y que fueron establecidas por el proyecto de referencia.

Algunas de las investigaciones que fueron necesarias realizar para este propósito, serán referidas en el transcurso del módulo, ahora solamente señalaremos dos ejemplos en los que se expresan de manera fehaciente los criterios anteriormente destacados.

Con anterioridad se refirió el análisis de la realización del proceso de la alimentación en los salones de los grupos preferentemente a hacerlo en un comedor central, lo cual fue determinado por los resultados de la investigación dirigida por F. Martínez. Para poder propiciar el servicio de alimentación en los salones, es necesario que los alimentos se sitúen en un carro - termo, que debe deslizarse por los pasillos del centro infantil sin encontrar obstáculos de ninguna clase, sobre todo en los centros de amplias dimensiones, como suelen ser los de subordinación estatal. Si el centro es de dos plantas, tiene que garantizarse la existencia de un pequeño elevador solo para el traslado de alimentos, que son depositados en un carro - termo ubicado en esa planta, para ser servidos en cada salón por el personal manipulador de alimentos. Como se observa, el diseño arquitectónico del centro infantil tiene que contemplar que la estructura del inmueble posibilite la realización de esta acción.

Un segundo ejemplo es bien representativo. Cada salón del centro infantil ha de responder a las particularidades específicas de la edad de los niños y niñas que lo ocupan, de su nivel de desarrollo. Así, la sala del segundo año de vida, que acomoda a niños de 12 a l8 meses, que tienen dos períodos de sueño diurno, es la misma de la de 18 a 24 meses, que tienen un solo período. Esto implica que el salón ha de tener una solución de tipo constructivo que posibilite que, mientras los más pequeñitos duermen, los otros mayorcitos que están en vigilia realicen su actividad sin perturbar el sueño de los otros. A su vez, como estos niños no controlan bien todavía sus esfínteres, el baño debe imprescindiblemente estar dentro del salón, con un fácil acceso, y tener inodoros reducidos en tamaño, para permitir su uso por los niños y niñas sin riesgo de accidente.

A su vez, se requiere que el área exterior esté inmediata al salón, y sin obstáculos (escalones, desniveles, etc.), con gran amplitud, pues estos niños y niñas acaban de descubrir la marcha independiente y requieren de mucho movimiento, lo que siempre se debe posibilitar, si bien hay que tomar medidas para delimitar el área, aunque sin uso de cercas, pues estos niños y niñas son grandes caminadores y si no se vigilan, se escapan y deambulan por todo el centro infantil.

Por supuesto, el salón del segundo año siempre ha de estar en la planta baja cuando se trate de un centro biplanta, porque estos pequeños aún no tienen un desarrollo motor como para poder subir fácilmente escaleras, ni pueden tampoco las educadoras y el personal auxiliar estar cargando a todos cada vez que subieran o bajaran de un piso a otro.

Sin embargo, si se observa al grupo del sexto año de vida, se destaca que el aula puede estar en la segunda planta, que el baño no tiene porqué estar dentro del salón, y que el área exterior de juego puede ubicarse al otro extremo del centro infantil, si así fuera necesario.

De esta manera, las particularidades del desarrollo de los niños y las niñas determinan las condiciones constructivas del centro infantil. Y así en cada uno de los aspectos que conciernen al trabajo educativo que se realiza en la institución, en cada una de las actividades y procesos de satisfacción de necesidades básicas, en cada faceta del trabajo que demanda el proyecto educativo o el curricular, se requiere una solución constructiva o de diseño, que debe ser considerada al crear un centro infantil.

Antes de entrar en las particularidades de como el proyecto educativo del centro infantil concibe sus distintas dependencias generales, se hace necesario especificar algunas cuestiones respecto a la determinación de la capacidad del mismo, y de su mejor aprovechamiento, lo cual es muy importante en los centros de subordinación estatal, si bien también lo es para los de la iniciativa privada.



2.1.3 La capacidad del centro infantil.

 La determinación de la capacidad de un centro infantil es un asunto de extrema importancia para el estado de salud general de los niños y las niñas, y para su bienestar emocional.

La higiene escolar regula el número de niños que pueden simultáneamente convivir en un grupo, de acuerdo con el espacio existente y la posibilidad de satisfacción de las necesidades básicas de los niños. Esto nos lleva al concepto de superficie vital.

Por superficie vital ha de entenderse todo el espacio que el niño y la niña requieren para desplegar su actividad vital sin interferencias y sin perjuicio a su salud.

En el caso del centro infantil la superficie vital comprende no solamente el salón, sino también las áreas exteriores, los pasillos, las áreas comunes, y todo aquel espacio en que los niños y las niñas pueden convivir, jugar, intercambiar, caminar, etc. Las dependencias administrativas, los locales de la cocina y la lavandería, etc., no constituyen espacios de la superficie vital, porque teóricamente el niño y la niña no han de estar o realizar ninguna actividad habitual en dichos lugares.

Las normas internacionales más modernas, señalan que a cada niño en el centro infantil le corresponden dos y medio metros cuadrados de superficie vital, lo cual sirve de índice para calcular la capacidad general del centro y de cada salón en particular, la cual generalmente las determinan, o deben determinarlo, las instancias de salud pública.

La normación permite uniformar la superficie vital, así como reglamentar la capacidad de los salones del centro infantil, y así habrá centros de 80, 100, 120 o 180 niños, por nombrar algunas, y los proyectos constructivos pueden entonces hacerse relativamente homogéneos.

En las casas adaptadas se hace indispensable hacer un estudio profundo de su superficie vital, para poder determinar su capacidad. Con una cierta frecuencia, en particular en los centros de iniciativa privada, estos elementos son desconocidos, y la capacidad se determina de manera arbitraria y por una lógica de base empírica, lo que hace que con asiduidad existan problemas organizativos y se afecte el estado de salud de los niños y las niñas, en particular cuando no se solicitan los criterios de las instancias públicas de la salud, y se hace a veces por una persona que ni siquiera es educador.

Lo más interesante de todo esto es que los clásicos de la educación infantil, expresaron su inquietud en este sentido, algo que algunos en la actualidad parecen haber olvidado. Así, por ejemplo, Fröebel planteó que en el Kindergarten en su sala de juegos debía corresponderle a cada niño o niña 0,66 metro cuadrado. Las hermanas Agazzi refirieron que el espacio cubierto del centro debía tener al menos 4 metros cuadrados, y l0 en el espacio abierto, incluyendo el jardín. Que estas cifras no se ajusten apropiadamente a los criterios actuales, en nada demerita la lucidez de estos planteamientos.

El sobrepasar la capacidad de los centros, y específicamente del salón, puede conducir al hacinamiento, el cual resulta en extremo perjudicial para el estado de salud y emocional de los niños y las niñas, en especial en los grupos de edad temprana, del primero al tercer años de vida, es decir, del nacimiento hasta los tres años. En los grupos mayores también resulta muy negativo, pero en alguna medida estos niños y niñas se saben “defender”, y buscan posibilidades de acción que los más pequeños no pueden, ni saben, como resolverlas.

En resumen, la capacidad de un centro infantil es un asunto bien serio a considerar dentro de su proyecto educativo, y no puede ser determinada por alguien improvisado, sino bajo un profundo conocimiento de la edad y de las implicaciones que la misma tiene para su estado de salud y desarrollo general.

Un segundo aspecto a considerar dentro de la capacidad de un centro infantil se refiere al aprovechamiento de esta capacidad, a la no subutilización de la capacidad instalada, lo cual constituye un problema social, puesto que, hacer funcionar un centro por debajo de sus posibilidades de atención, se convierte en una situación seria para una institución que presta un servicio a la comunidad.

Existen fórmulas para valorar el índice de utilización de un centro infantil, las cuales son muy útiles para su análisis económico y social.

Una de ellas es la relación existente entre la capacidad y la matrícula, y que se expresa por la fórmula:

M/C X 100

Este índice nos revela cuanto por encima de la capacidad establecida es posible tener de matrícula, para no exceder el límite aconsejable. Si un centro infantil tiene una capacidad de 80 niños, y su matrícula coincide con esta capacidad, lo más probable es que se esté subutilizando dicha capacidad, pues no todos los niños asisten todos los días, por los más diversos motivos: enfermedad, condiciones climáticas, vacaciones de los padres, causas fortuitas, etc. El límite más aconsejable suele estar entre un 15 a un 20% de matricula por encima de la capacidad, para de esta manera posibilitar alrededor de un 100% de sus posibilidades. Por supuesto, la variación etaria es importante, y los grupos mayores, que suelen no faltar, han de tener una matrícula por encima mucho más reducida que los grupos de edad temprana, en particular el primer año de vida, que suele inasistir con frecuencia, por su fragilidad y por la preocupación de los padres, que cualquier motivo suelen no llevarlos al centro infantil.

Por supuesto, hay que prever que la matrícula tampoco sea excesiva para garantizar el aprovechamiento de la capacidad, el problema entonces no radica en aumentar el número de niños, sino en trabajar con los padres para garantizar la asistencia.

Otra fórmula importante es la que relaciona la capacidad y la asistencia, que se expresa mediante:

A/C X 100

Esta proposición nos indica realmente cual es el aprovechamiento de la capacidad instalada. Siguiendo el ejemplo anterior, si hay un centro infantil que tiene una capacidad de 80 niños, y solamente le asisten diariamente alrededor de 60-65 niños, tendrá un aprovechamiento de la capacidad de un 75 a un 82% en números redondos, lo cual es bajo y significa que hay una subutilización de la capacidad instalada.

El rango aceptable de utilización de la capacidad nunca ha de ser menos de un 85%, empezando a considerarse como bueno cuando supera el 90% o más. De nuevo incrementar la matrícula no es la solución para resolver el problema del aprovechamiento, sino trabajar con los padres para resolver esta situación.

La última proporción a considerar es la relación que existe entre la asistencia y la matrícula, y que nos da un índice de como se comporta cualitativamente el problema de la asistencia al centro infantil, y que se expresa mediante:

A/M X 100

Considerando el ejemplo anterior, si el centro infantil de capacidad 80, tiene una matrícula aconsejable de un 20% mas, es decir, 96 niños, y le asisten solamente 60-65 diariamente, tiene entonces un indicador del 70 al 75%, lo cual también es bajo, y requiere de un trabajo consistente con los padres para superar esta deficiencia. El rango de este indicador siempre ha de superar el 80% para valorarse como bueno.

Estos tres indicadores se manejan interrelacionados, y nos revelan la efectividad del centro como institución social, y la medida en la que funciona a su más conveniente nivel. Por lo general estos indicadores también tienen una valoración económica importante, y sirven para muchas decisiones de dirección.

En los centros de iniciativa privada el análisis de estos indicadores también resulta de consideración relevante, porque en cierta medida reflejan si el centro es costeable o no, si se está excediendo lo técnicamente aconsejable, si hay una apropiada distribución del tiempo de trabajo del personal, entre otros aspectos a valorar.

Un último aspecto a considerar en cuanto a la capacidad de un centro infantil es básico no pasar por alto, y conduce por lo general a dos importantes preguntas: 


  •  ¿A cuanto debe ascender la capacidad máxima de una institución para los niños de estas edades?

  •  ¿Cuál debe ser el rango máximo de capacidad de un salón para estos niños y niñas?

La capacidad máxima de un centro infantil está relacionada con muchos factores técnicos, y no solamente los constructivos y materiales, entre ellos se encuentran:

  • La superficie vital, como ya se ha señalado.

  • Condiciones materiales que respondan adecuadamente a las necesidades del trabajo educativo.

  • La disponibilidad del personal, y la apropiada proporción de este con respecto al número de niños y niñas.

  • El nivel técnico de las educadoras y auxiliares pedagógicos.

  • Las particularidades socioculturales de la comunidad en que se encuentre enclavado el centro.

Estos son solamente algunos de estos factores, que de conjunto determinan la capacidad óptima que se puede asumir dadas las condiciones existentes. No obstante, las propias particularidades de la edad, y la función social que ha de cumplir el centro, son elementos que es necesario conjugar en esta valoración

El centro infantil desde sus inicios se concibió para grupos pequeños, que permitieran una interrelación estrecha entre los niños y niñas y los adultos que los educan. Es decir, más que el ambiente físico, la preocupación radica en el ambiente humano, el cual puede ser seriamente afectado cuando existen grupos etarios excesivamente numerosos. Fröebel preconizaba que los grupos debían ser de l5 o 20 niños, con una alta proporción de “jardineras”, las Agazzi, que trabajaban con niños de clases desfavorecidas señalaban la posibilidad de 30 niños para una institutriz y una niñera, además de la cocinera, Decroly planteaba que no debían exceder de 20 a 25 niños y niñas, Montessori señaló grupos heterogéneos (de varias edades) también pequeños como el modelo froebeliano.

Esto nos lleva a plantear que la educación inicial siempre se ha concebido para instituciones relativamente pequeñas, que permitan una interacción directa y estrecha del personal educador con los niños y niñas, y la posibilidad de un tratamiento individualizado. Pero la realidad social impone necesidades, y se hace preciso conjugar unos y otras posibilidades.

Un estudio general de los diferentes proyectos educativos en varios países parece indicar que la capacidad máxima de un grupo de niños y niñas en estas edades no debe exceder de 30, lo cual, por supuesto, está estrechamente relacionado con la proporción del personal educativo que puede atenderlos. Si se considera que, en muchos proyectos educativos los grupos etarios se organizan por años de vida, lo cual significa seis de estos grupos, el máximo de capacidad entonces sería de 180 niños para todo el centro infantil, cifra que parece ser el límite para este tipo de institución.

La experiencia ha demostrado que, cuando se excede esta capacidad, el centro infantil comienza a tener problemas en su organización y desarrollo del trabajo educativo, que no se resuelve con el incremento del personal. El problema radica en que el niño y la niña de estas edades tienen características y necesidades que requieren de una acción técnica individualizada, con un contacto afectivo estrecho y directo, que en los conglomerados grandes suele fácilmente perderse.

La proporción entre el número de niños y niñas y el personal educativo que puede atenderlos, es un tema que ha de ser tratado en este módulo cuando se analice la organización y distribución del personal en el centro infantil.



2.1.3 El diseño y el ambiente del centro infantil.  

El ambiente del centro infantil se puede considerar desde dos puntos de vista:



1º. El ambiente humano, fundamentalmente dado por la relación entre los niños y las niñas y los adultos que los atienden y educan.

2º. El ambiente físico, que se relaciona directamente con la organización, distribución y funcionamiento de los factores materiales, principalmente el espacio.

El ambiente humano constituyó siempre la principal preocupación de aquellos que promovieron la educación de los niños de las primeras edades en una institución infantil, de manera mucho más acentuada que otros aspectos del ambiente. En este sentido Fröebel llegó a plantear que el medio físico no es lo más fundamental, sino lo que se produce a partir de ese ambiente, y explica en cierta forma el porqué las alusiones de Fröebel a las particularidades de como organizar el ambiente físico sean realmente escasas en su obra.

Para Fröebel lo principal era el ambiente humano, por ser el centro infantil un lugar eminentemente formativo, más que de simple atención al cuidado del niño y la niña.

En este sentido más general no hay nada que oponer al criterio froebeliano, al plantear de que no es condición suficiente el tener buenas condiciones materiales, si no existe una apropiada interrelación humana entre los niños y niñas y sus educadores, si no hay una atmósfera comprensiva, un trato personalizado, un medio estimulante. Es bien conocida la experiencia de R. Spitz en su estudio de la separación materna de los niños y niñas que ingresan a instituciones, que encontró serias deficiencias físicas e intelectuales en dichos niños, a pesar de que las condiciones materiales de atención eran óptimas. El trato mecánico e impersonal de quienes los atendían, unido a criterios desacertados desde el punto de vista técnico, fueron factores relevantes para el cuadro encontrado por el psicoanalista francés en sus estudios en tales instituciones.

Por lo tanto, ambiente físico y ambiente humano positivos son indispensables en la formación y educación de los niños y niñas en el centro infantil.

Estos dos aspectos están determinados por el proyecto curricular y el proyecto educativo, y se conjugan para determinar lo que se conoce como el clima emocional y educativo del centro infantil.



El clima emocional del círculo infantil puede definirse como el resultado de la unidad dialéctica de los factores humanos y ambientales, que determina la consecución de una atmósfera en el centro infantil, propicia para un sano desarrollo de la personalidad de los niños y niñas, su bienestar psicológico, y estimuladora del proceso de apropiación cognoscitiva que se da como resultado del trabajo educativo. Los factores componentes del clima emocional son:

CLIMA EMOCIONAL DEL CENTRO INFANTIL












Como se destaca en el cuadro anterior, el clima emocional del centro infantil tiene que ver con diversos factores: ambientales o del medio circundante, organizativos, psicológicos y pedagógicos, sociales, cuya acción de conjunto determina que el mismo tenga una atmósfera propicia para la labor educativa y para la estancia feliz de los niños y niñas.

En el presente módulo se han de analizar variados aspectos que tienen que ver de manera estrecha con el clima emocional, directa o indirectamente, y que poseen una importante significación para el funcionamiento de la institución.

El diseño del centro infantil y su concepción arquitectónica ha de corresponder con lo que es recomendable desde el punto de vista psicológico - pedagógico y organizativo, para promover su mejor funcionamiento y de la labor educativa que se realiza. Con cierta frecuencia se tiende a restarle importancia al diseño del centro infantil, o que las soluciones organizativas han de resolver las dificultades que pudieran presentarse por motivos de la estructura de la instalación. Si bien es valedero que lo básico son las acciones de tipo organizativo, no es menos cierto que los factores de diseño pueden causar serios problemas cuando no se ajustan a lo técnicamente aconsejable para el proceso educativo. Un ejemplo de esto es el tema anteriormente tratado del comedor centralizado.

Este diseño ha de responder, como se ha dicho anteriormente a tres factores:


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