El surgimiento de la antropología feminista



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Tema 2. Explicando la subordinación de las mujeres

Veremos con la ruptura del sesgo androcéntrico que también se produce una reformulación teórica diferente, reformulando las teorías sobre la evolución, y suponiendo una ruptura epistemológica, donde se cambian las formas de conocimiento hasta la fecha. Importante componente crítico, de revisión de las teorías.

La antropología de los géneros surge como critica al androcentrismo en las ciencias sociales, ciencia que también es producto de un determinado momento sociohistórico, siendo un producto socialmente construido y que nos es ajeno a las condiciones de poder hegemónicas de cada época.

Lo que se plantea es que las mujeres son unos de los grupos socialmente excluidos de la producción científica, grupo minorizado. El problema del androcentrismo, que es lo que se considera relevante en el análisis de la realidad social, que como hemos visto en el tema 1, no es tanto un problema de ausencia de la mujer en dichos análisis, sino un problema de representación. Aparecen ligadas siempre a su condición reproductora, naturalizadas, biologizadas. Para erradicar el androcentrismo se plantea que la mera introducción de la mujer al análisis es condición necesaria, pero insuficiente, ya que no basta con esta introducción, sino que es necesario una revisión crítica sobre los cimientos teóricos que se ha producido dichas teorías. Requiere de un proceso de reflexión sobre todas las ciencias, y en este sentido, M. A. Duran, socióloga española, que en el año 1982 publica unos textos de revisión de mujeres en las ciencias sociales, llamado Liberación y utopía, que es una compilación de textos, que es una revisión del androcentrismo en diferentes ciencias; hay un capitulo, La mujer ante la ciencia, donde propone diez fases necesarias para ese proceso de reflexión sobre cada ciencia:



  • Cuatro de ellas son: necesidad de recuperar críticamente la historia de cada disciplina (otro libro, Continentes robados, de Wriht, donde se vuelve a escribir la historia de la conquista de América, tomando la producción nativa de los pueblos sudamericanos; en este caso lo que se intenta revisar es el sesgo etnocéntrico).

  • Una segunda fase seria hacer una crítica a los elementos androcéntricos que subyacen a la teoría y los conceptos utilizados. En la teoría marxista, la mujer no entra dentro de las categorías de clases sociales, estando sesgado. Los conceptos, en la medida de tales, tienen que servir para explicar el total de la realidad, y no solo una parte. También revisar lo elementos metodológicos, de métodos y de investigación.

La crítica se inicia en los EE.UU., y no llega hasta España sobre los años 80, con primeros seminarios, jornadas, publicaciones… (Vemos definición de M. Molyneux del androcentrismo)

Es muy importante tener en cuenta el impacto del feminismo como movimiento político. Movimientos feministas que en los años 60 forma parte del resurgimiento de estos movimientos sociales. Va a plantear interrogantes y preguntas a la academia, haciendo emerger temas que la investigación va a tratar de responder, de abordar.



En esta articulación entre movimientos políticos y producción científica se expresa en dos grandes etapas:

  • Primera Etapa de crítica al sesgo androcéntrico, y de reelaboración teórica (Tema 1 y 2). De los años 60-70, con dos grandes objetivos:

    • Crítica al androcentrismo, con una revisión de las teorías clásicas:

    • Elaboración de nuevos conceptos teóricos.

  • Segunda Etapa (Temas 3, 4 y 5) que sería de renovación de los enfoques teóricos elaborados en la primera fase.

Dentro de la primera etapa, en el primer objetivo podremos decir que corresponde todo lo visto hasta el momento. Mujeres investigadores (las primeras en asumir esta tarea), antropólogas, que plantean este sesgo androcéntrico a la comunidad científica, con la revisión teórica de dichos planteamientos, donde faltaba la explicación sociológica de la diferencia y desigualdad de sexos. (Repaso tema anterior sobre evolucionismo, Engels) Salvo ciertos precedentes, como M. Mead, este panorama de naturalización y biologización no cambia en la primera mitad del s XX (repaso culturalismo, estructuralismo, funcionalismo, y neoevolucionismo). El problema reside en que los antropólogos/as son miembros de una sociedad donde el hombre y lo masculino son el patrón, el modelo normativo de la sociedad, de toda la sociedad (etnocentrismo, donde se proyectan las categorizaciones y clasificaciones sobre la unidad de estudio), con lo que el androcentrismo no es un sesgo de los hombres, sino de la sociedad en general, mediante la cual proyectamos situaciones y características propias de nuestra sociedad.

E. Leackoc estudió el impacto de la colonización sobre hombres y mujeres, y como transformo las organizaciones sociales este contacto con los blancos, donde ella entendía que previamente eran igualitarias (o no), pero no tan desiguales como las occidentales, y cuando revisa las etnografías, observa como las interpretaciones acerca de las cabañas sexuales como zonas de exclusión, y en cambio al alejarse los hombres a cabañas para ellos, lo interpretan también como exclusión de las mujeres sobre el mundo de los hombres. Este tipo de revisiones llevó en los años 60 a plantear una cuestión, que es la perspectiva émico-ética, que consiste en un texto donde tres antropólogas comparan etnografías realizadas por hombres y por mujeres en Oceanía, comprobando que mientras las realizadas por los hombres dan una imagen de la mujeres desvalorizadas, irrelevantes, ligadas al ámbito de lo profano…por el contrario, las de las mujeres presentan una imagen de la mujer con un papel importante, con propios rituales, y muy diferente de la imagen de las mujeres dibujadas por los hombres. Esto les lleva a plantear esta perspectiva émico-ética. Esto quiere decir que para estudiar/investigar un grupo social es mejor pertenecer a ellos, cosa que sabemos que no es así. Si es cierto que las marcas sociales pueden alejar/acercar al objeto de estudio y el investigador, pero no como para llegar a esta aberración de la antropología (entender esta perspectiva en el contexto del que hablamos).

Reescribir lo que estaba mal escrito, para recompensar el déficit etnográfico, donde como por ejemplo A. Weinere, en el 1976, vuelve a las Trobiand para estudiar lo que ya había analizado Malinowski, mirando a las mujeres como objetos sociales.

En este esfuerzo por rescribir la antropología, lo que hay es un déficit de etnografía con este intento de superación del sesgo androcéntrico, por lo que en los años 60, a manera de compensar el déficit etnográfico, una parte de la producción científica desde la antropología feminista se focaliza en el estudio de las mujeres. La mujer: un enfoque antropológico, donde Martin y Voorhies, donde ellas, desde la ecología y el funcionalismo, estudian el papel de la mujer en cada una de las etapas de desarrollo histórico del ser humano, para compensar dicho déficit antropológico. Las mujeres se convierten en objeto de estudio, característica coyuntural de los años 60, y que tienen como déficit que no son mujeres el objeto de estudio, sino que deben ser las problemáticas, de las cuales son hombres y mujeres interrelacionados los objetos de estudio, haciendo un análisis relacional. Dicha focalización de los estudios en la mujer es debido por tanto a esta situación coyuntural de déficit de material etnográfico acerca del papel de la mujer, fruto del sesgo androcéntrico.

También en esta primera época, la mayoría de las personas que se preocupan por este tema son mujeres, antropólogas, que generalmente explicitan su compromiso con un proyecto de transformación social.

Respecto a este objetivo de la primera etapa veremos la Exposición 1.

Exposición 1. Crítica al evolucionismo y al neoevolucionismo

Exposición por parte de compañeros de clase. Son los textos 1, “La ciencia del hombre mira a la mujer”, en La mujer: un enfoque antropológico, de Martin y Voorhies, y el texto 2, “La mujer recolectora: sesgos machistas en antropología” de Sally Linton, en Antropología y feminismos, de Harris, O. y Young, K. También el texto a, que no lo tenemos en el dosier, que pertenece al mismo libro que texto 2, con las pag. 63-81, de Joan Bamberger, “El mito del matriarcado: ¿Por qué gobiernan los hombres en las sociedades primitivas?”.

Debate sobre el matriarcado

Cuestión del debate sobre el matriarcado, que se retoma en los años 60. Debate entre autores que defienden teorías matriarcalistas y los que defienden la patriarcalista. Autores decimonónicos que hablan del matriarcado se basan en el estudio de la mitología, de las religiones, con textos y documentos...

Este debate que se retoman desde la antropología feminista, con el problema de la mujer, y que en relación al mayor conocimiento etnográfico sobre sociedades matrilineales (herencia y descendencia vía mujer).

Si defendemos que el matriarcado es una forma de organización social, en el que son las madres las cabezas de familia del grupo doméstico, y por la cual la herencia y descendencia se hace vía mujer, estaríamos dando una definición errónea. En estos términos, el inverso del matriarcado, el patriarcado nunca limita el poder de los hombres a la familia, sino que se traslada al ámbito social en todo su orden, no solo en el familiar.

La sociedad iroquesa ha sido el bastión de los que defienden la sociedad matriarcal. Es una sociedad matrilineal donde las mujeres tiene una papel decisivo en la toma de decisiones, siendo estas quienes transmiten los linajes, divididas en clanes, estas divididas en linajes, y estas en casas, dirigidas por mujeres, presentes en todos los órganos decisorios (como tierras de cultivo), siendo ellas quienes cultivan la tierra bajo la autoridad de las mujeres de mayor rango de edad, y son las mujeres también las que controlan la redistribución de los recursos, con un amplio papel de decisión en temas como el matrimonio, divorcio…Influían en la decisión de ir o no a la guerra, siendo una sociedad donde las mujeres tenían cuotas de autoridad y de poder importantes, con un papel central en la sociedad. Las mujeres también elegían a los jefes, pudiendo destituirlos también, aunque estos eran invariablemente hombres, en los cual recaía dicha posición de máxima autoridad. “Situación en la que los hombres tienen una posición privilegiada, aunque no indiscutible”, no siendo un matriarcado, ya que el poder socialmente reconocido recaía en os hombres (hermanos) y no en las mujeres. Como ya pondrá de manifiesto el marxismo, la colonización desvertebró estas sociedades, debilitando los lazos de la comunidad.

I. Magli, en su libro Matriarcato e potere delle donne, de 1978, hace un cuadro de todas las sociedades matrilineales, mediante el cual intenta detectar las instituciones de poder de cada sociedad, y comprobar la participación de la mujer en dichas instituciones, y que grado de inserción tienen en estas sociedades. Plantea que es fundamental considerar las instituciones de iniciación, iniciáticas, que son las que confieren a los individuos verdaderos miembros de la sociedad, siendo la institución de poder más relevante, ya que te conforma en un miembro de la sociedad; el rito de iniciación te inserta en el ámbito de lo público, te hace conocer el mito de origen del grupo, la existencia del grupo….haciéndote transitar de la vida natural a ala cultural y que te inicia en la vida social, en la vida adulta. Ella estudia los ritos de iniciación en todas estas sociedades comprobando que la participación de la mujer en dichos ritos es escasos, minoritarias y sectoriales respecto al hombre; con independencia de la vida familiar, las mujeres no están insertas en las instituciones de poder de la misma manera en que la están los hombres.

Podemos decir de manera “provisoria” (campo hipotético), que ninguna de las teorías que defiende las sociedades matriarcales se basa en datos etnográficos que pueda demostrarlo. Si bien no hay datos, hay teorías actuales que se basan en restos, evidencias arqueológicas, aunque no desde datos etnográficos que corroboren los matriarcados en los mismos términos que se habla de patriarcado. Si existen en muchas sociedades mitos que hablan de matriarcados, con lo que en este sentido podemos plantear que si no conocemos datos etnográficos de matriarcados, siendo solo un debate de conjeturas, si es sin embargo interesante analizar los mitos matriarcales que existen en muchas sociedades.

Bamberger analiza el matriarcado como mito, y no se pone a debatir sobre su existencia o no. Analiza por tanto los mitos que si afirman que hubo matriarcados, donde el mito forma parte de una cultura y donde lo que hay que ver es el papel que tiene en esa cultura. Analiza dos constelaciones de mitos que hablan de matriarcados, analizando varios grupos etnográficos (noreste norteamericano, y sudeste amazónico), donde todos relatan una misma historia: las mujeres gobernaban manteniendo a los hombres en una posición de subordinación hasta que los hombres descubrieron la fuente de poder de la mujer y se lo arrebataron. Lo importante es que aunque el mito habla de una época pasada, sirve para mantener el orden social, y de hecho a las mujeres les está prohibido el acceso a los elementos sagrados, a las lógicas masculinas… Los temas comunes son como que todos los objetos sagrados pertenecen a los hombres, aunque inicialmente pertenecieron a las mujeres, y también que quien posee estos elementos está investido de autoridad. No se sabe si las mujeres creen en los relatos, pero lo que si es real son los castigos que se le imponen a mujeres y niños si quebrantan las normas que se levantan en torno a estos mitos. Los objetos sagrados que tienen que ver con el origen de fundación y que pertenecieron a las mujeres, hoy día son pertenencia de los hombres. El mito reafirma el poder del hombre, e invoca lo catastrófico de una situación invertida.

Una antropóloga, Teresa del Valle, que en un artículo, Mujer Vasca, donde analiza el mito del matriarcado vasco. Caro Baroja, en Los pueblos del Norte ya trato los mitos. Teresa analiza por qué las tesis matriarcalistas tienen existo en el País Vasco; dice que sirve para enfatizar la centralidad de la cultura vasca, y de distinción de lo Vasco, matriarcal, frente a lo Español, supuestamente patriarcal. Las tesis matriarcalistas tienen por eso tanto éxito en el País Vasco, y que al enfatizar a la mujer como centro, está negando la realidad de discriminación de la mujer en la sociedad vasca.

Las tesis matriarcalistas son recurrentes, y aunque ya no es un debate presente a nivel disciplinar, como si lo fue en los 70, aunque si a nivel de medios de difusión y opinión pública.

Elaboración de nuevos conceptos y nuevas teorías

Para explicar desde una lógica social, y no natural, la cuestión de la desigualdad de sexos.

Una de las primera preocupaciones fue elaborar herramientas, para abordad desde una perspectiva social y no androcéntrica las cuestiones que estamos viendo. Esto explica que las propuestas teóricas, más o menos articuladas, fueran muy extensas, con una proliferación de debates articulados en torno a estas cuestiones.

Hay que dotarse de conceptos para analizar la realidad social, y que uno de los primeros pilares del edificio teórico es la distinción entre sexo y género.

Una de las primeras autoras es Ann Oakley (1972), en un libro que se publica como Sex, gender and society, y que al español se traduce como Mujer discriminada, biología y sociedad. Hace una distinción, que es la más comúnmente aceptada en la sociedad, pero no en la academia, y que habla del sexo como diferencia biológico y del género como diferencia cultural, siendo esta última variable en el tiempo. Persistencia del sexo y variabilidad cultural del género, donde todas las culturas usan según Oakley la diferenciación de sexo basado en lo biológico, pero hay una gran variedad en torno a la construcción de la diferenciación en base a géneros. Oakley cree que la antropología tiene mucho que aportar, ya que puede aportar las variaciones de las distintas culturas, y siguiendo la estela de M. Mead, que planteo la variabilidad del género. Se empieza a documentar etnográficamente la amplia variabilidad de comportamientos masculinos y femeninos, y en general parte del supuesto de que el sexo se percibe siempre de forma dicotómica (no se plantean esta cuestión), y que partiendo de este supuesto el interés es documentar la variabilidad del género.

Aunque esta es la tendencia mayoritaria, ya en los años 70 algunas autoras empiezan a plantear la construcción cultural del sexo. M. Voorhies, que empieza a plantear la posibilidad de la existencia de un tercer sexo en algunas sociedades. Sugiere que la existencia en algunas culturas de personas hermafroditas o intersexuales induce a pensar en la existencia de un tercer sexo en dichas culturas. Es algo que se apunta en los años 70, pero que no se explorará hasta los 90.

Se generaliza el concepto de género, que todavía se usa junto al concepto de roles sexuales, planteándose todavía el concepto de rol, pero vaciándolo de la noción de complementariedad que le había atribuido el funcionalismo, y es sustituido por la de nociones de desigualdad o subordinación de roles a roles de hombres.

Cuando se comprueba la desigualdad existente entre hombres y mujeres, buscar la causa de las desigualdades se convierte en un ámbito de interés. Hoy día este debate está ya pasado, aunque si se siguen analizando los vehículos de desigualdad en la sociedad. Preocupación por tanto la búsqueda de la causa de la desigualdad. La tendencia en los años 70 es hacia la formulación de teorías unicausales, donde dentro de estas teorías existen dos grandes corrientes:



  • Teorías que entendían que a subordinación era un hecho universal. Partiendo de esta universalidad proponían las causas.

    • S. Ortner (1974), plantea la dicotomía naturaleza/cultura, bebiendo del planteamiento de Leví-Strauss

    • M.Z. Rosaldo (1974), con la dicotomía público/domestico, que en el mismo libro que el anterior, bebiendo de M. Weber y de su distinción de poder y autoridad

Ambas se preocupan por el papel de las estructuras simbólicas

  • Teorías que entendían que no era universal, y que habían existido sociedades igualitarias.

    • K. Sacks (1975), plantea la dicotomía producción/reproducción, bebiendo de los planteamientos de Engels, y siendo representativa de los planteamientos marxistas. Las que entienden que la subordinación existe, pero no es universal.

Exposición 2. Teorías universalistas sobre el origen de la subordinación de la mujer frente al hombre

Exposición por parte de ¿compañeros? de clase. Son los textos 3, “¿Es la mujer con respecto al hombre lo que la naturaleza con respecto a la cultura?” de Sherry B. Ortner, en Antropología y feminismo, de Harris, O. y Young, K., y el texto 4, “Mujer, Cultura y Sociedad. Una visión teórica” de Michelle Zimbalist Rosaldo, en Antropología y feminismos, de Harris, O. y Young, K. También el texto b Antropología Feminista de Lourdes Méndez.

(Aclaración de Carmen Mozo) Se ve como en Ortner, influenciada por Leví-Strauss, plantea como a la mujer inferior al hombre. Analiza las estructuras simbólicas, e intenta hallar la lógica cultural de pensamiento que sitúa siempre a las mujeres por debajo de los hombres; intenta explicar porque se asocia, o como se llega a asumir esa inferioridad de la mujer. Llega a la conclusión que es su correspondencia con la naturaleza.

Rosaldo, con Weber en sus bases, plantea la diferencia de poder y de autoridad, con la legitimación como fundamental a la hora de adquisición de posiciones de poder.

Ambos estudios hacen en base a sus análisis una conclusión, con una propuesta de transformación social, ya que al analizar las causas, plantean que se pueden superar dichos factores de subordinación de la mujer al hombre. Ortner plantea por ejemplo que hay que cambiar el conjunto de representaciones, de sistemas de valores, para cambiar el papel de subordinación de la mujer. Rosaldo, que asocia la mujer a una esfera, la domestica, considerada como inferior, plantea la incorporación del hombre a dicha esfera.

En Rosaldo, respecto a los roles, todavía no se ha prescindido de este concepto, aunque no ya como complementariedad, sino como desigualdad.

Exposición 3. Engels Revisitado

Exposición por parte de compañeros de clase. El textos 5, “Engels Revisitado: las Mujeres, la organización de la producción, y la propiedad privada” de Karen Sacks, en Antropología y feminismo, de Harris, O. y Young, K.

Precursoras del feminismo marxista: Ester Boserup, Jane Goodale.

Karen Sacks, revisando las ideas de Engels en El origen de la familia, el Estado, y la propiedad privada, y que rebate las ideas que ligan a la posición de la mujer con la supuesta labor de madre. Dicotomiza entre dos estadios, las sociedades sin clase/con clase, de Engels, que Sacks dice que en ellas la posición de la mujer nunca ha sido subordinada ni universal, sino que dependen del modelo político y económico. Esta dicotomización de estadios primitivos (sin clase), las mujeres serian miembros libres e iguales, y en el segundo estadio con la aparición de la propiedad privada y el Estado (con clases) la mujer es guardiana de su casa, con un sesgo androcéntrico por parte de Engels. “Gens” propio del estado primitivo es eclipsado por la familia en el segundo estadio. Luego se explica la teoría de Engels y la sociedad sin clases, donde se habla de la devolución del intercambio, y es clave la dependencia (mirar bien Prezi).

Sacks, en base a cuatro sociedades africanas hace la revisión crítica de la teoría de Engels, donde estará de acuerdo en algunos aspectos, pero revisara los sesgos androcéntricos de esta teoría. Considera que no existe igualdad en la mayoría de las sociedades sin clases, pero también apunta que esta subordinación no es universal ni ha existido siempre.

Sacks recalca la dicotomía entre la esfera pública/esfera doméstica, donde el poder que obtiene la mujer en la esfera privada no es transferible a la esfera pública. Se le niega el estatus social de adulto (concepto clave en Sacks) a la mujer. La sociedad de clase tiende a socializar el trabajo de los hombres, relegando a las mujeres al ámbito doméstico, creando condiciones materiales para la subordinación de la mujer. La explotación en la sociedad de clases, importante para explicar esta relegación de la mujer a la esfera doméstica, aportando un ejemplo en Inglaterra del s XVII, donde la mujeres y niños fueron excluidos de la clase trabajadora, considerándose subordinados improductivos (Alice Clark), siendo entonces las diferencia entre sexos construidas en base a méritos. La mujer es relegada al último eslabón social, pudiéndose usar como fuerza conservadora, apoyando la conservación y mantenimiento del status quo, y no habiendo recompensa para la mujer por su labor reproductiva. Con la revolución industrial, si se incorporó a la mujer en el mercado de trabajo, no lo hizo en iguales condiciones, dándose dos modelos:


  • Explotación intensiva en la producción social. La mujer es considerada en custodia por el hombre, negándole la posición de adulto.

  • Incorporación a la producción social a las mujeres de las clases más pobres y desposeídas. Son consideradas adultas las mujeres, pero nunca llegaran a mantener condición de igualdad debido a la diferencia de sueldos.

Conclusiones de Sacks:

  • Consideraciones de estatus adulto en referencia a las esferas público/privadas

  • Es la mayoría de edad social la que influye o construye las diferencias/desigualdades.

Destacar las aportaciones como la consideración en torno a producción/reproducción. Hay dos autoras que en base a esta revisión continúan la línea teórica. Paola Tabet, con El patriarcado al desnudo, con tesis de que la relación está basada en el dominio y no en la reciprocidad, no siendo el trabajo social neutro. Las formas de control por parte del hombre es la clave para entender la división sexual del trabajo. Es a través del uso y control de las herramientas (sociedad de cazadoras), donde se puede observar por tanto la división sexual del trabajo, desigual, y controlada por el hombre (en términos marxistas los medios de producción). Verena Stoclcke, que se centra en el estatus social de la mujer, no como algo universal, sino en la posición social de una sociedad/es en concreto. Pone de manifiesto la diferencia de consideración de la mujer respecto a su color.

Criticas a los planteamientos de Sacks son por ejemplo que a lo que llama producción pública y privada, lo hace sin atender que ambas son producciones social, no considera que la categoría genero/sexo es construida, y no definida solo biológicamente, falta de datos etnográficos, no abandono de la teoría marxista, o planteamientos etnocéntricos.

(Aclaración de Carmen Mozo)

Etnográficamente demuestra que existen sociedades sin clase con desigualdades sociales, apuntando que dicha desigualdad está basada en la diferencia entre trabajo publico/privado.

La propuesta de transformación de Sacks, en la línea de compromiso de los años 70, es de qué manera se puede transformar el orden social, buscando la causa (única) de la subordinación, y poner medidas para evitar esto. Sacks dirá que hay que involucrar todos los trabajos como sociales, y dejar de considerar el de la mujer como doméstico, excluido de la producción social, ya que este trabajo produce la principal fuente del capitalismo, la fuerza de trabajo (mercancía fundamental del capitalismo); ver a todas las actividades en una misma esfera social, acabando con la dicotomía producción/reproducción, ficción sobre la que funciona el capitalismo, donde el trabajo doméstico y de socialización no es considerado trabajo productivo, sino reproductivo (categorías émic sobre una ideología capitalista del trabajo). El objetivo del capitalismo es remunerar solo una parte del trabajo productivo, siendo remunerado dicho trabajo, y no considerado como trabajo social el resto; constructos en base al género naturalizados, invisibilizados y por tanto no remunerados por el capitalismo.

Todo este trabajo genero debates fundamentales, de los que se aprendió mucho, y transformo, reconceptualizándose términos, conceptos de las ciencias sociales, como puede ser el concepto de trabajo, que se reconceptualizo, donde se independiza de la relación social bajo la que es realizada.

De la misma manera que el feminismo marxista abrió el debate para la reconceptualización, el feminismo que estudiaba el trabajo simbólico, incidió el entendimiento del estudio de como las construcciones simbólicas se articulan con las prácticas sociales, y de cómo ambas cosas son las que explican las relaciones sociales entre los sexos. El trabajo en los invernaderos, que al estudiar las condiciones de trabajo son tremendamente duras (clima, horarios prolongados, esfuerzo físico) y con independencia de esto, la realización por parte de mujeres, conceptualizados como trabajos finos, hábiles, con representaciones simbólicas de trabajos delicados, se valoran menos y remuneran menos que el de los hombres, conceptualizados y representados simbólicamente como duros, y remunerados mejor. Al estudiar las prácticas sociales hay que articularlas con las representaciones simbólicas, ya que lo simbólico define lo material, y viceversa, los material redefinen las relaciones sociales sexo-género.

Estas teoría, fructíferas, dieron herramientas para pensar, repensar, explicaciones, acerca de las desigualdades de género. Pero hay que tener en cuenta que fueron planteamientos pioneros, reconociendo por tanto su naturaleza de tentativa, de elaboración de conceptos, con lo que todas estas explicaciones fueron objetos de una profunda revisión, donde dicha revisión se llevó a cabo por las propias autoras, de forma casi coetánea a sus primeros escritos, muy tempranas y con una gran capacidad crítica y de reformulación de estas primeras aportaciones, que abusaron analíticamente de la realidad. Todas aquellas acaban analizando la desigualdad con la mujer como reproductora relacionada con las consecuencias sociales de dicha desigualdad; en un principio es importante trabajar sobre las consecuencia sociales del papel reproductivo de la mujer, pero que en el fondo están pensando en aquellas mujeres de la sociedad en la que vivían, con lo que están teorizando sobre mujeres blancas y occidentales, que es como se las construye a partir del s XVII como responsables del ámbito doméstico, siendo esta realidad solo la de un ámbito de mujeres, que no responde a todas las mujeres del mundo, ni de cualquier momento histórico. En el fondo estas teorías dijeron cuál es la situación de la mujer en nuestras sociedades, capitalistas, pero no abarcan al global de las mujeres, y no siendo por tanto universalizable las explicaciones unicausales que propusieron. A parte, los hombres y mujeres no son grupos sociales homogéneos, sino plurales y heterogéneos, con lo que hay que tener en cuenta dichas críticas hacia estas propuestas.



Críticas de las teorías vistas hasta el momento

Críticas a las autores que hemos visto que se basan en las dicotomías binarias. Son críticas de tres tipos, siendo las primeras de tipo empírico, que tienen que ver sobre todo con los textos de Ortner y Rosaldo, ya que todo tipo de planteamiento que se presenta como universal puede cuestionarse con dato empíricos. El segundo tipo de crítica, más importante que la anterior, es que finalmente todas esas teorías acaban asociando la subordinación con la biología, con las funciones el cuerpo de las mujeres, que no quiere decir que sean biologicistas, sino que asocian la desigualdad con el cuerpo de las mujeres y la interpretación cultural que se tiene de la biología. La tercera de las críticas, más importante, es la que señala el etnocentrismo de las categorías utilizadas, ya que lo que hicieron fue elevar al rango de categoría analítica lo que eran construcciones, formas de analizar la realidad, características del mundo occidental. Elevan formas de conceptualizar la realidad características del mundo europeo como categorías analíticas, aunque ni si quiera podían ser aplicadas coherentemente en dichas sociedades, ya que no siempre han funcionado así en las propias sociedades, o que no son homogéneas.

Lo que se critica es la universalidad, la ahistoricidad, y la extrapolación a otras sociedades, no solo de las dicotomías, sino del significado de esas dicotomías.


  1. Ortner

Se le critica su ahistoricidad, ya que su dicotomía naturaleza/cultura es una construcción cultural una forma de conceptualizar la realidad muy concreta, que por lo tanto no es universalizable, y por tanto no se puede usar como categoría de análisis.

Se aportan hechos etnográficos que intentan demostrar que no funcionan así en todas las sociedades, e incluso que no han funcionado así en la propia sociedad. Un ejemplo es en la conquista del Oeste, con la delimitación de fronteras, ¿J. Nova? dice que la dicotomía naturaleza/cultura funcionaba pero de una forma contraria, donde en ese contexto eran las mujeres las que eran asociadas con la cultura, y siendo los hombres relacionados con la naturaleza.

Por tanto ni la dicotomía, ni en el caso de que exista, el significado de dicha dicotomía. Lo que ocurre por tanto es que las autoras empiezan a aportar distintos datos que muestran etnográficamente que la dicotomía que plantea Ortner no es universal. Estudios que demuestran también que aunque existan no se pueden asociar directamente con hombres o mujeres, sino que dependerá del grupo a que genero se le asocia, o a que característica social se le asocia. Un pueblo usaba la dicotomía pero en cuanto a las personas casadas o no, situándola en un estatus más asociado a la naturaleza o no, usando por tanto significados diferentes. Se suceden los datos que aportan argumentos para demostrar que las dicotomías no son universales.


  1. Rosaldo

Se le puede aplicar el mismo tipo de críticas que Ortner, donde Rosaldo con su dicotomía de ámbito doméstico/público, asociando la mujer a lo domestico. La primera critica es que la separación tajante entre domestico/público es un modelo occidental, que se consolida en el s XIX, formado parte de esa ideología capitalista del trabajo. Rosaldo asume esa forma de conceptualizar la realidad dicotómica, concibiéndola como categoría analítica, y asociando a la mujer a lo domestico, en función de su teoría que propone como universal, con la relación madre-hijo, vinculada la mujer a su prole, y que propone como vínculo natural-universal. Este vínculo, que coincide con la forma hegemónica, y con la forma de pensar la familia; para nosotros familia/hogar/domestico se conciben como una unidad que se opone a la esfera pública/negocios/política/mercado, articulando así la realidad. Lo público es un espacio contractual frente a relaciones meramente de socialización, afectivas, de intimidad, asociados al hogar, descanso, ocupación de la mujer...

Dichas categoría analíticas, que está estrechamente asociada a la maternidad, construyéndola conjunto a esto y al de madre. El concepto de madre es una construcción social, donde varía ya no solo la propia categoría, sino los valores, cualidades, funciones…asociadas a dicho concepto. El significado de ser madre varia por tanto de una sociedad a otra, y también hay que examinar qué relación existe entra la función que le asignamos a la maternidad, como la afectividad, la reproducción, cuidado y crianza…, no son asociadas universalmente.

Si Rosaldo defendía por tanto que la subordinación de la mujer guarda relación con el papel de madre, habría que analizar la relación madre y mujer, aportando datos etnográficos de diferentes sociedades o de distintas épocas. Si examinamos críticamente esta asociación, en nuestras sociedades, hay grupos sociales en el que los niños no se crían en hogares diferentes del de la madre biológica, por lo que lo domestico no se construye siempre entre el lazo supuestamente indisoluble, madre-hijo. También vemos como el concepto de madre no tiene por qué asociarse con el amor, afectividad….y que no tiene por qué presuponer un vínculo de afectividad. Hasta el s XVIII había nodrizas, que alimentaban a los hijos de determinados grupos sociales, siendo por tanto el vínculo no universalizable, donde el grupo domestico basado en el vínculo madre-hijo tampoco es universal. No tiene por qué haber un espacio apartado, para la crianza del hijo, denominado como privado por Rosaldo, ya que no puede ser extrapolado como categoría analítica.

Además en algunas culturas, todo lo que rodea a la procreación (menstruación, parto…) no es algo que se circunscriba a la mujer, sino que hay costumbres, llamadas covadas, que son conjuntos de costumbres que la antropología ha encontrado en algunas sociedades, mediante la cual se involucra a los hombres en la reproducción biológica a nivel ritual. En Nueva Guinea, los wogeo, cuando la mujer está embarazada, los hombres dicen sufrir mareos matinales, cansarse ante determinadas tareas, involucrándose en la procreación. También hay tabúes dietéticos, o incluso reclusión y descanso. Con independencia de cómo interpretar este tipo de costumbres, lo que pone de manifiesto es que a los hombres en algunos sociedades se le involucra en todo lo que tiene que ver con la reproducción, donde en algunas sociedades incluso simulan la menstruación, o dan a luz simbólicamente, siendo por tanto lo que rodea a la procreación biológica no solo asociado a la mujer, sino también a los hombres.



  1. Sacks

Las críticas siguen la misma línea, donde con su asunción de dicotomía del trabajo de la vida privada respecto de la vida pública, siendo la primera no asumida como trabajo social. Esta distinción que la asume como analítica, asumiendo por tanto también que el trabajo privado no es trabajo social; por el contrario sabemos que publico/privado, trabajo privado/publico…no son categorías analíticas, sino conceptualización asociadas a las sociedades capitalistas, construcciones que se consolidan en este tipo de sociedades, y que invisibiliza, naturalizando determinados tipos de trabajos, restringiendo lo productivo a lo mercantil, con una ideología que resulta de una división sexual del trabajo, típica del sociedad capitalista.

No podemos convertir dicha construcción, conceptualización, en rango de categoría analítica, aunque si exista en determinadas sociedades.

En cuanto a las oposiciones binarias, críticas por tanto como apuntamos de universalidad, y de ahistoricidad, que no son pertinentes en todas las sociedades, y que si lo son, pueden variar en el contenido, de modo que lo que ocurrió es que el binarismo del pensamiento occidental se trasladó a las categorías analíticas estructuras, conceptualizaciones características de las sociedades occidentales.

Diapositivas “el etnocentrismo de las categorías utilizadas”, donde veremos algunos textos que critican estos análisis.



Quinn, en 1977, hace una revisión crítica de las aportaciones.

Rogers, en 1978, en base a los campesinos franceses, donde pone de relieve que las mujeres trabajan hasta casi dar a luz, y donde trabajan justo después, por lo que no se podría hablar de participación limitada en la esfera pública por las labores domésticas, o de reproducción, como diría Ortner. La acusa de reificadora. Sintetiza la mayoría de las críticas, solo 4 años después de la publicación de los estudios. “vías en que nuestra percepción está limitada por nuestra cultura”, de forma que modelamos la realidad de acuerdo a nuestras percepciones.

Síntesis de las críticas

Como hemos visto, con las fechas tempranas de revisión, y de forma constructiva, estas primeras teorías fueron objetos de una profunda revisión, casi coetáneas, y en algunos casos por propias compañeras.

Si uno de las críticas era el déficit etnográfico, tenemos que decir que ciertamente ese déficit etnográfico se había corregido, sin embargo se critica la homogeneización que realizan dichos análisis, donde por ejemplo Quinn habla de usar indiscriminadamente los datos etnográficos, o comparando mujeres de distintas sociedades o incluso dentro de una misma sociedad, de grupos sociales distintos. El exceso homogeneizador afecta por tanto no solo a mujeres de diferentes culturas, sino también a mujeres de una misma cultura.

También se va a criticar la unicausalidad, el esfuerzo por retribuir a un solo factor, con lo que se empezara a hablar de varios factores que generan la desigualdad social en torno al género.

Se critica también el etnocentrismo de las teorías que hemos visto en las categorías utilizadas, que se puede sintetizar en “la universalización de estas nociones constituye un injustificado etnocentrismo” (Rogers, 1978).

La focalización monográfica de estudios de la mujer es puesta en cuestión también a finales de los años 70, cuestionando el objeto de estudio de la mujer. Esto fue debido a que con el emergimiento de la mujer como sujeto social, hace que en consecuencia se convierta en objeto de estudio, criticándose esto, pero explicándolo por esta razón.



Izquierdo, en el 1988, habla de que contradicción aparente, ya que el convertirse en objeto es consecuencia de haberse primero transformada en sujeto. Se enfatizaba por tanto lo que había en común en dicho “objeto”, aunque luego se pondrá en cuestión como hemos visto dichas categorías universalizables.

El androcentrismo no es una cuestión de poner a la mujer como objeto de estudio, sino de hacer una reconceptualización, una revisión teórica, por lo que Guillaumin, en 1981 dirá “convertirse en objeto de estudio es consecuencia…”, y que también la misma autora dijo, que lo que es claro es “los efectos teóricos de la cólera de las oprimidas” (Guillaumin, 1981), donde la ciencia supone una secularización del conocimiento, pero bajo supuestos sacralizados, con lo que las minorías proponen teorías no esencialistas que las condenan a ser esa minoría, donde al estudiar a las mujeres como otro colectivo histórico, hace revisar presupuestos hasta entonces incuestionables, yendo en contra de la esencia, y por lo que es la práctica lo que hace historia. Hay que devolver a la historia lo que es histórico, como diría Bourdieu.



Sally Linton, en 1971, donde la ciencia es un producto social, y con la toma de conciencia de sujetos políticos da con una reevaluación de los presupuestos considerados hasta entonces indiscutibles.

En este primer momento, con la mujer como objeto de estudio, homogeneizando las semejanzas en detrimento de las diferencias, hace que se pueda continuar, una vez construido el sujeto histórico. La siguiente fase será la construcción de las diferencias, entre las mujeres, entre hombres y mujeres, y entre hombres también. Este énfasis en las diferencias en el segundo momento es lo que veremos en el siguiente tema.



Resumen tema. Gran capacidad de autocrítica hacia sus propias teorizaciones, con fuerte preocupación por revisar y contextualizar los conceptos utilizados. Lo que explica esta preocupación es el carácter pionero, con la necesaria reconceptualización y revisión por parte de las propias autores. “Periodo de fructífera teorización y pensamiento”.

Síntesis. En este momento aparecen las mujeres como sujetos históricos, lo que provoca que devengan en objeto de estudio, apareciendo una multiplicidad de temas y debates, siendo una época de gran efervescencia teórica, por lo que es una época muy valiosa hoy día. Crítica al androcentrismo, para lo cual se visibiliza a la mujer, y se enfatizan las semejanzas entre estas, en un sentido abstracto y genérico; consecuencia por tanto es la universalización y especialización de la mujer. En esta construcción y universalización son objetivos prioritarios describir en que consiste ser mujer, comprender las causas de la desigualdad, y buscar y proponer herramientas para erradicar esa desigualdad.

Las consecuencias de esta crítica fue la exaltación de una categoría analítica que no es una realidad empírica como tal, ya que no hay la categoría mujer como algo homogéneo, suscitando una cuestión todavía hoy vigente, que fue la marginalización de estos estudios, siendo interpretados como “mujeres que estudian a mujeres”, como campo a parte de la disciplina, cuando lo que proponen es una perspectiva transversal; provocó que no se incorporase tal y como se propuso la crítica al androcentrismo. También fue otra consecuencia, en esta primera fase, la no inclusión/estudio de los hombres como insertos en las relaciones social del sexo/genero (masculinidad, relación del hombre como hombre en sociedad).

En la segunda fase (siguiente tema) se caracterizará por el resurgir de las diferencias de sexo/genero, pero también étnicas, de clase, de prácticas sexuales, aunque no solo el resurgir de las diferencias, sino como integrar las diferencias, como articularlas, en un análisis interpretativo. Se centraran en el análisis articulado de las categorías, con énfasis en las diferencias, que estará en relación con los que ocurre a nivel de movimientos sociales, y de los otros feminismo (mujeres palestinas, saharauis…) que están sujetos a especificidades que hay que analizar. Estos otros feminismos son los que serán llamados postcoloniales.

En esta primera fase (que se corresponde con los años 70) [no entender las fases como algo cerrado o prefijado, solo como herramienta], tienden a explicar las causas en cuanto a tipos dicotómicos, unicausales, aunque tiene mucho interés, y dan una de las aportaciones fundamentales, que es el concepto de sistema sexo/genero, que plantea G. Rubin.

Texto 6. El tráfico de mujeres: notas sobre la “economía política” del sexo, de G. Rubin (1975)

Lo que nos interesa es la parte última, donde elabora el concepto de sistema sexo/género. A través de la revisión crítica de Marx, de Levi-Strauss y de Freud (que proporcionan los elementos conceptuales necesario para analizar este ámbito, pero que no fueron capaces de definirlos correctamente), con lo que se propone estudiar un área de la vida social a la que denomina sistema sexo/genero; área de la vida social que dice ella que “es la sede de la opresión de las mujeres, de las minorías sexuales, y de algunos aspectos de la personalidad humana de todos los individuos”. Área de la vida social en el seno de la cual se reproducen las opresiones, y donde en este artículo intenta explicar cómo se produce y reproduce dicho ámbito de la vida social.

Averiguar dentro de qué tipo de relaciones se convierte una mujer en oprimida, analizando en el seno de que relaciones sociales, una hembra se convierte en una mujer oprimida. Para ella la obra de Levi-Strauss (y de Freud) le proporciona el camino para hallar el proceso de hembra a mujer oprimida, mostrando ese lugar, ese sistema de relaciones sociales donde se produce esa trasformación. La obra de Levi-Strauss le sirve como herramienta de análisis de la vida social, indicando donde y como hay que buscarlo. Profundiza en la obra de Leve-Strauss y de Freud, pero para ello, y antes (pp.98-106) lo que hace es un análisis de la obra de Marx y Engels como teorías para explicar el sistema sexo/género.

Economía política del sexo es porque en sistemas muy generales hablamos de transformación de recursos en objetos consumibles, con lo que en este sentido las necesidades de procreación y sexualidad tienen que ser satisfechas, para poder reproducirse. Estas no son satisfechas de forma natural, sino de una forma convencional, artificial, cultural, construida. De la misma manera que existe una economía para satisfacer la alimentación y demás, existe un sistema sexo/género para satisfacer estas necesidades de procreación y sexualidad. “Un conjunto de disposiciones por el cual la materia prima biológica del sexo y la procreación humana es conformada por la intervención humana y social y satisfecha en una forma convencional, por extraña que sean alginas de las convenciones” (pp.102-103), donde para demostrar que no es de forma natural, vemos que “El hecho de que algunas sean bastante raras donde nuestro punto de vista solo demuestra que la sexualidad se expresa a través de la intervención de la cultura. […]” (nota pie de página 103), donde las formas de satisfacer dichas necesidades cada sociedad tiene que poner en marcha un sistema sexo/genero.

Habrá que analizar qué relaciones por tanto producen y reproducen las desigualdades del sistema sexo/género.

Rubin hace una aclaración terminológica, proponiendo el concepto de sistema sexo/género, pero que reconoce otros conceptos propuestos, como el de modo de reproducción, el cual a Rubin, que lo entiende como modo de oposición al de modo de producción, le parece que empobrece la capacidad analítica del sistema, y donde en ambos sistemas/esferas existen partes del otro, con lo que no ayuda a visibilizar este hecho que Rubin quiere tratar en su obra. El otro concepto propuesto por otras autores, el de patriarcado, haciendo referencia a un sistema de relaciones económicas sociales y políticas, donde la diferencia biológica se construye en término de desigualdad y opresión del conjunto de mujeres por parte de los hombres (K. Millet, Política Sexual, 1969), siendo Millet quien acuña de forma pionera este concepto; a Rubin le parece más sutil su concepto porque patriarcado subsume en un mismo término dos cosas diferentes; por un lado la necesidad de satisfacer las necesidades de su llamado sistema sexo género, y uno de los modos empíricos (en este caso además opresivo) en el que se articula dicho sistema sexo género. Por tanto sistema sexo género es un concepto neutro, el cual se puede dar/organizar de distintas maneras, siendo por tanto patriarcado un término análogo al de capitalismo, con lo que subsumiendo modos de producción y capitalismo no deja ver que hay alternativas a dicho sistema de sexo/género.

El sistema sexo/género, a pesar de la evidencia empírica, al menos a nivel teórico, permite hacer una diferencia entre ambas cuestiones (la económica, y esta). Rubin no convierte esto en una lucha sobre nominalismo (por el término), sino que quiere desarrollar un concepto que permita definir correctamente como funciona este ámbito determinado de sexo/género.

Para analizar este sistema sexo//género, recurre a los sistemas de parentesco (imposición de la cultura sobre la naturaleza), porque son formas concretas empírica de sistemas sexo/géneros. Organiza dicho sistema, de forma cultural, siendo una forma de organizar la procreación y la sexualidad (ejemplo de los Nuer, donde el parentesco no es biológico, y por el cual se organizar la reproducción). Es en la obra de Levi-Strauss, Estructuras elementales del parentesco, la escogida por Rubin para analizar. Dice que no es útil porque Levi-Strauss entiende el parentesco como una convención, y donde además para él, su sujeto humano es siempre un hombre o una mujer, no siendo nunca en abstracto, siempre sexuado, por lo que es posible seguir esos destinos sexuales organizados por cada sistema de parentesco. Es aquí (pp.106-118) donde Rubin analiza la obra de Levi-Strauss.

El parentesco trasforma elementos del mundo natural en personas sociales, producción por tanto sujeto a sus propias relaciones de producción, distribución e intercambio, que crean derechos de unas personas sobre otra. En este sentido, el intercambio de mujeres, que desveló Levi-Strauss lo que pone de manifiesto es una asimetría, donde las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres. Para Rubin la desigualdad se produce en el seno del sistema de parentesco; para ello acude al artículo de La familia, de Levi-Strauss, en Polémicas y universalidad de la familia, ya que en este ensayo se analiza la división sexual del trabajo, y por el que Levi-Strauss concluye que dicha división no es fruto de la biología, ya que las tareas/labores varían según cada sociedad, y plantea por tanto que para lo que sirve dicha división sexual del trabajo es asegurar un mecanismo reciproco de hombre y mujer, asegurando que la unidad mínima está compuesta por un hombre y una mujer. Rubin lleva este análisis más lejos, diciendo que lo que esto significa es que dicha división sexual del trabajo puede ser interpretada primero como un tabú contra la igualdad de hombres y mujeres, creando el género, y dividiendo a los seres humanos en dos categorías mutuamente excluyentes, exacerbando las diferencias biológicas y suprimiendo las semejanzas; en los sistemas de parentesco se crea el género, creando categorías sociales diferentes, hombres y mujeres, complementarios, unidos, con una composición desigual. En este sentido, el género, lejos de ser una expresión natural de la biológica, es una supresión de las semejanzas naturales, biológicas, por lo que el género reprime siempre algunos de los aspectos humanos de la personalidad de todos los individuos; el género va a ser siempre por tanto equivalente a represión. Son un tabú contra la igualdad, y en segundo lugar es un tabú también contra cualquier arreglo sexual diferente al de la unión de un hombre y una mujer, imponiéndose el matrimonio heterosexual, imposición social por tanto de la heterosexualidad. Rubin dirá que si fuese un imperativo biológico, no haría falta asegurar dichos matrimonios a través de la división sexual del trabajo. Impone no solo el matrimonio heterosexual, sino además determinadas formas de heterosexualidad. Matrimonio heterosocial.

En muchas zonas de Nueva Guinea existen lo que llamaríamos relaciones homosexuales entre hombres, y razones homoeróticas, un comportamiento erótico entre varones adulto y varones jóvenes. Los jóvenes se convierten en adultos en prácticas rituales donde injieren semen bien vía oral u anal de sus parientes adultos. Homosexualidad ritual en Melanesia. Sin embargo, se mantienen relaciones heterosociales. En todos los ejemplos etnográficos la división social del género está presente incluso en lo que son trasgresiones o transformaciones (casos de travestismo ritual). La convenciones de sexo genero tienen que ser aprendidas para que sean pasadas de generación en generación, aprendiendo los significados sociales; es aquí donde acude al psicoanálisis (lectura sexo/genero), para explicar los mecanismo de reproducción del parentesco, y de cómo se aprende desde el nacimiento el destino sociosexual.

Al final, Rubin hace una última consideración. Dice que no se puede olvidar que cualquier sistema sexo/género está imbricado en un sistema social más amplio, total, con lo que en este sentido los sistemas sexo/género no hay que entenderlos de forma aislada o descontextualizada. Hay que imbricar los sistemas sociales en un ordenamiento social global, total, y viceversa; los sistemas políticos, económicos, no los podemos estudiar al margen de los sistemas sexo/género.

La aportación de Rubin del sistema sexo/género fue muy útil porque dio un armazón conceptual para análisis de un área de la vida social en estudios posteriores. Demuestra que existe una economía política del sexo, donde tienen sus propias relaciones de producción y reproducción (el sistema sexo/género), porque existen unas formas socialmente organizadas de satisfacer las necesidades procreativas y sexuales y de reproducir esas necesidades. Esto hace definir un sistema sexo/género, que es una forma de actividad sexual organizada. Para Rubin es un armazón conceptual más útil que otros conceptos. Analizando los sistemas de parentesco, demuestra que estas son manifestaciones empíricas de organización de sexos, que imponen la jerarquía del género, e imponen socialmente la heterosexualidad social, heterosocial, y donde la sexualidad de la mujer está más constreñida que la de los hombres porque está más regulada.

Uno de los factores que más influyeron en la crítica fue el de los feminismos postcoloniales, también llamados los otros feminismos, donde critican el etnocentrismo de estas primeras teorías feministas, como las de Rosaldo, Ortner, donde sus modelos son las mujeres occidentales, blancas, heterosexuales…olvidando factores como la clase, etnia, sexualidad, que constituyen factores de diferenciación y desigualdad social. En concreto fueron muy importantes las críticas del feminismo negro que se elaboran desde EE.UU., que insiste en que raza-género son dos vectores analíticos que se encuentran imbricadas, y no pueden estudiar por separado. Importante las aportaciones de A. Davis, que insistía en que las experiencias de razas atraviesan y modelan las experiencias de género; por tanto las desigualdades no se suman, sino que se articulan, dando lugar a resultados diferentes, los cuales son el objeto de estudio. Por ejemplo la opresión de las negras, que se construye históricamente a través de una imagen que las representan como animalizadas, sexualidades, y donde la de las blancas se construye con imágenes ligadas a la Virgen, casta, pura… siendo estas concreciones las que hay que analizar. No se puede presuponer que las reivindicaciones son las mismas para todas las mujeres. El abordaje de estas diferencias no puede desembocar en un sujeto político común, sino que habrá que identificar cada uno, en su articulación con los demás factores.

Reflexión de las autoras sobre su propia explicación, por el cual se intenta corregir el etnocentrismo de esas primeras teorías feministas.

Si trabajamos con el binomio oprimido/opresor, y con el de mujer/hombre, presuponemos que son siempre las mujeres las oprimidas, teniendo en cuenta solo la resultante del binomio hombre/mujer, sin tener en cuenta las opresiones ejercidas de mujeres de una raza determinada sobre otra. Este pensamiento dicotómico que tiende a ver la realidad en pares opuestos, nos impide reconocer relaciones sociales de dominio o desigualdad.

Son este tipo de cuestiones las que ocuparan a las teorías feministas a partir de los años 80, analizando las diferencias articulándolas, construyendo un cuerpo teórico para su análisis.

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