El senado y camara de diputados de la nación argentina, etc, Ar



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EL SENADO Y CAMARA DE DIPUTADOS DE LA NACIÓN ARGENTINA, etc,

Art.1) Incorporase el punto 4 al articulo 39 de la ley 19.945, y sus modificatorias, con el texto siguiente:
Art. 39:

Punto 4) Circunscripciones electorales: Las provincias y la Ciudad de Buenos Aires cuando corresponda, de acuerdo con lo establecido en los artículos 161 bis y 161 ter. de la presente ley, se dividirán en tantas circunscripciones electorales como candidatos deban elegirse.

La delimitación de las mismas se determinará tomando como base el número de votantes que con arreglo a la Constitución Nacional tiene derecho a elegir un representante y la proximidad de los lugares que comprenda cada circunscripción, formándose las mismas de ser posible, con un número equivalente de electores y respetando la división política de las provincias y la Ciudad de Buenos Aires en partidos, departamentos, secciones, etcétera.
Las circunscripciones así establecidas podrán modificarse por motivo de la variación del número de cargos a elegirse en razón del aumento o disminución de la población, o de la renovación parcial de la cámara en los distritos donde el número de cargos a elegir no son divisibles por mitades, con un anticipo de por lo menos 90 días a la elección general.
Art.2) Modificase el articulo 40 de la ley 19945, y sus modificatorias, el que quedara redactado de la siguiente forma:
Art. 40.- Los jueces electorales remitirán al Ministerio del Interior, para su aprobación, los proyectos con los límites exactos de cada uno de los circuitos y la delimitación o modificación de circunscripciones electorales cuando correspondan, dentro de su jurisdicción. No podrán hacerse modificaciones sino por el Ministerio del Interior a propuesta fundada del juez .
1.Terminado el anteproyecto de demarcación y delimitación de circuitos y circunscripciones electorales, el magistrado lo hará conocer a las autoridades locales, cuya opinión requerirá.
2.Los jueces electorales después de considerar y resolver las observaciones que se hicieren a los anteproyectos, formularán los proyectos definitivos que elevarán, junto con los antecedentes que sirvieron de base, al Ministerio del Interior. Para el caso de las circunscripciones electorales deberá elevarlo con una antelación de por lo menos 120 días antes de la elección.
3.Hasta que no sean aprobadas por el Ministerio del Interior las nuevas demarcaciones de los circuitos, los magistrados mantendrán las divisiones actuales, pero podrán subdividir los circuitos existentes cuando las circunstancias así lo aconsejen, conservando el número de su actual denominación e individualizando los nuevos a crearse con el agregado de una letra y siguiendo el orden alfabético.
4.- El Ministerio del Interior deberá aprobar las nuevas delimitaciones o modificaciones de las circunscripciones electorales, con un anticipo de por lo menos 90 días antes de la elección general. De no mediar tal aprobación los magistrados aplicarán transitoriamente las delimitaciones o modificaciones establecidas en el proyecto definitivo elevado al ministerio del interior.
5.-Las autoridades provinciales y de territorio enviarán al juez electoral, con antelación no menor de ciento cincuenta días a la fecha de la elección, mapas de cada una de las secciones en que se divide el distrito señalando en ellos los grupos demográficos de población electoral con relación a los centros poblados y medios de comunicación. En planilla aparte se consignarán el número, sexo y profesión de los electores que forman cada una de esas agrupaciones.
Art.3) Modificase el articulo 60 de la ley 19.945, y sus modificatorias, el que quedara redactado de la siguiente forma:
Art. 60.-Desde la publicación de la convocatoria y hasta cincuenta (50) días anteriores a la elección, los partidos registrarán ante el Juez Electoral las listas de los candidatos públicamente proclamados, quienes deberán reunir las condiciones propias del cargo para el cual se postulan y no estar comprendidos en alguna de las inhabilidades legales.
En el caso de la elección del Presidente y Vicepresidente de la Nación, la presentación de las fórmulas de candidatos se realizará ante el Juez Federal con competencia electoral de la Capital Federal.
Las listas que se presenten deberán tener mujeres en un mínimo del 30 % de los candidatos a los cargos a elegir y en proporciones con posibilidad de resultar electas. No será oficializada ninguna lista que no cumpla estos requisitos.
Cuando corresponda elección de diputados nacionales por circunscripción electoral, los partidos oficializarán una lista por cada circunscripción, debiendo los candidatos tener domicilio en la circunscripción para la que se postulen.
Los partidos presentarán, juntamente con el pedido de oficialización de listas, datos de filiación completos de sus candidatos y el último domicilio electoral. Podrán figurar en las listas con el nombre con el cual son conocidos, siempre que la variación del mismo no sea excesiva ni dé lugar a confusión a criterio del Juez.
Art. 4°) Modificase el art 158 de la ley 19.945, y sus modificatorias, que quedará redactado de la siguiente forma:
Art. 158.- Los diputados nacionales se elegirán en forma directa por el pueblo de cada provincia y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que se considerarán a este fin como distritos electorales.
Cada elector votará solamente por una lista de candidatos oficializada cuyo numero será igual al de los cargos a cubrir con más los suplentes previstos en el art. 163 y 163 bis de la presente ley.
Art.5°) Modificase el art. 161 de la ley 19.945, y sus modificatorias, el que quedará redactado de la siguiente forma:
Art. 161.- Los cargos a cubrir en los distritos electorales que le correspondan veinte (20) bancas o menos de diputados nacionales, se asignarán conforme al orden establecido por cada lista y con arreglo al siguiente procedimiento:
a) el total de los votos obtenidos por cada lista que haya alcanzado como mínimo el tres por ciento (3%) del padrón lectoral del distrito será dividido por uno (1), por dos (2), por tres (3) y así sucesivamente hasta llegar al número total de cargos a cubrir;
b) los cocientes resultantes, con independencia de la lista de que provengan, serán ordenados de mayor a menor en número igual al de los cargos a cubrir;
c) si hubiere dos o más cocientes iguales se los ordenará en relación directa con el total de los votos obtenidos por las respectivas listas y si éstos hubieren logrado igual número de votos el ordenamiento resultará de un sorteo que a tal fin deberá practicar la Junta Electoral competente;
d) a cada lista le corresponderán tantos cargos como veces sus cocientes figuren en el ordenamiento indicado en el inc. b.
Art.6°) Incorporase el art.161 bis a la ley 19.945, y sus modificatorias, con el texto siguiente :
Art. 161 bis.- Los cargos a cubrir en los distritos electorales que le correspondan como representación total de más de veinte (20) y hasta treinta (30) bancas de diputados nacionales, se asignarán conforme al siguiente procedimiento:
Cada distrito electoral, se dividirá en la cantidad de Circunscripciones Electorales igual a la cantidad de cargos electivos a cubrir por el Distrito en la correspondiente elección. Se elegirá un Diputado Nacional por cada circunscripción Electoral a simple pluralidad de sufragios.
A tal efecto la Justicia Nacional Electoral determinará las circunscripciones electorales de conformidad con lo establecido en el punto 4 del articulo 39 de la presente ley.
Art.7°) Incorporase el art.161 ter a la ley 19.945, y sus modificatorias, con el texto siguiente :
Art.161 ter.- Cada distrito electoral que le corresponda como representación total más de treinta (30) bancas de diputados nacionales, se dividirá en la cantidad de Circunscripciones Electorales igual a la mitad (1/2) de los cargos electivos a cubrir por el Distrito en cada elección, y se asignarán de conformidad con el procedimiento establecido en el articulo 161 bis de la presente ley.
El resto se elegirán por el sistema de lista con representación proporcional, y se asignarán de conformidad con el procedimiento establecido en el articulo 161 de la presente ley.
Art.8°) Incorporase el art.163 bis a la ley 19.945, y sus modificatorias, con el texto siguiente :
Art. 163 bis.- Cuando el distrito electoral elija diputados nacionales por circunscripción electoral se establecerá un candidato a diputado suplente por cada candidato a diputado titular.
Art.9°) Incorporase el art.164 bis a la ley 19.945, y sus modificatorias, con el texto siguiente :
Articulo 164 Bis.- En caso de muerte, renuncia, separación o inhabilidad permanente de un diputado nacional electo por circunscripción electoral lo sustituirá el diputado suplente de la lista. En todos los casos los reemplazantes se desempeñaran hasta que finalice el mandato que le hubiera correspondido al titular.
Art.10°) De forma.


FUNDAMENTOS

Sr. Presidente:


El presente proyecto de ley propone una modificación en la distribución territorial de la asignación de bancas de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación en cada uno de los distritos electorales que a tal fin se divide el Estado conforme lo determina nuestra Constitución Nacional.
En efecto proponemos que en los distritos electorales que deban elegir 20 diputados o más se dividan en circunscripciones uninominales, eligiendo solamente un diputado nacional cada una de ellas de acuerdo a la cantidad de votantes necesaria como mínimo para obtener una banca, teniendo en cuenta la vecindad, la integración física y una cantidad similar de electores cada una de ellas.
Asimismo, el presente proyecto establece, cuando la cantidad de bancas a ocupar por el distrito electoral sea superior a 30 un sistema mixto, debiéndose elegir una parte por el sistema proporcional y otra parte por el sistema uninominal.
Es un lugar común hablar hoy día de la falta de representación política, de la crisis de la política, de la falta de participación de la ciudadanía en la política etc., lo que nos obliga a pensar e imaginar de que manera encauzar las demandas y reclamos, buscando permanentemente el equilibrio de lo social y lo político.
Sin duda la discusión acerca de las modificaciones de los sistemas electorales son de las más apasionadas y no pocas veces traumáticas por las que deben pasar las sociedades en su evolución. No podría ser de otra manera si tenemos en cuenta que el sistema electoral es el músculo que le da movimiento y vida al esqueleto que no es otra cosa que nuestra Constitución Nacional.
Habría sido imposible la evolución de la civilización hacia las libertades civiles y políticas, de no haberse jalonado el camino de grandes batallas y pequeños triunfos en la conquista y reconocimiento de los derechos naturales del hombre, entre los que se destaca sin duda el derecho electoral.
Particularmente el derecho electoral fue precisamente uno de todos aquellos que hubo de obtenerse en el campo de batalla, tanto en la Inglaterra de Cromwel, como en Francia en 1848, o la misma América de 1797, en los que de algún modo fueron tomando forma y contenido el principio de la soberanía popular en el que se sostendría una nueva manera de organización jurídico-política de las sociedades modernas el “Estado Constitucional de Derecho”.
El Estado Constitucional de Derecho carecería de sentido si en su continente no cobrara vida la teoría de la representación política. En efecto tenemos que diferenciar el derecho a elegir del misterio de la representación política que genera una sujeción indisoluble entre las voluntades del elector y el elegido.
Debemos señalar que la mayoría de las reformas electorales promovidas han estado guiadas por una voluntad de inclusión creciente de ciudadanos, conquistándose así el derecho a elegir y ser elegido.
Sin embargo debemos advertir también que muchas de las reformas que se promueven tienen por objeto que el que elige, finalmente, no sea representado, garantizándose los privilegios de los sectores económicamente poderosos, en el marco de una sociedad esencialmente desigual, y cuyo sistema político se declara impotente para corregir las desigualdades existentes, desintegrándose el valor de lo político, de lo social y de lo justo.
Es en este sentido que no podemos ignorar que la discusión de los sistemas electorales a implementar suponen antes que nada una posición ideológica en el sentido del cambio que queremos impulsar. Es en definitiva la discusión sobre las reglas de juego, acerca de cómo la sociedad distribuye el poder entre fuerzas antagónicas, una conservadora, retardataria desintegradora e inhumana, la otra reformadora, progresista, integradora y humanista. Es en esta relación dialéctica que se alinean las distintas fuerzas políticas y sociales.
Sin embargo los sistemas vistos desde un punto de vista teórico, carecen por si mismo de tal contenido ideológico, y son en todo caso formulaciones matemáticas acerca de que modo obtener la representación. Todos los sistemas electorales desde este punto de vista tiene ventajas y desventajas, ninguno es perfecto y todos tiene tantos fervientes detractores como defensores.
Debemos preguntarnos entonces ¿En qué consiste la representación política?
El concepto traduce un fenómeno complejo que, en su núcleo, hace referencia a un tipo particular de relación establecida entre los “representantes”, que acceden a cargos de poder público, y los “representados” que legitiman la función de los representantes mediante mecanismos institucionales de elección.
En lo que se refiere al contenido de la función representativa y, por lo tanto, al papel de los representantes, en la literatura política han sido largamente discutidos tres modelos interpretativos, a saber:
1- la representación como relación de delegación o mandato imperativo;
2- la representación como relación fiduciaria o mandato libre;
3- la representación como espejo o representación sociológica.

1.-En este modelo el representante es concebido como un ejecutor -carente de iniciativa y de autonomía- de las "instrucciones" que los representados le impartan. En principio esta opinión concuerda con el ideal del "diputado propio".


Según la teoría anglosajona, muchos conciben la relación entre el representante y el electorado como una relación de uno a uno. Pero, en la realidad, los representantes como actores de las decisiones políticas, necesitan un margen de maniobra" incompatible con la rigidez de un sistema de instrucciones vinculante. Además, la atención de los representantes ante la cantidad de asuntos públicos es en general baja, y éstos -por otro lado- debido a su complejidad, presentan grandes dificultades de comprensión para el público. Sin embargo, en determinadas situaciones, que por su naturaleza lo permitan, el modelo de delegación puede ser utilizado. Esto sucede, en general, con grandes temas políticos respecto de los cuales pueden configurarse posiciones alternativas nítidas y bien definidas.
2.- Este modelo atribuye al representante una posición de autonomía y supone que la única guía para la acción es su percepción del "interés" de la Nación o del distrito. El mayor problema que se plantea es la posibilidad de no correspondencia entre las percepciones que respectivamente tienen representantes y representados del interés público. En efecto, si nos basamos en el principio fiduciario -sin dar lugar a un elemento de control sobre el comportamiento del representante- se acaba por atribuir a éste un poder arbitrario, que contrasta con el que corresponde al sentido de la representación.
3.- El tercer modelo concibe al organismo representativo como un “microcosmos” que reproduce fielmente las características del cuerpo social. Pero ante la complejidad de intereses existentes, cabe preguntarse ¿cuáles características del cuerpo social merecen ser reflejadas en el organismo representativo: los intereses políticos, ideológicos, profesionales, regionales, etcétera? Además, ¿es necesaria la reproducción de las diversas tendencias políticas y sociales o basta con una síntesis de las mismas?
En realidad, un examen atento de los sistemas políticos representativos permite advertir que ninguno de los tres modelos existe en su forma pura. Del modelo del mandato libre se extrae la necesidad de un cierto margen de autonomía para los representantes. El modelo del delegado ofrece, en cambio, un elemento de vínculo al que debe también estar sometido el representante. Y el modelo espejo responde a exigencias de orden simbólico y psicológico que en ciertas situaciones pueden asumir notable importancia.
Desde un abordaje sociológico, Sagüés plantea que "...el meollo de la representación política está en un fenómeno de adhesión..." cuyas causas son múltiples . ..... Algunas veces se presta adhesión por el carisma, simpatía, seguridad o confianza que tiene el representante. Tal vía de adhesión, en base a las cualidades de persuasión y de seducción de éste, origina elencos representativos en base a 'lealtades personales'. En otros supuestos, el representado confiere adhesión al representante porque entiende que el último le beneficiará (lealtad por interés). También es posible que B conceda adhesión a A por coincidencias ideológicas o doctrinarias: 'lealtad por principios'. Asimismo, pueden darse adhesiones mixtas, por lealtad personal y de interés, o principistas y de interés, etcétera." (Sagües, Néstor. “Partidos políticos y representación política. El Derecho, tomo 137, p. 957)
En la mayoría de los Estados que se rigen por un sistema representativo los partidos políticos monopolizan la representación política, en lo que hace a la integración de los órganos de gobierno.
Para el enfoque sociológico un partido político es representativo si sus líderes y candidatos cuentan con adhesión, dentro y fuera del partido.
a) Dentro del partido político: Respecto de lo que podemos llamar representatividad interna, algunos dirigentes del partido representan (obtienen adhesión) a sectores o líneas de ese partido. Tal representatividad intrapartidaria es decisiva, por supuesto, para alcanzar cargos en las cúpulas partidarias y para lograr ser incluido en las listas que el partido presenta a la ciudadanía, el día de los comicios generales.
b) Fuera del partido político: Con relación a la que denominamos representatividad externa ciertos dirigentes o figuras del partido representan (obtienen adhesión) a sectores y grupos humanos que no pertenecen al partido, pero que muchas veces sufragan en las elecciones generales. Esa representatividad extrapartidaria es decisiva para triunfar en éstas y desde luego para alcanzar así los cargos públicos (...) que se disputan en esos comicios.( Sagüés, Néstor. Obra citada )
Otro elemento clave para entender el fenómeno de la representación política son los sistemas de elección de los representantes.
La representación política surge de un proceso electoral en el cual diversas organizaciones partidarias compiten entre si por la conquista o conservación de cargos en los órganos políticos fundamentales, frente a un "público con función de juez".
La naturaleza de la representación política ha sido y es objeto de múltiples controversias, pero existe un acuerdo general sobre un principio: no hay representación política sin elecciones regulares de los gobernantes por los gobernados.
El tema de la representación política se vincula a dos momentos del proceso electoral: la selección de los candidatos y la elección de los representantes.
Es frecuente que se aborden ambos momentos en forma conjunta perdiendo de vista sus diferencias y el hecho de que cualquier sistema electoral podría ser compatible con cualquier sistema de nominación. ( Montbrun, Alberto. En La Ley, tomo 1993-D, p. 857.)
La selección de candidatos es el momento institucional previo a las elecciones generales, en el cual los distintos partidos políticos proceden a realizar la selección o nominación de los candidatos que han de postular a los distintos cargos, y que serán sometidos posteriormente a consideración popular.
Ekmekdjian señala que la integración de las listas de candidatos a cargos electivos, por lo general, no surge de la voluntad mayoritaria de los afiliados sino que es el producto de los acuerdos celebrados en los "caucus" u oligarquías dirigentes, que luego son "legitimados" por un porcentaje de afiliados, que tienen como principal motivación la lealtad a ciertos caudillos o punteros, antes que a los ideales partidarios.
Debería ser un imperativo ético de cada partido presentar a sus mejores hombres, y de éstos a aquellos que representen realmente a los sectores mayoritarios de los afiliados. Como es sabido esto no es así en la realidad ya que los candidatos se distinguen casi únicamente por su caudal electoral propio. En otras palabras, la calidad ha sido reemplazada por la cantidad." ( Ekmekdjian, Miguel. Tratado de Derecho Constitucional. Buenos Aires. Depalma, 1995, tomo III, p.560)
Doctrinalmente se trata de neutralizar estos efectos, mediante la aplicación de distintos métodos de selección de candidatos. En este punto interesa analizar las siguientes propuestas: primarias abiertas, doble voto simultáneo (ley de lemas), y candidaturas independientes.
Respecto a la elección propiamente dicha, puede decirse que es el momento institucional en el cual los ciudadanos concurren a la formación de la voluntad colectiva para elegir a los titulares de los cargos públicos de carácter electivo. Para ello tiene total relevancia el diseño y la selección del sistema electoral, es decir, el método para computar el resultado de una elección y adjudicar los cargos en disputa en función de ese resultado.
Ekmekdjian realiza algunas precisiones sobre los recaudos fundamentales que debe cumplir un sistema electoral: a) Que permita la inmediación entre el candidato y sus electores;
b) Que refleje de la manera más exacta posible la voluntad del conjunto de los ciudadanos;
c) Que permita gobernar al partido triunfante en las elecciones.
“no existe un sistema electoral que pueda satisfacer a estos tres principios al mismo tiempo. Además ningún sistema electoral es neutro. Todo régimen electoral beneficia a algunos partidos y perjudica a otros”.
“ Los sistemas denominados mayoritarios tratan de favorecer la gobernabilidad del sistema ( postulado c), falseando la realidad electoral(postulado b). Los sistemas proporcionales, en cambio, apuntan a reflejar la realidad electoral (postulado b), pero generalmente dificultan la gobernabilidad del sistema (postulado c)."
"Gran parte de ambos impiden que se cumpla el postulado a, esto es, la inmediación entre el candidato y sus electores."
Para la literatura política este principio es favorecido únicamente por el sistema de circunscripciones uninominales. "En él, el candidato necesita de la confianza de sus electores, para ganarse la cual debe sacrificar incluso las lealtades partidarias a los caucus y el clientelismo político." ( Ekmekdjian, Miguel. Obra citada)
Las leyes electorales constituyen instrumentos ordenados a responder ciertos interrogantes específicos: ¿cuántos y quiénes son los ciudadanos que pueden elegir y ser elegidos?; ¿cómo y en base a qué criterios -edad, capacidad, sexo, riqueza- se discrimina el cuerpo electoral del resto de la población?; ¿los ciudadanos eligen entre personas individuales o entre partidos?; ¿el candidato o partido que ha obtenido más votos que cualquier otro gana directamente, o bien, la victoria se divide entre los opositores en proporción a su voto?; ¿cada distrito elige un legislador único, o bien, selecciona un número determinado de representantes? (Botana, Natalio.,El orden conservador. Hyspamérica, 1986, p. 252. )
Las respuestas a estas preguntas conforman el universo normativo que integra un régimen electoral determinado. En el caso de nuestro país, la Constitución formal sólo contiene reglas primarias y condicionantes (artículos 45 y 98). No toma partido por ningún régimen electoral en particular, ni define las características del sufragio.
De manera que, respetando el sistema presidencialista y el régimen federal, el Poder Legislativo tendría libertad para dictar las normas electorales que contribuyan a delinear el régimen que mejor interprete la voluntad de la ciudadanía. Éste, además, debería contemplar el rol de las mayorías y minorías, pero por sobre todo que sea un régimen destinado a evitar el absolutismo y que se compadezca con un mínimo de ética política. (Vanossi, Jorge R. "Otra vez la cuestión electoral, hacia el voto de preferencia", en La Ley, tomo 1988-E, p. 915. )
Existen diversos criterios para efectuar una clasificación de los sistemas electorales. Uno de ellos consiste en tomar como base la organización territorial aplicada para el funcionamiento del cuerpo electoral. En este caso, el sistema puede ser uninominal o plurinominal. (...) Sobre la base de la participación de las minorías en la integración de los cuerpos electorales, los sistemas se clasifican en mayoritarios, minoritarios y mixtos. En los primeros, se adjudican todos los cargos electorales a los candidatos que obtienen mayor número de votos, ya sea en forma absoluta o relativa. En los segundos, se procura asegurar la elección de los candidatos minoritarios. En los terceros, finalmente, se pretende conciliar los sistemas mayoritarios y minoritarios." Badeni, Gregorio. Derecho Constitucional. Buenos Aires. Ad Hoc, 1993, pp. 429/430.
La elección entre distintas alternativas conlleva siempre y de suyo un problema axiológico, toda vez que, como señala Vanossi, un sistema electoral nunca es neutral, tampoco es infalible y, por sobre todo, no es permanente, es decir, es producto de la coyuntura: hoy sirven y mañana no. Por otro lado, si bien el sistema electoral determina en parte el régimen político, no nos garantiza per se la seguridad institucional, ya que ella hace más a una cuestión social que normativa.
Coincide Pedro Frias, cuando afirma que "los sistemas electorales no son inocentes. Todos deparan sorpresas y efectos no deseados, según el sistema político; la experiencia comparada es de valor relativo.” ( Frías, Pedro. cuestiones electorales, en La Ley, tomo 1990-E, p. 973.)

Tampoco puede decirse en abstracto que un sistema electoral sea mejor que otro. Es decir, como advierte Molinelli, "no hay un sistema electoral óptimo desde todo punto de vista, en forma independiente de: a) las condiciones y necesidades concretas del sistema social y político donde se aplicará (...), b) de los objetivos que se tienen en vista, en particular respecto al sistema de partidos y al sistema político en general, (...) y c) del diseño institucional con el cual en los hechos se combinará."


Siguiendo entonces estos lineamientos desarrollaremos brevemente los motivos de la reforma propuesta:
A) En primer lugar debemos aclarar que la crisis de representación política se manifiesta fundamentalmente en los grandes centros urbanos. En efecto si tomamos los datos de las últimas elecciones observamos que el porcentaje de votos en blanco y votos nulos se eleva considerablemente en las grandes ciudades. Particularmente en la Ciudad de Buenos Aires la suma de votos en blancos y votos voluntariamente nulos se ubico por encima del candidato que obtuvo más votos en la elección.
Existe una fuerte demanda social por acercar la política a la gente, sin embargo partiendo de la poca credibilidad o falta de confianza de la sociedad en los partidos políticos en general, el sistema proporcional resulta insuficiente para recuperar la confianza, ya que en ese sistema prevalece la identidad del partido político por encima de las cualidades personales de los candidatos.
La crisis de representación entonces esta vinculada a la crisis de representatividad de los partidos políticos, y la superación de esa crisis tiene que ver con modificaciones o transformaciones al interior de los partidos políticos que permitan nuevamente la participación de la gente, y vuelvan a tener aptitud para transmitir las demandas sociales al sistema político.
El sistema proporcional es sin ninguna duda el que mejor expresa las diversas tendencias de la sociedad, el que garantiza el pluralismo político, conteniendo los diversos matices. Es el que mejor se adapta al sistema republicano, garantizando incluso el control social del ejercicio del gobierno por parte de las minorías. Sin embargo requiere para su funcionamiento partidos políticos fuertes, ideológicamente definidos, que incluyan en su representatividad al conjunto de la sociedad.
Desde esta perspectiva es que creemos que existe hoy un falso debate acerca de las reformas políticas en general y de los sistemas electorales en particular. Consideramos que las propuestas en danza son incompletas o insuficientes.
En algunas se plantea como solución a la crisis de representación la modificación del sistema electoral vigente por el sistema electoral uninominal, admitiendo incluso las candidaturas independientes. Esta solución que consideramos interesante para los grandes distritos, contiene ciertos peligros que no deseamos ocultar, pero cuya entidad es menor al problema que debemos resolver en la presente emergencia nacional. Es evidente que resultaría indeseable que con motivo de una gran dispersión de candidaturas, los representantes electos, lo sean por un porcentaje muy bajo de sufragios, proscribiendo la representación de mayorías frente a la atomización del voto entre numerosas candidaturas; asimismo subyace el peligro de que el triunfo de un partido en todas las circunscripciones elimine el pluralismo de la representación; y por último debe ponerse extremo cuidado en la delimitación objetiva de las circunscripciones ya que sufrimos un grotesco antecedente en las elecciones de 1954.
Otras propuestas pretenden resolver la crisis de representatividad de los partidos políticos, aumentando las posibilidades de participación de la ciudadanía en el proceso de selección de los candidatos que luego se ofrecerán en la elección general ( internas abiertas). Nuevamente se intenta resolver el problema por el lado de la confianza que un hombre o una mujer puede despertar en el electorado, y nada se plantea con relación a la recuperación de la confianza por parte de la institución partido político. Nótese que tanto la doctrina como la jurisprudencia de nuestra Corte Suprema de Justicia coinciden en afirmar que los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático.
Es en este contexto social y político en el que formulamos el presente proyecto de ley, teniendo en cuenta: a) que la crisis de representatividad se da particularmente en los grandes centros urbanos, como la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. b) Que la crisis de representatividad de los partidos políticos requieren transformaciones muy profundas que deben operarse fundamentalmente en el plano cultural, lo que implica tiempo y persistencia en el sentido de los cambios. c) Que los sistemas electorales son circunstanciales y deben establecerse en función de las necesidades sociales, por lo que rechazamos la idea de un reemplazo total del sistema de representación proporcional. El problema de acercar la representación a la base electoral, solo es un problema en los distritos que tienen mas de veinte diputados nacionales.
B) El presente proyecto de ley tiene como objetivo dar respuesta a la necesidad de acercar la representación a la base electoral en los grandes centros urbanos, estableciendo un sistema electoral mixto para los distritos electorales que tengan una representación en la Honorable Cámara de Diputados de treinta diputados o más.
Sin embargo al introducir esta modificación en los sistemas electorales de los distritos que cuentan con más de treinta diputados, creemos necesario amortiguar o suprimir los efectos no deseados o no queridos del sistema uninominal en el sistema de partidos políticos y en el propio sistema político que hemos reseñado ut-supra.
En este sentido es que proponemos mantener la distribución de los cargos a asignar por el sistema proporcional, hasta alcanzar un número de electores lo suficientemente importante como parea que la introducción de un sistema electoral mixto parecido al Alemán se justifique.
En efecto la potenciación de las virtudes de ambos sistemas es un ideal que deberemos ir constatando en la práctica. Pero en principio podemos señalar que mantendría la importancia de un voto al partido político que mejor nos represente, regenerando la confianza en la institución partido político, incorporando la noción de una relación directa entre el representante que se elige en una circunscripción uninominal y su base electoral, independientemente del partido por el que vote en el sistema proporcional, dotando de mayor eficacia a la función de representación.
Por otro lado al mantener en la mayoría de los distritos el sistema proporcional, y establecer uno mixto para los que tengan una representación de más de 30 diputados, nos alejaríamos del riesgo del partido único, o de la tendencia al cesarismo, preservando un sistema político pluralista y democrático.
La diferencia que el proyecto de ley prevé para los distritos electorales con menos de 30 legisladores y mas de veinte, sustituyendo el sistema proporcional por el uninominal, se justifica en la necesidad de tener un número de circunscripciones electorales lo suficientemente grande como para que sus bases electorales sean más o menos pequeñas, de modo de efectivizar la relación directa entre el elector y su representante, principal objetivo de las modificaciones propuestas para los distritos con grandes centros urbanos.

C) El diseño institucional está definido por el régimen de gobierno definido en nuestra Constitución Nacional. Sus notas distintivas son “ el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes” (art. 22 ), y que la “Nación Argentina adopta para su forma de gobierno la forma representativa, republicana y federal” (art.1).


Las modificaciones propuestas en el presente proyecto de ley, al régimen electoral vigente, se adaptan a este diseño institucional, intentando mejorar las condiciones de la representación en los grandes centros urbanos, afirmando sus características principales. El alcance de la misma se circunscribe solamente al Titulo VII, Capitulo III de la ley 24.444.
Debemos preguntarnos por último si la posibilidad de que los distritos electorales, en los que se divide el Estado, tengan sistemas electorales diferentes es constitucional o no.
En primer lugar debemos decir que nuestro texto constitucional da amplia facultad al legislador, para establecer el sistema que considere mas adecuado de acuerdo a las necesidades sociales y políticas de la época.
En segundo lugar destacamos que el propio Joaquín V. González, con motivo del tratamiento parlamentario de la reforma electoral de 1902, se refirió a que en Estados Unidos, los estados de la unión tenían la facultad de establecer cada uno de ellos el sistema electoral que consideraran más conveniente, encontrando en ello un virtud ya que permitía experimentar acerca de los mismos, sin que el sistema en su conjunto sufra procesos irreversibles.
En consecuencia, siendo el diseño institucional norteamericano una fuente del nuestro, en realidad la única diferencia a observar, es que mientras en la Constitución Americana la facultad legislativa la tiene cada estado de la unión, en nuestra Constitución Nacional la tiene el Poder Legislativo Nacional. Pero no hay nada que impida que éste establezca diferencias de sistemas electorales de acuerdo a las necesidades sociales y políticas de cada uno de los distritos .
Finalmente queremos agradecer el trabajo de recopilación sobre la materia efectuado por la Biblioteca del Congreso de la nación, que nos ha sido de suma utilidad.
Por todo lo expuesto precedentemente es que solicitamos ala aprobación del presente proyecto de ley.
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