El propósito final de la filosofa de hume



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David Hume. Editorial Editex


  1. EL PROPÓSITO FINAL DE LA FILOSOFA DE HUME





  1. En una carta que Hume redactó entre marzo o abril del año 1734, tenía entonces veintitrés años y se disponía a realizar la redacción definitiva de la que sería con el tiempo su obra principal: el Tratado de la naturaleza humana, escribe a su amigo el doctor George Cheyne en los siguientes términos:

«Teniendo ahora tiempo y ocio para enfriar mis apasionadas imaginaciones, comencé a considerar seriamente cómo habría de proceder en mis investigaciones filosóficas. Encontré que la filosofía que nos había llegado desde la Antigüedad adolecía del mismo inconveniente que la filosofía natural, a saber, el ser totalmente hipotética y depender más de la elucubración que de la experiencia. Todo el mundo consultaba a su imaginación a la hora de elaborar sistemas de virtud y felicidad sin tener en cuenta la naturaleza humana, de la que toda conclusión moral ha de depender. Decidí, por ello, hacer de esta el objeto principal de mi estudio y la fuente de la que haría derivar toda verdad en teoría literaria así como en moral».

En esta larga cita, Hume afirma varias cosas:


    1. Se queja de que la filosofía anterior a él no haya sido más que fruto de hombres que…

      1. han imaginado cómo sería la realidad

      2. en lugar de detenerse a comprobar cómo era en serio.

    2. También se queja de la poca atención que se le ha prestado a la naturaleza humana cuando ella es el sujeto de todas las experiencias:

      1. todas las experiencias que tenemos de la realidad pasan a través del ser humano

      2. y, si el ser humano puede transmitirlas tal y como son, será posible la ciencia.

Ahora bien, si, cuando las experiencias pasan a través del hombre, este las altera, las cambia mucho, ¿acaso habrá esperanza de conocerla?


Por eso, Hume decide dedicarse por completo al estudio de la naturaleza humana: si pudiéramos saber cómo funcionamos tendríamos mucho ganado a la hora de conocer…

        1. eso que todos los filósofos de la Antigüedad han llamado realidad

        2. y su correlato necesario en el conocimiento que es lo que todos los filósofos han llamado verdad. Te digo esto porque, si la verdad es algo, es que nuestro conocimiento de las cosas concuerde con lo que las cosas son. ¿Es esto posible?

Desde luego si, como Hume dice, todo el mundo se pone a imaginar en lugar de investigar cómo es la realidad, la verdad no será posible porque no llegaremos nunca a la realidad.


Pero ¿es posible llegar a la realidad a través de la naturaleza humana? Eso se lo propone Hume con mucho empeño y, de ahí, el título de su obra principal que ya te he citado en el párrafo anterior.


  1. Para Hume es importante estudiar la naturaleza humana porque todo tipo de ciencia depende en mayor o menor medida da la ciencia del hombre en tanto que es el hombre…

    1. el que hace la ciencia

    2. y tiene que someter toda la realidad objetiva a su conocimiento como sujeto: todo conocimiento es siempre conocimiento de un sujeto y todo conocimiento intelectual es siempre conocimiento de un sujeto humano.

Por ello, en el Tratado (XV), dice: «Es imposible decir qué cambios y desarrollos podríamos conseguir en esas ciencias si estuviéramos exhaustivamente familiarizados con el límite y el poder del conocimiento humano y pudiéramos explicar la naturaleza de las ideas que empleamos y la naturaleza de las operaciones que utilizamos en nuestros razonamientos».


  1. El interés de Hume

    1. no consiste en explicar la naturaleza humana a través de hipótesis y construcciones mentales (como hizo la filosofía anterior a Hume),

    2. sino en describirla tal como de hecho se da. Para ello, piensa, sólo hay un camino:

      1. observarla en sus operaciones concretas

      2. y describir sus actuaciones.


Observar y describir, como si fuera un científico de la naturaleza más, pero estudiando las operaciones del alma humana.
Según Hume, para encontrar los principios que unen los acontecimientos del mundo…

        1. no se puede usar la imaginación —o al menos no se debería si queremos hacer una ciencia auténtica—. La forma de hallar el «cemento» que une los fenómenos del mundo no es inventarse los principios de unión,

        2. sino descubrirlos desde la observación detenida y atenta de las cosas mismas en tanto que están abiertas a la experiencia humana.

Así como Newton —precedido en parte por autores tan importantes como Galileo Galilei y Francis Bacon— había protagonizado un cambio radical en la ciencia (que, por cierto, entonces se llamaba filosofía natural) …



      1. al pretender limitarse a describir los fenómenos físicos

      2. y al considerar la observación y la experiencia como únicas fuentes del saber que quería alcanzar,

Hume pretende hacer algo semejante en lo que entonces se llamaba «disciplinas morales» y que hoy en día llamaríamos con el nombre de ciencias humanas.
Eso que quiere hacer Hume lo tiene muy claro desde el principio. El mismo subtítulo del Tratado de la naturaleza humana, su primera y más importante obra, quiere dejarlo claro desde el comienzo.

Ese subtítulo dice así: «Un intento de introducir el método experimental de razonamiento en las disciplinas morales».


Lo que Hume quiere es dibujar un mapa de la naturaleza humana

        1. no sobre las bases de un simple análisis de conceptos o trabajando desde una posición teológica,

        2. sino tomando como único fundamento la experiencia.

Su intención es observar a los seres humanos y, luego, obtener conclusiones de esas observaciones sin tener previamente prejuicios ideológicos o teóricos que enturbien la experiencia misma.

Para resumir todo lo dicho anteriormente, lo que Hume quiere ser —como tantas veces se le ha llamado— es el Newton de las ciencias morales o humanas.
El propósito de Hume no es otro que el de hacer un diseño de la naturaleza humana fundado en la experiencia y, como consecuencia, renovar las ciencias morales.


  1. La experiencia es la palabra clave, hay que fundar nuestro conocimiento en la experiencia.

    1. Ahora bien, ¿no es la experiencia algo subjetivo? Si alguien sufre una alucinación, ¿no está teniendo una experiencia tan fuerte como la de otro que está acariciando un caballo real?

    2. ¿Cómo discernir si algo es real o es sólo producto de la imaginación, una creación construida arbitrariamente por el sujeto que experimenta?

    3. ¿Existe alguna forma, algún camino, de despejar la duda de si un objeto es, sin más, real en el sentido fuerte del término, o es un constructo de las facultades humanas?

Hume intenta uno que parece que le da cierto resultado: considerar solamente como reales aquellas experiencias que se impongan por sí mismas a los sentidos y, por tanto, en las que no haya peligro de elaboración distorsionadora previa.


Diciéndolo de otra manera, parece que la única regla que nos permite hablar de la realidad de un objeto es el contacto inmediato con él en la existencia.

      1. Experiencia de algo es …

      2. que la existencia del objeto

      3. haya entrado en contacto con la existencia del sujeto

      4. imponiéndosele.

«Con el término impresión, pues, quiero denotar nuestras percepciones más intensas: cuando oímos, o vemos, o sentimos, o amamos, u odiamos, o deseamos o queremos. Y las impresiones se distinguen de las ideas que son percepciones menos intensas de las que tenemos conciencia, cuando reflexionamos sobre las sensaciones o movimientos arriba mencionados.»



HUME, D., Investigación sobre el conocimiento humano, pág. 33.
Por eso, Hume distingue entre las que llama «impresiones» y las que llama «ideas».

    1. Impresión es el conocimiento de todo aquello que recibimos inmediatamente por los sentidos.

La lectura de las palabras que estás haciendo ahora son impresiones, el tacto de la mesa sobre la que tienes el libro, los colores de las letras y de las ilustraciones, todo eso son impresiones.

    1. Al otro tipo de conocimiento se le llama de «ideas» y que podemos definir como todo el conjunto de las representaciones que tenemos en el pensamiento.

Si dejas de tocar la mesa y piensas en su tacto ya no tendrás una impresión de ella, sino una idea.
Esa distinción es muy importante en Hume, ¿por qué? Lo es porque Hume piensa que muchas de las ideas que los filósofos dicen tener no son ideas que tengan una impresión precedente que les corresponda. Y eso quiere decir que no hay nada existente que corresponda a esa idea: uno puede tener la idea de un hipopótamo volador a rayas, pero eso no existe, no hay impresión que le corresponda.
La cuestión, en esencia, es esta:

      1. si tengo la impresión de algo, sé que ese algo existe ahora,

      2. mientras que, si tengo una idea de algo no estoy en situación, por el mero hecho de tener la idea, de saber si ese algo existe ahora o no. Puedo hacer conjeturas sobre su existencia, pero de hecho no puedo estar seguro de ello.

De ahí que sólo sea posible tener la absoluta seguridad de la existencia de algo, de su realidad, de su presencia en el mundo, si tengo una impresión suya.
La única fuente del conocimiento verdadero es la experiencia de las impresiones, el atenerse a los hechos presentes y observar cómo se dan estos al conocimiento.
A eso es a lo que se refiere Hume cuando dice que «es cierto que no podemos ir más allá de la experiencia y cualquier hipótesis que pretenda descubrir las cualidades originales últimas de la naturaleza humana debe, en principio, ser rechazada como presuntuosa y quimérica» (Tratado, XVII).
«Nuestro autor comienza con algunas definiciones. Llama percepción a todo aquello que pueda estar presente en el espíritu, ya sea que empleemos nuestros sentidos, o estemos movidos por la pasión, o ejercitemos nuestro pensamiento y reflexión. Divide nuestras percepciones en dos clases, a saber, impresiones e ideas. Cuando sentimos una pasión o emoción de cualquier tipo o tenemos las imágenes de objetos externos que nos han proporcionado los sentidos, la percepción que posee la mente es lo que el autor llama una impresión, que es una palabra que el autor emplea en un nuevo sentido. Cuando reflexionamos sobre una pasión o un objeto que no está presente, esta percepción es una idea. Las impresiones, por tanto, son nuestras percepciones más vivaces y fuertes; las ideas son las más borrosas y débiles. Esta distinción es evidente; tan evidente como la que existe entre el sentir y el pensar». HUME, D., Resumen del tratado de la naturaleza humana.


2. RELACIONES DE IDEAS Y CUESTIONES DE HECHO





  1. Hume reconoce, a pesar de lo que hemos dicho en el punto anterior, que no todo tipo de conocimiento necesita referirse inmediatamente a una impresión para ser verdadero.

Hay un campo en el que el conocimiento sólo de ideas puede presentarse con validez científica. Ese campo es el de las relaciones entre las ideas abstractas de la mente que, en lo que a la ciencia se refiere, dan lugar a la matemática y a la geometría.


En ese tipo de conocimiento no se trata ninguna cuestión de hechoningún acontecimiento concreto de la realidad— sino de relaciones necesarias que la mente halla entre sus ideas abstractas.


    1. El número dos o un triángulo son ideas abstractas, pueden hacer referencia a múltiples objetos de la realidad, pero el hecho es que no lo hacen a ninguno en concreto, a ninguna impresión en particular.




    1. Los números y las figuras podemos conectarlos sin tener en cuenta los objetos concretos de la realidad y, sin embargo, podemos obtener operaciones tremendamente exactas realizadas sólo atendiendo a las relaciones que entre ellas se establecen.

Eso será posible sólo en esos campos, pero en los demás tenemos que atenernos a las impresiones.


Los sistemas llamados racionalistasDescartes, Leibniz, Spinoza—, son válidos siempre y cuando reduzcan su ámbito de aplicación a las ideas de la razón, pero no cuando intentan establecer relaciones necesarias entre los hechos del mundo.
Las existencias reales, es decir, las cuestiones de hecho y las relaciones de ideas son, cognoscitivamente hablando, irreductibles entre sí, son dos cosas muy distintas.

      1. Para las segundas, el método válido es el que se llama de deducción, es decir, extraer consecuencias abstractas de unas premisas anteriores.

      2. Para las primeras, el método adecuado de conocimiento es el de la inducción: extraer consecuencias generales de un conjunto de fenómenos individuales.



  1. Lo anterior lo dice Hume de la siguiente manera, lo vamos a ver en diferentes textos de la Investigación sobre el conocimiento humano:


«Todos los objetos de la razón e investigación humana pueden, naturalmente, dividirse en dos grupos, a saber: relaciones de ideas y cuestiones de hecho. A la primera clase pertenecen las ciencias de la Geometría, el Álgebra, la Aritmética y, en resumen, toda afirmación que es intuitiva o demostrativamente cierta. (...). Las proposiciones de esta clase pueden descubrirse por la mera operación del pensamiento, independientemente de lo que pueda existir en cualquier parte del universo. (...). Las cuestiones de hecho, que son los segundos objetos de la razón humana, no son averiguadas de la misma manera. (...). Lo contrario de cualquier cuestión de hecho es, en cualquier caso, posible, porque jamás puede indicar una contradicción, y es concebido por la mente con la misma facilidad y distinción que si fuera totalmente ajustado a la realidad» (25-26).
«Me parece que los únicos objetos de las ciencias abstractas o de la demostración son la cantidad y el número y que todos los intentos de extender esta clase más perfecta de conocimiento más allá de esos límites son mera sofistería e ilusión. (...). Todas las demás investigaciones de los hombres conciernen sólo a cuestiones de hecho y existencia. Y, evidentemente, estas no pueden demostrarse. Todo lo que es puede no ser. Ninguna negación de un hecho envuelve una contradicción. La no existencia de cualquier ser, sin excepción, es una idea tan clara y distinta como la de su existencia. La proposición que afirma que no es, por muy falsa que sea, no es menos concebible e inteligible que la que afirma que es. El caso es distinto con las ciencias propiamente dichas. Toda proposición que no es verdad es confusa e ininteligible. Que la raíz cúbica de 64 es igual a la mitad de diez es una proposición falsa y jamás podrá concebirse directamente. Pero aquella que afirma que César o el ángel Gabriel o cualquier ser nunca existió, podrá ser una proposición falsa, pero es perfectamente concebible y no implica contradicción» (163-164).
Es en el párrafo con el que termina la Investigación donde, convencido de este doble ámbito de actividad del conocimiento, radicaliza tremendamente su posición: «Si procediéramos a revisar las bibliotecas persuadidos de estos principios, ¿qué destrozos no haríamos? Si cogemos cualquier volumen de Teología o metafísica escolástica, por ejemplo, preguntemos: ¿Contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No. ¿Contiene algún razonamiento experimental acerca de cuestiones de hecho y de existencia? No. Tírese entonces a las llamas, pues no puede contener más que sofistería e ilusión» (165).
Los textos que acabo de citar, …

      1. aparte de clarificar la división entre relaciones de ideas y cuestiones de hecho,

      2. muestran también que, según las aspiraciones del conocimiento, el ideal de la razón sería —debido a la evidencia que proporciona y a la exactitud de sus demostraciones— aprehender toda la realidad según la deducción de las ciencias abstractas.

El problema es que Hume demuestra que ese ideal no es aplicable a todo el campo de la realidad ya que ninguna cuestión de hecho es…



        1. o necesaria

        2. o se deduce necesariamente de otra cosa.


El ideal de la razón que querían los racionalistas

    1. sólo es posible en las relaciones necesarias entre las ideas abstractas de la mente.

    2. Pero hay otro gran campo que el anterior no cubre y que es el de las cuestiones de hecho para las que únicamente es válido el tipo de conocimiento en el que consiste la inducción.


Lo racional y lo empírico

      1. se colocan a un mismo nivel de validez de conocimiento

      2. pero a cada uno de ellos hay que llegar con una metodología diferente.

ASOCIACIÓN DE IDEAS E INFERENCIA CAUSAL





  1. Para Hume, todas las percepciones de la mente, todo aquello que hace acto de presencia en ella, se puede dividir en dos diferentes clases: las impresiones y las ideas.

    1. Impresión es todo aquello que la mente recibe;

    2. idea es todo lo que es asimilado y elaborado por la mente.

El criterio último de distinción que Hume establece entre una clase y otra de percepciones, por ejemplo, entre la impresión de una mesa y la idea de una mesa, es la fuerza o el grado de vivacidad con que aparecen a la mente: la impresión de una piedra golpeándote la cabeza y la idea de lo mismo difieren precisamente en esa línea que apunta Hume.


Hume dice que eso es evidente y formula esa evidencia en la sección segunda de la Investigación (17): «Todo el mundo admitirá sin reparos que hay una diferencia considerable entre las percepciones de la mente cuando una persona siente el dolor del calor excesivo o el placer del calor moderado y cuando después evoca en la mente esta sensación o la anticipa en su imaginación. Estas facultades pueden imitar o copiar las impresiones de los sentidos, pero nunca alcanzar la fuerza o vivacidad de la experiencia inicial. Lo más que decimos de estas facultades, aun cuando operan con el mayor vigor, es que representan sus objetos de una forma tan viva que casi podríamos decir que los sentimos o vemos. Pero, a no ser que la mente esté trastornada por enfermedad o locura, jamás pueden llegar a un grado de vivacidad tal como para hacer que estas percepciones sean absolutamente indiscernibles de las sensaciones. Todos los colores de la poesía, aunque sean espléndidos, nunca pueden pintar objetos naturales de forma que su descripción sea tomada por un paisaje real. El pensamiento más intenso es inferior a la sensación más débil».



  1. A partir de tal distinción y criterio asentará los principios a partir de los cuales pretende realizar, según el modo experimental de razonamiento, el estudio de la naturaleza humana.

Debido a la gran semejanza que existe entre las impresiones y las ideas, excepto en su grado de fuerza y vivacidad, piensa que las ideas son obtenidas por reflexión de la mente sobre las impresiones. De esa manera, las impresiones y las ideas se corresponderían unas con otras.


Si eso fuera así, el estudio de la naturaleza humana descansaría sobre fundamentos muy sencillos que permitirían establecer que no hay nada en el hombre que no esté presente en el mundo.
Las ideas serían siempre copias fieles de las impresiones y no habría posibilidad de que fuera de otra manera.



  1. Pero eso, como es obvio, no es cierto y, por ello, comienza ahí una dificultad que hace necesario complicar los fundamentos de la ciencia del hombre.

El motivo fundamental de esa complicación es la falta de correspondencia entre las impresiones complejas y las ideas complejas. Eso nos hace sospechar que la cuestión no es tan fácil como se nos pintaba a primera vista.



Dice Hume al comienzo del Tratado (3): "después de un examen más detenido descubro que me he dejado llevar demasiado lejos por las apariencias y que debo hacer la distinción de las percepciones en simples y complejas para limitar la afirmación general de que todas nuestras ideas e impresiones se corresponden. Me doy cuenta de que muchas de nuestras ideas complejas no tienen impresiones que les correspondan y que muchas de nuestras impresiones complejas no están exactamente copiadas en las ideas. Puedo imaginarme una ciudad tal como la Nueva Jerusalén, con suelos de oro y paredes de rubíes, aunque nunca la haya visto. He visto París, pero ¿afirmaré que puedo formarme una idea de esa ciudad que represente perfectamente todas sus calles y casas en sus reales y justas proporciones?,. La cuestión, por tanto, es más compleja de que a una impresión simple le corresponda una idea simple. Para decirlo con otros términos más precisos, las razones por las que Hume tiene que reconsiderar su propósito original de asignar una idea a cada impresión, y viceversa, es la limitación del poder humano para captar las impresiones en sus detalles exactos y la libertad de la imaginación humana, cuya actividad no se reduce a permanecer pasiva y sujeta a las impresiones de los sentidos. Lo que habría que conseguir como mínimo es señalar las ideas simples que proceden de las impresiones simples y que son perfectas copias de ellas. Habría que señalar esas impresiones simples antes de que la imaginación las una distorsionando su representación exacta de la realidad ya que, para Hume, todo el poder creativo de la mente «no va más allá de ser la facultad de mezclar, trasponer, aumentar o disminuir los materiales que los sentidos y la experiencia nos suministran» (Investigación, 19).
El problema consistiría en aislar las ideas simples que son copias perfectas de las impresiones simples.

Para ello, ya que es la imaginación la que las une, nos sirve también para desunidas y ya que es instrumento de combinación y de síntesis en tanto que puede unir con libertad las ideas simples, también es un buen instrumento para el análisis y, cuando ya no pueda distinguir más entre los elementos de una idea compleja, nos deja como resultado las ideas simples obtenidas de las impresiones.


En el Tratado (18) dice lo siguiente: «Hemos observado que cualesquiera objetos que son diferentes pueden distinguirse y que cualesquiera objetos que son distinguidos son también separables por el pensamiento y la imaginación. También podemos añadir aquí que esas proposiciones son igualmente verdad en su inversa y que cualesquiera objetos que son separables pueden también ser distinguidos y que cualesquiera objetos que pueden ser distinguidos son también diferentes. Porque, ¿cómo es posible que podamos separar lo que no se puede distinguir o distinguir lo que no es diferente? »


  1. Al igual que Hume distingue entre impresión e idea por la fuerza y vivacidad de la primera sobre la segunda, hace una diferencia similar entre la memoria y la imaginación: las ideas de la memoria, dice, son más fuertes y vivaces que las de la imaginación.




      1. Si lo piensas, por eso puede decirse que las ideas de la memoria son en cierta forma intermedias entre las impresiones y las ideas

      2. mientras que las ideas de la imaginación son ideas perfectas.

La languidez y debilidad de las ideas de la imaginación, frente a la fuerza de las impresiones y de las ideas de la memoria, posibilita otra característica de la primera y es que no se ve sometida, como lo está la segunda, a representar el orden de las impresiones sin ningún poder de variarlo. No es tan característico de la memoria preservar sus ideas como conservar el orden y la posición en que las ideas se dan. La imaginación, por el contrario, puede cambiar ese orden con entera libertad.

«Aunque sea demasiado obvio como para escapar a la observación que las distintas ideas están conectadas entre sí, no he encontrado un solo filósofo que haya intentado enumerar o clasificar todos los principios de asociación, tema, sin embargo, que parece digno de curiosidad. Desde mi punto de vista, sólo parece haber tres principios de conexión entre ideas, a saber: semejanza, contigüidad en el tiempo o en el espacio y causa o efecto» HUME, D., Investigación sobre el conocimiento humano, pág. 40.


  1. Pero, aunque sea absolutamente libre en su actuar, en los distintos ámbitos de la actividad humana, parece que la imaginación funciona conforme a órdenes coherentes de agrupación de ideas y atiende a unas ciertas leyes a través de las cuales las conecta.

    1. Una sucesión constante entre grupos de impresiones empuja a la imaginación a relacionarlas según el orden en que parece que unas se introducen a otras.

    2. No es que ese orden se imponga necesariamente puesto que puede ser alterado pero, dice Hume, la imaginación posee algo así como una fuerza suave que generalmente prevalece.

    3. Y es a través de esa fuerza suave como generalmente nos hacemos una idea del mundo y configuramos lo que podemos llamar nuestro mundo real.

En este sentido, dice en la Investigación (23): «Es evidente que hay un principio de conexión entre los distintos pensamientos e ideas de la mente y que, cuando se presentan a la memoria o a la imaginación, se refieren unos a otros con un cierto grado de orden y regularidad. En nuestro pensamiento o discurso más serio es fácilmente observable que cualquier pensamiento particular que irrumpe en la serie habitual o cadena de ideas es inmediatamente advertido o rechazado. E incluso en nuestras más locas y errantes fantasías, incluso en nuestros mismos sueños, encontraremos, si reflexionamos, que la imaginación no ha corrido totalmente a la ventura, sino que aún se mantiene una conexión entre las distintas ideas que unas a otras se sucedieron».




  1. Los principios por los cuales asociamos las ideas son, a juicio de Hume, tres:

    1. la semejanza: Es verdad que hacemos grupos entre cosas que son semejantes…

    2. la contigüidad en el tiempo o en el espacio: ….que las unimos según su orden de aparición en el tiempo o su coexistencia en un mismo espacio

    3. y la relación causa-efecto: …y, por último y lo que es más serio, decimos que unas dependen de otras como los efectos depende de su causa.



  1. De todos esos principios de asociación de ideas, Hume se ocupa especialmente de la causación ya que la considera como el fundamento de todos nuestros razonamientos en torno a las cuestiones de hecho.

Para decirlo con palabras fuertes: nada ocurre de importancia porque se afirme que algo es semejante a otra cosa o se diga que dos impresiones se dan juntas en el espacio o en el tiempo. Nada ocurre de importancia trascendental porque, en esos dos casos, se respeta la individualidad de esos objetos y nada se dice de que uno esté originado por otro o entre en contacto con otro.


Sin embargo, en la causación (que una cosa esté producida o influya en otra), yendo más allá de la semejanza y de la contigüidad, que son condiciones para que la causación se dé, afirmamos la conexión que se produce entre dos ideas o impresiones …

    1. como algo real,

    2. no sólo como algo que ocurre en nuestra mente, no sólo como algo «filosófico», sino como algo que ocurre en la realidad.

Decimos que un objeto es causa de alguna de las acciones o movimientos de otro o bien que uno es causa de la existencia de otro.

Y una afirmación tal es en sí problemática puesto que…



      1. pretende afirmar en el mundo de las impresiones

      2. lo que, en principio, es sólo una asociación de ideas realizada por la imaginación.

Según Hume, de la noción de causa sólo se puede obtener válidamente…



        1. que es contigua en el espacio o en el tiempo al efecto,

        2. que, además, es anterior al efecto

        3. y que entre causa y efecto hay una conjunción constante.

Pero ¿de dónde viene —que es lo serio de la relación causa-efecto— la pretensión y común suposición de establecer la causación como una relación real de tal manera que lo que se pretende con ella es establecer…



      1. una relación necesaria entre causa y efecto

      2. y no sólo una conjunción constante entre dos cuestiones de hecho?


«Nuestra idea de causación y necesidad proviene exclusivamente de la uniformidad que puede observarse en las operaciones de la naturaleza, en las que constantemente están unidos objetos similares, y la mente es llevada por costumbre a inferir uno de ellos de la aparición del otro. Sólo estas dos circunstancias constituyen la necesidad que adscribimos a la materia. Más allá de la conjunción constante de objetos similares y la consecuente inferencia del uno a partir del otro, no tenemos noción alguna de necesidad o conexión

HUME, D., Investigación sobre el conocimiento humano, págs. 106-107.


  1. La razón puede establecer relaciones necesarias entre ideas, eso es lo que hace, por ejemplo, la matemática.

    1. Eso no se discute, no se entra a combatir lo que los racionalistas llamaban las «verdades de razón».

    2. Lo que se discute es si esa relación necesaria puede establecerse entre cuestiones de hecho. ¿Acaso no puede afirmarse que, en el mundo de la experiencia, algo que hasta ahora había sido siempre de una forma puede cambiar?

Para decirlo filosóficamente:



      1. nadie puede deducir exactamente las consecuencias de la presencia en el mundo de cada caso particular aunque haya observado cientos de veces sucesos semejantes.

      2. Afirmar lo contrario significa contemplar la realidad con la suposición de que, en el futuro, el curso de la naturaleza seguirá siendo el mismo que en el pasado.

Como es lógico, decir lo anterior no es descabellado, ¿pero acaso se puede demostrar?, ¿es una verdad de razón? Y la única respuesta posible es que no, que no puede demostrar —como Hume afirma— que el curso de la naturaleza deba ser siempre el mismo y que el futuro esté condicionado por el pasado. Eso no es posible demostrarlo.


La afirmación —deducida de la costumbre de observar grupos de impresiones constantes y que se repiten una detrás de otra— de que el futuro será conforme al pasado puede servir como disposición ante la vida práctica, pero no como conclusión obtenida de un análisis racional. ¿Por qué entonces el pasado guarda cierta coherencia entre sí? La respuesta de Hume es que eso es también en sí mismo una cuestión de hecho y que tampoco puede ser racionalmente demostrada.

«La mente nunca tiene nada presente, sino las percepciones, y no puede alcanzar experiencia alguna de su conexión con los objetos. La suposición de semejante conexión, por tanto, carece de fundamento en el razonamiento.» HUME, D., Investigación sobre el conocimiento humano, pág. 180.



  1. Si lo piensas, lo que está haciendo Hume es llevar hasta sus últimas consecuen cias el método inductivo: nunca se puede tener una certeza absoluta e irrefutable de las conclusiones obtenidas, hasta que se hayan revisado la totalidad de los casos.

Y, evidentemente, en el mundo de una experiencia que continúa inexorable, eso es imposible. Nunca podremos tener la totalidad de las experiencias y, por eso, el método inductivo es siempre inseguro por muchas experiencias concretas que hayamos analizado.


Y eso le aboca a Hume a un cierto escepticismo por el que será conocido a lo largo de la historia posterior.
Por su constante crítica a la relación de causa-efecto, por no ver en ella relaciones necesarias sino tan sólo «conjunciones constantes», por hacer de ella sólo un objeto de «creencia», por ese motivo se tiene a Hume como un escéptico.
Pero hay que entender suficientemente bien su escepticismo:

    1. no es un escéptico en la vida cotidiana que niegue lo que es obvio,

    2. es un escéptico en el sentido de que en el ámbito del conocimiento afirma que ninguna relación entre cuestiones de hecho puede afirmarse con la total rotundidad que la razón exige para las relaciones de ideas.



«Así pues, no es la razón la guía de la vida humana, sino la costumbre. Sólo ella hace que la mente, en todos los casos, suponga que el futuro ha de ser conforme al pasado. A pesar de que este paso parece enormemente sencillo, jamás podría la razón darlo por sí misma. Es este un curioso hallazgo, que además nos lleva a otros aún más curiosos. Cuando veo una bola de billar moviéndose hacia otra, mi espíritu es llevado inmediatamente por el hábito al efecto usual y se anticipa a mi vista al concebir el movimiento de la segunda bola. Pero ¿es esto todo? ¿Me limito a concebir el movimiento de la segunda bola? Desde luego que no. Yo también creo que esa segunda bola se moverá. ¿Qué es, pues, esta creencia? ¿Y en qué difiere de la simple concepción de una cosa? He aquí una nueva cuestión, no meditada por los filósofos.»

HUME, D., Resumen del tratado de la naturaleza humana.


  1. Aparte de la crítica a la noción de causalidad, Hume también es escéptico en lo que hace referencia a la «creencia» en la noción de substancia, en ese sentido sigue las indicaciones de otros filósofos empiristas pero él pone la crítica en su propia terminología: ¿de qué impresión se deriva la idea de substancia?

Y la respuesta es que no es más que un conjunto de ideas unidas por la imaginación. No existen las substancias, sino solamente una unión realizada por la mente de las diferentes experiencias e impresiones que se han tenido.


El yo substancial no existe, lo que existe es un haz de percepciones unidas que cambian con el transcurrir de las experiencias y al que llamamos yo.

El yo cambia, nunca es el mismo, lo que da la impresión de identidad es la memoria, que nos hace creer que un haz de percepciones es idéntico a otro, pero esa creencia se presenta como falsa ante la más ligera de las reflexiones: ¿qué hay de igual entre el yo de ahora y el que nació hace algunos años?





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