El pensamiento de alfred schutz



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EL PENSAMIENTO DE ALFRED SCHUTZ:

UNA SOCIOLOGÍA FENOMENOLÓGICA
Pr. Eguzki Urteaga

Universidad del País Vasco

Departamento de Sociología 1

Los Apraiz, 2

01006 Vitoria

Tel: 945 01 42 60

Fax: 945 01 33 08

E-mail: eguzki.urteaga@ehu.es


Resumen: Muchos científicos, que insisten sobre la distancia que separa la filosofía de las ciencias sociales, tienden a infravalorar los esfuerzos de confrontación realizados entre el discurso filosófico y el enfoque sociológico que, a través de una crítica simultánea de las figuras dominantes de ambas disciplinas, ha creado las condiciones de un diálogo, incluso poniendo de manifiesto las convergencias existentes. Este movimiento ha conducido la sociología occidental a volver a autores tales como Husserl, Scheler, Ricoeur o Merleau-Ponty. Alfred Schutz ocupa un destacado lugar en esta aproximación ya que integra las aportaciones de Husserl y Weber para elaborar una sociología fenomenológica. La ambición de Schutz consiste precisamente en sentar las bases de una tercera vía. Respetando la lógica propia de las ciencias sociales y de la fenomenología husserliana, Schutz intenta esclarecer los límites y las contradicciones de cada uno de estos saberes indicando la necesidad de una convergencia. Entre una sociología pura y une fenomenología trascendental, aparece un espacio de cuestionamiento fenomenológico de los instrumentos de las ciencias sociales que desemboca en la constitución de una sociología fenomenológica que se sitúa a igual distancia del objetivismo durkheimiano y de la egología husserliana.
Palabras clave: Schutz – pensamiento – sociología – fenomenología.
Abstract: Many scientists, who insist on the distance that separates philosophy and social sciences, tend to underestimate the efforts of confrontation realized between the philosophical discourse and the sociological approach that, across a simultaneous critique of the dominant figures of both disciplines, has created the conditions of a dialog, even revealing the existing convergences. This movement has driven the western sociology to turn around authors as Husserl, Scheler, Ricoeur or Merleau-Ponty. Alfred Schutz occupies an out-standing place in this approximation since it integrates the contributions of Husserl and Weber to elaborate a phenomenological sociology. Schutz's ambition consists of laying the foundations of a third way. Respecting the own logic of social sciences and of husserlian phenomenology, Schutz tries to clarify the limits and the contradictions of each one of these knowledge, indicating the need of a convergence. Between a pure sociology and a transcendental phenomenology, appears a phenomenological reflexion about the instruments of the social sciences that concluded on the constitution of a phenomenological sociology that places to equal distance of the durkheimian objectivism and of the husserlian egology.
Key words: Schutz - thought - sociology - phenomenology.

Eguzki Urteaga es Profesor de Sociología en la Universidad del País Vasco e Investigador en el Centro de investigación IKER, laboratorio asociado al CNRS francés. Este Doctor y Licenciado en Sociología por la Universidad Victor Segalen Buerdos 2 y Licenciado en Historia mención Geografía por la Universidad de Pau y de los Países del Adur, es autor de 29 libros entre los cuales se encuentran: La politique linguistique en Pays Basque (2004), La nouvelle gouvernance en Pays Basque (2004), La question basque en France (2004), Sociología de la complejidad (2005), La coopération transfrontalière en Pays Basque (2007), La politique d’immigration du gouvernement basque (2008), Les Plans Locaux d’Immigration en Espagne (2008) y La sociología en Francia (2010) así como de más de 150 artículos universitarios tanto en Europa, en América latina como en Canadá. Es igualmente Director de Colección en la editorial de París Mare et Martin y ha sido profesor invitado en varias Universidades europeas (Burdeos, Lovaina, Bruselas y Coimbra).

0. Introducción
Muchos científicos, que insisten en la distancia que separa la filosofía de las ciencias sociales, tienden a infravalorar los esfuerzos de confrontación entre el discurso filosófico y el enfoque sociológico que, a través de una crítica simultánea de las figuras dominantes de ambas disciplinas, ha creado las condiciones de un diálogo, incluso poniendo de manifiesto la convergencia de dichos enfoques. Este movimiento ha conducido la sociología occidental a volver a autores tales como Husserl, Scheler, Ricoeur o Merleau-Ponty. Alfred Schutz ocupa un destacado lugar en esta aproximación ya que ha integrado las aportaciones de Husserl y Weber para elaborar una sociología fenomenológica.

El enfoque fenomenológico sirve para superar las derivas del objetivismo sociológico, haciendo desaparecer la tentación totalizadora de un saber absoluto sobre la sociedad y preservando la posibilidad de una comprensión de los fundamentos de la acción social. Pasa de la conciencia individual a la intersubjetividad y articula el reconocimiento de la irreductibilidad del punto de vista individual sobre el mundo con el hecho de que el mundo en el cual están sumergidos es común. La aportación de la fenomenología estriba en su capacidad a fundar un discurso objetivo sobre el mundo sin que las estructuras subjetivas puestas de relieve conduzcan a realizar un salto fuera de las vidas subjetivas. En este sentido, la fenomenología realiza una correlación inédita entre el objeto y el sujeto. Considera que, en la base de cualquier comunidad social, se encuentra un vínculo intersubjetivo consistente en una serie de actos sociales a través de la cual se establece una comunicación entre las personas (Husserl, 1947: 112).

No obstante, ¿Cómo puede pretenderse que la relación intersubjetiva puede, ella sola, explicar el mundo social? Realiza una simplificación del vínculo social, reduciendo la multiplicidad de las relaciones sociales a un sólo caso. El vínculo social es irreducible a la derivación de una relación entre dos personas, limitando el paso de lo individual a lo social a la única intersubjetividad. La fenomenología que pretendía volver al mundo y a la vida, presenta una realidad desencarnada e indiferente a la complejidad de las situaciones. Como pura filosofía especulativa, la fenomenología trascendental se preocupa únicamente de las ciencias sociales para describir unas formas concretas de la existencia social de los individuos.

La ambición de Schutz consiste precisamente en rechazar esta división y en sentar las bases de una tercera vía entre la sociología y la filosofía. Su pensamiento ha tenido una importante repercusión en la sociología norteamericana, entre otros autores, sobre la obra de Berger y Luckmann (1986) y su concepción de la construcción de la realidad social. Respetando la lógica propia de las ciencias sociales y de la fenomenología husserliana, Schutz intenta esclarecer los límites y las contradicciones de cada uno de estos saberes, indicando la necesidad de una convergencia. Entre una sociología pura y une fenomenología trascendental, aparece un espacio de cuestionamiento fenomenológico de los instrumentos de las ciencias sociales que desemboca en la constitución de una sociología fenomenológica que se sitúa a equidistancia del objetivismo durkheimiano y de la egología husserliana. Entre el subjetivismo simplista y el objetivismo brutal existe un espacio para analizar de nuevo los datos explicativos de cada saber, de manera a expresar la unidad del significado latente.


1. La trayectoria de Alfred Schutz
Alfred Schutz desarrolla una sociología fenomenológica para superar las limitaciones respectivas tanto de la fenomenología transcendental como de la sociología comprensiva. Nacido el 13 de abril de 1899 en Viena, Alfred Schutz emprende una carrera universitaria de derecho y ciencias sociales en esta misma ciudad y es alumno del economista Von Mises y del jurista Hans Kelsen. Durante su carrera universitaria, se convierte en el amigo de Felix Kaufmann o de Eric Voegelin. Inmediatamente, la formación intelectual de Schutz se sitúa bajo la influencia de las ideas de Dilthey y sobre todo de Weber que realiza una estancia en Viena durante el primer semestre de 1918. En este sentido, conviene ubicar la reflexión llevada a cabo por Schutz en este contexto marcado por estas dos figuras de la sociología alemana.

La influencia de la sociología weberiana en Alfred Schutz es tal que este último presenta sus distintos trabajos como complementos a ciertos análisis de Weber que considera como insuficientemente desarrollados. Por lo cual, conviene reubicar los primeros estudios de Schutz y en particular su primer libro publicado en 1932, después de doce años de investigación, en el marco de una discusión crítica con las tesis de Weber y de su proyecto de elaborar una sociología comprensiva. El libro titulado Der Sinnhafte Aufbau der Sozialen Welt. Eine Einleitung in die verstehende Soziologie y traducido al inglés en 1972, trata de rellenar las lagunas de la sociología weberiana gracias a unos instrumentos conceptuales legados por el enfoque fenomenológico de Husserl. Esta publicación provoca su inmediato reconocimiento por parte de Husserl, hasta el punto de proponerle ser su ayudante en la Universidad de Friburgo. Poco después, Raymond Aron escribe una nota sobre este libro que pone de manifiesto tanto su aprecio intelectual como su amistad con Alfred Schutz.

Ante la amenaza Nazi, Schutz deja Viena en 1938 y se refugia durante un año en París, antes de desplazarse a Nueva York en 1939. En la capital cultural norteamericana, se encuentra de nuevo con algunos compañeros del seminario de Husserl, como pueden ser Aaron Gurwitsch, Marvin Farber o Felix Kaufmann. A partir de este primer círculo y en colaboración con Marvin Farber, Schutz participa en la creación de la International Phenomenological Society y se convierte, en 1941, en el miembro del comité de redacción de la revista Philosophy and Phenomemological Research. Paralelamente, participa en las actividades de la Universidad en exilio fundado par Alvin Johnson, antes de que se convierta en la famosa New School for Social Research de Nueva York.

Al inicio de su exilio, la comunidad de los sociólogos norteamericanos no manifiesta un gran interés por los trabajos de Schutz y su visión fenomenológica de los problemas sociológicos. Entra en contacto con Talcott Parsons en Harvard y mantiene una breve correspondencia que revela las tensiones entre el enfoque schutziano y la tradición sociológica norteamericana. Ante este panorama, Schutz ejerce de nuevo su profesión de abogado de negocios en Nueva York y publica paralelamente numerosos artículos que resumen su pensamiento. Estos textos se destinan a diferentes públicos, lo que explica su carácter repetitivo. Solamente en 1958, Alfred Schutz goza de un pleno reconocimiento universitario convirtiéndose en Catedrático de la New School for Social Research; cargo que ocupará hasta su muerte.

Su verdadera consagración se produce con la publicación del libro de Peter Berger y Thomas Luckmann titulado Social Construction of Reality. Es entonces cuando los sociólogos norteamericanos descubren los trabajos de Schutz. Su posteridad está asegurada por la publicación integral de su obra, empezando por The Phenomenology of the Social World (Schutz, 1967) o Reflections on the Problem of Relevante así como por la edición de la treintena de artículos escritos por Schutz recogidos en tres volúmenes bajo el patronato de los Centros de Archivos Husserl en Lovaina. Hoy en día, la obra de Schutz constituye una de las mayores referencias de la sociología internacional como lo demuestra el número de publicaciones que le han sido dedicados en los Estados Unidos desde el inicio de los años setenta.


2. La sociología fenomenológica
La obra de Schutz se inscribe en la perspectiva abierta por Weber de una teoría anti-esencialista que rechaza el presupuesto de una racionalidad integral de lo real. La sociología weberiana se centra en el comportamiento individual, tratando de recordar el sentido que las actividades sociales tienen para los actores. La sociología comprensiva no aspira a constituir ningún saber absoluto sino que pretende fundar su lectura de los hechos sociales en los estrictos límites de una relación reflexiva entre la realidad y la posición del sabio. La comprensión del sentido apuntado por los actores implica distinguir el sentido para el actor y el sentido para el sociólogo.

La reflexión weberiana se centra en la segunda cuestión puesto que trata de crear un instrumento metodológico capaz de transcribir el sentido vivido por los actores en un discurso científico que permita explicar objetivamente las acciones sociales que resultan de motivos subjetivos. En este sentido, el sentido apuntado subjetivamente es ampliamente un sentido construido, es decir el resultado de una diferenciación entre el punto de vista sociológico y el punto de vista social. El investigador aborda la realidad a través de un marco ficticio que puede ayudarle a poner de manifiesto las relaciones significativas típicas en la conducta de las personas. El aspecto inconmensurable de los valores que orientan la acción individual hace necesaria la constitución de este marco que permite comparar la acción real y la acción racional, es decir un tipo puro de acción construido a través de la abstracción: el tipo ideal.

Según Weber, “para desenredar las relaciones causales reales, se construyen unas irreales” (Weber, 1965: 319). Por lo tanto, el tipo ideal es un marco de pensamiento coherente que confiere al observador una regularidad que ha valorado y subrayado él mismo. El sociólogo se sitúa en el mundo gracias a una representación de la misma gracias a la cual, tomando en consideración la infinita diversidad de los encadenamientos causales que orientan la conducta de los actores, valora una serie de posibles acontecimientos y sobre-impone a la realidad una forma abstracta con el fin de explicar causalmente un fenómeno social.

Incluso si Schutz presenta su obra como una nueva lectura crítica de los principales temas de la sociología weberiana con el fin de examinar sus fundamentos, desarrolla una verdadera crítica de la teoría de Max Weber, lo que le permite avanzar su propia concepción de las ciencias sociales. Schutz se centra especialmente en la noción de sentido. Weber ha entendido perfectamente que el quehacer del sociólogo consiste en construir una ciencia, es decir un sistema de relaciones objetivas de la realidad social entendida como un entramado complejo de vínculos subjetivos. Sin embargo, según Schutz, la respuesta weberiana no es satisfactoria porque la constitución de un tipo ideal supone reducir la conducta de los actores a esta forma de comportamiento racional por finalidad (Weber, 1971: 23). No obstante, la selección de los criterios generales que se refieren a un comportamiento racional por finalidad es insuficiente para comprender efectivamente el sentido apuntado por el actor social. Considera como problemática la articulación del sentido para el sociólogo y para el actor que resulta de sus esquemas interpretativos.

El tipo ideal asimila todas las conductas a un tipo de comportamiento, las unifica y las vincula unas con otras en una misma representación general que transforma la conducta individual en un fenómeno observable y comprensible sobre la base de contenidos significativos fijados a priori. Convertido en un instrumento de comprensión, que responde a una finalidad exclusivamente científica, el tipo ideal obliga la realidad a ser únicamente un substrato teórico. Asimismo, el pensamiento weberiano no profundiza en la experiencia vivida y renuncia a buscar la fuente principal del significado. Por lo cual, el error de Weber consiste en tratar de constituir el tipo ideal en función de un contexto subjetivo que no puede ser completamente atribuido al actor sino que constituye una extrapolación y una reconstrucción de su conducta a partir de los fines fijados por el observador.

En definitiva, la exigencia de cientificidad del pensamiento weberiano obliga el sociólogo alemán a considerar la cuestión de la constitución del tipo ideal como un problema propiamente epistemológico en su elaboración de una sociología comprensiva. Para esta perspectiva, la sociología no está implicada en el mundo social puesto que realiza una elección impuesta por su propio esquema interpretativo. El tipo ideal funciona como una determinación exterior que atribuye un sentido, que se antoja como válido para todas las conductas. Sin tomar en consideración la especificidad de cada punto de vista, en la indiferencia de la génesis de este sentido para cada individuo y teniendo en cuenta la infinidad de modificaciones que el actor está en condiciones de aportar a su conducta en el mismo momento en el que actúa. Por lo tanto, la descripción weberiana no revela la manera según la cual cada actor confiere un sentido a sus actos, sino que considera como evidente que todas las conductas pueden ser reunidas dentro de un único marco de interpretación que generaliza a todos lo que es válido para uno. Existe una autolimitación del método weberiano que le obliga abandonar las relaciones intersubjetivas para alcanzar el de la construcción típico ideal.

Negando la diversidad y la riqueza de los contenidos significativos en función de los cuales cada actor orienta su acción, Weber considera como evidente la correspondencia inmediata de todas las conductas en un mismo marco de análisis fijado a priori. Comete el mismo error que todos los naturalistas y empiristas que aceptan la realidad social como tal cuando es precisamente el objeto de análisis de las ciencias sociales (Schutz, 1994: 71). Para Schutz, la sociología comprensiva debe dar cuenta de la elaboración del sentido para cada actor y de la génesis del mundo social. Para ello, debe esclarecer la relación del sujeto con un mundo cuya existencia es anterior y está constituido por otros sujetos, instituciones y grupos en función de los cuales orienta su conducta. De modo que, “para poder poner de manifiesto el discurso de la acción significativa, el sociólogo debe descifrar con antelación la estructura significativa del mundo tal y de qué manera la viven los actores sociales que observa” (Schutz, 1973: 19).

El defecto de la sociología comprensiva consiste en querer constituirse como una ciencia abstracta que obliga a considerar la acción social como una realidad objetiva. Weber no aborda la cuestión de los fundamentos de la actividad científica como actividad situada en el mundo y que supone un esfuerzo de objetivación. En otros términos, “la ciencia es la descripción de un cierto campo en el seno del cual los hechos se despliegan. Pero, no puede explicar como tal el campo en el que se sitúa”. Si la sociología comprensiva afirma que el mundo social sólo puede ser comprendido a través de unos instrumentos procurados por el sujeto, se olvida de que la manera según la cual son elaborados estos instrumentos está determinada por la situación del sujeto en el mundo social. La labor del sociólogo consiste precisamente en esclarecer la constitución de estos instrumentos de comprensión, procediendo a un análisis científico de estas ideas aparentemente evidentes.

El programa de la fenomenología esclarece precisamente la relación que cada sujeto mantiene con un mundo anteriormente constituido. El investigador está implicado en esta realidad que no puede mantener a distancia para transformarla en su objeto de estudio. Una dicotomía estricta entre el sujeto y el objeto es imposible. Cualquier punto de vista, tanto el del actor como el del observador, supone la existencia de un universo de significados dado anteriormente y la toma en consideración del “ser-en-situación” de cada uno de ellos. Constituye la descripción de un vínculo anterior a cualquier objetivación científica que forma el núcleo de la intuición fenomenológica. Lejos de excluirse, la sociología y la filosofía proceden a un nuevo reparto de competencias en el cual: “la ciencia es la descripción de las ontologías regionales y la filosofía es el fundamento transcendental de estas ontologías”. El fundamento del sentido de las ciencias se allá en el mundo de la vida y la objetivación científica interviene después de haber puesto de manifiesto los contextos subjetivos. La ciencia recoge ciertos hechos empíricos relativos a un campo particular de la experiencia humana a partir del cual se dan estos acontecimientos y en los cuales se despliega la acción social.

La comprensión de dicha acción implica un análisis fenomenológico que haga aparecer la red de intencionalidades que une los actores sociales al mundo común, que pone de manifiesto el tejido de relaciones significantes que vincula cada actor a los demás sujetos y “objetos” culturales que componen la realidad social. La comprensión no confiere ningún privilegio al observador puesto que: “Verstehen es ante todo una forma experiencial particular según la cual el pensamiento corriente se apropia el mundo sociocultural a través del conocimiento” (Schutz, 1994: 75). La comprensión tiene un peso ontológico. No indica un distanciamiento, sino que pone en evidencia un contacto fundamental que se establece con el mundo en la búsqueda de objetos. Este contacto recuerda el mundo en sí dentro de la representación y comprensión anterior del mundo. En este sentido, las ciencias sociales no se sitúan en referencia a los objetos que aislarían del resto de la vida sino que fundan una manera de pensar en la certidumbre según la cual no existe “ninguna comprensión o interpretación que no implique la puesta en marcha de la totalidad de esta estructural existencial”.

Por lo tanto, el análisis sociológico debe centrarse en la significación vivida del mundo, en la unidad significativa de la realidad vivida y en la comprensión anterior por los actores del mundo en el que viven. Se trata de volver al origen del fenómeno del significado y de comprender a través de qué trabajo de la conciencia se constituyen los significados en función de los cuales los actores orientan sus conductas. El enfoque fenomenológico de la sociología comprensiva parte del sujeto en el mundo, de la actitud natural y supone volver al “ser humano olvidado” de las ciencias sociales, es decir al actor cuya acción y sentimiento se encuentran en la base de todo el sistema (Schutz, 1960: 94). De hecho, la ambición de Schutz es fundar fenomenológicamente la sociología comprensiva puesto que esta última deviene verdaderamente inteligible en la medida en que propone una fenomenología de la actitud natural (Schutz, 1994: 191).

Sin embargo, no se trata de insertar la sociología en la trama de la fenomenología, puesto que, al enfrentarse al mundo social, se expone al cuestionamiento de su propia lógica. Efectivamente, fundando su comprensión de la convivencia en las representaciones del ego trascendental, la fenomenología se enfrenta a sus propios límites, ya que, en la teoría husserliana, cada ego dispone de su propio mundo en el cual se constituye para él sólo y no para los demás. Lo que plantea la cuestión de saber si: ¿la fenomenología puede dar cuenta de la comunicación entre los sujetos ya que presupone la soledad de la persona en su esfera de conciencia? En su sentido husserliano, la sociedad no es nada más que un acuerdo entre subjetividades. La teoría de la subjetividad sólo da lugar a “una comunidad abierta de nómadas” en el que ninguna puesta en común es posible. Más aún, situando las representaciones del ego transcendental en la base de la comprensión de las relaciones sociales, el enfoque husserliano considera que, para crear una relación social, es necesario que el otro aparezca en carne y hueso en el propio campo de percepción del actor.

Schutz puede entonces oponer que el mundo social comporta zonas próximas y alejadas y que la experiencia del prójimo se produce según un grado más o menos elevado de anonimato: “el mundo social se descompone en zonas más o menos distantes: el mundo alrededor del cual usted y yo convertimos en sensibles unos y otros, aquí y ahora, desaparece ante el mundo de mis contemporáneos, que no están físicamente presentes ante mí, y, asimismo, a través de múltiples transiciones, pueden distinguirse el mundo de mis predecesores y el de mis sucesores” (Schutz, 1959: 81). Así, el alter ego puede ser un contemporáneo anónimo, un predecesor que ha muerto desde hace mucho tiempo o uno de los sucesores que no ha nacido todavía. A su vez, la persona de la que se siente próxima, puede encontrarse más allá de mi campo de percepción y no estar presente físicamente ante mí: “tengo un lazo mucho más estrecho con un filósofo alejado de mí en el espacio y en el tiempo que con una persona físicamente presente a mi lado pero que me resulta extranjera”.

Sobre la base de estas críticas, Schutz concluye que el esfuerzo de Husserl para explicar la constitución de la intersubjetividad trascendental a partir de las operaciones conscientes del ego trascendental no ha tenido éxito. Alejándose de estas formas intermedias que organizan las relaciones interindividuales, la fenomenología husserliana supone que el mundo puede “ofrecerse a cada individuo virgen de cualquier objetivación” (Dobry, 1983: 104). El enfoque husserliano no consigue dar un contenido concreto al vínculo social. Si en un primer momento, la filosofía tiene como vocación relevar la ciencia, denunciando todo lo que la visión weberiana considera como un ideal de objetivación de la subjetividad, la perspectiva filosófica se muestra incapaz de dar cuenta de la acción social en su dimensión concreta.

En definitiva, conviene tomar en consideración las aportaciones de la fenomenología husserliana en la medida en que se producen dentro de un conjunto de realidades y de experiencias asequibles a las descripciones empíricas. En este sentido, la perspectiva de Schutz no consiste en disolver la sociología en la filosofía sino que pretende reforzar las bases de la sociología comprensiva a partir de una fenomenología de la experiencia concreta de los actores sociales. “Esta ciencia tendrá, por lo tanto, el quehacer de aplicar a su propio campo de estudio, todo el tesoro de conocimientos descubiertos por Husserl” (Schutz, 1994: 191).

La originalidad de la visión schutziana estriba en la distinción entre dos orientaciones de la fenomenología husserliana: la fenomenología trascendental que corresponde a una ambición propiamente filosófica y la fenomenología social que se presta a la descripción de los fenómenos sociales. Schutz distingue lo que, en el trabajo de Husserl, se corresponde con una ontología fundamental, cuyos logros sólo devienen visibles en la esfera transcendental, y lo que es el objeto de una fenomenología de la experiencia social que se sitúa en el campo del mundo real. El trabajo de Schutz precede la reducción fenomenológica puesto que rechaza seguir Husserl cuando este último se compromete en su tarea de reconstitución del mundo común a partir del ego transcendental. Por el contrario, Schutz parte del principio de que las representaciones del sujeto empírico, que se mantienen en la actitud natural, no suspenden su creencia en el mundo exterior y en sus objetos, sino que hacen desaparecer cualquier duda en cuanto a su existencia.



Schutz no trata de resolver el problema del alter ego a nivel de una intersubjetividad transcendental, puesto que se sitúa en el interior de la “tesis general del mundo” que implica considerar como un hecho la existencia del mundo y del prójimo. A su entender, la intersubjetividad no es un problema a resolver dentro de la esfera transcendental sino que es una realidad en sí. De este modo, Schutz se apropia y valora esta parte del pensamiento husserliano en la cual admite que el investigador en ciencias humanas tiene vocación a situarse en el mundo real.
“Para Husserl no cabe la menor duda de que las ciencias sociales y culturales existentes están vinculadas a los fenómenos de la intersubjetividad. Lo que implica que los fenómenos constitutivos transcendentales, únicamente visibles en la esfera fenomenológicamente reducida, no entran en la esfera de las ciencias culturales” (Schutz, 1994: 184).
Esta perspectiva permite integrar las aportaciones de la fenomenología husserliana en la teoría de la significación que toma como punto de partida la “actitud natural” del sujeto, aprobando el carácter incondicionado de su situación en el mundo de la vida. Este mundo, construido a su alrededor, constituye una estructura significativa determinada que comprende las reglas constitutivas y en función del cual orienta su comportamiento.
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